-III-
"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos." (W. Shakespeare)
-Es el momento- susurró la joven.
Ante ella se extendía un campo de batalla. Cientos y cientos de digimons se encontraban delante, luchando junto a ella. Frente a ellos, su enemigo sonreía y encabezaba otro grupo de similar número de digimons.
La joven miró al joven, mayor que ella, que se encontraba a su lado. Este sonrió y asintió, sonriéndole a la chica.
Era el momento…
-Matt ha decidido dar una fiesta el sábado para que nos volvamos a juntar.
-Genial, pero espero que no te emborraches hermano. Ya sabes, luego dices cosas que no debes – Kari se reía de su hermano y lo miraba de forma burlona.
-No me lo recuerdes.
-Como me dijiste, "Sora no me ama, creo que le gusta un rosal porque se ha pasado mucho tiempo junto a él. Tal vez me esté engañando con él"
Tai miró enfadado a su hermana la cual acabó escabulléndose por la puerta.
Hacía un año aproximadamente, un Tai muy borracho había llamado a su hermana a las tantas de la noche para decirle semejante cosa. Incluso llegó a llorar por ello. La castaña sabía que era el efecto de pasarse con la bebida. Había tenido varias experiencias con el alcohol, pero nunca había llegado a embriagarse de tal forma.
El mayor de los hermanos Yagami salió de su habitación, se despidió de su madre y de su hermana que todavía le miraba de forma burlona, y se dispuso a ir a ver a su novia.
Yoley y Kari se encontraban en el centro comercial. Habían decidido comprarse algo nuevo para la fiesta para la cual quedaban tres días.
Entraron en una de las tiendas y comenzaron a buscar. Hikari tardó poco tiempo en encontrar el vestido ideal a diferencia de Yoley que tuvo que probarse por lo menos diez vestidos para poder elegir el que más le gustaba. Tras media hora de probadores, ambas jóvenes salieron con sus compras y decidieron ir a tomar algo para descansar.
Entraron en un café y ambas pidieron un capuchino. Y siguieron hablando de cualquier cosa. Pero, en un momento determinado, la peli morada se quedó mirando a través de la ventana que había a su lado y observaba las personas que pasaban por la calle.
-¿Qué ocurre Yoley?
-No es nada, creo que es una tontería –dijo dirigiendo la mirada a su acompañante.
-Sea lo que sea sabes que me lo puedes decir.
-De hecho, tiene que ver contigo –la castaña prestó aún más atención-. Durante estos años me he hecho más observadora y me he dado cuenta de que algo te ocurre. Quiero decir, que algo te pasa con T.k.
La joven quedó sorprendida ante la deducción de su amiga. Hacía años era muy despistada y solo se enteraba de aquello que era evidente, pero, por lo visto, ahora le sería más difícil engañarla.
-No tienes por qué contármelo pero yo creo que lo que ocurre no tiene que ver con estas semanas que llevas aquí, sino con cuando estabas aquí, antes de irte a Nueva York. Vuestra despedida no fue como ninguno lo imaginaba y vuestro reencuentro fue muy frío.
Fue el turno de la Yagami de mirar por la ventana. ¿Tan evidente era? Bueno, como no iba a serlo si durante muchos años Takeru y ella habían sido mejores amigos e inseparables.
-Ahora eres tú la que no necesitas contármelo si no quieres –sonrió tímidamente la mayor.
-Te lo explicaría –acabó hablando Kari-, pero si te digo la verdad ni siquiera he hablado con él sobre lo que ocurrió hace tres años. Solo sé que lo que ocurrió nos alejó y, por lo menos, a mí me hirió. Pero todavía, no tengo claro que es lo que verdad pasó. Tal vez algún día todo se aclare.
Quedaban cinco minutos para que se acabara la última clase del día. T.k se encontraba distraído en su clase de filosofía. Era una asignatura que no le llamaba la atención, pero que no se le daba nada mal.
Suspiró. Por algún motivo se sentía más cansado de lo habitual y no tenía muchas ganas de ir al entrenamiento de baloncesto, cosa extraña en él.
Desvió su mirada hacia un par de asientos delante de él y a su derecha. Desde el día en el que Kari había sufrido aquel trance no había vuelto a hablar con ella a solas. Siempre tenía que haber alguien para poder entablar una conversación, sino esta se reducía a un "Buenos días", "Hola" y "Adiós".
Se odiaba a sí mismo por no ser capaz de hablar con ella y arreglar todo. Lo intentaría, sí, y la fecha marcada era aquel sábado para el que quedaban dos días. Pasara lo que pasara se prometió que no saldría de ella sin arreglar con ella.
El timbre que anunciaba el final de las clases lo despertó de su ensoñación. Guardó tranquilamente sus cosas y acompañado por Haru, un compañero de clase y de baloncesto, fueron al gimnasio para su entrenamiento.
Apenas intercambiaron unas palabras porque T.k seguía sumido en sus pensamientos. Finalmente, decidió que hablaría con Kari ya que no era capaz de esperar al sábado.
Takeru observaba a las chicas que ya salían de su entrenamiento, esperando a que saliera Hikari. Necesitaba hablar con ella y solucionar todo.
A simple vista todas habían salido ya, bueno, todas menos Kari. Transcurrieron cinco minutos más y la castaña no había aparecido y decidió entrar. Las luces estaban apagadas, lo que le extrañó. Las encendió y vio la mochila de su amiga. Un escalofrío le recorrió la espalda. Algo iba mal.
Decidió ir hacia el vestuario femenino que estaba al otro lado del gimnasio. Cuando llegó intentó abrir la puerta, pero no pudo.
Era extraño. Nunca nadie cerraba las puertas por dentro. Tampoco creía que a Kari le gustara ahora encerrarse, le gustaba muy poco quedarse encerrada en lugares de poca confianza.
-¿Kari? –el eco del gimnasio le devolvió su propia voz.
Agudizó más sus oídos en busca de una respuesta. De repente escuchó algo. Era un sonido débil que provenía del otro lado de la puerta. Intentó volver a abrirla pero no pudo. Sabiendo que era su amiga la que estaba al otro lado, dio una gran patada a la puerta y está se abrió, dejándole ver una imagen que encogió su corazón.
Hikari Yagami estaba en frente de él, sentada en el suelo y agarrando sus piernas con sus bazos. Su mirada estaba perdida, sin ningún brillo, y de sus ojos se desprendían lágrimas que bajaban por sus mejillas para, finalmente, estrellarse contra su ropa.
Corrió hacia ella, y se puso a su altura. Estaba fría.
-Kari…
Escuchó atentamente. La castaña estaba susurrando algo, pero solo consiguió entender la palabra "dolor".
-Vamos Kari, no me asustes –la chica parecía no darse cuenta de que allí estaba el rubio y su mirada estaba perdida-. Hika… -tocó la mejilla de la joven con su mano y como reacción la chica cerró los ojos.
Pocos segundos después los volvió a abrir y se encontró con la mirada azul. Miró a su alrededor y vio que todavía estaba en los vestuarios del gimnasio. Sin que T.k se diera cuenta guardó algo en su bolsillo.
El rubio se levantó y extendió su brazo para ayudar a que se levantara. Kari tomó su mano y se levantó, limpió los restos de sus lágrimas, tomó su mochila y abandonaron el vestuario. Sin mediar palabra salieron del gimnasio. Era un silencio absoluto entre ellos, interrumpido por los sonidos de la ciudad, que ninguno de los dos quería romper.
De repente, fue la menor de los Yagami la que se paró, mientras el rubio dio un par de pasos antes de darse cuenta. Cuando lo hizo no se dio la vuelta hacia ella.
-Creo que mereces una explicación.
El joven se dio la vuelta y la miró. Observó que en sus ojos se marcaba el miedo.
-Si no quieres, no hace falta.
-Quiero hacerlo. Takeru…
-Por favor Kari, no me llames Takeru. –dijo, ya que tan solo las personas que tan solo eran poco conocidas para él lo llamaban así.
-T.k… alguien o algo me está llamando.
El chico procesó las palabras. Le eran tan familiares.
-¿El mar oscuro?
Ella negó con la cabeza y lo miró fijamente. Después añadió:
-Es algo distinto. Tiene más fuerza y que yo entrara en trance aquel día y hoy haya quedado paralizada es por su poder. Pero, no sé que es.
-Le diremos a Izzy que investigue. Si es como dices algo debe estar ocurriendo y, tal vez, el mundo digital nos de pistas sobre que te ocurre.
-No.. no quiero preocuparlos. Además, no podemos entrar en el mundo digital.
-¿Lo has intentado?
-Si… varias veces.
Ambos jóvenes permanecieron en silencio. Por la mente del rubio comenzaron a pasar imágenes del mar oscuro. Ese maldito lugar al que había sido llevada Kari años atrás, aunque su amiga dijera que no, parecía sospechoso. Algo ocurría y descubriría lo que pasaba antes de que a su amiga le pasara algo.
-Todo saldrá bien, te lo prometo.
Se acercó a la chica en cuya mirada podía ver que seguía existiendo cierto miedo. Finalmente, la abrazó y ella correspondió.
-No te dejaré sola –le dijo, lo que provocó una sonrisa en la castaña.
-Siempre que lo quiera el destino –dijo en un susurro la joven lo que provocó que el Takaishi no pudiera escucharlo.
Gracias a todos aquellos que me han dejado un review y me alegro que les interese este fic. :)
Espero que os guste este capítulo y ya dentro de nada aparecerá el mundo digital.
Creo que actualizaré la próxima semana, pero no hagan mucho caso a lo que digo :D
Cuídense! ^^
Feliz Navidad para todos!
