Future Fish.

Capítulo 09. Piano.

La guardia que le había tocado comenzaba al medio día, no obstante, ese mañana se levantó temprano.

Y aunque estaba acostumbrado a correr desde, teóricamente, la madrugada, se había decidido por quedarse en cama a refunfuñar hasta que hubiera avanzado la mañana. Mas el sonido del celular le obligó a pararse justo igual que el día anterior.

La fotografía de Haruka expectante en el cubo de salida, agazapado como felino esperando por atacar en el pequeño montículo de cemento le provocó una ebullición en el estómago y un ardor en la comisura de los ojos.

—Si vas a mentir, al menos continua con la mentira hasta el final —murmuró un segundo antes de deslizar el dedo por la pantalla. —. Dime.

Haruka, al otro lado de la línea se paralizó en cuanto Rin le contestó de mala gana. Esta vez respondió de inmediato.

—Nitori-kun, por favor.

—Tsk.

Con malos modos se deshizo de las sábanas y caminó descalzo hasta la sala. Su mirada era matadora, y con el rojo escarlata de sus ojos, en la oscuridad de esa fría madrugada, de estar despierto, a Nitori le hubiera parecido demoniaco.

En cambio estaba dormido, acurrucado cálidamente entre un grueso cobertor y el futón. Mirarlo tan plácidamente le causó al pelirrojo una envidia molesta, más todavía con la mente fresca de esa confesión enamorada por la que hubieron discutido la noche anterior ¡Que al idiota le gusta quien le placiera, mientras no fuera alguien del que él terminaría cubriéndole las espaldas!

Con una burbuja ardiente en la boca del estómago, Rin, con una maldad mal sana, dejó caer el teléfono desde lo alto, esperando darle en la frente, cosa que, lamentablemente, logró.

Aiichirou se levantó espantado y dolorido.

—No soy tu mensajero —Rin, sin una pizca de culpa, le espetó antes de ir a la cocina.

Nitori, más confundido que de costumbre, miró la pantalla encendida del celular indicándole que tenía una llamada en espera.

¿Moshi, moshi?


Conscientes de que al día siguiente Makoto tenía un turno desde temprano y Haruka debía abrir el restaurante, decidieron no hacer nada que les perjudicase.

Obviamente, cuando regresaron a casa de Nanase por la tarde, luego del templo, el pelinegro se mantuvo al margen de las caricias del castaño, visiblemente molesto. O visiblemente a lo que Makoto conocía. Cualquier externo que no fuera Tachibana jamás se daría cuenta de su actitud disimuladamente arisca.

Y es que sí un Dios existía, el que fuera, sin duda se había encargado de esa incomodísima situación en la que se vieron atrapados en las escaleras de ese templo. Debía ser el hijo menos querido del Todopoderoso.

Le había dicho a Rin que ellos estaban juntos. Le había dicho y sabía lo rápido que él ataba cabos y esas cosas, después de todo, era un buen policía. La mirada del pelirrojo y su cambio repentino de actitud. Todo era la señal inequívoca de que él sabía.

No, Haruka no cabía en la vergüenza.

No obstante, pese a su mal humor, los besos de Makoto en la mejilla mientras le abrazaba por la espalda mientras preparaba la cena, le hicieron ceder a la larga. Su amante le hablaba de cosas que prefirió no escuchar y entregarse a hacer sólo dos a la vez: Cocinar y dejarse mimar.

Para la noche, con el acuerdo pactado entre ambos, se dedicaron a masturbarse mutuamente.

Acostados en la cama con el bombero pegado a la pared y él recargado contra su pecho, se deshicieron en caricias. Las palabras que a él le hicieron falta, a Makoto le sobraron. Poco a poco se fueron desvistiendo sin verse a la cara ni desordenar las sábanas. Su adorada bestia de ojos de cachorro terminó por desnudarse primero mientras él, creyéndolo más seguro, decidió no ceder y dejar al menos la barrera de su ropa interior como último obstáculo para evitar que las cosas se pusieran aún más intensas. El castaño le susurró estar de acuerdo antes de besarle las orejas.

Se abrazaron en la oscuridad hasta que lo creyeron pertinente. Al final, cansado y deseoso de dormir, Haruka recargó su trasero contra la cadera de su amante. Una erección a medias se frotó contra la tela de la única prenda que poseía. Makoto se mantuvo quieto hasta que él mismo se comenzó a mover. Muy lento, para sentir mejor como el falo crecía y escuchar como el castaño se mordía los labios, conteniéndose de enloquecer. Giró el rostro para que pudieran besarse con parsimonia.

—Lame. —Con voz desinteresada, el cocinero le plantó en cara la palma de su mano y el otro se mostró obediente. Lo hizo, de hecho, de manera pausada. Tortuosa, desde el punto de vista de Haruka, quien se había decidido a no ceder demasiado. Ensalivó la piel mientras besaba las dunas sobre la línea de la vida, delineó esta y la del amor, paseó su lengua entre sus dedos y se apoderó de su pulgar, introduciéndolo a su boca mientras se mecía contra sus glúteos, frotando su erección en medio de la división entre sus nalgas. El suplicio lo sintió cuando, haciendo todo esto, Makoto comenzó a succionar su pulgar.

Haruka eyaculó en ese instante.

El bombero sacó el pulgar de su boca y le sopló en la oreja.

— ¿Estás bien? —El cocinero asintió — ¿Quieres dormir ya?

El pelinegro negó con la cabeza lentamente.

—No.

Su amante le sonrió contra la nuca.

— ¿Qué quieres hacer?

Era cierto que la actitud altanera que estaba mostrando Makoto le molestaba en demasía, pero era verdad también que eso comenzaba a encantarle.

—Tocarte.

—Hazlo entonces.

Nanase así lo hizo. Con su mano ensalivada comenzó a delinear la longitud de Makoto, aun dándole la espalda. Se encargó de sentir todo cuanto pudo. Desde cada una de las venas que pulsaban ardientes, hasta el pequeño montículo de pellejo del frenillo. El bombero cerró la mano sobre la de él.

— ¿Puedo tocarte yo también?

Haruka se tensó. El tono de voz con el que su amante le hablaba era uno con el que jamás lo había hecho.

Apenas dijo que si, el castaño introdujo la punta de los dedos bajo la ropa interior, masajeando superficialmente la cabeza de su pene. Nanase encogió los dedos de sus pies y Tachibana supo que lo tenía rendido entonces.

Sin que el pelinegro se diera cuenta, el otro se despegó de su cuerpo, sólo un poco, lo suficiente para dejar de frotarse contra él y envestirle con la punta de su miembro, delineando bien la abertura entre sus glúteos, aún sobre la ropa interior. Su mano, grande y tosca, pero que le acariciaba con suavidad, le tomó por completo, masturbándole con el mismo ritmo con el que le golpeteaba en el trasero.

Finalmente, con un apagado gemido que reprimió entre los dientes, Haruka se desvaneció por segunda vez. Makoto lo hizo después, en la columna de Nanase.

A los minutos quedaron dormidos.


Por ello al amanecer se sintieron renovados y descansados. No limpios, pero al menos estaban como nuevos.

Makoto fue el primero en levantarse para darse un baño. Besó a Haruka en la mejilla y pasó sobre de él para poder salir de la cama.

El cocinero tomó conciencia de la mañana y se preparó para iniciar la jornada. Como había perdido el día anterior, pensaba dar alguna buena promoción ese día que le hiciera, por lo menos de manera mínima, recuperar un poco del déficit de mantener cerrado en un día laboral rentable y el gasto inesperado de la televisión y el aparato de radio.

Podía preparar Cup Cakes y ofrecerlos con el café por una módica suma extra en los próximos días. El Pastel de Zanahoria también iba bien con el Cappuccino, ya fuera frío o caliente. Podía incluso apresurarse y hacer unos cuantos Tiramisú y Pays de Limón para incluir de postre en la comida.

Se levantó de la cama en busca de su celular. La sensación pegajosa como de costras de pegamento en el abdomen y en la espalda le espabiló con una ligera molestia, aunque nada comparado a la vergüenza exasperante de sentir su ropa interior tiesa por delante y por detrás. Marcó el número de Rin y esperó paciente a que contestara, rascando con la uña la blanquecina semilla seca de Makoto. Era temprano, y lo sentía, pero no tenía otra manera de contactar a Nitori.

—Dime.

Como lo sospechó. La voz mal humorada de su amigo le respondió del otro lado de la línea.

—Nitori-Kun, por favor.

—Tsk.

Escuchó el ruido de tela removida y los pasos de pies descalzos sobre madera. Luego vino un golpe, un lamento y el quejido del pelirrojo del cual sólo entendió la palabra mensajero.

¿Moshi, moshi?

— ¿Estás bien?

— ¿Oh? ¡Hai! —el chico le contestó con entusiasmo —. Es sólo que Matsuoka-San se levantó de mal humor ¡No le diga que le dije!

Haruka se mostró contrariado, lamentando los inconvenientes que le causaba a su ayudante.

—Disculpa si te levanté.

— Oh, no. No se preocupe, Nanase-San. De igual forma no faltaba mucho para que yo mismo despertara ¿Está usted bien? ¿Se siente mejor?

—Mucho mejor, gracias — el cocinero casi masculló las palabras, poco acostumbrado a ese tipo de preocupación y ese tono de voz para con él. Usualmente, como no expresaba mucho, la gente solía pasar de largo sus malos ratos —Nitori-Kun. Necesito pedirte un favor.

—Lo que sea, Nanase-San. Si está a mi alcance, tómelo como hecho.

Una ligera sonrisa imperceptible se coló en los labios de chef.

—Ve tan temprano como puedas al restaurante y enciende todos los hornos en la flama más baja ¿Recuerdas que te enseñé?

— ¡Claro, Nanase-San! —Con entusiasmo, Nitori se levantó del Futón — ¿Necesita algo más?

Haruka lo meditó un segundo.

—Si te sobra tiempo, lava y pela todas las zanahorias que puedas. Sería todo.

—No se preocupe, Nanase-San. Tomaré una ducha y estaré ahí en treinta minutos.

—Te preparé el desayuno. Gracias.

Cuando colgó, agradeció a Rin por haberle conseguido tan entregado empleado. Luego se palmeó la frente. Había olvidado que había dicho que le habían robado el celular el día anterior.


—Su celular, Matsuoka-San. Muchas gracias.

Nitori dejó el aparato sobre la mesa en la que refunfuñaba su casero, dio la media vuelta e intentó retirarse con velocidad para evitar cualquier conflicto que se estuviera cocinando. Los ojos del oficial eran fieros en ese momento, por lo que, a base de sentido común en el arte de la supervivencia, intentó poner pies en polvorosa.

— ¡Nitori! —Intentó, pues, ni bien hubo dado la vuelta, Matsuoka le hablaba con una voz que sólo podría describirse como de ultratumba.

Giró muy lentamente para encarar lo mejor posible a su interlocutor, tratando de espantar su mueca de terror.

— ¿Sí, Matsuoka-San?

—Nitori —repitió su nombre con un marcado repiqueteo de sus dedos contra la madera de la mesa —. Quiero que sepas que yo no soy tu mensajero. Tampoco soy el mensajero de Nanase.

—Sí, Matsuoka-San. Lo entiendo. Dispense por favor todas las molestias que he causado. En cuento pueda, tomaré mis cosas y me marcharé. — E inclinó tanto la cabeza en una exagerada reverencia, qué, literalmente, su frente se apoyó en sus rodillas.

— ¿Marcharte? — Rin carraspeó. —. Nada de eso. No quiero que Haru vuelva a marcarme para asuntos que les competen a ustedes dos, así que, antes de pagarme tu deuda, en cuanto ese inútil te de tu primer sueldo, te compraras un celular.

— ¡Si, Matsuoka-San! —Tieso como una tabla y con los brazos bien pegados a su cuerpo, Aiichirou le agradeció con el cuello bien en alto.

— ¿No tenías prisa? ¿Qué haces todavía ahí parado?

— ¡Si, Matsuoka-San!


Se encontraba lavando la última zanahoria en el momento en el que la jauría de gatos comenzó a salir de los más oscuros recovecos del callejón. Los escuchaba maullar y bramar desde todas direcciones y supo entonces que su jefe había llegado.

En efecto, cuando estuvo cerca, un abrumador ronroneo colosal arrullaba el edificio como el viejo motor de una camioneta antigua.

El rostro de su jefe parecía normal, un poco magullado, pero con el estoico semblante característico que lo precedía. La diferencia radicaba en el andar apresurado con el que se dirigía al lugar, haciéndose paso entre los gatos. Tras de él, con una sonrisa ensoñada, su amigo bombero se reía a ratos mirando a los mininos.

Aiichirou se apresuró a abrirle la puerta y lo dos entraron como rayos al lugar.

—Makoto, los gatos.

El aludido siguió sin detenerse su camino hacia la trastienda, directo al frigorífico repleto de las vísceras de pescado. Nitori, en cambio, le recibió la chaqueta mientras lo seguía a la cocina.

—Hornos encendidos y zanahorias bien lavadas, Nanase-San.

—Bien.

— ¿Necesita algo más?

— Limpia las mesas exteriores, por favor.

Ni a medio segundo de su petición, Nitori se retiró con un trapo y una botella de Windex en la mano. A los quince minutos, el alto amigo de Nanase le ayudaba a sacar las mesas a la terraza. Todo mientras el chef preparaba un desayuno continental para los tres.

Makoto se fue a los pocos minutos luego de que se encerrará con el cocinero a "discutir" algo a la bodega.


Entraba al restaurante de su amigo Haruka cuando un Nitori muy apurado le chocó al salir.

Claro que no se conocían. Ni siquiera se imaginó que era el tan mentado muchachito del que todo el mundo comenzaba a hablar. Aunque, en el momento en el que apenado le tendió la mano para ayudarle a levantarse, le adoptó como una de sus personas favoritas en el mundo.

En cuanto el muchacho, inclinándose con una marcada reverencia completamente avergonzada, se fue corriendo de manera apurada, se le quedó mirando hasta qué, a medio metro de la esquina, el peligris bajó drásticamente la velocidad y su carrera acelerada se convirtió en una caminata apresurada. Al perderse de su vista, entró al restaurante.

¡Ha-ru-Chan! —Canturreó anunciando su presencia más escandalosamente de lo que la pequeña campanilla de la puerta hubiese podido jamás hacer.

Por supuesto, recibió toda la atención del chef, qué, sentado en una mesa, se esforzaba por hacer cuentas. Todo el lugar olía a pastel recién horneado.

—Nagisa.

— ¡Haru-Chan, Haru-Chan! ¿Qué haces?

Haruka miró su bitácora financiera. Los números no tenían sentido para él. La cerró mientras Hazuki tomaba asiento con él.

—Quita el "Chan".

Nagisa infló los cachetes, descontento.

—Todo suena más lindo cuando le pones "Chan".

—Mi nombre no.

Mou-uu…— hizo un puchero —. Sobre todo Haru-Chan suena bien con el "Chan", "Haru-Haru".

Haruka se rindió. Nagisa, siendo Nagisa, podía hacer lo que quisiera.

— ¿Y bien? ¿Dónde está tu nuevo mesero? — El pelinegro le miró intrigado. El rubio entendió perfectamente su mirada —. Mi hermana me habló de él. Rei-Chan me comentó ayer que se queda con Rin-Rin.

—Acaba de irse. Justo cuando llegaste.

— ¿De cabello gris y adorable lunar bajo el ojo? — "Haru-Haru" asintió — ¡Era verdad de que es lindo!

El ojiazul ladeó la cabeza sin interés.

—Supongo ¿Quién te lo dijo?

— ¡Todo el mundo! Mi hermana mayor fue la primera. Ayer hablé con Momo-chan y me dijo lo mismo ¡Hasta Gou! ¿Puedes creerlo? Ella nunca me ha dicho que yo sea lindo ¡Y lo soy!

—Lo eres. —su amigo reconoció.

— ¡Lo soy! Y bueno, vine a verte y ayer Mako-Chan fue a casa y habló con Rei-Chan para que los acompañáramos al templo. Me hubiera gustado ir, porque quería pedir por buena suerte. Pero estuve encerrado ¿Sabes? No había salido de mi cuarto en casi toda la semana. Me sorprendió que me llamaras ese día, Haru-Haru, para que localizara a mi hermana ¿Te acuerdas? ¿Cómo quedaron las filipinas? Porque mi hermana es un genio costurero. Y rápida. ¡Demonios que me sorprende! De chica era taaaan floja. Sólo se sentaba tooooda la tarde a ver tele y a hablar por teléfono con su novio. Una vez llegó la cuenta telefónica altísima y mi papá se enojó muchísimo. Luego lo resolvió quitándole la tecla de cero al teléfono. Así ella ya no podía marcar…

Haruka recibió paciente toda la verborrea de su adorable amigo. De ser otro, como Momotarou o incluso Nitori, le hubiera detenido o ignorado, pero Nagisa acababa de comentar llevar varios días recluido.

—…y pues cuando Mako-Chan se fue de casa, cuando Rei-Chan me subió la cena, me dijo que el inquilino de Rin-Rin era de mi talla y que si tenía ropa que quisiera cederle. Tengo un montón que ya no uso o que nunca usé, llené dos maletas que también compré y jamás ocup…¡La Ropa! — Se palmeó la frente y le sirvió para hacer una pausa — ¡La olvidé!

Nanase no encontró que decir. Sólo se levantó. Nagisa llevaba un portafolio, pero ninguna maleta.

— ¿Quieres una malteada? Acabo de hacer Cup Cakes, Tiramisú y hay Pastel de Zanahoria en el horno.

—Quiero de todo eso, "Haru-Haru".

—Haru-Chan está bien.

—¡Ok, Haru-Chan!

Haruka se desapareció en la cocina unos instantes. Aun estando lejos podía escuchar al muchacho hablar animadamente por teléfono con su marido. Sirvió todo en una bandeja. Aprovechó también para vigilar el progreso en el pastel. Le faltaba mucho, pues ni siquiera había comenzado a esponjar. Al volver al área de las mesas, Nagisa le esperaba en la misma, con todo un papelerío esparcido sobre esta.

Le colocó enfrente la malteada y un plato grande con los dos postres en él. Al rubio se le iluminó la mirada.

— ¿Buena racha?

Nagisa, con un tenedor y medio Tiramisú dentro de la boca, asintió. Luego se puso serio, era hora de hablar de negocios.

A Haruka le encantaba eso de su amigo. De alguna forma, a pesar de su bravuconería y ese ánimo infantil que desbordaba desde su actitud a su apariencia, tenía momentos lucidos de seriedad bien encaminada. Justo como ahora, que su rostro se volvió en un perfecto marco de facciones adultas.

—Terminé ayer. Aún no está editado. Esta es sólo una copia para ti. Hablé por teléfono con Ama-Chan. Por eso vine a verte.

El chef asintió a lo que el otro le decía. Prestó especial atención a los puntos que Nagisa enumeraba. Cuando su amigo dejó de hablar, se levantó silencioso, reteniendo la idea en su cabeza y fue a su oficina por un block y lápices de dibujo.

Al volver, Nagisa comía nuevamente con su cara de niño. Haruka le sirvió otro Cup Cake. Pocos lo sabían, porque verdaderamente no le convenía, pero aparte de Makoto, había otros que comían gratis en su restaurante. Gou, Ran, Ren, los padres de Makoto, ahora Nitori y por supuesto Nagisa. Rin y Rei gozaban también del beneficio, pero siempre se negaban a aceptar. Rei, por educación, Rin por mero orgullo.

Mas Nagisa, de hecho, era especial.

Fuera de sus amigos, que tenían cada uno su propia profesión a su gusto, pocos se detenía a pensar cómo era que él, un joven cocinero de clase media y recién egresado de la carrera de gastronomía, tenía su propio negocio a tan corta edad.

Lo normal, dadas sus características socio económicas, por muy bien que cocinara, estaba destinado a largos años de servicios en algún restaurante, menospreciado por su falta de experiencia. De hecho, así fue al graduarse de la universidad.

Se pasó más de seis meses fregando platos sin haber tocado nunca la estufa, un año entero batiendo huevo a punto de turrón y cuatro meses cortando verdura.

Fue entonces cuando Hazuki, sin estar consiente exactamente de su situación, le pidió un favor que le cambió la vida. Él aceptó sin saber que había dinero de por medio, y cuando llegó su primer cheque, la sorpresa fue tal, que incluso quiso devolverlo.

Él había actuado de buena fe y, de hecho, sin esperar nada a cambio.

Nagisa era escritor.

Comenzó desde muy joven contando cuentos a quien se dejase. Era imaginativo y tenía una creatividad que sólo era limitada por los sueños de sus padres. No les culpaba, cuando en su país, la mejor manera de sobrellevar la vida era estar bien acomodado en una buena empresa de renombre en la que se pudiera escalar de puesto con trabajo arduo.

No obstante su hijo les hubo dado una lección, o varias. Para escapar de su reprimida realidad, Nagisa comenzó a escribir. Lo hacía en secreto y por diversión. Inventaba mundos, personas e incluso idiomas. Ponía a sus personajes en situaciones por demás interesantes y sus desenlaces nunca eran clásicos. Daba vueltas y enredaba todo con un argumento fuera de sí.

Mas su sueño real era muy diferente. Un sueño tan increíble, que una cosa mínima, como la barrera de la estatura, lo rompió en pedazos, y a él con ello.

Rei le sacó del hoyo. Se las ingenió para que desempolvara esos viejos cuadernos y le diera contexto a todas esas palabras olvidadas. Esa fue su primera novela.

De esas siguieron muchas y finalmente Nagisa se convirtió en escritor.

Haruka le hizo la primera portada cuando rechazaron todos los bocetos de Hazuki y de alguna forma su trabajo les gustó. De ahí, como sello representativo de "Ryugazaki Rinko" se hablaba también del bello arte en las tapas de sus libros, por muy tétricos que fueran.

La primera portada le dio la posibilidad de soñar con su propio restaurante. El ahorro de las cuatro siguientes le hizo comprar un agradable local. Pero, la sorpresa más grata en la vida de Nagisa dio a luz a un nuevo seudónimo, la bienvenida a otra rama de la literatura y la incursión de Haruka al mundo literario.

De cabello azul, ojos como fresas y cuatro kilos de peso, la pequeña sobrina del escritor y el científico llegó al mundo. Hija de la menor de sus hermanas mayores y el hermano mayor de su marido, se encargó de poner a todos de cabeza. Los abuelos se peleaban por tenerla, una de sus tías le construyó una habitación y la otra la convirtió en su modelo favorita de toda una línea de ropa para bebé. Así que, mientras Rei le construía una hermosa y segura carriola con forma de mariposa, el rubio se encerró en su estudio y trató de no olvidar la sensación de su índice siendo atrapado por una manita roja de dedos rollizos ni el escozor en el pecho al mirar el esbozo de una primera sonrisa.

A los pocos días, más delgado y ojeroso, le visitó con dos libros infantiles bajo el nombre de "Ichigo Hazuki" y un poco de ese viejo sueño remendado que Haruka ilustró para él y que terminaron de pagar el restaurante en su totalidad, con sus sillas, sus mesas, hornos, cafeteras, su toldo glauco y blanco e incluso sus jardineras de hierro forjado que enmarcaban los arbustos exteriores y su pizarrón con el menú del día. Obviamente también pagaron los honorarios de la hermana de Nagisa que se encargó de diseñar todo el concepto del local.

"Nana-Chan en el país de los Niños Grandes" y "Nagisa, el astronauta pequeñito" dieron a sus vidas un giro bien encaminado.

Se levantó para servirle otra mateada, otro Cup Cake y otro Tiramisú que tardó más en poner en la charola, que su amigo en devorarlos.

Sí, Nagisa podía comer todo cuanto quisiera.

La campanilla sonó y un estoico hombre de cabello azul y gafas rojas, entró con calma arrastrando dos maletas. El rubio, rápido como felino, se lanzó desde la silla hasta sus brazos cuando estuvo lo suficientemente cerca.

— ¡Rei-Chan! ¡Viniste!.

Acostumbrado a los desplantes de su pequeño esposo, sin inmutarse, se acomodó los anteojos.

—Nagisa-Kun, compórtate —Le murmuró, pero no lo separó de su cuerpo —. Haruka-San, espero que Nagisa-Kun no le haya molest… ¡Por Dios! ¿Se encuentra bien, Haruka-San?

El chef recordó nuevamente las heridas de en su cara. Se tapó el labio con una mano.

—Si.

— ¿Qué le pasó?

Haruka iba a soltar la mentira del asalto, mas Hazuki, soltándose del cuerpo de su conyugue, se adelantó.

—¡Qué tontito eres, Rei-Chan! Es obvio que tuvo sexo duro.

Los otros dos enrojecieron de manera drástica.

— ¡Nagisa-Kun! ¡Por favor no diga esas cosas!

— ¡Pero es verdad! —Tomó a su amigo por el rostro —. Mira —le señaló —, labio roto, pómulo violáceo, marcas de dedos tras la nuca y se tensó cuando lo dije, aunque fue una broma.

Haruka, pocas veces se sentía avergonzado de la manera en la que se sentía ahora. Pudoroso y rojo. Y eso que él solía casi desnudarse a la primera fuente de agua en la que cupiese que viera.

El pequeño rubio era astuto. Ciertamente con una inteligencia superior cuando se trataba de los chismes. Del alguna forma, cuando pensaba en él, lo miraba como música de piano. Alegre, vivaz, con un ritmo cadencioso y pueril que en nada podía dar pie, con unas cuantas teclas sueltas e intensas, en un pesado ambiente de suspenso y misterio, tornar todo a un aire sensual y volver, como si nada, a ese pícaro repiqueteo infantil de un Mozart juguetón.

— ¿Quién es? ¿Mako-Chan? — Rei se acomodó los lentes ante tal indiscreción, tomando a la fuerza la mano de su pareja para hacer que se callara. Nanase desvió la mirada. Esto, por supuesto, sólo incentivó a Nagisa mucho más —. ¡Lo sabía! Aunque no me imaginé que él fuera tan rudo. Pero ¿sabes? a todos les pasa a veces.

—Debiste ver cómo quedó él.

Nagisa saltó de su silla abrazando a Haruka.

—¡Haru-Chan está bromeando! Casi nunca te he visto bromear.

—No, en serio —Rei le suplicó que se sentara con un jalón de manga —. Debió ver ayer como estaba Makoto-San.

—Oh…¿Todo bien, Haru-Chan?

En cuanto Hazuki le prestó atención con sus expresivos ojos preocupados, se dio cuenta de lo abstraído que se mantuvo un momento, pensando en la situación. A él no le importaba si el mundo se enteraba de su relación…casi. El asunto estaba en que no lo había hablado con Makoto. Makoto tampoco había sacado a tema de contarles a los demás. Ni siquiera habían sacado a tema el describirse como pareja.

Nagisa y Rei, seguían mirándole.

Bueno, con título o no, él y Makoto eran pareja. Y si lo eran, era justo que sus amigos lo supieran. Con la ventaja de qué, estos amigos, siendo una "pareja alternativa" bien podrían resolver sus dudas.

— ¿Debe doler?

Cuando Haruka soltó eso como bien daría a cualquiera los buenos días, Rei se atragantó con su propia saliva y Nagisa se echó a reír largo y tendido.

—¡Claro que debe doler la primera vez! Pero no suele ser tan malo, creo. Rei-Chan fue dulce un montón. Leyó mucho. Yo sólo quería que me arrancara la ropa, pero eso fue después. Cuando lo hicimos salvaje quedé como Haru-Chan ¡Rei-Chan no me dejó salir de casa por días!...y fue así como escribí mi segunda novela.

—¡Nagisa-kun!

El rubio colocó su mejor cara de inocencia.

—Él preguntó — Su esposo, visiblemente rojo, se acomodó los lentes, aún si estos estaban en su lugar —. A veces pasa, Haru-Chan, mucho depende de la lubricación o la estimulación previa.

—¿Lubricación?

A esas alturas, el científico agradecía estar con alguien de confianza y que el lugar estuviera vacío.

— Si, Haru-Chan ¿Qué usaste?

Haruka se llevó una mano a la barbilla. Los recuerdos eran borrosos dada la posición tan desesperada en la que se recordaba. Imágenes de cuerpo de Makoto sobre del suyo, con sus pectorales fuertes y su amplia espalda. Su rostro lascivo con ojos brillantes, de nariz con puente ancho y boca larga que escupía sobre su mano…

—Baba. — dijo al fin, recordando lo exacto.

—¡Baba! —Le secundó el escritor —. Con razón, Haru-Chan. Entiendo que fue desesperado, pero puedes improvisar de otra forma. Aceite de oliva, por ejemplo.

Ya metidos en la vergonzosa conversación, Rei, con las orejas sumamente acaloradas, decidió intervenir para dar una correcta instrucción.

— Haruka-San. Siempre es importante una correcta lubricación. Hoy en día en el mercado hay una fuerte demanda de substancias que se adaptan a las necesidades del usuario y la gente es más abierta a su consumo. Las hay de sabores o con afrodisiacos, e incluso las hay con retardante. Ahora qué, si se avergüenza de ir a comprarlas, hay muchos sitios en la red por las que puede hacer la compra en línea. Llegará a la comodidad de su casa en completa discreción.

—O puedes ingeniártelas, Haru-Chan ¡Como yo! —El muchacho pequeño rebuscó sin esfuerzo en su bolsillo, al cabo de dos segundos, sacó de este un pequeño tubo de plástico transparente con un espeso líquido traslucido rosáceo, casi rojo. Cuando el cocinero lo vio de cerca, resultó ser un "Lipstick"— .Esto es por si te "agarra" la pasión de improviso. Lo venden donde sea y no te preguntan nada. Siempre puedes decir que es un regalo para tu hermana ¡Y son de sabores! ¡El mío es de fresa! ¡Puedes elegir tu favorito!

Nanase miró con detenimiento el pequeño tubo, sin prestar atención al guiño insistente de Nagisa ni al crispado cabello de su esposo.

—Caballa. —Murmuró.

Hazuki rió pícaramente detrás de su puño.

— ¡Ay, Haru-chan! — le habló juguetón —. "Eso" ya sabe a pescado.

— ¡Na-nagisa-Kun! —Rei dio un manotazo a la mesa tan fuerte, que los lentes resbalaron de su cara iluminada de un rojo tan intenso, que el cabello del oficial Matsuoka podría verse deslavado —¡Por favor, no diga vulgaridades!

— ¡Pero es verdad!

El chef no prestó atención a la discusión marital que se llevaba en la mesa. Más bien se estaba quedando con lo esencial.

A última instancia, Nagisa dejó de escuchar a su marido, se colocó el Lipstick, frotó sus labios uno con otro y tomó del codo al peliazul, buscando acabar la discusión.

— ¡Haru-Chan, préstanos el baño! — Alcanzó a escuchar antes de un portazo. Ya adentro, escuchó que le gritaba — ¡Y pon música bien alto!

El cocinero puso un concierto de piano en la televisión.

つづ


Lo dejaré hasta aquí.

¿Recuerdan que les dije que si bien me iba actualizaría cada miércoles, pero si mal me iba los jueves? Pues muy mal me fue. No mal, mal. He estado ayudando a mi madre a acondicionar su nueva casa. Aún falta un poco, pero cada vez menos.

Sólo quería dejar aquí mis notas, como siempre.

Desayuno continental es un desayuno típico, al menos en México. Este consta de Café, Jugo de Naranja, pan, fruta y huevo.

Al fin sale Nagisa. Espero les haya gustado su aparición y su oficio. También lamento si me pienso mucho las cosas. A mi cabeza le gusta hacer esas cosas y darse esos cuestionamientos ¿Les ha gustado el cómo Haruka pudo costearse su proyecto empresarial?

Sobre la treta del padre de Nagisa, tomé el ingenio de mi propio padre para con mi hermana. A él le gusta armar y desarmar cosas. Después de una increíblemente costosa factura telefónica, mi padre desactivó desarmó el teléfono y desactivó el cero, número importante aquí para marcar a un celular (en México, antes de marcar a un móvil debes digitar 044). Sólo él sabía cómo activarlo de vuelta.

Por lo de Nana-Chan, y el libro que Nagisa le escribió, tomé una versión de un cuento que mi hermana le escribió a nuestra primera sobrina. Todos estábamos vueltos locos, mi hermana menor hizo el cuento de "Grecia en el País de los Niños Grandes".

Por cierto, continuando con el tema de Nagisa, debo admitir que es un personaje que me encanta no sólo porque es el elemento cómico, tétrico, tierno y pícaro de la serie, sino porque lo tomo como algo a lo que yo llamo "Personaje Génesis". A raíz de la aparición de nuestro pequeño rubio en la serie, es que todo comenzó a moverse. Se encargó de convencerlos para ir por el trofeo y con ello la reunión con Rin, reabrió el club de natación, consiguió a Amakata- san y a Rei… ¡Hasta hizo que Sousuke se integrara al grupo en el Ova! (porque estaba trucado todo eso, yo lo sé). Es cómo Bulma, de Dragon Ball. Sin su aparición, dudo que Goku hubiera salido de su montaña.

Bueno, nos veremos, esta vez sí, el miércoles.

Agradezco los comentarios que me han dejado, al igual que los favs y los follows. Los amo.

.Misao Kirimachi Surasai.