-IV-
"Me gustan más los sueños del futuro que la historia del pasado." (Thomas Jefferson)
-¡Ven¡- un niño de unos ocho años se acercó hacia donde su amigo se encontraba-. ¿Qué crees que son?
-No tengo ni idea –dijo el otro cogiendo uno de los dos extraños aparatos que habían encontrad.
Su amigo cogió el otro y al instante comenzaron a brillar.
-¿Qué ocurre? ¿Por qué brilla?
-Me siento extraño.
Ambos niños se tomaron de la mano y, en un abrir y cerrar de ojos, el paisaje en freten de ellos había cambiado. Ante ellos aparecía un bosque.
Kari se despertó y miró su despertador. A los pocos minutos volvió a sumirse en sus sueños.
Frente al tocador de la pequeña Yagami se encontraban la propietaria de esa habitación y su amiga peli morada. La castaña parecía estar ya lista y peinaba a su amiga mientras esta se maquillaba.
-Matt nos va a matar, ¿lo sabes? –dijo sonriendo la menor.
-No me lo recuerdes. Todo porque me he quedado dormida y a mi hermana se le ha olvidado despertarme.
En aquel momento Kari acabó de hacerle un moño a su amiga. Yolei acabó de darse una sombra roja y se levantó.
-Ya estamos –dijo dirigiéndose a un espejo que se encontraba en la habitación.
Yolei llevaba puesto un vestido rojo de tirantes pocos centímetros por encima de la rodilla y lo acompañaba con unos zapatos de tacón del mismo tono que el vestido.
La castaña recogió un par de cosas para no dejar muy desordenada la habitación. Buscó un bolso dentro de su armario y guardó un par de cosas.
-¡Ey, mira!
Ante la llamada de su amiga se giró y se encontró con un flash.
-Eso no vale, no me lo esperaba –dijo mientras se dirigía a su amiga-. Debes borrarla.
-Ni loca. Te ves adorable –afirmó la mayor giñándole un ojo-. Eres lo que cualquier chico desea.
-No digas tonterías Yolei, y vámonos.
-Espera cinco segundos. No estaría mal una foto juntas para recordar este día.
Dicho y hecho. La castaña tomó su cámara, puso el temporizador y se situó junto a su amiga en espera de que saltara el flash.
-Deberías llevarte la cámara. ¡Ah! Y que no se olvide el D-3, es costumbre llevarlo en ocasiones así. Nos hace recordar buenos momentos.
Kari se volvió a girar en dirección del armario y sacó de una de sus prendas el D-3. Esto le pareció extraño a Yolei, pero decidió que no era momento de preguntar. Ya lo haría más tarde.
Se despidieron de los padres de Kari y salieron a la calle en dirección en casa de Matt que no se encontraba muy lejos, tan solo a un par de manzanas. El motivo de la fiesta era que ahora volvían a estar los 12 elegidos. Podía celebrarla ya que su padre estaba en Tokio en una feria de las comunicaciones con un compañero y estaría fuera todo el fin de semana.
Diez minutos más tarde, las dos jóvenes llegaron a su destino y llamaron al timbre. Dentro se podía escuchar música, aunque sonaba bastante baja. La puerta se abrió y la melena alborotada del mayor de los Yagami apareció. Dejó pasar a Yolei y abrazó a su hermana por lo hombros.
-Habéis tardado más de lo que me dijiste, hermanita. –la voz de Tai sonaba ya algo extraña y Kari se dio cuenta de que en la otra mano llevaba un vaso casi vacío de lo que a ella le parecía ron con cola.
-Y yo pensaba que no empezaríais a beber tan pronto.
-Son las once, tampoco es tan pronto. Además, esto no es nada y la noches es joven –afirmó un Tai sonriente.
Durante su conversación ya habían entrado en la sala de estar donde se encontraban todos. La mayoría habían fijado su mirado a los dos hermanos cuando entraron en escena, aunque ellos no se dieran cuenta. Pero, acabaron centrando sus miradas y sus conversaciones en otros asuntos. Todos salvo uno.
-Sírvete algo y disfruta.
Tai quitó su brazo de alrededor de su hermana y se fue a hablar con Izzy que estaba hablando con Codi. Kari lo observó y sonrió, aquel chico nunca cambiaría. Siguió su consejo y fue en busca de algo que tomar.
-Buenas noches, Kari –la saludó una voz alegre.
-Buenas noches, Mimi –contestó mientras se servía vodka negro con coca-cola y después fijó su mirada en su amiga-. Estás preciosa Mimi.
El comentario hizo sonrojarse a la Tachikawa. Llevaba un vestido rosa pálido ajustado de palabra de honor bastantes centímetros por encima de la rodilla, con unos taconazos negros.
-Deberías dejar tu dispositivo con el resto –dijo mientras señalaba la mesita de café en medio de la sala en la que se encontraban todos los dispositivos de sus amigos-. Después de tres años es la primera vez que los veremos todos juntos.
Kari hizo caso, lo sacó de su bolso y lo dejó junto al de sus amigos. Después, dejó su bolso por ahí y comenzó a hablar con alguno de sus amigos: Joe, Ken, Sora, Codi, Davis.
En un momento determinado empezó a sonar una canción y Yolei, Mimi y Sora se volvieron locas y se pusieron a bailar en mitad de la habitación. Kari sonrió al verlas y no sintió que alguien se acercaba detrás de ella.
-¿Por qué no te unes a ellas? –la joven dio un leve salto al escuchar aquella voz-. Lo tuyo es bailar.
-Lo que menos me apetece a estas horas y tras haberme bebido un par de copas es bailar –dijo mientras se volteó a ver a T.k -. Ya paso muchas horas bailando.
-¿No se supone que si es lo que más te gusta nunca te cansas de ello?
-No me canso de bailar, pero mis pies lo sufren.
El rubio se rió ante la contestación de su amiga. Y le señaló el balcón, ella asintió y salieron cerrando tras de sí la puerta.
La brisa azotó el pelo de la Yagami, que a diferencia de tres años atrás era largo y caía hasta la mitad de su espalda. Observaban la Odaiba nocturna, en la que a las 2 de la mañana pocas luces de edificios se mantenían encendidas. Ella estaba agarrando el barandal mientras él se recargaba sobre él. El silencio se mantuvo entre ellos durante un buen rato.
-Estás preciosa Kari –dijo en casi un susurro que provocó un gran sonrojo en la castaña, que tan solo pudo contestar con un bajito "gracias".
Hikari llevaba puesto un vestido azul oscuro que llegaba bastantes centímetros por encima de sus rodillas. Además, llevaba unos zapatos de tacón negros.
Takeru llevaba puesta una camisa blanca de manga corta, con los primeros botones abiertos y unos pantalones marrones oscuros.
La brisa hacía revolotear el pelo de la castaña y T.k tomó un mechón del pelo de la joven y lo puso tras su oreja. Ambos jóvenes se quedaron mirando. Otra vez azul contra color miel. Ambos se sonrojaron, pero estaban tan perdidos en sus miradas que ninguno de los dos se dio cuenta.
-Creo –comenzó el rubio- que debemos hablar sobre lo que paso hace tres años.
-No creo que sea el mejor momento.
-Es el único.
-Todo está claro. Me hubiera quedado, pero me dejaste ir.
-No podía atarte a mí. Tu pasión es el baile y yo no podía hacer que desaprovecharas esa oportunidad por mí. No era justo.
-Te prefería a ti que al baile –dijo en un susurro la castaña y aquellas palabras le dolieron al rubio-. Me dijiste que me querías, que era lo mejor de tu vida y que no me dejarías ir. Pero mentiste T.k, me apartaste de ti y durante tres años he estado lejos.
T.k pasó su mano por su pelo alborotado desesperadamente. La había dejado escapar hacia tres años. Él no lo vio como un error, quería lo mejor para ella pero, al parecer, no eligió lo que más le había gustado a su amiga.
Miró el rostro de Kari. Podía ver a aquella chica que había estado con él desde su primera aventura hasta que se fue a Nueva York. Sin embargo, no dudaba que había cambiado, y mucho en bastantes sentidos.
Al no obtener respuesta la joven se dirigió a la puerta para volverse a integrar en la fiesta, pero una mano tomó su brazo y miró a su propietario.
-Reconozco que cometí un gran error que llevo sufriendo durante el día que subiste a aquel vuelo –dijo con una mirada decidida-. Espero que algún día me perdones, Kari. Y me gustaría saber tu respuesta si te digo que te sigo queriendo incluso más de lo que te quería hace tres años. ¿Me dejarías entrar en tu vida?
La castaña se encontraba estática ante las palabras de T.k. Ella había estado tres años sufriendo porque no lo tenía a su lado y le había parecido que le había dado lo mismo que ella se fuera tan lejos. Pero ahora que sabía aquello no era capaz de hablar, decirle a aquel chico que a pesar del tiempo que habían estado alejados, ella no había dejado de quererle como lo había hecho desde un principio.
Habían pasado varios minutos y T.k no había recibido ninguna respuesta. Ya había soltado el brazo de su amiga y la observaba cada vez menos esperanzado.
-Yo… -acabó reaccionando la castaña.
-¡Chicos, venid! –Matt exaltado había abierto la puerta y llamado su atención. Parecía preocupado y los dos le hicieron caso, desviando su atención sobre otro asunto.
Entraron en el salón y se sorprendieron de lo que estaba ocurriendo. Todos los dispositivos estaban brillando con una gran intensidad. Matt se dirigió hacia su habitación y miró su ordenador. Estaba brillando.
-Debemos ir. El mundo digital puede correr algún peligro –afirmó decididamente el portador del emblema del valor. Todos cogieron sus respectivos dispositivos y se dirigieron al ordenador, siendo, finalmente, succionados por este.
En un abrir y cerrar de ojos sintieron que chocaban contra un suelo frío pero mullido.
-¡Buenas noches, jóvenes elegidos!
Todos levantaron sus cabezas hacia la dirección de la que provenía la voz y allí se encontraba el anciano que les había ayudado en numerosas ocasiones.
-¡Genai! –gritaron alegres.
Mimi se acercó rápidamente hacia él y le dio un abrazo. Lo mismo hicieron las otras tres chicas, mientras que los chicos se limitaron a saludarlo.
-Debemos irnos de aquí, no es un buen lugar para hablar.
Genai comenzó a andar y todos le siguieron extrañados. Izzy llegó a su lado y le preguntó que ocurría, pero el anciano se negó a hablar todavía.
Todos siguieron ansiosos y silenciosamente a Genai que no les había vuelto a dirigir una palabra. Tras veinte minutos de caminata comenzaron a observar lo que parecía un castillo. Minutos después se encontraban freten al castillo, que parecía tener algunas secciones derruidas.
Una vez dentro Genai les pidió que se acomodasen en una serie de sofás que estaban junto a una chimenea con un espléndido fuego.
El anciano se sentó en el sofá del medio junto a Tai e Izzy y centró su mirada en el ardiente fuego.
-Os hemos vuelto a llamar, jóvenes elegidos. Un mal ha renacido y cada día que pasa es más peligroso para este mundo y también para el vuestro. ¿No habéis sentido nada?
Todos negaron con la cabeza y centro su mirada en Kari, que tenía la mirada pérdida en la pared de enfrente. El anciano entendió que ocurría.
-Si pudimos con los amos oscuros y Apocalymon podremos contra nuestros enemigos ahora –dijo Tai mientras sonreía.
-No adelantes acontecimientos elegido del valor. Esta vez vuestro enemigo es mucho más poderoso que los amos oscuros y no viene solo.
Todos se quedaron en silencio. ¿Más poderoso que los amos oscuros o Apocalymon? Para ellos era prácticamente imposible.
-¿Estás seguro, Genai? –preguntó Sora, a lo que el viejo asintió-. A qué te refieres con que no viene solo.
-Ha resucitado a los caídos. Distintos digimons han visto a Piedmon, Puppetmon y Myotismon.
Todos estaban asombrados y algunos comenzaron a tener miedo. Volverían a luchar contra sus antiguos enemigos y la anterior vez les había contado mucho.
-Suponemos que también habrá renacido al resto, aunque no lo sabemos con total seguridad.
Silencio. Tan solo se podía oír el sonido del fuego y el respirar. Cada uno se encontraba sumido en sus pensamientos, recordando y temiendo las batallas que se avecinaban.
-¿Cómo? –tras cinco minutos de silencio fue la pequeña Yagami la que habló y la mirada de todos fue a parar a ella-. ¿Cómo se puede resucitar a alguien de la muerte? ¿El poder de la oscuridad tiene tanto poder como para hacerlo?
-Así es joven elegida de la luz. El poder de la oscuridad es tan poderoso que está reuniendo a los digimons más poderosos que han existido a lo largo de los tiempos para enfrentarse contra vosotros, los elegidos.
-¡Mierda! –exclamó Tai desesperado.
-Cálmate Tai. Si pudisteis acabar años atrás con ellas y nosotros pudimos acabar con otros digimons, podremos volver a acabar contra ellos. Somos fuertes, nuestros compañeros son fuertes y con ellos, alcanzaremos la victoria.
Todos se quedaron observan a Daivis. No se esperaban un discurso así de su parte y comenzaron a reírse.
-Creo que deberíais ir a ver a vuestros compañeros. Os están esperando ansiosos.
Todos se levantaron y se dirigieron a la puerta hacia la que había señalado el anciano.
-Kari, espera.
Y aquí está el IV capítulo antes de fin de año. Que suba otro antes de que empiece 2013 es poco probable, pero quien sabe, tal vez me llegue la inspiración. :D
Esté capítulo es más largo que los anteriores y bueno, se perfectamente como va a continuar y finalizar este fic (tal vez no sea un final en el que todos sean felices...)
Le agradezco millones de veces a aquellas personas que se han molestado en dejar su review, gracias a ellos continuo esta historia :)
Gracias también a aquellos que también leen esta historia, pero no dejan ningún comentario.
Por último, FELIZ NAVIDAD y FELIZ AÑO!
Pasénlo genial con sus familias y, sobre todo, cuidense. ^^
