-VI-

"Cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones drásticas son las más seguras." (Tito Livio)


El reloj digital del mayor de los Yagami marcaba la una del mediodía. Caminaba por los pasillos del castillo silbando una alegre canción. De repente, se paró frente a la habitación de su hermana, dejó de silbar y llamó a la puerta.

-Buenos días, dormilona.

Sin embargo no hubo ninguna respuesta al otro lado. Tai repitió la acción y volvió a recibir la misma repuesta, silencio.

Extrañado de que su hermana no estuviera despierta a esas horas y de no recibir ninguna respuesta, abrió la puerta. Se encontró la habitación totalmente vacía, con la cama hecha perfectamente. Se dirigió al baño, pero tampoco había nadie.

Salió de la habitación y volvió al salón donde se encontraban todos sus compañeros y sus digimons.

-¿Estáis seguros de que ninguno de vosotros ha visto a Kari? –preguntó preocupado.

-Ya te hemos dicho que no la hemos visto en toda la mañana –respondió el rubio mayor-. ¿No estaba en su habitación?

-No –la respuesta de Tai le llamó la atención a T.k.-. ¿Alguno de vosotros ha visto a Gatomon?

-No –negó Hawkmon-. Suele ser de las primeras en levantarse pero todavía no la hemos visto en toda la mañana.

Todos miraron la preocupación del primer líder. Aunque su hermana ya había crecido, él la seguía sobreprotegiendo como cuando tenía ocho años, la pequeña y enfermiza Kari.

-¿Le has preguntado a Gennai? –preguntó Agumon.

-Sí. Tampoco la ha visto.

El rubio menor se levantó de pronto de su asiento al fondo de la habitación y salió por la puerta principal haciendo un ruido estrepitoso. Preocupados, todos salieron tras él.

-¿Adónde va? –preguntó Davis saliendo por la puerta.

Vieron que el rubio se acercaba a Gennai rápidamente y se acercaron ellos también. Gennai estaba podando un par de extrañas plantas con unas flores grandes y azules.

-¿Dónde está? –dijo enfurecido Takeru.

Con calma el señor Gennai se dio la vuelta y enfrentó al enfurecido elegido de la esperanza. Observó que el resto se encontraban a unos metros de ellos.

-¿Dónde está quien? –preguntó inocentemente.

-No me vengas con esas Gennai –empezó a gritar el rubio-. Ayer Kari necesitaba hablar contigo y ahora sabes dónde está.

-Es verdad, ayer ella necesitaba hablar conmigo, pero no sé donde se encuentra.

La eterna paciencia del Takaishi desapareció y tomó a Gennai del cuello de su raro abrigo. Todos se asustaron y Tai y Matt se acercaron rápidamente para que no hiciera ninguna tontería.

-Tranquilízate, T.k. A lo mejor ella está por ahí, dando una vuelta junto a Gatomon.

-No, Tai. No es así –el castaño pudo ver en los ojos azules del menor una expresión de desesperación-. ¿Dónde está, Gennai? –volvió a gritar.

-No lo sé, jóvenes elegidos –sintió que el rubio le apretaba más que antes-. Ella se fue, pero no sé a dónde.

T.k soltó a Gennai. Todos lo miraron de forma interrogante y en parte se sintió intimidado por las miradas de algunos de ellos.

-¿Cómo que se fue, señor Gennai? –preguntó Matt en esta ocasión.

-Anoche, mientras todos dormían, ella y Gatomon salieron del castillo.

-¿Qué mierda estás diciendo? ¡Mi hermana no se puede haber ido!

Sora se acercó a su novio y trató de relajarlo. El señor Gennai entró en el castillo y todos le siguieron. El anciano se sentó en uno de los sofás y todos los elegidos hicieron lo mismo, excepto Tai.

-Me puedes decir que es eso de que mi hermana se fue anoche.

-Es muy simple, Taichi. Ella decidió seguir sola.

-Eso es una tontería, ¿por qué iba a hacer eso? -preguntó Yolei-. La conozco muy bien, ella no se iría sin más.

-A lo mejor no la conoces también como crees. –la cara de la pelimorada se transformó ante las palabras del señor Gennai.

-¿Cómo que no conozco a mi amiga? –casi gritó, aunque Ken la consiguió relajar cogiendo su mano.

-Ella ha cambiado, ayer me lo demostró –esta vez fue Mimi quien intervino.

-No –aquella palabra resonó en la habitación y todos miraron al Takaishi que tenía entre sus brazos a Patamon-. Ella no ha cambiado, Kari hubiera hecho esto antes.

-¿De verdad lo crees, Takeru? –preguntó el anciano.

-Sí. Se ha ido porque nos quiere proteger, ¿verdad? –el anciano sonrió. A aquel chico no le podría engañar tan fácilmente como al resto. Incluso Tai era más fácil de engañar en aspectos relacionados con su hermana-. Kari se ha ido porque piensa que no deberíamos de estar aquí, porque solo la buscan a ella.

El silencio se hizo en la habitación. Las palabras resonaban en la mente de todos.

-Así es, joven elegido de la esperanza. Se ha ido para protegeros porque es el único objetivo de la oscuridad y pensaba que era egoísta y peligroso meteros en esto.

El anciano se levantó y se integró más adentro del castillo. Tai le dio un puñetazo a una de las mesas de la habitación y dijo cuantas veces pudo la palabra "mierda".

Media hora después, T.k se levantó y salió al exterior junto a su compañero. Caminó en la misma dirección que ayer lo había hecho con su amiga.


-¿Estás segura de esto?

-Sí –afirmó la castaña-. Ellos no tienen nada que ver en esto, es injusto para ellos. No nos hemos enfrentado a nada tan peligroso como esto.

-Por eso, Kari. Tal vez necesites su ayuda.

-Tal vez, pero lo creo que lo mejor es esto. No quiero que les pase algo. ¿Qué te parece si descansamos por aquí?

-Me parece bien. Llevamos andando durante horas, es prácticamente imposible que nos encuentren ahora –la castaña asintió con la cabeza y se sentó apoyándose en un árbol-. Dentro de un rato iré a buscar algo de comer, me estoy muriendo de hambre.

El frondoso bosque las ocultaría, al menos por ahora. Tenían un plan y lo ejecutarían en cuanto pudieran. Solo esperaban que saliera bien.


-¿Estás bien, T.k?

-Sí…

Patamon y Takeru estaban solos junto a la orilla del lago. Habían estado en silencio durante mucho tiempo y el digimon alado había decidido hablar.

-Ella estará bien –el digimon consiguió captar la atención de su amigo-. Ella es fuerte, no es la niña de antes. Además, acabaremos encontrándola.

-¿Cómo estás tan seguro?

-De ti aprendí que había que tener esperanza en las cosas y ahora tengo esperanza en encontrarla. Además, está con Gatomon y es mucho más fuerte de lo que la recuerdas. Hemos estado entrenando, pero ella es la que más ha avanzado.

-Así que esperanza. Tienes razón, no sé por qué me ha pasado esto –afirmó sonriéndole a su compañero.

-Porque la quieres mucho, ¿verdad?

Takeru asintió y comenzó a hacerle cosquillas a su amigo. Volvía a sonreír porque sabía que volvería a encontrar a Kari.


-¿Qué hacéis? –preguntó el menor de los elegidos a Izzy y Ken.

-Estamos analizando el mundo digimon y consiguiendo un plano de él. Con suerte podremos encontrar a Kari –explicó Ken.

-¿No creéis que ella no quiere que la encontremos?

Ken e Izzy se voltearon a ver a Cody.

-No me malinterpretéis. No quiero decir que la dejemos sola, pero sí que no vayamos a buscarla hasta que nos necesite de verdad.

-Tal vez tengas razón –respondió el pelirrojo.


La noche caía ya sobre el mundo digital. Algunos elegidos se habían acostado ya, pero otros seguían merodeando por allí.

-Debes descansar, Tai.

-No puedo, Sora. No sabiendo que mi hermana está sola en un mundo enorme lleno de peligros y de oscuridad.

-Kari es muy fuerte. Tal vez T.k tenga razón en que no ha cambiado, no en algunos aspectos, pero si en otros. Ella se sabe defender mejor que ninguno de nosotros. Ha estado sola en un país extranjero tres años y no le ha pasado nada. Sé que el mundo digital no es igual, pero ella ahora está junto a Gatomon y eso te debería de ofrecer algo de seguridad. La encontraremos, Tai, y podrás comprobar por ti mismo que ella se sabe cuidar sola.

-Tengo miedo.

-¿De qué?

-De que ella crezca demasiado, Sora. De que ella ya no me necesite. Sé que se ha hecho mayor pero para mí ella siempre será mi pequeña hermanita y no puedo dejarla sola. Sin embargo, me estoy dando cuenta de que cada vez me necesita menos, de que no acude a mí.

-Tai, ella siempre te necesitará. Cuando le ocurra algo acudirá a ti.

-O a T.k.

-¿A qué te refieres?

-Venga Sora. Tal vez sea un poco ciego, pero se nota que se quieren.

-No me imaginaba que te fueras a dar cuenta tú solo de eso. ¿Qué opinas?

-Es un buen chico, pero…

-No empecemos con lo de siempre. No debes amenazarle.

-No lo haré, pero con una condición –dijo el mayor de los Yagami con una sonrisa pícara.

-¿Cuál?

-Quédate a dormir conmigo.

La pelirroja sonrió ante la petición y la aceptó rápidamente.


-Una bonita noche, ¿no te parece, Tk?

-No le había sentido llegar, señor Gennai.

-¿Puedo sentarme? –el rubio asintió con la cabeza.

El anciano tomó asiento junto al elegido de la esperanza que estaba sentado en el suelo de una de las terrazas del castillo, apoyando su espalda en la fría piedra de la que estaba hecho el antiguo castillo.

-Siento lo de esta mañana, no quería ser tan brusco con usted –dijo tras un rato de silencio el rubio.

-Es lo que tiene el amor, ¿no?

-Sí.

-¿Qué sientes ahora mismo?

-Que me falta algo. Que el sol no brilla con la misma intensidad que antes, ni la noche es tan pacífica como era, aunque su recuerdo y el deseo de encontrarla hacen que algo brille dentro de mí. La esperanza sigue brillando, tal vez no como lo hace cuando ella está junto a mí, pero la mantiene viva aunque esté lejos.

-Eres todo un poeta, joven elegido.

-Algo cursi.

-Cada uno expresa lo que siente con las palabras con las que puede. Créeme que muchos desearían poder decirle a alguien lo que me acabas de decir algún día.

El sonido de la noche era lo único que se mantenía entre ellos, hasta que el rubio decidió hablar.

-¿Por qué la dejaste huir?

-Era su decisión. Hace años me entrometí en la decisión de alguien y cometí un grave error. Ella ha hecho lo que le dicta su corazón y tal vez sea lo mejor.

-Tal vez.

-Debes prometerme algo, Takeru.

-Dime.

-Cuando la vuelvas a ver no la dejes escapar, protégela y cuídala. Y lo más importante dile lo que sientes, os queréis y no es justo que estéis separados.

-Se lo prometo, señor Gennai.

-Me voy a descansar, tú deberías hacer lo mismo.

-Ahora mismo voy, señor- el anciano desapareció dejando a solas al rubio.

Era una noche estrellada y el joven observaba las brillantes constelaciones. Le encantaba mirarlas. Años atrás lo había hecho con su amiga en varias ocasiones. Cerró los ojos, se levantó y regresó a su habitación para intentar descansar durante unas horas.


En algún lugar del bosque, Hikari Yagami observaba el cielo estando tumbada. Junto a ella, Gatomon dormía plácidamente.

Algo estremecía el corazón de la pequeña Yagami. Por su mente pasaron todos sus amigos, sus padres, su hermano y, sobre todo, T.k.

-¿De verdad estoy haciendo lo correcto? –se preguntó a sí misma-. No es el momento de dudar Kari, esto lo haces por ellos.

Agarró el collar con el emblema de la luz con su mano derecha y el sueño le atrapó.


Los primeros rayos de sol entraron por las ventanas del castillo. Todos parecían dormir, bueno, todos menos el pelirrojo Izumi. Se había quedado toda la noche analizando los datos que obtenía del mundo digital y elaborando el mapa de este. Ahora solo le quedaba ser capaz de encontrar el paradero de la elegida de la luz.

Ken se había ofrecido a ayudarle, pero este se negó y lo mandó a dormir. Al lado del ordenador había una taza donde desde hacía horas no había nada.

-¡Buenos días, Izzy!

-¡Buenos días, T.k!

-¿No has dormido?

-No. He intentado avanzar con esto.

-¿Qué tal va?

-Genial. ¡Ya lo tengo! Solo que introducir estos datos y podremos conocer el paradero de todos los elegidos y de Kari.

-¿De verdad? –preguntó el rubio emocionado. Su amigo le acababa de devolver la esperanza definitivamente-. Eres genial.

-No es para tanto.

Izzy tecleó un par de datos más y pulsó la tecla intro. Una barra apareció en la pantalla mostrando el porcentaje de carga.


-¿Es ahí?

-Así es. Gennai me contó que estaba en esta dirección.

-Sin duda es aquí. Hay un aura de oscuridad muy fuerte.

-¿Estás preparada, Kari?

-Sí, ¿y tú?

-Claro –se miraron y se dedicaron una sonrisa.

Frente a ellas un oscuro castillo de mayores dimensiones que el de Gennai. Nada bueno había dentro de él y se tendrían que enfrentar con ello.

Respiraron profundamente y silenciosamente se dirigieron hacia el edificio. Era el momento de la acción, de poner en marcha su plan.


-¡MALDICIÓN! –el gritó de T.k se escuchó por todo el castillo.

La barra había dado un fallo al llegar al 83%. Izzy lo había intentado varias veces pero no lo había conseguido. Ahora se encontraba buscando el fallo, mientras detrás de él el rubio llamaba a los demonios.

Algunos de sus compañeros se despertaron por el grito del rubio y acudieron a ver cuál era el problema.

Ninguno de ellos imaginaba lo que estaba a punto de hacer la joven elegida de la luz.


Pues un capítulo más! Ahora si que es probable que me desaparezca por un buen tiempo.

El próximo capítulo no será fácil de escribir, se que ocurrirá pero va a ser difícil de redactarlo y probablemente el resultado no es el que desee.

Muchas gracias a vuestros reviews porque, de verdad, me suben muchos los ánimos. Me alegro que esta historia os guste.

Ahora que lo he subido es hora de ponerme a estudiar.. me esperan semanas difíciles.

Cuídense! :)