-VII-
"El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar." (Winston Churchill)
-¡Preparaos Piedmon y Myotismon! La elegida de la luz ha llegado –informó una oscura voz que tras el anuncio comenzó a reírse.
-Sí, señor. Haremos lo que usted nos ha pedido. ¡Vamos, Piedmon! –segundos más tarde ninguno de los dos digimons estaban en aquella sala.
-¡Puppetmon! ¡Machinedramon! Prepárense también. El resto de elegidos no tardará en llegar.
-Esto es muy extraño, Kari. No hay ningún digimon.
-Nos están esperando, Gatomon.
Ante ellas se extendían numerosas escaleras y decidieron seguir sus impulsos y subir por una de las situadas a la izquierda. Era un lugar verdaderamente tenebroso. La luz que había en el exterior no penetraba en el castillo. No había una sola ventana y la luz provenía de antorchas situadas en las paredes. El frío estaba muy presente, al igual que la sensación de oscuridad.
-Me siento mal y triste.
-Es la oscuridad, Gatomon. Piensa en algo que identifiques con felicidad, estarás mejor. No te debes dejar consumir por esta sensación.
-Tienes razón –respondió la gata-. La sensación es similar a la del Mar Oscuro.
-Sí. –contestó recordando aquel tenebroso lugar.
Continuaron subiendo las escaleras hasta que llegaron al piso de arriba, donde dos espadas que se estrellaron con la pared a ambos lados de la elegida de la luz, las frenó.
-¡Bienvenidas!
Aquellas dos sonrisas congelaron el corazón de Kari. Gatomon apretó los puños y miró odiosamente a sus dos enemigos.
-Todavía no has cambiado esa mirada, querida Gatomon. ¡Prepárate para tu final!
-Kari –la elegida la miró y asintió.
El dispositivo de Kari comenzó a brillar al igual que el emblema que llevaba en el pecho.
Gatomon superdigievoluciona en… Angewomon.
El ángel de la luz hizo presencia en la habitación, iluminando la estancia.
-Se me había olvidado introducir estos datos –el elegido del conocimiento tecleaba a una gran velocidad.
Detrás de él, el resto de los elegidos observaban el trabajo que realizaba su amigo. Gennai se había incorporado escasos segundos a ellos.
-Ahora debería funcionar.
Todos rezaron porque fuera verdad. Tres minutos después, todos observaron aliviados como la barra alcanzaba el 100%. De repente, apareció el mapa. Se podía ver el castillo y distintos puntos de diversos colores que representaban a sus compañeros.
-Busca a mi hermana, Izzy.
-Ya va.
El genio volvió a teclear rápidamente y la imagen de la pantalla se movió a un lugar totalmente diferente. Era otro castillo en mitad del bosque.
-Gennai, tenemos problemas –afirmó un Patamon nervioso.
El anciano se acercó rápidamente y observó lo que estaba haciendo la castaña.
-¡Incauta elegida! –exclamó.
-¿Qué está pasando, Gennai? –preguntó Tai nervioso.
-Preparaos elegidos para luchar. Kari ha ido a buscar al enemigo para enfrentarse ella sola a ellos.
Hubo escasos dos segundos de silencio. Takeru había salido corriendo y Patamon volaba junto a él. Era impensable que ella sola pudiera acabar con todos los digimons enemigos que habían sido resucitados. Sin duda, la castaña estaba en peligro.
-¡Digihuevo evolución!
Patamon armodigievoluciona en… Pegasusmon de la esperanza creciente.
Se montó en su digimon y rápidamente salió del campo de visión de sus amigos. Algunos digimons con mejor movilidad comenzaron a evolucionar.
Gabumon dievoluciona en… Garurumon.
Biyomon digievoluciona en… Birdramon.
Tentomon digievoluciona en… Kabuterimon.
Veemon digievoluciona en… X-Veemon
Hawkmon digievoluciona en... Aquilamon.
Se distribuyeron entre los distintos digimons y se pusieron en marcha.
-¡Flecha del cielo! – el ángel disparó su tan conocida flecha y dio a su objetivo.
-¡Muy bien, Angewomon! –gritó su compañera.
-¿Crees que con esto puedes vencerme? Estás muy equivoca. ¡Corriente sangrienta!
Sin embargo, el ataque no iba dirigido al ángel sino a Hikari. Angewomon voló rápidamente hacia su amiga y la empujó, aunque recibió ella el ataque del vampiro.
-¡Angewomon! ¿Estás bien?
-No te preocupes, Kari. Esto no es nada.
-¡Cartas espadas!
El ángel esquivó dificultosamente las espadas, alguna de ellas creándole algunas heridas.
Kari estaba sufriendo con todo lo que estaba viendo. ¿Cómo podía haber sido tan tonta de enviar a su amiga a un enfrentamiento contra esos dos poderosos digimons?
Ante ella el mismo ataque que le había lanzado Myotismon a ella se estrellaba contra su amiga y la mandaba contra la pared, creando un agujero. El ángel cayó al suelo cansada, con numerosas heridas por las cuales sangraba y que teñían de rojo algunas de sus bellas plumas.
La elegida se acercó poco a poco a los dos enemigos que sonreían malévolamente.
-¡Kari aléjate de ellos! –gritó el ángel.
La castaña observó que detrás de los dos digimons había una puerta y decidió distraerles, para ello debería alejarlos un rato de su compañera que necesitaba recuperar energías.
-¿Crees qué podrás hacer algo contra nosotros? Eres humana.
-Lo sé, Myotismon. Pero puedo ayudar a mi amiga, porque solo me buscáis a mí –tras aquellas palabras echó a correr en dirección de la puerta y Myotismon se dio la vuelta enseguida para capturarla, sin embargo algo le detuvo.
-¡Encanto celestial!
El ataque del ángel fue directo al vampiro que miró a su atacante.
-Nunca debes darle la espalda a tu enemigo.
-¡Maldita seas, Angewomon! –el digimon comenzó a desintegrarse-. ¿Por qué no has hecho nada para evitarlo, Piedmon?
-Me pareces una pérdida de tiempo –afirmó sonriendo y clavándole una de sus espadas, lo que aumento la rapidez de desaparición del vampiro.
Segundos más tarde el digimon se había desintegrado por completo.
-Ahora es tu turno, Angewomon. ¡Cartas espadas! –con una rapidez nunca vista antes, el payaso lanzó las espadas dejando al ángel clavada en la pared.
Unas figuras negras comenzaron a entrar en la habitación y se fueron acercando al digimon de la luz.
-¡Atadla! –ordenó Piedmon-. Ahora es el turno de tu compañera –rió.
-No te atrevas a tocarla.
-¿Quién va a estar ahí para impedirlo? Tú no.
Tras esas palabras el payaso salió por la puerta que había sido atravesada minutos antes por Kari. El ángel que estaba siendo encadenada miraba aquella puerta como si fuera el infierno. Tenía que escapar de aquel lugar para poder llegar hasta su compañera. Darías por ella, si era necesario, su propia vida, incluso si no volviera a renacer.
-¡Machinedramon, Puppetmon, es vuestro turno! Recibid a los elegidos con amabilidad. –aquella voz oscura volvió a hablar y los dos mencionados salieron a sus misiones-. Veamos de lo que sois capaces, niños elegidos.
-¿Es aquí Pegasusmon?
-Así es T.k. –el digimon alado descendió rápidamente, su compañero bajo de él y volvió a convertirse en Patamon-. Es mejor que en la pelea me convierta en Angemon.
El rubio asintió y se adentraron en el oscuro castillo encontrándose rápidamente con las numerosas escaleras.
-Por la izquierda –dijo Patamon.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-Siento la presencia de Gatomon cerca, hay una luz que se está debilitando, pero no perdamos tiempo.
Ambos salieron rápidamente en la dirección indicada y pronto se encontraron con el ángel malherido.
-¡Cuidado chicos! –ambos se voltearon para encontrarse con varios Divermon.
-¡Ocúpate de Angewomon, T.k, yo acabó con ellos!
Patamon digievoluciona en… Angemon.
El ángel hizo presencia mientras T.k comenzaba a quitar las ataduras de Angewomon.
-¿Dónde está Kari?
-Intentó distraerlos para que pudiera reponerme, pero Piedmon consiguió vencerme y salió tras ella. Debemos darnos prisa.
-¡Mano del destino! –el último de los oscuros digimons desapareció convirtiéndose en los característicos datos digitales-. ¿Puedes seguir? –preguntó esta vez Angemon al otro ángel.
-Sí, gracias. Démonos prisa.
El trío atravesó la puerta que anteriormente había pasado su amiga.
-¡Cañones infinitos!
El ataque fue esquivado por Birdramon y Kabuterimon. El grupo de elegidos estaba llegando ya al destino y Machinedramon había salido a su encuentro.
Los elegidos bajaron de los digimons y observaron a su enemigo. Por la mente de Tai pasó el recuerdo del sacrificio de los Numemons para poder derrotarlo en el pasado y la luz de su hermana.
-Debes ir en busca de Kari, Tai- dijo Izzy-. Nosotros nos encargaremos de Machinedramon.
-Yo te acompañaré – elegido de la amistad sonrió y rápidamente ambos entraron en el castillo junto con sus digimons.
El resto de elegidos observaron al majestuoso digimon al cual se tenían que enfrentar y se extrañaron de que no hubiera puesto oposición a que Tai y Matt entraran.
Togemon, Stingmon, Ankylomon e Ikkakumon aparecieron en batalla.
-Acabaremos contigo, Machinedramon –afirmó Davis en pose de líder.
-Ingenuos elegidos –la voz metálica del digimon oscuro se escuchó, helando a los elegidos y comenzando a cargar sus cañones.
-¡Mierda! ¿Y ahora por dónde seguimos? –pregunto Tai encontrándose con las numerosas escaleras.
-Sigamos de frente, tal vez… no estoy seguro- dijo Matt.
Una sombra se dejó ver en el alto de las escaleras que estaban al frente de ellos. Ambos se miraron y corrieron hacia ella.
Hikari había corrido cuanto había podido, pero se encontraba en una encrucijada. Había llegado al final del camino, no había más puertas que por la que acababa de entrar y en su trayecto no había visto ninguna más.
Comenzó a mirar desesperadamente en todas direcciones. No había nada, ni siquiera una ventana.
-Vaya, creo que no tienes ninguna escapatoria, elegida de la luz.
La voz de Piedmon consiguió sobresaltar a la elegida que lo miró desafiante.
-Tu querida compañera no podrá venir a ayudarte, tenlo en cuenta.
El payaso se acercó a la joven que comenzó a retroceder hasta toparse con la pared. El digimon sonrió y se paró a un escaso paso de ella.
-Es una pena, me gustaría haber jugado más contigo- alargó el brazo y tomó a Kari del cuello, levantándola del suelo y ejerciendo cada vez más presión.
A la castaña le comenzaba a faltar el oxígeno y sentía que empezaba a perder la conciencia. Veía como Piedmon sonreía divertido mientras la estrangulaba e intentó hacer fuerza para soltarse, pero era inútil.
-Espera un poco, Piedmon. Déjame conocerla –una voz oscura que nunca la elegida había escuchado resonó en la estancia e inundó de miedo el corazón de la castaña.
Piedmon la soltó y cayó al suelo, lo que le supuso varias heridas, pues el suelo era de piedra y algunas de ellas sobresalían.
-Y aquí la nueva elegida de la luz –Hikari miró hacia la voz y vio algo que no creía.
-¿Eres humano? –preguntó entrecortadamente.
-¿Tú qué opinas? –preguntó sonriendo.
El silencio se hizo notar y el joven, aparentemente de unos veinte años, se acercó a ella.
-Emanas una gran luz, pero no durarás mucho –aquel hombre tocó el colgante que Gennai le había dado a Hikari y lo miró con odio. La castaña tiró de él y lo arrebató de las manos de enemigo-. No tengas miedo. Opino que nadie tendría que tener miedo en el momento de su muerte, pero me encanta que sufran- sonrió macabramente-. ¡Piedmon acaba con ella! Encantado de conocerte joven elegida, recuerda mi nombre, Kou.
Aquel aparentemente humano comenzó a caminar, pero giró para ver a la elegida y dirigirle unas últimas palabras.
-Siendo sincero no esperaba que esto fuera tan fácil. Pensaba que serías más difícil de derrotar, pero veo que me equivocaba. Parece ser que el poder de la luz no es tan fuerte como pare.
La castaña lo vio salir de la habitación y Piedmon se le volvió a acercar de nuevo, pero antes de intentar volver a estrangularla, le dio un par de bofetadas y ejerció una gran presión sobre su brazo derecho.
-Despídete de este mundo, elegida.
-Pensaba que no os dejaríais engañar por una sombra- una risa conocida para los dos elegidos hizo acto de presencia.
El castaño y el rubio se dieron la vuelta para encontrarse con el digimon de madera.
-Hacía mucho tiempo que no os veía, sobre todo porque tú acabaste una vez conmigo, Matt- el digimon le dirigió una fría mirada-. Aunque yo quería jugar con tu hermano pequeño, pero parece ser que no tengo suerte y me es imposible contar con ese privilegio. Vuestros dos hermanos son muy deseados, aunque pronto morirán.
-Maldito digimon.
Puppetmon sonrió y lanzó la cruz que llevaba en la espalda con ellos, aunque Garurumon se lanzó contra él, pero pronto fue derrotado y volvió a ser Gabumon.
-No podréis contra mí.
En ese momento, los dispositivos de ambos elegidos comenzaron a brillar con gran fuerza.
Agumon ultradigievoluciona en…WarGreymon.
Gabumon ultradigievoluciona en…MetalGarurumon.
-Ahora estáis a mi nivel, pero tengo algo pendiente con vosotros.
De repente ambos digimons comenzaron a moverse de una forma extraña, ya que Puppetmon los estaba controlando como marionetas.
-¡Tenéis que libraros de los hilos! –gritó Tai, pero no iba a ser una tarea fácil.
Los digimons se daban golpes entre ellos sin poder evitarlo. Estaban siendo manipulados.
El payaso tenía a la joven elegida tomada, pero esta, repentinamente, comenzó a brillar. La luz le cegó y comenzó a quemar a Piedmon, que se vio obligado a soltarla. Kari cayó al suelo, mientras que el digimon oscuro le observaba con rabia.
-¡Mano del destino!
El ataque impactó en el payaso que se sobresaltó al no haber sentido la llegada de sus tres enemigos. El payaso observó a los dos ángeles y el joven rubio. Aquel chico y su digimon habían supuesto su desaparición en el pasado y ahora lo pagarían.
El rubio y el ángel femenino se acercaron rápidamente a Kari. T.k se arrodilló y tomó a Hikari que se incorporaba lentamente por la falta de oxígeno y continuaba brillando. Angewomon los protegía, mientras que Angemon miraba desafiante a Piedmon.
-Esta vez no seré yo el perdedor.
El payaso se abalanzó con una de sus espadas sobre Angemon, el cual utilizó su bastón para protegerse y contraatacar.
Angewomon miró a su compañera que se encontraba incluso más débil que ella, el ángel se giró para observar a su compañero que continuaba luchando.
Un golpe con gran fuerza del payaso desplazó hacia atrás al ángel. Piedmon comenzó a sonreír victorioso, ante lo que Angemon se extrañó.
-¡Hechizo final!
-¡Angemon! –el grito de Hikari resonó en la estancia, tal vez en todo el castillo.
Una explosión salió de las manos del payaso en dirección del ángel contra el cual impactó completamente. El bastón quedó partido en distintas partes, su casco estaba medio roto, había perdido parte de sus plumas y otras estaban teñidas de sangre. El cuerpo apareció masacrado, con numerosas y profundas heridas.
Todos contemplaron como el ángel caía al suelo sin fuerzas, prácticamente cerca de la desaparición. Otra vez.
Angewomon se acercó rápidamente a su compañero con lágrimas. Lo tomó entre sus brazos e intentó reanimarlo, pero era en vano. El ángel estaba muerto en vida.
-Es la hora de que lo remate. Después irás tú, Angewomon y, sin ninguna protección, será fácil acabar con ellos dos.- la risa macabra del digimon hizo acto de presencia.
Kari observaba con miedo la escena, mientras que la mente de Takeru se llenaba de recuerdos del pasado. En su primera aventura, con ocho años, había perdido por primera vez a su compañero. Angemon se sacrificó por ellos, para poder derrotar a Devimon. Aunque se convirtió en un digihuevo y Patamon volvió a nacer, la imagen de la muerte de su compañero rondaba muy a menudo por la cabeza del elegido de la esperanza, generando un gran rencor hacia la oscuridad. Pero, no se creía lo que estaba viendo, pedía a Dios que no estuviera ocurriendo esto, que no le volvieran a arrebatar a su compañero y, sobre todo, amigo de su lado. Las lágrimas comenzaron a desprenderse de sus azules ojos y fueron a impactar en la mano de Hikari.
-T.k –susurró mientras dirigía la mirada hacia su amigo.
Observó la imagen demacrada del elegido de la esperanza y en su mirada pudo ver la pérdida de esta esperanza que tanto le caracterizaba. La joven cerró los ojos con fuerza y deseó que nada de esto hubiera ocurrido. Se maldijo por haber entrometido a Gatomon, a T.k y a Patamon, y se castigaba por ser la causante de tanto daño para aquel precioso ángel.
De repente, la luz de Kari desapareció, pero para su sorpresa rodeó al ángel de la esperanza.
-¿Qué ocurre? –Piedmon se volteó a ver a los dos humanos y vio que la chica ya no brillaba, ella era la causante de ello.
Segundos más tarde, aquella luz que ahora era Angemon se levantó del suelo para brillar más intensamente. Poco después la luz desapareció dejando ver al espléndido Magnaangemon.
Depués de algunos meses y cuantiosos exámenes vuelvo a aparecer por aquí.
Lo siento mucho por no haber podido actualizar antes, pero me era imposible hacerlo. Además, este capítulo es más complicado de narrar al haber batallas que son muy muy difíciles y admiró a esas personas que son capaces de hacerlo de una forma prefecta.
Muchas gracias por vuestros reviews, son los que me dan la energía para continuar. ¿Para cuándo un nuevo capítulo nuevo? Sinceramente no lo sé, espero que para dentro de unas semanas, antes de que empiecen mis exámenes de nuevo.
Gracias por leer el fic, agradezco enormemente los reviewa y también le agradezco a aquellas peronas que leen pero no me dejan ninguno.
Hasta la próxima! Cuídense! :)
