-XII-

"No es difícil llorar en soledad, pero es casi imposible reír solo" (Dulce María Loynaz).


Y allí estaba él, tirado en la cama de su hermana mirando un punto fijo de aquella habitación decorada con numerosas fotos en las que salían sus amigos y su hermanita. Habían pasado dos días, pero se le habían hecho eternos. El recuerdo de la llegada a casa de dos días antes todavía invadía sus recuerdos.

Eran las doce del mediodía cuando regresó a su casa. Sus padres estaban en casa y se sorprendieron al ver a su hijo. Rápidamente lo entendieron: algo ocurría con Hikari. Tras contarle todo lo que habían vivido, lo que la pequeña Kari había vivido y la decisión por la cual él, junto al resto de sus amigos, habían vuelto, lloraron sin parar. Perder a su hija era una posibilidad que tenía todas las probabilidades de ocurrir, ya que su hija carecía de la protección de ninguno de ellos.

Kari había vuelto de tan lejos para perderse en aquel maldito mundo que les había dado tanta guerra. Su madre acariciaba el rostro y el pelo de Taichi, intentando que este dejara de sentirse culpable.

La puerta se abrió y le trajo de vuelta. Allí estaba aquella pelirroja, un digimon alado rosa y un pequeño dinosaurio amarillo que habían sido su máximo apoyo aquellos días. Al menos todavía tenía alguien a quien proteger, a aquella chica a la que tanto quería.


Sus padres habían llevado sus pastelillos favoritos, pero para sorpresa de ellos su hija los había rechazado. En aquellos días, su ánimo no había cambiado en absoluto, pasaba horas y horas encerradas en su habitación sin hacer nada o llorando.

Tras rechazar los pastelillos, regresó a su habitación, tomó un álbum y comenzó a observar con detenimiento todas las fotos. Eran del año pasado. Había visitado a su mejor amiga en Nueva York y había pasado seis días maravilloso. Sonreía con melancolía mientras observaba una fotografía de las dos en Times Square. Dos jóvenes felices que sonreían a la cámara bajo un cielo nublado. La Quinta Avenida, Wall Street… y lo más importante, su amiga. Quería repetir aquella experiencia.

Suspiró y una lágrima se escapó de sus ojos. Siempre había admirado a Kari por ser capaz de soportarla, de reírse de sus tonterías, de no juzgarla como lo hacían la mayor parte de los jóvenes. Sonrió ante aquello. Siempre había querido ser más parecida a la Yagami. Dulce, tímida, realista, preocupada,… Pero, al fin y al cabo, aquello era imposible. Se acuerda que años atrás con sus doce años y con once la castaña, ésta le había confesado que le tenía envidia y que le gustaría ser más como la pelimorada. Aquello le había caído por sorpresa. Sin duda, aquel día no solo consiguieron el ADN digievolución, sino que se produjeron mucho cambios y comenzaron a convertirse en mejores amigas.

Entonces recordó la promesa que hizo aquel día: no la dejaría volver al Mar Oscuro, siempre que necesitara ayuda, ella gritaría por Kari si fuera necesario. Pero, aquello era imposible en aquel momento. Nuevas lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, no podía cumplir aquella promesa y se sentía impotente.


Tecleaba sin parar en busca de una solución, de un camino. No se podía creer todo lo que estaba pasando. Gennai había bloqueado todas las entradas al mundo digital. Aquel viejo le estaba dando muchos problemas de cabeza y desesperación. Tentomon lo intentaba animar y consolar, pero si de algo era consciente Izzy es que era necesaria su ayuda en esa lucha. La pequeña Yagami no podía hacer nada ella sola y Tai le había pedido que hiciera todo lo posible, porque era su única esperanza.


Dos días, una eternidad para él. Le pesaba todo el cuerpo, se sentía impotente, sin ánimo de volver a pestañear o a respirar una vez más. Estaba sentado en el suelo de su habitación, llevaba horas allí sentado sin hacer nada, envuelto en la oscuridad ya que tenía las persianas bajadas. Le dolían los ojos, los tenía enrojecidos de tanto llorar. No había llorado tanto en su vida. Kari. Solo pensar en su nombre le producía nuevas ganas de llorar. Había sido imbécil, estúpido, la castaña lo había hecho una vez y no le salió bien, pero en este caso los había echado literalmente de aquel mundo.

Recordaba sus ojos, su sonrisa, como si la tuviera delante. Su mente le pasaba malas jugabas recreándola delante de él.

Patamon deambulaba cerca de T.k. No había conseguido que su compañero se animara e, incluso, recibió rechazos del rubio. Estaba desesperado, no podía verle así e, incluso, había llorado. No solo por él, sino también por Gatomon y Kari.

La puerta se abrió de nuevo. Esta vez era Natsuko, se acercó a su hijo y lo abrazó. T.k. descargó toda esa tristeza y lloraba, mientras que su madre le consolaba sin mucho éxito. La madre perdió la noción del tiempo mientras estaba allí con su hijo, verle así le rompía el corazón. Pero, no eran los únicos allí presentes. Matt y Gabumon observaban desde la puerta, sin saber qué hacer ni que intentar.

Tras casi una hora allí abrazada a su hijo, Natsuko se levantó. Prepararía algo de comer para T.k. que todavía no había comido nada desde el día que llegó. Matt entró en la habitación, mientras Gabumon y Patamon salieron cerrando la puerta tras ellos.

El Ishida se sentó delante de su hermano y lo miraba con severidad. Le daba pena verle así, pero estaba haciendo sufrir a otras personas. Pasaron diez minutos hasta que el mayor decidió hablar.

-Eres un estúpido, Takeru –el menor levantó la mirada y parecía que en ese instante se daba cuenta de que su hermano estaba allí frente a él-. Sé lo que sientes.

-Tú no sabes nada, Yamatto –contestó con una voz ronca.

-Kari no sería mi novia, pero era importante para mí, no tanto como para ti. Pero si de sobra se algo es que ella no querría verte así, tirado en tu habitación a oscuras, haciendo sufrir a quienes están a tu alrededor que no son culpables de ello –aquellos ojos azules que eran de una tonalidad más clara que la de los ojos del mayor le miraban intensamente-. Mamá y papá está sufriendo por verte así. Eres fuerte, más fuerte que esto. Debería buscar una forma de volver a por ella y no estar aquí tirado sufriendo su pérdida sin haber intentado nada.

Matt guardó el silencio durante un par de segundo esperando la respuesta de su hermano, la cual no llegó.

-Eres un cobarde Takeru Takaishi. No eres la persona que yo creía que eras, ni la que ella pensaba que eras. Ante ella eras fuerte y no intentabas hacerle daño a nadie, pero por lo visto eres un debilucho que hace sufrir a todos los que están a tu alrededor. Tus amigos te necesitan, ¿no te has preguntado cómo están ellos verdad? Cómo está Tai que es su hermano o Yolei que es su mejor amiga. Pues ellos por ti sí, eres un egoísta, Takeru. No debería tener el emblema de la esperanza, porque ahora mismo solo simbolizas la desesperación.

Matt se levantó y cerró con un portazo la puerta de la habitación de su hermano tras salir. Su madre se llevó un buen susto y vio a su hijo mayor triste, sin saber que más poder hacer con aquel chico al otro lado de la puerta. El mayor salió al balcón del apartamento de su madre y comenzó a fumar un cigarrillo. Gabumon salió con él, dejando a Patamon tumbado en el sofá.

Natsuko acabó de hacer zumo de naranja, que tanto le gustaba a su hijo menor. Suspiró y tomó el vaso para llevárselo. Al voltear casi se le cae el zumo del susto. T.k. estaba allí, después de dos días sin salir de su habitación y le sonreía, tímidamente, pero sonreía.

-¡Muchas gracias, mamá! Me ducharé e iré a ver a Tai.

-Gracias a Dios, T.k.

Lo abrazó con todas sus fuerzas, con miedo a que aquello solo fuera una broma de su imaginación y con miedo a que volviera a esa habitación a oscuras.

Patamon observaba asombrado y feliz aquel momento, al igual que Gabumon. Matt lo observaba serio, en el fondo contento de que por fin reaccionara. Si había una forma de llegar hasta Kari, él era la clave.


-¿Kari?- la joven volteó y observó a su acompañante-. Es hora de comer.

-Ve tú, yo no tengo ganas.

La gata continuó observando como su amiga afilaba la espada y se volvió. Desde hacía dos días la joven no comía nada y parecía no cambiar de idea. La castaña estaba sufriendo, sus ojos denotaban tristeza y restos de lágrimas que escapaban cuando estaba sola. Gennai estaba preocupada por ella, él había intentado que la joven no tomara aquella decisión, pero no pudo hacer nada. En parte, entendía lo que ella quería.

Hikari los extrañaba, a todos, sobre todo a su hermano, a T.k. y a Yolei. Pensaba en cómo se sentirían sus amigos y se sentía culpable, pero continuaba pensando que era lo mejor para todos. Sus pensamientos se sintieron interrumpidos por un escalofrío que recorrió su cuerpo. Levantó la mirada de la espada y enfrente de él, a lo lejos, había alguien al que no esperaba allí, Piedmon.

Caminó decidida y sin miedo hacia él. Parecía ser que no era la única que había sentido su presencia ya que la mayor parte de los digimons comenzaron a dar la voz de alerta y Gatomon y Gennai se acercaron rápidamente, alcanzando a la elegida cuando ya se había parado frente al digimon oscuro.

-¿Qué haces aquí, Piedmon? – preguntó la castaña con rabia.

-Tranquila, joven, no vengo a luchar contra vosotros –dijo mirando la espada de la chica-. Me envía Kou para decirte que esta aburrido de esperar. Dentro de tres días nuestro ejército se enfrentara al tuyo, si esto se puede considerar uno –rió burlonamente.

-No te reirás cuando acaben contigo-afirmó Gatomon retándole.

-No me hagas reír. Kou te quiere dar otra opción.

-¿Cuál?

-Que vuestros ejércitos no se enfrenten y os enfrentéis solos, cara a cara.

-No dejaremos que haga eso. Estaremos con ella en todo momento- una voz entre los numerosos digimons contestó por ella. El resto de compañeros comenzaron a apoyar esta decisión y se generó un gran alboroto.

-Creo que han decidido por ti. Espero que tus amigos humanos y estos digimons puedan hacer algo contra la oscuridad, pero te advierto de que lo tienes muy difícil.

Sonrió burlonamente, se volteó y desapareció. Hikari se quedó observando aquel lugar donde segundos antes había estado el pasado oscuro. Se acercaba el momento de la verdad y temía por todos los digimons que la apoyaban.


Izzy llamó al timbre del apartamento de los Yagami. Para su propia sorpresa fue Tai quien le abrió.

-¡Izzy! ¿Qué tal? Pasa, pasa.

El pelirrojo se asombró de la actitud del castaño y se sorprendió mucho más al ver a T.k. en el salón de los Yagami.

-¿Qué ha pasado aquí? Esta mañana me dijeron que los dos estaban encerrados en sus habitaciones.

-Pero eso no sirve para nada –afirmó el rubio.

Los miró con asombro. Tan diferentes y tan iguales cuando se trataba de proteger a Hikari.

-Bueno, ¿qué te trae por aquí?

-Venía a visitarte, Tai, sabía que eras más accesible que T.k. –explico Izzy-. Pensaba que no hablabas con nadie, pero es sobre algo que ocurrió hace tiempo y en lo que estás involucrado, T.K.

-Suéltalo de una vez.

-Quiero saber cómo fuiste capaz de abrir una puerta hacia el Mar Oscuro cuando Kari fue llevada allí por primera vez.

-Sabes la historia de sobra Izzy.

-¿Pero que estabas pensando en aquel momento?

-Deseaba estar allí con ella, ayudarla porque me había portado mal con ella y porque no quería que le ocurriera nada malo.

-Tal vez en eso este el poder volver al mundo digital. Solo necesitamos que entres y desbloquees las puertas.

Hubo un pequeño silencio.

-Será imposible –comenzó el rubio recibiendo las miradas de los otros dos-. No si ella no desea que yo esté allí. Esa puerta se abrió gracias a los deseos de los dos.

-Mierda –susurró Tai.

-Seguiré buscando, chicos. He mandado correos a Gennai, pero no sé si los recibirá. Estoy seguro que él no quiere que tu hermana se enfrente a esto solo.


-¿Lo harás, verdad? –preguntó la felina en voz baja.

-Lo haré en el momento propicio para que no cometa ninguna locura más.

-Gracias, Gennai. Si se enfrenta a esta situación sin sus amigos no presagio un buen futuro para ella.

-Es más fuerte de lo que crees, Gatomon. Mucho más muerte.

Gatomon salió de la habitación esperando que nadie hubiera escuchado aquella conversación. Estaba actuando en contra de los deseos de su amiga, pero era por su bien y esperaba que la perdonara por aquello.


¡Muchas gracias a todos! Espera haber podido subido este nuevo capítulo a principios de mes, pero entre los exámenes, otras decepciones y la pérdida de una amiga han ralentizado la actualización y que mi verano no empiece con tanta felicidad. :'(

Sé que es un capítulo corto, pero espero que os guste y que me dejen un review, ya que por corto que sea alegra y ayuda a continuar la historia.

Muchas gracias y cuidense! :)