-XV-
"Allí donde hay amor, hay vida; el odio conduce a la destrucción". (Mahatma Gandhi).
La risa de Kou se dejó escuchar en el campo de batalla. Los ataques de los digimons de los elegidos apenas habían hecho un rasguño a aquella oscura bestia que se suponía que era su compañero. Pronto la risa metálica de Dragomon se unió a la de Kou.
Hikari, Takeru y Gennai observaban incrédulos aquella bestia. La elegida de la luz tenía clara la procedencia de tal bestia y desde su llegada se había sentido más débil. Nunca pensó volverse a encontrar con la misma sensación que cuando estuvo en el mar Oscuro, pero aquel ser estaba provocándole lo mismo y por alguna razón comenzaba a sentirse sola. Pero si algo tenía claro es que no gritaría, ni preocuparía a sus compañeros.
-¡Mil látigos!
Los numerosos tentáculos de Dragomon se dirigieron hacia Garudamon, Zudomon, Lillymon y MegaKabuterimon. Los tentáculos comenzaron a golpearles, enviándolos contra el suelo. WarGreymon, Metalgarurumon, Imperialdramon, Angewomon y MagnaAngemon intentaban acabar con los tentáculos empleando sus ataques, pero sin ningún éxito. Pronto los cuatro digimons azotados volvieron al nivel infantil. Los dos ángeles se encargaron de recogerlos antes de que un nuevo golpe pudiera acabar con sus vidas y se los llevaron a sus compañeros.
-Piyomon, ¿estás bien?- preguntó Sora entre lágrimas.
-No debes preocuparte, Sora. Estoy bien- contestó apenas con fuerzas el digimon-. Me recuperaré, solo necesito descansar.
Mimi entre lágrimas estaba siendo animada también por su compañera intentándole no darle mucha importancia a lo ocurrido, mientras que Izzy y Joe comprobaban que sus compañeros no tuvieran alguna lesión grave.
-¡Maldito bastardo!-exclamó Matt.
Las espadas de Gennai y Kou volvieron a encontrarse. Antiguos compañeros, solo Gennai parecía mantener un cierto resquicio de duda ante el enfrentamiento, temiendo que aquello provocara su derrota. Rápidamente, la espada del rubio sustituyó a la de Gennai, quien se alejó para continuar enfrentándose a aquellas criaturas putrefactas del mar Oscuro. Hikari, cerca de él, realizaba la misma tarea, mientras estaba pendiente de la lucha que sus compañeros digitales sufrían.
Imperialdramon, WarGreymon y MetalGarurumon se vieron atrapados por los tentáculos de Dragomon, al mismo tiempo que los dos ángeles conseguían escapar gracias a la mayor agilidad que su pequeño tamaño les otorgaba. Los tentáculos comenzaron a aumentar la presión que ejercían sobre los digimons, provocando el grito de estos. En ningún momento habían sufrido un dolor parecido, parecía que se estaban rompiendo cada uno de sus huesos poco a poco y dolorosamente. Angewomon intentaba liberarlos de su agarre lanzando sus flechas, mientras que MagnaAngemon lo intentaba con su espada excálibur. Lo único que conseguían era hacerle rasguños de los cuales brotaba una sustancia putrefacta, de la cual se alejaban rápidamente, pues no conocían los efectos que podía provocar.
Diez minutos de tortura y aparecieron Agumon, Gabumon, Veemon y Wormon. Frente a lo esperado, Dragomon los soltó, cayendo al suelo de forma brusca. Hikari se acercó a ellos rápidamente para comprobar que se encontraban en buen estado.
-No te preocupes por nosotros, Kari. Volveremos con Tai y los demás- la elegida asintió y abrazó a Agumon-. Debes darnos tiempo para poder recuperar fuerzas y volver a la acción.
-Lo haremos. Angewomon es fuerte, aguantaremos a Dragomon hasta que podáis ayudarnos. Ahora, iros, por favor.
Agumon miró intensamente a Kari y asintió. Rápidamente, junto a sus tres compañeros comenzaron a alejarse y Hikari contempló a Dragomon delante de ella.
Angewomon esquivaba con dificultad los tentáculos que intentaban capturaba, teniendo escaso tiempo para poder preparar un ataque. Metros más allá, MagnaAngemon corría la misma suerte. Cansada, finalmente fue derribada por varios tentáculos, siendo impulsada hacia el suelo. El ángel masculino, distraído por la suerte de su compañera, corrió la misma suerte.
-¡Tridente prohibido!
El ataque acertó plenamente en ambos ángeles que apenas mantenían las fuerzas suficientes para moverse. Un tentáculo tomó a Angewomon.
-¡Suéltala! No te atrevas a tocarla.
Los ojos de Dragomon se fijaron en la elegida de la luz y su risa metálica se dejó escuchar. Takeru, que seguía enfrentándose a Kou, se mantenía alerta frente a cualquier amenaza que pudiera afectar a Kari.
-¿Qué crees que puedes hacer contra mí? Eres una simple humana.
La castaña se extrañó, aquella voz solo la podía escuchar ella y no entendía como aquello era posible.
-Por lo que veo te extraña que pueda hablar contigo por telepatía. Creo que no te han contado mucho sobre ese emblema que llevas, probablemente tampoco sepa de donde proceda quien te lo diera.
-¿A qué te refieres?- pensó la joven.
-Por lo que veo nadie te ha contado de dónde proviene ese emblema que portas en este momento.
-Es el emblema de la luz. Era de Kou, cuando todavía no estaba corrupto por la oscuridad.
-¿Sabes cómo se creó?
-No.
-Procede de lo que tu llamas mar Oscuro, elegida de la luz. Y es hora de que vuelva a su lugar de origen.
-¡No! Es imposible que eso sea verdad. El mar Oscuro no puede haber generado el poder de la luz.
-Lo que tú conoces como el mar Oscuro era un mundo equilibrado hasta el momento en el que ese emblema desapareció de él. Todos los seres que vivíamos allí hemos estado condenados a vivir en la oscuridad, cuando nunca fue nuestro deseo servirla. Nos convertimos en lo que somos a falta de luz y, por eso, he venido. Es hora de que ese emblema vuelva a casa y compense el daño creado por la oscuridad. En el mundo digital apenas tiene utilidad.
-No es posible. Eres el compañero de Kou. Él quiere destruir el emblema, quien teñir todo el mundo de oscuridad.
La risa de Dragomon se volvió a escuchar. Ahora la elegida estaba segura de que todos escuchaban aquel sonido. Los elegidos desde la distancia miraban la escena, extrañados de que Dragomon no se moviera, teniendo atrapada al ángel, sin infringir ningún dolor, y con la mirada fija en la castaña.
-Era un estúpido humano que vendió su alma a la oscuridad para tomar poder y llegar a ser lo que es ahora. Piensa que puede acabar con la luz, pero eso es imposible. Siempre que exista oscuridad, habrá luz. Desea ese emblema, pero él no sabe que no tendrá ningún efecto en este mundo. Es la fuente de luz en el mundo Oscuro, pero no en el mundo digital.
-Entonces, ¿qué es la luz de este mundo? ¿De dónde procede la fuerza de mi emblema?
-De la luz y de la esperanza de todos los digimons y elegidos de este mundo. Tu emblema concentra todo ello y da lugar a que tengas una compañera tan poderosa o que seas capaz de rodearte de luz y emplearla para proteger o curar.
-¿Cómo se creó el emblema?
-Los dioses de mi mundo lo crearon junto al emblema de la oscuridad, que nunca desapareció. No conozco las razones, pero cometieron un grave error y nos ha llevado a la desgracia. Ese emblema debe ser llevado al mismo lugar donde fue creado y ser destruido junto al otro emblema.
-¿Por qué te aliaste con Kou?
-Me allanó el trabajo. Debía encontrar donde se encontraba el emblema y me habló de él, de que un día estuvo en su poder. Él quería destruirlo y pensé que solo necesitaba mantenerme junto a él hasta el momento que me pudiera hacer con él.
-Piensas traicionarlo. ¿Quieres que te entregue el emblema?
-Espero que no tenga que hacerlo por la fuerza. Será mucho peor –dirigió su mirada hacia Angewomon-. Está débil, no creo que quieras que acabe con ella.
-Ni se te ocurra- la castaña endureció su mirada-. ¿Por qué me llamó el mar Oscuro hace años? ¿Qué queríais?
-Respuestas. Saber si poseías el emblema. Te observamos, vimos tu poder, el emblema que tuviste cuando eras pequeña, y tuvimos la pequeña esperanza de que fuera lo que esperábamos. Liberaste a los que estaban encadenados a esa espiral maligna de Digimon Emperador, pero no traías lo que necesitábamos.
-Si te devuelvo el emblema, ¿te irás de aquí?
-Antes hubiera dicho que sí, pero ahora tengo un reto personal- permaneció unos segundos en silencio y volvió a clavar la mirada en el ángel-. Luchar y acabar con ella.
-¡Nooo!
Aquel gritó llenó el escenario, llegando a sorprender incluso a Kou. El tentáculo que sostenía a Angewomon lo soltó y el ángel cayó al suelo.
-¡Tridente prohibido!
-¡Angewomon!
La castaña corrió hacia su compañera con la esperanza de poder defenderla, sin embargo, el tridente fue más rápido y alcanzó el cuerpo del ángel. Todos miraban con sorpresa la escena y, algunos, con desesperación, como fue el caso del mayor de los Yagami, quien se sentía culpable de no poder hacer nada, al igual de Agumon.
El cuerpo del ángel comenzó a brillar, al igual que el dispositivo digital de Kari. Era una luz dorada que nunca habían visto. El tridente desapareció y la luz que envolvía a Angewomon continuaba en torno a ella, comenzando, poco a poco, a elevarse. La esfera de luz se detuvo a la altura de los ojos de Dragomon y su brillo comenzó a ser menos fuerte, revelando a un nuevo ángel que nunca habían visto y que sonrió a la elegida. Era Ophanimon.
-Tu ambición ha llegado demasiado lejos, Dragomon. Viniste a por algo que ella te hubiera dado si decidías volver a tu mundo sin causar ningún daño. Pero has decidido retarme e intentar acabar con mi vida- la voz era clara, inspiraba justicia y fidelidad-. Y, sobre todo, has actuado en contra de mis amigos provocándoles importantes heridas.
-Me subestimas.
Los tentáculos de Dragomon se dirigieron hacia el ángel, pero chocaron con la esfera de brillo dorado que permanecía en torno al ángel, provocando dolor y un grito en el enemigo.
Takaishi estaba impresionado ante la aparición del nuevo ángel y Kou no parecía tener una reacción diferente. T.k aprovechó el momento de confusión del enemigo y su espada hirió al enemigo en el brazo. Kou ahogó un grito y rápidamente reaccionó bloqueando la espada del rubio que estuvo a punto de volver a herirle. Los movimientos del rubio eran cada vez más fuertes y rápidos, poniendo en graves aprietos y causándole algunas heridas.
-Tus intentos no podrán hacer nada contra mí. Volverás al mundo del que procedes y nunca más molestaréis el mundo digital y el mundo humano. Ophanimon apretó la mano con la que empuñaba su jabalina, la cual comenzó a brillar-. ¡Jabalina del edén!
Un rayo multicolor salió de la jabalina del ángel en dirección de Dragomon quien comenzó a gritar llamando la atención de todo el campo de batalla. El digimon se retorcía de dolor y Kou no podía creer lo que sus ojos veían.
-Kari, es el momento –dijo Ophanimon dirigiéndose a su compañera-. Dame el emblema. Tenéis que resistir, tardaré en mandarlo al mar Oscuro, es demasiado grande y fuerte.
La castaña comenzó a quitarse el emblema. Kou observó horrorizado lo que estaban intentado y comenzó a correr hacia la castaña. El rubio, dándose cuenta de lo que intentaba, le siguió. La castaña lanzó el emblema hacia su compañera y cuando volteó se encontró con los violentos ojos de Kou, quedándose petrificada. Éste dirigió la espada hacia ella, pero el rubio la bloqueó con la suya. Kou volteó y se enfrentó al rubio, pero un mal golpe les hizo perder a ambos las espadas. El rubio reaccionó tarde ante el puñetazo que le había dado Kou y éste se dirigió hacia Kari, quien estaba encargándose de algunas de las criaturas procedentes del mar oscuro.
-¡Kari!
El grito de Gennai alertó a la castaña, quien volteó para ver a Kou. Tomó una flecha y la disparó hacia él, acertando cerca de donde en cualquier ser humano estaba el corazón. Comenzó a brotar sangre, pero antes de que pudiera blandir su espada, Kou la había tomado del cuello y tirado al suelo. Forcejeó con él, intentando conseguir que el aire entrara libremente en sus pulmones. Segundos después sintió que la presión sobre su cuello desaparecía. Takeru había tomado por la espalda a Kou, alejándola de ella. Ambos forcejeaban. Kari se levantó y tomó su espada.
-¡T.k!
El grito de la castaña y de un herido MagnaAngemon, que a duras penas se mantenía de pie, sobrecogió el alma de todos los presentes. Lágrimas comenzaban a brotar de los ojos de la castaña y su mirada se encontró con la del rubio, quien tenía los ojos bien abiertos debido a la sorpresa y el dolor.
Kou había clavado una daga, que ninguno se había dado cuenta de que portaba, en el abdomen de Takeru. Éste aflojó el agarré y calló de rodillas al suelo. Kou se volteó y le dio una patada en la boca del estómago, provocando que acabara tirado en el suelo y con dificultad para respirar.
Kari miró hacia Ophanimon quien mantenía el rayo multicolor para acabar con Dragomon y tenía cara de frustración. Kou tomó la daga que había clavado en el elegido de la esperanza y se volteó para enfrentarse con la elegida de la luz. Kari se limpió las lágrimas y empuñó su espada con más fuerza.
-No te perdonaré lo que acabas de hacer, maldito –dijo con más rabia de la que nunca había sentido la castaña-. No causarás más daños.
-Es vuestro final. La oscuridad finalmente vencerá, estúpida.
-No lo hará.
Kari clavó la espada en el lugar donde estaría el corazón de cualquier persona. Sin embargo, la castaña se encontró con una sonrisa de Kou, lo que le llevó a intentar sacar la espada. Pero Kou actuó más rápido. La tomó del hombro, acercándola y le clavó también la daga, por encima del abdomen, cerca de los pulmones.
La castaña cayó al suelo y en la lejanía escuchó un grito que le pareció proceder de su hermano. Su visión comenzaba a nublarse. Vio a MagnaAngemon herido, que difícilmente se enfrentaba contra Kou, y a Gennai acercándose, haciendo frente a todos los monstruos del mar Oscuro que se acercaban, lo más rápido que podía. La espada de Kari estuvo a punto de acabar con el ángel masculino. La castaña tanteó el terreno a su alrededor, encontrando su arco y una flecha. Disparó y acertó en la espalda de Kou. La flecha comenzó a brillar y provocó el grito de Kou, quien volteó a ver a Kari con rabia.
-Nunca debes darle la espalda al enemigo- murmuró al castaña.
Kou comenzó a andar de nuevo hacia la elegida, pero la espada de excálibur se clavó en su espalda, pero no le causó ningún dolor. Dio un puñetazo al ángel donde tenía una herida grave, provocando que el ángel se retorciera de dolor. Continuó acercándose a la elegida. La castaña cerró los ojos, no tenía nada con que defenderse cerca, solo el arco, pero sin flechas. El grito que dio Kou hizo que abriera los ojos. La jabalina de Ophanimon lo atravesó, brilló y Kou desapareció convertido en cenizas.
Los ojos de Kari se encontraron con los azules de T.k., quien se levantaba con ayuda de MagnaAngemon para acercarse a ella. Miró hacia Ophanimon, quien se acercaba rápidamente y se dio cuenta de que Dragomon había desaparecido. Kari dirigió su mano donde se encontraba la daga, manchándosela completamente de sangre.
-Resiste, Kari, por favor, no me dejes –su hermano había llegado y la acariciada-. Joe, haz algo.
Kari sintió como le sacaban la daga y las manos de alguien apretaban la herida. Su visión se nublaba, las figuras se iban haciendo más abstractas y, finalmente, todo fue negro. Lo último que escuchó fue el grito que dio Takeru.
Buenas tardes! Debo decir que me ha costado escribir este capítulo y, en un principio, mi idea era algo diferente, pero voilá! Lo he leído varias veces y estoy bastante conforme, espero que no se me hayan colado muchas faltas de ortografía.
A lo mejor os ha quedado alguna duda, como qué ha ocurrido con el emblema después de que Kari se lo diera a Ophanimon, pero se mencionará en los capítulos venideros.
Probablemente a esta historia le quedan dos capítulos y me da pena acabarla. De las tres historias que tengo es la que más me gusta y con la que más conforme estoy, aunque el tener que narrar batallas es una dificultad añadida.
Espero que os haya gustado y muchas gracias por vuestros reviews Lord Pata, anaiza18, Kinverlins y Hikatail. Me han animado mucho.
Intentaré subir el próximo capítulo la semana que viene, pues pretendo finalizar esta historia para poder comenzar con otra nueva.
Muchas gracias a todo. Cuídense! :)
