Ocho años después…

Kagome POV:

– ¡Kaoru!

Siento una presencia acercarse a la aldea a una velocidad vertiginosa. Tiene que ser un youkai muy poderoso, pero no reconozco su aura y eso me pone nerviosa.

– ¡Kaoru! ¡Inuyasha! –me dirijo a toda prisa al claro donde mi hijo y su tío entrenan, demasiado cerca del bosque y de esa presencia para mi gusto.

Aún recuerdo cuando supe que estaba embarazada. Toda la aldea se revolucionó y Inuyasha quedó en shock… ¡iba a ser tío! Nadie podía creerse que Sesshomaru se hubiera acostado con una humana, pero en fin… los hechos hablaban por sí mismos. El embarazo no fue fácil y el parto todavía menos. Los chicos se sorprendieron mucho al ver que de una humana nacía un youkai completo. Inuyasha nos rechazó al principio, esperaba un hanyou, tenía celos, pero Kikyo lo puso en su sitio y ahora es el tío perfecto. ¡Y padre! Tienen dos pequeñines, un niño y una niña.

Sango y Miroku también se casaron y viven en la aldea con sus mellizas y un pequeñín recién nacido. Shippo… bueno, es un alma libre. Vive en nuestra cabaña con Kaoru, Rin y conmigo, aunque viaja mucho por su entrenamiento de zorro-youkai (kitsune). Rin está preciosa y muy mayor, ya tiene 18 años y empieza a mostrar signos claros de atracción hacia Kohaku, un año mayor que ella, el cual está enamorado de Rin desde hace años, pero su entrenamiento de exterminador lo tiene tan ocupado que apenas viene a la aldea muy de vez en cuando. Suspiro pensando en ellos, espero que Sesshomaru no cumpla su promesa, mucho me temo que Rin se iría con él, rompiéndole el corazón a Kohaku.

Por fin llego al claro. A lo lejos se ve una bola de luz aproximarse hacía nosotros. Inuyasha y Kaoru están en posición de defensa.

– ¡Chicos! –les reclamo– ¿Es que no me oíais?

– ¡Mamá! –Kaoru se cuelga de mi cuello y le abrazo instintivamente– Huele a inuyoukai.

Frunzo el ceño, porque el único youkai-perro que debería aproximarse a la aldea es Sesshomaru y eso no me gusta. Además, no es su aura.

– Ves a buscar a Rin –le digo–. Tal vez un amigo viene a verla.

– ¡Sí! –contesta sonriendo. Baja de un salto y desaparece de nuestra vista en un parpadeo.

– Vaya –le comento a Inuyasha–, realmente entrenáis duro.

– Creo que reconozco este olor –gruñe. Eso no me da buena espina.

– ¿Quién…? –empiezo.

Ya tenemos la esfera encima y de repente desaparece, haciendo que una youkai caiga en picado sobre nosotros. Inuyasha la atrapa y la deja en el pasto. Ella se revuelve y le enseña los colmillos.

– Irasue… –murmura.

– ¿Quién…? –intento preguntar de nuevo. Entonces me fijo en su cuerpo, lleno de heridas– Debemos atenderla en seguida. Inuyasha, por favor, ve a por el botiquín.

Le dirige una última mirada y se pone en marcha, convirtiéndose rápidamente en un borrón. Yo me acerco a ella, la cual reacciona violentamente poniendo los ojos rojos y gruñendo.

– Tranquila, no voy a hacerte daño –vuelvo a intentar un acercamiento, pero vuelve a gruñir–. Solo quiero ayudarte.

Justo en ese momento mi pequeño inu hace acto de presencia, lanzándose directo a mis brazos. Ya pronto cumplirá 8 años, pero su aspecto es el de un niño de no más de 4. Creció a velocidad humana hasta los 3 años y después frenó, siendo que aparenta mucho menos de lo que tiene. Al principio se me hacía raro ver a alguien con un cuerpo tan pequeño y una mente tan avanzada, pero me llena de orgullo el que mi hijo sea tan inteligente.

– Mamá, ya he avisado a Rin, no tardará en llegar –ronronea escondiendo su nariz en mi cuello. Le encanta oler el punto donde Sesshomaru me marcó, allí donde se mezclan nuestros aromas. Por el rabillo del ojo veo como la youkai lo mira sorprendida, al sentir mi mirada endurece su rostro–. ¿Quién es?

– Oh, tu tío ha dicho que su nombre era… –intento recordar.

– ¡Dama Irasue! –exclama Rin a mis espaldas. ¿Por qué todo el mundo la conoce menos yo? La miro interrogante consiguiendo que se sonroje– Es la madre del señor Sesshomaru –explica.

– Oh, vaya… –murmuro. Irasue me mira con una ceja alzada– ¿Me dejará ahora que la cure?

Algo me dice que tener a un inuyoukai en brazos que me llama mamá me da puntos. Y acierto, esta vez asiente lentamente. Inuyasha aparece con el botiquín, así que le paso a Kaoru y me acerco a ella. Se queda totalmente quieta y callada mientras la curo, al terminar le propongo que descanse unos días en nuestra casa.

– Está algo alejada de la aldea, tendrá menos humanos alrededor y es espaciosa –comento.

– ¿Quién es él? –es la primera vez que me dirige la palabra, pero la pregunta no me extraña.

– Kaoru es mi hijo.

– Pero eres humana.

– Soy una sacerdotisa –suspiro–. Nadie tiene claro porqué es un youkai completo, que yo sea sacerdotisa es la suposición que más sentido tiene. Pocos youkais habrán tenido descendencia con sacerdotisas, así que no sabemos cómo corroborar la teoría.

– Ya veo –asiente lentamente entrecerrando los ojos–. ¿Y el padre?

Me tenso completamente antes de contestar.

– El padre regresó a sus tierras antes de saber que esperaba un cachorro suyo. Volverá algún día según dijo, pero no dejaré que se lleve a mi hijo. A mí nadie me quita de en medio por una… eyaculación. No es que no agradezca su puntería, pero que ni se le ocurra reclamarlo.

Me mira unos instantes sopesando mis palabras. Casi puedo ver los engranajes moviéndose en su cerebro.

– Me quedaré en vuestra casa, pues, si no es molestia.

– Bien –sonrío suavemente. Quiero llevarme bien con ella, algo me dice que ya se intuye como la abuela de mi cachorro.

Los días pasan e Irasue se recupera completamente bajo mis cuidados. Poco a poco he logrado que me acepte y ya no me trata de manera despectiva… al menos delante de Kaoru. Cuando estamos a solas sus modales se enfrían, pero supongo que de alguien tenía que heredarlo su hijo. De hecho Kaoru también es muy serio para su edad, a veces sus gestos se parecen tanto a los de Sesshomaru que me asusta, pero mi pequeño ríe con facilidad cuando está rodeado de los suyos y aprecia realmente a todas las razas.

– Youkais –digo tensándome de golpe. Esta casa es la primera línea de defensa de la aldea.

– Tres –corrobora Kaoru–. Un olor es similar al de Kirara, pero no es exactamente de gato.

– Muy bien –le alaba Irasue. Es con el único que se comporta así–. Casi aciertas. Mi sirvienta es una leona-youkai.

– ¿Sirvienta? –le pregunta.

– Sí, cuando nos emboscaron mandé a Nala al palacio del Oeste en busca de Sesshomaru.

– El no viene –comento yo. Por suerte, pienso.

– No, viene el demonio verde y el dragón de dos cabezas –confirma Irasue.

– ¡¿Un dragón?! –exclama Kaoru. Los ojos se le iluminan como si fuera navidad.

– Kaoru… –me mira suplicante mientras murmura "porfa, porfa, porfa" – Esta bien –suspiro–, pero con cuidado, no te conocen y podrían atacarte.

– ¡Bien!

Todavía se oye su grito de victoria, pero él ya ha desaparecido de nuestra vista.

– Creo que tenemos visita –digo mirando en la dirección por donde corre mi pequeño–. Toca salir a saludar.

No necesito girarme para saber que viene tras de mí. Llegamos al claro y encontramos a Kaoru esperando expectante.

– El sapo verde se llama Jaken –le explico.

– ¿Y el dragón? –pregunta. Él va a lo que le interesa.

– Ah-Un. Un nombre para cada cabeza. Bonito, ¿verdad?

– Sí –su sonrisa se expande y vuelve a mirar al horizonte, donde ya se puede apreciar a nuestros visitantes.

– ¡Oh! Ahora que me acuerdo… Alguien debería avisar a Rin –digo mirando a Kaoru.

– Mamá… –lloriquea.

– Claro que si crees que no eres lo suficientemente rápido… –insinúo. Él entrecierra sus ojitos.

– Enseguida vuelvo –gruñe suavemente y se pierde en dirección a la aldea.

– Es tan fácil pincharlo –río.

– Ya lo veo –Irasue sonríe ligeramente. Es la primera vez que lo hace estando las dos solas, hasta ahora el único atisbo de sonrisa que le había visto iba dirigido a su nieto.

Esperamos unos momentos en silencio hasta que llega Kaoru.

– Está viniendo.

– Bien –sonrío orgullosa. La carrera no le ha cansado, no respira pesadamente ni transpira, nada. Dirijo mi mirada al cielo–. Ya llegan.

Tan pronto como Ah-Un toca el suelo una leona con forma humanoide sale disparada hacia Irasue y clava una rodilla en el suelo.

– Mi señora, me alegra ver que está totalmente recuperada. Jamás dudé de su supervivencia. Podemos partir cuando desee.

Jaken también se dirigía hacia Irasue cuando un grito sobresalta a los recién llegados.

– ¡Ah-Un!

Se ve una manchita saltar sobre el dragón y Jaken grita exasperado:

– ¡¿Pero qué?! ¡Haz algo con tu cría, estúpida humana!

Entonces la misma manchita salta sobre el youkai verde enseñando los colmillos y cambiando los ojos de color a un intenso rojo sangre.

– ¡No le hables así a mi madre! –exclama.

– ¿Ah?

Jaken se ha quedado sin palabras y, aunque odio que me traten así, decido rescatarlo.

– Kaoru –llamo extendiendo mis brazos–. Ven.

Al oír mi voz sus ojos vuelven a su habitual color dorado y se refugia de un salto en mis brazos. Yo le acaricio detrás de las orejas mientras dirijo su cabeza hacia mi cuello, sabiendo que ese olor le tranquilizará.

– No me gusta cómo te trata –murmura contra mi cuello.

– Lo sé vida, a mí tampoco –le susurro.

– Quiero que se vaya.

– Son amigos de Rin –contesto–. No se quedarán mucho tiempo, te lo prometo.

– Hum… –refunfuña.

Poco a poco se va relajando y empieza a ronronear mientras me envuelve con su estola. Rin llega seguida de Inuyasha y lo primero que hace es derribar al pobre demonio que acababa de levantarse del suelo al grito de "¡Señor Jaken!".

– Estúpido sapo, ¿se puede saber qué le has hecho a Kaoru?

– ¿Kaoru? –pregunta Jaken, aún en shock.

– Kaoru es el hijo de la señorita Kagome, señor Jaken –le explica Rin.

– ¡No puede ser! ¡Ella es humana! –exclama, saliendo por fin de su estupor.

– Sí, sí –refunfuña burlonamente Inuyasha–. Todos hemos pasado ya por esa fase. Es un youkai completo, acéptalo.

La Dama Irasue mira toda la escena con indiferencia, mientras que su sirvienta Nala no puede reprimir su curiosidad. Yo decido ignorarles a todos y me acerco al dragón.

– Que tranquilo es –susurro mientras acaricio una de las cabezas. Kaoru desentierra su cabeza de mi cuello y lo mira con curiosidad. Poco a poco alarga su manita y deja que Ah-Un la huela.

– Mamá, ¿me puedo montar?

– Pregúntaselo a él –contesto sonriendo.

– ¿Dejas que te monte, Ah-Un?

Ambas cabezas suben y bajan en señal de aceptación. Kaoru sonríe de oreja a oreja y les da unas palmaditas antes de montarse y abrazar el lomo. Sonrío sin poder evitarlo, adoro ver a mi niño feliz. La tarde va pasando entre charlas y juegos, hacemos una cena al aire libre a la que también se apuntan nuestros amigos y rememoramos viejas batallas. Cuando cae la noche los pequeños hace tiempo que han caído rendidos y nos retiramos a nuestras casas. A la mañana siguiente veo que Jaken y Ah-Un no están, han debido de marcharse al alba.

·


·

Sesshomaru POV:

Cuando llega Jaken lo noto extraño, más pensativo de lo habitual. Evidentemente no pregunto qué pasa por su pequeña y verde cabeza, voy directo al grano.

– ¿Diste con mi madre?

– Sí, Sesshomaru-sama.

Su respuesta escueta no es nada habitual, espero a que expanda su explicación, pero no lo hace.

– ¿Y bien?

– Ah, sí. La Dama Irasue está en la aldea donde vive Rin. Está totalmente recuperada.

– ¿Va a venir a palacio?

– ¿Eh? Ah, no. Supongo que no vendrá en un tiempo.

– ¿Por qué?

– Se quedó en la aldea.

– ¿Por qué? –repito. Hoy está en las nubes.

– Mmmm… –palidece y yo frunzo el ceño– No me atreví a preguntar, señor.

Bufo ligeramente ante su respuesta. Cobarde.

– ¿Por qué venían a visitarnos en primer lugar? –según me dijo la leona, venían de camino a palacio cuando les tendieron una emboscada, pienso.

– Eso… tampoco lo pregunté, señor –el youkai ya está más blanco que verde, así que dejo estar el interrogatorio. No puedo evitar pensar que, si quiero algo bien hecho, tengo que hacerlo yo mismo. Tendré que ir a la aldea, suspiro interiormente.

– Puedes retirarte.

– Sí, señor –contesta mirando el suelo.

Sin yo saberlo, está pasando por la cabeza de mi sirviente la amenaza de cierta miko del futuro "le dices a Sesshomaru que nos has visto a Kaoru o a mí y te dejo sin posibilidad de descendencia, ¿capisci?".