Kagome POV:
Desde que Nala empezó a vivir con nosotros, al igual que Irasue, las cosas han cambiado de una manera que jamás imaginé. No es que Rin no ayude en casa, pero Nala es tan… polifacética. Me ayuda en la casa, a recoger hierbas, me ha enseñado mezclas que no conocía y medicinas más eficaces. No aprendía tanto desde que Kaede me instruía, pero murió hace tres años y Kikyo nunca llegó a asimilar todos sus conocimientos. Nala incluso participa en los entrenamientos de Inuyasha y Kaoru y juega con él cuando yo ya no puedo más. Irasue es como una espectadora en la vida de su nieto, aunque se nota que vigila todos sus movimientos e incluso le ha dado algún consejo para la lucha.
Los días se transforman en semanas, las cuales van transcurriendo una tras otra sin novedades. Algún youkai que ataca (para su desgracia) la aldea, alguna visita esporádica de mi madre o mi hermano (desde que crucé el pozo estando embarazada, éste permite el paso a aquellos con los que tengo lazos de sangre), pequeños viajes a otras aldeas que necesitan de nuestros servicios y todo aquello que surge en el día a día.
Ahora estoy en el pasto viendo como los chicos entrenan; Kaoru ha mejorado muchísimo. Poco a poco mi mente empieza a divagar y me pongo a pensar en mi familia. Aún recuerdo la primera y única vez que mi abuelo vino a esta época… ¡pasó más tiempo con Kaede que conmigo! Disfrutó muchísimo, pero está mayor y es mejor que no haga estos esfuerzos. Sota ya tiene 18 años, al igual que Rin y este año empezará la universidad al igual que Hitomi, la chica con la que sale desde que ambos tenían 9 años… Habrá dos médicos más en la familia. Mi madre también tiene la carrera de medicina, aunque dejó de ejercer al casarse con mi padre. Irasue le tenía mucha envidia, siempre la miraba mal cuando Kaoru la llamaba abuela. Al intentar hablar con la youkai del tema me despachó fríamente, pero yo tenía mis métodos para lograr que Kaoru la llamara abuela a ella también. Uno de los días en que mi familia estaba de visita nos pusimos a ver una película, recomendación de la novia de Sota, en el portátil. Era Cartas a Julieta, y hubo una escena que me inspiró. Cuando Claire, peinando a Sofía, dijo "uno de los mayores placeres de la vida ese que te cepillen el pelo" cogí un peine y se lo di a Kaoru diciéndole "pregúntale a la abuela Irasue si quiere que le cepilles el pelo". Ella solo me miró, con un brillo especial en los ojos que se acentuó como jamás había visto cuando su nieto la llamó abuela por primera vez.
Mis divagaciones se ven abruptamente interrumpidas por el acercamiento de una presencia que conozco muy bien.
– ¡Mamá, mamá! –exclama Kaoru sonriendo– Viene el tío Koga.
Está radiante, siempre se lo pasa bomba con él.
– Tú sigue llamándole tío Koga, ya verás que gracia le hace –se mofa Inuyasha.
– ¿Quién es? –pregunta Nala curiosa.
– Un amigo de hace muchos años –le contesto sonriendo suavemente.
– Está enamorado de mamá –explica Kaoru.
Bendita inocencia, no puedo evitar pensar mientras me sonrojo furiosamente. Irasue alza una ceja en mi dirección, pero me desentiendo como puedo. De repente un remolino frena frente a mí y me toma las manos.
– Mi querida Kagome… –empieza Koga.
– ¡Tío Koga! –le interrumpe Kaoru lanzándose a sus brazos. Estoy convencida de que sabe que no le correspondo, de ahí que siga llamándole tío– ¡Te echo una carrera!
Empiezan a correr y a perseguirse el uno al otro. Koga siempre le pisa los talones, aunque suele dejarse ganar.
– A ver quien llega antes con mamá –le provoca el lobo.
– ¡Yo! –ríe mi pequeño– Siempre seré yo el primero en llegar a mamá.
Y es cierto. No importa contra quién compita, siempre es él.
– Quien quiera ganarse su corazón, primero tendrá que llegar a ella antes que yo –declara.
– Eso sí que es una declaración de principios –murmura Irasue.
– Sí, ha puesto a Koga en un compromiso –le contesto en susurros–. Si Koga quiere complacerme seguirá dejando ganar a Kaoru, por lo que no llegará primero a mí. Pero si le gana sólo por esa declaración… En fin, demostraría un infantilismo extremo y, sinceramente, ya tengo un niño a mi lado, lo próximo que quiero es un hombre.
Le guiño un ojo y las tres, junto con Nala, reímos suavemente mientras vemos como Inuyasha y Koga van cortando el paso a Kaoru y él les sortea para llegar hasta nosotras.
– ¡Lo conseguí! –exclama saltando a mis brazos.
– Muy bien mi vida –digo acogiéndolo en mis brazos.
Nos ponemos a jugar por el prado cuando un temblor sacude la tierra y se abre una brecha a nuestros pies. No puedo evitar gritar cuando, con Kaoru en brazos, me siento caer en el vacío.
– ¡Salta! –ordeno a mi hijo, mientras le impulso hacia arriba.
En seguida llega al borde de la grieta y se asoma gritando por mí. Yo sonrío aliviada; mi niño está bien.
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Sesshomaru POV:
Estoy cerca de la aldea donde vive el híbrido cuando oigo la tierra temblar. Vengo volando desde mi castillo acompañado de Jaken y Ah-Un para averiguar el por qué del extraño comportamiento de mi madre cuando un grito altera mis sentidos.
– ¡Mamá! –exclama una voz de niño.
El aroma de una miko que conozco muy bien inunda mis fosas nasales y me dirijo directo hacia allí, aún envuelto en mi esfera de luz. En un rápido vistazo capto a mi madre sujetando por la muñeca al híbrido y al lobo, con su sirvienta tras ella mirando angustiada una brecha por la que se asoma un niño pequeño. El olor que persigo viene de ese agujero en el suelo y allí me dirijo sin apartar los ojos de mi objetivo. Atrapo a la humana en mis brazos (el que me cortó Inuyasha me volvió a crecer completamente con el tiempo) y asciendo lentamente. El vago pensamiento de que mi madre no les ha dejado acercarse porque sabía que yo me tiraría en picado revolotea un momento por mi mente, pero lo descarto bruscamente. Me poso en el suelo con suavidad y deshago la esfera de luz. Mi intención es hacer un comentario frío y cortante contra el híbrido, pero un pequeño borrón distrae mi atención.
– ¡Mamá! –el niño de antes se ha posado sobre la humana de un brinco– Mamá, ¿estás bien?
Por un momento el enterarme de que esta humana es madre hace que entre en shock. Al darme cuenta me enfurezco y gruño suavemente. Ella no debería importarme. Centro mi atención en el mocoso para que mis pensamientos tomen otro rumbo y cojo aire para decirle que se largue, no quiero contacto con más humanos, pero éste se queda estancado en mis pulmones. Este niño es un youkai, un youkai completo. Pero ella es humana, no lo comprendo. Busco a mi madre con la mirada perdida y ella sonríe gentilmente de una manera que hacía siglos que no veía en ella.
– Kaoru –llama abriendo los brazos. El cachorro desentierra la nariz del cuello de la miko y se lanza hacia mi madre.
– ¡Abuela! –exclama– ¿Mamá está…?
– Está bien –le tranquiliza con unas caricias–. Escucha el ritmo de su corazón, se ha desmayado, nada más.
"¡¿Abuela?!" pienso yo. Demasiadas emociones para mí. Me hinco en el suelo para dejar a la miko, pero mi madre me detiene:
– Sesshomaru, la llevaremos a su casa.
Asiento ligeramente y me pongo en pie de nuevo mientras ella se gira y dirige la marcha.
No es necesario andar mucho para llegar y en seguida la dejo en su futón siguiendo las indicaciones de mi madre. Mientras la acomodo, la leona-youkai prepara una mezcla de hierbas con un olor muy fuerte. Arrugo la nariz en señal de disgusto y gruño cuando veo que se acerca con ellas.
– Es para despertarla –me dice mirándome de reojo. En otras circunstancias la habría matado por esa falta de respeto hacia mi persona, pero en este caso le dedico un corto asentimiento.
En cuanto el olor penetra en las fosas de la humana ésta tose y se incorpora ligeramente.
– ¡Mamá! –exclama el cachorro saltando a sus brazos.
Gimotea enterrando la cabeza en el cuello de su madre y veo cómo tira del kimono de ella hasta dejar expuesta una marca morada en forma de luna creciente allí donde la marqué tantos años atrás. El youkai entierra inmediatamente la nariz en ese punto e inspira profundamente. Ese simple gesto hace que mi corazón se acelere. Mi pulso se dispara y mis ojos se dilatan. Es mío. Mi cachorro…
Mi madre se ha acercado a mí sin que me diera cuenta y siento su aliento en mi oído cuando me susurra rápidamente:
– Se llama Kaoru, pronto hará 8 años, aunque apenas aparenta 4. Pensamos que es un youkai completo porque ella es una sacerdotisa muy poderosa. Es muy inteligente y fuerte para su corta edad –yo asiento automáticamente mientras mi madre me mira de reojo–. ¿Qué harás ahora?
Esa es una muy buena pregunta de la que no tengo respuesta. Yo no venía con intenciones de ver a la sacerdotisa, ni siquiera sabía que estaba aquí, pero ahora… No sé qué pensar. No sé qué hacer. Estoy bloqueado.
El cachorro, "Kaoru" me obligo a pensar, se baja del regazo de la sacerdotisa, "Kagome" me reprendo, cuando ella hace el gesto de levantarse del todo. En un parpadeo pasan muchas cosas a la vez: el lobo se acerca a ella y la toca con intención de ayudarla, yo gruño y me erizo completamente y el pequeño salta sobre su madre, golpeando las manos del lobo "disimuladamente" para que la suelte. Vuelvo a mi posición de fría indiferencia, pero la sonrisa de suficiencia que cruza mi rostro no engaña a nadie. Que orgulloso estoy de mi cachorro, no dejará que nadie se acerque a su madre sin su consentimiento. "Mierda" pienso frunciendo ligeramente el ceño, eso me va a complicar las cosas. Porque sí, solo he necesitado de un parpadeo para tomar la decisión. No pienso consentir que ningún macho que no seamos Kaoru o yo se le acerque. No voy a renunciar a ella. Esta humana es MÍA.
