Los pasos de Hermione en las sombras de Infinity Manor despertaron ecos de urgencia.

Subió corriendo por la escalera de mármol, donde los relojes en el muro mostraban letras en sus carátulas.

Llegó a la primera planta.

Tomó la varita. Necesitaba pensar y decidir pronto. Pronto, aunque en la residencia el tiempo corría más lento y dos horas en ella, eran una en Hogwarts. La discreta ventaja le permitiría aprovechar el intervalo, pero no debía aguardar demasiado.

Caminó frente al alto ventanal, de ida y vuelta, pero no estaba ansiosa. Analizaba.

¿Cómo salvarlo? Ella no podía presentarse en Hogsmeade o en cualquier otro sitio plagado de mortífagos. Ni tratando de ocultarse lograría pasar desapercibida y hallarlo y, ¿qué podría hacer al encontrarlo? Nada eficaz, excepto morir y revelar la estrategia cuando la interrogaran, incluyendo la participación de ambos. Eso daría elementos a Voldemort para derrotar a Harry. Ojo de Horus era uno de los mayores secretos y debía ser preservado, tanto como el papel de Snape.

Aquel análisis fue un repaso rápido de lo que pensara caminando por Sortileges Boulevard, cuando también recordó la explicación de Snape esa mañana -sin saber que para esta noche se habrían despedido de manera tan drástica-, sobre las habitaciones de la planta superior... Él abrió algunas de las puertas: La de la extrema derecha se abría directamente a una entrada de metro estilo Art Noveau, por donde salía un joven vendedor de diarios que usaba tirantes y anunciaba los juegos para hoy, de la II Olimpiada, en Vincennes; la siguiente puerta daba paso a una calle de casas viejas, con tendederos al aire libre, donde una mujer de vestido largo y bata, lavaba ropa en un cubo, de pie en la acera, en Praga; otra puerta formaba parte de una construcción monumental antigua, en La Porta Nigra, de Tréveris… Mas ninguno de esos sitios ofrecía la solución que se necesitaba.

Así que retomó la primera idea que tuvo, porque en Hogwarts se le ocurrió.

Los Espejos.

Con la varita, Hermione trazó alrededor de sí, el circulo de fuego, comprobando que llevaba el dije puesto.

En este piso, frente a la ventana, estaba a la mitad del pasillo que en sus extremos tenía los espejos del Pasado y del Futuro.

Llegó a ello por la pregunta: ¿Y si trataba de modificar lo que parecía inamovible?

Buena opción, pero, ¿cómo?

¿Modificarlo ella, personalmente? No podía. Pero podía usar el Espejo del Futuro. Enviar a la Dominación a salvar a Snape.

La Dominación puede ir con Severus, sacarlo de donde esté y traerlo a esta residencia. Nos esconderemos en esta casa, o en la que me dijo, o en cualquiera de las puertas de ésta. Es irrelevante que se deba regresar a la medianoche. Las puertas y sus posibilidades son tantas que se vuelven infinitas.

Y en último y extremo caso, aunque suene terrible no importa que Voldemort quite la vida a Severus. Él puede cumplir su misión y Ojo de Horus devolverlo a la vida.

No voy a cambiar su objetivo.

Cambiaré el futuro, el hecho de su muerte.

¿Y la intención? Dar marcha atrás a un hecho como el deceso, de consumarse éste, ¿no eran Artes Oscuras? ¿Era el mismo efecto de la taipoxina, que vuelve veneno al medicamento si se excede?

No, se afirmó, yo lo hago por amor.

Y, ¿no era mucho pedir a un dios, sobre todo cuando no había cumplido el primer ruego?

No, se repitió. Muchos ruegan a un dios. Piden una y otra vez. Lo mío no tiene relación con eso.

Rodeada por las bajas llamas, a un costado del ventanal, se colocó de frente al Espejo del Futuro.

Invocaría a Horus y le pediría que fuese al futuro, de entre tres a cinco horas adelante, en el tiempo de afuera de la casa, para rescatar a Snape y traerlo a la vida de ser necesario, en la mansión.

Tratando de relajarse, Hermione repasó mentalmente el ritual, recordando que debía ser específica al pronunciar. Afortunadamente con lo que aprendió de egipcio clásico podía armar la frase, no muy compleja. Y no era necesario ser absolutamente exacta, porque esto no era como pedirle a un hada de cuentos, quien usa cualquier palabra o frase como pretexto para traicionar. Al dictar el conjuro debería dejar claro al Halcón de Luz que buscara a Snape donde éste hablaría con Voldemort, en Hogsmeade como ordenaba la carta de Amycus Carrow, pero entonces, en aras de la precisión, la castaña corrigió y pensó que Carrow estaba en un error, porque Voldemort citó a Snape en Hogsmeade, pero no lo atacaría en La Casa de los Gritos, sino en el embarcadero de Hogwarts, usando a Nagini porque llegaría con ella, cuando poco después Harry entraría y.

… y Hermione se detuvo.

Alzó la vista, con el ceño fruncido, quitándose un mechón de la frente, tratado de entender lo que había pensado, tan naturalmente que le extrañó hasta llegar a la mitad de la frase.

¿Qué acabo de decir?

¿El embarcadero de Hogwarts? ¿Nagini?

¿Nagini atacará a Saverus en el embarcadero?

¿De dónde saqué eso?

Los relojes de la casa, habitualmente mudos, elevaron el sonido de su maquinaria en un reiterado compás audible, que fue creciendo conforme las sombras de los álamos se movían del otro lado de las ventanas, insinuando un augurio.

tictac tictac tictac tictac tictac tictac tictac tictac tictac tictac tictac tictac tictac tictac tictac tictac tictac

Hermione dio dos pasos adelante, con el inicio de un gesto de temor. Un leve viento sopló en el jardín.

¿Cómo sé lo que acabo de decir? ¿Cómo sé que Nagini…?

Del otro lado de las ventanas, los árboles pulsaron en su brillo, acelerando en latido, uniéndose al compás de los relojes de manecillas que comenzaron a correr más rápido, en acelerado tictac tictac y el pasmo de Hermione aumentaba, volviéndose miedo y desconcierto a medida que minuteros y segunderos corrían hacia delante y atrás, a velocidad creciente como los pensamientos de ella:

(harry va a recoger las lágrimas harry va a recoger las lágrimas)

(irá al pensadero y una vez ahí se enterará que SNAPE)

tic tac tic tac tictactictactictactictactictactictactictactictactictactictactictacTICTACTICTACTICTACTICTAC

Las manecillas de los relojes se desprendieron de las carátulas, flotando, dejando sombras ondulantes en el muro y marchando sueltas, unas adelante, otras atrás, desarticuladas, de un número a otro, de una letra a otra, escribiendo una historia

El brillo de los árboles afuera se volvió un latido intermitente, entrecortado, en relámpagos insonoros.

(La Dominación. La Dominación está aquí)

(Severus va a morir en el embarcadero. Esto)

Hermione se tomó de las sienes, jadeando, viendo a todos lados. Muebles y sombras se confundían.

(esto yo)

Por los resquicios de las ventanas entró el silbido del viento, acelerando, pues en el jardín el aire se organizaba en movimiento circular, en el giro de un tornado a la altura del ventanal, de matices blanquecinos, arrastrando hojas de los árboles sacudidos en vaivén.

(esto yo)

Las hojas de los árboles palpitaron en incandescencia, llenando el salón de breves relámpagos de azules y rojos.

(esto yo ya)

Hermione abrió mucho los ojos ante la revelación:

(yo ya sabía

TODO ESTO)

El viento de la noche oculta de Infinity Manor aulló empujando brutalmente las ventanas, abatiéndolas hacia dentro, ondulando las cortinas en saltos y revuelo entre hojas desprendidas y estrellando marcos y cristales contra los muros entre fragmentos de vidrio. No importaba. Mañana todo estaría igual. Hermione Granger miró hacia la noche de estrellas y resplandores, con ojos abiertos de asombro, de estupefacción y también de terror.

El círculo de fuego se rompió, volviéndose dos líneas paralelas que corrieron en reguero de pólvora hasta llegar a los altos espejos.

Hermione volteó hacia el Espejo del Pasado, que se encendió en un latigazo… La castaña se vio reflejada en su superficie, de pie en un pasillo sin final, repetida hacia el infinito.

Con el viento invadiendo la residencia y sacudiendo el cabello de Hermione, pasaron en torrente las hojas secas de los sauces, rojas, doradas, azules, grana y lapislázuli, innumerables, doblando por los dos corredores en línea recta, dotadas de vida en parvada porque las hojas se torcían sobre sí y estiraban de los extremos, recordando el cuerpo de palomas aleteando y los árboles titilaron iluminando el rostro de la castaña, su rostro sorprendido y de ojos brillantes ante el soplo del presagio.

Las hojas en forma de palomas no sólo iban por los pasillos, sino al interior de la casa, a la planta inferior y a la superior, revoloteando en confeti de turquesas, oros, sangres y aguamarinas, hojas de calendarios desprendidas de la corriente del tiempo y hacia las manecillas de los extraños relojes de la residencia al final del tiempo.

Hermione volteó súbita hacia la escalera, iluminada a destellos intermitentes por los sauces que en el jardín se sacudían de un lado a otro, las aves impactándose en el muro, ella comprendió por fin lo que verdaderamente estaba sucediendo, en aquel río de luces del tiempo, en el torrente de fuegos surgidos de misteriosos aquelarres.

Las hojas o aves de árboles se posaron sobre el muro y formaron la palabra:

recuerda

Hermione suspiró, con aire de sollozo. Supo lo que hacía. Ella estaba tratando de salvar a Snape.

Estaba tratando de salvarlo…

… desde otras…

… desde otras…

Las hojas formaban un vals en el viento por toda la casa.

… Desde otras vidas...

El torbellino y las pulsaciones luminosas de los árboles invadieron Infinity Manor en trueno. En el cielo las constelaciones volvieron a girar visiblemente en una gigantesca rueca majestuosa. Las manecillas en los relojes de extrañas carátulas se volvieron enormes, avanzando en guadañas que al pasar sobre números y letras segaban el Tiempo. Hermione giró al fondo del corredor, donde brillaba el Espejo del Pasado y al verse de nuevo era una sucesión de ella misma sin final, en una oscuridad pulsante de destellos, En su marco -el marco de la tinieblas y del no ser-, la superficie bruñida mostró sombras y pinceladas de dorado desde el otro lado del universo.

Las hojas de colores revoloteaban por la mansión. Cientos de luces blancas emitidas por las puertas abiertas de las habitaciones que abrían y cerraban por el viento de sus eras arrojaron un brillo espectral, arrancando destellos a las hojas de sauces y cipreses, de los álamos en fragmentos de oro, de jade, un paisaje conocido porque…

… porque ella ya había estado en Infinity Manor…

«¡No es la primera vez que estamos aquí!», le había dicho Snape. Ésa era la clave. Pero él tampoco sabía cuánta razón tenía.

La casa le decía en esa palabra en el muro (recuerda), que recordara y recordó. No habían venido tres veces en estos años, como creía Snape. Eran muchas más.

Se vio pidiendo ayuda a Snape en su despacho, aquella mañana.

No era la primera vez.

Cuando lo vuelvo a pensar, me vuelvo a convencer, le dijo Snape.

El Espejo del Pasado centelleó y en él, dentro o detrás, apareció a lo lejos a una chica montada en un hipogrifo, que aleteaba lento, en una noche de nubes brillosas.

Snape únicamente recordaba que ella acudía con él a pedirle que le enseñara el conjuro. Recuerdo confuso: El profesor de Pociones, en sentido estricto, debía recordar que Hermione acudió a él pero no en años pasados, sino el mismo día, a la misma hora, muchas veces. Para resolver el imposible, para que el recuerdo remanente no creara una contradicción que amenazara su cordura, su mente ubicaba el hecho en años anteriores. La única pista de la contradicción eran sus déjà vu en cierta familiaridad de su trato con ella, en la forma de hablarle, y las ocasiones en que al hablar se refería a otras vidas.

En otra vida, en otro universo, ¿quién sabe?… Tú siempre volverás a mí…

Y aunque no lo supiera a ciencia cierta, lo revivía, porque el amor no se olvida: Los ecos de estar enamorado de Hermione, el seguir enamorado de ella más allá del tiempo, terminaba por salir a su presente.

No eran otras veces.

Eran otros universos nacidos del conjuro y de su matrimonio con el tiempo y el espacio.

Hermione ya había realizado el conjuro que pretendía efectuar ahora.

Lo realizó cuando Snape murió.

Llevaban varias vidas, varios universos en un carrusel de tiempo y espejismo tratando de encontrarse y permanecer juntos. Ella tratando de salvarlo.

Las hojas de los árboles revoloteaban en torno a ella. Hermione se cubrió la boca con ambas manos, doblándose un poco, riendo en un sollozo. Lágrimas de alivio, de terror, brillaron en su mirada acongojada y decidida.

No solamente una vez había intentado salvar a Snape, ni las tres que sin saberlo, recordaba él.

Hermione lo había intentado muchas veces.

Los recuerdos se abrieron en un lienzo, en un rótulo desplegándose en la oscuridad de viento y compases de relojes.

Llevaba… Llevaba años de intentarlo... La mansión era su puente, su posibilidad, pero también su prisión. Hermione llevaba años en esa casa tratando de salvar a Snape.

Y entonces lo entendió. La del Espejo era ella, en el hipogrifo. No iba sola. Llevaba el cuerpo inerte de Snape.

La Dominación que respondiera al conjuro creado a la sombra de las pirámides y formulado por sacerdotes de ojos pintados como el Ojo de Horus, llevando Ankhs en las manos; aquel Horus creado por la Magia Ceremonial emergía desde las ruinas de los templos, levantados por sus creadores ya desaparecidos. Plástica, la Dominación respondía a aquello para lo que fue creada, aunque el mundo donde nació ya no existiera y fuera ruinas mudas devoradas por el desierto.

La Dominación no sólo ayudó a Hermione en su búsqueda de las horrocruxes. También le fue propicia en la búsqueda de otra motivación vital para ella.

La había concedido una Oscura Bendición.

Una Luminosa Maldición.

La oportunidad de recorrer el tiempo para salvar a su amado de la muerte.

Hermione había efectuado una vez el conjuro, con el cuerpo yerto de Snape entre los fuegos, al lado de ella.

Pero no logró salvarlo, y así empezó el laberinto. Cada vez, los sucesos era diferentes. Los hechos y los escenarios variaban.

Lo único constante, lo único que no cambiaba, era el amor entre ellos dos.

Más allá del tiempo, estaban unidos por un sentimiento.

Legeremens no había sido un accidente, sino una ayuda. Fue la respuesta de la Dominación al pedido de Hermione de ayudarla a recuperar a Snape. Haciéndolos confesarse en lo que se ocultaban, en lo que sentían el uno por el otro, pero en parte también evocando lo que ya habían vivido, tenían la oportunidad de volver a encontrarse.

Podía no haber sucedido que su amor despertara, que renaciera en cada vida. Pero siempre ocurría. Hermione y Snape, amantes bajo las constelaciones en giros sobre sus cabezas, trazaban figuras sobre el mismo prado de oro iluminado por fuegos fríos. El amor no muere por decirlo. ¡Yo no voy a olvidarte!

Se aproximó al Espejo del Pasado, entre el aullido del viento en la residencia, y en la superficie se veía la noche sin estrellas y en ella la chica montando el hipogrifo en vuelo, cruzando la media luna.

Era ella. Se vio de nuevo ella misma en la noche fría, montando al ave, llorando, desesperada, llevando bajo la luna el cuerpo de Snape hacia los tejados de Mould-on-the-Wold.

Volaba llorando con desespero, sobrevolando el paisaje observada por la blanca pupila del cielo, la Luna, abrazando a Snape muerto, hundida una mano en sus cabellos negros, con la otra en su cuello ensangrentado.

Voldemort estaba muerto. Harry había logrado triunfar. No importándole nada más, Hermione logró llamar a un hipogrifo -Hagrid la ayudó, él nunca dudó de la Gryffindor- y la chica cargó el cuerpo de Snape a la mansión de magia para intentar evitar su muerte.

Pensando en los Espejos.

Métódica, sin pausas y sin dudar, controlándose, aquella vez se colocó de nuevo el dije y efectuó los pasos como una danzarina o sacerdotisa, cada movimiento y frase. Para cambiar el pasado.

Pero no olvidaba que no debía usar el Espejo del Pasado. Por eso Hermione efectuó un cambio: Hizo que los fuegos ceremoniales unieran ambos Espejos y con la varita envió al halcón por el Espejo del Futuro, conectando los dos espejos para que el Ojo que Todo lo Ve, pudiera recorrer un círculo, del futuro, al pasado.

Hubo un problema: Al enfrentar los Espejos creó una serpiente que se mordía la cola, un círculo de tiempo, un laberinto circular e incesante en atadura donde la misma Dominación quedó atrapada. La forzó a recorrer un círculo hasta que la situación se resolviera.

La Dominación había acudido el llamado de Hermione Granger. Las aves en vuelo desprendidas en fruto eran animadas por la Dominación, porque estaba ahí, porque continuaba en la residencia ya que ella misma había quedado atrapada en la casa. Atrapada en el Tiempo junto con Hermione y Snape, enviándolos a nuevos universos para resolver la situación.

El Horus del conjuro, el halcón, adoptó la forma de un cuervo, el que viera Hermione en la escalera del despacho dirigiéndose al umbral, en Knockturn Alley sobre los edificios, por representar la tendencia de Snape al sacrificio de su vida. Y también fue un cuervo porque Snape y Hermione se movían en la frontera donde inician las Artes Oscuras... El halcón se transformó en cuervo pues en aquella búsqueda no todo fue una clara intención. Habían participado conflictos, celos, dolores. El cuervo aparecía como la revelación esporádica de la presencia del Ojo que Todo lo Ve. En Artes Oscuras, empujó a Hermione a deshacerse de Morel, dejándole caer una pluma de ala para evitar cualquier peligro de separarlos. La profesora de Beauxbatons no lo era. Así lo consideró el halcón.

Hermione se vio en el Espejo, llevando en el ave el cuerpo inerte de Snape a través de la noche helada. Y supo que desde entonces su motivación fue la misma: Lograr una oportunidad, una sola oportunidad de dar marcha atrás o de encontrar otra combinación de sucesos donde ella y él permanecieran juntos, porque el conjuro no podía revivir a Snape, pero sí dar a Hermione la oportunidad de evitar su muerte.

En el Esjeo se vio entrando con el hipogrifo por el gran ventanal. El aleteo del ave hizo parecer que la luna tenía alas. La Gryffindor la liberó y llevó el cuerpo inerte de Snape entre los Espejos, para efectuar el conjuro.

Lo había intentado, pero en cada ocasión, fallaba. No podía evitar su deceso. Había buscado diferentes combinaciones de sucesos: En una salió al encuentro de Snape antes de éste entrar a la Casa de los Gritos, en otra entró junto con él, en otra trató de atacar a Voldemort y él la dio por muerta, pero ella se levantó para volver a la mansión. Y no ocurría en el mismo sitio. Aun así no lograba evitar que Snape entrara a su cita con Voldemort. Al parecer, eso no se podía impedir.

Las experiencias eran diferentes, por ser variaciones del tiempo. A diferencia de la primera vez, en las siguientes Hermione llevaba el cuerpo de Snape a la galería entre los espejos y desaparecían, para intentarlo de nuevo. Cada universo donde estuvieron, desaparecía y se dirigían al siguiente en laberinto. Sus sentimientos terminaban por emerger cada vez que estaban solos. Nada estaba escrito, pero cada vez que volvían a conocerse más profundamente, su amor renacía en el lapso de unas semanas. Lo único permanente en ese caleidoscopio de magia y azar, era el amor entre ellos dos.

Las imágenes del Espejo cambiaron frente a Hermione, acompañando a sus recuerdos fragmentados en las hojas por la galería y sus umbrales: La historia que vivían tenía variantes en su transcurso. En algunas no trabajaban en el libro de Snape, ni había concierto de Las brujas, ni lo visitaba Morel; en otras, sí podían trabajar en Infinty Manor. En la mayoría, la demora orillaba a enredar la situación con Harry y Ron. Episodios ocurrían en alas del colegio que no pisaban en otras. Llegaron a citarse en aulas. Una vez discutieron en pleno día frente a todos, a un lado del Cuadrado. En otra, Snape casi liquida a Ron cuando vio que Hermione lo besó. En una más, Ron los oyó discutir por celos a causa de lo de Morel, porque en vez de esperar en el umbral de arriba, bajó por la escalera. En muchos, Ron sólo experimentaba odio hacia Hermione. Harry había pasado por muchas facetas, pero al final no lograba entender, y no hasta el final como le ocurrió con Snape, porque la situación nunca se resolvía.

Las conversaciones nunca eran las mismas, ni los sucesos. En ninguna de las veces cuando ella pidió ayuda a Harry y Ron, contándoles la verdad del conjuro, ellos le creyeron. Dos veces Hermione había admitido ante el colegio que amaba a Snape, levantándose y revelándolo en plena clase, desatándose un escándalo. En otra más, ella preguntó a Snape si deseaba hacer realidad las ficciones, por medio de una nota que le puso en la mano, estando en clase. En otra, él le pidió quedarse el término de la lección y se lo propuso a media voz… En otra, él consideró innecesario preguntarle y la besó. La forma que tenían de acariciarse era de las mayores tentaciones cada vez. En varias ocasiones ella quiso resistirse, pero acabó por sucumbir a la tentación del asedio de Snape. A él le pasaba igual, nunca lograba negarse. Las ocasiones en que Snape lo admitió frente a Hogwarts se impuso en una forma que Hermione suscitó el terror de alumnos y profesores. La anterior vez que ella volvió a Infinity, siguiendo a Snape, Hermione arribó a la mansión trastabillando, cayendo en la escalera contra el fondo de los árboles, sangrando por una grave herida infligida en el costado por McGonagall… A raíz de que una ocasión Hermione confesó a Harry lo que ocurría con Snape, se enfrentaron en el bosque, hiriéndose ambos. Sorprendentemente, en varios universos, Harry estaba enamorado secretamente de ella… Esta era una de las veces en que ella aceptaba frente a Ron que amaba a Snape. En otras lo había terminado sin más. En una, en vez de hablar con Ron cerca de Knockturn -y ella no estaba con Snape, lo estaba buscando desde el valle de Godric-, en vez que ellos se despidieran bien, Hermione montó en cólera, desesperada y presionada por saber que Snape moriría, y con sus palabras furiosas y maldiciones sintiendo a Ron como un estorbo, lo orilló a quitarse la vida. En algunas de las anteriores, Snape no había roto con el recuerdo de Lily Evans. En una más Ron quiso atacar a Snape y éste montó en cólera. En este universo, Hermione y Snape se habían comportado especialmente considerados en comparación con los anteriores.

Era como si en cada oportunidad, se ataran cabos: Las relaciones, las palabras, las posturas ante la vida, la forma en que ella y Snape se entendían. En combinaciones de sucesos que eran otras tantas oportunidades frente a errores de vida.

Aunque eso no significaba que al perfeccionarse, pudieran salvarse: Era la distinta combinación de acontecimientos su única oportunidad, y en cada regreso ella inconscientemente buscaba esa sola combinación correcta.

En su laberinto de amor, en su martirio secreto, en su Rueda de Ixión, en la sentencia de recordar sólo hasta el final, Hermione, destrozada, cargaba el cadáver de Snape sobre el ave, herida y determinada, en cada mundo y en cada cosmos.

Se vio en el Espejo enviando al ave de regreso con un hechizo y, sabiendo que abandonaba todo, su época, a sus padres, a las otras personas que amaba, incluso con el peligro de llegar a un universo dominado por Voldemort, sin importarle nada, sintiendo que sus sacrificios estaban hechos y no debía nada a este mundo, con determinación, Ojo de Horus aparecía en el Espejo, iluminándolo, y Snape y ella desaparecieron en el abrazo de un pálido e incinerante Sol de Medianoche.

Apareció semanas atrás, en Hogwarts, como alumna, una mañana cualquiera en clase, con un detalle: No recordaba lo pasado.

El profesor de Pociones impartía su lección, también sin recordar.

Hermione no había pensado que por regresar al pasado, era forzoso no caer en la contradicción de recordar el futuro. La memoria del futuro debía ser borrada, pues en la nueva línea del tiempo aquello no había sucedido.

Lo olvidó, como quien olvida un sueño al despertar.

Sólo recordaba una pequeña, gran motivación, que fue la original y primordial del asunto: Pedir ayuda a Snape, para ayudar a Harry.

El Espejo del Pasado se apagó. Las hojas en el muro cayeron a la escalera, secas. Los árboles cesaron de batir. Sólo quedó el brillo relativamente cercano del Boulevard.

La Gryffindor se apartó, regresando por la galería, en la oscuridad.

Al volver frente a los ventanales quietos, las piernas le flaquearon, y al querer apoyarse en una mesa, simplemente perdió las fuerzas y cayó sentada al lado de un diván, con el cabello sobre el rostro.

Amantes en un laberinto de magia, de horas, de ensueños entrecruzados, de manos buscándose en el claroscuro. Muriendo y naciendo, llamándose, reconociéndose.

Hermione intuía que si lograba salvarlo, los demás universos desaparecerían y se resumirían en el primero, donde todo comenzó.

O desaparecerían si ella cesaba de intentarlo. Tal vez al cabo de varios giros de esa Rueda de la Fortuna saldados en doble cero, con la pérdida del oro de los jugadores, ella concluiría que no era posible salvar a Snape, aceptando la existencia del Destino y dejándolo ir. Para morir a su vez o para dejarse morir al no tenerlo. No obstante, su amor se impuso. Ella sabía que él haría lo mismo por ella, si la situación fuera al revés.

Debo hallar otra forma de detenerlo. No puedo dejarlo morir.

Salvarlo, debía tratar de salvarlo. Debía tratar de salvar a Snape de la muerte.

En su conmoción, que en todo semejaba un despertar, pensó el movimiento que seguía para ella.

Severus no debe estar en Hogsmeade. Si Harry está en Hogwarts como me dijo Ron, Voldemort debe haberlo enviado para que lo mate y probar su lealtad.

Severus debe estar tratando de salvar a Harry.

Hermione salió de la casa, cruzó el jardín y al trasponer la reja, hizo el hechizo y desapareció rumbo a Hogwarts.

Todavía tenía una oportunidad.