Capítulo 3: Yahiko Myojin, descendiente de samuráis de Tokio
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Notas de la autora:
Bueeeeno… con vuestros comentarios he descubierto dos cosas:
—que a las lectoras de fanfictions os tienen muy maltratadas, y
—que no era consciente de lo mimadas que os tenía, jajaja.
No, en serio. Cuando decía lo de que no iba a haber periodicidad establecida, es cierto que dejaba abierta la posibilidad de que con el paso del tiempo, el fic tuviera actualizaciones más esparcidas. Más que nada porque con el transcurso del tiempo, te pueden salir otras cosas que centren tu atención o que directamente me canse de contar algo que ya está contado y prefiera ponerme con algo original. Y como esta historia, en realidad, ya está contada, pues no me daría mucho remordimiento de conciencia. Pero es que la acabo de empezar. Mal asunto si me da por abandonarla tan rápido.
En estos momentos, el indicar que no tiene periodicidad viene algo más a decir que un capítulo se puede subir al de 3 días y otro al de 9. Más por ahí, no que desde ya dejara sin actualizar por tres semanas (que algunas me habéis felicitado las fiestas y todo pensando que no subiría nada hasta después de ellas O_O ). Para que no suba nada en tres semanas, me he tenido que ir de vacaciones, poco más o menos, o complicárseme mucho las cosas. Que estos minicapítulos de 3.000 palabras los hago en 2-3 horas, jajaja.
El problema (actual) de la periodicidad es que con este fic voy al día, no tengo remanente del que tirar si entro en una fase ocupada como he hecho con anteriores. Y debido a mi web, entro en pequeños periodos al mes en los que me saturo a trabajo (novedades editoriales, leer libros para reseñar, boletines, blablablá). Y claro, sin remanente como antes, pues difícil actualizar en ese tiempo. Pero no, la idea de la «irregularidad» no es dejar sin actualizar la historia un mes »_«, al menos, no de momento, ¡que la acabo de empezar!
Y ahora es cuando esta historia sufre una desbandada de follows, jajajaja.
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Comentarios a los reviews:
Kaoruca: Sólo hay un fic (bueno, sin contar mi bestia negra ¬_¬º) que no ha seguido el manga y es porque lo hice antes de leerlo (mi primer fic). En los demás, SIEMPRE me baso en los acontecimientos del manga. Y si utilizo algo puntual del anime, lo dejo en las notas (como en RO para el recuerdo del primer beso de KK, que utilicé el lugar de las luciérnagas). Pero a menos que lo especifique, siempre me guío por el manga. Y en el manga, el acto de la policía armada es el segundo, mientras que la aparición de Yahiko es el tercero.
Mariona: Juuué, qué tentador es esto que me decís de que os alegre el día al llegaros la notificación de nueva historia mía… con lo cerquita que está el día 28… ^o^ . Que no, que no, que es broma, jijiji.
Sobre «imaginaros» el manga mientras leéis el fic, pues es que ésa es la idea. Mal voy si no os suena lo que os cuento, jajaja.
Y sí, ¡por supuesto! Tengo mis 28 preciosos tomos en casa. La edición que tengo es la de Glènat que comentas (la de colorines) que está descatalogada. Yo la compré en 2004 (del tirón, a 5 tomos por semana y porque así lo tenía acordado con el de la tienda que me los iba trayendo, que si no, me veía yendo a por 5 tomos cada día. Me tenía súper enganchada e_e). Y lo he releído casi todos los años por vacaciones (vamos, que lo tengo más que rentabilizado, jajaja). Sólo que este año me ha dado tremendamente fuerte y ya lo he leído 3 veces y algunos actos, no os lo digo por vergüenza. Pero sí, me sé diálogos de memoria y yo misma me sorprendo cuando quiero buscar algo y voy al tomo exacto O_O . Estoy para que me lo miren T_T . La edición nueva dicen que está muy bien. Me da mucha envidia verlos en la tienda todo monos con algunas de sus páginas interiores a color T_T . Pero entiendo que si tienes empezada la vieja, te fastidian la colección con la nueva, pues incluso el número de tomos es distinto :-s .
Sobre los capítulos que voy a meter, pues obvio que los actos de Saito o Jine estarán. Pero cuanto más importantes son los actos, más me imponen y pienso: «¿por qué demonios me he metido en esto?». En serio, ¿cómo voy a escribir el momento en que a Kenshin se le va la cabeza con Saito? e_e . Soy masoca, ¡en serio! »_«
Kaory: Es que el capítulo del anillo de compromiso es para reescribirlo u_uº. De verdad que me río mucho, pero tengo que desligarme del trasfondo de que Kenshin la rechace de plano T_T
¡Gracias a todas por los reviews, chicas! Espero que os guste el capítulo que debería haberse unido con el siguiente (porque recordad que la mitad de este capítulo es de Yahiko). Y sin embargo, en vez de ser más corto se me ha alargado más que el anterior. Me he puesto a rellenar con las partes que no están y ¡hala!, se me ha ido la mano »_« . Si es que no se me puede dejar con un teclado cerca… tengo un peligro… »_«
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Capítulo 3: Yahiko Myojin, descendiente de samuráis de Tokio
—Ya sé que es difícil dejar las viejas costumbres —Kaoru asestó un golpe con el bokken al aire—, pero si sigues así —otro golpe—, un día de éstos vas a acabar en la cárcel y nadie te podrá sacar —dijo Kaoru alterada dando otro golpe más.
Kaoru se había puesto a entrenar en el dojo y de paso, a recordarle de nuevo que no podía seguir llevando espada. Kenshin suspiró resignado por tener que volver a la conversación habitual sobre la prohibición de portar espada, pero después del incidente con la policía del día anterior, sabía que tendría que escucharla sermonearle durante varios días.
—En primer lugar, tengo esta espada desde hace diez años —empezó a defenderse—. No pienso deshacerme de ella cuando no es un peligro para nadie. —Kaoru siguió golpeando al aire—. Y en segundo lugar, ya he acabado alguna vez en el calabozo por llevar la espada y no es que te detengan demasiados días ahí. Así que no me preocupa si me sacan o no.
Kaoru dejó de entrenar y le miró molesta.
—Eres un desagradecido, encima que me preocupo por ti. —Pero Kenshin no la estaba escuchando. Un escalofrío le recorrió por la espalda y se acercó a la puerta del dojo. Kaoru, sin embargo, no se inmutó y siguió con su diatriba—. Llevar espada sólo te puede traer problemas, es absurdo que la sigas llevando. Además, nadie te prohíbe llevar un bokken como hago yo.
Kenshin volvió a centrar su atención en ella. Debía estar de broma si pensaba sugerirle que llevara una espada de madera. No podía imaginarse vagando por ahí con un bokken. Había costumbres que no se podían cambiar así como así y él era un espadachín que se había iniciado y perfeccionado con una espada de verdad.
—Los únicos problemas que he tenido en este tiempo han sido con maleantes del tres al cuarto y algún policía desperdigado que ha intentado detenerme —replicó él—. Mi espada no me trae problemas, mucho menos, de consideración.
—¡Pues más razón para mí! —alegó ella alzando la voz—. Si no tienes problemas, con una espada de madera tienes suficiente. —Pero Kenshin frunció el ceño y volvió a mirar hacia fuera—. ¿Qué pasa? —le preguntó desconcertada al ver que perdía la atención de Kenshin.
Él empezó a moverse hacia la puerta y Kaoru le observó aún más confusa que antes.
—Desde hace unos minutos se está congregando gente en la puerta de casa —le contestó él y Kaoru aceleró el paso para alcanzarle.
Y tenía razón. Cuando abrió la puerta, un grupo de más de una docena de personas estaba apelotonada en la entrada. A Kaoru casi se le cayó el bokken al suelo de la impresión cuando le preguntaron por las clases de kendo.
—Hay más de quince personas —dijo al terminar de contar a los que tenía más cerca. Los que estaban detrás no podía contabilizarlos con seguridad—. ¡Esto es genial! ¡Por fin la escuela va a renacer! —exclamó Kaoru emocionada.
—No vayas tan rápido… —murmuró Kenshin, pero Kaoru le escuchó y le miró sin comprender. El repentino interés por la Escuela Kamiya cuando llevaba una semana allí sin que un alma se dignara a presentarse, no podía atender a otra cosa que no fuese la pelea que tuvo el día anterior en plena calle—. Escuchad. Si habéis venido porque presenciasteis la pelea de ayer con la policía, me temo que hay una confusión. No pertenezco a esta escuela —les informó con sinceridad—. Ni doy clases del estilo Kamiya, ni voy a tomar ningún discípulo al que enseñar mi técnica. Por tanto, será mejor que os marchéis.
Esta vez, sí se le cayó el bokken al suelo a Kaoru. En menos de diez segundos, en el patio no quedaba nadie. Ante el estado de estupefacción de la joven kendoka, Kenshin decidió que era una buena estrategia hacer lo mismo que esos chicos: desaparecer. Seguro que había alguna tarea por la casa para hacer.
—Creo que me voy a dar un baño —pensó mejor. Si se ponía a hacer alguna tarea, Kaoru podría alcanzarle cuando saliera del estado catatónico en el que había entrado. Pero si estaba en el baño, estaría encerrado y seguro sabiendo que la chica no entraría allí. Se daría un baño muy largo con toda intención de salir cuando estuviera seguro de que se le habría pasado el cabreo.
Porque sabía que se iba a enfadar muchísimo.
—¡¿Se puede saber qué demonios has hecho?! —gritó una muy exaltada Kaoru a su espalda antes de lo esperado y, para cuando se pudo dar cuenta, Kaoru le increpaba agarrándole de la ropa en una actitud amenazante clara—. ¡Por tu culpa se han ido todos!
—Pero yo no voy a enseñarles mi técnica —se defendió él. Kaoru estaba que rabiaba y a Kenshin empezó a darle miedo.
—¡Esa no es excusa para haberles dicho que se vayan! —Kaoru le zarandeó con mucha fuerza. Esa chica tenía una energía impresionante.
—No es cierto. —Porque era la verdad—. Sólo les he dicho que si vinieron por lo de ayer, se marcharan.
Acabar tirado en el suelo por una furibunda Kaoru se lo tenía merecido por listo. La joven estaba que echaba fuego y él se había hecho el gracioso matizando la situación.
El problema real vino al no saber que Kaoru estaría enfadada durante gran parte del día. No perdía tiempo para recriminarle el haber ahuyentado a todos esos potenciales alumnos.
—Pero señorita Kaoru, no habría ganado nada mintiéndoles —seguía excusándose Kenshin por el camino hacia una de las escuelas donde impartía clases Kaoru.
—¡Eran más de quince! —continuaba reprochando—. Si no les hubieras espantado ahora tendría un montón de alumnos.
—Esa gente realmente no estaba interesada en el kendo —comentó Kenshin con tranquilidad—. Sólo estaban deslumbrados por lo de ayer. Pero en pocos meses, les habría perdido a todos y estaría en las mismas. Debe ser paciente y esperar a que lleguen discípulos de verdad.
—¡Pero me veo obligada a impartir mi técnica en otras escuelas! —se quejó Kaoru. Estaba muy disgustada con ese arreglo. Ella tenía una escuela propia y no podía enseñar su técnica en su dojo. Tenía que ir a otros dojos para mantenerse porque nadie quería regresar al suyo.
—Míralo por el lado positivo: no pierdes la práctica —añadió divertido Kenshin. Ella se giró y le fulminó por el comentario.
—¡Tampoco la perdería si entrenases conmigo! —recriminó Kaoru para interés de todo Tokio, en general.
Kenshin suspiró otra vez. Llevaba medio día así, gritando sin control a cada momento que le surgía. No había forma de tratar con ella cuando se enfadaba tanto. No entendía cómo alguien tenía la energía para aguantar tantas horas en ese estado. Debería estar agotada. Pero daba igual si intentaba zanjar el tema por un lado: ella lo abría por otro.
—No soy bueno con la espada de madera…
Pero Kenshin dejó de hablar cuando alguien se acercó por su espalda y se chocó contra él. Según le franqueó, Kaoru se le echó encima.
—¡Eh! ¡Alto ahí, granuja! —La chica le inmovilizó en cuestión de segundos y cogió lo que llevaba en su mano—. Este ladronzuelo te ha robado la bolsa.
El niño se removió del agarre de Kaoru y la increpó en cuanto pudo moverse.
—¡Suéltame, bruja!
Kenshin se abstuvo de silbar por lo bajo ante el improperio. Kaoru estaba que escupía fuego por la boca como para encima meterse con ella. Y por supuesto, todo el cabreo acumulado se concentró en el chico.
Kenshin no pudo hacer otra cosa que mirarles de hito en hito mientras se decían cosas a cada cual peores. El ladronzuelo tenía tan mal genio como Kaoru.
—Chicos… —Le ignoraron por completo—. ¿Chicos? —volvió a intentar.
—¡Cállate, maldito crío! —gritó Kaoru al niño cuando éste se metió con su aspecto físico—. En Tokio me llaman «la belleza kendoka».
—Lo dirán los ciegos, porque hay que serlo para decir semejante mentira.
A Kenshin se le desencajó la cara cuando escuchó eso. Se había pasado tres pueblos el chaval. Quizás «la belleza kendoka» era exagerar, pero Kaoru era una mujer agraciada. Estaba muy lejos de los «elocuentes descalificativos» del chico.
Y por supuesto, Kenshin tuvo que intervenir para evitar que el muchacho se llevara una soberana paliza de parte de la autodenominada «belleza kendoka». Kenshin le quitó su bolsa a Kaoru y, cogiendo la mano del chico, la depositó en ella.
—¿Qué haces? —inquirió Kaoru al ver a Kenshin poner su dinero en las manos del ladronzuelo.
—Lo robado, robado está —dijo serenamente—. Toma, pequeño, y asegúrate de que la próxima vez no te pillen. —Kenshin se levantó y cogió el morral de entrenamiento de Kaoru—. Vámonos —le instó a Kaoru.
—Pero Kenshin, no puedes darle tu dinero a ese ladronzuelo —se quejó molesta Kaoru yendo tras él.
—No tiene importancia, señori… —La mencionada bolsa le golpeó de lleno en la cabeza.
—¡No soy pequeño! —exclamó el chico a su espalda indignado—. Soy Yahiko Myojin, descendiente de samuráis de Tokio —siguió diciendo el niño dejando patente su origen—. No necesito tu caridad. Te he robado la bolsa para reírme de ti porque vas por ahí dándote aires paseando con esa espada. ¡No soy un ladrón, idiota!
Kenshin supo que había herido su orgullo y no pudo evitar pensar lo diferente que sería su vida si hubiera nacido un par de décadas atrás. Pero en la era Meiji los samuráis habían perdido su estatus privilegiado. Toda una estirpe de guerreros honorables que no tenían un verdadero lugar en el mundo.
—Está bien, pequeño…
—¡Que no soy pequeño! —le interrumpió Yahiko de malas maneras.
—Tienes razón, es evidente que has crecido rápido —le dijo en cambio Kenshin con una sonrisa amable—. Perdona por haberte ofendido.
El chico se marchó refunfuñando y les dejó a Kaoru y a él en medio del puente. Kenshin miró la bolsa de la discordia que ahora volvía a estar en su poder.
—Menudo mocoso —protestó Kaoru mirando el lugar por dónde se iba el niño.
—¿Qué opina: arrogancia o sentido del honor? —preguntó divertido Kenshin.
—Lo único que veo es un niño cabezota y gruñón. —El humor de Kaoru no había cambiado, pero al menos pudo comprobar que ya no iba dirigido a él.
Retomaron su camino hacia el dojo donde debía impartir clases Kaoru esa tarde.
—Pues yo creo que el chico tiene madera de samurái.
—¡Lo que tiene es madera de malcriado!
Sí, definitivamente, Kaoru seguía enfadada pero al menos ya no lo estaba con él. Se separaron cerca del lugar de entrenamiento y Kenshin se encaminó hacia el mercado. Quería aprovechar a comprar algo de arroz para que no se le juntara una compra de víveres grande la próxima vez. Kaoru tendía a esperar a que se le agotara la despensa para ir a comprar todo de una vez, lo cual conllevaba que regresara a casa cargado hasta arriba. Kaoru podría ser una gran kendoka pero no sabía gestionar un hogar de forma eficiente. No había que ser muy listo para ver que nadie le había enseñado. Kaoru le había contado que su madre había muerto cuando era una niña; era obvio que no le habían enseñado a realizar las tareas domésticas propias de una mujer.
Se tomó la tarde con tranquilidad. Le vino bien ese rato de soledad para despejarse. Había tenido un día ajetreado desde bien temprana la mañana con Kaoru crispada de los nervios. Esperaba que el entrenamiento con los chicos de hoy la hiciera desquitarse del mal genio que se había gastado ese día. Kenshin no pudo evitar reír al recordar la actitud de Kaoru. Era la mujer más impulsiva que había conocido nunca y eso le divertía bastante.
Puesto que Kaoru iba a llegar pronto ese día, Kenshin se dispuso a prepararle un baño en cuanto llegó a casa de su paseo. Guardó el saco de arroz en la despensa, llenó de agua la tina y calentó el agua.
Mas llegó la hora en la que supuestamente Kaoru iba a regresar pero no apareció. Cuando pasaron veinte minutos de la hora, Kenshin empezó a preocuparse. Kaoru le había dicho que iría directamente a casa y él le había prometido tenerle preparado el baño para entonces. Pero ella no terminaba de llegar.
Kenshin metió otro leño en el hueco para que el fuego siguiera activo y mantuviera el agua caliente, y en ese momento, Kaoru por fin llegó.
Y lo hizo bastante alterada. Había venido corriendo todo el camino y estaba muy sudada. Por un instante, pensó que alguien la perseguía, pero tras mirar tras ella por si aparecía alguien, se dio cuenta de que allí no había nadie.
—¿Qué ha sucedido? —se preocupó él.
—Se lo han llevado. —Jadeaba sin control y a Kenshin le costó entenderla—. Al chico… —siguió diciendo, pero aunque por fin comprendió sus palabras, no conseguía darles significado.
—¿De qué está hablando? —Kaoru inspiró profundo intentando recobrar el aliento.
—Del ladronzuelo.
—¿El niño de esta tarde? —Kaoru asintió—. ¿Quién se lo ha llevado?
—Les seguí hasta una casa. Allí vive una banda: el grupo Kanto Shuei. —Kaoru le indicó cómo encontrar el lugar mientras se iba recomponiendo de la carrera—. Kenshin, tienes que ayudarle.
—Tranquila —intentó calmarla él. Kaoru estaba muy alterada.
—Había muchos hombres allí.
Kenshin entendió lo que esas palabras escondían y dio gracias a Dios por meterle sensatez en la cabeza y que no se le ocurriera enfrentarse sola a una banda. Teniendo en cuenta que se había atrevido a batirse con un supuesto Battosai, se esperaba cualquier cosa de ella.
Pero había conseguido meterle sentido común en la cabeza y esta vez, parecía haber considerado sus fuerzas con las de su oponente, como bien le dijo Kenshin el primer día que la conoció.
—Tranquila —repitió impregnando a su voz una gran serenidad. Necesitaba que Kaoru se relajara antes de marcharse de allí—. Voy ahora a por el chico, tú quédate aquí. Tienes el baño listo —le dijo con una sonrisa—. No querrás desperdiciarlo…
—Pero…
—Volveré con él, no te preocupes —prometió Kenshin—. Disfruta del baño —dijo mientras salía por la puerta.
Aunque Kaoru le había indicado cómo llegar al lugar donde retenían al chico, no le resultó tan fácil encontrarlo. En el patio se encontraban una docena de hombres. ¿Cuántas bandas había en Tokio que en sólo una semana ya se había encontrado a dos?
—Dejadme pasar; sólo he venido a por el niño —expuso a los hombres que allí había, pero no se tomaron su petición a bien. Por supuesto, aquello supuso unos cuantos huesos rotos para esos maleantes cuando éstos intentaron echarse sobre él.
En cuanto dejó inconsciente al último, entró en la casa sin demora. Sólo tuvo que guiarse por los gritos para localizarles.
No se entretuvo en llamar.
De una patada, tiró abajo la puerta llevándose por delante al hombre que estaba hostigando a Yahiko. Sangraba por la boca y tenía la ropa también manchada con ella, pero aparte de los aparentes golpes que le habían propinado, parecía estar de una pieza.
—¿Quién eres tú? —preguntó sorprendido un viejo al otro lado de la habitación—. ¿Y cómo has entrado hasta aquí? ¡Todo el mundo a por él! —gritó queriendo avisar a su hombres para que se acercaran allí.
—Es inútil que les llames —le informó pacientemente Kenshin—. Como no me dejaron pasar por las buenas, he tenido que hacer limpieza ahí fuera.
—No es cierto… —susurró con incredulidad—. ¿Quién demonios eres?
—Soy Kenshin Himura, y sólo he venido para llevarme al chico.
—¡Que te crees tú eso! —gritó el hombre al que había abatido con la puerta—. ¡Os mataré a los dos!
Kenshin le dio un golpe en la mandíbula con la empuñadura de su espada cuando ese hombre tuvo la osadía de acercársele por la espalda.
—No he terminado de hablar. Es de mala educación interrumpir —le reprochó Kenshin mirando al hombre con la cabeza incrustada en los tablones del techo.
Kenshin volvió a prestar atención al viejo que se encontraba temblando contra la pared. El semblante de Kenshin cambió por completo y habló con una amenaza velada. Se llevaría al chico de allí y no pensaba perder el tiempo discutiendo.
—A partir de ahora, el chico está a mi cargo —le informó con la voz más gélida que encontró—. Seguro que estará de acuerdo conmigo en que eso es mejor que quedarse sin sus hombres.
Si el anciano antes temblaba, ahora se añadía a su rostro un color blanco mortecino. El hombre estaba aterrado, y bien se lo merecía por aprovecharse de un pobre crío.
—Es… es tuyo —gimoteó finalmente—. ¡Llévatelo!
—Muchas gracias —contestó irónico. Se dirigió hacia Yahiko y le tendió la mano para ayudarle a levantarse—. ¿Te encuentras bien? Siento haber tardado en llegar.
Yahiko rechazó el gesto y le golpeó la mano ofrecida.
—¡¿Quién te ha pedido ayuda?! —recriminó con un gruñido—. ¡Podía yo solo!
Kenshin le miró con cierta sorpresa por la reacción que había tenido, pero pronto compuso una sonrisa en su cara. Ahí estaba de nuevo el orgullo herido de su sangre guerrera.
—Tienes razón —le siguió la corriente—. Otra vez te he vuelto a tomar por un niño. —Kenshin se levantó y, cogiéndole del gi, se lo echó a la espalda—. Así que para que me perdones, te curaré las heridas en compensación.
Mientras pasaba por encima de los hombres que había dejado tirados en el suelo, se generó un pequeño alboroto en el salón que dejaba atrás. Sin embargo, nadie le siguió y su camino de vuelta a casa fue tranquilo.
—¡Rayos! —mascullaba el chico una y otra vez—. ¡Rayos!
Kenshin dejó que el niño se quejara mientras libraba su batalla interior. Yahiko quería poder hacer frente a las adversidades, pero desgraciadamente, por mucho que lo dijera en alto no cambiaría la verdad: que todavía era un niño.
—¿Te sientes impotente? —le preguntó cuando le sintió llorar.
—Quiero hacerme fuerte y poder defenderme por mí mismo —sollozó—. Quiero poder defender el honor de mi familia.
—Entiendo. —Porque lo entendía. El chico era huérfano y demasiado pequeño para defenderse en un mundo de adultos sin escrúpulos.
No dijeron nada más en todo el camino de vuelta, pero Yahiko no volvió a protestar acerca de su destino. Cuando abrió la puerta de la Escuela Kamiya, Kaoru se encontraba de pie en el patio vestida como si fuese a salir a la calle.
—Me lo imaginaba —agregó sin más—. Está herido; tenemos que ir al hospital a que le curen.
—Parece más grave de lo que es. —Yahiko estaba golpeado, pero durante el trayecto no se había quejado de dolor—. Un buen baño le dejará como nuevo. —Con un suave gesto, Kenshin puso al muchacho delante de Kaoru—. Yahiko, ella es Kaoru Kamiya, maestro ayudante de la Escuela del Espíritu Vivo. A partir de ahora, será tu maestra.
Yahiko giró la cabeza hacia atrás para mirar a Kenshin horrorizado y luego volvió su vista a una perpleja Kaoru.
—¡Ni lo sueñes! —gritó exaltado—. No pienso dejar que esta bruja me enseñe kendo.
—¡Ni yo pienso tenerte como discípulo, mocoso! —contraatacó Kaoru.
—Haya paz… —intercedió divertido Kenshin al ver que los dos se echaban los trastos a la cabeza. Le puso una mano en el hombro a Yahiko para llamar su atención—. Ahora, todo depende de ti. Aprende la técnica Kamiya y hazte fuerte.
Yahiko resopló no muy convencido.
—¿Aprender de una chica? —cuestionó el niño mordaz.
—¡Escúchame, renacuajo! ¡Esta chica es más que capaz de darte una lección! —Kaoru cogió a Yahiko por la ropa y le zarandeó sin ningún cuidado.
—¡¿Tú y cuántas más?! —replicó con arrogancia.
Kenshin se quedó atónito viendo cómo se peleaban. Eran incansables. Kaoru debería estar exhausta después del día que había tenido, y a ese crío le habían molido a palos. Deberían estar tirándose encima del primer futón que vieran para dormir y no enzarzados en una batalla campal.
—Esto… chicos… —dijo con un hilo de voz ante la incredulidad por la escena—. ¿No creéis que sería mejor llamar a un médico?
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Notas finales:
Aunque creo que subiré algún otro capítulo antes de Navidad (o quizás, por Navidad XD), os voy deseando ¡Felices Fiestas! Disfrutad de ellas con vuestros seres queridos :-D
PD: Este fic lo ideé con la intención de «descubrir» en qué punto del manga podría haberse enamorado Kenshin de Kaoru (o en su defecto, darse cuenta de ello). Pues bien, la «gracia» ( ¬_¬º ) de que mi mente tienda a correr lejos del momento actual, ¡es que creo que ya lo sé! O_O Habrá que indagar para saber si Kenshin llega a ese punto con la predisposición de darse cuenta de ello o dejarlo para más adelante, ¡pero tiene cierta lógica! (al menos, para mí la tiene, que para algo me lo ha soltado el subconsciente, jajaja). Pero no sé. El momento es tan… ¿raro? No, raro, no (que ya he dicho que tiene su lógica). Es que nunca había considerado esa escena para ello, no me lo esperaba ahí o_O . En fin, habrá que seguir a ver si se confirma o sólo fue un flash que me dio XD . Esas cosas me suelen pasar, como mi mente tiende a avanzarme escenas a las que no he llegado, luego esas escenas no siempre existen una vez llegado a ese punto. Porque una vez llegado, los personajes te piden otra cosa que no algo que te vino en frío en un momento dado.
Ya veremos cómo termina la cosa, que aún que falta mucho para llegar allí XD
¡Felices Fiestas, chicas! :-D
