Capítulo 4: Un nuevo inicio para la Escuela del Espíritu Vivo
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Notas de la autora:
Técnicamente, este capítulo debería haber ido unido al anterior, porque en los dos capítulos Kenshin sale bastante poco. Son más de presentación del personaje de Yahiko. Pero me lío a meterme en los pensamientos de Kenshin y me enredo sola »_«
El caso es que al ser cortitos, los hago en un momento, así que es fácil encontrar un rato para ellos y por eso han salido dos de forma rápida. ¡Hay que ir adelantando!
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Comentarios a los reviews:
Kaoruca: En cuanto a los capítulos, ya ves que voy siguiendo el manga. Como comenté, el primer arco va a ir casi entero. Y bueno, tú disfruta de tus vacaciones; si no puedes leer los capítulos que se vayan subiendo, ya lo harás cuando vuelvas ;-)
Rogue: ¡Gracias! Me alegra que te hayan gustado los diseños de las portadas de mis fics… La verdad es que ahora que lo dices, podría ponerlos como portaditas de los fics, para que no se vean todos con mi avatar (aunque es la portada de «Un final alternativo» ^_^º).
Sobre tu comentario a mis personalizaciones de la trama, como te dije por MP, yo sigo el manga y sólo me salgo de él para dar fluidez a las escenas. Por ejemplo, el capítulo anterior era muy brusco el empiece, que si bien para un manga vale, para una escena de novela no. El manga empieza con un montón de gente en el patio de Kaoru y ella vestida de entrenamiento contándoles. ¿Por qué Kaoru estaba vestida así? ¿Y qué hizo la gente: quedar todos a una hora para estar en el dojo a la vez? Así que yo empecé un poco antes, donde Kaoru estaba entrenando de por sí y Kenshin nota que se está acumulando gente en la entrada.
Es decir, sólo me salgo del manga para ese tipo de cosas (y adentrarme en la mente de Kenshin, obvio, jijiji). Y como dije, me baso en el manga, no en el anime, por eso, a los que no han leído el manga les chocará que Kaoru no fuera la que rescatara a Yahiko, pero en el manga, ella no lo hace. Es Kenshin el que va a por él.
De la actitud de Kenshin frente a los arrebatos de Kaoru estoy de acuerdo contigo. Si no le pareciesen divertidos, Kenshin habría acabado hasta las narices de ellos. Puesto que acaba enamorado de ella, es evidente que su postura hacia ellos es que le parecen entretenidos. Por eso lo estoy reflejando así, tomándoselos con buen humor.
Kaory: Son los primeros capítulos, claro que parece que no hay un avance significativo en la relación de KK. Pero fíjate en que pongo parece. No lo parece porque están en una fase muy temprana de su relación, pero en estos capítulos cada uno está conociendo actitudes del otro que luego les llevará a querer al otro. No se van a enamorar de la nada. Por eso para mí el arco de Tokio es tan importante y voy casi a meterlo entero. Porque es donde se cimenta la relación de ellos.
Galatea: Intentaré avanzar en la historia lo más rápido que pueda porque soy consciente de que va a ser un fic largo. Pero aún queda mucho hasta llegar al punto en que Kenshin es consciente de que quiere a Kaoru.
¡Gracias a todas por los reviews! Espero que os guste el nuevo capítulo :-D
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Capítulo 4: Un nuevo inicio para la Escuela del Espíritu Vivo
Yahiko tardó una semana en recuperarse lo suficiente para empezar con las clases de kendo. El problema vino por el choque de caracteres entre el niño y Kaoru. El respeto que tenía el chico por su maestra dejaba bastante que desear. Tenía una facilidad pasmosa para sacar a Kaoru de sus casillas por mucho empeño que pusiera en enseñarle.
Por supuesto, Kenshin era consciente de que ella era maestra, pero nunca la había visto ejerciendo de ello. Cuando Yahiko lo permitía, Kaoru le explicaba los fundamentos de la espada de forma clara y concisa. Su método era mucho más agradable que el de su propio maestro, como pudo comprobar. Las técnicas de Seijuro pasaban por decirle lo que iba a hacer y sentirlas en sus propias carnes. Desde luego, era un método muy eficiente para conseguir aprender la técnica, pues cuanto antes se comprendiera, antes se podría evitar sufrirla. Pero sin duda, era mucho más doloroso que la forma en que enseñaba Kaoru.
—Yahiko, ¡otra vez lo estás cogiendo mal! —le corrigió Kaoru un poco nerviosa ya. El chico no prestaba la atención debida y por eso Kaoru acababa teniendo que señalar los errores cada poco tiempo.
Precisamente el ser más agradable a la hora de enseñar, en este caso, estaba siendo un perjuicio. Yahiko no mostraba el respeto suficiente por su maestra. Era evidente que Kaoru no se había enfrentado hasta ahora contra un alumno que dudara de su capacidad para enseñar, básicamente, porque cualquier persona que llegaba a su dojo para aprender kendo lo hacía ya con la predisposición de que Kaoru le enseñara. Pero Yahiko había aterrizado allí semiobligado y Kaoru no sabía manejarle.
—¡Tú sí que no tienes ni idea, bruja! —espetó el chico crispado.
O al menos, no sabía hacerlo con sutileza. Yahiko se llevó un buen golpe de la maestra «que no tenía ni idea de kendo». Kaoru recurría a la violencia para corregir el carácter insubordinado del niño.
—¡No vuelvas a llamarme así! —le gritó ella furiosa—. ¡Como vuelvas a hacerlo, te mato! —le amenazó apuntándole con el bokken.
Si por un casual, Kenshin hubiera pensado que lo del primer día en que se conocieron fue casualidad, había tenido una semana para comprobar que no. Ambos tenían una vitalidad que le ponía los pelos de punta. Eran incansables. Se pasaban el día en una pelea constante e interminable. Él estaba seguro de que comía la misma comida que ellos, especialmente, porque era él quien cocinaba. Así que no entendía de dónde salía ese extra de energía que derrochaban por todos los poros.
—¡Ja! —se mofó el chico—. ¡Empieza si te atreves!
En vez de volver a atizarle, Kaoru se giró hacia Kenshin mientras señalaba a Yahiko.
—¡Dile que tengo razón! —exigió ella metiéndole en la bronca. Kenshin no pudo hacer otra cosa que sonreír tontamente—. ¡Es un maleducado que tiene que aprender modales!
Yahiko se envaró y se enfrentó a Kaoru.
—Yo quiero aprender kendo para hacerme fuerte, no para que me enseñe una loca como tú. —Y ahora fue el chico el que se giró hacia Kenshin—. Por favor, enséñame tu técnica.
—No pienso transmitir mi técnica —negó a ultranza, y siguió más conciliador—: Yahiko, puedes hacerte fuerte aprendiendo la técnica que protege la vida. —Los dos jóvenes se miraron enfrentados—. Sólo tienes que hacer más caso a tu… ¿me escuchas? —preguntó cuando los dos volvieron a enzarzarse en una pelea a golpe limpio.
Kenshin resopló. No había manera. Había intentado interceder en pro de Kaoru para intentar relajar la animosidad que tenía Yahiko contra ella en su función de maestra. Pero veía que era inútil. Por muchas palabras que se utilizaran, no conseguiría hacérselo entender si no lo sentía.
Kaoru tendría que buscar la manera de hacerse merecedora de la confianza de Yahiko para hacerse fuerte. Hasta ese día, los esfuerzos de Kaoru por enseñarle serían infructuosos, pues el chico nunca haría caso de sus enseñanzas.
Kenshin se levantó de su sitio y dejó que se las arreglaran solos. Tenían que limar las asperezas por sí mismos, de modo que no volvería a interceder hasta que se les pasara esa fase de enfrentamiento que tenían.
Recordaba desde el día anterior que en la despensa empezaban a escasear algunos víveres. Como no habían contado con Yahiko, las provisiones se les habían agotado antes de lo previsto. Echó un vistazo mientras seguía oyéndoles gritar. Además de energía, tenían unos buenos pulmones. Memorizó lo que había que comprar y, cogiendo algunas monedas del dinero familiar, se marchó tranquilamente rumbo al mercado.
Todavía se les oía un par de calles más lejos de la casa.
Kenshin suspiró resignado. Le había parecido una buena idea que Yahiko aprendiera la técnica de Kaoru. Era evidente que ella necesitaba un discípulo, del mismo modo que el chico necesitaba que le inculcaran algo de disciplina y un buen entrenamiento si pretendía hacerse fuerte.
Pero no se había esperado aquello. Aunque a ratos le divertían con sus arranques de furia, sabía que esa situación no podría alargarse indefinidamente. No terminaban de congeniar y si Yahiko no empezaba a poner de su parte, era evidente que acabaría marchándose de allí por la frustración. Sabía que Kaoru nunca le echaría, siempre demasiado generosa incluso con los que la incordiaban, pero el niño optaría por buscarse otro sitio intentando alcanzar sus metas.
Pensar esa posibilidad le dio cierta pena a Kenshin. El niño no era capaz de ver que tenía su objetivo delante de sus narices. Nunca conseguiría otra oportunidad como la que se le brindaba: un hogar y una maestra que se esforzaría por él.
No le llevó mucho rato hacer las compras de lo que necesitaba y pronto había puesto rumbo al dojo. Esperaba de verdad que se hubieran calmado los humos durante su ausencia. De modo que cuando estando cerca de la escuela oyó un potente ruido con el inconfundible sonido de una pared derribada, Kenshin se quedó pasmado.
Cuando llegó a la puerta de la casa, Kenshin alcanzó un nuevo nivel de incredulidad. Había un montón de hombres en el patio e iban armados con un cañón de madera.
No podía dar crédito a lo que veía. ¿Otra banda? Aquello no era normal. Iba a grupo de delincuentes por semana. Empezaba a estar cansado de las malditas bandas de Tokio. La ciudad parecía estar plagada de matones, y él, destinado a hacer limpieza.
—¡Basta ya de estupideces! —gritó Yahiko y le propinó una patada en la cara a uno de los hombres—. ¡Yo no estoy hecho de la misma madera que esos dos imbéciles! ¡No dejaré que cargues con toda la culpa! —le dijo a una Kaoru asombrada.
—¡Maldito crío! —escupió el hombre limpiándose la boca—. ¡Te voy a destrozar!
—«Destrozar» es una palabra un poco fuerte, ¿no crees? —habló al fin Kenshin desde la puerta de la casa. Nadie se había dado cuenta de que había llegado hasta que les hizo notar su presencia.
—¡Kenshin! —se alegró de verle Yahiko.
—Parece que tenéis algo contra esos dos chicos —empezó a decir mirando a los dos jóvenes que se escondían tras Kaoru. Era una actitud más que reprobable el que dos hombres se escondieran detrás de una mujer, pero decidió no entrar en ello—. Pero creo que el uso de un cañón de madera es excesivo para lo que sea que hayan hecho. —Kenshin dejó los canastos con la comida en el suelo—. Así que ya podéis dejar de hacer esto y largaros.
El hombre que había sido golpeado por Yahiko se puso de pie furioso.
—¡Cállate! —gritó acercándose al cañón—. ¿Pero quién demonios te crees que eres?
Uno de sus secuaces se acercó a él.
—¡Espera, Hachisuka! —Le cogió de los brazos intentando detenerle—. ¡Es él! ¡El vagabundo que venció a la policía armada él solo!
—¡Idiota! ¡Tenemos un cañón! ¡No tenemos nada que temer de ese simple vagabundo! —El hombre apuntó hacia Kenshin—. ¡Cargadlo! —ordenó a nadie en particular y varios hombres se dispusieron a hacerlo—. ¡Fuego!
Una bala de barro se dirigió a gran velocidad hacia él, pero sacando rápidamente su espada, cortó el proyectil en dos incrustándose las partes en la pared exterior de la casa.
Giró su espada hacia los espantados secuaces y les apuntó.
—El filo de esta espada puede cortar cualquier cosa menos a un hombre —les advirtió con toda la intención de intimidarles—. Si no queréis probarla, marchaos de una vez.
Todos los hombres se escabulleron diligentemente sin mediar palabra. En pocos minutos, los únicos rastros de que hubiera habido una pelea era la pared destrozada. Kenshin se agachó y cogió un trozo de madera caído. Al día siguiente buscaría a esa chusma y haría que pagaran los desperfectos. Kaoru no tenía una economía holgada precisamente como para tener encima que pagar los estropicios de lunáticos.
—¿Qué ha sucedido? —preguntó Kenshin con curiosidad. Aún seguía sorprendiéndole que se hubieran metido en esa batalla en el poco rato que había estado en el centro de la ciudad. Pero como bien suponía, la culpa no la tenía ninguno de los integrantes de la Escuela Kamiya.
—Estos dos —comenzó Yahiko señalando con desprecio a los dos jóvenes arrodillados en el camino de entrada—, bebieron más de la cuenta y decidieron molestar a unos miembros del grupo Hishi Manji Gurentai. Y cuando vieron que no podían defenderse contra ellos, vinieron a esconderse a las faldas de Kaoru.
El menosprecio por esos dos muchachos era más que patente. Ninguno de los dos se atrevió a replicar y Kaoru no era capaz de levantar la vista del suelo.
—Debería daros vergüenza —recriminó Yahiko fulminándoles—. Ibais a dejar que Kaoru asumiera la culpabilidad de vuestros actos. ¿Qué clase de hombres sois? —Los chicos bajaron aún más la cabeza.
En opinión de Kenshin, era bastante humillante que un niño cuestionara la hombría de alguien más mayor, pero en vista de las circunstancias, se lo tenían merecido. Aunque Kaoru fuese más diestra peleando con el bokken que esos muchachos, no deberían haberla inmiscuido en sus problemas, más cuando eran ellos los que lo habían originado.
Miró a Kaoru que seguía con la vista fija en el suelo. Tenía los puños cerrados y Kenshin supo que se estaba conteniendo para no echarse a llorar. No entendía que estuviera afligida; aunque se responsabilizara, no tenía la culpa de las acciones de los demás.
—Así que eso es lo que ha pasado en mi ausencia. —Kenshin miró a los chicos con reproche—. Podéis iros, pero a partir de ahora, haced como que nunca habéis sido alumnos de esta escuela. Y jamás volváis a coger una espada de madera.
Ambos jóvenes asintieron y, casi sin despedirte, se dirigieron a la puerta.
—Hira —le llamó Kaoru antes de que salieran—, no te olvides de pasar por el médico para que te mire el hombro.
Kaoru no se había girado para verle. Estaba de espaldas a ellos cuando lo dijo, pero aunque su voz había salido entera, Kenshin sabía que le había costado conseguirlo. Fue hasta ella y le puso un brazo en el hombro para reconfortarla.
—No se desanime, señorita Kaoru —la consoló con voz suave intentando que no se derrumbara, pero finalmente, Kaoru acabó llorando—. Puede hacer su mejor intento de enseñar el camino correcto, pero no siempre conseguirá su objetivo.
—Deja de lloriquear. No pareces tú misma —le interrumpió Yahiko pasando por su lado—. No te preocupes, Kaoru. Yo no seré como ellos; seré tu discípulo —declaró el chico con contundencia—. Puede que no pueda hacerme tan fuerte como Kenshin en poco tiempo, pero de momento, con tu técnica me basta.
Y el niño caminó hacia el dojo con paso decidido. Kaoru había dejado de llorar mirando perpleja la espalda de Yahiko y Kenshin no pudo evitar sonreír.
—Pero de todas formas, ya ve que hay gente que sí responde a su integridad —terminó diciendo divertido.
Porque esa pelea en el patio había conseguido solucionar lo que se había estado temiendo en su paseo al mercado. Yahiko acababa de encontrar en ella un modelo de conducta a seguir que respetar, y con ello, Kaoru se había ganado la confianza del chico.
Yahiko se giró molesto al ver que Kaoru no le seguía.
—¿Qué haces ahí parada? —cuestionó el niño de malos modos—. ¡Quiero hacerme fuerte! No tengo tiempo que perder, ¡vamos a entrenar! —exigió él volviendo a retomar el camino hacia el dojo.
Kaoru se envaró por las palabras del chico y le siguió recriminando en alto su actitud. Kenshin suspiró al ver que iniciaban una nueva discusión, pero tras ello, sonrió: como bien sabía, aquella pelea no sería como las anteriores.
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Notas finales:
Bueeeeno, espero que no me lleve muchos días ir encontrando ratitos para hacer el próximo capítulo. Sospecho que será algo largo porque es la entrada en escena de Sanosuke. Además, juntaré los dos actos, así que de por sí, ya iba a ser más largo el capítulo.
Reconozco que tengo ganas de meterme con él XD . En mi género, las autoras tienden a evitar escribir escenas de combates —me refiero a las que no incluyen poderes sobrenaturales—, así que me va a servir para practicar el redactar escenas de lucha. La de Sanosuke es la primera batalla que aparece en el manga con una duración superior a dos viñetas ^_^º , así que a ver qué tal sale la cosa ^_^º
Y aunque me repita como el ajo, ¡Felices Fiestas!
