Capítulo 5: Sanosuke Sagara, un espíritu combativo

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Notas de la autora:

Siento el retraso pero me he liado con más cosas de las previstas durante estas fiestas: subida de novedades, boletín quincenal, planeamiento de actividades para el año que viene en mi foro, un juego de rol de pruebas con los amigos para Nochevieja y la corrección de mi novela que me absorbió por completo o_O (me queda ya sólo el final, ¡yupyyyy!).

Como podéis imaginar, muchas de esas cosas ya están hechas así que ya no me van a entretener ^_^º , de modo que tendré más tiempo para el fic. De momento, os puedo decir que el reto de escritura de mi foro este mes es de 25.000 palabras (que ya no hay fiestas, jiusjius), y supongo que como el mes pasado, casi todas recaerán en el fic, jijiji. Así que iré más rápido ahora subiendo capítulos.

El capítulo de hoy es cortito porque sólo abarca la entrada en escena de Sanosuke. En el manga, su aparición ocupa 4 actos. El primero es el que subo ahora y los otros tres, son ya la pelea entre Sanosuke y Kenshin. En principio había pensado hacer dos y dos, pero creo que queda mejor si la pelea queda junta en un mismo capítulo ^_^º (y de paso, voy subiendo algo que llevo dos semanas sin subir nada »_« ).

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Comentarios a los reviews:

Kaoruca: A mí también me gusta el capítulo de Kaoru y Yahiko por lo que dices. Es el momento en que Kaoru se gana el respeto de su discípulo insubordinado. Me preocupaba no reflejarlo bien al estar Kenshin fuera de casa casi todo el tiempo y ser su perspectiva la que se cuenta. Pero bueno, me gustó cómo quedó con la «incorporación personal» que hice sobre sus pensamientos ^_^º.

Kaory: ¡Síííí! Ésa es la idea, jajajaja. Que leáis el capítulo y podáis visualizar el manga en vuestra cabeza. Piensa que un manga no es como una novela normal, se pierde mucha descripción de escenario porque es sólo el diálogo y, la ambientación, la ves dibujada. Es un formato en el que la acción transcurre en pocas hojas y por eso el ritmo es muy rápido. Lees diálogo y la escenificación te la da la viñeta. Es un «ahí tienes todo puesto en cuatro viñetas». Personalmente, me supone un problema adaptar el manga a un formato de novela precisamente por eso, porque si me pongo descriptiva sobre cómo está la situación, corto el ritmo de la historia. Si te fijas, en los capítulos que estoy subiendo, cuando entro el diálogo, va todo seguido, casi sin pausa y sin poder describir mucho más allá de las acotaciones de diálogo. Cuando releo los capítulos, siempre pienso que es muy directo al grano, pero en serio que es muy difícil añadir más sin cargarte el ritmo de la escena T_T. Así que siempre me consuelo pensando en que, como ya habéis leído el manga, la escenificación ya la tenéis en vuestra cabeza, jijiji.

Sobre la relación entre los personajes, es pronto para todo, incluso para que las peleas entre Yahiko y Kaoru tengan una naturaleza más cercana. Han pasado sólo un par de semanas, poco más o menos. Esas cosas llevan su tiempo.

Linkyiwakura: Me alegra que te esté gustando el fic. Teniendo en cuenta las características de este fic, ya ves que tiene pinta de que me vais a ver mucho tiempo por aquí e_e . Qué largo es el manga, ¡madre mía! Pero lo peor es que ¡me habría encantado que lo fuera mucho más! Jajajajaja.

Gracias por los reviews, chicas. Espero que os guste el nuevo capítulo :-D

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Capítulo 5: Sanosuke Sagara, un espíritu combativo

Ahora que había llegado la primavera, tenían un pequeño respiro con la cantidad de leña que gastaban. Aun así, el invierno había sido frío y se habían quedado con las reservas bajo mínimos. Por eso, esa mañana, Kenshin había ido a entrenarse a un bosque en las afueras de la ciudad y a la vuelta se había traído una pila de leños que cortar y utilizar.

Yahiko estaba entrenando en el patio solo, haciendo sus katas, cuando Kenshin dejó el montón de leños en el suelo y se puso a cortarlos para hacerlos más adecuados a su uso en la cocina.

El chico llevaba varias semanas practicando y era evidente que iba mejorando a pasos agigantados. En cambio, su mal carácter con Kaoru seguía por el mismo camino. Parecían dos niños peleándose, pero al menos, habían sorteado el escollo de su posición como maestra y discípulo. Aunque Yahiko seguía molestando constantemente a Kaoru, ahora sí se tomaba en serio sus enseñanzas.

Y era evidente que se las tomaba en serio. Entrenaba incluso cuando no tenía sesiones con Kaoru. Su empeño por hacerse fuerte era más que patente.

Kenshin utilizó su espada para cortar los leños en fragmentos más pequeños y no había llegado a la mitad cuando Kaoru se presentó ante ellos emocionada.

—¡Mirad lo que he encontrado haciendo limpieza! —exclamó entusiasmada poniendo a la vista el pergamino enrollado que llevaba en sus manos—. Gracias a esto no tendremos que preocuparnos del dinero en una temporada.

—¿Y qué es? —preguntó Kenshin con curiosidad.

—Lo hizo mi abuelo —respondió la chica extendiendo el rollo para que lo vieran.

—Vaya… es un dibujo —comentó Kenshin con asombro.

—¡Es una pintura con tinta china! —aclaró Kaoru irritada por su ignorancia—. Mi abuelo era un artista renombrado además de un gran kendoka. Seguro que podremos sacar un buen dinero por él —dijo frotando la mejilla contra el pergamino—. ¡Gracias por dejarme tu obra, abuelo!

—Esta mujer parece un ábaco —masculló Yahiko al ver que Kaoru estaba siempre contando el dinero, y por ello acabó sufriendo en sus carnes la ira de su maestra.

Pero Kenshin entendía a Kaoru. La economía de la unidad familiar no era precisamente holgada y puesto que Kaoru era la que se ganaba un sueldo, encontraba normal que también se preocupara de ello.

—¿Te crees que puedes pegarme cuando te dé la gana? —Kenshin cogió al niño al vuelo, el cual ya se lanzaba contra Kaoru en una de sus habituales peleas.

—¡Vamos a celebrarlo en el Akabeko! —gritó al aire ella haciendo caso omiso del chico.

Estaba tan entusiasmada con la idea que Kenshin no se atrevió a hacerle ver que a pesar de ser un extra de dinero inesperado, no vendría mal ahorrarlo en vista de que la escuela seguía sin alumnos. Pero después de todas las malas situaciones que Kaoru había tenido que vivir en los últimos dos meses, no vendría mal que se mimara un poco.

De modo que permaneció en silencio y poco tiempo después los tres se encontraban en el Akabeko. Kenshin no lo había visto nunca por dentro, sólo de pasada cuando deambulaba por la ciudad. Y tampoco se esperaba que la camarera que trabajaba allí fuese amiga de Kaoru.

—¡Kaoru, bienvenida! —la saludó con entusiasmo.

—Hacía tiempo que no nos veíamos, Tae. He tenido unas semanas de locos —se excusó ella.

—No me extraña —dijo chasqueando la lengua—. Con todo el tema de Battosai…

Kaoru soltó una risa nerviosa.

—Sí, ha sido complicado —comentó deprisa, y cambió rápidamente de tema—. Lo bueno es que ya pasó y hoy me apetecía darme el capricho de tomar un sukiyaki.

—Estupendo, Kaoru. —Y acto seguido miró a las dos personas que la acompañaban y que no se habían movido desde que habían entrado. Dándose cuenta de que venían con ella, todo su lenguaje corporal cambió, como pudo comprobar Kenshin. Había pasado de un saludo amistoso a una actitud maliciosa—. ¿Vienen contigo?

—Sí —contestó Kaoru reticente ante el tono de su amiga.

—No me habías dicho nada. ¿Es tu novio? —agregó en tono cotilla y Kaoru se tensó al momento.

—¡No! —gritó enérgica… tan enérgica que incluso a Kenshin le picó un poco la tremenda rotundidad al negarlo—. Es sólo un espadachín que he conocido y que está pasando una temporada en mi casa.

Tae pareció decepcionada al ver que no tendría un chisme jugoso que rumiar en breve acerca de la vida de Kaoru.

—¡Por supuesto! —gritó un hombre que se encontraba en uno de los cubículos para comer junto a otros dos hombres dándoles un susto tremendo a los cuatro—. Para que se acepten los derechos y libertades del pueblo hay que ser mucho más radicales.

—Pero eso supondría la caída del señor Itakagi, y eso sería el fin de la libertad —replicó otro de los hombres, y Kenshin se quedó bastante sorprendido por las formas en las que discutían los hombres. No sólo por los gritos en medio de un restaurante concurrido sino por el contenido violento de sus palabras.

—Otra vez borrachos —suspiró resignada Tae—. Se pasan por aquí algunas veces, y cuando beben más de la cuenta, se ponen a gritar sin control.

—Parecen fanáticos de los derechos y libertades civiles —comentó Kenshin. Por supuesto que él era partidario de los derechos de los ciudadanos. Había participado en una guerra para conseguir que la gente no siguiera viviendo oprimida como lo había estado haciendo durante siglos. Pero la discusión de esos hombres se salía de la escala.

—No entiendo nada de lo que dicen —dijo Kaoru contrariada mientras intentaba comprender algo de lo que seguían discutiendo.

«Porque están borrachos y no se deben estar enterando ni ellos», pensó Kenshin aunque no lo dijo en alto.

—Sólo son unos borrachos —concluyó Yahiko sin darles mayor importancia.

Tae les dirigió al cubil vacío que se encontraba enfrente de los alborotadores e hicieron su pedido.

—¿Has probado alguna vez el café, Yahiko? —preguntó picajosa Kaoru. El niño, para no perder la costumbre, se molestó por el tono mordaz de su maestra.

—¡Por supuesto que sí! —se quejó.

—Es evidente que está de buen humor hoy, señorita Kaoru —sonrió Kenshin viéndola tan animada.

Y en ese momento lo sintió.

—¿Kenshin? —Acto seguido, su cabeza recibió el impacto de un objeto lanzado con fuerza desde la mesa de los borrachos—. ¡Kenshin! —gritó Kaoru acercándose a él al momento para evaluar cómo estaba.

—¡Malditos vándalos! ¿Cómo tenéis la desfachatez de discutir y tiraros cosas cuando podéis dar a alguien? —le recriminó Yahiko enfadado—. ¡Más os vale que pidáis perdón!

Los tres hombres se giraron hacia el niño y le miraron con desdén.

—¡Cállate, mocoso! —gritó el más corpulento—. Un niñato como tú no tiene derecho a meterse en los asuntos de los partidarios del pueblo.

—¡No me llaméis niñato! —gritó más furioso Yahiko y Kenshin intentó calmarle sin conseguirlo. Estaba muy cabreado—. ¡Pedid perdón, borrachos!

—¡¿Cómo te atreves a llamarnos borrachos a nosotros?! —exclamó indignado uno de los alborotadores y se alzó para acercarse hasta donde estaban ellos.

Tae se acercó apresuradamente hacia el tumulto e intentó poner orden.

—Señores, por favor. No armen un escándalo.

En cambio, se llevó un puñetazo de uno de los hombres.

—¡No te entrometas, mujerzuela!

Antes de que Kenshin pusiera hacer nada, un hombre cogió a Tae antes de que cayera al suelo. Era un hombre alto, de pelo oscuro y tez bronceada; iba vestido de blanco pero no con un traje masculino al uso… y acababa de demostrar unos buenos reflejos ante los presentes.

—Y yo que creía que los partidarios de los derechos del pueblo pretendían proteger a los más desfavorecidos —dijo el hombre chasqueando con la boca en un claro gesto de censura—. Pero es obvio que lo que predicáis sólo hace referencia a tener derecho para obrar como os da la gana, ¿no es cierto?

Aquélla era una provocación en toda regla por parte del nuevo en escena y sacó de sus casillas a los borrachos.

—¿Pero tú de qué vas? ¿Es que quieres pelea? —se envalentonó uno.

—¿Y por qué no? —aceptó al momento el hombre desconcertando a los tres borrachos que era evidente que no se lo esperaban siendo ellos un número mayor—. Normalmente soy yo el que provoca las peleas, pero no me gusta ver cómo abusan de los débiles. No hay nada que me irrite más que ver a una panda de hipócritas abusando de los débiles mientras se llenan la boca con palabras como libertad, justicia o igualdad.

—¡Te vas a enterar! —le amenazó el más corpulento—. ¡Salgamos fuera!

Un minuto después, todos los comensales del Akabeko más varios transeúntes curiosos rodeaban a dos de los combatientes. El chico nuevo se veía muy confiado de su fuerza y Kenshin presentía que guardaba más de un as en la manga. Había mostrado unos reflejos dignos de mención y se le veía muy cómodo ante una lucha contra un hombre que le superaba en altura y musculatura. Era evidente que ese hombre debía estar acostumbrado a las peleas.

—¡Qué manera de torcerse todo! —se asombró Kaoru mientras les veía en primera línea.

—Quizás sería mejor pararles —propuso Kenshin, pero Yahiko le cortó al momento.

—Es el nuevo el que ha buscado la pelea; es cosa suya.

El borracho que se había ofrecido a pelear sonrió seguro y se crujió los dedos de las manos para prepararse para la pelea.

—Luego no me llores, ¿entendido? —se mofó ufano, pero no obtuvo la reacción esperada en el joven. Seguía confiado e incluso se permitió el lujo de provocarle más.

—¿Por qué no primero me haces una demostración? Pégame un puñetazo y comprobemos esa fuerza —dijo señalándose a sí mismo.

El hombre gruñó y embistió contra el luchador sin contener su rabia, y justo antes de contactarle, sacó un suntetsu y se lo clavó al joven en la cara.

—¡Qué gusano! —se quejó Kaoru al ver el juego sucio del hombre al sacar un punzón oculto de la mano para atacarle.

—Los suntetsu son armas para llevar escondidas en una pelea —se jactó uno de los amigos borrachos que miraban la pelea.

—Ellos tienen razón —comentó Kenshin con descuido. En las peleas no había reglas; cada uno jugaba sus cartas para salir vencedor de la contienda. Y las armas ocultas no eran algo nuevo—. Sin embargo, no ha tenido efecto —concluyó.

El joven luchador había asimilado el golpe y ni siquiera le había conseguido mover del sitio. De hecho, había sido lo suficientemente rápido como para devolverle un golpe mientras el hombre se creía victorioso por su argucia.

—¿Eso es todo lo que puedes hacer? ¿En serio? —se burló y el brazo del borracho se retorció y se abrió una herida profunda en el codo—. Si utilizara toda mi fuerza contigo, estaría abusando de un débil y eso es algo que no va conmigo. De modo que te ganaré usando un dedo.

Y eso es lo que hizo: con un dedo le golpeó en la frente y el hombre cayó al suelo como un peso muerto. El murmullo de asombro de los curiosos se elevó ante la realidad de que un hombre armado hubiera perdido ante un joven que sólo había usado un dedo. Por supuesto, no había sido así, pero para la gente que no estaba entrenada en la batalla había muchos detalles de una pelea que no eran capaces de seguir.

—Menudo aburrimiento de pelea en el que me he metido —resopló el chico disgustado.

—Le ha vencido… con un solo dedo —murmuró perplejo Yahiko que no daba crédito a lo que había visto.

Viendo que su amigo había caído, otro de los borrachos quiso tomar su relevo, pero éste no era tan «comedido» como el otro y quiso sacar una espada para enfrentarse al luchador. Kenshin no estaba dispuesto a pasar ese salto de nivel en la lucha y se acercó sigiloso a su espalda.

—He hecho la vista gorda al ser una pelea de borrachines —le dijo tocando con la empuñadura de su espada al hombre—, pero si piensas desenvainar, será conmigo con quien luches. —No necesitó mucho más para sentir al hombre temblar. No eran más que unos abusones de tres al cuarto que en cuanto aparecía alguien a quien no les era posible intimidar, se meaban encima—. Me parece muy bien que se defiendan los derechos del pueblo, pero si queréis enderezar este gobierno, deberíais empezar por vosotros mismos. —El hombre enfundó su espada a modo de rendición—. Pagad la cuenta y largaros de aquí.

Los hombres que estaban en pie ayudaron a su amigo a levantarse y, con el fin de la pelea, la multitud se dispersó. Tae se acercó al momento en cuanto el peligro pasó.

—Muchas gracias por ayudarnos, señor —le dijo al luchador.

—He aceptado la pelea porque he querido, no tienes que agradecerme nada —replicó en cambio. Entonces se giró hacia Kenshin y compuso una sonrisa astuta—. ¿Cómo está tu cabeza? —preguntó, pero Kenshin supo que no estaba preocupado.

—No es nada grave.

—Lo imaginaba —comentó divertido—. Habría sido ridículo que después de encajar voluntariamente el golpe, te hubieras herido de verdad. —Kaoru miró a Kenshin desconcertada por las palabras del hombre, y él se contuvo de desviar sus ojos del luchador, intentando hacer caso omiso de la reciente atención de Kaoru—. Si te hubieras apartado, le habría dado a tu amiga y tendría una herida considerable en la cara —continuó él incomodando a Kenshin por seguir hablando de ese tema—. Por eso optaste por hacer de escudo para ella, ¿no es cierto?

Ahora no sólo los ojos de Kaoru estaban fijos en él, también Yahiko le miraba con asombro. De modo que optó por restarle importancia al asunto.

—Me temo que me sobreestimas —dijo con una sonrisa, pero supo en el acto que no había sido convincente para el hombre.

—Y además, modesto —comentó complacido el luchador—. Me caes bien. ¿Quieres pelear conmigo? —propuso sin miramientos—. Te aseguro que nos divertiremos.

—Prefiero no pelear, gracias —replicó al instante Kenshin.

Pareció algo decepcionado pero aceptó su negativa.

—Bueno, si cambias de idea, estoy a tu disposición. Me encontrarás en un bloque de casas en las afueras de la ciudad.

Sin más, el hombre se marchó y por primera vez, Kenshin pudo fijarse en el kanji de su espalda. Teniendo en cuenta que se había peleado con unos maleantes porque se habían propasado con Tae, el llevar la palabra «malo» en la espalda no parecía adecuado.

—¿Y ése de dónde sale? —murmuró sorprendida Kaoru por cómo se habían desarrollado los últimos minutos.

Yahiko resopló al verle marchar.

—Ese kanji seguro que hace referencia a su «mal gusto» —masculló mordaz. Yahiko no tenía hoy su mejor día. Se había pasado la mañana gruñendo y no parecía que fuese a cambiar su humor en un futuro cercano.

—Lo que está claro es que es un tipo extraño —comentó Kenshin divertido.

—¡Ahí va! —exclamó de pronto Tae llevándose una mano a la boca, y mirándoles desconcertada añadió para sorpresa de todos—: ¡Pero si se ha ido sin pagar!

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Notas finales:

Como veis, es cortito este capítulo. Pero lo dicho: prefería dejar toda la pelea en uno mismo en vez de andar partiéndola ^_^º

PD: ¡Espero que lo hayáis pasado genial en las fiestas! :-D