Capítulo 12: El ataque del Oniwaban-shu
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Notas de la autora:
¡Hola a todas!
Lo primero de todo es deciros un «sorry» enorme porque no me esperaba lo ocurrido. Como dije en el capítulo anterior (allá por septiembre), mi idea era seguir con este fic mientras me iba soltando la vena escritora. Os aseguro que tenía pleno pensamiento en continuar con unos cuantos capítulos (de ahí que cambiara el «Complete» del estatus del fic, porque quería seguir). Pero me ha sido materialmente imposible continuarlo por falta de tiempo. Si lo hubiera sabido, os aseguro que no hubiera subido el capítulo 11, que empieza una nueva trama, cuando no lo iba a continuar.
Pero mi tiempo libre se redujo (y sigue así, por cierto) de una forma brutal a los pocos días de subir aquel capítulo, y a pesar de mi mono impresionante por escribir, no encontraba tiempo suficiente (entiéndase como un periodo en el que voy a poder disponer de unas horas de continuo para ello). Es una de esas trabas que tengo: que si sé que sólo voy a poder escribir un día pero no voy a poder continuar con ello en no-sé-cuánto-tiempo, ni siquiera me pongo. Y lo de disponer de varios ratos libres continuados ha sido imposible desde hace unos meses.
Ayer me dio la neura total (o más bien, mi mono pudo conmigo) y decidí que aunque sea por días salteados, ir escribiendo cosas (porque en serio, tengo media docena de historias en la cabeza queriendo salir a la vez cuando lo normal es que se pidan turnos y cada una me dé por rachas. Pero mi «retirada» forzosa me ha creado una hiperactividad brutal que me está causando estragos). Y bueno, ayer de madrugada me dio por aquí y por eso tenemos el siguiente capítulo listo.
De verdad que siento muchísimo el retraso. Fue totalmente inesperado no poder continuarlo.
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Comentarios a los reviews:
Mariona: De verdad que espero continuarlo de forma más seguida. Gracias por seguir la historia ;-)
Titania: Me preguntas por qué he borrado el capítulo anterior. Si has empezado a leer este fic tras subir el último capítulo, no sabrás lo que pasó con el anterior. El año pasado publiqué mi primera novela extensa y quise centrarme en seguir con ellas. Como en aquel entonces ya tenía poco tiempo (aunque no tan poco como ahora) quise dedicarlo enteramente a mis libros. Así que, como despedida, subí el capítulo que ya tenía casi acabado de la despedida de Kenshin (cuando se va a Kioto en la trama de Shishio). Pero cuando decidí continuarlo, ese capítulo ya no pintaba nada ahí y por eso lo borré (en principio, se subirá en su momento, si es que llego hasta allí escribiendo). Básicamente fue eso.
Koskaoru: no sé ni por dónde empezar a contestarte, porque has escrito casi en todos los capítulos de sopetón. Pero voy a tu pregunta directa. Del eterno dilema de a quién quiso más, mi respuesta siempre es a las dos. Nunca, jamás, entenderé la pelea de si quiso más a Kaoru o a Tomoe. A cada una la quiso y lo hizo en momentos diferentes de su vida, por eso son tan distintas la una de la otra. Nunca entenderé por qué es tan necesario que en tu vida, tu pareja actual tiene que ser la que más has querido. Si fuese así, nadie se establecería con nadie porque por esa regla de tres, a tu siguiente pareja la vas a querer más. Es de locos. Las quiso a las dos, no entiendo la obsesión de establecer a quién más.
Y de cuándo se enamoró Kenshin de Kaoru, evidentemente, aún falta tiempo para ello XD. Habrá que esperar.
Qebeth: Gracias por dedicarte a escribirme con el teclado del móvil. Menudo mérito con el testamento que me has dejado XD. Me alegra que te gustara «Recuerdos olvidados», ya sé que a muchas es la historia que más os gusta mía. No te preocupes por no haber podido dejar reviews antes, cada una hace lo que puede ;-)
Sobre dejar pendientes los fics, no subo fics que no sepa que voy a terminar. Este es el único con el que me permito hacerlo porque realmente no dejo ninguna historia inconclusa. Es el manga, así que sólo tienes que leerlo para saber cómo sigue. Tengo algún otro fic empezado pero como no tengo la seguridad de acabarlo, queda en mi ordenador por siempre jamás. Aunque dices que a las lectoras no les importaría que subiera un fic y dijera que va para mucho tiempo el acabarlo, yo misma no me permitiría hacer algo así. Me remordería la conciencia dejar un fic postergado mucho tiempo. De todas formas, gracias por decírmelo ;-)
Yvania: Me alegra que te gusten mis historias y que ésta te esté gustando mucho. Pero no puedo dejar de recomendarte ¡que leas el manga! Piensa que esta historia es la perspectiva de Kenshin. Todo lo que ocurre en el manga en donde él no sale, en este fic no aparece. Así que, por favor, lee el manga que es una obra de arte.
En fin, gracias a todas por los reviews. Os dejo la continuación que comprenden los 3 siguientes actos (es que, o los voy juntando, o este fic acabará con 200 capítulos »_«).
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Capítulo 12: El ataque del Oniwaban-shu
Al volver al dojo, se habían encontrado con que Kaoru estaba de mejor humor… aunque sólo un poco. La puerta estaba abierta, pero apenas les había dirigido la palabra. Kaoru había mirado con recelo a Megumi y se había marchado a hacer otras labores en la casa.
Kenshin suspiró.
—Sólo hablaré contigo —dijo de repente Megumi.
Kenshin miró a Sanosuke el cual frunció el ceño por la petición de la mujer. Sanosuke tampoco tenía una opinión favorable de ella; no le abundaban amigos en esa casa, precisamente.
—No hay ningún problema en que Sanosuke esté presente. Él puede ayudarla también.
—Prefiero hablar sólo contigo. No hace falta ser un genio para ver que no me tiene en gran estima.
—Pero si vamos a protegerla, él debería estar...
—Déjalo, Kenshin —interrumpió Sanosuke su defesa—. Me acabaré enterando igualmente —comentó con suficiencia—. Que te cuente lo que sea que quiera contar —terminó diciendo mientras se acercaba a una roca del jardín y se sentaba.
Kenshin fijó su atención de nuevo en Megumi y la hizo pasar a la sala. Cogiendo un papel y tinta se sentaron frente a frente con idea de poner en claro cómo se estructuraba la organización que perseguía a la mujer. Cogió un pincel y lo impregnó de tinta.
—La banda de Kanryu es numerosa —empezó con un tono serio Megumi—. Con suerte, no se preocupará en mandar demasiados hombres a buscarme a la vez y puede que así tengas alguna posibilidad contra ellos.
Kenshin levantó la vista del pincel y la miró atentamente. Casi sonrió al ver que, a pesar de jactarse de que había encontrado un buen guardaespaldas, no las tenía todas consigo en que podría protegerla.
—Dígame cuántos son.
—Kanryu tiene una guardia personal de unos sesenta hombres. Están divididos en sirvientes, pistoleros, espadachines y yakuzas —explicó la mujer—. Pero además, ahora también ha contratado a los Oniwaban-shu.
—¿Cuántos miembros lo componen? —Eran, sin lugar a dudas, los que más le preocupaban. Una banda de ninjas no era, para nada, cosa de risa. Con toda probabilidad, le causarían muchos problemas.
—No creo que sean más de diez —contestó ella—. Pasaba la mayor parte del tiempo recluida. Nunca he llegado a verles a todos, claro que tampoco sé con exactitud cuántos son.
—¿Y de dónde sacó el opio? —preguntó con inocencia.
Pero no coló. Megumi le sacó la lengua y le dejó claro que no iba a caer en su trampa. Había sido un buen momento para sonsacarla, pues si había estado recluida, le intrigaba mucho cómo había conseguido hacerse con el opio antes de escapar. Pero la mujer era lista y estaba totalmente concentrada en no contar más de lo que ella quería contar.
—En algún momento tendrá que contarme algo —se quejó con cierta resignación Kenshin.
—Te diré lo que necesites saber para protegerme. El opio no tiene nada que ver aquí.
—De todas formas, no está de más saber por qué te buscan —intentó de nuevo Kenshin.
—No te voy a contar nada más.
Kenshin suspiró y, cuando se hizo el silencio, escuchó que había revuelo en el patio. Tanto Megumi como él se giraron hacia la puerta sin decir nada y Kenshin identificó las voces de Sanosuke y Kaoru, aunque no llegaba a entender lo que decían.
Cogiendo el papel con el organigrama de la organización de Kanryu, Kenshin se dirigió hacia la puerta.
—¿Va todo bien?
—Sí, no es nada… Sólo una pequeña charla entre la señorita y yo.
Prefiriendo centrarse en algo más importante, Kenshin le tendió el papel para que le echara un vistazo.
—Échale un ojo. Es la forma en la que se estructura la organización de Kanryu. —Sanosuke tomó el papel y lo desdobló—. Tenemos que estar preparados. Sabiendo que los Oniwaban-shu trabajan para él, debemos dar por hecho que saben dónde estamos. —Se dirigió a Kaoru—. Por cierto, Kaoru, no le hemos dado más detalles, pero esto puede ponerse peligroso. Es bastante probable que acabemos inmiscuidos en alguna pelea. Sólo quería asegurarle que no volverá a ocurrir lo que pasó con Jine.
Kaoru le miró por unos momentos desconcertada, como si le hubiera pillado de improviso que sacara a relucir el suceso de Jine.
—Os he oído, Kenshin —dijo de pronto una voz que parecía provenir de sus pies. Kenshin se sorprendió de que Yahiko estuviera en el hueco entre el suelo y la casa—. ¿Así que puede haber lío y no me queríais contar nada?
—¿Pero desde cuándo llevas ahí metido? —preguntó Kenshin perplejo.
—Pues llevo toda la tarde —confesó—. Me he quedado encogido. —Pero al momento cambió su humor a uno beligerante—. ¡Ni se os ocurra dejarme de lado! ¡Yo también soy un miembro del grupo Kenshin!
—¿Del grupo qué? —preguntó Kaoru confundida.
—¿Y cuándo lo hemos formado? —cuestionó simultáneamente Sanosuke.
—¡Eres un bocazas, Sanosuke! —gritó el chico. Kenshin apenas era capaz de articular palabra. Estaba asombrado por las ocurrencias de Yahiko—. ¡Te voy a dejar para el arrastre! —siguió gritando mientras le lanzaba una patada a Sanosuke que la bloqueó sin problemas.
—Quizás el siglo que viene —repuso él.
Y dicho eso, la pared exterior de la casa explotó, sobresaltando a todos los presentes.
—¡Es en la puerta principal! —avisó Kenshin, y se dirigió hacia allí con celeridad. Al parecer, sus adversarios les habían encontrado más rápido de lo que esperaba, lo que daba a entender que, como había pensado, no eran un grupo ninja cualquiera.
Según se acercaron, pudieron ver que un hombre de más de dos metros se abría paso por el muro. Era un hombre grotesco con una gran barriga ausente de los músculos que se percibían en el resto de su cuerpo.
—Soy el gran Hyottoko. Entregadme a Megumi ahora mismo y os prometo que seré benevolente —advirtió el hombre.
—¿Hyottoko? ¿Eso no significa «hombre gracioso»? Deberías cambiártelo si quieres que tus oponentes te tomen en serio —dijo Sanosuke con su habitual desparpajo y cabreando al hombre en el proceso.
—¿Contra quién tengo que luchar? Aunque también podéis hacerlo los dos, si lo preferís —añadió con arrogancia.
—Tendrá mucha fuerza, pero es un ignorante. Ya me encargo yo, Kenshin —comentó confiado.
—Recuerda que es un miembro del Oniwaban-shu, Sanosuke. Sé prudente —le aconsejó.
—¡No me importa! Le machacaré y lo dejaré vivo para poder interrogarle —exclamó lanzándose a por él.
Kenshin no las veía todas consigo cuando Sanosuke se tiró a por el hombre sin control. A pesar de haber luchado contra él, no le había visto todavía enfrentarse a alguien que podría ser realmente fuerte, y menos, alguien que no tenía miramientos en acabar con su vida, como había sido en su pelea.
—Entonces, ¿tú vas a ser el primero?
Sanosuke le lanzó un derechazo directo al estómago en cuanto esquivó el golpe de Hyottoko. Un golpe contundente que le dejó sin aire al hombre, pero su puño se había quedado incrustado entre el cuerpo de Hyottoko.
—Si no me das, no importa la fuerza que tengas —rio Sanosuke.
—Ya… pero ahora estás en mi radio de acción —se regocijó el hombre. Triscó los dientes y una ráfaga de fuego salió despedida por su boca, dándole de lleno a Sanosuke el cual apenas pudo apartarse.
—¡Sanosuke! —gritó Yahiko alterado.
Kenshin estuvo tentado de interferir en la pelea, pero Sanosuke consiguió alejarse lo suficiente y de una pieza, aunque con daños.
—Vaya, has esquivado mi «aliento flamígero», pero en el estado que tienes la pierna, te será difícil esquivarlo de nuevo.
Y Kenshin no podía más que darle la razón. No pintaba bien para Sanosuke. Decidió intervenir y encargarse de la situación.
—No mires para allí; yo soy tu rival —dijo Kenshin desenvainando y atrayendo la atención del hombre.
—Deja que acabe con él; después llegará tu turno de morir —replicó confiado.
Kenshin decidió bajarle los humos.
—Tus trucos de feria ni siquiera van a tocarme.
—¡¿Trucos de feria?! —exhortó indignado, y con eso consiguió su completa atención—. ¡Te voy a demostrar quién es el feriante aquí!
Le vio lanzar otra ráfaga de fuego, pero Kenshin creó con su espada un remolino de aire que desvió por los laterales el fuego. Hyottoko redobló sus esfuerzos, lanzando la ráfaga sin parar; pero Kenshin sabía que era cuestión de tiempo. Intuía que el ninja estaba utilizando algún tipo de bolsa rellena de aceite para emular el efecto de los feriantes cuando tragaban aceite y lo escupían sobre una llama. Éste lo había llevado a la categoría de arte, en su opinión, si era capaz de utilizar un truco de ese estilo de esa forma en un combate. Ahora entendía mejor por qué tenía esa desproporción en el cuerpo, con todos sus músculos fortalecidos, mientras que tenía una barriga desproporcionada.
La ráfaga de fuego, de pronto, se debilitó y poco después se apagó. El aceite se había consumido.
—Desde luego, has demostrado quién es el feriante —replicó provocador Kenshin. Buscaba alterarle y es lo que consiguió.
No tenía dudas de que podría acabar sin problemas con él. Por lo que veía, era un hombre que se basaba en la técnica del fuego, sin muchos miramientos de con quién la usaba, por lo que entendía que era su recurso habitual. La musculatura de su cuerpo parecía más enfocada en soportar el peso de la bolsa de aceite y controlar el flujo. Por supuesto, debía reconocerle el hecho de que tuviera una bolsa tan grande; la ráfaga había durado más de lo que se esperaba, pero precisamente eso le decía que no podía ser muy ágil en una pelea. No podría moverse con facilidad ni estabilidad llevando tal cantidad de líquido movible en su cuerpo.
—No es posible… —dijo Hyottoko incrédulo—. ¿Has esquivado las llamas girando tu espada? —Llevó sus manos a su espalda y sacó un barril de madera—. Esto no se ha terminado.
Pretendía rellenar la bolsa pero iba listo si pensaba que le iba a dejar tiempo para ello. Sin embargo, en cuanto se puso en marcha, Sanosuke se interpuso cortándole el camino.
—¿Sano?
—Gracias por la ayuda, pero este combate es mío.
Kenshin se contuvo las ganas de resoplar. Era algo que en su propia pelea había repetido a los hermanos Hiruma reiteradas veces. Parecía que cuando Sanosuke empezaba una pelea, no quería oír hablar de interferencias.
Kenshin dudó de si dejarle continuar la pelea y más viendo que Hyottoko estaba utilizando el tiempo para rellenar la bolsa de nuevo. No sabía muy bien qué quería hacer Sanosuke aunque no podía dejar de apreciar el convencimiento que mostraba. Evaluó la situación. La técnica de Hyottoko no tenía mucho que hacer contra el Hiten; si tenía que volver a vaciarle la bolsa, lo haría sin problemas. Le preocupaba más que Sanosuke se lesionara más sin ser necesario, pero empezaba a conocer a su nuevo amigo y sabía que no se quedaría satisfecho si no terminaba la pelea él.
—Está bien —concedió finalmente dando un paso atrás—. Te lo dejo.
—No te decepcionaré —aseguró Sanosuke.
—¿Pero os habéis vuelto locos? —gritó Kaoru desde la casa—. Sanosuke tiene la pierna herida, no podéis confiaros de esa manera con los adversarios.
El barril se estrelló contra el suelo cuando Hyottoko lo soltó tras rellenar la bolsa de aceite de su estómago.
—Menudo mequetrefe —se rio el ninja al ver que Sanosuke se disponía a pelear de nuevo contra él—. ¿Tantas ganas tienes de que te ase?
—Si crees que voy a caer dos veces en el mismo truco, tú sí que eres estúpido.
La táctica de provocarle era bastante efectiva, pudo comprobar Kenshin. Iba a utilizar otra vez el fuego, como si lanzarlo con más ganas o más fuerza fuese a cambiar que el adversario no supiera esquivar la ráfaga.
—¡Te voy a incinerar!
Como esperaba, el hombre lanzó la ráfaga de fuego más intensa hasta el momento, y Kenshin no podía dejar de darle crédito por tener un control tan férreo sobre el flujo de aceite que vertía. Sin embargo, para ganarle sólo tenías que limitarte a esquivarlo hasta que se le acabase el aceite, algo que Sanosuke no podía hacer en esos momentos con la pierna lesionada.
Con bastante asombro, vio que se lanzó contra él, en medio de las llamas y taponó la salida del fuego de su boca. Si te iban a quemar, lo mejor era minimizar los daños, algo que su amigo conseguía interrumpiendo el flujo de fuego. Sin dudas, Sanosuke resultaba ser ingenioso en una pelea, algo que no debería asombrarle tanto teniendo en cuenta que vivía de las peleas callejeras.
—¡Vamos a ver en qué consiste tu truco! —gritó enfadado mientras sacaba la bolsa de aceite de su interior. Sanosuke chasqueó la lengua con reproche—. ¿En serio? ¿Tu gran ataque es esta bolsucha de mala muerte?
Teniendo en cuenta que Sanosuke estaba visiblemente chamuscado, no debería decirlo tan pagado de sí mismo. Pero así era Sanosuke y Kenshin no pudo evitar mostrar una sonrisa al verle.
—Ríndete, sin ella no puedes ganar.
—Maldito desgraciado —se quejó Hyottoko con rabia—. ¡Tú sí que no puedes ganar con todas esas quemaduras en los brazos! ¡No podrás golpearme! —exclamó intentándole asestar un puñetazo.
Pero Sanosuke fue más rápido y le dio una patada en el cuello, un punto vital que derrumbaba a los adversarios al cortarles el paso del aire.
—Las piernas también valen —dijo Sanosuke sarcástico—. Claro que es difícil que piense en ellas un paticorto como tú.
Hyottoko cayó inconsciente en el suelo y Sanosuke levantó la mano en señal de victoria.
—Chupado —comentó jocoso.
—Yo no diría que ha estado chupado teniendo en cuenta cómo te ha dejado… —replicó divertido Kenshin—. Y aunque hayas ganado, hay que reconocer que son fuertes.
—¡¿Pero tú de qué vas?! —se quejó indignado por la falta de apoyo.
—¡Chicos! —Kaoru se acercó entusiasmada viendo que había terminado la pelea. Se quedó mirando atentamente las heridas de Sanosuke—. ¡Estás chamuscado! Te ha costado vencerle, ¿no crees?
—¿Verdad que sí? —incordió Kenshin.
—¡Repite eso si te atreves! —gritó ultrajado Sanosuke por las mofas.
A Kaoru le costó dejar de reírse pero acabó mirando al hombre inconsciente del suelo.
—Y bien… ¿Qué hacemos con él?
—Si le echamos agua, igual se despierta y podemos interrogarle —propuso Sanosuke.
En ese momento, Kenshin notó que había alguien más en los alrededores. Un aura furiosa se había levantado de pronto entre los árboles.
—¡Cuidado! ¡Viene acompañado!
Oyó que algo cortaba el aire, con un ruido sibilante que se dirigió a la casa. Según se giró, supo que habían atacado a Megumi. ¡La habían dejado desprotegida!
Pero justo antes de impactar, Yahiko se interpuso en la dirección de los proyectiles.
—¡Yahiko! —le reprendió Kaoru en cuanto se acercó a él—. Aunque sean proyectiles pequeños pueden hacer verdadero daño si te dan en zonas vitales. Esta pelea es peligrosa, ¡no te metas!
—Kenshin y Sanosuke están protegiendo a esta mujer. ¡Y yo formo parte del grupo Kenshin! Por tanto, yo también debo protegerla —le recriminó el chico—. Deberías tener más fe en tu propio dis…
Yahiko cayó de pronto como un peso muerto al suelo.
—¡Yahiko! —se preocupó Kaoru cogiéndole en su regazo.
—No te preocupes por él porque pronto estaréis todos igual. En menos de una hora, habréis muerto con el veneno de mis proyectiles. —Habiendo identificado el lugar donde estaba la nueva amenaza, Kenshin se lanzó contra él para derribarle antes de que pudiera lanzar más proyectiles—. ¡Y el primero será el maldito pelirrojo!
Cuando fue a asestarle un golpe desde arriba, Kenshin pudo sentir la tensión del hombrecillo al no verle en el patio. Pero era demasiado tarde para él. Iba a acabar tirado en el suelo con su compañero.
Le dio un golpe con su espada que le derribó, pero para su asombro, al caer al suelo sólo había un tronco. Alguien más se había sumado a la escena. El hombre, con una horripilante máscara y rayas en sus brazos, había cogido a su golpeado compañero y lo había cambiado por un tronco. Si no fuera un rival, le habría felicitado por tal proeza. Éste no se parecía en nada a los que habían asaltado la casa.
—¡Kenshin! ¡Yahiko se está muriendo! —exclamó alterada Kaoru, algo que no ayudaba para nada a conservar la calma con el nuevo hombre.
Agarró con más fuerza la empuñadura de su espada, pero el ninja levantó la mano para detenerle.
—Nos retiramos —dijo sin más—. Es evidente que por mucho que luchemos, no nos vamos a poder llevar a Megumi. Sólo quiero llevarme a los heridos e informar al Capitán.
—Sois vosotros los que habéis irrumpido aquí. No os detendré si queréis marcharos. Pero el bajito se quedará hasta que nos dé el antídoto.
—No vamos a ayudar a nuestros enemigos —replicó el hombre.
—Entonces, si no es por las buenas, ¡será por las malas!
Kenshin se lanzó contra él. El golpe que le asestó con la espada, lo detuvo con el puño; un puño que por el sonido se hizo evidente que era metálico. En el aire, y sin un punto de apoyo, no pudo esquivar el puñetazo que le dio con el otro brazo. Kenshin cayó al suelo con la mandíbula dolorida, casi sin creerse que no se la hubiera partido; por lo que era evidente que su contragolpe al hígado con la empuñadura de su espada había reducido la intensidad del puñetazo.
—No tengas tanta prisa… ya volveremos a pelear mientras sigas protegiendo a Megumi. Así que nos veremos dentro de poco.
Cogiendo a sus dos compañeros, se marchó saltando el muro exterior. No, ese miembro del Oniwaban-shu, definitivamente, no se parecía en nada a los otros dos.
—¡Kenshin! —le llamó Kaoru. Kenshin se acercó a donde estaban. Yahiko no tenía buena pinta: tenía los ojos en blanco y estaba muy pálido.
—¿Cómo está? —Pero no hacía falta que le contestara—. Sé tratar heridas de arma blanca y fracturas, pero no sé nada de venenos. Podríamos empezar por succionar el veneno de la herida.
Kaoru le subió la manga dejando descubierta la herida. Pero antes de que pudiera succionar, Megumi la detuvo.
—¡Ni se te ocurra! —le dijo poniéndole la mano en el hombro. En respuesta, Kaoru se enfrentó a ella.
—¿Te piensas que vamos a dejarle morir? ¡No te metas!
—¡Estúpida! —le recriminó—. Si chupas la herida, lo único que harás será infectarla más. Y si te descuidas, envenenarte tú misma. Esto no es cosa de aficionados. ¡Aparta!
Megumi se puso a revisar al chico con una eficiencia que a Kenshin sólo le pudo recordar a un médico.
—Es veneno de estramonio. —Megumi levantó la vista y miró a Kaoru—. Éste es un dojo, imagino que tendréis un médico, ¿no? —Kaoru asintió—. Te voy a escribir una receta, llévasela y que la haga. Kenshin, tú hierve agua y prepara unos paños. Y tú —le dijo a Sanosuke— ve a la tienda y coge todo el hielo que puedas. —Cuando nadie se movió por lo imprevisto de la situación, Megumi les espoleó—. ¡Moveos! Un envenenamiento es una carrera a contrarreloj.
Aquello hizo que todos se pusieran en marcha con las indicaciones de Megumi. Kenshin preparó agua y la puso a hervir mientras sacaba paños de la habitación de Kaoru. Según le llevó las cosas, la vio disponerlo todo con minuciosa precisión. Kenshin no podía dejar de darle vueltas a su forma de manejarse. Y según pasaban los minutos, más piezas iban encajando en su cabeza.
Primero llegó Sanosuke con el hielo, el cual también fue colocado con minuciosa profesionalidad médica; y finalmente, regresó Kaoru con el doctor Oguni. Megumi había salido de la casa antes de que el hombre se hiciera cargo. Había dejado todo dispuesto a expensas de la receta farmacológica que había elaborado.
La siguió y la vio dar varias vueltas en el patio trasero de la casa, como si no supiera qué hacer, ni por supuesto, adónde ir. Parecía un animal acorralado y Kenshin sabía por qué.
No tenía a nadie en el mundo. Estaba completamente sola. Y había una banda de narcotraficantes detrás de ella que no la dejarían libre bajo ninguna circunstancia.
Porque todo apuntaba a que Megumi pertenecía a la familia Takani de Aizu.
Y de ser así, con toda probabilidad, Megumi era la mina de opio de Kanryu.
No tenía familia a la que recurrir y unos narcotraficantes la perseguían para forzarla a trabajar en la creación de droga. Si se marchaba, dependía de sus muy limitados recursos para esconderse de una banda de ninjas; pero si se quedaba, sus captores sabían el punto exacto en el que se encontraba y dependía de ellos para que no se la llevaran.
Finalmente, Megumi se dirigió a la puerta principal y cruzó el muro por el agujero abierto.
—¿Adónde va? —preguntó Kenshin a su espalda, dándole un susto de muerte a Megumi—. No son horas de salir a dar una vuelta. La ciudad es peligrosa por la noche.
—¿No debería estar con el chico? —preguntó con recelo.
—Los demás están con él y, gracias a usted, se va a poner bien. Le doy las gracias en nombre de Yahiko.
—No hay de qué, a fin de cuentas, iban dirigidas a mí.
—Y bien, ¿adónde iba? —volvió a preguntar. Si pensaba que iba a dar el tema por zanjado, estaba muy equivocada.
—Quería aprovechar que tiene varias bajas entre sus filas para desaparecer. —Se giró y comenzó a andar hacia la oscuridad de la ciudad—. Seguramente, ahora mismo no hay nadie vigilándome y, si me marcho, nadie volverá a molestaros.
—¿La espera alguien en Aizu? —Megumi se detuvo irguiéndose ante sus palabras—. Por mucho que se esfuerce, es difícil borrar el acento del lugar donde hemos sido criados. Durante la Guerra de Restauración luché muchas veces con samuráis de esa región. No me fue difícil reconocerlo. —Por unos momentos, Megumi fue incapaz de decir nada—. La familia Takani de Aizu, una prominente familia de médicos, desapareció en las guerras de Aizu. Creía que murieron todos.
Megumi se acercó al muro exterior de la casa y se apoyó en él.
—Quedé yo —le contradijo la chica con tristeza.
—¿Por qué no deja atrás su secretismo y me lo cuenta? —la incitó Kenshin acercándose a ella. Aunque más que contárselo sería confirmar sus sospechas—. En estos momentos, somos su mejor opción.
Aunque tardó unos eternos instantes, finalmente habló:
—Hace cinco años era una chica muy ingenua. Llegué a Tokio y entré a trabajar como ayudante de un médico aquí. No sabía que él a su vez trabajaba para Kanryu. Él le traía el opio en bruto y mi jefe lo refinaba para vendérselo y sacarse una parte con ello. Era un arreglo que les iba bien a los dos. —Megumi metió una mano en el bolsillo de su manga y sacó uno de los pliegues de opio que le habían visto—. Hasta que fabricó esto.
»Se llama «Telaraña» y parece opio normal, pero no lo es. En el proceso de elaboración se extrae el doble de droga y produce el doble de adicción. Es decir, que se puede cuadriplicar las ganancias. Si esto saliera al mercado normal del Tokio, arrasaría la ciudad en menos de cinco años.
»Kanryu quería producirlo en masa y quiso que mi jefe le revelara el proceso de elaboración. Pero él se negó por la codicia de las ganancias que le daba ser él el que elaborara la droga. Un día se pelearon y mató al médico. Así me convertí en la única que sabía cómo se creaba la «Telaraña». Me secuestraron y me llevaron a un laboratorio dentro de la mansión, donde me obligaron a seguir produciéndolo. Fue entonces cuando descubrí que lo que producía con mi jefe no eran fármacos, sino una droga muy poderosa. —A Megumi le tembló la voz, y Kenshin supo que estaba a punto de comenzar a llorar. Sin embargo, no la interrumpió, sabiendo que eso posiblemente la llevara a dejar de contar la historia—. Mi trabajo no servía para ayudar a la gente, sino para todo lo contrario. Estuve tentada de quitarme la vida. Pero no fui capaz —siguió diciendo, tirando el pliegue al suelo y echándose a llorar—. Porque si sigo viviendo y dedicándome a la medicina, puede que algún día me reencuentre con mi madre y mis hermanos desaparecidos. Sé que fui egoísta, porque por esa idea seguí creando la «Telaraña» durante tres años más, provocando la muerte de gente inocente y…
Megumi no siguió, sumida en la culpa que le creaba que un deseo particular la llevara a ser la responsable de la muerte de otras personas. Él mejor que nadie comprendía esa responsabilidad. Megumi no sabía que posiblemente había dado con la persona que mejor podía entender sus culpas.
—Tal y como lo veo, si Kanryu la persigue es porque sigue sin conocer el proceso de elaboración de la «Telaraña», ¿no es así? —Megumi levantó la cabeza y le miró sin entender—. Decidió por voluntad propia controlar la producción de esa droga, limitando la cantidad de personas que tendrían acceso a ella —comentó intentando reconfortarla.
—Si hubiera muerto, nadie hubiera tenido acceso a ella —replicó ella no queriéndose desprender de la culpa.
—Si hubiera muerto, Kanryu hubiera dado con otro médico con menos escrúpulos que podría haber inventado algo peor. Pero al estar usted, se centró en la droga de la que ya disponía y dependía de las cantidades que usted le suministraba. —Megumi le miró con una perplejidad que le hizo sonreír a Kenshin—. Ha pasado tres años muy duros, señorita Megumi. Creo que se merece descansar.
Kenshin oyó que Kaoru, Sanosuke y el doctor salían buscándolos por la puerta principal.
—No van a darse por vencidos. Van a por usted. Es mejor que se quede aquí una temporada. ¿No es verdad, Kaoru?
Kaoru la miró con el ceño fruncido, considerando la situación. Ellos todavía no sabían nada, pero Kaoru era una mujer incapaz de dejar a un necesitado en la calle, por mucho que le doliera. Kenshin sabía que se estaba aprovechando de esa generosidad innata de la chica, pero no podían dejar a Megumi sola en esos momentos. No podían dejar que una mujer inocente cayera en las manos de Kanryu para sus sucios negocios.
—Sí —contestó finalmente con reticencia—. Sé muy bien lo que es estar sola. Si no fuera por Kenshin, estaría igual que tú.
A Kenshin le extrañó su elección de palabras. Estaba Yahiko viviendo también en el dojo, además de Sanosuke que siempre daba vueltas por allí, y sin contar con que Kaoru tenía amigas en la ciudad. No era una mujer que estuviera tan sola como pensó en un inicio cuando la conoció. A esas alturas, no veía que su presencia supusiera mucho cambio en su vida.
—¿Puedo quedarme? —preguntó dubitativa Megumi, casi sin creérselo, e interrumpiendo en el proceso los pensamientos de Kenshin. Kaoru se limitó a asentir.
—Entonces, arreglado —concluyó Kenshin—. El problema ahora es qué vamos a hacer con Kanryu y sus hombres —terminó diciendo en tono ameno para levantar el ánimo.
Kaoru se acercó a Megumi y le cuchicheó en el oído. Kenshin se centró en Sanosuke, el cual no mostraba una expresión amigable. Pero teniendo en cuenta que un amigo suyo había muerto por culpa de la droga que llevaba Megumi encima, limar las asperezas iba a costar esfuerzo, y más en cuanto se enterara de que la creadora era ella.
Pero ya cruzarían ese puente cuando llegara, ahora mismo, Megumi les necesitaba para salir de las garras de Kanryu.
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Nota final:
Aquí vengo con un desvarío mío así que os lo podéis saltar. Pero es que me encanta, me encanta, me encanta comparar esta primera pelea de Kenshin y Sanosuke como compañeros, frente a la pelea del ataque del sexteto de Enishi. Me encanta, porque no puedes hacer más que comparar las diferencias en la relación entre Kenshin y Sanosuke. Cómo aquí Kenshin interfiere en la pelea no estando seguro de las capacidades de Sanosuke, mientras que en la pelea contra los esbirros de Enishi, aunque las cosas se le tuercen a Sanosuke con el tío de los guanteletes, Kenshin sigue sin moverse de su sitio para evitar que el de las trampas ocultas ataque a los habitantes de la casa. Ese momento en el que Yahiko contempla la espalda de Kenshin y piensa que Sanosuke es el único del que Kenshin no tiene por qué preocuparse. Aaaaahhhh, me encanta.
En fin, dejo de desvariar. Espero que os haya gustado el capítulo.
Hasta el próximo (aunque no puedo deciros cuándo llegará T_T).
