Capítulo 13: Un motivo para actuar
— * —
Notas de la autora:
Bueno, como nota sólo quiero decir que no sé ni para qué intento crearme una «asiduidad» para subir algo. Es «creer» que voy a tener poco a poco tiempo para hacer cosas y se me va el ocio de vacaciones (el ocio, no yo T_T). Así que casi que no voy a volver a decir que intentaré subir pronto otro capítulo para no gafarme, porque me gusta tener tiempo libre y tal… ¬_¬º
En fin, siento el gran retraso por este capítulo T_T
— * —
Comentarios de los reviews:
Rogue: Siento la poca frecuencia de actualización de este fic. Estando la parte de los Oniwaban-shu abierta la iré acabando. Esa es la idea, al menos. No quiero dejar «tramas» abiertas. Si empiezo una, la acabaré aunque tarde. Por eso no pongo el estatus de completo. Esta parte son 3 capítulos más (porque ya lo he distribuido), pero no puedo asegurar lo que tardarán en subirse.
Kaoruca: Sobre el paralelismo de la confianza de Kenshin en Sanosuke a la hora de pelear… Es una de esas cosas que me emocionan cuando lo leo. La escena del Jinchu cuando Kenshin dice lo de «si Sanosuke muere aquí, es porque le ha llegado su hora» y luego Yahiko pensando lo de que lo dice precisamente porque es del único de quien no tiene que preocuparse a pesar de la soberana paliza que estaba recibiendo es tan… *suspiro-suspiro-suspiro*. Fíjate que en la pelea de los Oni se mete en ella en cuanto Sano se lesiona la pierna con el fuego. Y aquí, sin embargo, estaba hecho polvo y ni se inmuta… ¡Me encanta! *o*
Pola de Himura: Me alegra que os guste esta perspectiva de la visión del manga. Cierto es que en los mangas, muchas acciones quedan a la interpretación del lector por falta de narración. Es, de hecho, la causa de que empezara a escribir este fic: porque no hay una versión única sobre cuándo Kenshin se enamoró de Kaoru. Es a interpretación del lector. Y en este caso, la versión que estáis leyendo no es más que la interpretación que yo hago sobre la forma de actuar de Kenshin en esta historia.
Sobre el tema de los formalismos, empecé el fic guiada por la edición vieja del manga, pero creo que fue hacia el final de la pelea contra Sanosuke que continué con la edición Kanzenban (que está mejor traducida y con más contenido textual). En la edición vieja, Kenshin la trata de usted hasta que se marcha a Kioto; luego ya no. En el Kanzenban, utiliza el voseo clásico hasta que se reencuentran en la isla fortaleza. Si de por sí me cuesta utilizar el tratamiento de usted porque inconscientemente paso al tuteo, ya no te digo el voseo clásico (los otros tipos no los sé ni conjugar, eso es cosa de Latinoamérica XD). De hecho, me parece toda una proeza por parte del traductor haber utilizado el vos todo el manga, porque anda que no es difícil escribir como si estuvieras en la era medieval x_x. En España, el voseo ni siquiera se enseña en las escuelas; lo único que te explican es que era un tratamiento que se usaba en la Edad Media. En este fic estoy haciendo «mi mayor esfuerzo» para conseguir que Kenshin trate de usted a la gente que trata con deferencia (no es coña, para mí es un triunfo conseguir todo un texto con tratamiento de usted, no es raro que acabe pasando al tuteo de forma inconsciente).
Pero bueno, no sé si te he respondido o no, pero ahí está explicado un poco el tema del trato de Kenshin hacia Kaoru XD
Muchas gracias por vuestros reviews. Os dejo ya con el capítulo siguiente. Espero que os guste :-D
— * —
Capítulo 13: Un motivo para actuar
Megumi llegó desde la cocina portando un plato que dejó en la mesa ante los tres.
—Hacía muchísimo tiempo que no podía preparar unos pastelitos ohagi —informó Megumi quitándose el paño del pelo.
Tenían una pinta estupenda y Yahiko no perdió el tiempo en coger uno y llevárselo a la boca.
—¡Están de muerte! —exclamó con la boca llena.
—Vaya… —se sorprendió también Kaoru tras probarlo.
Y tenían razón, pudo comprobar Kenshin. Le habían quedado buenísimos.
—Tengo que felicitarla, Megumi. Están muy ricos.
—Gracias —contestó con una sonrisa—. Aunque en realidad es un plato sencillo que cualquiera puede preparar —siguió diciendo restando importancia a su habilidad culinaria.
—No lo crea —la contradijo Kenshin—. El otro día Kaoru preparó unos que parecían bolas de barro y…
Se llevó un puñetazo por bocazas por parte de la aludida, la cual estaba a su lado.
—Pero qué chica tan violenta… —se quejó Megumi acercándose a Kenshin—. Deberías dejarla y venirte conmigo…
—¡Megumi! —le gritó Kaoru por su pícaro comportamiento arrastrando a su invitada para reprenderla en un rincón.
Yahiko se puso a su lado, con la boca llena y un pastelito en cada mano. Era evidente que no iba a perder la ocasión para atiborrarse mientras los demás estuvieran distraídos.
—Pensaba que al estar Megumi se mostraría más refinada, pero sigue igual.
—Puede ser… Pero se la ve más animada y enérgica que cuando llegó Megumi. Es una buena señal, ¿no crees? —Al menos, a él se lo parecía, pues la relación entre las dos mujeres no había empezado con buen pie.
—¡De eso nada! —se quejó Kaoru al escucharle, deteniendo la pelea con Megumi.
—¿Ya estáis peleando tan temprano?
Kenshin miró hacia la parte abierta que daba al jardín. Sanosuke había aparecido sigiloso como un gato y se quedó mirando a los cuatro sentados a la mesa. Llevaba uno de los pliegues de Megumi en la mano, el cual lanzaba hacia arriba y volvía a coger. Era un acto involuntario, se fijó; parecía tener la cabeza en otro sitio.
—Buenos días, Sano —saludó Kenshin. Él no le devolvió el saludo.
—El doctor lo ha confirmado: es el nuevo opio que está rondando por la ciudad —explicó de mala gana, sin dar muchas más explicaciones ni acusaciones. Todos sabían que Megumi había estado elaborando opio.
—¿De verdad? —preguntó de forma desprendida. Pero lo que más quería era dejar ese tema de lado. Sabía que para Megumi ese asunto era muy delicado. La mujer no era precisamente una inconsciente: sabía con escrupuloso detalle las consecuencias de sus actos. Por eso no se sacaba nada mortificando más a alguien que ya se sentía culpable por lo que había hecho, a pesar de haberse visto obligada a ello—. De todas formas, es muy temprano para preocuparse por estas cosas. Estoy seguro de que ni siquiera habrás desayunado. ¿Por qué no te sientas con nosotros?
—Ni loco —contestó tajante tensando el ambiente. Sanosuke estaba muy serio y no iba a dejarlo pasar—. Antes me comería cualquier cosa de la señorita que algo preparado por la «mujer del opio».
Kenshin miró por reflejo a Megumi, la cual se había quedado lívida en el acto. Sanosuke se giró y comenzó a marcharse.
—No he podido dormir en toda la noche. ¿Te importa que ocupe una habitación? —le preguntó a Kaoru de forma retórica—. Cuando llegue el mediodía, me despertáis.
—¡Espera un momento! —se quejó una muy beligerante Kaoru—. ¿Qué has dicho de mi comida?
Kenshin siempre se había asombrado del oído selectivo de las personas, pero lo de Kaoru iba un paso más allá, pensó con una sonrisa. Ya podían decir cualquier barbaridad que, como se metieran con su comida, no escuchaba nada más.
—Quieta… quieta —le dijo a Kaoru agarrándola para que no se le echara encima a Sano. Megumi seguía sin mover ni un músculo y Kenshin intentó animarla—. No se preocupe. En realidad está enfadado con la situación, no con usted. El otro día se enteró de que su amigo había muerto por una sobredosis de opio y, a la vez, que usted lo fabricaba. Pero también sabe que sus circunstancias son extremas, así que no termina de poder culparla. Sin embargo, quiere pagarlo con alguien pero no tiene con quién porque los verdaderos responsables llevan una semana desaparecidos. Así que se lanza contra el primero que pille. Tiene que darle tiempo para que se aclare —concluyó diciendo.
Megumi asintió aunque no muy convencida, y supo que sus palabras no habían calado mucho en ella por el semblante triste que mostró el resto del desayuno. Pero era algo con lo que tendría que lidiar, igual que le había tocado hacer a él. Tenía un pasado que la perseguiría el resto de su vida; un pasado que no podría borrar por mucho que quisiera o intentara compensar. Tenía que hacerse a la idea de que no todo el mundo reaccionaría igual al enterarse de lo que había hecho y que, para su desgracia, la mayoría se lo tomarían peor que Sanosuke.
— * —
—¿Y esa carta? —preguntó Yahiko tras entrar en la salita y encontrar un sobre doblado.
Kenshin y Kaoru se irguieron cuando le escucharon. Estaban en el patio preparando ya la cena cuando le oyeron hablar. Yahiko estaba mirando de lado a lado un papel doblado que tenía en la mano. Se lo pasó a Kenshin en cuanto llegó a su lado.
Era una carta de Megumi, lo que enseguida le dio mala espina. Ahora que se daba cuenta, llevaba un buen rato sin verla por la casa.
—Espero que me perdonéis por macharme sin despedirme de vosotros —leyó en voz alta Kenshin cuando abrió la carta—, pero parece que Kanryu ha cejado en su empeño de perseguirme. Por eso he decidido volver a Aizu. Muchas gracias por acogerme estos días. Con afecto, Megumi Takani.
Se hizo un momentáneo silencio entre los presentes que acabó rompiendo Kaoru.
—Vaya… esto no me lo esperaba —murmuró sorprendida.
Kenshin estrujó la carta con enfado. Se lo tenía que haber imaginado. Después de la pelea contra los dos Oniwaban-shu, debían haber comprendido que no les sería fácil entrar y llevarse a Megumi. Mientras estuviera en la casa con ellos, no dejarían que se la llevaran. Así que era más fácil hacerla salir de forma «voluntaria». El tiempo transcurrido sin interferencias por su parte debería haberle puesto sobre aviso de que intentarían otra táctica en vez de la fuerza bruta que no les sirvió la anterior vez.
—Esta carta es falsa. En Aizu no tiene a nadie —alegó Kenshin haciendo trizas el papel—. Estoy convencido de que la han coaccionado. —Y no pensaba dejar que Megumi cayera en manos de Kanryu indefensa. Miró hacia Sanosuke que estaba apoyado contra el muro con los brazos cruzados. Él no se había movido de su sitio—. ¿Sabes dónde está la mansión de Kanryu? —inquirió con apremio.
—Sí.
—Entonces, ¡vámonos!
—A mí no me metas —le cortó al momento dejando a todos perplejos. No sólo porque estaba rehusando a participar en una pelea cuando él se metían en todas, sino porque con esa actitud, pretendía dejar a una mujer indefensa en manos de un hombre sin escrúpulos—. No tengo por qué ayudar a una narcotraficante.
—¡¿Cómo puedes decir eso?! —le recriminó Yahiko. Kenshin puso el brazo ante él para detenerle.
—Esa actitud no es propia de ti. —Porque no lo era. Aunque Sanosuke fuese un «buscapeleas», sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal. Y quizás lo camuflara bajo la fachada de querer bronca, pero no hacía ni dos semanas, había protegido a un dirigente político cuando les odiaba a todos por sistema. Que dejara a una víctima como Megumi a su suerte, no era propio de él.
—¡Yo no soy como tú! Ni quiero ni tengo por qué ayudar a cualquiera que pase por delante de mí —espetó enfadado—. Un amigo mío murió por el opio de esa mujer. No tengo ningún motivo por el que mover un dedo por ella.
Kenshin se irguió al ver que las ansias de venganza por su amigo muerto no le dejaban ver la escena en su conjunto.
—Es evidente que por el rencor que tienes no has podido observar mejor a Megumi —expuso en tono calmo—. Si lo hubieras hecho, te habrías dado cuenta de que, bajo ese comportamiento atrevido, hay una mujer desamparada. Una mujer que en momentos de flaqueza, deja entrever una desesperación palpable por encajar en algún lugar; con personas que la traten como a alguien normal, y no por algo que se vio forzada a hacer. Si hace falta un motivo para ayudar a alguien, con ése a mí me basta.
El semblante de Sanosuke fue perdiendo hostilidad por momentos, pero no podía esperar a que llegara a una conclusión clara. Megumi estaba en peligro y no podía quedarse sentado a esperar su respuesta.
—¡Yo también voy! —dijo Yahiko a su espalda.
—De eso nada —oyó que replicaba Kaoru.
—¡Suéltame! ¡Le debo la vida a esa mujer, así que yo también iré a salvarla! ¿De qué me serviría el Kamiya Kasshin-Ryu si no pudiera ayudarla?
Kenshin no escuchó a Kaoru hablar, pero sí se dio cuenta de que, un segundo después, Yahiko estaba tras él siguiéndole.
—Me temo que estaremos toda la noche fuera —dijo de pronto Sanosuke también a su espalda—. Así que no te olvides de preparar la bañera y un desayuno para «cinco» —remarcó con toda intención—. Ya va siendo hora de que vuelva a ser yo mismo, y nada mejor como una buena pelea para conseguirlo.
Kenshin sonrió ante —esta vez sí— una respuesta más propia del Sanosuke que conocía.
—¡Vamos allá! —gritó chocando los puños y poniéndose en marcha para dirigirles hacia a la mansión de Kanryu.
— * —
Habían tardado más de una hora en llegar y se les había hecho de noche en el proceso. La mansión de Kanryu era enorme y se encontraba a las afueras. Ocupaba una extensión considerable con un pasillo muy largo de entrada hasta el edificio y flanqueado por una masa espesa de árboles que se veía desde la valla que rodeaba el terreno.
—¿Así que esta es la mansión de Takeda? —Kenshin no la había visto antes, pero reconocía que no había ido mucho por la zona rica de Tokio. A la mansión más grande a la que había ido era la residencia de Tani y no eran comparables.
—Sí. La verdad es que siempre me ha dado malas vibraciones —comentó Sanosuke mirando hacia el portón de madera que había por entrada—. ¿Cuál es el plan?
—Puesto que vamos a hacer un ataque por sorpresa y sólo somos tres, lo mejor es ser rápidos en entrar —explicó Kenshin a los pies de dos esbirros inconscientes tirados en el suelo—. Una vez pasemos el portón, debemos correr hasta el edificio lo más rápido que podamos.
—O sea… que la idea es arrollar a todo el que se ponga por delante hasta llegar a la casa. ¡No hay problema!
—Sanosuke, espero que puedas seguirnos el ritmo —dijo muy serio Yahiko y, con eso, se generó la segunda pelea en menos de dos minutos.
Kenshin suspiró resignado.
—¡Vámonos! —gritó Kenshin con la clara intención de detenerles.
Tiraron la puerta abajo y salieron corriendo hacia la mansión. Varios hombres guardaban la entrada, pero apenas pudieron hacer nada antes de acabar en las mismas condiciones que los dos guardas de fuera.
Sin embargo, como era de prever, antes de que cayera el último, se oyó un silbato de alarma que atrajo a más luchadores. Kenshin aceleró y derribó a varios hombres a la vez. Sanosuke aprovechó la distracción del resto para dejarlos fuera de combate con sus puños.
Oyó que Yahiko le gritaba algo a Sanosuke en la lejanía pero lo único que pudo distinguir fue su indignación cuando uno de los hombres hizo alusión a la fuerza de los dos adultos.
—¡No hay quien pueda con estos dos!
—¡Somos tres, idiota! —exhortó Yahiko fuera de sí.
Cuando terminaron con el último en su carrera hacia la puerta, se encontraron con un grupo de pistoleros.
—¡Preparados… Fue…! —Su orden fue interrumpida al atravesar Kenshin la formación que tenían. Los hombres se dispersaron un poco al intentar esquivarle—. ¡Pero será desgraciado! No sólo no se amilana, ¡sino que se nos echa encima! —El líder del grupo se giró hacia él—. ¡Se ha detenido! ¡Disparad ahora!
—¡Vamos, chaval, te toca a ti! —gritó Sanosuke.
Acto seguido, Yahiko acabó empotrado contra el grupo, en un lanzamiento perfecto de Sanosuke. Pero si le había sorprendido el que Sanosuke lanzara a Yahiko como si fuera una piedra, no pudo dejar de valorar las habilidades carteristas del chico cuando le robó, en el proceso, la pistola al jefe.
—¿Estás buscando esto, Bigotes? —preguntó entre jadeos Yahiko mostrando la deslumbrante arma en su mano—. Hay que ver las vueltas que da la vida. Con lo que odiaba yo mi anterior oficio de carterista y mira para las cosas en las que lo puedo usar.
El hombre se quedó horrorizado al ver su medio de defensa y ataque en las manos de un niño.
—¡Bang! —Yahiko hizo el sonido de un disparo. El hombre cayó al suelo en estado de shock por el miedo—. ¡Serás estúpido! ¿En serio pensabas que dispararía? Soy espadachín, y por eso jamás me rebajaría a utilizar una pistola.
—¡Maldito crío! —exclamaron furiosos dos hombres del grupo de pistoleros, apuntándole con sus pistolas. Pero no pudieron hacer más porque Sanosuke y Kenshin los derribaron.
Esos dos eran los últimos esbirros que quedaban en pie. Kenshin se acercó a Yahiko, el cual respiraba con dificultad por el esfuerzo.
—¿Te encuentras bien?
—Sí, porque lo bueno empieza ahora —agregó mordaz Sanosuke.
—¡Por supuesto que estoy bien! ¡No pienso echarme atrás!
Kenshin sonrió ante la fuerza de voluntad de Yahiko. Era una actitud propia de un luchador: superar las adversidades y sin amilanarse. Kaoru tenía buena madera sobre la que trabajar con él.
—Procura no retrasarte, Yahiko —dijo con malicia Sanosuke devolviéndole sus palabras. Yahiko era un niño y, además, no tenía la resistencia adecuada para seguirles el paso. Pero hacía su mejor intento.
—¡Serás idiota! ¡¿Cómo se te ocurre lanzarme contra los enemigos como si fuera un objeto?!
—¡Pero si te he dado la oportunidad de exhibirte! —replicó en tono jocoso—. Deberías agradecérmelo.
Kenshin se detuvo en cuanto llegó a la escalinata. Kanryu estaba en la ventana que había sobre la entrada, en el primer piso. Se mostraba muy contrariado, algo que satisfacía internamente a Kenshin. Ese hombre era un despojo de la sociedad.
—¡Kanryu! —le gritó en tono amenazante—. Baja ahora mismo y entrégame a Megumi.
A Takeda le dio un ataque de risa histérico.
—¿Es que se ha vuelto loco? —dudó Sanosuke. Pero en realidad no le pasaba nada aparte de estar aterrorizado.
—¡Bravo! —exclamó con una euforia fingida—. Has tumbado a unos cincuenta luchadores en un momento. ¡En verdad eres el legendario Battosai!
—Vaya… conoce la identidad de Kenshin —dijo Yahiko.
—Lo habrán investigado los Oniwaban-shu. Siendo ninjas, sabrán de bastantes trucos para conseguir información —respondió Sanosuke.
—¡Ha sido impresionante! —siguió diciendo el hombre—. Si te unieras a nosotros, ¡sería invencible! Si te conviertes en mi guardaespaldas, te pagaré el salario de cincuenta hombres. Es una buena oferta, ¿no crees?
—¿Bajas tú o te hago bajar yo? —repuso, por el contrario, Kenshin. Como Kanryu no dijo nada, Kenshin presionó dando un paso adelante.
—Vale, ¡que sea el salario de cien! —Kenshin dio otro paso—. ¡Doscientos! —Se giró y se puso a hablar con alguien que había dentro de la habitación, fuera de su visión. Pero sólo tardó varios segundos antes de volver a hablarle—. ¡Está bien! Me rindo. Dejaré que te lleves a Megumi. Pero necesito que me des una hora para poder poner las cosas en orden. Te la enviaré en una hora —suplicó el hombre—. ¿De acuerdo?
—Estás loco si piensas que vamos a fiarnos de tu palabra. ¿Por quién nos tomas? —espetó Sanosuke de malos modos.
Kenshin le observó por unos momentos analizando sus opciones. Kanryu estaba acorralado; hablaba rápido y con el tono agudo propio del nerviosismo. En ese estado, podría realizar cualquier locura: desde armarse y ponerse a pegar tiros a todo el mundo, a coger a Megumi y utilizarla de escudo para salir de allí.
No podía actuar impulsivamente. No sólo estaba él presente: estaba Yahiko, que era un niño sin experiencia real en peleas; Sanosuke, que si bien era diestro con los puños, no era infalible a las balas; y, en algún lugar indeterminado de esa casa, estaba Megumi, una mujer que ya había sufrido suficiente por la codicia de Takeda.
Ese hombre quería a Megumi por un único motivo, y mientras creyera que ese motivo estaba a salvo, también lo estaría ella. Kanryu sólo tenía dos alternativas si le dejaba esa hora: o le sacaba bajo tortura la fórmula de la «Telaraña» a Megumi —algo que podría no conseguir en ese tiempo—, o intentaba reforzar su defensa para eliminarle y así mantener a la mujer de forma indefinida.
Puesto que Megumi llevaba reteniendo su fabricación por más de tres años, Kenshin era de la opinión de que no se lo sacaría ni bajo tortura. Si había vuelto a esa casa era porque habían tenido que chantajearla con atentar contra la vida de terceros. Megumi había huido de ese lugar sin importarle las consecuencias que sufriera; no volvería allí por conservar su seguridad… pero sí por la de otros. Kanryu era plenamente consciente de eso y Kenshin tenía que jugar con ello para inclinar la balanza a su favor. Si se centraba en fortalecer sus defensas para matarle, dejaría a Megumi en paz. Takeda debía valorar entre una hora infructuosa con Megumi y enfrentarse después a una leyenda reaparecida en su jardín que había acabado con todos sus guardias o poder rearmarse y matarle para continuar así con sus maquinaciones diarias.
Kenshin guardó la espada y se giró.
—¡Kenshin, espera! —se indignó Yahiko ante su marcha—. ¡No puedes ser tan confiado con alguien de esta calaña!
No estaba siendo confiado, estaba siendo precavido. Mejor que se centrara en él que en Megumi. Kenshin anduvo hasta una farola cercana y se detuvo. Tenía que dejarle claro que si no se reagrupaba, no tendría posibilidades contra él; que debía emplear ese tiempo en salvarse él mismo en vez de su negocio.
Con un rápido movimiento, cortó la farola de hormigón con un tajo limpio haciendo que la parte superior se estrellara contra el edificio por la inercia.
—¡Estaré aquí en una hora! —gritó enfurecido con su semblante más amenazador—. ¡Ten mucho cuidado con lo que haces en ese tiempo!
— * —
Notas finales:
En primer lugar, quiero agradecer a Kaoruca por su elocuencia con el comportamiento de Kenshin hacia Kanryu. Kenshin tiene una mentalidad «demasiada buena» para mí (yo soy mucho más retorcida a la hora de pensar las cosas), así que determinados actos benévolos se me escapan de mi lógica y no los pillo T_T. ¡Así que gracias! ¿Qué tal lo ves? XD
En fin, ya sólo me queda dejaros un pequeño aviso. He subido este nuevo capítulo porque me estaba dando un cargo de conciencia brutal el llevar tres meses sin actualizar. Y eso que este fic ya se sabe «cómo termina» XD. Pero aviso que va a andar muy disperso en actualizaciones. Ahora mismo me está dando la vara el fic de Soujiro-Misao, que es el que más va avanzando de todas mis historias. Por desgracia, lo hace como le da la real gana, así que tampoco puedo «subirlo». Llevo más de 25 000 palabras escritas, pero su continuidad es nula. Hay escrito del prólogo a la mitad del capítulo 3, luego lo que supongo que serán del 6 al 8, alguno más perdido sin número definido de lo lejos que debe andar cronológicamente… En fin, que no hay fuste T_T. Y dejar parado el fic de Crónicas cuando se sabe su historia, malo; pero dejar un original parado, ni hablar.
Así que nada… veré en qué acaba la cosa. De momento, Crónicas va a sufrir las consecuencias de mi falta de ocio y la guerra que me da en la cabeza el fic de SouMis. Pero bueno, iré intentando subir algo de vez en cuando u_uº.
Espero que os haya gustado el capítulo ;-)
