Hermione despertó temprano la mañana siguiente.

Se apresuró a cambiarse para salir de la habitación a sabiendas que podría tardarse un rato para encontrar el camino correcto así que no demoró mucho.

Sin embargo cuando estuvo a punto de abrir la puerta para salir, Malfoy se lo impidió entrando en la estancia y cerró la puerta al mismo tiempo que le tapaba la boca tomándola sorpresivamente de la cintura. Ella habría gritado de no haber sido por la mano que le impedía producir algún sonido.

––Shhh…–– susurró Draco con voz seria–– calla o llamarás su atención.

Poco a poco la fue soltando y ella se giró mirándolo asustada por su repentina actitud.

––El señor tenebroso está haciendo su visita matutina.

–– ¿Qué?–– susurró asustada y sorprendida.

––No te conviene salir… o él y tus seguidores te verán.

Ella se quedó unos instantes en silencio y luego una pregunta atacó a su mente.

–– ¿Cómo supiste que saldría?–– se sentó en la dura cama y él con los brazos cruzados se apoyó en la pared mirándola como si la respuesta fuera obvia.

––Era obvio que saldrías. Siempre presumes ser la mejor en todo ¿no?–– casi pudo escuchar su tono de ironía. Un poco molesta cruzó también los brazos y miró lejos.

–– ¿Cuánto tiempo estará aquí?–– quiso saber nerviosa aún sin mirarlo.

––No lo sé–– murmuró mirando la puerta–– tal vez podamos salir por el otro lado.

–– ¿Otro lado?–– Draco abrió la puerta tratando de hacer el menor ruido posible y Hermione se levantó de la cama con una sensación de suspenso embargándola.

Draco salió al pasillo oscuro y le hizo señas con la mano de que lo siguiera.

––Ven por aquí–– ella se situó justo detrás de él y miró hacia su izquierda en el enorme pasillo, podía escuchar gritos desesperados de súplica y dolor, y ver las centellas de luz verde rasgar el aire.

Se tapó la boca aterrada y siguió al rubio cerrando los ojos para no ver ni por accidente como torturaban a las personas e incluso mataban a unas cuantas.

Caminaron a través de infinitos pasillos oscuros que los llevaron a un salón–oficina tras unas grandes puertas de madera finamente tallada.

Hermione se asomó con asombro mirando la elegancia y los lujos tan hermosos y sobrios de esta.

––Esta es mi oficina.

–– ¿Su… oficina, señor?–– murmuró al salir de su embotamiento casi olvidando el señor.

Le parecía inverosímil que él tuviera una oficina, parecía que había sido ayer cuando dejaban Hogwarts por última vez.

––Ya no soy un niño, Granger.

La respuesta le produjo un sentimiento de vergüenza que la obligó a bajar su cabeza para ocultar el rubor de sus mejillas.

––Siento la intromisión, señor…–– susurró con bochorno, no debía olvidar que él es y seguirá siendo su amo.

Draco no dijo absolutamente nada dejando que el silencio se hiciera dueño de la habitación, seguía sin apartar su mirada fija de ella. Hermione podía sentirlo y esto provocaba que su uniforme blanco se arrugara al ser estrujado por sus nerviosas manos.

Sentía un extraño vértigo sobre el estómago al sentir la mirada de Malfoy tan fija en ella, llegó a asustarse realmente.

Quería poder mirarlo y pedirle que se detuviera, pero lastimosamente en ese preciso momento bajo los ojos de la sociedad y de los de su acompañante, ella no valía más que un gnomo de jardín.

De repente el sujeto su barbilla para obligarla a mirarlo y un escalofrío recorrió su espalda al sentir sus cálidos dedos sujetar firmemente su mandíbula.

El mundo se le vino encima. Estaban solos, en una oficina… no podía gritar.

No podía quejarse.

Debía ceder porque ante él, ella no valía un mísero knut.

El se acercó un poco.

Demasiado.

Sus narices casi se rozaban.

El aliento de él era fresco como una gragea de menta.

Y hacía cuanto que no probaba una… como desearía poder hacerlo en ese momento.

Que los labios de él fueran los que la pusieran entre los suyos.

Suspiró con las mejillas coloradas.

El se acercó un poco más y sintió un delicioso mareo cuando sus labios casi se rozaron. Pero el desvió suavemente su camino hasta el lóbulo de su oreja.

Las estaba aplastando contra su cuerpo. Y Merlín, se sentía como en el cielo.

El aliento cálido del muchacho le golpeaba el cuello y su oído y ella deseo que posara sus labios cálidos sobre su piel blanca y desnuda, que terminara con el delirio.

––A grageas de menta–– dejó escapar ella de sus labios avergonzada al oler su aliento fresco, tan mentolado como las dichosas grageas que a ella tanto le gustaban.

Draco de alejó un poco y sonrió con sorna.

––Tú hueles muchísimo mejor que ayer…–– le susurró suave en el oído y ella se sintió nuevamente invadida por la vergüenza, sus mejillas se tiñeron de rojo carmesí–– De hecho–– continuó acercándose de nuevo–– hueles mejor que muchas mujeres que he conocido.

Hermione lo miró sin saber que decir, se sentía cohibida por su cercanía, nerviosa porque jamás había estado tan cerca de un chico en mucho tiempo, y halagada, Merlín sabía como se había sonrojado antes las palabras del muchacho.

––Gracias… señor–– murmuró y él hizo un gesto de desagrado y se alejó de ella.

¡No!

¡Que no se alejara! Se sentía tan bien tenerlo tan cerca. Ella gimió horrorizada tratando de no ser escandalosa, ¡Quería que la aplastara de nuevo contra la pared!

––Señor suena demasiado…–– masculló Malfoy con la nariz arrugada–– es decir… tenemos la misma edad–– la miró con una ceja levantada–– creo que me llamarás sólo por mi apellido–– se encogió de hombros con indiferencia, pero pronto sus ojos se vieron perturbados por una siniestra oscuridad––… como en los viejos tiempos––Ella tuvo que desviar la mirada.

Hogwarts. Cuando las cosas no eran tan complicadas.

Cuando podía caminar sin ser llamada Sangresucia o tratada como esclava, cuando tenía a Harry y a Ron. Sus ojos se humedecieron.

––De acuerdo–– la voz se le quebró–– Malfoy.

El rubio intentó ignorar el temblor de su voz.

––Bien–– la miró incómodo–– sígueme, Granger.

Draco caminó hacia una de las paredes de la oficina, donde había una puerta de madera más pequeña que la primera y la abrió dejando ver un hermoso jardín tras esta.

En su esclavitud había visto cientos de mansiones, pero ninguna tan fina, lujosa y grande como esta. Y le aterraba, debía admitir que la noche anterior fue la más fría y oscura de todas, sintió el miedo que jamás tuvo en las mazmorras pútridas donde anteriormente había dormido.

––Ven por aquí…–– él la sacó de su letargo tomándola del brazo y caminando hacia un establo muy parecido a los muggles, pero inmensamente más grande––Tú te encargarás principalmente de esto.

–– ¡Merlín!–– exclamó por lo bajo. Dentro había dos hileras de cubículos enormes, cada uno casi del tamaño de la oficina del rubio, cuatro de ellos estaban ocupados, dos unicornios y dos hipogrifos.

––Malfoy…–– murmuró–– pero… los unicornios… ¿de dónde...?

––Son de los pocos que se han podido salvar–– pareció serio––El–que–no–debe–ser–nombrado ha acabado con muchas familias, no solamente humanas… muchas criaturas mágicas están en peligro de desaparición.

Hermione miró el establo, era gigante, estaba lleno de hierbas que lucían finas, hasta el agua parecía de mejor calidad, cada animal tenía un cubículo propio, era obvio que estaban cómodos en ese lugar.

––Quiero que tengas especial cuidado sobre las hembras–– aclaró–– son las salvadoras de la especie.

Ella asintió.

––Ella es Rain–– señaló a la unicornio–– Está preñada… recién empezándolo–– le comentó con un leve tono de importancia–– duran casi un año en este proceso, pero quiero que le pongas mucho cuidado, es bastante quisquillosa, fue muy difícil domarla para mí, de hecho no dejaba que me acercara…––rió un poco–– pero tú eres mujer… y virgen. Eso facilitará mucho las cosas.

Ella se sonrojó hasta el tuétano.

––Y la hipogrifo…–– se giró mirando a la hermosa hembra, las plumas de su cabeza de águila eran de un color dorado quemado que brillaban con la luz, y las de su cuerpo eran de un blanco nieve ligeramente nacarado, era bellísima. Su compañero del siguiente cubículo era muy parecido a ella, sólo que sus colores eran un poco más oscuros y quemados––…Mika, bueno… creo que sabes cómo son estas criaturas–– Hermione lo miró afirmando con la cabeza–– Esto es lo que deberás hacer por ahora, deberás cuidarla como a tu propia vida ¿me entiendes?–– volvió a asentir–– si tienes alguna duda, siempre estaré en mi oficina.

––De acuerdo…–– el joven se marchó dejándola sola en el establo. Sin saber qué hacer. Hermione comenzó a caminar hacia el reluciente unicornio que la miraba con recelo. Cuando estuvo cerca, el animal pareció ansioso y pisoteó el suelo varias veces retrocediendo. Hermione se mordió el labio nerviosa y con suavidad abrió la puerta del corral, escuchó los relinches del animal asustado. Se agachó para tomar un poco de heno que había en un montón junto con hierbas mágicas y dio un paso.

––Ven… ven aquí–– murmuró con dulzura–– Toma es para ti–– extendió su mano llena de hierbas hacia la unicornio y esta se revolvió inquieta, vacilando al acercarse–– No voy a hacerte daño…–– le sonrió y dio algunos pasos más, el animal relinchó asustado–– Toma… es sólo heno–– la criatura se acercó con apariencia prevenida, Hermione también estaba asustada y sentía el corazón golpearle fuerte las costillas pero trataba de ignorarlo para no asustar más a la unicornio.

Trató de acercarse más al animal extendiendo su brazo y esta lo olfateó menos nerviosa.

––Sí…–– sonrió Hermione–– No voy a dañarte…

El unicornio caminó más hasta tomar con su boca el puñado de hierbas que ella tenía en la mano.

––Así es…–– suspiró aliviada observándola comer de su mano. El animal se acercó un poco a Hermione, olfateándola, ella sostuvo la respiración. Jamás había escuchado decir que los unicornios fuesen agresivos, pero ahora que estaba tan cerca, ya el cuerno no se veía tan mágico, sino bastante puntiagudo. Sin embargo, el animal majestuoso y alto le olfateó el cuello bajando su cabeza y luego restregó su hocico contra la mandíbula de ella.

––Oh–– suspiró ella y tomó un poco más del heno que había en el suelo, llevándoselo a la boca de la criatura. Esta comió un poco más y luego se recostó en el suelo del corral. Hermione se dio cuenta de que la miraba fijamente, como si quisiera que ella hiciera lo mismo, hasta relinchó un poco logrando que la castaña se sentara a su lado, el unicornio recostó su cabeza sobre las piernas de la muchacha.

Hermione estuvo tentada a acariciarle el largo cabello de su lomo y levantó la mano vacilando en hacerlo, pero terminó enredando sus dedos sobre el lacio pelaje de esa maravillosa criatura.

O.O.O.

Draco caminaba alrededor del corral, cualquiera que lo hubiese visto diría que está a punto de tener un colapso nervioso; se frotaba constantemente las manos contra sus pantalones como si su vida dependiera de ello.

Llegó hasta una de las ventanas del lugar, asomándose por esta, poniéndose en puntas para poder mirar todo, hasta que la encontró.

El corazón le latió rápido cuando la vio recostada en las barandas del corral con sus dedos blancos y delgados envueltos en el cabello de Rain que también dormía profundamente. Jamás había visto un cuadro como ese. Entró sigiloso al establo para no hacer ruido, sin embargo, Rain sintió la presencia de su amo y levantó con cuidado la cabeza y luego el resto de su cuerpo con tal delicadeza que la muchacha no despertó.

El rubio no estaba enfada o molesto por encontrarla dormida. Los unicornios tenían esa facilidad de relajar tanto a una persona y descargarla de cada problema y preocupación que la hacían dormir profundamente, sobre todo las hembras. Miró con un nudo en la garganta los pies descalzos de la castaña, estaban colorados del frío.

Con suavidad escurrió las manos por debajo de los muslos y la espalda de ella, levantándola del suelo.

––Merlín–– murmuró mentalmente–– Pesa más un elfo doméstico.

Inconscientemente, Hermione enterró su cara en el pecho del rubio y él dio un respingo sintiendo un horrible vacío en el estómago.

O.O.O

Cuando Hermione despertó, de inmediato se dio cuenta de que no estaba en el establo, sino acostada en un sofá de cuero negro y sus pies estaban cubiertos por medias tibias.

–– ¿Qué sucede…?–– ahogó su pregunta cuando vio a Draco Malfoy mirándola desde su escritorio unos metros más allá, en una fina mesa de madera oscura, con plumas, tinteros y pergaminos que por su aspecto, parecían ridículamente costosos. Sus ojos grises estaban fijos en ella sin denotar ninguna expresión, su boca estaba cerrada, en su mano derecha descansaba una pluma que había detenido en el pergamino al sentirla despertar y la izquierda estaba cerrada en un puño.

––Yo…–– la muchacha se puso de pie al instante. No sabía que decir, jamás se había quedado dormida, no entendía porque lo había hecho ahora, y tenía mucho menos idea de cómo había llegado ahí.

––Te he traído yo–– murmuró Draco como si supiera lo que ella estaba pensando. Hermione sintió que el cabello se le puso de puntas y la cara roja como tomate.

¡Qué vergüenza!

––Lamento… lamento haberme dormido. Yo no sé… no sé que me pasó…

––Rain tiene esa capacidad–– la interrumpió levantándose de su puesto–– así que supongo… que no hay porqué disculparse.

Ella dejó los ojos en blanco, recordando el momento anterior a quedarse dormida, se había sentido sumamente extraña, como si no hubiese nada que la perturbara, la embargó un gran sentimiento de paz y tranquilidad absoluta, ahora entendía que era debido a la fuerza mágica del unicornio.

––Entonces… aún te falta conocer a Mika–– concluyó él mirándola con una ceja alzada, Hermione se demoró un poco para recordar a quién se refería.

––Así es… debo ir ahora o se me hará tarde–– se acomodó la trenza de su cabello y cuando dio el primer paso, Draco la interrumpió.

––Espera–– dijo––No es bueno que andes descalza.

Hermione bajó su rostro mirando los pies maltratados y llenos de heridas y presentía que algunas estaban infectadas.

–– ¿Mi madre no te dio calzado? Le pedí que completara tu vestimenta en la noche.

–– ¡Oh, no! Sí he encontrado zapatos.

–– ¿Entonces? ¿Es que no te han gustado?–– Draco alzó una ceja molesto y con evidente sarcasmo en su voz. Hermione se sonrojó hasta el cabello.

––N–no… no es eso–– agachó la cabeza–– Es sólo… que me es increíblemente doloroso usar cualquier tipo de calzado… mis pies… bueno…

Ella balbuceó explicando lo horrible que se sentían los zapatos aplastando sus malheridos pies. Draco tomó aire y suspiró.

––Ya, entiendo. Pero si no usas zapatos seguirás cortándote los pies.

––Lo sé, pero… intento tener cuidado. Además… la mayoría de las heridas no las he causado yo…–– calló de repente cuando escuchó lo recién dicho y miró espantada a Draco–– Es decir… ¡claro que me las he hecho yo! Yo y mi torpeza.

Los esclavos tenían prohibido hablar mal de sus amos o de sus antiguos amos. En alguna ocasión Hermione, maravillada por la cantidad de dinero de sus nuevos amos había dejado escapar un "de donde vengo no tenían tanto dinero" mientras hablaba con una de las otras esclavas y el dueño de la casa la escuchó, le lanzó una cantidad cruel de cruciatus y la chocó innumerablemente contra la pared, haciéndole pagar mientras sonreí con pura maldad.

––No voy… a reprenderte por lo que has dicho–– él frunció el entrecejo acercándose a ella lentamente–– ¿De verdad creíste que te golpearía por eso?

Draco se acercó tanto a ella, que Hermione pudo oler de nuevo su aliento mentolado. Pero no quiso decir más nada ¿y si todo era una trampa? ¿Y si sólo quiere engañarla y hacerla sufrir?

Él descendió su rostro hasta que sus mejillas se rozaron y pasó su mano por la espalda baja de la joven, casi tocando sus nalgas. Ella se alarmó.

Quizá sólo era eso, sólo la quería sexualmente.

Tal vez por eso la compró a tan alto precio. Ella es virgen.

Tembló al sentir la mano de él ascendiendo por su cintura y su rostro se apoyó en el cuello de la chica.

Draco gimió con voz ronca acercándose aún más a su cuerpo.

––Granger…

Ella jadeó, estaba asustada, pero una parte de ella quería que la siguiera tocando, dejó caer con suavidad su cabeza en el hombro del muchacho sintiendo el calor de su cuerpo.

Él enterró aún más sus manos en la cintura de ella y pegó su boca y su nariz en la clavícula de la chica resonando con fuerza un beso que le aceleró el corazón. Hermione dejó escapar un gemido y levantó su barbilla apoyándola en el hombro de él, conteniendo su respiración.

Podía oler su perfume con más intensidad, sentir la seda de su camisa rozar su piel y el corazón de él maravillosamente acelerado. Se abrazó aún más a su cuerpo aferrándose a él con sus manos, produciendo un gutural gemido que le erizó la piel de inmediato cuando un bulto chocó fuerte contra su vientre.

––Tienes que irte–– murmuró él abrazándola aún más–– o juro que no responderé a mis actos…

Y para su sorpresa, eso no la amedrantó, sonrió. De alguna extraña manera, su advertencia le llenó de seguridad.

––Confío en ti–– parecía no haber sino ella quién pronunció esas palabras, él rió sarcástico.

––No retes mis impulsos–– pero cayó al ver la sonrisa de Hermione y sentir la mano de ella subir por su cuello y acariciarle la mejilla.

––No importa cuáles sean… no me lastimarían.

No sabe de dónde ha sacado esas palabras, pero de repente una seguridad se apoderó de ella, combinada con el deseo por el hombre. Pero era absurdo en cualquier punto de vista que Hermione, Sangresucia, virgen y come libros haya dicho semejante cosa dejándose abrazar por su némesis.

––No estoy bromeando, Granger–– él parecía estar a punto de perder la batalla contra su cuerpo, sus manos estaban aferrándose cada vez más a ella.

––Yo tampoco….

Draco se separó sólo lo suficiente para mirarla. No había vacilación en sus palabras ni en la expresión de sus ojos. Era pura sinceridad.

Con una sonrisa bajó su rostro lo suficiente para que sus narices se rozaran. ¿Cómo es que estaban en esa situación? Sus frentes se chocaron y un escalofrío les recorrió la columna.

––Déjame darte… sólo un beso–– Draco la miró con algo parecida a la ternura, y apartó un mechón castaño de su rostro que le impedía verla en su totalidad. Ella asintió.

Después de todo un beso nunca está de más ¿o sí?

Él bajo hasta pegar sus labios en la comisura de los de ella. Pero un roce no era suficiente. Para ninguno. Hundió su lengua buscando los labios de ella y esta le permitió el acceso a su boca, conociéndose un poco más profundo. El suave roce de sus labios la hizo temblar y se sujetó a él sintiendo sus piernas temblar.

Draco movió su cabeza ladeándola para permitirse una mejor caricia, sintió los labios de ella moverse con timidez y ternura y eso lo encendió como nunca imaginó que algo pudiera hacerlo.

Hermione notó con vergüenza como un bulto crecía dentro de los pantalones del muchacho, su cuerpo se rozó ligeramente con el de él haciéndolo gemir.

––No hagas eso–– jadeó soltándola un poco y la miró con suplica.

A él no le gustó. No lo suficiente.

Se sintió humillada y estúpida. Se apartó con miedo de él sin ser capaz si quiera de mirarlo.

––Yo no… no debería…

Sacudió las arrugas de su vestido y se abrazó a sí misma.

––Tengo que ir al establo… no puedo estar…

Pero al instante, se vio interrumpida por un par de golpes en la puerta y al ver a Draco supo que su expresión no denotaba nada agradable.

….

Aquí va el segundo capítulo. Debo agradecer a todos aquellos que leyeron la historia y la agregaron a favores e incluso algunos comentaron. No saben cuánto eso significa para mí, es el motivo por el cual escribo y espero seguir haciéndolo. ¡Un beso enorme!

Glo.