Hermione no podía dormir.
Había llegado a su habitación hacía un par de horas después de que Draco se lo ordenase tan abruptamente que se marchara. No podía dormir, aún sentía el pútrido aliento del mortífago y recordaba de inmediato los cálidos brazos de Malfoy rodeándola cuando todavía temblaba, y su mentolado y dulce aliento golpearle en el cuello, tranquilizándola.
"¡Demonios!" Pensó.
Se había sentido tan segura dentro de sus brazos que llegó a pensar que era absurdo, porque él también estaba temblando, está segura de eso. En la oficina lo vio hiperventilar e incluso parecía que estaba más aturdido que ella misma., pero suponía que lo ameritaba, después de todo, Draco conocía más de lo que ése sujeto era capaz de hacer que ella misma, y esperaba realmente pasar desapercibida por el resto de los mortífagos.
Entonces, el silencio absoluto fue roto por el sonido de su puerta abrirse, que la condujo a un estado de pánico que la hizo arroparse de pies a cabeza con la sábana, fingiendo dormir, aunque en el fondo, sabía que era imposible que no la viera, más aún si temblaba tan escandalosamente.
Sin embargo, después de varios minutos, la presencia permanecía sin moverse en la penumbra. Hermione realizó un giro muy suave, tratando de que pareciera moverse entre sueños, sin embargo al ver por el rabillo del ojo pudo distinguir la alta y rubia figura en medio de la oscuridad, su corazón dio un vuelco de alivio notorio en su respiración.
Draco tenía la mirada fija en sus ojos y caminó lentamente hacia ella hasta quedar cerca su rostro.
Hermione se incorporó en la cama y lo miró embargada por un extraño sentimiento de esperanza.
Draco se sentó junto a ella y Hermione sintió que el corazón le haría un hueco en el pecho de lo rápido que latía.
No hablaron. Los ojos de él, profundamente clavados en los de ella y las pupilas de Hermione brillando emocionadas por la cercanía de sus alientos entremezclados hablaron por ellos.
Draco deslizó una mano por las sábanas hasta la cintura de la chica la acarició con movimientos circulares y ella cerró los ojos con la respiración arrítmica, hipnotizada por las suaves caricias. Lentamente y casi con miedo, Draco descendió su rostro para rozar sus narices con ternura y ambos sintieron el aire escapar de sus pulmones y el corazón les tembló ansioso.
Hermione podía percibir su fresco aliento y divisar los dientes blancos y perfectos detrás de sus labios entreabiertos. Draco la miraba sonrojarse, resaltando su piel dorada detrás de las hermosas pecas y sin resistirlo más, terminó con lo que ambos ansiaban, hundiendo su cálida lengua entre los labios de ella, atrapándolos entre los suyos. Hermione no retuvo su gemido satisfecho y correspondió a su beso, poco a poco.
Draco se dejó caer sobre el cuerpo de ella, acariciándolo con los dedos, rozando cada pedacito de éste.
Hermione sintió los nervios a flor de piel, cuando Draco empezó a ascender las manos por sus largas piernas torneadas, y en el fondo, bendijo haber encontrado solo viejos suéteres para dormir en la noche. Él delineó piernas y caderas subiendo hasta su cintura sin dejar de besarla, Hermione jadeó al sentir los dedos de él dibujando círculos alrededor de su ombligo.
Draco bajó sus labios al cuello de la mujer disfrutando del excitante gemido que eso le produjo y él ahogó un gruñido en el cuello de ella cuando Hermione hundió sus dedos en su espalda ancha y fornida, erizándole la piel.
Draco fue acomodando sus piernas cubiertas por la seda negra de su pijama entre las piernas desnudas y doradas de Hermione y ella le abrió paso deseosa.
Pero no sólo le abrió paso, Hermione lo rodeó con sus piernas apretándolo a su cuerpo para sentirlo más cerca. Y eso lo excito demasiado, con furiosa pasión sumergió sus manos por debajo del suéter y se lo sacó de un solo movimiento y Hermione se sonrojó enormemente cubriendo sus senos que habían quedado al descubierto y vio cómo los ojos de él se oscurecían de deseo al verla casi desnuda.
Draco descendió el rostro al blanco torso de ella, besándole el vientre con adoración y ternura sintiendo la piel de ella erizarse y sus músculos contraerse al contacto. Suavemente apartó los brazos de ella que cubría aún su pecho y sintió la caliente erección palpitarle cuando la escuchó jadear al cubrir uno de sus senos con la boca. Entre los besos y mordiscos, Draco buscó la mano de ella que apretaba en un puño la sábana ansiosa, y la entrelazó con la suya.
Hermione la miró con el corazón más grande, sintiendo un balde de emociones que palpitaban en su pecho y acarició con la mano que él no sujetaba, le acarició la espalda por debajo de la camisa negra del pijama y él se pagó a ella, dejándola sentir la caliente erección sobre la húmeda ropa interior que era lo único que la cubría.
––Malfoy–– susurró ella girando su rostro a un lado para poder mirarlo–– por favor–– le suplicó–– detente.
Desconcertado, Draco se detuvo mirándola detenidamente a los ojos en medio de las inmensas ganas que tenía de arrancarle la última prenda y enterrarse en su cavidad pequeña y sofocante para hacerla suya. ¡Merlín! Estuvo a punto de no escucharla, de no hacerle caso y hundirse en ella, su respiración estaba tan agitada y su expresión debía de ser la de un demente, porque ella lo miraba asustada y le suplicaba mudamente que no siguiera.
Antes de hablar, Draco le dedicó una profunda mirada que podía helar a cualquiera.
––No haré nada que tú no quieras que haga–– prometió en un tono solemne y poco después se acostó en la cama, justo al lado de ella. Hermione no podía entender cómo es que él se había detenido, estuvo dudando de que parara e incluso creía que si se lo pedía, sería mucho peor.
Se atrevió después a mirarlo, temerosa de encontrar odio en sus facciones pero, contrario a eso, Draco la cubrió con la sábana.
Se sintió como una estúpida. Estaba claro que él no la iba a forzar, ni siquiera fue brusco con ella, ni un poco.
Además…
¡Cómo si ella no lo deseara! ¡Por Merlín se moría de ganas! ¡¿Qué había hecho al tratar de evitarlo?! ¡¿Defender sus valores Gryffindorianos?! ¡Por Merlín santo, estaban en medio de una guerra! ¡A nadie le importaba ni una mierda los valores del santo de Gryffindor!
No era culpa de Malfoy que ella fuera tan estúpida como para sentir que traicionaba sus fundamentos al inmiscuirse con él bajo las mismas sábanas. No era culpa de Malfoy, que siendo tan Gryffindor, fuera tan cobarde. Hermione lo miraba y podía ver en sus ojos y en sus gestos, la soledad que lo consumía. Y aunque a ella le costara admitirlo, Draco significaba para ella lo mismo que ella para él; un bote salvavidas en medio de una fastuosa tormenta en medio del océano, un pequeño escape de las pesadillas, una fuga del dolor.
––Lo siento.
Las disculpas salieron casi involuntariamente de sus labios. Sólo lo pensó unos segundos y brotó como manantial por medio de su lengua.
Pero de pronto, la risilla repentina de él, se convirtieron en casi una carcajada y le provocaron tal vergüenza que quiso morir en ese mismo instante, sentía la cara roja arderle por la sangre agolpada en sus mejillas. Draco reía burlándose de su estupidez, y cuando ella sintió que no podía soportar más tiempo esa humillación sin echarse a llorar, habló alterada.
–– ¿Qué?––jadeó con los ojos húmedos y desesperada, sintiendo el corazón arrugarse cual hoja de papel. De pronto, él se detuvo dándose cuenta de la reacción de ella y negó rápidamente con la cabeza haciendo una mueca comprensiva.
––Oye–– susurró acariciando la mejilla de ella con su pulgar, observando ahora con un poco de culpa los ojos llorosos de Hermione–– No me estoy riendo de ti–– le aclaró–– no eres tú de quién me río, sino de esas absurdas disculpas.
Hermione sintió una arcada horrorosa en el estómago, sus tripas se contrajeron, las lágrimas querían desbordarse de sus ojos y se sintió como una verdadera imbécil. Tan imbécil que deberían hacerle una estatua en honor a la estupidez, con el rostro de ella esculpido.
––Debería ser yo quien deba disculparse–– su voz –aunque fue un leve murmullo- sonó muy calmada. Tal vez demasiado para tener un significado tan grande como el que guardaban sus palabras y lo que para ella significaban. Draco acariciaba sus hombros sintiéndose una mierda por hacerla llorar sin decir ni siquiera más que un par de cosas que él no creyó que fueran tan relevantes.
Después de un rato, finalmente logró que Hermione cerrara sus ojos y se acomodara en su pecho, aún despierta pero con el alma más liviana, el dolor había disminuido congelándose en un punto que ella podía soportar.
––HG––
Hermione no supo en qué momento empezó a despertar, pero cuando abrió sus ojos, sintió que le había costado una eternidad encontrar la fuerza necesaria para levantar sus párpados. Al sentirse desnuda bajo las sábanas, las imágenes volvieron a su cabeza, recordando lo que pasó, dándose cuenta de que no era un sueño.
Desesperada lo buscó con la mirada -inútilmente- en su diminuta habitación, donde no había posibilidades de que algo se perdiera, y mucho menos una persona. La puerta del baño estaba entreabierta y adentro no había más que oscuridad, así que allí tampoco se encontraba.
Sintió el alma desgarrarse en dos y el corazón se le despedazó. En la noche, cuando se había quedado quietecita y él la creía dormida, acariciándole el camino de su espalda y sus brazos delgados, Hermione deseo muchísimo despertar sintiendo los latidos de su corazón descompasado, con la cabeza apoyada en el pecho del rubio.
Recuerda como entonces Draco la abrazó con mucha fuerza, tembloroso, y la besó en los labios. Ella nunca se había sentido tan perfecta en su vida, era como si la hubieran moldeado para él.
Fue el momento más apreciado en su vida, y aunque le costara admitirlo, sabía que lo guardaría para siempre en las profundidades de su alma, porque se había cicatrizado en la superficie de su corazón.
Era la forma en que él la protegía entre sus manos, y la amaba en silencio, guardando la cabeza de Hermione en su cuello. Y ella tristemente guardo la esperanza de que al despertar, él siguiera ahí con ella. Pero estaba claro que había sido muy tonta al pensarlo.
Un rato después, la tristeza se convirtió en una rabia absoluta y se levantó con más violencia y brusquedad de la que acostumbraba para cambiarse.
––DM––
Después de que la rabia pasara, la embargó un sentimiento de pesar agónico hacia ella misma y autocompasión.
Los pies parecían de plomo de tanto que le costaba levantarlos para andar y los pasillos parecían haberse alargado y oscurecido cruelmente, haciendo más trabajosa su pena. Se tardó más que nunca para llegar a las puertas de roble. Levantó su mano para tocar la puerta, pero antes de rozar siquiera la madera, la bajó.
No quería. No podía hacerlo.
Sabía que no resistiría su presencia. Que se derrumbaría al verlo, no podría mantener los ojos y la mente clara. Suspiró apoyando casi inconscientemente la frente en la puerta y gimió sintiendo nuevamente ganas de llorar.
Respiró profundo varias veces, no podía dejarse vencer tan fácilmente. No podía rendirse sin siquiera luchar, tenía que calmarse y pensar con la mente fría.
Levantó su mano tocando la puerta un par de veces. No le dio tiempo de respirar, cuando las puertas se abrieron, dejando ver a Draco Malfoy con los muy abiertos, fantasmalmente pálido y jadeando estrepitosamente.
–– ¿Dónde mierda estabas?–– estaba rabioso.
Draco la sujetó de la muñeca metiéndola en la oficina, cerró las puertas tras de ella, y la apoyó sobre estas.
–– ¿Sabes qué hora es?–– su voz sonaba mortificada.
Hermione abrió los ojos sin saber qué decir.
Pero él no le dio tiempo de pensarlo; la abrazó con mucha fuerza a su cuerpo, hundiendo su nariz en el cuello de la chica.
Hermione jadeó sorprendida, y cerró los ojos sintiendo que el corazón iba a escapársele por la garganta cuando las manos de él la aferraron fuerte de la cintura.
Hermione dejó caer su cabeza en el cuello de Draco y aspiró profundo su aroma.
––No vas a salir hoy de esta oficina–– la voz de Draco tembló un poco, y Hermione sintió un escalofríos recorrerla al escucharlo.
–– ¿Qué pasó?–– susurró ella pasando sus manos suavemente por el torso de Draco abrazándolo, logrando que él la apretara más fuerte.
––Carrow está aquí–– murmuró–– y ése maldito no olvida nada nunca.
Hermione jadeó asustada e intento mirarlo, pero al mínimo intento de alejarse, Draco la apresó entre sus brazos.
––A mí no me puede hacer nada. Él no me vio y si no hay ningún tipo de traición no puede hacerme nada, la marca también es un tipo de lealtad entre nosotros. Pero nada le impide lastimarte a ti.
Ella abrió los ojos de par en par y su cuerpo se crispó de miedo. Draco la sintió enterrar las uñas en su espalda, giró un poco su rostro para hablarle al oído.
––No permitiré que eso pase–– prometió–– pero no voy a correr riegos. Así que hoy no sales.
––P-pero–– carraspeó al sentir la garganta seca–– ayer compré lo que necesitaba para Rain y Mika, tengo mucho que hacer, y…–– Hermione suspiró frustrada. Draco aflojó el abrazo finalmente, dejándola respirar.
––Traeré tu desayuno y yo te acompañaré al corral.
Hermione lo miró sorprendida.
–– ¿Desayuno?–– ¿Acaso se había vuelto loco? ¿Qué clase de mortífago era si le llevaba el desayuno a su sirvienta como un… como un… sirviente? ¡Oh, no!–– ¿Y cómo sabes que no comí ya?–– repuso de inmediato y quizá hablo demasiado rápido.
–– ¿Es enserio?–– Draco rió con la ceja alzada y ella sintió que lo odiaba un poco––Desde que llegaste no has comido más que un pan, y creo que eso es decir mucho.
–– ¡Eso no es cierto!
––Pues dime tú. ¿Ya has desayunado?
Ella gruñó con fastidio y se cruzó de brazos.
––No…–– Masculló.
––Entonces no le veo sentido a esta discusión.
Draco se giró dándole la espalda y abrió la puerta para marcharse cerrándola tras él con un portazo.
Hermione se sentó en el sofá de cuero negro en el que alguna vez había dormido. Se preguntó el porqué Malfoy se tomada tantas molestias. Llegaba a creer que la soledad y la incertidumbre causaban estragos hasta en el más fuerte en las guerras.
Él no era tan diferente de los demás. Era una víctima de sus padres y del infortunio de caer en el bando incorrecto.
Pero podía resistirse ¿no? Él podía renunciar y luchar para el bando correcto ¿verdad?
Hermione sonrió ante su estupidez. Sabía bien que escaparse de Voldemort era como pedirle a Harry que cerrara su mente. No era imposible, pero muy difícil. Tendría que correr demasiados riesgos, y la muerte inmediata era el principal. No podía pedirle peras al olmo.
Tal vez Draco Malfoy sólo se sentía solo. Enorme y asquerosamente solo.
Quizá, verla en el callejón Diagon, sola, sucia y desamparada, le hizo darse cuenta de que habían caras y personas conocidas, que estaban pasando por situaciones mucho peores. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la intromisión del aludido en el salón.
Malfoy entró, bandeja en mano, con una gran cantidad de comida.
––No esperarás que me coma todo eso–– Hermione lo miró incrédula con una ceja alzada.
––No seas ridícula, la mitad de esto no cabrá en tu estómago ni aunque le lanzara un engorgio–– pareció alabarse a sí mismo con su broma carente de gracia–– yo también voy a comer.
––Bien–– murmuró deslizándose a un lado del sofá, dándole espacio para que él también se sentara.
––Ten–– Malfoy le dio un plato lleno de frutas y ella se sintió contenta de poder probar aquellas cosas que tanto añoraba y habían extrañado ella y su paladar.
¿¡Cuánto hacía ya, que no se comía un pedazo de manzana!? ¡O un banano! ¡Arándanos!
Pensándolo mejor, la idea de desayunar como Dios manda, ya no parecía tan desagradable. No es que fuera a reconocerlo públicamente o frente a él, pero eso resultaba mucho más agradable que comer las sobras de los animales, como solía hacer en otras casas, aunque realmente, casi nunca las comía, era muy desagradable siquiera olerlas. Sólo cuando el hambre le desgarraba las tripas, se atrevía a tocar el asqueroso y podrido charco de residuo de cerdos.
Sacudió su cabeza de aquellos pensamientos, estaba decidida a disfrutar lo poco que fuera a durar todo eso. Draco no la dejó trinchar la última rodaja de mandarina, porque le quitó el plato para darle otro, pero lleno de sándwiches, Hermione engulló un par de éstos, y una jarra entera de jugo de calabaza.
–– ¡Por Merlín!–– gimió cuando Malfoy le dio unas salchichas–– ¡Te lo juro, Malfoy! ¡Si como algo más, enfermaré!
Draco rodó los ojos y mordió dos salchichas al mismo tiempo. Hermione lo miró algo asombrada.
–– ¿Dónde quedaron tus modales?–– Hermione dio un suspiro de llenura.
––Tú no hables, malagradecida–– ella sonrió por el tono burlón que había usado mientras ponía la bandeja y el resto de la comida –ambos estaban repletos- en una mesa cercana.
––Gracias, Malfoy. De verdad.
Hermione sintió que Draco la traspasaba con la mirada, y de repente, el bajó su rostro estampando sus labios en los de ella, el corazón le dio un vuelco. Draco la besaba suave y lento, Hermione sintió las manos de él subir por su espalda y por debajo del vestido.
Draco la apretó a su pecho, sintiendo los senos de Hermione aplastados sobre su tórax, rozándolo con sus pezones erguidos, delineó con sus labios húmedos, un camino de besos hasta el cuello de ella, rozándolo con su lengua.
Hermione cerró los ojos hundiendo sus dedos en el rubio cabello, tirándolo un poco, lentamente, Draco la recostó sobre el sofá, acomodándose él mismo sobre el cuerpo de Hermione.
Ella gimió complacida y Draco sintió que iba a explotar de placer. Se pegó aún más a su cuerpo, dejándola sentir la dureza de su intimidad rozar con la de ella.
––Malfoy–– suspiro de placer, y él aumentó el roce de sus cuerpos, provocándole un par de gemidos.
––Mmm… Granger–– murmuró en su cuello, besándolo un poco.
Hermione sentía la cabeza nublada de placer y arqueó su espalda dejando que él succionara sus pezones por encima de la tela, humedeciendo el círculo alrededor de sus senos.
Merlín.
––Draco…–– susurró Hermione inconsciente, y de pronto, un segundo después, ambos se miraban espantados, con los ojos muy abiertos–– Yo… ¡Por Merlín! ¡L-lo siento mucho! ¡Dios!
Hermione se levantó con los ojos húmedos y la garganta en un nudo.
Antes de que él pudiera reaccionar siquiera, ella tomó sus zapatillas y salió corriendo del despacho.
Caminaba velozmente hacia el establo. Las piernas y la espalda le ardían por el esfuerzo.
¡¿Cómo es que dijo su nombre?! ¡¿Cómo osó decirlo?!
¡Fue tan estúpida! ¡Igualada!
Y él… y su beso. Y cómo la había dejado marcharse sin decir nada, ni una sola palabra, ni siquiera le lanzó un cruciatus, como ella creyó por una milésima de segundo, antes de que la vergüenza la embargara.
Sintió las piernas dejar de sostenerla y cayó al suelo. Estaba húmedo y fangoso y Hermione sintió unas inmensas ganas de llorar.
¡No podía enamorarse de él! ¡Estaba prohibido! Además… cómo si él fuera a fijarse en una esclava para enamorarse de ella. Hermione sollozó recogiendo sus rodillas.
¿Y qué había de Ron y Harry? ¿Qué pasó con el anhelo de que la encontraran? Estaba segura de que no había desaparecido, pero ya no estaba segura… habían pasado tres años ¡Tres malditos años y ni una señal! ¿Dónde estaban ellos ahora que los necesitaba?
Y ron… Su Ron… Tan dulce, maravilloso y molesto. ¿Cuánto tiempo, siguió soñando como una estúpida que él la rescataría en un blanco corcel? ¡O en un pobre Thestral, daba igual!
Basura.
Cada uno de esos pensamientos no eran más que eso. Un simple y vulgar pedazo de basura.
Rain la escuchó entrar y supo que lloraba. Hermione se sentó lentamente y sin hacer mucho ruido en el corral de ella y el unicornio caminó hasta ella, recostando su cabeza en las piernas de la muchacha. Ella la miró con agradecimiento, y sacó de su delantal, varias hierbas y frutos mágicos para criaturas en espera. La observó comer pasiva durante largos minutos, y cuando acabó, Hermione se levantó y caminó hacia Mika, esta vez, Hermione untó los hurones con hierbas parecidas a las de Rain.
La hipogrifa comió lentamente las presas y luego resopló satisfecha.
Hermione le acarició la cabeza y el pico, metiendo sus dedos entre las plumas en la nuca del animal.
––Te gusta que te acaricien ¿Verdad que sí?–– sonrió observándola cerrar sus ojos.
"Era tan fácil ser ellas" Hermione suspiró por su comentario absurdo. Tal vez se estaba volviendo loca.
Pasó mucho tiempo en ése lugar, cantando, hablando con ellas, y se sorprendió al sentir su estómago gruñir. Entonces se dio cuenta de que estuvo todo el día ahí, y el cielo ya estaba oscuro.
––HP––
–– ¡La vieron, Ginny!–– Harry entró apresurado a la habitación de esa casa tan marginada–– ¡En el callejón Diagon! ¡La han visto!
Ginny, que lo observaba asombrada, se levantó de un brinco de la cama.
–– ¿Es enserio?–– Los ojos de Ginny se humedecieron y sonrió emocionada–– ¡No puedo creerlo!
Lo abrazó tratando de contener sollozos.
––Estamos más cerca de lo que creímos–– murmuró Harry abrazando a la pelirroja de la cintura, y dándole un beso en el largo cuello.
...
Me demoré un poco más, pero aquí está!
Un poco intenso es capítulo no? ¡Ducha de agua helada,por favor!
Un beso chicos, y gracias por leerme, ¡Espero sus comentarios!
Glor.
