Draco llevaba tiempo caminando alrededor del establo. Granger tenía todo el día allí con sólo el desayuno en el estómago, aunque, siendo razonables, seguramente ella ni siquiera lo habría notado.
Abrió la puerta de la estancia, tratando de hacer el menor ruido posible, y se escurrió dentro tan rápido como pudo, tratando de impedir que la luz de la gran lámpara que había unos metros más allá, perturbara a las criaturas nocturnas.
Sus ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la oscuridad casi absoluta, parpadeó varias veces, y vio el brillante cabello del unicornio, más allá, a varios pasos de él. Hermione, junto a ella, estaba apoyada sobre el torso de la hipogrifa y al mismo tiempo le acariciaba la plateada crin a Rain, ella, las miraba con una fascinación extraña, con emociones en el rostro que Malfoy no era capaz de descifrar. De hecho, la expresión de su rostro era un poco atontada con esa extraña sonrisa.
Draco caminó hacia ella contrariado, había algo raro en el rostro de la muchacha. Hermione acariciaba la melena de Rain y las Mika sonriendo espasmódicamente, como si además sufriera de un inusual ataque de hipo.
Se acercó aún más ––sin dejar que ella lo viera––, ella estaba tiritando levemente, y dejó salir de sus labios un suspiro con vaho helado que empañó la ventana de vidrio junto a ella.
–– ¡Qué frío!–– susurró abrazándose a sí misma, un segundo después, la atacaron tres estornudos consecutivos, que al parecer la dejó aún más embotada.
El unicornio levantó la cabeza, observándola detenidamente con sus profundos ojos que era difícil saber si eran azules o grises, como si le preguntara algo con ese singular movimiento en sus orejas.
––Estoy bien, Rain–– susurró con la nariz tapada, rascándole detrás de la oreja.
––Pues a mí no me parece–– Hermione se sobresaltó enormemente al escuchar la repentina y gruesa voz del rubio, el corazón le había dado un vuelco y ahora respiraba muy rápido––La temperatura está bajo cero y tú llevas aquí todo el día.
Ella lo miró como si estuviera demente. ¿Qué hacía él ahí, hablándole como si nada hubiese pasado?
Avergonzada hasta la médula, intentó levantarse lo menos torpe e indigno, pero no tuvo mucha suerte, estuvo a punto de caer después de unos traspiés, se golpeó su dedo pequeño del pie, ahogó un gemido y trató de sacudir las hierbas de su vestido, pero los ojos le ardían tanto que no veía bien y la cabeza le daba vueltas las mejillas le ardían y sentía toda la sangre agolpada allí, no despegó la vista ni un segundo del suelo al hablar:
––Tengo que buscar el agua de Rain y…
––Ella tiene agua suficiente–– la interrumpió mirando el tanque a rebosar a un par de metros de allí.
Hermione intentó retroceder horrorizada, cuando él empezó a acercarse más y más a ella, pero desgraciadamente, no había espacio suficiente y él ya lo invadía todo con su presencia y su aroma.
–– ¿A dónde pretendes huir, Granger?–– la aludida lo miró sonrojada parpadeando muchas veces. Él se acercó aún más, acorralándola con los brazos estampados en la pared y a cada lado de su cuerpo. La respiración de ella se disparó descontrolada cuando él le atrapó el rostro con las manos frías como cubitos de hielo, las rodillas se le doblaron, renunciando a sostener su cuerpo, y si Draco no hubiese pasado una de las manos por su cintura, está muy segura de que se habría desplomado en la grama seca.
Draco había observado como ella había temblado en cuanto la tocó y lo caliente que se encontraba su piel.
––Estás helado–– susurró ella con los ojos cerrados y los labios tiritando del frío.
––No, tú estás hirviendo–– masculló él quitándose la gabardina y poniéndola en sus hombros––sígueme.
Draco la tomó de la mano, tirando de ella ––casi arrastrándola–– a la salida y cuando abrió la puerta, la pegó a su cuerpo. Ella gimió cuando la luz de la lámpara de metal la cegó dolorosamente.
––Cúbrete con eso, tienes mucha fiebre––ella obedeció tratando de cubrirse débilmente con la negra gabardina. El olor a hierbabuena y pasto recién cortado la embargó, mareándola un poco más, el corazón le latía fuerte sintiéndolo en la garganta, estaban tan cerca.
Finalmente llegaron al despacho por la puerta trasera y entraron en él. Draco la guió hasta el sillón y sin perder tiempo, empezó a abrir varios cajones, revolviendo entre el montón de cosas––que ahora le parecían inservibles–– el sonido de las cosas chocando dentro del gabinete le golpeaban la cabeza como si fuera un martillo y además, realmente se estaba congelando de frío.
––Tómate esto–– de un momento a otro, Draco había llegado a su lado y le extendía un frasco con una poción de color rosa claro–– te aliviará la fiebre–– explicó, porque ella seguía estática, como si no comprendiera que era lo que él quería decirle. Ella se la tomó, tenía de hecho un sabor bastante agradable, y luego se giró mirándolo caminar hacia la puerta.
–– ¿A dónde vas?–– preguntó sintiendo que los párpados le pesaban dos libras cada uno y le ardían escociéndole los ojos.
––A buscar a Connie. Ella sabe de… estas cosas–– y se marchó.
Hermione frunció las cejas. ¿A qué se referiría con "estas cosas"? era un simple resfriado ¿no? Se recuperaría, en un par de días estaría como nueva.
Sin embargo, debía admitir que se sentía como una mierda. Le ardía muchísimo la garganta, las amígdalas le punzaban con sólo al tragar saliva, y sentía un agudo dolor en el pecho.
La puerta se abrió unos segundos después, dejando entrar a la elfina doméstica que la saludó con entusiasmo aunque ella difícilmente pudo pronunciar algo de lo que no está realmente segura de qué fue, la tarea de respirar se estaba volviendo en un martirio. La elfina la escudriñó profunda y atentamente y puso su mano larga y fría al igual que la del rubio en su frente. Al instante y con un chasquido de dedos, la boca de Hermione estaba abierta y su lengua afuera. Un segundo después, le revisaba los oídos.
––Señor, ella no debe pasar más tiempo fuera. Por ahora–– su voz sonaba lamentable–– tiene los mismos síntomas de Floy.
Draco apretó la mandíbula y los puños, muy fuerte, dejando sus nudillos tan blancos como la nieve, mientras Connie revisaba los ojos de ella.
––No se preocupe, amo–– lo intentó calmar al verlo tan estresado, y mirándolas como si quisiera entender en qué momento, todo eso había ocurrido–– Le haré seguimiento y mañana veremos cómo sigue–– la voz de ella trataba de ser optimista, pero al verlo a él, mirando con los ojos muy abiertos la nariz, mejillas y labios rojos de ella, suspiró entristecida–– Lo siento mucho, me equivoqué. Quizá ni los humanos sean inmunes a esto.
Hermione estaba abrumada ¿Qué querían decir con todo eso? ¿Quién demonios era Floy? ¿A qué mierda se referían con "Quizá ni los humanos sean inmunes a esto"?
––Llévala a su cuarto, Connie–– murmuró en voz muy baja, después de unos minutos de silencio en los que pareció tratar de analizar todo lo que estaba sucedía
Draco parecía realmente enfadado.
––Malfoy–– la voz de ella sonó áspera y reseca–– Y-yo aún puedo trabajar–– mintió, realmente se sentía fatal y sabía que en cualquier momento se desplomaría y ya no despertaría en mucho tiempo.
Pero verlo enojado le hacía olvidar ésa situación, por algún motivo, ella no quería que la causa de su molestia fuera precisamente ella, le aterraba tan sólo pensarlo, pero él pareció n haber escuchado ni una palabra de la muchacha y simplemente le ordenó a la elfina que se la llevara y la obligara a dormir si hiciera falta y Connie no tenía más opción que hacerlo.
…
Cuando Hermione abrió sus ojos menos irritados y claramente menos nublados, lo primero que vio entre la penumbra y la oscuridad de la madrugada en su habitación, fue el cuerpo alto, rubio e imponente de Draco Malfoy, observándola desde una esquina del cuarto.
–– ¿Malfoy?–– Preguntó asegurándose de que no fuese una alucinación causada por la fiebre. Draco caminó hacia ella con su andar elegante y las manos en los bolsillos, mirándola muy fijamente y se inclinó sobre ella, tocándole la frente. Hermione cerró los ojos sintiendo las heladas manos del rubio sobre su piel, causando un escalofrío en su cuerpo e intentó cubrirse más con la colcha de algodón. Estaba acostumbrada a las constantes enfermedades en los lugares en los que sirvió anteriormente, e incluso, está muy segura de que estuvo al borde de la muerte al menos un par de veces.
Pero desde que había llegado a ésa mansión, fue como si todas y cada una de las barreras defensivas ––tanto emocionales, como físicas–– se hubieran quebrantado una por una, en miles de pedacitos diminutos. Arruinando las barreras que se había dedicado a construir durante tres años.
Desde que llegó, el miedo y la ansiedad hicieron de ella un desastre de emociones dispersas. Él la ponía realmente nerviosa cuando la buscaba, arrancándole de sus labios los besos más efímeros, enfermándola de un sentimiento doloroso y placentero, la dejaba indefensa y expuesta a él, sabía que haber sido su compañera de curso, influenciaba en que aquello fuera tan intenso, que burbujeara en su pecho. Haber visto muchachas abusadas por crueles y asquerosos hombres, y que las caricias de él a veces le humedecieran los ojos por la sublimidad con la que las repartía.
Con ella era diferente. De hecho, él la hacía sentir diferente, como si realmente su pelo no fuera un nido de pájaros o su cuerpo no diera lástima. Con él, sentía que podía ser hermosa aunque fuera sólo un momento.
––Aún tienes algo de calentura–– murmuró Draco sentándose en la cama, le avergonzaba que la viera de esa manera y está segura de que su olor no debía ser el mejor–– Has estado inconsciente un par de días.
––Estoy bien–– se levantó de hombros tratando de no darle mucha importancia–– creo que sólo estaba muy cansada.
Él negó con la cabeza.
––No lo entiendes Granger. Cada elfo al que le he encargado este trabajo, moría al cabo de unas semanas.
Hermione abrió los ojos desmesuradamente y lo miró asustada ¿Acaso moriría? ¿Estaba su destino cruelmente trazado con una muerte súbita? ¿Dolería, sufriría, lo culparía a él? ¿Sería posible? ¿Podría Malfoy haberle dado ese trabajo para que agonizara lenta y dolorosamente? Sintió el corazón quebrarse con un fuerte golpe, le ardía tanto que por un momento creyó que se había prendido con fuego y alma se le salió en gotas líquidas a través de sus ojos, su pecho se agitó en un gemido ahogado y sus manos apretaron fuertemente las sábanas, tratando de amortiguar el dolor que se había agarrado con tenazas en su pecho.
Retrocedió con miedo, pegándose a la cabecera de su cama, como si de esa manera se fundiría en ella, los ojos nublados de angustia tan sólo le permitían ver borrosas facciones en el rostro de Malfoy, sin embargo, él comprendió muy rápido lo que ella estaba pensando.
–– ¿Qué?––Masculló con rabia, como si no pudiese creer lo que ella estaba pensando–– ¡No iba a dejar que murieras!––escupió las palabras como si le dejaran un mal sabor en la boca–– ¡Por eso te obligué a que te quedaras aquí!
Hermione observó aún aterrada, cómo él se levantó con violencia de su cama haciéndola saltar un poco y dio varias vueltas como si no creyera lo que ella estuviera imaginándose antes de ir hacia la puerta.
–– ¿Sabes qué?–– se rió con ironía–– Si quieres morir ¡Adelante! No voy a impedírtelo–– abrió la puerta con tal brusquedad que a ella le sorprendió que esta no se desprendiera de las hendiduras que la sostenían–– Haz lo que se te dé la maldita gana.
Ella brincó ante el sopetón que dio la puerta cuando él la cerró de un portazo. Las lágrimas recorrían sus ojos sin piedad, tratando de pararlo, tratando de no llorar, pero era inútil, los sollozos empezaron a desgarrarle la garganta y sus manos se abrazaban a su cuerpo y a las sábanas. Sentía un dolor horrible en la garganta, como si algo le impidiera respirar con normalidad y le pinchara el cuello.
Se sentía mal por haber pensado lo que pensó, pero se sentía aún peor de no estar segura de lo que él le decía, de no estar segura de que realmente él no le procuraba la muerte. Le dolía no creerle porque ella moriría por hacerlo, porque daría su vida porque él, realmente, quisiera salvarla, pero eso parecía sólo un espejismo.
Su cuerpo se sacudía en llantos, y trató de sofocarlos pero cada vez se hacían más y más fuerte, se tapaba la boca intentando retenerlos, hasta que, fue tan fuerte, que ya no le quedaba voz, que ya no tenía lágrimas, que el tiempo y el espacio se empezaban a dispersar, y se quedó en esa conocida fosa negra, en medio de su cabeza.
…
A la mañana siguiente, le costó demasiado abrir los ojos, hinchados por las lágrimas saladas, la garganta la sentía muy seca, no tenía ni un poco de saliva para siquiera humedecerla un poco, y tenía el cabello hecho un desastre.
A pesar de eso, se obligó a levantarse de la cama y tomó un poco de agua del baño ––era sorprendentemente pura–– y trató de mejorar su apariencia para no verse tan lamentable. Caminó a las cocinas y se encargó de hervir agua y tomar un par de papeletas de té con sabor a menta y vainilla, de ése que ella sabes, es su favorito, y puso un plato de galletas junto al juego de teteras y tazas plateadas.
Finalmente, Draco tenía razón, tenía que descansar, pero llevarle un poco de té no la mataría. Gracias a Merlín las recomendaciones del medimago que la había visto mientras estuvo inconsciente y las pociones de Connie parecían mágicas ––Bueno, de hecho lo eran––sirvieron excelentemente para su recuperación e hizo una maravilla con sus pulmones y su nariz, pero, después de lo que había sucedido la noche anterior se sintió tan mal, que tenía que compensarlo de alguna manera, tal vez con un poco de amabilidad.
Tomó la bandeja y empezó a caminar por los pasadizos que la ocultaban de cualquier intruso y además, le permitían llegar más rápido al despacho del rubio.
Una vez delante de ella tocó un par de veces y la puerta se abrió sólo un poco con un chirrido. Hermione la empujó con su espalda para entrar, pero justo cuando pudo ver lo que estaba frente a ella, el aire se le escapó de los pulmones como si le hubiesen dado un gran golpe en el pecho, las piernas se le doblaron como si fueran de gelatina.
Draco estaba sentado en la silla de su despacho, como usualmente lo hacía, pero esta vez, en su regazo estaba una joven de cabello negro que le besaba con ternura la comisura de sus labios y un poco de ellos también. Era Pansy Parkinson, la reconocería donde fuera. Su bella figura, su cabello negro y perfecto, sus elegantes manos y la forma esbelta con la que lo abrazaba, parecía de porcelana.
Ambos parecían haberse moldeado en el mismo cuenco, parecían reconocer la forma en que encajaban y ella odiaba enormemente que se besaran con ternura y no con una pasión absurda provocada por un desliz cualquiera. Estuvo a punto de tirar la bandeja y llorar hasta el cansancio, pero se contuvo.
–– ¿Granger?–– en algún momento, ambos habían dejado atrás los besos, y la pelinegra miraba a Hermione como si no entendiera como es fuera posible encontrarla en ése lugar–– ¿Draco?–– miró al rubio confundida, pidiéndole que le explicara qué ocurría con tan solo mirarlo a los ojos.
La mirada que le lanzó Draco la hizo entender que no era el momento apropiado y que debía bajarse ya de ahí. Parkinson se levantó sonrojada y se alisó la falda un poco. Hermione sintió un terrible dolor en el corazón, algo o alguien había disparado justo allí ocasionándole una herida que no podría curarse con ningún tipo de ungüento. Sintió cómo si un montón de púas se le clavaran en el pecho y en la garganta, respiró profundo y cerró los ojos, negándose a permitir que ellos la vieran llorar. Cuando los abrió, sus ojos mostraban la más terrible frialdad que jamás había expresado.
––No saldré al establo hoy, como usted ha sugerido, señor–– tuvo que interrumpiré a sí misma para que su voz no se quebrara patéticamente–– sólo he venido a traerle té. Ahora con su permiso, me retiro.
Inclinó su cabeza en una reverencia y se giró sintiendo que no podría retener mucho más tiempo las lágrimas que empezaban a agolparse en sus ojos.
––Granger–– la detuvo avanzando hacia ella y tomándola del brazo, Hermione no se había dado cuenta de cuánto temblaba hasta ese momento. El rubio la hizo girar y ella agachó su cabeza, evitando que el viese la tristeza que sentía. Se recordó una y otra vez que tan sólo era una esclava, no debería sentirse como lo hace, era completamente absurdo, ilógico y patético.
––Ya me voy–– susurró la pelinegra comprendiendo que estaba de más en esa habitación––Lamento esto––susurró y a Hermione le pareció que quizá ella se sentía un poco mal por lo que acababa de ocurrir ––cuídate mucho, Draco–– Se acercó a Draco e iba a despedirse con un beso en la mejilla, pero se detuvo a sabiendas que tal vez eso empeoraría la situación y se limitó a apretarle el brazo cariñosamente––Y por favor… mantente vivo.
Él asintió con seriedad.
––No quiero saber, Pansy, que acudiste a esa misión.
La chica sonrió un poco: –– De acuerdo–– y se marchó.
Hermione temblaba enormemente, no quería verlo, quería largarse de ahí, quería olvidar lo que acababa de ver, quería que la soltara y la dejara en paz un poco antes de que ella misma se volviera un desastre.
––Así que has decidido obedecerme––murmuró él. Sin embargo, ella mantenía su cabeza hacia abajo–– Te estoy hablando, Granger––gruñó–– y me gusta que me miren cuando hablo–– Hermione sintió como él la tomaba de la barbilla y la obligaba a levantar su rostro para que lo mirara. Se maldijo interiormente por no haber podido retener algunas lágrimas, que ahora habían dejado una línea húmeda por la cual se habían deslizado, al darse cuenta de que en ese corto periodo, se había enamorado y aferrado con las pocas fuerzas que le quedaban a su magullada alma, a un hombre que nunca en su vida llegaría a considerarla.
Porque sí, lo ama. No sabe cómo, no sabe cuándo. Sospecha que todo comenzó con el primer beso, tal vez esa noche en la que él se había escabullido en su habitación, dónde posiblemente también lo había hecho en su alma.
Draco miraba las lágrimas en sus ojos sin expresión alguna.
–– ¿Estás llorando?
En ese momento, Hermione sintió una rabia inmensa y ganas de golpearle fuerte el rostro, para ver si así él también lloraba.
–– ¡No! ¡Lo que pasa es que tengo un grifo de agua en la cabeza!
Ella ni siquiera se arrepintió de lo que había dicho ni intentó disculparse como en ocasiones anteriores, lo miró desafiante, esperando una bofetada o un cruciatus, pero no llegó. En vez de eso, una fuerte carcajada le retumbó en los oídos y en lo más profundo de su cerebro.
–– ¡Qué ingeniosa, Granger!–– la felicitó con una sonrisa.
Ella apretó sus labios y otro par de lágrimas se deslizaron por sus ojos. No sabía si él se estaba burlando, o si simplemente, le agradaba verla sufrir. Posiblemente ambas.
Ella se giró sobre sus talones indignadas, pero no se quedaría para ver como él seguía riéndose en su propia cara, no sería una estúpida frente a sus ojos. Salió rápido, sin darle una oportunidad de un comentario mordaz o venenoso y cerró fuerte la puerta.
Quizá muy fuerte.
…
Los días pasaron lento, entre su establo y la habitación. De hecho, fue tan solo un par de veces al establo y tenía más dos días encerrada en su habitación, sin comer absolutamente nada, y el estómago ya le rasguñaba las entrañas, pidiéndole comida. Tal vez podría pasar por la cocina antes de dormir, al fin y al cabo, tenía días de no ver a Draco ni escuchar ajetreo en la mansión.
De hecho, no lo había visto desde el incidente en su despacho. Se había encerrado en su cuarto sintiéndose como una estúpida, y después de despojarse con furia de su ropa, se había quedado mirándose en el espejo por largo rato.
¿Cómo pretendía que Draco Malfoy se fijase en ella? De sólo mirar su cuerpo delgaducho, sentía un dolor en el corazón. No podía siquiera compararlo con el de Pansy, es decir, esa mujer era la misma Afrodita en carne y hueso, y Hermione de hecho, era solo un poco de carne pagada a los huesos, por no decir que una delgada capa de piel era lo único que poseía. Podía contar cada una de sus costillas y observar como las espinas de sus caderas se notaban exageradamente.
Suspiró caminando hacia la cocina intentando olvidar lo que había visto hacía unos días. Pero, quizá si comiera más, si lograra engordar unas seis o diez libras le favorecería un poco.
El olor a comida era fuerte, su estomago crujió y sintió un fuerte mareo, por los estragos de no haber comido en tanto tiempo. Los días de escasa agua, nada de comida y poco sueño estaban causando estragos en su cuerpo.
Hermione se tomó con fuerza del estómago, las tripas le rugían fuerte y la garganta le burbujeaba, sentía la cabeza darle muchas vueltas y trato de acelerar el paso, hasta detenerse al final de oscuro corredor. Tendría que atravesar el salón iluminado, aunque, dudaba que a esa hora hubiese alguien allí, incluso le parecía imposible encontrarse a alguien más por ahí, considerando el imperturbable silencio ––únicamente interrumpido por el sonido acelerado de su corazón––que reinaba en la estancia.
Empezó a caminar rápido y sin vacilar, pensando en que pronto se comería un pan caliente o una torreja de jamón. Corrió muy rápido, el salón era inmenso, pero justo cuando estaba a medio metro de las cocinas, una voz gruesa la asustó de muerte, llamándola con una leve carcajada.
–– ¡Eh!––Era un hombre–– ¿Es ésa, la Sangresucia Granger?
El corazón de Hermione dio un vuelco y dio media vuelta para observar quién la llamaba. Lo distinguía entre los demás, era un chico joven, unos años mayor que ella, de apariencia tosca y basta entre otros cinco, tomando whiskey de fuego,
–– ¡Ven acá!–– le ordenó y Hermione abrió los ojos de par en par temblando de miedo–– ¡Es una maldita orden, estúpida! ¿Acaso no entiendes?
Los oídos le zumbaban, pero no tuvo otra opción que mover sus débiles piernas hacia el grupo de hombres. El mareo aumentaba y el olor a comida era tan fuerte, que sentía que vomitaría ácidos en cualquier momento.
Pero, cuando los vio a todos, observó con alivio al rubio sentado entre ellos.
–– ¡Miren nada más!––sonrió malicioso el mismo que la llamó–– Creo que se te olvidó mencionarnos un pequeño detalle, Malfoy.
––No estaba en mis obligaciones hacerlo––murmuró sin mirarla, como si ni él estuviera acostumbrado a tratarla frecuentemente. Hermione horrorizada por la indiferencia que podía dejarla en peligro con los demás, insistió con su mirada, pero no obtuvo nada.
––Muy modesto. Típico de tu familia ¿no?–– Los demás muchachos ––a excepción de él–– se rieron fuertemente en tono burlesco, pero a Hermione le pareció que se reían más por obligación, que porque lo encontraran realmente gracioso–– ¿Ibas a la cocina?–– el hombre aún reía un poco, ella asintió–– Pues entonces trae otra botella de whiskey y más frituras.
––Ah… yo…–– Balbuceó nerviosa, ni siquiera sabía dónde iba a encontrar esas cosas.
––Hazlo, Sangresucia–– murmuró Draco y ella sintió un frío terrible en su columna vertebral. Ni siquiera en ese momento él la miró para hablarle.
Con el corazón en un puño, y la cabeza a punto de explotar, la muchacha caminó lo más rápido que pudo hacia la cocina. Por suerte para ella, en cuanto entró, vio una bolsa de frituras y otra botella, de fuego. Tomó ambas cosas y lo puso lo más rápido que pudo sobre la bandeja, quería entregarlo y largarse, de verdad que quería huir de allí cuanto antes.
A los pocos pasos, la cabeza le empezó a punzar como si le estuvieran clavando un tornillo en ella. Se acercaba a los jóvenes, escuchaba difícilmente unas risotadas, su cabeza estaba por colapsar.
No había notado su vista borrosa y la forma torpe con la que estaba caminando, hasta que de un buen golpe, su tobillo se torció terriblemente arrancándole un gemido y perdió el equilibrio absoluto, cayendo al suelo a menos de cuatro pasos de la mesa que compartían los que seguramente eran todos mortífagos.
Los vidrios rotos de la botella y el cristal de la bandeja se le incrustaron en los antebrazos, en el codo y sus pantorrillas, chilló adolorida sintiendo el escozor que le producía el fuego de aquel whiskey sobre sus profundas cortadas, la sangre brotaba a chorros, el olor de todas esas cosas, el mareo y el hambre le produjeron unas enormes arcadas que intentaba retener
–– ¡Estúpida!–– gritó el hombre que le había ordenado ir por todas esas cosas, y Hermione que tenía los ojos nublados del dolor, intento busca la mirada de Draco, suplicándole ayuda, pero el mortio le propinó una cachetada tal, que la aventó contra el suelo golpeándole en la cabeza.
Hermione sintió que la cabeza se le partía en dos y los oídos le pitaban. Sentía muy débil, como si en cualquier momento fuese a perder la conciencia, sabía que estaba perdiendo mucha sangre y que si nadie la socorría, moriría desangrada. Pero el dolor pareció despertar en el hombre un placer enfermizo.
Se acercó a ella mirándole las manos blancas profanadas con gotas de oscura y roja sangre con una sonrisa asquerosa, y con una fuerza mortal, levantó su pie, y lo estampó con fuerzas utilizando el tobillo, quebrándole hasta el último hueso de ellas.
El alarido que salió de los labios de la joven pudo haberse escuchado fácilmente en toda la mansión y sus alrededores. Hermione se retorcía en el suelo por el dolor y buscaba suplicante la mirada de Draco, para que acabara con esa agonía, pero lo que vio, le partió el alma.
Se sintió destruida al no encontrar más que indiferencia en los fríos ojos de Draco, una indiferencia tan atroz que a ella se le escapó el poco aliento que guardaba y las lágrimas se derramaron ya sin poner la más mínima resistencia que sus ojos habían querido hacer.
La esperanza también se escapó camuflada en los borbotones de sangre caliente, experimentó el miedo que jamás había probado.
Sus ojos viajaron por sus manos destrozadas y su cuerpo ensangrentado, desesperada recurrió a sus ojos nuevamente, pero encontró el mismo semblante frío; todo estaba perdido para ella. Los demás se marchaban diciendo estupideces, el cretino que la había golpeado se reía por la forma en que ella se había caído, y él se había quedado, viéndola como si se tratase de un espectáculo de animales.
Mareada, con náuseas y medio muerta, sollozó dejando caer todas las lágrimas que le quedaban.
––Te odio––susurró y todo se oscureció dejándola caer en una abismo oscuro y turbulento, lo odiaba tanto que no podía existir algo más fuerte que ese odio, a excepción del amor agonizante que sentía por él mismo.
Le duele tanto que odiarlo parece el remedio para su enfermedad incurable.
Porque sabe que lo ama, pero ¿Quién era ella? Él jamás la vería como su igual.
Pero lo ama.
Lo odia porque el dolor de sus heridas es insoportable, pero no parece nada a comparación con el dolor de su alma, lo ama, pero lo odia porque necesita odiarlo, para no sentir que él tiene el control sobre su ser, aunque realmente así sea. Lo odia porque así siente que no es tan estúpida, porque al menos siente que de esa manera lucha contra el otro sentimiento, pero es imposible recordar la voz de su interior que insiste en que inevitablemente, ella…
Lo ama.
…..
Hooolaaaa chicoos, un saludo rapidito porque por acá es súper tarde y mañana tengo colegio:(, en fin!
Espero que les halla gustado‼ estuvo un poquito intenso el capítulo pero ¿qué se hace?
Un besoo muyyy muy grandoteee‼!
Por cierto, el que no se haya leído los juegos del hambre ¿qué estáis esperando? ¡A leerlo ya!
Looos amo, díganme que tal les pareció!
