Corría. Corría tan rápido que le ardía cada músculo de sus piernas, sentía los pulmones secos y faltos de aire, y aunque trataba de respirar, un horrible nudo en su garganta hacía todo más difícil. No sabía con exactitud de qué huía, pero estaba convencida de que se trataba de algo que la destruiría por completo. Un demonio.
Sin embargo, cuando giró entre el extraño bosque que crecía con dimensiones casi imposibles, no había nada tras suyo, era un alivio. Flexionó su espalda apoyando sus manos en las rodillas, tratando de llenar nuevamente sus pulmones, pero cuando se disponía a caminar buscando una salida, los ojos grises de un gigantesco lobo la aturdieron antes de que este clavara sus colmillos en su brazo izquierdo.
Despertó sintiendo un pinchazo doloroso y ardiente en su brazo, el mismo que la bestia había atacado. Sin embargo, después de unos segundos, el dolor comenzó a desaparecer, hasta que ya no sintió nada, ni siquiera el mismo brazo. Trató de enfocar sus ojos, perturbados por una ranura de luz que se asomaba por la ventana y golpeaba directo en su rostro.
Estaba en su cama, fue lo primero que notó. Sintió esta vez una presión extraña en su brazo y ladeó su rostro, observando el paisaje que su cerebro embotado por pociones analgésicas no entendió muy bien. Connie, la elfina doméstica miraba su brazo con el ceño levemente fruncido en señal de concentración, mientras que ––lo que Hermione pudo percibir–– una aguja metálica muy brillante y un hilo esterilizado, le daba puntadas a las heridas abiertas por el cristal de las botellas de whiskey, le había dormido el brazo, por supuesto, por eso no lo sentía.
Cuando sus ojos se desanublaron y pudo ver claramente sus manos, se sorprendió al encontrarlas con la misma forma de siempre, y no deformes por los huesos quebrados, como recuerda haberlas visto antes de desmayarse sobre el gran charco de alcohol y sangre.
––Connie––masculló sintiendo la garganta seca y rasposa, como si un serrucho le cortara las cuerdas vocales, incluso intentar carraspear era terriblemente doloroso.
–– ¡Oh, Hermione!–– la elfina la miró contenta y aliviada–– Menos mal que has despertado ¡El amo Draco está furioso!
La muchacha sintió un nudo cerrarle la garganta y trató de no pensar mucho, para que los ojos no se le humedecieran de rabia y tristeza, y para que su corazón no se quebrara más.
––Lo sé–– era inevitable pensar que se le vendría una avalancha encima en cuanto Draco la llamara–– ¿Te ha castigado por mi culpa?–– preguntó angustiada de que Malfoy descargara su furia en la noble criatura, los ojos le picaron con un poco de desolación–– Lo siento tanto… yo no pretendía… de verdad que no quería dejar caer esa… esa bandeja…––gimió con un algo de súplica en su voz.
Pero la expresión contrariada de Connie la hizo sentir peor ¿La odiaría ella también? ¿Habría pagado con creces un error que ni siquiera le correspondía? Tal vez Draco había descargado en ella una sarta de maldiciones.
Pero… no podía ser posible, de otra manera ¿Cómo es que estaba curando sus heridas? No podría odiarla, al menos no tanto, porque estaba cuidando de su salud nuevamente.
Para su sorpresa, cuando se atrevió a mirarla de nuevo, Connie la observaba con su usual dulzura.
–– ¿Acaso piensas que el amo se ha enojado con nosotras por esto?–– le miró tiernamente y negó con la cabeza–– No Hermione, el amo está muy enojado, pero no con nosotras, sino con quien te hizo esto–– le aclaró sin descuidar las precisas y delicadas puntadas de su brazo––Él fue el que te trajo aquí y me buscó de inmediato para que te buscara.
Hermione intentó imaginarlo, pero la idea era tan absurda, que por unos segundos creyó que Connie estaba subestimando sus niveles de inteligencia.
–– ¿Qué?–– la miró temiendo que Connie hubiera enloquecido–– ¡Pero…eso no tiene sentido!–– Hermione desesperó al ver la cara totalmente confundida de la elfina y trató de ser un poco más clara–– Es decir… ¡Él estaba ahí!––la voz se le quebró–– Y no hizo nada, Connie ¡Nada!... pudo impedirlo, pero él… no hizo nada.
––No–– negó firme y rotundamente la elfina, con tal convencimiento que Hermione tuvo miedo de decir algo al respecto. Connie humedeció un paño con un líquido transparente y de olor bastante fuerte, y comenzó a pasarlo por encima de las heridas que había terminado de coser en ambos brazos, limpiando la sangre seca que quedaba sobre estas, Hermione hasta ése preciso momento no había notado que tampoco sentía el otro brazo––El amo no puede intervenir–– continuó la elfina y la miró con dureza nueva en sus ojos, Hermione sintió un escalofrío recorrerle la columna vertebral–– Se supone que al amo le importa poco lo que le sucede a sus invitados, ni mucho menos que hacen, y eso incluye a sus invitados. Hermione, ellos pueden hacer con nosotros lo que se les dé la gana, porque son invitados y tienen el mismo derecho que nuestros amos de ordenarnos hacer lo que se les plazca.
Connie se levantó ofuscada al terminar de desinfectar las heridas y se dirigió al buró que había junto a la cama de Hermione, abrió un cajoncito que anteriormente permanecía vacío, pero ahora tenía varias vendas y pociones, y sacón un botecito con un líquido azul en él.
––Tómatelo después del desayuno y media hora antes de la cena. Estarás mejor mañana––le sonrío un poco, claramente más relajada, y puso la medicina encima de la mesa de madera, después de todo, Hermione estaba enojada y confundida por lo sucedido.
Ella asintió incorporándose lo mejor que pudo sin sus brazos, lo que sea que le hubiera puesto Connie la habían mareado un poco, sus brazos colgaban a ambos lados de su costado, inertes.
No le creía del todo lo que había dicho, sentía que de alguna forma, Connie sólo intentaba excusar a su amo de sus malas formas. Pero no podía evitar sentir un dolor inmenso al recordar la absoluta indiferencia con que él la miró, dejándola caer en el suelo, a su suerte, con el trago de whiskey en su mano.
…
A la mañana siguiente, su cuerpo de nuevo se sentía de maravillas, los rastros de gripe habían desaparecido, y a pesar de que ya sentía los brazos, el dolor era muy mínimo y soportable. Pero el dolor que aquejaba su pecho ye el nudo en su garganta le dolía más que cualquier otra cosa, y no podía pensar más que en eso. Por suerte, Malfoy no la había mandado a llamar ni una sola vez en todo el día, y eso por una parte significaba un alivio enorme, pero por otra, no sabía si era peor, porque la dejaba sin nada que hacer, víctima de sus propios pensamientos masoquistas.
Recordaba una y otra vez el suceso, como un boomerang que iba y venía, matándola en el camino.
La escena de Draco besando a Parkinson le golpeaba la mente cada minuto, y siempre cambiaba, a veces eran besos castos y fríos, otros eran apasionadísimos, llenos de caricias cálidas y dulces.
No podía hacer más que maldecirlo una y otra vez sintiéndose cada vez peor. Él le había robado tantos besos… tantos que duraba horas sin aliento, recordándolos uno a uno, eran minutos enteros con la respiración agitada. Los ojos le escocieron.
Se suponía que era una Gryffindor, se suponía que tenía que ser valiente y no desplomarse por eso, o esconderse de él, evitándolo a toda costa. Era estúpida, ella tendría que verlo tarde o temprano, no podía hacer nada para evitarlo, no iba a estar en esa habitación para siempre aunque lo deseara, además, era inútil seguir engañándose, está enamorada de un hombre con el corazón congelado, carente de sentimientos y aborrecedor de impuros.
No sabe a quién odia más, si a ella por ser tan estúpida, o a él por obligarla a amarlo. Durante horas se dedicó a pensar en la muerte, tal vez si desaparecía del mapa, su alma flotaría en una nebulosa de sueños, y en los sueños por lo menos podría tenerlo a su lado. Pero la única manera de morir sería un suicidio, pero eso era demasiado patético, incluso para ella.
Tal vez… si hacía todo mal… es decir, exageradamente mal, un caos, él la molería a golpes hasta matarla. Podría ser una buena forma de morir, al menos de esa manera podría observar sus grises iris y su mirada oscura antes de abandonar la vida. Y si… al golpearla estaba muy cerca, podría lanzarse agonizando a sus brazos, sería una excusa perfecta para sumergirse a la inconsciencia eterna, en la malvada calidez de su cuerpo.
…
Los días pasaron sin una sola señal de Draco. Seguía sin llamarla, sin exigir su presencia y Hermione comenzaba a ponerse realmente nerviosa, pero no quería pensar mucho en las razones que tuviera él para simplemente olvidarla y echarla de su vida ––aunque quizá exagerara–– y a pesar de que trató de mantener su cabeza ocupada, ya no podría seguir extendiendo el momento, tenía que volver al establo porque Connie no resistiría seguir ir un solo día más.
Estuvo minutos incontables frente a la gran puerta de grueso roble tallado a mano dudando si debía entrar o no, al fin y al cabo él no la había llamado. Tocó un par de veces, pero no recibió ninguna respuesta. Tocó de nuevo permaneció intacto, así que decidió entrar.
Giró el pomo de la puerta muy suavemente intentando hacer el menor ruido posible. Como lo esperaba, no se sorprendió al ver la oficina vacía y sintió un ligero alivio al no tener que verlo.
…
Harry Potter entraba la casa escondida en el bosque arrastrando los pies con ruidosas pisadas, dejando tras de sí un lastimero camino de gotas de sangre en el suelo de madera.
La cabeza le colgaba pesada de su cuello, estaba terriblemente desgastado. Subió las interminables escaleras, haciéndolas rechinar con cada paso, agarrándose con más fuerza de la necesaria del pasamano evitando una caída mortal; sus piernas amenazaban con dejar de sostenerlo. Finalmente llegó cansado y adolorido a la habitación que compartía con la menor de los Weasley, y se dejó caer en la cama.
Cerró los ojos suspirando largamente recordando los sucesos que había tenido que aguantar durante los últimos años, obligándolo a madurar más rápido de lo que quería, pero él ya no podía vivir sin la mujer que ama. Mantenerla lejos no la protegería, nunca la protegió, y tuvo que entenderlo de la peor manera.
Ginny se acercó al muchacho, acariciándole los labios con la yema de los dedos inclinándose sobre su pecho. En esa posición Harry podía ver claramente bajo la ancha blusa, la cicatriz blanquecina que le atravesaba el pecho.
Había querido protegerla a toda costa, tomando medidas demasiado drásticas, sin darse cuenta de los pequeños errores.
Los mortífagos calculan fríamente los movimientos, siempre un paso más adelante que el enemigo, recuerda que ese día vio entre la plaga de mortios el rostro de Draco Malfoy, observando la batalla que se formaba en sus narices, sin inmiscuirse en ella, pero sin hacer nada por detenerla, mirando casi con burla la manera en que ambos bandos se destrozaban. Pero en una milésima de segundo, los mortífagos tomaron el control de la batalla, los miembros de la orden en aquel lugar inhóspito eran my pocos, y se suponía que estaban a salvo.
Perdió muchos elementos valiosos esa noche, y casi la pierde a ella. La navaja plateada en forma de serpiente que le atravesó el pecho no la asesinó porque tal vez, no era su día, pero estuvo a punto.
Nunca vio tanta sangre y sintió tanto miedo, todavía no sabe como desapareció de allí y llegó a un centro de salud muggle, mientras que el resto de la orden luchaba por mantenerse en pie frente a los mortífagos.
––Harry–– susurró Ginny devolviéndolo al presente, acariciándole el negro cabello.
––Le he dado––murmuró él con voz ronca y siniestra, sin saber de qué hablaba, ella sintió un escalofrío en su columna.
–– ¿De qué hablas?
––Malfoy––sonrió macabro–– le he dado.
La muchacha abrió los ojos de par en par, comprendiendo a lo que se refería, se llevó una mano a la boca y la otra a su estómago.
–– ¿Lo mataste?
Un miedo inmenso se apoderó de su mente y sintió náuseas.
––Eso espero.
…
Hermione terminó de limpiar el corral y cepillarle el cabello a de la cola a Mika, cuidando de las delicadas plumas de su torso, y caminaba distraídamente hacia su cuarto pensando en que parecía una eternidad la última vez que había visto a Malfoy. Estuvo en su oficina casi una hora, limpiándola (no aceptaría que estaba esperando a que él apareciera) pero él no llegó.
Era extraño, pero necesitaba sentirlo de nuevo. Sentir sus manos en su cintura, acariciándola descaradamente, aunque supiera que era absurdo, e incluso masoquista. Era muy tarde ya, y los pasillos estaban solitarios y desiertos, no había ni una sola alma rondando a esas horas.
Draco había salido a una misión el día anterior ––cómo le entendió a Connie–– junto con un gran clan de mortífagos, por eso no habría nadie más que sus padres en la mansión, aunque ellos siempre estuvieran encerrados en sus aposentos, presos de su propio hogar, sentía un poco de lástimas por ellos, pero sólo un poco. Hermione tenía muy claro que las reuniones entre mortífagos se dirigían en esa casa.
Caminaba por el solitario pasillo, cuando un golpe fuerte resonó desde la sala de la mansión, paró en seco agudizando el oído con los nervios de punta y el corazón agitado, escuchó un quejido lastimero. Sintió el estómago contraerse cuando distinguió esa voz. La embargó una extraña ansiedad y se echó a correr desesperada hacia el lugar de donde provenía el sonido, guiándose por la luz al final del pasillo.
Al llegar, vio con espanto la sangre bañando el suelo y la ropa de Draco, que trataba inútilmente de parar la hemorragia con sus manos, empapadas del espeso y rojo fluido.
–– ¡Malfoy! ––gimió sin aliento con el corazón en la garganta, Draco levantó la mirada y ella quedó horrorizada con su rostro desdibujado por el dolor.
Hermione cayó a su lado sintiendo los ojos nublados con muchas ganas de llorar, la herida profunda de su estómago era espeluznante.
––Connie––gimió con la voz quebrada–– ¡C-Connie!–– exclamó un poco más fuerte para que la elfina acudiera a su llamado, aunque sabía que ella no necesitaba levantar mucho la voz para que apareciera.
Escuchó un grito ahogado en sus espaldas.
––Amo…––susurró con angustia la criatura y se arrodilló al igual que Hermione junto al cuerpo moribundo del hombre.
Hermione la miraba con los ojos borrosos por las lágrimas que se acumulaban en ellos, la vio apartar las manos de él de las heridas y romper la tela de su camisa, dejando ver hasta donde llegaba. Sintió algo resbaloso deslizarse por sus manos y bajó la vista, fijándose en una de las manos de él húmedas de sangre que trataba sin mucho éxito de aferrar las suyas propias, gimió angustiada, tomándole la mano entre las suyas y susurrándole algunas palabras de confort, pero no parecía ayudar mucho, el rostro de él cada vez estaba más pálido y sudoroso.
El silencio era solo interrumpido por los jadeos de Draco y los débiles sollozos que Hermione trataba de ocultar besándole ligeramente las manos.
––No puedo–– gimió Connie desesperada después de un rato–– ¡No puedo! ¡Es muy profunda! ¡Si intento algo más… lo arruinaré!
Hermione tragó en seco dejando caer las lágrimas de su rostro.
–– ¡Tiene que haber algo!–– exclamó–– No… ¡No puedes dejarlo morir, Connie!
–– ¿Draco?–– la voz de Narcisa Malfoy se escuchó desde la planta de arriba–– ¡Draco!
La mujer se lanzó corriendo por las escaleras de mármol hasta llegar al primer piso y se apresuró al cuerpo tendido de su hijo, pálida y aferrándose a su túnica verde.
–– ¡¿Qué ha pasado?!–– le preguntó a Hermione con brusquedad.
––N-no lo sé–– murmuró ella tratando de que Draco no cerrara los ojos––Y-yo… lo encontré aquí… ¡Se lo juro!
Draco estaba cerrando los ojos por el dolor y el cansancio, su cuerpo luchaba por abandonar la conciencia, y Hermione comenzó a desesperar.
–– ¡No!––Le gritó agarrándole fuerte la cabeza–– ¡No cierres los ojos, Draco! ¡Por favor!––las lágrimas de angustia se escurrían en sus mejillas y un nudo le apuñalaba la garganta–– ¡Por favor!
Hermione miraba a todos lados, como si alguien fuera a aparecer de un momento a otro y le salvaría la vida al muchacho. De repente, abrió sus ojos enormemente y miró a Connie con la boca abierta y temblando.
–– ¡Luna!––Exclamó–– ¡Luna Lovegood! ¡Ella sabe de medimagia! ¡Tomó un curso durante dos años en Hogwarts!
–– ¿Lovegood?––La elfina pareció comprender a lo que se refería y se levantó lentamente del suelo, Narcisa Malfoy también lo entendió.
–– ¡Sácala del calabozo, Connie! ¡YA!
La elfina chasqueó los dedos antes de desaparecer. Justo entonces las llamas verdes de la chimenea se encendieron y Theodore Nott salió de ellas.
–– ¿Qué demonios…?–– Un juramento quedó atrapado en su garganta cuando vio el cuerpo ensangrentado de Draco sobre el suelo, que ya ni siquiera permanecía consciente.
–– ¡Aquí la he traído!––exclamó la elfina apareciendo con una joven rubia que parecía muy atolondrada, pero ella no perdió el tiempo en preguntas cuando Hermione le pidió desesperada que ayudara al rubio. No se detuvo en nimiedades y de inmediato revisó la gravedad de las heridas.
––Necesito pociones…––Luna levantó la mirada buscando la de la madre de Malfoy, pero estaba demasiado nerviosa como para entender lo que le preguntaran, por suerte, Nott lo hizo.
––Traía estas–– sacó su gabardina abriéndola en el suelo, y de inmediato Luna empezó a preguntarle por diferentes nombres y él le indicaba cuál era cada una, aunque ella sabía de antemano cuales eran. Nott maldecía al ver la terrible magulladura y exclamaba una y otra vez improperios "¡Le dije que no fuera a esa condenada emboscada!, ¡Nunca escucha, por eso le pasan estas cosas!"
Hermione observaba con los labios apretados para no gemir, había recostado la cabeza de Draco sobre sus piernas y le acariciaba el cabello sin importar que lo manchara de sangre, tratando de hacer menos doloroso el momento, aunque era imposible.
…
Un murmullo suave y lento le despertó. Le dolía todo, hasta la última célula de su cuerpo, o al menos eso parecía, pero el dolor era más fuerte cerca de su ombligo. Era casi insoportable.
Estaba en su habitación como pudo ver al abrir los ojos, el cuerpo le pesaba como si fuera hecho de plomo, y aunque todavía tenía mucho sueño, necesitaba saber qué demonios estaba pasando. Intentó incorporarse, pero el solo movimiento de su cabeza le produjo un dolor agudo en su vientre y maldijo en voz baja.
––Malfoy––sus ojos se abrieron de inmediato buscando la persona que había hablado, y trató de calmar su respiración para comprobar si la vos había sido real o sólo su imaginación.
Giró su cabeza y la vio, Granger caminaba con lo que parecía un montón de vendas y algodón manchados de sangre, que dejó en una canasta de madera y se acercó a él.
–– ¿Estás bien?––sintió la mano de ella sobre la suya y dio un respingo, ella le acarició tratando de suavizar el puño en que había envuelto su mano agarrando las sábanas. Bajó su mirada hasta donde se encontraban ambas manos, todavía podía ver la débil sombra de los moratones y cortaduras en la mano con la que ella lo estaba acariciando.
Hermione también miró hacia donde él miraba, y alejó su mano comprendiendo lo que él estaba divagando.
––Fue una emboscada––informó él en voz baja después de varios segundos de silencio obteniendo la atención de ella sobre su rostro nuevamente, sin embargo miró a la nada antes de seguir hablando.––y fue Potter–– le estaba costando un montón hablar sin jadear de dolor–– fue él quien intentó matarme.
No sabía por qué, pero sentía la urgencia y la necesidad de ensuciar la imagen del bueno de Potter, de hacer que la suya propia no se viera tan mal ahora que la comparaba con él.
–– ¿Qué?–– El miedo se apoderó de Hermione y pensó de inmediato en la vida de su mejor amigo, ¿le habrían hecho algo? Tal vez habían tomado venganza contra él… ¿Realmente Harry había intentado acabar con la vida de Malfoy?––Él no… Harry no podría…no, él no es capaz…
––Estamos en una guerra, Granger––masculló Malfoy con la respiración agitada, le costaba mucho hablar con claridad––En la guerra las personas se vuelven locas, son capaces de hacer cualquier cosa… incluso san Potter––tenía la mandíbula muy apretada––Aniquiló tres de los míos… y casi me une a la lista.
––No te creo––susurró apenada––él no… él no es como…cómo…
–– ¿Cómo quién?–– exclamó furioso y pálido, estaba empezando a marearse–– ¿cómo yo? ¡¿Cómo el despiadado mortífago que tienes enfrente?!
Estaba muy pálido y enojado, casi no podía ver con claridad, Hermione dio dos pasos hacia atrás, aunque él no podía apreciar su rostro, porque tenía la vista borrosa.
––Ya veo… que después de todo… sigues siendo la misma estúpida y cobarde Sangresucia…
…
Se refugió todo el día en el establo, cubierta por un sinfín de abrigos de piel que Connie le había obligado a utilizaren contra de su propia voluntad, pero estaba tan triste que ni siquiera se esforzó en oponerse. Ya había derramado muchas lágrimas, tenía los ojos secos y los labios partidos, se había hundido demasiado en el mar de la desolación, había dejado que sus pulmones respiraran sólo lo suficiente para no desmayarse.
Estaba intentando inútilmente recuperar un poco de dignidad y compostura, estaba cansada que Malfoy siguiera pisoteándola tan cruelmente.
Pero a pesar de que intentaba odiarlo fervientemente, no podía hacer más que perdonarlo una y otra vez, porque lo que siente por él la asfixia y le cala hasta los huesos y una parte de ella desea profundamente que el también la corresponda.
En menos de lo que creyó, el tiempo se esfumo en sus manos y la noche cayó sobre sus hombros, sorprendiéndola mientras dormitaba sobre el regazo de Mika, hacía mucho frío, pero ella no quería regresar la mansión, cruzar la oficina impregnada con su olor. Pero, por alguna razón, tampoco podía escapar, al parecer tenía un karma demasiado pesado.
––Hermione––la voz cantarina de la elfina la despertó de su ensoñación. La chica giró su rostro buscando el de la criatura––el amo Draco desea que vayas a su habitación.
Hermione cerró los ojos desesperanzada, de todas formas tendría que volver a verlo en algún momento, sólo que no esperaba tan pronto.
–– ¿Está enojado?–– susurró con la voz pendida de un hilo.
––No diría enojado… exactamente––murmuró con voz inquisidora entrecerrando los ojos––sí… estaba algo enfadado, pero creo que le interesaba saber en dónde te habías metido––puso los ojos en blanco.
–– ¿Todavía te duelen las manos?––le preguntó Connie luego de unos segundos.
––Un poco.
––No te has estado untando el murtlap como te dije ¿O sí?––la reprendió––Bueno, como sea. Ve antes de que se enoje.
…
El toc, toc de la puerta lo sacó de su letargo obligándolo a acomodarse –con mucho esfuerzo- entre las incómodas sábanas.
––Entra––gruñó amargado por el dolor constante de su estómago. La muchacha abrió la puerta lentamente.
––Connie me ha dicho…
––Lo sé–– la interrumpió con dureza, Hermione sintió que el corazón se le aplastaba un poco––Ven acá, Granger––ella obedeció dando pasos dudosos hacia él–– Tus manos ¿te duelen?
Ella lo miró sorprendida y se las enseñó.
–– ¿Podrás cambiarme las vendas?––dijo entre dientes arrastrando las palabras con orgullo, pero él no la miraba a ella, sus ojos estaban perdidos en alguna parte de la habitación.
Draco sintió el corazón latirle muy rápido dentro de su pecho, ella no había dicho nada, sólo tomó el broche de la venda y con sus manos delicadas empezó a desenrollarla lentamente, cuidando de no lastimarlo.
––Está mucho mejor–– se sorprendió viendo la herida que atravesaba su abdomen mucho más cicatrizada, aunque aún no tenía muy buen aspecto. Abrió un cajón del buró, sacando del botiquín unas motas de algodón y las humedeció en un ungüento burbujeante.
––Maldición–– gimió Draco cuando ella frotó suavemente el algodón contra su herida.
––Lo siento––ella lo miró angustiada y trató de sonreírle un poco––Ya verás cómo pasa…
Hermione limpió y curó la herida y con cada medicina, esta parecía tener mejor aspecto. Cuando terminó, cubrió nuevamente la herida con una venda limpia y tapó todo, devolviéndolo a su sitio, pero cuando estuvo a punto de marcharse, Malfoy la detuvo tomándola del brazo.
––Quédate hoy.
–– ¿Qué?
––Seguro te necesitaré esta noche…mejor quédate aquí–– ella se lo pensó varios segundos mirándolo, pero él no le miraba. Hermione buscó con la mirada un lugar donde pudiera dormir, por suerte el piso alfombrado le serviría de cama.
––Está bien–– se encogió de hombros tratando de verse indiferente––creo que me haré por allá…–– susurró señalando un rincón que parecía cálido.
–– ¿Cómo?–– Malfoy sonrió con sarcasmo–– ¿Quién te dijo que dormirías en el suelo?
Hermione contuvo la respiración.
––Ahh… yo…––balbuceó bajo la intimidante mirada de Draco.
––Dormirás conmigo–– decidió con voz firme. Hermione sintió un golpe de vergüenza en sus mejillas, le ardía la cara y trató de disimular un poco agachando la cabeza.
–– ¿Qué…dice?–– preguntó como si no hubiera entendido.
––Creo que fui muy claro, y tú entendiste perfectamente. Puedes ponerte una camisa mía si te sientes incómoda o te da frío. Aunque… no lo creo necesario.
Hermione tragó en seco y lo miró como si no lo creyera durante varios segundos, pero después de la insistente mirada del muchacho, no tuvo más opción que sentarse en el borde de la cama, retirando las zapatillas con la piel de gallina.
–– ¿Estás… seguro de que… quieres…?–– la mano de Draco la tomó de uno de los brazos y tiró de ella para dejarla contra su cuerpo.
–– ¡AH!––Se quejó él por la presión en la herida–– Si obedecieras mis órdenes como te digo, Granger–– la voz le sonaba entrecortada y muy ronca–– no me habría lastimado.
Hermione se levantó de su peco avergonzada.
––Lo siento––susurró alejándose para no seguir lastimándolo.
––No… quédate dónde estabas–– le dijo pasando la mano por la espalda de ella, Hermione lo miró sintiéndole la respiración sobre su rostro, Draco subió la mano que tenía en su espalda hasta su nuca, le atrajo su rostro para atrapar los labios de ella con su boca, obligándola a acomodarse sobre él.
Hermione gimió al sentir las manos de él sobre sus muslos, acariciándola lentamente, dejó escapar un suspiro sobre los labios de él y Draco lo tomó como invitación para sumergirse dentro de su boca, abrazándola aún más a su cuerpo, la piel de ella se erizó desde su cuello hasta las piernas. Hermione entreabrió los ojos cuando el bajó los labios por la línea de su cuello, dejando un cálido sendero de besos húmedos, y se contrajo extasiada, las manos de él ascendieron por sus piernas, acariciándole las nalgas, ella se aferró más a él, escondiendo la cabeza en su cuello sintiendo un ligero mareo de placer, le besó y le acarició con los labios y la nariz, Draco le repartía besos en su mandíbula y giró su cabeza con una sonrisa de satisfacción hacia ella, para besarle el oído provocándole un jadeo.
––Si pudiera…––gimió con voz ronca subiendo las manos por su cintura hasta rosar ligeramente con sus dedos el contorno de los senos de ella–– te hiciera el amor ahora…
Hermione se sonrojó con violencia, amaba la sensación ardiente en su bajo vientre, le mataban los dedos de él recorriendo cada rincón de su cuerpo, y adoró la forma en que dijo "Hacer el amor" y no sólo sexo… o follarte, sonrió pensando en lo dulce que se oía aunque no fuera real.
…
Hermione abrió los ojos sintiendo los cálidos rayos de sol abriéndose paso entre sus párpados. La cama de Draco parecía una nube de lo suave que era, tenía un brazo fuerte rodeándola de la cintura y la cabeza recostada en su pecho blanco y fuerte, interrumpido sólo por las franjas de vendaje, paseó su dedo índice por el largo de su torso, sonriendo al ver como el bello de Draco se erizaba al tacto y su brazo la apretaba más fuerte.
–– ¿Quieres portarte bien?–– murmuró él despertando, Hermione se sonrojó un poco–– hoy me siento bien… ya no me duelen las heridas.
–– ¿De verdad?–– sonrió ella sintiendo un terrible alivio y acarició el vendaje que cubría su ombligo y varios centímetros más–– Vaya… Nott es muy bueno con las pociones. Él y Luna han hecho un gran trabajo.
–– Yo soy mejor–– rebatió con una pizca de molestia–– yo me habría curado en doce horas con una de las mías.
Hermione sonrió burlona.
––Ya es hora de que yo me vaya, Malfoy–– se levantó de la cama.
–– ¿A dónde?–– la agarró fuerte del brazo para que no avanzara.
––Al establo––le sonrió–– Mika necesita un baño.
Draco asintió.
––Entonces te veré más tarde en la oficina.
–– ¿En la oficina? ¿Estás seguro de… poder levantarte e ir allá?–– Malfoy bufó.
–– ¿Te haces llamar bruja? Parece que no conocieras que el efecto de estas pociones son un mil porciento mejores que las muggles.
––Pero es que…––ella se arrugó el vestido nerviosa.
––Reposaré un poco más…para que te quedes sin remordimientos. Pero en un rato sí que me levanto, no pienso condenarme a la cama como un anciano.
…
Tocó la puerta de la oficina con el corazón en un puño. Había estado caminando cerca con una bolsa de desechos, cuando escuchó un ruido horrible, como si algo se hubiera reventado contra la puerta, sin embargo, la puerta se abrió sin ningún problema, después de un ligero entra.
––Siento interrumpir, escuché un ruido y…
––Era yo. Estaba leyendo una carta.
Hermione observó su rostro endurecido, lo que fuera que estuviera escrito en el pergamino que tenía en las manos lo había disgustado mucho.
¿Habría pasado algo malo? En realidad, si malo tenía que ver con Voldemort, entonces realmente no le preocupaba, lo que es más, incluso le aliviaba, pero… ¿Y so se trataba de él? ¿Estaría en aprietos?
–– ¿Malas noticias?–– preguntó atrevidamente aunque no le importó mucho en ese momento, pero se arrepintió cuando él la atravesó con una dura y penetrante mirada.
Draco frunció el ceño mirándola sonrojarse de vergüenza, y retroceder un poco, pero aligeró su mirada al no encontrar mala intención en ella.
––Algo así.
Hermione se adentró un poco más a la oficina, cerrando la puerta tras suyo, pero cuando estuvo a punto de decir algo, la puerta que daba al pasillo de la mansión se abrió violentamente.
–– ¡Draco!–– Una joven morena entró con ansias y se lanzó a Draco en un abrazo, y él todavía sorprendido, le devolvió el gesto –– ¡Maldita sea, Draco! ¡Creí que habías muerto! ¡Ni Blaise, ni Theodore, ni tú son capaces de enviarme una maldita carta!
––Mierda Pansy, precisamente por esto no te decimos nada ¡Fíjate en como reaccionas!
Pansy sollozó un poco –Hermione pensó que era demasiada dramática– y abofeteó a Draco –no muy fuerte por supuesto- para luego besarle la misma mejilla.
–– ¿Por qué mierda tienes que golpearme?
––Por imbécil.
Hermione se pegó a la pared deseando que se la tragara, no quería seguir viendo como Parkinson le besaba el rostro –las mejillas, los ojos, la nariz y las orejas- y Draco le sujetaba con un pequeño gesto de cariño, mientras le acariciaba el negro y lacio cabello. Fue después de unos minutos que la mujer detuvo sus caricias y reparó en ella.
––Granger–– murmuró–– vaya… no me di cuenta de que estabas aquí––miró a Draco con el ceño fruncido–– ¿Por qué no me has dicho que estaba justo aquí?
––Porque no me dio la gana. Retírate, Granger.
Hermione dio un respingo sorprendida y con los ojos muy abiertos, las piernas parecían pegadas al suelo y tuvo que obligarlas a moverse de allí. Caminó con el alma en el piso hasta salir de la oficina, esta vez ni siquiera le miró antes de salir.
…
Cuando llegó a su habitación y se tumbó en la cama, dejó que un par de lágrimas se escurrieran por sus mejillas. No entendía que demonios les pasaba, si ella sabía quién era él ¿por qué seguía ahogándose con un nudo en la garganta al recordar la forma brusca en que él la trataba? No podía seguir engañándose como una estúpida, pero tampoco entendía por qué él no paraba de lastimarla, no sabía por qué le costaba tanto entender el daño que le causaba con cada maltrato, como le destrozaba el corazón cada vez que la hacía a un lado como si no fuera más que un objeto.
Gimió con el alma dolorida, no podía siquiera respirar sin sentir un horrible filo en el pecho que le atravesaba los pulmones, Draco la estaba matando lentamente.
Después de una hora, o quizá diez, no sabía cuánto tiempo había pasado, sentía que el cerebro le dolía enormemente, y se había estancado en un sopor de autocompasión, mientras las lágrimas silenciosas bañaban sus sienes. Y justo cuando creyó que se quedaría dormida, la puerta se abrió chirriando lentamente y ella cerró sus ojos fingiendo dormir. Sabía que era él, reconocería su olor a césped recién cortado, a pergaminos y menta. Lo escuchó bufar con sorna y acortar la distancia, sentándose en el borde de su cama.
––Sabes que esto no funciona ¿verdad?
Hermione ni siquiera pudo sentir vergüenza, le pesaba demasiado el alma como para sentir un peso más, el dolor y la pena la ahogaban demasiado.
Draco se quedó esperando una respuesta por varios segundos, pero ella ni siquiera se giró a encararlo, sólo estaba ahí, echada en la cama. Recibió un gruñido de enfado por parte de él.
–– ¿Se puede saber que mierda te pasa?
Hermione ignoró el sonido de su corazón volcarse varias veces.
––Los suministros de Mika y Rain se están acabando––contestó como si nada, aunque con la voz muy ronca.
––Granger, te estoy hablando.
––Necesito ir por más al callejón Diagon.
Draco bufó, ella estaba decidida a no contestarle.
––Si necesitas ir, iré contigo.
–– ¿Para qué quieres ir conmigo?
–– ¿Acaso se te olvidó lo que pasó la última vez?
––Estaré preparada––comenzaba a exasperarse.
––Ya–– se rió con sarcasmo el negando con la cabeza–– No lo creo.
––Sé defenderme, Malfoy.
––Mientras no tengas varita serás blanco fácil.
––Entones dame una.
–– ¿Estás enserio?–– detuvo una carcajada, Hermione parecía estar demasiado enojada.
–– ¿No tienes planes que hacer, Malfoy? ¡Déjame en paz y ve a jugar a la familia feliz con tu amiguita!
Malfoy rió con sorna.
––Ya veo. Eso es lo que te pasa–– pareció divertirle la situación.
–– ¿Y qué es lo que me pasa?
––Estás celosa.
–– ¿Qué?–– echaba chispas por los ojos.
––Pansy y yo crecimos juntos, Granger. Nada más–– se encogió de hombros con sarcasmo–– Aunque no puedo negar que es fantástica en la cama.
–– No me interesa lo buena que sea en el sexo. Yo. No. Estoy. Celosa––Masculló fuera de sus cabales.
––Por supuesto que sí–– él sonrió levantándose de la cama con autosuficiencia–– De igual manera, si tanto quieres que ir al callejón, tendrás que ir conmigo.
Caminó a la puerta y la abrió con elegancia.
––Te quiero en mi oficina a las siete en punto. Mejor es ir temprano–– y desapareció esquivando un almohadazo que le dio a la puerta, y no a él, como habría querido ella.
…
Luna miraba la habitación con los ojos muy abiertos. Hacía mucho desde que estaba encerrada en las mazmorras, y estar en una habitación, con cama, ventilación y que no olía a desechos –tanto de ratas como de personas– y a comida podrida era demasiado agradable.
La puerta se abrió y un joven de cabello oscuro entró con un baúl que parecía bastante pesado.
––Ya podemos empezar con estas clases, Lovegood.
––Espero que esto no te cause muchas molestias, Theodore.
El muchacho la miró asombrado. Luna no había dicho muchas palabras desde que salió de la jaula, las podía contar con los dedos de las manos, y jampas se había dirigido a él directamente con ningún apelativo, pero le parecía una locura lo delicado que sonó su nombre en los labios de ella, tan distraída y tranquila, sin el conocido rencor que utilizaba su padre cada vez que lo llamaba, muy pocos le llamaban por su nombre, incluso sus amigos parecían preferir su corto y simple apellido, pero la muchacha rubia lo había utilizado sin haber siquiera consultado si podía hacerlo, y lo más extraño es que a él –que siempre se ha considerado demasiado orgulloso, soberbio y clasista- no le había molestado.
…
¡Hola, hola! Ya he vuelto, he tardado un poco, pero espero que la próxima actualización sea mucho más rápida, tengo que confesar que esta historia la tengo ya en cuatro cuadernos (está un pelín larga) y aunque me encantaría copiarla de una vez al ordenador, no puedo porque tengo que hacerle un millón de correcciones. Además hace casi un año he empezado otro proyecto (en otro cuaderno, sí) y a pesar de que no es demasiado largo (al menos más corto que este) me entretiene y me distrae.
Por cierto, como les dije en la actualización anterior, me he leído la trilogía de Los Juegos del Hambre, y más encantada no puedo estar. Tal vez me anime a escribir alguna historia de sus personajes principales, pero por ahora estoy muy ajetreada, aunque conociéndome quizá no pueda resistirme. En fin, espero que les haya gustado mucho, ¡muchísimo! Que se los traigo con todo mi corazoncito (ah, sí, pero qué cursi me pongo)
Amo sus comentarios, me hacen muy feliz y me divierten. Un beso muy grandote para todos.
Glor
