Hermione sujetaba el nudo demasiado justo de la capucha negra tratando de escuchar todas las instrucciones —órdenes— que le daba Draco de ir a tiendas exactas y tomar caminos limitados y la hora de venida, ella rodó los ojos por decimoquinta vez.

—Ni un minuto más tarde, Granger.

—No exageres, con esta capa pasaré desapercibida… además, ¿no ibas a darme un poco de poción Multijugos?

—Cambié de opinión. Quién sabe que podría pasarte si te lo doy a beber.

— ¿Qué quieres decir con eso?— lo miró indignada y cruzándose de brazos.

—A que estás muy delgada y pequeña para tomarte una.

—Sí, claro— tomó la canasta— ya basta, no llegaré a tiempo si no me largo ya. Adiós, Malfoy.

Con un puñado de polvos en la mano entró en la chimenea y tomó camino al callejón escuchando antes un "ni una palabra a nadie, Sangresucia". Malfoy era un niñato.

Se sacudió bien la túnica tapándose bien el rostro con la capucha antes de salir del almacén abandonado, Malfoy era cada vez más extraño, a veces estaban bien y otras veces no se lo aguantaba ni el alma en pena de un perro borracho, a veces era sí y otras no, le provocaba mandarlo al infierno o que no la dejara sola en todo el día.

"Hermione, casi no logro localizarte, hay mucha gente obstaculizando, ¿dónde estás?"

La voz de Harry la sorprendió en su oído, la piedra en su cuello vibro.

"Rayo, no te muevas es peligroso, yo iré a ti, ¿Dónde estás tú?"

"¿Ves un puesto de herbología?"

"Sí"

"Dobla una vez a la derecha y sigue derecho en la próxima calle, luego a la izquierda y derecho"

"Bien" Ella apresuró el paso esquivando personas pero sin correr para no llamar la atención "¿Ahora dónde?

"Corre hacia donde se corta el camino, y choca contra la pared"

"¡¿Qué?! ¿Estás loco?"

"¡Sólo hazlo, es como King Cross!"

Hermione cerró los ojos y se lanzó en carrera hacia la pared y gimió justo antes de atravesar la barrera.

— ¡Harry!— susurró, el muchacho la recibió con un abrazo— ¿Qué es esto?

Miró el lugar, era un pub abandonado y oscuro en el que estaban encerrados.

—Es temporal— el moreno la miraba seriamente con una gabardina oscura cubriendo la mitad de su rostro— ven aquí— la tomó de la mano y la guió hasta una mesa donde había un plano de una mansión, la mansión Malfoy, el corazón le dio un vuelco y miró a Harry asustada.

— ¿Cómo es que…?

—No fue difícil adivinar dónde estabas, el broche de tu capa tenía una M grabada con serpientes y vi a Malfoy en una esquina cuando te dejé a varios metros del callejón. Además… había intentado matarlo yo mismo.

— ¿Por qué?— ella sintió su alma quebrarse—Harry… no me puedes utilizar para esto…

—Tenemos que entrar ahí, Hermione… por los hechizos protectores que impidieron localizarte con el dije esa casa tiene un magnetismo impresionante de magia oscura… ahí se esconde Voldemort.

Hermione sintió el aire escaparse de sus pulmones.

—No, Harry— los ojos se le humedecieron— lo siento, no puedo ayudarte con esto… l-los Malfoy tienen muchos sortilegios que protegen esa mansión… nadie puede entrar o salir a menos que seas invitado o vengas con algún huésped de la Mansión.

—Exactamente— Harry sonrió tomándola de los hombros— Tú eres un huésped, podremos entrar contigo.

— ¿Qué?— abrió los ojos asustada— ¡No, Harry, por favor!— susurró con las lágrimas a punto de desbordarse— ¡No me pidas esto, porque no lo haré!

—Hermione no creo que entiendas bien que esto es una guerra y que realmente necesitamos entrar—masculló severo.

—Sí lo entiendo, Harry. Pero yo no puedo… Malfoy no… yo no…

—Merlín— Harry se apretó los ojos— ¡¿acaso lo amas?! ¡Dios! ¡Por favor, dime que no! ¡Merlín, creí que estabas confundida… asustada! ¡Pero tú no puedes estar enamorada de esa escoria!

— ¡Basta, Harry!— se secó las lágrimas controlando su furia— lo que me pides está fuera de mi alcance. Me estás pidiendo que traicione a quien me ha ayudado y cuidado.

— ¡Te tiene secuestrada! ¡Esclavizada, Hermione!— Harry se veía desesperado, ella cerró los ojos y miró a otra parte.

—Es muy complicado para explicártelo. Adiós, Harry…

—Espera— le agarró la mano—Ten— murmuró sacando de su gabardina una vara de madera tallada delicadamente—es tuya.

Ella no necesito que se lo dijera para reconocerla, abrió los ojos de par en par agarrándola entre sus manos, la magia en sus venas pareció reconocer el contacto y toda su sangre cosquilleó.

—Dime si cambias de opinión— Hermione torció su boca.

—Sabes bien que no lo haré— esta vez lo miró al hablar— y júrame que no insistirás ni me utilizarás a mí para emboscarlos, y menos si está él de por medio.

Harry miró hacia la nada.

— ¿Lo amas?

— ¿A ti qué más te da?

— ¡Eres mi amiga!— gritó— ¡Ron es mi amigo…!

— ¡Ron nada!— lo interrumpió furiosa y los labios le temblaron— ¡Lo esperé mucho tiempo!

—Él y yo te buscamos hasta debajo de las piedras.

— ¡¿Y dónde está él ahora?!

—Él te ama, Hermione ¿y tú?

—No intentes manipularme, Harry Potter.

—Bien, tomaré eso como un no.

— ¡Yo no he dicho eso!

— ¡¿Entonces?! ¡¿Lo amas o no?!

—No lo sé…— susurró— quizá…

—Un quizá no salvará el mundo mágico, Hermione.

—Lo siento, Harry, de verdad— se giró dándole la espalda— pero no puedo ayudarte— la voz le pendía de un hilo— sólo… no se olviden de mí…yo siempre los recuerdo.

Y al instante atravesó la pared marchándose de ahí, no podía gastar más tiempo en ese lugar, unos segundos después escuchó un suspiró agotado y rendido de Harry.

"No nos olvidamos de nuestra familia, cariño… estaremos aquí cuando nos necesites"

Hermione jugaba con su varita en medio de la oscuridad, iluminándola con luces y burbujas de colores porque no se atrevía a hacer un encantamiento o hechizo por temor a hacer explotar algo. Cuando llegó del callejón procuró mantenerse alejada de él, para que no se le ocurriera abrazarla y pudiera sentir su varita guardada entre su ropa, no se imaginaba que iba a decirle si la encontraba, no quería que él desconfiara de ella.

En la tarde se encerró en su habitación para poder desahogarse de todo lo ocurrido, Harry pretendía que Hermione lo dejara entrar a la mansión Merlín sabía cómo, poniendo a Malfoy y a ella misma en peligro.

No podía hacer eso ni aunque así quisiera, podrían matarlo a Harry y sería su culpa, o al contrario, los matarían a Draco y a ella, Malfoy nunca se lo perdonaría y ella tampoco. No podía concebir que algo malo le pasara a él, porque verle vulnerable la desarma y debilita, y no quiere sentirse así.

Harry le pidió un par de veces disculpas en la tarde por medio de la gema, pero ella permaneció en silencio inmutable. Bajó la varita y se levantó del suelo escuchando pasos lejanos.

La escondió bajo una falsa superficie del cajón de su buró y lo cerró justo antes de que la puerta de su habitación se abriera y el aroma de Draco inundó la estancia.

—Has estado muy callada, Granger— murmuró él acercándose, ella se dio la vuelta encarándolo.

—No sé de qué hablas— lo evadió caminando hacia su cama —pero estoy cansadísima, fue un día largo y me muero de sueño, por favor márchate.

—No lo creo.

Él levantó una ceja incrédulo, Hermione le dio la espalda sacando de la funda de su almohada un suéter largo que usaba como pijama y se quitó el vestido, Draco casi bufa, como si aún así no pudiera ver el contorno de sus senos, o la piel dorada de su espalda antes de volver a ser cubierta con una prenda de algodón.

—Lo lamento entonces, pero yo voy a dormir.

—Nadie te ha dicho lo contrario— la detuvo del brazo— pero no lo harás aquí.

Hermione lo miró con ojos cansados.

—Malfoy, te lo juro, no tengo ni un poquito de ganas de sexo hoy— le suplicó y Draco tragó saliva.

—Yo no he dicho nada relacionado con sexo, sólo dormir, Granger.

Hermione lo miró insegura y confundida.

— ¿Sólo dormir?— susurró apretando la mano con la que aún la agarraba, él asintió.

Se sentía extraña, estaba en la cama de él de lado dándole la espalda, escuchándolo cambiarse la ropa por un pantalón de pijama, dormir sin tocarse ya no era tan simple como el sexo, era más intenso.

— ¿Por qué has…?

—Shh…— Malfoy le tapó la boca con la mano entrando en la cama detrás de ella—lo arruinarás.

Ella asintió cerrando los ojos, todo era confuso así, sintió las manos de él en su vientre pegándola a su pecho.

—No te voy a lastimar—aseguró besándole el cabello— ¿Puedes relajarte?

Hermione se dio la vuelta y enterró su rostro en el cuello de él para no mirarlo Draco le acariciaba la espalda con sus dedos amoldándose a ella y sintiendo los latidos erráticos de su corazón.

—Es lindo— susurró ella después de un tiempo de estar callados, él carraspeó incómodo.

—Te quedarás un tiempo sola de nuevo— dijo de repente— tengo que ir a… a hacer algo— Hermione se tensó pensando a qué lo mandarían ahora— Lovegood estará contigo, Zabini y Nott vigilarán este pasillo, pero tú no podrás salir de aquí sin precauciones. De hecho, la orden que le di es que no salieran.

—Qué desconfianza, Dios— rodó los ojos.

—Sí, como si no te conociera— la mano de él paró su recorrido en la columna de ella y le levantó la barbilla para que lo mirara— Por favor, Granger, no salgas, no es seguro.

Ella asintió con el corazón acelerado, la intensidad de sus ojos le había dejado consternada.

—Está bien… tú intenta no morirte ¿quieres? Y de no llegar tan mal… ya es difícil cuidar de un enfermo como tú.

Malfoy la abrazó devolviéndola al espacio entre su pecho.

—Lo intentaré, te lo prometo.

Luna observaba la noble luz del astro que llevaba su mismo nombre, era muy tarde y éste se encontraba en el punto más alto del cielo iluminando su cama y un poco de su habitación a través de las rejillas de su ventana, estaba pegada contra la pared sentada en su cama y tenía sus pies agarrados en sus manos intentando darles algo de calor, no tenía calcetines, nadie le había dado un par y con los que había llegado a la mansión tiempo atrás ya se habían deshilachado por el uso y la humedad que los corroyó poco a poco.

Divagaba en su mente como siempre, sólo que extrañamente esta vez no pensaba en criaturas raras y poco vistas—por no decir nunca antes—sino en Theodore Nott.

Muchas lunas habían pasado desde la primera vez que habló con él, en Hogwarts cuando ella estaba en quinto y él en sexto. Luna pasaba las épocas calientes en la biblioteca, porque era de los únicos lugares con encantamientos acondicionadores, además había encontrado un nido de torposoplos en uno de los estantes y esperaba poder entablar conversación con alguno. Ahí, esperándolos, fue cuando por primera vez reparó en él.

Alto, callado, de tez blanca y cabello oscuro, sus ojos eran de un azul profundo y oscuro, a veces parecían negros, leía de un tomo grande de criaturas mágicas y donde encontrarlas mientras anotaba distraídamente sobre un pergamino finamente cortado con guillotina.

Luna se acercó al verlo ansioso mirando criaturas seguramente extrañas.

— ¿Necesitas ayuda?—preguntó con voz amable. Él levantó su rostro al escucharla, creía ser el único en la biblioteca un viernes en l tarde.

— ¿Por qué querría tu ayuda?— volvió a su pergamino dispuesto a ignorar a la chica loca de quinto y sus extrañas gafas que daban mareo.

—Porque tienes unos torposoplos en la cabeza que no te dejan ver con claridad lo que buscas—la chica se alzó de hombros— y porque soy buena con las criaturas mágicas.

Theodore la había mirado como si fuera una demente y se rió con un silbido entre dientes casi como si se desinflara un globo.

— ¿Y qué coño son esos… torpolos… esos?

—Son como moscos pequeños pero no los puedes ver… y producen atolondritis.

— ¿Atolondritis?— Theodore abrió los ojos de par en par, no sabía si burlarse o llamar a un medimago a que revisara a la loca.

—Sí, ya sabes… que te atolondras mucho.

— ¿Nadie te ha dicho que estás como una cabra? ¡De atar!

Luna sonrió.

—Eres el primero— Theodore alzó una ceja incrédulo— bueno… en mi cara… el resto habla a mis espaldas.

Él asintió.

—No te ofendas, Lovegood, pero tengo que terminar esto.

—De acuerdo sólo… déjame… — la chica se acercó a él y con la revista que tenía en la mano empezó a abanicar frenéticamente sobre su cabeza— ¡Largo, fuera!

Theodore pegó un brinco asustado.

— ¿Qué demonios haces?— se agarró la cabeza con los brazos protegiéndola de un golpe— ¿pretendías matarme?

Luna negó con la cabeza terminando de abanicar cerca del estante.

—Hay un nido de torposoplos aquí ¿por qué no te cambias de lugar?

Y se marchó.

Tal vez si se hubiera quedado podría haberlo ayudado con ése asunto, pero era consciente de que casi nadie deseaba su presencia, así que solo se marchó, sin embargo, tiempo después y muy de vez en cuando Luna notaba la mirada de él fija en ella, como si esperara comprender algo que se le escapó el día de la biblioteca.

De pronto, la puerta de la pequeña habitación se abrió haciendo temblar las pociones y frascos de los estantes.

Era Nott, por supuesto, sólo él, Malfoy y Hermione conocían la complicada ruta que llevaba a su habitación, pero la brusquedad con la que entró la tomó de sorpresa, Theodore siempre se encontraba calmado. Supuso que su expresión asustada debió alarmarlo porque él se disculpó brevemente y dejó sobre la mesa una bolsa trasparente que contenía unos cuadritos de colores que ella no pudo distinguir bien en la penumbra.

—Son dulces blandos caseros— explicó— los hice en la tarde… estaba probando un encantamiento para cuajar pociones melosas. Funcionó pero no las comeré, así que…

Luna lo miró sorprendida.

—No están envenenadas— la miró con sarcasmo— los hice con una receta de mi abuelo.

—Gracias— le dijo ella con una sonrisa— de verdad.

Theodore asintió sentándose en la cama.

— ¿Qué haces tan pegada a la ventana? Vas a pescar un resfriado—Su voz sonó tan indiferente que cualquiera habría creído que lo decía sólo por decir algo.

—La luna se veía muy bella hoy— se levantó de hombros— No te preocupes, no soy de las que se resfrían fácilmente. Además…—le sonrió— seguro que tus pociones me curan de inmediato.

Él se apoyó en la pared mirándole la cara, explorando sus facciones.

—La verdad es que hoy se terminaron varios suministros— Luna frunció el ceño confundida— Se enfermaron varios seguidores de peste y esos no fueron la primera tanda de dulces, tuve que usar varias pociones para las ganas de vomitar o la picazón.

Luna rió.

— ¿Tan mal estaban?— la chica miró el paquetico y lo tomó sacando un cuadrito rojo— ¿frambuesa?— él asintió frotándose las manos nerviosamente y mirándola atento a sus movimientos— se ve rico— lo miró con fingida preocupación— Luego sonrió y se lo llevó a la boca, la saboreó muy lento y lo masticó poniendo expresiones ilegibles, cuando finalmente tragó lo miró con las cejas curveadas.

—Pues…— alargó la palabra más de lo necesario y sonrió— ¡estaba delicioso!

—Te juro que la lengua ya no me funcionaba entre pociones y dulces yo… ¿qué?

Luna rió dulcemente.

—Está rico ¿se te dañó la lengua?

Nott miró la ventana disimulando una sonrisa.

—Se me quemó con uno de los dulces, y otros estaban tan horribles que me tomé una esencia de menta para pasar el sabor.

—Es una lástima porque estos te quedaron deliciosos.

—Sí… las probé… lo que percibí me gustó, pero estaba empalagado con todas así que ya no comí más.

Ambos se quedaron en silencio, él mirando la luna y ella mirándolo a él, tratando de saber qué pasaba por su mente.

— ¿Por qué me las trajiste…a mí?— él volteó mirándola fijamente, sabía que su pregunta tenía otro trasfondo.

—Porque sí Lovegood, Malfoy los habría tirado, Zabini los odia y en mi casa se habrían podrido de viejas.

Luna suspiró, no era esa la respuesta que esperaba, ni la que quería.

—Ha sido lindo de tu parte— lo miró con melancolía— gracias por acordarte de mí.

Él asintió desviando la mirada y Luna se puso en pie con la esperanza por el piso.

—Disculpa… ya es tarde y quiero descansar… —tomó el camisón de la cama, caminó hacia el baño y cerró la puerta tras de sí. Se miró al espejo unos segundos y luego cerró los ojos ¿Qué había creído? ¿Qué él se enamoraría de ella y simplemente serían felices? Negó con la cabeza destrenzando su cabello, se quitó la ropa poniéndose el pijama encima y se cepilló los dientes.

No era difícil adivinar lo que ella sentía por Theodore, fue algo que se desarrolló en los momentos en los que le enseñaba a hacer pociones complicadas que ella atesoraba en su mente. Habría deseado que esos momentos fueran eternos, pero no lo eran, siempre terminaba y ella tenía que aprender a volver a la realidad, ese muchacho no estaba hecho para sus manos.

Salió del baño con la cabeza gacha y el corazón en un puño. Quizá su madre se había equivocado al decirle que el amor alimentaría su alma, lanzó a una cesta de mimbre la ropa que acababa de quitarse y cuando quiso meterse en su cama y dormirse hasta el siguiente siglo, se dio cuenta de que él seguía ahí, lo miró con los ojos abiertos y un poco más húmedos de lo normal.

— ¿Por qué no te has ido?— murmuró ignorando la punzada en su corazón, pero era difícil no perderse en sus ojos marinos y su cabello negro. Theodore se levantó mirándola tan fijamente que ella tuvo que recordarse respirar.

Theo caminó hacia ella tan rápido como un parpadeo y la acorraló entre su cuerpo y la pared, a la rubia se le escapó el aire de los pulmones y sus manos se levantaron deteniéndose en el pecho de él por la sorpresa.

— ¿Qué haces?—su voz se quebró, el olor del muchacho era tan embriagador que le costaba mantenerse cuerda. Theo no respondió nada, sus manos firmes se posaron en su cintura mandando un escalofrío por toda su columna, y subieron cálidas por su espalda. Luna empezó a respirar entrecortadamente, sus manos temblaban sobre el pecho de él.

—Luna—su voz estaba ronca— no sabes…— una mano subió por su cuello y le acarició la delicada línea de su mandíbula—cuantas veces… me has hecho hacer cosas indecentes… sólo por pensar en ti, que tú eras la que me tocabas—susurró mirándola profundamente y ella jadeó sorprendida—las veces que te he imaginado debajo de mí mientras creamos un niño—la abrazó. Luna cerró sus ojos sintiendo las manos fuertes de él apretarla y enredó sus manos en el cuello de él—quiero hundirme dentro de tus piernas suaves y ya nunca salir.

Luna no pudo evitar dejar escapar un suspiro y él mordió la punta de su oreja y dándole un pequeño beso allí.

—Oh, Theo— cerró los ojos— Gracias a Merlín que has dicho eso…—susurró—tosco y bastante directo pero al menos no soy la única que fantasea cosas entre nosotros.

Él gruñó y se separó sólo lo suficiente para mirarla a los ojos.

—Te deseo, Luna.

—Entonces tómame— le suplicó ella.

—Voy a lastimarte.

—También yo a ti— le sonrió disimulando el miedo que le causaba su afirmación. Theodore no pudo auto controlarse más tiempo y abrazó los labios de ella con los suyos, ella gimió intentando corresponder a su intensidad pero la inexperiencia de ella lo hizo explotar, quería que le perteneciera por completo.

Theodore subió sus manos por las blancas piernas de ella y la sentó en la mesa blanca que tenía en su habitación, ella sonrió dejando que el muchacho le besara la piel mientras se torturaba quitándole el camisón, botón por botón y no por arriba, Theo la miró a los ojos cuando terminó de abrirlos, pidiéndole permiso para quitarle la bata y ella le dedicó una mirada llena de ternura que solamente ella podía hacer, le besó los labios y le acarició el cabello.

—Algún día pasaría— le sonrió— mejor que sea contigo.

Él, sin más, le quitó el camisón dejándola al descubierto, tragó saliva mirando su cuerpo delgado le acarició los hombros y bajó por sus brazos. Luna cerró los ojos al sentir una mano de él delinear la piel sensible de su pecho, deleitándose con ellos.

Theo— gimió enterrando sus manos en el cabello del chico— vas a matarme.

El muchacho sonrió y se apoderó de uno de sus pezones con su boca, y ella estiró su cuello dejando caer la cabeza. Nott se separó de ella tan sólo para librarse de su camisa y desabrochar los pantalones que friccionaban su erección. Luna suspiró al verlo tan sólo en ropa interior y él la cargó de nuevo recostándola en la cama.

Theo bajó un dedo por su vientre delineándolo y amando ver como su bello se erizaba, hasta que llegó al botón rosado en su intimidad, masajeándolo, sintiéndola humedecerse. Luna soltó un alarido apretando sus piernas, se sintió maravilloso cuando él introdujo un dedo en ella.

—Oh, Luna— susurró sujetando sus piernas y acariciándola con su pulgar—estás muy caliente y húmeda.

Ella lo miró sonrojada hasta la coronilla con la respiración agitada mirando su entrepierna, Theo tenía un problema duro allí abajo, y sin que él se lo preguntara, ella comenzó a acariciarlo lentamente, subiendo y bajando, él se aferró a una sábana pegando su cuerpo al de ella.

—Lovegood—jadeó en sus labios y ella se sorprendió de lo placentero que eso se sintió.

Nott— lo imitó ella— Hazlo.

Él levantó sus ojos para mirarla.

—Te dolerá.

—Ya lo sé…

—No sólo físico…

—No me dices nada que no sepa, Theo— le dijo acariciándole el cabello y rodeándolo con sus piernas. Nott descendió lentamente, hundiéndose en ella. Estaba muy húmeda y estrecha, cerró los ojos unos segundos golpeado por el placer y la escuchó gemir de dolor. Los abrió de nuevo, Luna estaba roja y trataba de disimular su incomodidad.

—Relájate— jadeó él, la cabeza le daba vueltas, Luna encajaba tan bien— no pienses en el dolor, muévete conmigo.

Ella intentó obedecer moviéndose mientras él le acariciaba y besaba los senos, estimulándola lo más posible, hasta que ella gimió de placer. Él sonrió besándole los labios y mezclando su lengua con la de ella sin dejar de moverse, su cuerpo estaba cálido y Luna abría un poco más las piernas para que él se ajustara sin dejar espacio entre ambas pieles.

El vaivén cambiaba de ritmos lentos a rápidos y volvía al lento, los corazones de ambos latían fuertemente y respiraban sobre sus labios arrancándose besos y mordiscos. Una delgada capa de sudor cubría sus cuerpos, él buscó su mano para darle un beso, cada vez todo era más frenético y confuso, Theodore la sujetó levantándola para dejarla sentada sobre él, apretándole las nalgas y ella mareada y deseosa le rodeó las cintura con sus piernas, apretándose a él fuertemente y sintiendo los dedos de sus pies encogerse junto con un gemido que escapaba de sus labios; todo explotó.

Nott se recostó en la cama con ella sobre su cuerpo sin salirse de su interior, disfrutando de los vestigios del orgasmo de Luna, le acarició la espalda apartándole el cabello rubio, la joven le acariciaba el pecho con sus finos dedos pensando que él tenía razón, el dolor no era sólo físico. No entendía muy bien porqué sentía ese asfixiante nudo en su garganta y luchaba para que sus ojos no se humedecieran aunque no lo lograra del todo. Escondió su cabeza en el hueco del cuello de Theo, tratando de ignorar su repentina angustia y sentir sólo los latidos del corazón vecino, el murmullo del viento y el suave roce de esos dedos sobre su espalda. Cerró los ojos sin querer tomar en cuenta la preocupación absurda que sentía en su vientre, suspiró por última vez antes de quedarse dormida.

Hermione observaba el vacío, claramente no podía dormir. No dejaba de pensar qué demonios estaba ocurriendo, él estaba abrazándola con una mano alrededor de la cintura con la cabeza metida en su clavícula y respirando sobre su cuello, sentía el corazón pesado porque en su mente ellos parecían una pareja, estaba confundida y desorientada, no sabía qué hacer o esperar de eso, la cabeza le dolía de tanto imaginar qué pasaría una vez que terminara la guerra.

Pensaba en Ron, ¿volvería a verlo? ¿La odiaría si supera todo lo que había pasado? No… no creía eso posible, él no podría odiarla, odiar es una palabra horrible para el corazón bueno y noble de Ronald, probablemente se enojaría mucho, pero lo conoce y sabe que —como ella— la quiere demasiado para siquiera enojarse gravemente con ella, lo sabe porque si él está o estuvo con alguien más, Hermione no podría despreciarlo ni en un millón de años.

Aunque también piensa que tal vez eso se deba a que ella ya está —o al menos eso parece— con alguien más.

El movimiento del cuerpo tras suyo interrumpió sus pensamientos, el aire se le escapó de sus pulmones y su corazón dio un vuelco cuando él la abrazó más fuerte.

—Granger—murmuró ronco en su cuello—apaga el cerebro, te escucho las tuercas a toda velocidad desde aquí.

Hermione se sonrojó y giró su cuerpo para mirarlo, él tenía un solo ojo entreabierto, mirándola agotado.

—Creía que ya estabas dormido.

—No puedo dormir si tú no lo haces— le acarició el rostro apartando un bucle dulce tras su oreja. Hermione desvió la mirada nerviosa y pensando demasiado en la respuesta de Draco, se preguntaba si se trataba de una manipulación, si en algún momento Draco también intentaría utilizarla para acabar con la orden, si ayudar a entrar a la mansión a su amigo habría sido lo correcto, pero desechaba rápidamente la idea pensando que no estaba en sus manos traicionar a un ser amado, pero ¿y si él la obligaba? ¿Y si la usaba para extorsionar a Harry?

Sacudió la cabeza, hasta ése momento no se dio cuenta de que tenía la respiración agitada y él la miraba con el ceño fruncido.

— ¿Qué es lo que tanto te inquieta de esto?— la apretó aún más a él. Ella negó con la cabeza hundiendo su rostro en el cuello del chico.

—Es sólo… que todo ha pasado muy rápido…

—No me mientas, Granger.

—Malfoy, te lo pido, no quiero hablar de esto, dijiste que sólo dormiríamos.

—Eso intentaba— murmuró— pero tú no cooperas.

Ella sonrió melancólica.

—Lo siento, intentaré dormir.

Malfoy exhaló y le dio un beso acariciándole la espalda.

—No sé cuánto tiempo me iré… podrían ser días, semanas… incluso meses— la chica lo abrazó con fuerzas, como si de esa manera él no pudiera marcharse de ahí, o como si pudiera hundirse en su cuerpo y que la llevara con él— No sé que tendré que hacer ahora, pero te prometo que intentaré acabar lo más rápido que pueda y volver a ti, mientras tanto, por favor, mantente oculta.

Ella asintió con los ojos picándole de angustia.

—Lo único que me interesa es que regreses, Draco.

Luna abrió los ojos en la fría madrugada, parpadeó varias veces para lograr acostumbrarse a la oscuridad e intentó levantarse para tomar agua, su garganta estaba seca, pero las piernas le dolieron en cuanto las movió. Un montón de imágenes llegaron a su cabeza sonrojándola hasta el nacimiento de su cabello.

Descubrió su cuerpo de la sábana extrañada, tenía puesto un suéter gris que obviamente le quedaba muy grande, al igual que unos pantalones de pijama que jamás podrían sostenerse en su estrecha cintura.

Frunció el ceño levantando la vista, él la estaba mirando. Lo observó sorprendida, él estaba en un rincón de la habitación, sentado en un banco y cubierto sólo con ropa interior.

— ¿Theo?— él parpadeó saliendo de su letargo— ¿Qué haces ahí… y así? Te vas a enfermar.

—No tengo frío—murmuró— tú estabas temblando.

— ¿Me lo has puesto tú?— agarró el ancho suéter, él se alzó de hombros— Gracias— el vuelco que sintió Theo en su estómago al verlo sonreír lo dejaron clavado al banco, casi adorándola— ¿por qué te levantaste?

—La cama es muy pequeña, te maltrataría.

—A mí no me importa— ladeó su cabeza— La encuentro más acogedora contigo dentro— Theodore desvió sus ojos.

—No creo que yo lo soportara mucho más tiempo.

La chica se sonrojó hasta el tuétano embargada por la vergüenza y ahogó un jadeó mordiéndose el labio con la garganta en un nudo.

—Entiendo— él la miró por varios segundos antes de comprender lo que ella seguro pensaba.

—No creo… poder dormir contigo en la misma cama sin querer arrancarte la ropa con mis dientes— Luna levantó la cabeza mirándolo aliviada y sorprendida, había estado a punto de ceder al dolor y la pena.

— ¿Porqué me vestiste entonces?

—Porque si no, no te dejaría dormir en toda la noche, ni en todo un mes.

Luna sonrió dejando que la angustia que había sentido se fuera disolviendo.

— ¿Es tuyo todo?— le repreguntó señalando la ropa.

—La camiseta sí, el pantalón se lo robé a Malfoy.

— ¿Saliste de la habitación?

—Mmm… algo así… desde aquí no puedo hacer un encantamiento invocador por los protectores, así que caminé unos cuantos metros.

—Entonces… gracias… por tomarte tantas molestias.

Theodore se acercó a ella y se sentó en el borde de la cama dejándola ver su espalda marcada y el perfil de su rostro. Luna delineó su columna vertebral mirando como su piel se erizaba al tacto.

—Tardaste— susurró ella juntando sus labios con la piel de él, Theo sintió un escalofrío en su médula.

— ¿En qué?

—En besarme— lo vio sonreír.

—Es que temía que pasara… lo que pasó.

— ¿Temías no poder controlarte?

—Precisamente.

—Fallaste.

—Exacto.

Le besó el cuello.

— ¿Y qué tiene de malo?— lo abrazó con las piernas.

—Que no podré parar de hacerlo ahora— ella ahogó una risa.

—Sigue sin tener nada malo.

—A menos que quieras embarazarte.

—No planearías embarazarme ¿o, sí?

—No, sería estúpido hacerlo en estas circunstancias.

— ¿Entonces?

—Los accidentes ocurren, Lovegood.

—Pues asegúrate de darme a tomar esa poción azul y hacerte un contra hechizo cada vez que planees accidentarte.

Nott rió.

— ¿Cómo es que sabes lo de la poción?

— ¿Crees que porque no tenía experiencias no sé identificar una poción anticonceptiva o cuáles son los ingredientes principales?— él estrechó las manos de ella en su pecho.

—A ti no se te escapa nada.

—Usualmente se me escapan muchas— se acercó a su oído y susurró— pero los torposoplos me las recuerdan.

...

Hermione observaba a Draco cambiarse lentamente en el armario. Sujetaba en sus manos la túnica negra de mortífagos que debí usar. Al contrario de lo que pensó, verla magullada, rota y con rastros de sangre seca sobre ella no le causó repugnancia, pero sí un dolor agudo en su pecho que le humedeció ligeramente los ojos.

Miró a Draco terminar de cambiarse y sacar su máscara plateada, el invierno hacía que todo el tiempo el cielo permaneciera oscuro y eso le daba un aspecto lúgubre y siniestro a la habitación.

Draco la miró con el rostro fruncido, ella no lo miraba a los ojos, tan sólo sostenía la capa extendiendo sus brazos para dársela, evitando hacer contacto visual, él la tomó y se la puso mirándola, pero Hermione bajó sus brazos con los ojos perdidos.

— ¿Qué te pasa?

Ella no respondió.

—Granger…— silencio— te estoy hablando ¿qué demonios te sucede?

Ella giró su cuerpo y caminó sin ninguna expresión tomando las zapatillas del suelo para luego calzarse. Se puso un delantal y pasó su mano por él alisándolo un poco. Trenzó su cabello dejándolo caer en su espalda.

—Te dije que no salieras.

—No saldré.

— ¿Para qué coño te vistes entonces?

—No saldré al jardín, pero no pienso caminar por la mansión desnuda, ¿o prefieres que lo haga así?

— ¡Con un demonio, Granger! ¡¿Me pues explicar qué coño te pasa?!

—No me pasa nada.

Draco se acercó a ella tomándola fuertemente de los hombros, sacudiéndola con las manos heladas.

— ¿Que por lo de ayer? ¿Por qué no hubo sexo? ¿Por qué quería que durmieras conmigo?

Ella miró hacia otro lado con indiferencia.

—No sé a qué te refieres. Ayer simplemente cambie de cama, no veo la cuestión.

Malfoy quiso arrancarle la cabeza, pero se alejó.

—Bien, entonces como te ale una mierda, la próxima vez follaremos hasta que ya no te quede aliento. Y luego te irás desnuda a tu habitación... Prefiero dormir solo que con una muerta en vida.

—Bien, así ambos quedaremos contentos. Pero la próxima vez si es que regresas vivo)= me avisas con tiempo.

— ¿Para qué?

—Para ver si tengo ganas.

—Follaremos cuando yo diga, y si no tienes ganas pues te aguatas, así que procura estar lista cada vez que se me plazca joderte el trasero.

Ella apretó ligeramente los labios, molesta.

—Bien, entonces lárgate. Ya veré si jodo con alguien más mientras tú no estás y así me distraigo.

Malfoy abrió los ojos con ira de nuevo, la tomó de los brazos pero esta vez, la estrelló contra una pared.

—Escúchame bien, Sangresucia, no tolero que toquen lo que es mío. Me perteneces y si alguien más llega a tocarte te juro por dios que me las pagarás con creces.

Ella se zafó furiosa.

—Entonces me harás pagar, porque yo me acuesto con quien quiera.

— ¿Ah, sí?— se burló— ¿con quién tú quieras? Dime, Granger, ¿con cuántos más has follado? ¿Quién más ha estado entre tus piernas y ha rozado tu matriz haciéndote correrte?— ella se detuvo petrificada, con los ojos abiertos de par en par— ¿Quién, Sangresucia…? ¿Quién además de mí le ha hecho correrte como una casquivana? ¿Quién aparte de mí te ha hecho gritar y no de dolor?

Hermione inspiró y lo miró perversa.

—Ron— sonrió— Ron ha hecho a distancia más de lo que tú has hecho presente— la cara de Draco se desfiguró horrorizada— ¿es que acaso no tengo dedos e imaginación? Además… jamás podrías besar como él, tú no le llegas a los tobillos— Malfoy, dominado por la furia, perdió el control de su cuerpo y la agarró tan fuerte de las nalgas que seguramente le dejaría moratones, y la tiró contra la cama devorándole los labios, mordiéndola hasta sentir el sabor metálico de la sangre, haciéndola quejarse de dolor y miedo. A él no le gustaba besarla así, pero quería hacerle pagar por la horrible amargura que sus palabras le produjeron.

Ella lo empujó de una patada y se limpió la saliva y la sangre con su brazo y Draco vio por unos segundos los ojos rojos y húmedos de ella, pero no le importó no iba a ser él quién pidiera disculpas, ella lo había lastimado también, así que sin más, se marchó dejándola en una fosa de dolor.

Hola‼!

Cuánto tiempo, lo sé pero la verdad es que estas semanas estuve al borde.

Bueno basta de justificaciones‼ les traigo un capítulo con todo mi corazón y espero súper ansiosa sus comentarios que siempre me alegran el día :)

Un besototototote

Rose.