Hermione se sentía como una mierda. Desde que Draco se marchó no había hecho más que lamentarse metida en las sábanas del muchacho, no sabía por qué lo había tratado de esa forma, porque le había dicho todas esas estupideces, pero el beso violento fue peor que las palabras, la hizo sentir como basura cuando se apartó de ella y sus labios estuvieron sangrando unos minutos más, incluso todavía le ardían.

Malfoy nunca había sido tan brusco, había hablado del sexo como si fuera lo único por lo que la utilizaba, y la trató como un objeto que le pertenecía, no emocional sino físicamente, como si ella no fuera más que un pedazo de cuero con el cuál follar. Aunque la noche anterior a su partida fuera contradictoria, porque ellos jamás habían sólo dormido juntos sin tener de por medio el sexo o las heridas con las que llegaba de las misiones. Por eso, cuando despertó en la mañana tenía los nervios de punta, porque nunca sabía si él iba a regresar vivo a sus brazos y eso le angustiaba más que cualquier otra cosa.

Voldemort ya le había tendido varias trampas (Hermione perdió la cuenta un par de meses atrás) de las que había salido vivo de milagro. Su actitud esa mañana había dolido tanto como una herida abierta, pero las palabras de él le habían lastimado su orgullo y no meditó al hablar.

Se secó las lágrimas que le mojaban el rostro entre las almohadas de la enorme cama porque también temía salir.

Cuando él se iba, la dejaba vulnerable y el único lugar que le parecía seguro era en medio del olor de sus sábanas blancas, fundida en el enorme colchón que parecía hecho de nubes, ahí nadie podía entrar y eso la tranquilizaba.

Luna miraba el cielo grisáceo esa mañana desde su pequeña ventanilla. Sabía Merlín cuántas ganas tenía ella de salir, de que sus pies descalzos tocaran la hierba húmeda y el lodo pegajoso, sentir la lluvia mojarla y respirar su aroma a musgo.

—Podríamos ir— la voz de Theodore no la sorprendió aunque tampoco la esperaba.

— ¿Hace cuanto estás ahí?— ella giró su cabeza lentamente para mirarlo apoyado en el marco de la puerta y sonrió, Nott era (bajo su concepción) realmente perfecto, siempre se veía magistralmente bello y en cualquier circunstancia, amaba su voz y también su forma precavida y sigilosa de actuar.

—Hace cinco minutos— entró al rellano—y no has cambiado ni un poco tu posición, pareces una estatua griega— él acortó más la distancia pero dejándole espacio suficiente para moverse, a Theo no le había costado mucho comprender que aunque ella amara sus besos y le fascinara gastar su tiempo juntos, tenía una mente libre y necesitaba de sus propios momentos de soledad porque Luna tenía el alma de una mariposa joven y curiosa en medio de una pradera.

—Es que me encantan las épocas lluviosas…. Son intrigantes.

Theodore miró también la ventana.

—Podría llevarte un rato…

Ella sonrió.

—No quiero meterte en problemas.

—No lo harás—se encogió de hombros—la mansión ha estado bastante solitaria estos días.

Luna tomó su cabello tejiéndose rápidamente una trenza.

—Sería muy lindo poder ir— lo miró de nuevo— creo que deberíamos empezar con las pociones. Tenemos muchas por hacer.

Él asintió sacando un morral grande lleno de ingredientes de debajo de la cama. Ambos comenzaron a trabajar en el caldero, Luna cortaba las colas de rata en finos trozos y los dejaba dentro mientras que Nott exprimía los vasos de murciélagos.

— ¿Theo?

— ¿Hmm?— él la miró de reojo mientras continuaba con su trabajo.

— ¿Vas a decirme qué te pasó en el ojo?

Theodore la miró con el ceño fruncido de sorpresa, su ojo estaba ligeramente hinchado pero él ya había usado varias pociones para calmarlo —estaba realmente horrible— y creyó que en la oscuridad no se vería absolutamente nada.

—No ha pasado nada, Luna. De verdad.

Recibió de vuelta una mirada dolida de la rubia, rechazando su desconfianza. Se masajeó la sien— me he discutido con mi padre, es todo.

Luna ladeó su rostro.

—Deberías ponerte algo.

—Ya lo he hecho, Lovegood— gruñó quizá con demasiada brusquedad. Ella continuó cortando.

—Está bien.

Estuvieron en un raro silencio, Luna se limitaba a seguir la poción sin mirarlo, sin decir absolutamente nada ignorando las miradas rápidas que le daba Theo, recordar la pelea con su padre le cerraba la garganta, pero le agradaba mucho menos haberla hecho sentir incómoda cuando lo único que había hecho era preocuparse por él. Era eso lo que no terminaba de gustarle de ella, no entendía por qué tenía que mostrarse preocupada cuando él muchas veces no hacía más que tratarla muy mal.

Pero ella se limitaba a mirarlo con cariño y comprenderlo aunque él no le hubiese pedido su comprensión, así que cuando ella no lo miraba así, sino con la tristeza brotando de sus pupilas él se veía obligado a razonar.

—Disculpa, Luna.

Y todo parecía valer la pena, porque ella volvía a sonreír.

—No importa— se sacudió las manos— creo que ya hemos terminado.

Theodore asintió poniendo el fuego lento.

—Esperaremos treinta minutos y estará completa.

La muchacha asintió dejándolo sentarse a su lado en la cama, apoyó su espalda contra la pared y él la imitó extendiendo su brazo para que ella pudiera recostarse en él, y durante varios minutos cerró los ojos complacida con el tamborileo de su corazón y el perfume de su piel, mientras él acariciaba su delgada espalda.

— ¿Por qué te has peleado con tu padre?

Él presionó un poco más fuerte su espalda tensándose.

—Luna… tú entiendes… que esto no debería ser ¿sí?

— ¿El qué?

—Nosotros.

Ella se encogió en sus brazos pero se levantó de hombros.

—No pienso en ello realmente… no si no quiero entristecerme.

— ¿Te entristece?— la voz de él sonó grave y profunda.

—Claro— dijo como si fuera obvio—escucha, Theo… sé que debía suponerlo y no inmiscuir mis sentimientos, pero eso era tan imposible para mí como para ti.

— ¿Qué?—el moreno intentó que su voz sonara sarcástica, pero no lo logró.

—Puede que tus sentimientos no sean tan intensos como los míos, pero sé que existen porque los siento cuando me besas y me tocas.

Theodore se tensó deteniendo las caricias de su espalda.

—Pero es tu decisión— suspiró cerrando los ojos— yo no puedo decidir por ti aunque quisiera que jamás me dejaras y pese a que estoy profundamente enamorada de ti, Theo, fuiste el primero en todo, y eso es algo muy difícil de superar— su voz tembló de angustia—tengo mucho sueño, creo que debes marcharte ahora.

Ella se alejó de él haciéndose un ovillo en la cama y cubriéndose hasta la cabeza con la sábana para ocultar su rostro ensombrecido de tristeza. Pero, contrario a como esperaba, la cama no se levantó como cuando alguien se retira, sino que se hundió aún más cerca y él la destapó hundiendo sus labios en el cuello de ella, Luna gimió sorprendida y las lágrimas que había soportado en sus ojos se le cayeron.

—No…— murmuró él buscando los dedos de ella para entrelazarlos con los suyos— no me quiero ir, Lovegood— la pegó aún más a su cuerpo, ella suspiró aliviada y se giró para mirarlo.

—Qué bueno— se acurrucó en su cuello—porque me habría muerto del dolor.

Hermione seguía a paso lento a su amiga Luna, que como siempre parecía danzar por las nubes en vez de estar caminando por el pasillo más oscuro y largo de la mansión. Era muy tarde, estaba cansada y era el quinto bostezo que ahogaba, Luna estaba demasiado ansiosa por salir al jardín que tanto veía desde su ventana, Hermione aún no sabía cómo se había dejado convencer para sacarla, ni ella misma se sentía segura saliendo después de que hubiese pasado tanto tiempo sin saber nada de Draco.

Finalmente llegaron a la oficina del susodicho y cerraron antes de abrir la puerta trasera que daba al jardín, Luna no pudo retener el grito emocionado que salió de su garganta.

— ¡Shh! ¡Luna!—la regañó con la voz más baja que pudo.

— ¡Oh, lo siento, Hermione! ¡Pero es que es maravilloso!—Luna empezó a correr graciosamente por el jardín hasta llegar al establo y le hizo señas a Hermione para que la siguiera, ella se movió lentamente y prevenida. Cuando estuvieron dentro, le indicó que se acercara con mucho cuidado a Rain, el unicornio y que ni siquiera mirara los hipogrifos.

Hermione la observaba recostada en un muro, con los brazos cruzados y una sonrisa disimulada como Luna intentaba acercársele y su risa cuando finalmente pudo acariciarla. Bostezó un par de veces más antes de alertarse por un ruido fuerte tras la puerta, como si intentaran abrirla.

— ¡Shh!— le ordenó a la rubia que de inmediato se detuvo, con pasos sigilosos caminó hacia la puerta del establo, su corazón latía desbocado, no podía creerlo, iban a atraparlas ahí dentro, no tendrían ninguna oportunidad. Pegó su oreja a la puerta intentando escuchar algo más, pero esta se abrió fuertemente tirándola al suelo.

— ¡Mierda, Granger!— Nott entró con cara de espanto y rió cruelmente al ver a la chica en el suelo y cubierta de ramitas, pero extendió su mano ayudándola a levantarse. Hermione apretó fuertemente los dedos del muchacho al levantarse. Pero cuando él levantó la vista y se encontró con los ojos de Luna unos metros atrás de Granger, su burla pasó a enojo.

— ¡Por el amor de Merlín, Lovegood!— dio un par de zancadas y se encontró cara a cara con ella— ¿¡Cómo demonios entra en tu cabeza que puedes salir como si nada pasara!? ¿¡Acaso estás loca?! ¡¿Quieres que te maten?! ¡¿Qué?!—Luna evitó reírse y le acarició una mejilla.

—Tranquilo. Hermione me cuida bien.

Theo frotó el rostro con la mano que ella había levantado, pero su ceño permanecía fruncido hasta que luna lo acarició con sus dedos— te saldrán arrugas.

— ¡Cállense!— exclamó Hermione en voz baja y mirando por la rendija de las puertas— Hay alguien ahí

Theodore se acercó a donde se encontraba y la empujó a un lado.

—Apártate, Granger— ocupó su lugar observando detenidamente por varios segundos antes de levantar su rostro con una expresión muy seria— se quedan aquí hasta que yo venga por ustedes ¿entendieron?— Hermione asintió asustada— ¿Entendiste, Luna?

Volteó mirándola con un deje de enojo, Luna le devolvió la mirada con los ojos muy abiertos sin decir nada hasta que él se marchó. Hermione se sentó junto a Luna y se agarraron fuertemente de las manos respirando agitadamente, sin embargo Luna sólo mantenía la mirada perdida en el vacío, pero los minutos empezaron a pasar lentos y largos sin que Theo apareciese, Hermione parecía cada vez más nerviosa, como si en cualquier momento fuera a colapsar.

Luna se levantó lentamente y caminó hacia la puerta, para cuando Hermione supo lo que ella pretendía hacer, ya era demasiado tarde, Luna abrió la puerta del establo saliendo en medio de la oscura noche.

— ¡Luna!— la llamó pero no se detuvo. Hermione salió temblando del establo sin saber donde se había metido, la había perdido de vista y ahora no podía escuchar bien porque su corazón latía demasiado fuerte y le dolía el pecho. Escuchó un ruido fuerte, como un golpe, seguido de un grito ahogado.

Por Dios— susurró asustada y se echó a correr en dirección del grito, perdiéndose en la espesura de la noche, todo lo que podía escuchar eran sus pasos y su respiración acelerada más el golpeteo frenético de su corazón, su cabeza giró violentamente cuando vio algo plateado a su izquierda en medio de varios árboles.

Entonces se dio cuenta de que era el cabello de Luna que trataba de escapar de las garras de un hombre que triplicaba el tamaño de cualquier hombre promedio, sabía que si iba allá, sin varita, no tendría ni una mínima oportunidad contra él, pero la desesperación la embargó cuando vio como Luna sollozaba intentando inútilmente de mantener la ropa en su cuerpo su cuerpo.

Una extraña furia comenzó a crecer en su interior y sus piernas se movieron involuntariamente a una velocidad casi imposible para su cuerpo, cuando estuvo a tan sólo unos pies del hombre se lanzó sobre él pateando su estómago, pero contrario a debilitarlo, lo enojó fuertemente y él la agarró de la pierna retorciéndola cruelmente hasta tirarla al suelo con un aullido de dolor.

— ¡No, Hermione! ¡¿Por qué lo hiciste?!— escuchó a Luna llorar. Pero aunque Hermione no podía hablar, ella lo comprendió con la mirada. Siempre vio a su amiga como un ser demasiado puro, como hecho de cristal, era lo único que seguía siendo absolutamente incorruptible, bueno. Ella no, ella ya había caído en un poso demasiado hondo y oscuro, nadie podía sacarla de ahí… nadie excepto Malfoy, y él parecía estar bien con eso.

Más lágrimas se deslizaron por sus ojos cuando el hombre —que ahora sabía era Carrow— empezó a arrancar la ropa y llenarla de saliva, Luna recibió un puño que rompió su nariz al intentar ayudarle a quitárselo de encima y cayó al suelo noqueada.

— ¡No!— exclamó Hermione desesperada, pero para su alivio, Carrow dejó de prestarle atención a la rubia para centrarse en ella, y la tiró contra el suelo dejándola sin aire y empezó a lamerle los labios.

Fue hasta ese instante en el que Hermione comprendió lo que estaba a punto de ocurrir y el miedo la hizo temblar.

— ¡No, por favor!— le suplicó sintiéndolo arrancar la ropa de su cuerpo, el hombre se rió relamiéndose los labios.

—No te preocupes por traumas, Sangresucia, te mataré después de esto— le sonrió con sus dientes amarillos y sucios antes de romperle la boca con un beso.

— ¡No!— ella comenzó a agitarse y patearlo con todo lo que tenía— ¡No me toque! ¡Déjame en paz!

Pero el hombre pareció aún más excitado con sus gritos y le tomó ambos brazos apretándolos fuertemente sobre su cabeza inmovilizándola con el peso de su cuerpo y arrancó el sostén del cuerpo de ella rasguñándole la piel con los broches y sus propias uñas al agarrar uno de ellos con sus manos, estrujándolos dolorosamente.

— ¡No! ¡Por favor!

El hombre no le costó mucho tiempo golpearla y aturdirla, dejándola sin fuerzas, hasta que finalmente le abrió las piernas y entró en ella de un solo golpe, la chica gimió adolorida por la terrible fricción que raspaba sus entrañas

Desesperada, sin poder ver siquiera lo que pasaba, se dejó vencer con un horrible dolor en el pecho hasta que, de pronto, dejó de sentirlo raspar, dejó de sentirlo moverse, jadear. Abrió sus ojos mirando forzosamente lo que sucedía.

— ¡Luna!— escuchó a alguien gritar— ¡Blaise! ¡BLAISE!

Era la voz de Nott cargada de furia.

— ¡Maldito bastardo!—gritó— ¡Maldito seas!

Escuchó golpes y gritos y sintió como un rato después de muchos gruñidos sintió alguien que pasaba uno de sus brazos por su espalda y el otro bajo sus rodillas cubriendo su cuerpo con algo, pero su cabeza colgaba sin vida, le dolía todo, le dolía el alma.

Luna— susurró de pronto. Blaise la miró con el ceño fruncido mientras entraba con ella a la mansión— Luna…

— ¡Por, Dios! ¿Qué demonios sucedió?— ella escuchó la voz de una chica y aunque le resultaba familiar no pudo reconocer de inmediato a quién pertenecía.

—Rápido, abre esa puerta— ordenó el moreno.

— ¡Luna!— insistió esta vez tratando de bajarse de los brazos del moreno.

— ¡Ella está bien, Granger!—gruñó el muchacho—… quita la sábana, preciosa… ayúdame a quitarle esto… Malfoy va a descuartizarnos.

— ¿¡Quién hizo esto?!—Gimió la morena poniéndole una bata holgada a la mujer que se debatía entre la consciencia y la inconsciencia— ¡Blaise! ¿¡Qué fue lo que pasó!?

— ¡Carrow, Pansy! ¡Él pasó!

—Oh, no…

—Necesito verla— volvió a sollozar Hermione.

— ¡Theodore se encargó de ella, maldición, Granger! ¡¿Quieres quedarte quiera?!

— ¡No le grites! ¡¿No ves lo que le acaba de suceder, maldito cabrón?!

— ¡Bien, maldición! ¡Entonces ayúdala tú, yo me encargaré de asesinar a ese mal nacido! ¡No moriré en manos de Malfoy sin vengarme!

Escuchó un portazo y el silencio fue interrumpido por sus propios quejidos.

—Lo siento mucho, Granger—susurró la pelinegra curándole algunas raspaduras—de verdad… lamento que te haya pasado todo esto…

Hermione miraba al vacío con los ojos borrosos, quería dejar de pensar, de sentir, desconectarse y huir, no quería seguir allí. Las lágrimas silenciosas se deslizaban por su cara. Pansy se marchó después de un rato, y ella después de varias horas de lágrimas de miedo, rabia, tristeza y culpabilidad se rindió ante las nuevas pesadillas.

— ¡No, Theo! ¡Tengo que verla! ¡Déjame verla!

— ¡No! ¡No vas a verla! ¡Tengo que curarte la nariz y salir es peligroso!— la miró enojado aunque ella sollozara débilmente.

— ¡Lo hizo por mí!— suplicó— ¡Por mí! ¡Para protegerme!

Theodore la apretó a su cuerpo protegiéndola en sus brazos.

— ¡Ella lo hizo para que él no me tocara!

—Entonces tengo una deuda muy grande con ella ahora— susurró en su cuello y ella le agarró el pelo— si él te hubiera tocado un solo cabello de tu cabeza… te lo juro Luna que yo… él estaría muerto ahora…

Luna sintió sus ojos húmedos pensando en el sufrimiento de su amiga al otro lado de la mansión.

—Tengo que verla… debe estar destruida, Theo.

—No ahora— susurró en su oído— Luna… está muy reciente todo.

—Lo sé— acarició su cabello— lo sé…

Theo los metió en la cama sin soltarla, cubriéndola poco a poco con la sábana y su cuerpo.

—Tienes que descansar… debes estar hecha trizas.

—Gracias por venir a nosotras… si no hubieses llegado… tal vez no estuviéramos aquí contándolo…

—Shh…— le cerró los ojos—Cállate, Luna.

Cuando abrió los ojos, habían pasado más de tres días desde que estaba encerrada en su cuarto, sus ojos estaban hinchados y le dolía la garganta, Connie le había puesto un suero conectado directamente a su vena porque no había probado ni un solo gramo de comida. Las pesadillas la acosaban incluso despierta y tenía que hacer grandes esfuerzos para no vomitar su bilis.

Luna vino a verla un par de veces pero no insistió más, Hermione no quería hablar porque estaba segura de que se echaría a llorar y no quería hacerla sentir peor de lo que ya debía estar.

Escuchó gritos fuera de su habitación y su corazón dio un vuelco cuando reconoció que la voz que gritaba era la de Malfoy.

"¡¿Qué quieres decir con que no estaban!? ¿¡Cómo mierda llegaron hasta allá, maldito!?"

"¡No pudimos hacer nada, Malfoy!"

"¡NADA! ¡Maldito hijo de puta! ¡No pudiste hacer nada! ¡No pudo haber pasado esto! ¡No!" Hermione escuchó su corazón partiéndose en trocitos.

"¡¿Cómo dejaste que esto pasara?!" sollozó al escuchar la voz de él quebrarse.

"¡Cálmate!" gruñó la otra persona, creía que se trataba de Blaise Zabini "¡¿Acaso crees que Granger deseaba que esto sucediera?! ¡¿Crees que se le ofreció a Carrow porque se le dio la gana?!

El silencio le aplastó las tripas y le cerró aún más la garganta recordando lo que le había dicho la última vez que se vieron.

"¡Era lo único que tenían que hacer! ¡Lo único!" gritó de nuevo "¡Mantenerlas dentro!"

"Lovegood estaba…"

"¡Me importa una mierda lo que hiciera Lovegood!, era a Granger a quien quería a salvo ¡a ella!"

Hermione agarró fuertemente las sábanas y tiró de ellas con lágrimas escurriéndose por sus mejillas, se levantó notando por primera vez el dolor en sus piernas y dentro de ellas y jadeó.

Escuchó vidrios rotos.

"¿Qué le hizo con exactitud, Zabini?"

"Sabes a lo que me refería cuando…"

"¡No! ¡No sé a qué te referías maldita sea! ¡Háblame sin rodeos de una jodida vez!"

Hermione se tapó la boca reprimiendo un gemido de angustia.

"¿Y qué quieres que te diga Malfoy? ¡Sabes qué tipo de asesino es Carrow! ¡Sabes lo que les hace a las mujeres antes de asesinarlas!"

Otro vidrio roto.

"Esto no debió suceder" lo escuchó "¡No debió suceder nunca! ¡Maldita Granger! ¡Por qué mierda no hace lo que le digo nunca!" golpeó la puerta del otro lado, sobresaltándola "¡Maldita sea!"

Otros dos golpes más y ella sintió el mundo caérsele encima y derribarse junto con ella en el suelo. No se dio cuenta de lo fuerte que estaba llorando hasta que la puerta de la habitación se abrió dejándole ver el rostro compungido y despeinado de Draco Malfoy.

El muchacho se acercó a ella con los ojos enrojecidos y se desesperó al ver que ella estaba dejando de respirar ahogada en el llanto y con cara de no haber comido en varios días.

La agarró de los hombros levantándola del suelo y la sacudió al ver que ella no reaccionaba sino que se dejaba caer como si su cuerpo ya no tuviera vida.

—Granger— gruñó agitándola al ver que su pecho ya no se movía y su rostro empezaba a empalidecer— ¡Granger! ¡Respira!—pero ella parecía haberse entregado a la inercia. Malfoy la pegó a su pecho— Vamos, respira, no fue tu culpa— la camisa se le humedecía de lágrimas— Hermione por favor.

Pero ella ya no quería saber de él, si tuviera fuerzas le habría empujado para alejarlo de su cuerpo, para que así no la tocara, para no recordar las horribles y callosas manos forzándola. El beso que recibió le dolió como si le cortaran los labios con cuchillas y antes de perder el conocimiento sintió las manos anchas de él abrazarla.

Abrió sus ojos por segunda vez ese día, pero esta vez no estaba en su cuarto, ni en su cama, sino en una amplia cálida y limpia, con sábanas y almohadas suaves y abollonadas. Era la cama de Malfoy, y él estaba sentado en ella dándole la espalda, con la cabeza gacha y las manos enredadas en su cabello, pero no quería hablarle, no quería seguir ahí.

Él se levantó y Hermione cerró los ojos. No se había movido así que él no notó que ella fingía y se metió en el baño saliendo unos minutos después vestido de negro y von una máscara plateada en sus manos. Se acercó a la cama y le acarició la mejilla antes de marcharse. Cuando escuchó la puerta cerrarse ella abrió los ojos y miró el pergamino que había dejado en la mesita de noche, la angustia volvió a apoderarse de su pecho.

Por favor, quédate y obedece por una vez en tu vida, no salgas, Granger, no es seguro, entiéndelo. D.M.

No. No obedecería. Aunque sería la última vez que escaparía de la habitación. Y de la casa.

Espero hasta que el cielo se metió detrás del horizonte, y esta vez se aseguró de tomar atajos seguros y rápidos que la llevaron de inmediato a su habitación. Esculcó en su buró hasta encontrar la ranura del falso fondo y la abrió tomando su varita y salió en busca de Luna. Pero cuando llegó a la habitación de la rubia, su ánimo decayó un poco, ella estaba desnuda acurrucada en los brazos de Theodore, recibiendo sus besos y sus caricias y sonriendo suavemente quedándose dormida, así que se dio la vuelta y se dirigió sola a la oficina de Malfoy, hasta llegar a la chimenea que usaban para llegar al callejón y varias lágrimas se le cayeron mientras buscaba los polvos flú escondidos en el segundo cajón del rubio.

Tomó un poco y entró en la chimenea marchándose al fin. Su cabeza dio vueltas y salió rápido, el callejón estaba oscuro y peligroso. Se escondió en un armario vacío y oprimió la gema de su collar.

— ¿Harry? ¿Harry me oyes?

Esperó unos segundos pero no escuchó nada.

— ¡Contéstame! ¡Harry!— Y entonces, para su alivio, el moreno contestó.

— ¿Hermione? ¿Cómo es que…? ¿Qué sucede?

—Harry…— sollozó— por favor necesito que vengas… tienes que sacarme de aquí.

— ¿Qué…? ¿Dónde estás Hermione?

—En el callejón Diagon.

— ¿Te escapaste?

— ¡Sí, por favor…!

—De acuerdo, de acuerdo… iré, no dejes de hablarme.

Hermione siguió susurrando palabras durante unos minutos y cada vez se hacía más pequeña en un rincón del salón en el que se encontraba. De pronto unas alarmas se dispararon en todo el callejón y las personas salieron de todas partes gritando que atraparían a Potter, justo entonces, Harry entró completamente despeinado y con cara de muerto al almacén y trabó la puerta del mismo, ella sintió algo de pena por haberlo hecho venir enfrentando todos esos peligros, pero el alivio fue tan grande que al verlo se levantó enseguida y corrió hacia él escondiéndose en sus brazos.

Los días sin comer parecieron causarle finalmente un terrible malestar que la mareó y sintió un escalofrío cuando él intentó desaparecer un par de veces sin éxito. Hermione empezó a temer que se tratara de algún tipo de sortilegio que se hubiese activado junto con las alarmas.

— ¡Hay una chimenea ahí, Harry! ¡Ven!

— ¿Y a dónde vamos a llegar? ¡Las chimeneas de mi casa están protegidas!

—Oh, Merlín…— susurró con los ojos llorosos, alguien logró en ese momento derribar la puerta con una carcajada, iban a atraparlos— Oh, Harry lo siento tanto…

Entonces el muchacho sonrió.

—Espera. Ya lo sé…— la tomó de la mano tirando de ella justo un instante antes de que un hechizo los golpeara y los introdujo a la chimenea pronunciando un conjuro que ella no pudo entender porque cayó al suelo y todo se volvió negro.


Hola queridísimos lectores. Ya sé que tardé siglos en actualizar pero de verdad que no tuve tiempo y quería dejarles uno al menos de regalo de navidad y fin de año. Sin embargo estoy optimista y tal vez —no lo prometo por mi vida— pueda subir un capítulo esta semana que se acerca, todo depende de ustedes mis queridos, y quiero que sepan que AMO realmente leer sus comentarios, lo adoro. Es lo mejor de este mundo, me encantan absolutamente cada parte de ellos, recuerden que es la única forma que tengo de conocerlos y saber sus opiniones acerca de este fic.

Por cierto, realmente me gusta la saga de Los Juegos del Hambre y me he planteado un par de veces hacer un fic de ésta, pero todavía no me he animado.

Un beso y los quiero mucho, muchisisisisisísimo.

Glopa.