Tenía días —no sabía cuántos, podían ser semanas tal vez— de haber escapado de la mansión de Malfoy, y por mucho que lo había intentado, no había hecho más que pensar en él mientras acurrucada en una cama se dejaba deshacer en lágrimas, en la forma sensual y armónica con que él solía acariciarla, casi parecía una composición musical, tan diferente a todo, a Carrow.

Había comido lo que Ginny le dejaba en la mesa, aunque nunca la veía entrar, sólo un par de veces los primeros días, pero ella no respondió, no habló, no quiso ni siquiera abrir los ojos, porque todavía no podía creer que hubiera huido, su corazón y gran parte de su mente se arrepentía de ello, agradecía internamente que los Weasley no hubiesen insistido más y respetado su silencio. Estaba devastada, porque marcharse de esa manera, sin siquiera dejarle una nota ni un último beso había sido horrible, había sido cobarde, la cabeza le martilleaba cuando pensaba en la angustia con la que Malfoy alguna vez hablaba del futuro, cuando enfrentaba lo que realmente pasaría y que no estarían juntos. Había sido enormemente egoísta, ni siquiera fue capaz de decirle a Luna nada. Pero Luna tenía a Nott y confiaba en que él la protegía, estaba segura de que era así, él no sería como Malfoy, él no la dejaría a su suerte.

Hundió el rostro en su almohada ahogando las lágrimas. Malfoy, Malfoy… debía estar muy furioso, quizá quisiera matarla. Más lágrimas cayeron, pero ya no quería llorar por él, quería superarlo. Tal vez si volvía a hablarle a los Weasley… a Ron…

Comió galleta de canela, tenía que recuperarse, quería avanzar.

Debió haber pasado un mes desde que volvió de esa misión y no la vio en su cama. Un mes desde que la desesperación comenzó a vengarse de su eterno egoísmo, cuando empezó a pagar con creces todas las trampas sucias que hizo para poder tenerla. Sus uñas estaban llenas de su propia sangre y sus brazos estaban aruñados, había desarrollado manías nerviosas y unas enormes bolsas bajo sus ojos siempre rojos.

Granger había tenido el coraje de abandonarlo. Lo dejó solo en esa maldita mansión, en un despacho que ya no volvió a conocer el orden, en una cama que se había acostumbrado al calor que contrarrestaba el tempano de hielo de su piel alvina. Su rostro demacrado miraba las sábanas vacías, ya no podía acostarse sin su olor, no podía conciliar el sueño sin las manos de ella acariciando su cabello y ya ni siquiera estaba tan furioso como los primeros días, ni se ahogaba en whiskey como en las dos primeras semanas. Ahora se limitaba a mirar el vacío que debía ocupar el cuerpo de ella, a imaginar charlas que debieron tener, peleas de noches sin dormir seguido de maravilloso sexo reconciliador. Se había convertido en casi un enfermo mental que pasaba de estar tirado por horas, a correrse tres veces seguidas pensando en sus suaves piernas doradas.

Se estaba enloqueciendo sin ella, había sentido sus ojos escocer y la garganta cerrársele en un nudo y varias gotas le mojaron la cara y las manos, no recordaba haber llorado desde que le habían ordenado matar a Dumbledore, se había convertido en hielo desde entonces y ahora parecía que algo estaba fallando en su sistema.

Ella lo había abandonado como a un perro, ni siquiera pensó en el horrible desasosiego en el que lo dejó, tampoco en la asquerosa sensación en sus tripas que quedó al oler la sangre de Carrow, porque sí, Malfoy tomó una sádica venganza y le condenó a una eternidad de dolor, porque está seguro de que lo que le hizo no se borró de su alma ni con el manto oscuro de la muerte.

Pero el sonido de sus gritos no le había devuelto el cuerpo cálido de la castaña, ni sus manos suaves ni su cabello enmarañado. Necesitaba besarla hasta morir sobre su pecho si era necesario, las pocas fuerzas que le quedaban las usaba para imaginarla en sus brazos, con su plano vientre tensándose bajo su cuerpo con pequeñas gotitas saladas y sus piernas abrazándolo. El pantalón sobraba.

Un ruido escandaloso la despertó aunque no pudo reconocer qué. Sus ojos parpadearon y por unos segundos no recordaba donde estaba, no había salido de esa habitación desde su llegada, tal vez sólo se había movido de la cama para ir al baño, no recuerda haberse tomado una sola ducha, ni siquiera se quitó la camiseta larga y ancha que le había dado Harry para dormir, apenas había pronunciado unas diez palabras desde que despertó y apareció en ese lugar.

Harry había intentado averiguar lo que había pasado pero no lo había logrado, aunque Ginny parecía sospecharlo. Se levantó alarmada cuando escuchó un grito de la pelirroja. Espero varios segundos pero no escuchó nada, tampoco a Harry aunque sospechaba que él había salido en la mañana. Oyó otro terrible quejido y el corazón le latió asustado y caminó hacia la puerta. Su mano tembló cuando se aferró al pomo y lo giró sin hacer ruido con sus oídos alerta. Nada. Sólo un nuevo lamento de Ginny rompió el silencio.

Caminó hasta la última habitación de donde provenía el sonido, su mano tembló girando el pomo.

— ¡Oh, Dios!— Ginny estaba sentada en la cama con las manos apretadas en su vientre grande, la sangre le bajó del rostro.

—Hermione—Ginny la miró con una mueca de dolor—cariño, ayúdame por favor.

Ella asintió acercándose a ella, la pelirroja le pidió que la ayudara a incorporarse en la cama.

—Ginny…— susurró sin voz— ¿desde cuándo estás así?

—Me he puesto de trabajo en la mañana…—apretó los dientes y las manos— creí que era una falsa alarma y no le dije a Harry…

En ese momento, un líquido amarillo se deslizó por las piernas de la chica, Hermione ahogó un grito.

—Por Merlín, se ha roto la fuente…

—Escucha, cielo. Necesito que le digas a mi madre…—gimió— Tu varita… ¿puedes invocar un Patronus?... si no… Pigwidgeon está abajo, despiértalo y dile a mi madre… él sabrá llegar.

Hermione asintió y salió en busca del ave, las manos le temblaban y no creía tener la energía suficiente para invocar su nutria. ¿Cómo es que no se había dado cuenta de lo embarazada que estaba Ginny? Se sorprendió de lo terriblemente hundida que había estado todo ese tiempo como para no fijarse en que su amiga estaba a punto de tener un hijo.

Cuando volvió a la habitación la encontró de pie y sujetando con fuerza el cabecero de la cama, de inmediato se acordó de la vez que Harry le había dicho "Es Lily Luna", ahora lo entendía.

—Lamento no haberlo notado, Ginny— se disculpó tomándole una mano, ella la miró, sus ojos llenos de lágrimas.

—Oh, Hermione— le sonrió acariciándole la mejilla— tú has dejado pasar cosas aún más importantes… tienes demasiados problemas encima.

Hermione no entendió lo que ella quería decir, pero justo entonces entró Molly, saludándola amablemente pero enfocándose de inmediato en su hija. Pasaron un par de horas mirando la escena desde una esquina, no se había movido ni un poco, no notaba ni siquiera en que sus pies estaban hinchados y le dolían, la escena frente a ella de repente la petrificó de pies a cabeza.

—Ginny, cielo, separa las rodillas necesito ver si ya has terminado de dilatar— Hermione jadeó, su lengua empezó a cosquillear y las piernas le temblaron al ver todo aquello— Oh, está a punto de nacer, querida, ya debes pujar.

De repente, todo eran gruñidos, gritos y jaleos, eran las manos de la mujer sujetando algo entre sus piernas, una cabeza, gritos y un llanto que le enfrió la sangre y todo se oscureció para ella.

—Ella estará bien madre.

—Ginny no puedo dejarte a cargo, acabas de tener un hijo.

—Oye, que yo sepa tu ni siquiera esperaste medio día para empezar de nuevo con tus labores.

—Aún así tú tienes que ocuparte de cuidarte, déjame que me encargue de ella.

Sus párpados pesaban toneladas y sentía la garganta seca y los labios quebradizos, le costó mucho abrir sus ojos y cuando lo hizo tenía un rostro pecoso y grandes ojos avellanos mirándola fijamente y con una sonrisa.

— ¡Maldición, Ginny! ¿Deseas infartarme?

La muchacha se burló alejándose un poco, Hermione se sentó tomando el vaso de agua helada y casi ahogándose en él, antes de fijarse en el cochecito azul en el que dormía la pelirrojísima recién llegada.

—Por un momento creí que lo había soñado.

— ¿No es lo más lindo que has visto?— la levantó en sus brazos, Hermione frunció el ceño.

— ¿Me desmayé?— su amiga asintió sin dejar de mirar a su hija, haciéndole carantoñas— ¿cuánto tiempo llevo dormida?

—Bueno… tres días, pero te mantuvimos así porque parecías muy cansada.

Hermione se sonrojó al verla besar la cabecita a la niña.

— ¿Quieres sostenerla?— aceptó a la niña que pareció conforme en sus brazos. Le pareció muy pequeña.

—No te perdió nada, Ginny— le dijo mirándole el cabello rojo y la piel pálida.

—Sí, pero tiene esos hermosos ojos de Harry…

Hermione sintió de pronto, una profunda melancolía y los ojos le picaron sin saber muy bien porqué. Le entregó la pequeña, ya no quería tenerla tan cerca, se levantó y caminó al baño, el estómago se le quería salir por la garganta.

— ¿Nena, estás bien?— Ginny tocó la puerta pero no hubo respuesta, de los ojos de ella brotaban infinitas lágrimas, pero justo cuando cerró sus brazos alrededor de su torso, pareció que todo su mundo su hubiese desmoronado y su rostro miró de inmediato el lugar que habían ocupado sus manos. Su estómago estaba muy hinchado y tenso, jamás lo había sentido así.

No podía ser posible que ella no lo hubiera notado antes, había estado tan enfrascada en su maldito sufrimiento que no había tenido ni siquiera consideración con el tiempo que llevaba en ese lugar. Abrió la puerta, pálida como la cal, y mirando a su amiga con los ojos abiertísimos.

—Ginny—susurró— ¿cuánto tiempo ha pasado desde que llegué?

—Pues… creo que dos meses— Ginny la miró asustada y Hermione no tuvo dudas de que su amiga ya sabía lo que pasaba, quizá desde mucho antes que ella— ¿Hermione?

Ella gimió y puso una mano en su estómago sintiendo de nuevo la extraña hinchazón, no podía ser cierto, no quería que lo fuera, los ojos se le llenaron de lágrimas mirando la niña en los brazos de su amiga, estaba segura de que uno como esos no era lo más adecuado para ella en esos momentos, es más, tal vez en ningún momento, no lo había pensado nunca antes.

Sollozando caminó hasta la cama y se sentó en ella, deseaba morir justo en ese instante, realmente afrontar eso le daba más miedo que cualquier otra cosa en su vida, y verdaderamente no quería tener que hacerlo. Ginny se sentó a su lado y le acarició el cabello, las lágrimas cada vez eran más gruesas, la garganta le dolía con sólo respirar.

— ¿Estás segura?

Pero la pelirroja no obtuvo una respuesta concreta, sino que en vez de eso, Hermione empezó a llorar con toda la fuerza que tenía, casi estaba gritando con la cabeza hundida en sus manos, Ginny se llevó a la niña y volvió con ella intentado consolarla.

—Tranquila, cielo, podría ser otra cosa, respira…

¿Qué respirara? ¡No! ¡Que no se atreviera a pedirle que respirara, igual que Malfoy! ¡No quería, maldita sea, no quería respirar, daría todo por solamente morir justo en ese instante! Sus lágrimas crearían un arroyo, su garganta explotaría, sentía los huesos temblar. No podía pensar bien, tenía un niño en el estómago, maldición, y no podía ni siquiera saber si su hijo era de Malfoy o del maldito que le reventó toda su alma en una noche.

Ginny le acariciaba el desorden castaño, peinándolo suavemente con cariño. Ella se había quedado dormida en posición fetal después de llorar tres siglos y medio y agotar su fuente de lágrimas, había intentado animarla aunque claramente eso no había funcionado. Había intentado saber lo que su amiga sentía en ese momento pero ella era mucho más compleja que eso, y no creía tener el derecho para psicoanalizarla tan atrevidamente.

Horas después Harry entró a la habitación de Hermione y le dio un beso a su mujer y un apretón en el pie regordete de su hija— Harry.

Lo llamó la pelirroja— necesita volver.

— ¿El qué?— el muchacho empezó a mordisquearle los deditos a Lily, haciéndola reír.

—Hermione necesita volver— su voz pendía de un hilo, después de tratar arduamente de encontrar la forma de ayudarla, la dirección de sus pensamientos apuntaba a una misma persona.

— ¿Volver a donde?

—A la mansión de Malfoy.

— ¿Qué?— Harry la miró con el ceño fruncido y los ojos pasmados— ¿Te has vuelto loca?

—Por Dios, Harry, mírala… ¿acaso ves que esté feliz o que la pase bien aquí?

— ¿Crees que me importa un comino cómo la esté pasando? Ella está segura aquí, con nosotros. No seas absurda, devolverla sería condenarla.

— ¡Ella necesita volver! ¡Tiene que volver con Malfoy! ¡Y Malfoy tiene derecho de saber…! ¡Ella tiene que decirle que…! Qué…

— ¡¿Qué?!— Ginny suspiró.

—Te lo contaré todo desde un principio, pero tienes que prometer que la llevaras.

— ¡Ni de coña!

— ¡Harry ella no puede seguir aquí! ¡Si se queda será mil veces peor! ¡Ella ya no pertenece a nosotros!— su voz se quebró y los ojos se humedecieron— ¿Crees que a mí me gusta la idea? ¡Odio tener que admitirlo, Harry! Pero no podemos ser tan egoístas— le acarició la mejilla— podrás ponerla bajo toda la protección que quieras pero ella se morirá desde adentro. Si tienes que tomar medidas hazlo, pero regrésala…

Ginny se secó las lágrimas con las palabras de su amiga en lo más profundo de su cerebro. Hermione le había contado entre lágrimas de angustia toda su historia, desde el primer momento en que pisó la mansión, hasta el último y desgraciado encuentro con Amycus Carrow que la dejó destrozada, esperaba que Hermione no la odiara por la decisión que acababa de tomar por ella.

Harry la tenía dormida en brazos, su mandíbula tensa y a un solo pelo de cambiar de opinión y negarse a dejarla en manos del maldito de Malfoy, pero se despidió de un beso de su mujer antes de desaparecer con ella. Aterrizó en Wiltshire y justo antes de que sonaran las alarmas, se tomó una poción Multijugos convirtiéndose de inmediato en un hombre mucho más viejo y robusto. Caminó hacia la mansión en silencio aunque nadie más anduviera por ahí y entró sin dificultades por entre las verjas negras, obviamente gracias a la presencia —aunque inconsciente— de su amiga. Al entrar por la gran puerta de la entrada, tuvo que andar por infinitos pasillos y con el corazón latiéndole muy fuerte rogando por encontrar a Malfoy solo.

Todavía no entendía cómo es que Ginny había logrado convencerlo, había estado a punto de armar una emboscada y asaltar la mansión entrando con el resto de la orden, pero la promesa hecha a su amiga se lo impidió, llegó finalmente al final del último pasillo oscuro y estaba convencido de que Malfoy se encontraba dentro y sin compañías, algo había escuchado decir de un elfo que arreglaba una de las habitaciones. Tocó un par de veces la puerta, no le apetecía derribarla porque no sabía si le quedaba mucho tiempo con el efecto de la poción y eso lo convertiría en un blanco fácil, sin embargo, el rostro enfermizo y pálido de Malfoy le provocó un tirón en la garganta, parecía estar sufriendo, sus ojos guardaban grandes bolsas bajo ellos, estaba muy delgado y se veía como quien está a punto de tener un colapso nervioso.

El rubio de inmediato reaccionó con los ojos sorprendidos, sacando su varita al ver el cuerpo desparramado de Hermione en los brazos de ese hombre.

—Baja esa varita, Malfoy— masculló y el aludido reconoció al instante la voz de su adversario.

—Potter…

—Cállate y tómala, no tengo mucho tiempo— le puso a la castaña en los brazos y el corazón de Malfoy latió dolorosamente estrechándola a su cuerpo y sintiendo que el oxígeno volvía con el aroma de su piel,

— ¿Cómo demonios llegaste hasta aquí? Si te encuentran te matarán— el pelinegro se burló.

—Agradece que no deseo asesinarte en este preciso momento. Puede que quieran replantearse los sortilegios que protegen esta mansión. Con ella fue muy fácil entrar ¿sabes?

Los dientes de Malfoy chirriaron.

— ¿Qué le hiciste?

— ¡¿Yo?!— Se indignó— ¡No seas ridículo, Malfoy! ¡Aquí el único que le ha hecho daño eres tú!— masculló— ¡Si no me hubieran obligado tenlo por seguro que yo nunca te la habría regresado! Y no te la traje sin antes asegurarme de que sabré como se encuentra en todo momento, y en cuanto me des una oportunidad, Malfoy, te asesinaré.

— ¿Quién te obligó a traerla Potter?— escupió con rabia— Ustedes los Gryffindor son unos zopencos buenos para nada, trajiste a tu supuesta amiga a la boca del lobo, la devolviste al peligro y en manos de alguien al que ni siquiera le conoces las intenciones, tú y tu clan merecen un aplauso.

— ¿Quieres regresármela? Porque ganas no me hacen falta de quitártela.

—Olvídalo.

—Sólo una cosa más, maldito bastardo. Hermione puede estar verdaderamente muy enferma—le dijo con un susurro espeluznante y Draco se tensó— pero antes de darle cualquier poción o hacerle cualquier estudio, asegúrate de lo que tiene su panza hinchada sean parásitos y no un niño.

….

¡Hola, hola! Ya regresé y sí, dije que actualizaría hace como tres semanas pero me resultó un viaje de un momento a otro y cuando volví me encuentro con que mi modem de internet se estropeó (Genial) y tuve que esperar a que los del servicio vinieran a cambiarlo. ¡Pero lo prometido es deuda y ojalá pueda actualizar pero rapidísimo esta vez! Un beso los amo, los leo, siempre, siempre leo todos sus comentarios y amo sus opiniones algunas muy acertadas de lo que va sucediendo con la historia (esto es contigo Salesia, tienes un no sé qué le pegas a muchas cosas, que intuición) bueno quiero que sepan que esta historia ya está terminada en mi cuaderno aunque todavía falta un largo para concluir acá. Yo espero no defraudarlos y que sea del nivel que ustedes esperen.

Un beso, y los amo un resto.

Ro.