En cuanto Potter se marchó, Draco emprendió una carrera hacia su cuarto con el cuerpo de Hermione en sus brazos. El corazón le latía desbocadamente y no podía pensar con claridad, entró asegurando la puerta y la metió en la cama lo mejor que pudo antes de llevarse una mano al cabello en un gesto desesperación. Era una locura ¡Una locura! Su Sangresucia no podía estar embarazada, él no podía tener un hijo, no ahora.

Se acercó a ella con un nudo en la garganta, Merlín sabía cómo la había extrañado, como quiso estrecharla en sus brazos cada noche, contarle algo mientras ella le acariciaba el cabello y besarla hasta que ninguno tuviera aliento. Le miró el estómago aparentemente normal, ella no se veía grande como una embarazada, aunque cuando la sostuvo notó que pesaba algo más y estuvo a punto de preguntarle a Potter qué le había hecho comer, porque él no lograba que ella engordara sanamente.

Se sentó en la cama junto a ella y con las manos temblorosas tomó el borde de la ancha blusa que para su desgracia parecía ser del maldito cuatro ojos —o peor, de la comadreja— tenía que verificar si era realmente cierto lo que decía Potter. Cuando la levantó vio el abultamiento ligero justo en su bajo vientre, el cuero cabelludo le picó y se alejó de ella como si quemara.

No… no era porque fueran jóvenes, tampoco porque no pudiera mantenerlos, era la maldita guerra. Estaban en una guerra que no sabían cuando terminaría, y no quería someterla… era una oscuridad demasiado densa y pesada para que ella lo soportara.

Veía borroso y sabía que eran lágrimas pero no quería llorar. Se había propuesto alejarla de todo eso, de todo el mal, por eso la compró, para asegurarse de que estaría bien con él, la buscó mucho tiempo y no descansó hasta tenerla, aunque las cosas no hubiesen salido del todo bien, a él nada nunca le salía como planeaba.

Se sentó en el suelo apoyado en la pared y enterró su cabeza en las manos, tenía que hacer algo, ella era el único pedazo de claridad que había en esa habitación y en su vida. Necesitaba protegerla como fuera porque claramente sin ella no valía un knut, en esos dos meses contempló muchas veces la idea de dejarse atrapar por algún sádico de la Orden del Fénix para que lo asesinara, pero no había noticias de ella, nadie había encontrado a la Sangresucia ni muerta ni viva, y eso lo detenía. Se secó los ojos con fuerza, no podía quedarse ahí, tenía que sacarla y mantenerla a salvo, tenía que cuidarla porque era lo único bueno que le había sucedido nunca, tenía que mantener con vida la sonrisa satisfecha que caminaba por los pasillos de Hogwarts y se arriesgaba para salvarle el pellejo a los dos estúpidos entes —el pobretón y el santo— que no la merecía, porque no la veían como él lo hacía, no la buscaron como él lo hizo e incluso se la entregaron en bandeja de plata sin conocer sus intenciones.

Se levantó del suelo permitiéndose mirarla, ella parecía tranquila aunque sus ojos tenían un color rojizo y su trenza podía tener varios días, pero respiraba lento y una de sus manos descansaba en sus costillas, se preguntó si ella sabría su estado, pero no podía estar seguro porque ni Potter lo sabía, ¿qué habría convencido al idiota ese de entregársela? Sea lo que sea no parecía tener buenas intenciones, porque nadie la dejaría en la boca del lobo. Le acarició las mejillas y el cabello bajó su rostro rozando sus labios y presionándolos en un suave beso que le erizó la piel del cuello.

Se alejó nuevamente y salió del cuarto cerrándolo con todas las protecciones posibles y bajó las escaleras en carrera tomando atajos y pasadizos a gran velocidad. El corazón le latía tan rápido que le costaba respirar y tuvo que detenerse justo al llegar a los pasillos subterráneos porque le dolía el pecho, sentía náuseas y creía querer vomitar, tenía la frente perlada y el respirar le dolía como una navaja en sus pulmones.

—Malfoy—le palmearon la espalda— ¿te encuentras bien?

El rubio levantó la vista parpadeando porque sus ojos estaban desenfocados y para su alivio era Nott, y estuvo a punto de decir algo pero el estómago se le revolvió al tiempo que sus piernas dejaron de sostenerlo y cayó de bruces al suelo, se quejó por el golpe en su brazo pero no se golpeó en la cabeza porque su compañero lo agarró a tiempo.

—Mierda—murmuró el moreno y tiró de él para ponerlo en pie— ¿qué te pasa? ¿Estás ebrio?

Ambos empezaron a caminar hacia las mazmorras en donde Luna le hizo tomar una poción para el mareo.

—Necesito que me hagas un poción, Lovegood— masculló— la necesito ya.

— ¿Y por qué no la haces tú mismo?— gruñó Theodore.

—No creo que sea apropiado, sino te has dado cuenta, Nott.

— ¿Y cuál es?

—Una prueba de gestación.

Malfoy miraba la poción en sus manos y el cuerpo dormido de Hermione, ¿sería normal que aún no despertara? ¿Sabría ella que Potter la habría traído? Probablemente no. La poción había cambiado de un color marrón muy feo a un rosa brillante y suave.

Se sentó en la cama, le dolía la cabeza de tanto pensar y aunque trataba de dejarla en blanco unos minutos, no podía. ¿Qué iba a hacer con su mujer y con su hijo? No tenía nada que ofrecerles en medio de esa guerra, no podía cuidarlos de la negrura y temía que ya se hubiesen inmiscuido demasiado. Percibió un movimiento en la cama y levantó su cabeza para mirarla despertarse.

Ella abrió sus ojos y al verlo su rostro se crispó de espanto, vio su estómago descubierto, la sábana, la cama y la habitación, los ojos se le humedecieron de miedo.

— ¿Q-qué…?—susurró ¿Por qué… por qué estoy aquí? ¿Dónde está Harry? ¡Harry!

— ¡Shh!— el muchacho le tapó la boca— ¡Cállate, Granger! ¿¡Quieres que entren y te vean!?—Las lágrimas bajaron por las mejillas de ella, humedeciendo la mano con la que él le tapaba la boca— ¿Por qué te fuiste?— retiró su mano y ella sollozó dolorosamente— ¿no ves que te necesito? ¿Por qué mierda me dejaste solo?

— ¿Y qué podía hacer?—susurró— ya no ibas a quererme más… ¡Me repudiarías!

— ¿Repudiarte?—no creía sus palabras— ¡Era yo el que creía que me odiarías después de eso! ¡Tú no sabes todo lo que ha pasado! ¡Te vengué, Granger! ¡Porque creía que morirías allá afuera, sin nada ni nadie! ¡Yo creí que ya no te volvería a ver con vida y lo maté!— el muchacho sollozó con rabia— ¡Lo maté porque te tocó! ¡Se atrevió a tocar lo que es mío! ¡Y tú eres mía, Granger! ¡Y ése niño también!

Hermione sorprendida abrió los ojos, el niño. El niño que podía llevar dentro, sus manos encerraron su estómago y lo miró asustada.

—No lo dañes—imploró— te lo suplico… ¡por favor! No lo mates… es mi hijo…

— ¡¿Qué?!— La incredulidad se mezcló con rabia— ¡¿Qué lo dañe?! ¡¿Te has vuelto loca acaso?! ¡Intento mantenerlos vivos y tú me dices que no lo dañe!

Ella retrocedió en la cama, le aterraba ver ese lado tan humano de Malfoy, con una expresión desesperada en sus ojos enrojecidos y se arrepintió un poco de lo que dijo.

—Lo lamento…—murmuró y dejó que la respiración de él se calmara antes de volver a hablar— pero no sé… si sea tu hijo—gimió y él la miró aterrado y con su rostro crispado—podría… podría ser de Carrow—lloró amargamente— ¡Podría ser el hijo de un crimen!

—No es posible— el negó con la cabeza y sin que Hermione lo esperara, la abrazó refugiándola en sus brazos—no… yo lo maté.

La chica lloró en su hombro.

—Aún así…

—Nott… Nott me lo juró… me dijo que lo apartó… lo interrumpió antes de que pudiera terminar… por eso pudo noquearlo…

Ella se abrazó al cuerpo cálido junto a ella, era reconfortante olerlo de nuevo aunque las lágrimas hicieran su reencuentro amargo, ahora que él lo mencionaba podía ser cierto, esa noche seguía siendo un borrón en su cabeza, Malfoy podía tener razón… quizá ella… el bebé fuera suyo, lo abrazó más fuerte y él con el corazón volcado hundió su rostro en el cuello de ella, respirando su aroma y la recostó en la cama bajo él.

—Te eché de menos— le dijo Hermione.

— ¿Me echaste de menos? ¡No seas modesta, Granger! ¡Yo me toqué como un crío de doce años por ti! ¡Y no dormí una mierda!

Ella sonrió triste.

—De acuerdo— admitió— te eché muchísimo de menos y yo tampoco dormí nada, sólo cuando llorar me agotaba demasiado.

— ¿Entonces por qué coño te fuiste? Yo no puedo vivir bien si no estás y tú tampoco.

—No lo haré de nuevo.

—Es que no te dejaré que lo hagas.

Hermione despertó de nuevo en la enorme cama marca Sangrelimpia, Draco no estaba y era raro que no hubiese despertado cuando él se marchó, pero estaba muy cansada y no podía más que mover su cabeza, todo había pasado muy rápido, sus manos buscaron otra vez la sección tensa en su estómago. Era muy joven, pensó removiéndose incómoda, eran ambos muy jóvenes y por Merlín, estaban en medio de una guerra. No había manera sana alguna de tener un hijo a esas alturas ¿qué iba a hacer? Si alguien se enteraba la matarían sin premeditarlo y lo matarían a él por traidor después de quién-sabe-cuantas torturas, un escalofrío la recorrió.

Ese niño no debía nacer. Sus ojos se llenaron de lágrimas de sólo pensarlo, tal vez Draco había salido por eso; para encontrar la forma de deshacerse de la criatura. Se abrazó el vientre con gruesas lágrimas bloqueándole la vista, una parte de ella sabía y reconocía que quedarse con su hijo y afrontar las consecuencias iba a traerle más problemas de los que ella en su sano juicio podría solucionar, además de no saber si Draco realmente iba a querer quedarse con su hijo o con ella.

Nada. Por más palabras que él le dijera las cosas eran de cierta forma y no podían cambiar, ella era una Sangresucia y él era casi la realeza, su hijo era una deshonra vergonzosa e infame, y conllevaba a un castigo que no quería imaginar.

Pero por otro lado, se negaba en matarlo ¡Es un ser indefenso! Y no sólo eso ¡Es suyo, de sus entrañas! Lo ama, lo ama muchísimo por sólo vivir, es lo único que le queda y por muy estúpido que parezca desde que lo sabe no se ha sentido sola, porque él está haciéndole compañía y seguro que es pequeñísimo y ni siquiera puede escuchar, pero seguro que la siente y no quiere que sufra, tenía que aprender a ser fuerte de nuevo, como lo hacía para proteger a sus amigos, a sus padres y a Luna ¿Qué importaba ahora que su hijo fuera de Carrow? Era inocente de toda culpa y seguía siendo su hijo.

Draco respiraba muy rápido frente a la atónita mirada de Blaise Zabini, tenía más de diez segundos de estar mirándolo con los ojos abiertos.

— ¿La preñaste, maldito imbécil?— Malfoy frunció el ceño— ¡Eres un maldito estúpido!

— ¡Cállate, infeliz!—siseó— ahí dentro está ella, y no quiero que se altere, ya ha tenido suficiente.

— ¿Qué ya ha tenido…? ¡Eres un cínico! ¡Preñaste a la Sangresucia y eso te va a costar la vida, maldito idiota!—Lo estampó contra la pared— ¡Nos acabas de involucrar a Theodore, a Pansy y a mí, bastardo hijo de puta!

Malfoy le devolvió el ataque con un derechazo en su mandíbula.

—Que te jodan— escupió—es por eso que te estoy diciendo, en cualquier momento podría salir de aquí y necesito que ustedes se larguen en cuanto yo se los ordene.

— ¡Imbécil malnacido!— Se lanzaron a golpes sobre el suelo, esquivando y atacando, no escucharon el suave clic de la puerta que Hermione abrió asustada y con sólo una camiseta ancha de hombre que le llegaba a la mitad de sus delgados muslos.

Tenía los ojos húmedos y miraba consternada la pelea a sus pies, ambos se detuvieron eventualmente jadeando y Malfoy la observó pálido como un fantasma. Se levantaron arreglándose la ropa como si de alguna manera eso fuera a amortiguar lo ocurrido.

Draco le lanzó una mirada cortante al moreno que ahora tenía un ojo y una mejilla hinchada y el rubio no estaba mucho mejor, Blaise se marchó y Malfoy entró a la habitación tras ella mirándola cerrar la puerta y secarse varias lágrimas del rostro, ella justificó sus hormonas, pero no a él.

— ¿Por qué peleaban?— él se alzó de hombros.

—Diferencias.

—No me mientas—suplicó— escuché un poco… de que habías preñado a la Sangresucia y de que eras un imbécil.

—Lamento que lo hayas escuchado pero es cierto, he sido un imbécil al no tener cuidado y es mi culpa, tú eras una virgen antes de mí.

— ¿Y qué piensas hacer? ¿Pretendes a abortarlo?

Él la miró enojado y caminó hacia ella agarrándola de los brazos.

—En primera eso jamás ha pasado por mi cabeza. En segunda, te encargarías de asesinarme antes de siquiera planteármelo.

Hermione retrocedió dos pasos abrazándose a sí misma y se sentó en la cama con la mirada perdida.

—En todo caso ¿qué querías decir… con que si salías de aquí?—la voz le tembló y lo miró angustiada. ¿Sería él capaz de abandonarla con su hijo en el vientre? Tal vez quería dejarla por allí a su suerte para no hacerse cargo ni de ella ni del pequeño, los ojos le picaron con lágrimas tras ellos.

—A que… tarde o temprano, tendremos que hacer algo…. Para mantenerlos a salvo— Hermione miró hacia un lado disimulando el alivio.

— ¿Por qué Blaise estaba tan enojado con esto?

— ¿Por qué haces tantas preguntas?—ella frunció el ceño mirándolo enojada, Draco bufó exasperado— Blaise depende directamente de mí y yo de él. Somos…. Como subalternos de la misma categoría, lo que yo haga va a salpicar en él también, así que si yo estoy en problemas él también.

— ¿Y Nott?

—Él es un caso aparte— masculló y no habló más, Hermione sabía que no iba a decir más nada así que desistió en seguir preguntando aunque su labio aplastado por los dientes pagó las consecuencias de aguantar las ansias de saber más. Malfoy caminó hacia la cama sentándose junto a ella.

— ¿Voldemort quiere acabar contigo todavía?

Draco apretó los labios con un escalofrío al escuchar su nombre.

—Oh, Granger, te aseguro que él querrá hacer algo más que acabar conmigo cuando se entere de que Carrow está muerto y averigüe quién lo mató.

Hermione ahogó un gemido asustada.

— ¡Dios mío! ¿Por qué, Malfoy? ¡¿Por qué lo hiciste?!— Le agarró el rostro entre sus manos con angustia y Draco apoyó la cabeza en ellas sintiendo el cálido contacto— te ensuciaste las manos con ese bastardo.

— ¿Y qué podía hacer?— susurró el rubio mirándola— ¿Dejar que viviera como si nada hubiese pasado, después de que abusara de ti?

— ¿Y qué más daba?— le miró con su imagen reflejada en sus ojos— De todas formas eso no iba a cambiar lo que ya estaba hecho.

— ¿Crees que me importa? Él no merecía seguir respirando. Además iba a buscarte de nuevo, Granger, le encanta jugar al gato y el ratón.

Ella lo abrazó, una parte —una bastante egoísta e interesada— estaba aliviada y agradecida de que ese hombre ya no pudiera hacerle más daño, pero por otra le torturaba que Draco hubiese cometido un asesinato y la angustia cada vez le pesaba más porque tendrían muchos problemas por delante.

Luna la revisó varias horas después, le tomó el pulso y palpó su vientre, después con un hechizo sutil hizo que el corazón de la criatura sonara alto y claro, latía rápido.

— ¿Puedes saber cuánto tiempo tiene con eso?— Luna negó con la cabeza.

—No Hermione, el feto todavía es pequeño y no me atrevo a hacerte el encantamiento revelador, tú todavía estás muy débil. De todas formas solo verías un punto pequeño.

— ¿Y eso qué quiere decir?— gruñó Malfoy— ¿Qué es eso de feto? ¿Es un queso? ¿Qué tiene que ver queso con él?

Hermione lo miró extrañada.

— ¿Es que acaso nunca diste clases anatomía?

— ¿Qué es eso?—la miró enojado, Hermione sonrió con burla.

—Merlín y pensar que somos los muggles los ignorantes primitivos— rodó los ojos— verás, los niños no aparecen siendo niños.

—Eso lo sé— le dijo indignado— primero son bebés.

Hermione chasqueó la lengua.

—Tampoco aparecen siendo bebés de un día para el otro. Primero son un granito pequeño, como un frijol, después se convierten en fetos. ¿Entiendes?

—Ni mierda— ella rodó los ojos.

—Olvídalo, Malfoy.

—No lo olvido ¿por qué demonios no podemos verlo? ¿Por qué se convierten en quesos?—de pronto abrió los ojos asustado— ¿Y si se salió? ¡O peor! ¿Y si lo digeriste?

Hermione soltó una carcajada y las mejillas de Malfoy se tornaron de un rojo furioso y esquivó una almohada que le lanzó.

— ¿Cómo puedes pensar eso?—sonrió— ¡No terminaré de explicártelo nunca! Confórmate con sabe que tu hijo es apenas un pedacito de cerebro y corazón, todavía no sé si le hayan salido bracitos o piernas.

— ¿Quieres decir que salió defectuoso?— hizo una mueca y esta vez ella se enojó.

— ¡¿Cómo que defectuoso?! ¿Acaso crees que es un zapato que puedes arreglar? ¡Apenas está creciendo! ¿Qué creías? ¿Qué se vería como un humano desde el primer día? ¡No seas idiota!

— ¡Entonces explícame!

Hermione apretó los labios y cruzó sus brazos sin mirarlo, después de unos minutos volvió a dirigirle la palabra.

—Ven— le extendió la mano y lo sentó a su lado, él estaba enojado por su osadía al burlarse de él, y ella sabía que había herido su orgullo.

Hermione le dio una larguísima charla de espermatozoides y óvulos hasta que lo dejó agotado —y asqueado— ella había sido demasiado gráfica en algunos aspectos que quizá nunca hubiera querido saber, después de varias horas, la merienda y un Draco más pensativo de lo normal, se quedaron dormidos.

Abrió los ojos sorprendida lo oscuro que estaba, había dormido mucho o muy poco y vestía la blusa de Draco que le había puesto después de bañarla y la lycra que Parkinson le había prestado. Cuando sus ojos se acostumbraron a la falta de luz se dio cuenta que el cuarto a su alrededor estaba hecho un desastre. Había ropa y cosas tiradas por todas partes y el closet estaba vacío, lo habían saqueado todo.

El corazón se le volcó en el pecho. ¿Qué era eso? ¿Qué sucedía? Se reincorporó en la cama y gritó asustada, la puerta de la habitación se abrió violentamente y Draco le devolvió una mirada desquiciada.

— ¿Qué sucede?— susurró llena de pánico, él caminó hacia la cama y la destapó ignorando sus ojos temerosos.

—Nos vamos.

Hermione quería preguntar a donde pero antes de ella poder decir algo la levantó de la cama cargándola con los brazos firmemente apretados.

— ¿Qué haces?— gritó ella— ¿Qué demonios intentas? ¡Bájame!

La ignoró corriendo hacia la puerta y agarrando un maletín. Ella gimió asustada agarrándose de su cuello luchando con el mareo cuando empezó a bajar a brincos las escaleras, Draco la silenció con un encantamiento para callar sus gritos y ella empezó a llorar en silencio. Salieron de la mansión y el frío de la madrugada le quemó la piel y congeló sus lágrimas, se abrazó aún más al cuerpo de él, Draco seguía caminando hacia las afueras hasta salir por completo de los terrenos de la casa y ella creyó que la tiraría al piso pero aterrizó a unos centímetros más abajo sobre el cómodo asiento de un auto. Hermione miró el interior confundida y luego a él sin molestarse en secar sus lágrimas, Draco le quitó el silenciador y ella pudo gemir libremente mientras metía el morral que había traído junto a otros más en el maletero ampliado con magia.

— ¿A dónde me llevas?— Draco entró al compartimiento trasero junto a ella y cerró la puerta tras de sí, sus ojos lucían desorbitados y la miró por varios segundos antes de golpear con sus nudillos el vidrio negro que los separaba del asiento del conductor, el carro chirrió y empezó a andar a una velocidad violenta, Hermione gritó agarrándose del asiento.

— ¡¿Qué es lo que sucede?!— gritó temblando y acurrucada lo más posible, Draco no dijo nada sacando de un bolso de cuero un abrigo de lana unas medias cortas de algodón.

—Póntelo— le agarró las manos entre las de él frotándolas y calentándolas con su aliento. Cuando él la soltó Hermione pensó que los dedos se le caerían del frío pero logró meterse dentro del grueso suéter, aliviándose un poco.

— ¿A dónde vamos?— volvió a preguntar unos segundos después pero él estaba mirando ensimismado por la ventana oscurecida con tintes y ni siquiera de podía ver bien lo que había en el exterior. Hermione se enojó y después de lograr algo de equilibrio en esa máquina de muerte que se movía muy rápido, logró encararlo poniendo su rostro muy cerca al de él.

— ¡¿A dónde demonios me llevas?!

Draco la miró y ella vio que sus ojos estaban enrojecidos e irritados, jadeó asustada ¿Qué dijo? ¿Qué hizo? tragó— Por favor…— le tomó el rostro entre sus manos— por favor dime…— Draco hundió su cara en las manos de ella con los ojos cerrados.

—Mataron a mi padre— masculló amargo— encontraron el cuerpo de Carrow y en la escena vieron cabello rubio. Creyeron que había sido él y lo mataron. Hasta que…— volvió a mirar la ventana con el rostro crispado de dolor.

— ¿Hasta que qué?

—Hasta que encontraron la profecía.

— ¿Cuál profecía? ¿De qué hablas?

El labio le tembló y la abrazó a su cuerpo hundiendo la cabeza en su cuello.

—Trelawney nunca terminó la profecía de Potter. Había otro niño que podría acabar con el señor Tenebroso— la miró— y ese niño sería hijo de la traición y la impureza… sería un descendiente de los Black y un descendiente de Muggles. Los Black, Granger… Una de las familias más antiguas… obligados a casarse entre primos hasta crear magos desquiciados… los Black, un descendiente directo— la miró con los ojos pequeños— yo soy un descendiente directo… yo he traicionado mi sangre y he fecundado un hijo con una impura, y ese hijo…

—…Es el hijo de la traición y la impureza— susurró ella con la voz quebrada y los ojos húmedos— ¿Pero cómo… cómo lo saben?

—Alguien les dijo… uno de los que estaban cuando derramaste la bandeja de whiskey, no lo sé, pero habló y ahora van a buscarme.

— ¿Cómo lograste enterarte a tiempo?

—Connie oyó todo, ella me ayudó a empacar todo en cinco minutos y robó este auto, es de los de seguridad del Primer Ministro Muggle y lo adaptó para que corriera por absolutamente cualquier parte, incluyendo el océano.

Hermione se mordió el labio intentando no llorar.

— ¿Nos están buscando para matarlo?— se abrazó el estómago— No lo permitas… por favor no dejes… ¡Te lo suplico!— lloró rendida en su hombro.

—Me estoy arriesgando el culo, Granger, ¿crees que voy a dejar que nos maten así de fácil?

— ¿Qué va a pasar con Luna? ¿Con Zabini y Nott? ¿No dependen de ti?

—Ellos se marcharon también, los he obligado a salir y Potter…— Escupió con rabia.

— ¿Qué pasa con él?

—No sé cómo demonios lo supo pero la Orden ha puesto un montón de casas seguras y protegidas a nuestra disposición. Ellos están con nosotros.

— ¡Pero Harry y Ginny!— exclamó preocupada. Ellos acaban de tener un hijo, no pueden arriesgarse así por ella, Luna se encontraba bien con Nott. Todo eso era culpa de ella. Lloró con remordimiento pensando en todos los que estaban arriesgándose la vida por ella. Merlín, estaba en deuda hasta con Pansy Parkinson.

Después de muchísimas horas el cansancio se apoderó de ella, no veía nada afuera y no podía saber si estaban conduciendo a través de un pantano o un desierto, tampoco tenía idea de a donde llegarían, Draco la dejó dormir sobre su hombro acariciándole el estómago, después de todo todavía faltaba mucho para llegar.

Lo sintió levantarla en brazos cargándola con el mayor cuidado del mundo, el frío que hacía cuando la sacó del auto le erizó la piel pero no tenía energías ni siquiera para quejarse, se alivió cuando la brisa ya no le congelaba l nariz, debieron entrar a algún lugar cálido, sus medias sólo calentaban hasta los tobillos y su lycra de nylon corto tampoco ayudaba mucho.

Pero todo la distrajo cuando sintió el aliento cálido de él sobre sus labios, tibiándolos con su lengua, acariciándolos y saboreándola.

Malfoy no pudo resistir la imagen de ella en sus brazos a su merced, tan sumisa y quieta que de pronto el hecho de que creciera vida dentro de ella no parecía tan absurdo e inoportuno. El corazón le latía muy rápido, el beso le calentó el cuerpo y juró que la sintió mover sus labios ligeramente, permitiéndole la entrada a su lengua.

Merlín.

Su boca era lo más dulce y provocativo que jamás había degustado, tuvo que hacer un esfuerzo para separarse, era más que obvio que Granger estaban atontada y mayormente dormida, así que la llevó a un cuarto recostándola en la cama y cubriéndola con una gruesa sábana hasta el cuello. La casa que les habían conseguido estaba amueblada y limpia, lo suficiente como para vivir sin preocupaciones de no ser porque eran un grupo de fugitivos. Era decente, los muebles estaban firmes y la madera libre de termitas, de una sola planta, pequeña y rústica —totalmente diferente de la mansión para su alivio— se preguntó a quién pertenecería pero al igual que Hermione, estaba cansado y quería olvidarse de todo lo que había pasado en ése día.

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¡Hola! Ya sé que me demoré más de lo planeado pero ya lo ven, aquí en este capítulo ¡Al fin! Sabemos de lo que se trataba esta profecía que a muchos les intrigaba, espero que les haya gustado muchísimo y si es así por favor comenten que me alegran el día con sus comentarios, los leo siempre, siempre, los adoro y son lo que hace que siga leyendo, ¡un beso grandísimo hermosos!

Nos leemos en la próxima.

Ro.