Cuando recuperó la consciencia por un momento Hermione pensó que había soñado todo, pero estaba en una habitación extraña vistiendo un suéter que no le pertenecía y la casa olía a leña. Se levantó caminando de puntas, no quería que el suelo —de madera como al parecer todo en ese lugar— chirriara porque por muy paranoico que se viera, creía que en cualquier momento Voldemort aparecería por la puerta y los asesinaría a Malfoy, a ella y a su hijo.
Trataba de entender y analizar correctamente la profecía que Draco le había contado aunque el rubio luciera confundido y no terminarla de entender tampoco, ella jamás creyó mucho en la Adivinación, siempre pensó que era una ciencia sin fundamentos tanto en el mundo muggle como en el mágico, sin embargo eso no hacía la situación menos escalofriante. Fue hacia la sala en donde Draco estaba dormido sobre un sofá amplio y podía escuchar ligeros ronquidos que fueron interrumpidos por el gruñido de su estómago.
Merlín ¿Habría algo de comida? Caminó buscando la cocina y una vez en ella vio que toda era de una madera de aspecto grueso y saludable ¿sería roble, abeto, pino? Abrió la alacena y sus ojos casi se salen por la sorpresa, todo estaba repleto a más no poder de pan, tostadas, galletas, latas de maíz, queso crema y frascos de cebollitas y pepinillos. Abrió el gabinete contiguo y en él encontró papa, pastas de todo tipo, tarros enormes de pasta de tomate y de ajo, otro más pequeños con hiervas saborizantes.
Giró hacia el congelador, abastecido también de embutidos, carnes rojas y pescado, en la nevera habían demasiados vegetales, demasiadas frutas, jugos mantequilla, mermelada, queso… ¡¿De dónde había sacado Draco todo eso?! ¿Habría atacado a un supermercado muggle? Increíblemente no le importó un rábano.
¡Al demonio, tenía mucha hambre!
Hermione puso una bandeja de madera pulida en la mesita de té de la sala —adornada tan sólo por dos sofás de tres personas y una butaca más— y le acarició el cabello a Draco que seguía tendido sobre uno de los muebles.
Él despertó, sus ojos estaban rojizos y la miró unos segundos confundido.
—Te preparé un sándwich y encontré jugo de naranja.
Se incorporó mirándola y luego a la bandeja y trató de sonreírle amablemente consiguiendo una mueca lastimera.
—Espero que te sirva la comida que conseguí.
— ¿De dónde la sacaste?— él se encogió de hombros— ¿Connie?— asintió.
—Debe estar por venir, tiene que traer a Rain, a Mika y a los demás animales.
— ¿Qué?— lo miró sorprendida— ¿Y cómo va a hacer eso? ¡Son animales enormes!
—Ella sabrá arreglárselas— Hermione frunció el ceño y estuvo a punto de discutir pero él lo previó y la miró pidiéndole que le dejara continuar, ella resopló— no creerías que iba a dejarlas en manos del Lord, ¿o sí? No valora la vida humana, así que la de los animales no le importa ni una mierda, además le encanta la sangre de unicornio, ¿crees que iba a dejarlos ahí, y más aún cuando Rain está gestando? Ella no tardará mucho en terminar su proceso, es largo, dura un año y unos meses así que ya no debe de tardar más que unos cuatro, cinco o quizá seis meses más, no voy a tirar el trabajo que me consiguió mantenerlos estos dos años, a todos.
Hermione intentó mantener sosegada su admiración, Draco realmente se preocupaba por esos animales y quién era ella para contradecirlo cuando quizá si estuviera en su lugar haría lo mismo, se sintió un poco egoísta, en todo ese tiempo no había pensado en Rain y en Mika. Se comió un sándwich y agarró otro tomando un trago largo de jugo.
— ¿Por qué te has dormido solo ahí?— Draco la miró lamerse los rastros de jugo con su lengua y aunque sabía que ella no lo había hecho con fines sexuales, tuvo pasar una pierna sobre la otra para que no se notara nada— la cama es bastante grande.
Draco la miró mientras tragaba y tomaba jugo.
—No quería incomodarte.
Hermione soltó un bufido.
—Ni que ya estuviera tan gorda.
Él la miró enojado— ¿Gorda? ¿Estás demente? Estás muy flaca, cómete el resto de tu sándwich, Granger— ella sintió ganas de vomitar.
— ¿Muy flaca? ¿Más de lo que ya estaba?— sus ojos se humedecieron—Oh, Dios…— se acarició el estómago y le dio tres mordiscos a su sándwich tragándolo con un sollozo— se debe estar muriendo del hambre.
Draco exhaló rodando los ojos y la abrazó.
—Te lo dije porque sería bueno que agarraras algo de peso, no porque lo estés matando, no exageres.
Hermione reventó en llanto bajo sus brazos, tal vez estaba tan flaca que su aspecto debía repugnar, sus pómulos se verían huesudos y sus ojos enormes, un espanto ¿Cómo es que Malfoy iba siquiera a mirarla aunque fuera meramente sexual de nuevo? Se mareó y retuvo una arcada.
—Cálmate, no hace falta que vomites. Toma aire. Así… está bien… estarás bien. — le besó los labios calentándolos con su aliento y le acarició el cabello colocándolo detrás de su oreja y sus boca acabó descendiendo por su cuello y sus manos acariciándole el cabello que ya tenía muy largo.
—Ya no tengo hambre— se separaron poniéndose en pie y mirándose profundamente, sus pieles ardían de deseo y caminaron cada uno por su cuenta a la habitación y en cuanto las puertas de esta se cerraron ambos se lanzaron a los brazos del otro ansiosos de sentirse. Draco deslizó una mano por el cuello y descendiendo por sus curvas mientras su lengua saboreaba la fresa de su boca, Hermione no podía respirar bien, sus manos temblaban mientras le quitaba la blusa y le alborotaba el pelo y Draco la agarró de las piernas hasta que estas le rodearon la cintura y ella gimió de placer cuando sintió la fricción entre sus sexos, el pantalón de Malfoy era muy delgado y no ocultaba el abultamiento debajo.
Draco la llevó hasta la cama apoyándose en sus brazos, su lengua no dejaba de besar y delinear toda su boca pequeña y húmeda y la castaña se encargó de quitar la ropa del camino aunque a veces los besos se tornaban tan lentos y delicados que se quedaba quieta y le agarraba los brazos sintiendo la intimidad del momento, le parece que Draco está más fornido y ancho que nunca, abarca todo lo que puede ver, tocar y sentir, le quita el pantalón y sus manos se deslizan por su cola y su espalda, él le muerde el labio complacido y haciéndola jadear cuando una mano desciende hasta su vientre y sube contorneando sus costillas hasta atrapar uno de sus senos y apretarlos causándole un delicioso mareo, se separa de sus labios —y ella se queja un poco— pero empieza a dar pequeños besos por toda su cara, su cuello hasta llegar a su pecho y besarle las magnificas puntas que ahora tienen un tono semejante al caramelo, y no hay nada más dulce que oírla gemir su nombre mientras le acaricia el pelo y arquea su espalda.
Sabe que si quisiera, podría llevarla al orgasmo tan solo besándole alrededor del ombligo, dónde ha descubierto un tiempo atrás que se concentra gran parte de sus terminales nerviosos, pero ella lo mira con las mejillas rojas y sabe que no puede esperar por sentirlo dentro, ni él tampoco, así que aparta su ropa interior y la de ella, le toma de las rodillas separándolas para poder acomodarse entre ellas y la abraza para que sus sexos se rocen de manera gloriosa. Hermione lo rodea con sus piernas y eleva su pelvis masajeándolo, sintiéndolo entre sus pliegues, gimiéndole en la oreja palabras incoherentes hasta que él le dedica esa mirada lujuriosa de pupilas dilatadas, y ella le sonríe de la forma en la que sólo una diosa podría, sus ojos castaños están también limitados a una línea muy delgada en la que todo es negrura, y él baja una mano ubicándose en la entrada de su cuerpo y la penetra agarrándole una de sus nalgas, con el ceño fruncido y la boca abierta exhalando placenteramente.
—Oh, Hermione— está demasiado cálida, demasiado húmeda, junta su frente con la de ella mientras empieza a mover de adelante hacia atrás su cadera. Ella está extendida en la cama con la espalda curva y jadea su nombre o eso le parece escuchar a él, aunque lo que dice casi no parece tener sentido, pero Draco no evita gruñir de placer puro cuando ve que Granger está mirando fijamente el lugar donde su pene se pierde dentro de ella y él también inclina su cabeza para ver el esplendido paisaje.
—Draco— gime ella bajando su mano hacia la pierna del rubio y sube hasta tocar su vientre, Draco la mira con suplicante placer, no sabe hasta dónde llegan los deseos de esa pequeña mujer que tiene en sus brazos y Hermione le acaricia el camino de bellos hasta llegar al pequeño paquete bajo el punto de encuentro y le aprieta los testículos.
— ¡Oh!— ruge él. Hermione lo mira fijamente, quiere aprender cada uno de sus gestos al hacer el amor, Draco la besa, la besa lento y dulce, su lengua la busca, su nariz también le besa y sus cuerpos no tienen límite.
Cuando lo sienten cerca, Hermione se aferra a su espalda moviendo sus caderas al mismo son cada vez más rápido, un nudo le cierra la garganta hasta casi asfixiarla y siente sus ojos húmedos, Draco gime o solloza, no está segura, ambos están hecho trizas y ella aprieta las nalgas de él con sus talones gimiendo mientras las lágrimas se deslizaban junto con la humedad entre sus piernas y la semilla en su vientre. Draco se deja caer con la cabeza enterrada en el cuello de ella; tiembla y llora. Hermione deja que sus jadeos —ahora por las lágrimas— salgan libres mientras le acaricia toda la espalda, la nuca y el cabello, ambos tienen la piel erizada y ambos pueden sentir sus corazones latir furiosos y al mismo tiempo. Granger le besa las mejillas, la oreja y los labios mientras él deja que la oscuridad se le escurra por los ojos, ella nunca le había visto hecho tan pequeño y vulnerable, lo abrazó más sin dejarlo salir de ella aun con sus piernas rodeándole.
No era necesario hablar para comprender lo horrible que era toda la situación alrededor. No hacía falta decirle cuando le amaba y darle un poco de consuelo a su tristeza aunque muriera por hacerlo, pero todo tenía que ser tan doloroso.
Al cabo de varios minutos lograron encontrar la calma, y no saben cuál de los dos los cubrió con la sábana pero pronto se durmieron tratando de alejarse de su asquerosa realidad.
…
Hermione lo observó salir de la cama mientras él se ponía un bóxer y pantalón de algodón. Ella le sonrió mientras le pedía con una tierna mirada que le pasara una camiseta. Draco caminó hacia ella mirándola cubrir su cuerpo con una de sus playeras de Quidditch y sacaba el cabello del cuello de la camiseta. La agarró de las piernas y la espalda y ella le rodeó el cuello besándole los labios mientras salían de la habitación. Justo entonces oyeron ruidos en el jardín trasero y ambos contuvieron la respiración con los ojos muy abiertos
— ¡Ah!— gritaron ambos al tiempo, pero suspiraron aliviados al ver que era Connie quien se había aparecido en mitad de la sala.
— ¡Amito Draco! ¡Hermione! ¡Ya he instalado un potrero y a los animales!— sonrió alegre y ni siquiera se avergonzó de que ambos se encontraran escasamente vestidos, Draco aún tenía la cara descompuesta por el susto y Hermione la miraba anonadada.
—Pero… es ilógico, Connie… cualquiera en este momento podría ser un mestizo, ¿por qué nosotros?
—No Hermione, la profecía lo decía claramente, un Black, tiene que ser un Black. Es una profecía muy vieja, ya hace casi veinte años que fue predicha, y mira qué acertada. El amo es el único Black de la última generación, y también el único que encaja con la profecía teniendo en cuenta tu árbol genealógico, Hermione, el señor Sirius Black murió sin dejar hijos, la señora Bellatrix Lestrange tampoco ha concebido ninguno y aunque lo hiciera no cabe dudas de que este sería un auténtico Sangrelimpia, ella no traicionaría su sangre jamás.
— ¡Pero…! ¡¿Y Andrómeda!?— Connie la miró tristemente, Hermione no renunciaba a la esperanza de que su hijo no estuviera condenado a una profecía maquiavélica.
—La señorita Tonks pudo haber sido una opción, pero ella tiene mucho más que veinte años y aunque no importara su edad nunca ha demostrado habilidades extraordinarias.
— ¡Es metamorfomaga! ¡Podría ser ella, Connie! ¡Tal vez lo sea, nadie la recuerda, ni siquiera su propia familia!
—Pero Hermione, la profecía habla de una impura, no de un muggle, la señorita Tonks es hija de un muggle.
Hermione sintió sus ojos humedecerse y se derribó en el sofá, dejando que Draco la abrazara. No quería el dolor de perder un hijo, no quería tampoco que su hijo perdiera a sus padres y viviera de la manera en que vivió su amigo Harry, ella por supuesto no dudaría en hacer el mismo hechizo de magia que utilizó Lily Potter, pero ella no quería dejar a su hijo solo.
Miró al rubio a su lado, Draco miraba la ventana por la cual se esparcían gotas de agua salada por la llovizna, él estaba sufriendo, podía sentirlo, Draco sufría por muchas cosas al tiempo y Hermione sabía que no se había atrevido a preguntarle nada por miedo a no querer conocer la respuesta.
— ¿Cómo supiste todo tan rápido, Connie?
—No fue algo rápido, Hermione. Yo estaba espiando mucho a todos últimamente, desde que el amo se hizo cargo del horrible monstruo que te dañó, porque la hermana, Alecto Carrow estaba buscándolo por todas partes, entonces un día entró al despacho de la señora Narcisa sin avisar, por suerte yo lo estaba limpiando y me escondí y pude ver todo. La señora Narcisa sabía lo de la profecía, porque la noche que el señor Malfoy entró a robar la de Potter al ministerio encontró una justo al lado de esa y creyó ver que decía Dragón aunque nunca estuvo seguro, entonces hizo que llegara a la señora antes de ser llevado a Azkaban, aunque entonces nadie más que ella la había visto, la señora Narcisa había estado muy nerviosa desde tu llegada a la casa y más aún porque el amito estaba muy interesado en usted, así que empezó a hacer planes, el coche en el que se transportaron, la ropa que trajeron y todas estas casas que ha conseguido tardaron mucho tiempo, meses incluso, yo no habría podido hacer esto en cuestión de minutos. Todo me lo dijo a mí, todo. Agradezco la confianza que mi ama me tuvo porque yo daría la vida por ellos, no me cabe duda— sonrió y Hermione que no había dejado de escuchar ni una palabra sintió la mano de Draco apretar la suya y lo vio atento también a todo lo que decía la elfina pero con la vista fruncida aún fija en la ventana— después de todo lo que pasó y de que regresaras a la mansión, los mortífagos, especialmente el Lord, empezaron a hablar de los amos Malfoy, a dudar de ellos y justo sucedió el asesinato del malvado hombre Carrow— la mano de él la apretó más— entonces escondida en el despacho de la señora viendo a esa mujer esculcar sus pertenencias hasta encontrar por accidente la profecía; vi todo, al principio ella no entendió a lo que se refería la dichosa predicción, pero yo sí. Así que me desaparecí y busqué a la amita Narcisa, en cuestión de segundos todo estaba listo y yo desperté al amo Draco que estaba con usted para emprender el escape sin perder el tiempo en el que la horrible mujer enseñaba la profecía a más mortífagos y finalmente al Lord. Una vez logré avisar a todos los que estaban involucrados y sacarlos de la mansión o dondequiera que estuvieran para enviarlos a las casas asignadas, me encargué de que la amita también estuviera protegida, aunque ella también había planeado su propio escape con el amo Lucius, pero fue tarde para el amo, porque ese mismo día Yaxley encontró el cuerpo de Carrow y vio una insignia de Malfoy en uno de sus moratones, como si le hubiesen pegado con el bastón del amo o su anillo, y de inmediato tomó venganza, al tiempo que Alecto corría a decirle al Lord oscuro lo que había encontrado. Pero la señora logró escapar —muy dolida por la muerte del amo— pero el señor Snape la sacó a ella a tiempo.
Hermione volvió a mirar a Draco y esta vez él miraba a la elfina con los ojos grandes y agradecidos.
— ¿Entonces está viva?— la elfina asintió con una sonrisa y Draco cerró los ojos apoyando su frente en una mano, Hermione suspiró con el corazón menos pesado.
—Las casas, Connie… ¿de dónde las sacaron?
—No lo sé, realmente, Hermione. La amita estuvo consiguiéndolas desde hace mucho tiempo. Están muy separadas una de las otras, todas en terrenos inhóspitos, y en pueblos casi fantasmas. Tienen un fidelio, aunque todavía no sé quién es el guardián, solo se puede entrar en ella por red flú y partiendo desde la casa principal que es esta, es en la única en la que puedo aparecerme.
—Gracias, Connie… por decirnos todo esto— la elfina se encogió de hombros.
— ¿Cómo no hacer? Dobby ha ido a decirle a Harry Potter, así que ellos también estarán enterados.
…
Hermione le acariciaba el rostro somnoliento mientras rozaba su nariz, Draco la había llevado de vuelta a la habitación cuando Connie se hubo marchado y se enredaron nuevamente hasta que ninguno tuvo fuerzas para seguir despierto, le besaba los labios con cortos y dulces besos intentando despertarlo, ya era de día, el sol brillaba fuera de la casa. Draco abrió los ojos y la miró largamente hipnotizándola con sus esferas grises protegidas por gruesas pestañas cenizas. Le acarició la mejilla con una mano y le iba a besar de nuevo cuando un sonoro portazo los hizo brincar fuera de la cama.
— ¡Tú, maldito!— Harry Potter entró violentamente a la habitación, Draco y Hermione se pusieron en pie y ella se ocultó tras él porque sólo llevaba una camisa de pijama encima. Pero el moreno se apresuró hasta donde estaban ellos y antes de que si quiera pudieran reaccionar estampó a Draco contra la pared sujetándole el cuello con ambas manos— ¡Desgraciado infeliz!
Hermione los miró asustada— ¡No, Harry!— intentó separarlo.
— ¡Mira lo que hiciste jodido cabrón! ¡Mira lo que hiciste!— puso el antebrazo en su cuello apoyando todo su peso en él mientras Draco intentaba apartarlo pero Potter había crecido en altura y en músculo y él había adelgazado mucho desde que Hermione se había marchado, su cara se estaba tornando roja y de no ser porque el brazo que lo ahogaba no lo dejaba estaría gruñendo.
— ¡Suéltalo, Harry!
— ¡¿La violaste?! ¡Inmunda alimaña! ¿¡Qué más le hiciste hijo de puta?! ¡AH!
Hermione miró el moreno derribado en el suelo tras el puñetazo que le dio en el estómago y protegió el cuerpo de Draco —que tosía violentamente en el piso—con el suyo.
— ¿Estás bien?— le preguntó acariciándole la mejilla, Draco asintió con los ojos rojos y húmedos intentando calmar la tos— ¿Por qué lo hiciste, Harry?— reprochó.
— ¡Porque ese maldita cabrón te condenó a una profecía!— gritó fuera de sí— ¡Tú no tienes ni idea de lo que es estar en medio de una! ¡Y ahora te metió a ti y a tu hijo en medio!
Ella lo miró con ojos tristes y asintió, Draco intentó levantarse del suelo pero Hermione se lo impedía porque estaba muy pegada a él.
—Sé muy bien eso, Harry— susurró ella con voz quebrada— sé que será doloroso para todos, pero es mi hijo. ¿Qué sugieres entonces que haga? ¿Y si tus padres hubieran decidido matarte para que no sufrieras, Harry?
Lo vio desviar la mirada y Hermione pensó que tal vez se avergonzaba un poco de lo que había dicho, pero enseguida él la miró cargado de furia.
— ¡Esto no habría pasado de no ser por ese maldito bastardo! ¡¿Qué fue lo que hizo para que te acostaras con él?! ¡Dímelo Hermione!
Draco apretó los puños y tensó la garganta, pero ella previó lo que quería hacer, así que lo detuvo con una mirada.
—Él ha hecho muchas cosas, Harry. Pero yo entré a su cama por mi voluntad, también yo fui responsable de nuestros actos, así que deja de culparlo.
— ¿Por qué no viniste conmigo Hermione? Habríamos evitado todo este sufrimiento.
Ella lo miró angustiada y cuando miró a Draco, este tenía su cabeza ladeada y gacha con los puños y la mandíbula apretada, él tembló entrecerrando sus párpados.
—Si me hubiera ido contigo, es probable que él hubiera muerto.
Harry bufó indignado.
—Le habrías hecho un favor a la humanidad.
—Oh, Harry… No sabes lo que dices.
Ayudó esta vez a Draco a levantarse del suelo tendiéndole la mano.
—Por favor, Harry, no te pido mucho… sólo déjalo ser… está tratando de protegernos.
Harry los miró, ella vestía la blusa de pijama que hacia juego con el pantalón que é traía puesto, no podía justificar su teoría de que él la estuviera forzando, menos cuando ella se empeñaba en defenderlo y él ni siquiera había dicho una sola palabra, pero se le encogió el corazón al verle las mejillas y las piernas más delgadas de lo que él recordaba.
—Te está consumiendo, cielo…— se acercó a ella y aunque Draco intentó impedirlo, Hermione lo dejó que le acariciara la mejilla—… Oh, Hermione… Ron deseaba tanto verte... tenerte…
La mención del pelirrojo le quebró el corazón y se alejó de él con los ojos húmedos.
—No hagas esto, Harry…— le susurró con la voz pendida de un hilo— no lo uses a él para lastimarme.
El muchacho frunció los labios frustrado— Tendré vigilado a Malfoy las veinticuatro horas del día, yo mismo me encargaré de eso. Y me asegurare de utilizar toda la información que poseas a mí favor.
…
Hola chicuelos ¡¿cómo andan!? Espero que muy, muy bien. Me alegra traerles este nuevo capítulo con una explicación más detallada de la profecía, espero estar actualizando muy pronto, me he puesto metas y deseo terminar este fic antes de junio —deséenme suerte— porque hay otros en proceso que ya deseo subir. Por cierto, acepto recomendaciones de fics porque a veces busco algo bueno que leer pero no sé por dónde empezar.
Un beso muy grande y saludos desde Colombia.
Rose.
