Hermione dio un respingo cuando escuchó el severo portazo que hizo temblar las ventanas y bombillos de la casa y contuvo la respiración en silencio envolviéndose hasta debajo de la nariz en las sábanas, fingiendo dormir. Escuchó los pasos pesados y lentos sabiendo que era Draco, y cómo abrió la puerta con cuidado y haciendo el menor ruido posible creyéndola dormida. Ella abrió los ojos y lo vio tirar de su cabello esforzándose para no gritar, conteniendo la rabia.

Jamás lo había visto así; con los puños ahora ferrados a la ventana, tan apretados que sus nudillos estaban blancos y gruñía por lo bajo. Hermione lo observó varios segundos en silencio, Draco llevó su brazo a los ojos y restregó con fuerza innecesaria la tela contra sus mejillas, secando lágrimas de ira y humillación. Maldijo varias veces y después de patear y golpear la pared unas cuantas más, trató de recuperar el aliento y se dio la vuelta.

Hermione cerró los ojos rogando que no la hubiese atrapado, sintió el colchón hundirse bajo él y otra vez los abrió, él estaba sentado en el borde de la cama con la cabeza reposando en sus manos y respiraba muy lentamente. Dejó que pasaran un par de minutos antes de sentarse ella misma y acariciarle la espalda, Draco levantó la cabeza de inmediato pero no se movió permitiéndole a sus dedos seguir con la trayectoria que bajaba por su columna.

— ¿Qué ha pasado?— preguntó Hermione después de unos segundos de silencio— ¿Qué sucedió?

Draco la miró al fin y sus pulmones se estancaron. Ella tenía los labios rojos como una cereza, los había estado mordiendo y o podía describir cuanto le encantaba eso, sumado a su cabello recogido en una torpe y engajada trenza, sus ojos brillantes y su cabello colorado.

Draco creía que los hombres aborrecían a las mujeres cuando estaban embarazadas, creía que ya no sentiría deseo por la chica que tenía en frente y aunque hubiese querido, fue todo lo contrario. Desde el momento en que su vientre había comenzado a crecer se había obsesionado con acariciarlo todo el tiempo, y cuando hacían el amor le fascinaba apretar sus pechos llenos y cálidos, y Hermione parecía aún más húmeda y receptiva con sus caricias, el sexo era diferente, agradablemente diferente, le tomó una mano y la acarició, la cara preocupada de ella lo hacía sentir como mierda y no quería perturbarla, no lo merecía.

No le respondió, en cambio besó sus labios perdiéndose en su suavidad, en su lengua húmeda y su cuello níveo, le quitó lentamente el camisón. Le ponía ansioso no haber podido sentir aún a su hijo moverse, pero tampoco quería presionarla, porque sabía que no dependía de ella, pero le picaba la nuca pensar que este ni habría nacido cuando ya evitaba hacer contacto con él por más que Hermione insistiera a que era muy pacífico.

La recostó sobre la cama acariciándole las piernas y subiéndole poco a poco el vestido. El rostro de ella se encendió con un sonrojo y él se desabotonó la camisa tirándola a un lado y observó detalladamente la redondez ahora notable en su vientre. Mirándola el corazón le latía más rápido y el pecho volaba más ligero, mirar su desnudez le recordaba que ella estaba ahí, con él, que no iba a irse, que nadie iba a lastimarla.

Se hundió en ella besándole los dedos y bailó al son de los suspiros y el revoloteo de su pecho suave, la abrigo con su cuerpo y la arrulló con sus gemidos.

Durante la madrugada sintió el brazo arderle y estuvo a punto de gritar de dolor cuando la serpiente negra cobró vida quemándole la piel. Apretó los dientes y agarró fuerte las sábanas aguantando el dolor, pero no pudo evitar levantarla.

— ¿Qué pasa?— murmuró adormilada— ¡Oh, no!

Él ni siquiera pudo contestarle, el dolor era insoportable, tenía los ojos nublados.

—Traeré una bolsa de gel congelado— susurró ella levantándose, él no la detuvo, no hubiera podido aunque quisiera, Hermione volvió poco después y ni siquiera envolvió la bolsa con una toalla sino que la puso directamente contra la piel de su brazo y el gimió de alivio y sorpresa.

—Mierda, hermosa— la miro con la respiración irregular, Hermione le acariciaba la mejilla aunque no podía ocultar la desesperante preocupación que desencadenó el suceso— Gracias.

— ¿No es… peligroso?— preguntó con timidez— ¿Podrían rastrearte?

—No…— gimió él— no al menos bajo protección, de todas formas, la marca va perdiendo función si no acudo a donde esta me lleva… espero que la pierda muy rápido. Así Potter tampoco insistiría en usarla como ventaja.

— ¿Harry te pidió usarla a favor?— de repente se sentía enojada— ¿Por qué? ¿Acaso no entiende que es peligroso? ¿Le has explicado esto? ¡Tú necesitas perder contacto, no afianzarlo corriendo un riesgo!

Draco suspiró abrazándola a su cuerpo, no sabía qué escocía más, el frío del gel o el calor de la serpiente.

—Te estás envejeciendo inútilmente.

La miró como si se estuviera volviendo loca.

—Yo no me estoy envejeciendo— la pelirroja rodó los ojos.

—Ya ni siquiera le prestas atención a James.

Harry se giró a mirarlos a ambos y no pudo ignorar por más tiempo el nudo en su garganta cuando vio la cara desolada y triste de su esposa sosteniendo a un niño con mirada curiosa.

—Claro que sí le presto atención— se inclinó hacia ella y le besó los labios y luego empezó a jugar con la mano gordita del bebé, quien lo miraba sin expresión en su rostro más que esos grandísimos ojos verdes. — ¿Verdad que si te presto atención?— Ginny retuvo las ganas de llorar y el niño en su regazo dejó explotar una burbuja de saliva— ¿eso es un sí o un no?

—Harry, te lo suplico, deja a Malfoy en paz.

—Yo no estoy haciendo nada que no debería, no puedo confiar así nada más en un mortífago, es malo, y peligroso.

—Por Merlín, arriesgó su vida por Hermione, sus padres murieron. Al menos dale algo de mérito.

— ¿Y cómo saber si de verdad murieron o si sólo se trata de un engaño, Ginny?

— ¡Harry, por Dios! ¡En ese caso también estarías llamando a Hermione mentirosa!

—Puede estar engañada, Ginny… ella está muy enamorada de él, el amor es peligrosamente ciego.

— ¡Él también podría estar enamorado de ella!

— ¿Él?— Harry se rió— No, cariño. Personas como él, que nunca conocieron el amor ni siquiera al nacer… no podrían amar, nunca.

...

—Tienes que calmarte, Malfoy va a regresar. Él estará bien.

La castaña temblaba ansiosa y se secaba las manos en el pantalón girando su cabeza cada vez que escuchaba un ruido que provenía de la puerta o la chimenea. Draco —junto con varios de la orden— habían salido hacía más de dos días a Merlín-sabe-dónde y no habían regresado ni sabían nada de ellos. Estaba segura de que se encontraba batallando, no podía creer que había terminado de luchar junto con los Mortífagos para ahora hacerlo en contra de ellos.

Necesitaba saber que estaba bien. Le dolía la cabeza y tenía una horrible sensación que le afligía en el pecho de imaginar tantas cosas que pudieron haberle ocurrido. Intentaba no desesperarse, pero era imposible.

El ruido de la chimenea y el fuego llamaron su atención, pero la decepción la llenó de nuevo cuando vio que era Tonks, pero esta le sonrió.

—Han vuelto— confirmó con tal entusiasmo que Hermione supo que no se lo imaginaba cuando creía que la metamorfomaga sentía afecto y ternura hacia su primo. Pero no pensó más, se levantó lo más rápido que pudo del sillón y casi brincó a la chimenea, sin saber de dónde salió la coherencia de sus labios o el puñado de polvos flú que usó, pero aterrizó en la cabaña en la mitad de la nada en la que supone, habían llegado, y aterrizó tambaleándose en la alfombra, una mano le sujetó el brazo deteniendo lo que pudo ser un duro golpe contra el piso.

— ¡Hermione! ¿Estás bien?— se encontró con los ojos azules y asustados de Ron. El chico estaba pálido y tenía rasguños por toda su cara, con el pelo rojizo pegado a su piel sudorosa, la sonrisa le descongeló el rostro unos segundos, Ron estaba bien, pero eso no bastaba. Al menos no para ella.

Sus ojos recorrieron la estancia ávidamente, buscando la cabellera, rubia. Se encontró con los ojos de Harry que se había levantado de la mesa y ahora la miraba con el rostro compungido. Él estaba bien; dos de tres. Siguió mirando a su alrededor, pero no veía al último y al que más le importaba. Se fijó en el pelirrojo que aún la sujetaba.

— ¿Dónde está?— su voz sonó más firme de cómo se sentía. El rostro de Ron empalideció más de lo que ya era y miró a Harry sin saber qué hacer, pidiéndole permiso para hablar.

—Hermione él está… está bien…

—No te pregunté cómo está, sino dónde, Ronald.

Harry caminó hacia ellos con expresión de aparente calma.

— ¡¿Por qué no está aquí?! ¿Está herido? ¡¿Dónde demonios está?!

—Cálmate, Hermione— le dijo Potter— no es bueno que estés así.

La furia golpeó sus venas y estalló.

— ¡¿Qué demonios quieres decir con eso?! ¡¿Qué creíste, Harry?! ¡Que porque estoy embarazada no puedo enterarme de lo que está pasando! ¡Contesta de una maldita vez dónde mierda está Draco! ¡Habla ya, Harry Potter!

El moreno frunció los labios, estaba muy enojado.

—Se tardó demasiado, no podía arriesgarme a esperarlo más tiempo.

— ¿¡Qué?!— La voz se le quebró y las lágrimas mojaron sus mejillas— ¿Qué estás diciendo, Potter? ¿Lo… dejaste ahí sólo?— su expresión se rompió por completo y comenzó a temblar llena de pánico— ¡Lo dejaste sólo rodeado de mortífagos que quieren matarlo!

Los sollozos comenzaron a quebrarle la garganta e intentó suprimirlos tapándose la boca con su brazo, pero era inútil, le dolía la cabeza y algo punzaba en su espalda.

Lo habían dejado solo a su merced, la imagen de Draco intentando mantenerse en control pero corriendo tan rápido como sus piernas le permitían y con rostro desesperado. Enloqueció de dolor.

— ¡¿Cómo pudiste?!— gritó antes de echarse a correr a la chimenea, soltándose con más brusquedad de la necesaria del brazo de Ron y que seguramente le dejaría un golpe por lo ruda que fue y llegó de nuevo a su sitio, desarmándose de dolor en el suelo.

— ¡No está!— gritó— ¡Lo dejaron solo! ¡Lo abandonaron!

Luna se agachó a su lado, meciéndola en sus brazos. Se sentía diminuta, hecha trizas. El dolor en su espalda rodeó su torso, incluyendo su estómago con fuertes punzadas. Sus pies le mataban y debían estar muy hinchados ya. Un estirón doloroso en su costado la dejó sin aliento, su espalda se entumeció y su cuerpo pareció congelarse y empezó a caer hacia un lado, escuchó a Nott decir algo pero no supo qué fue, sus ojos veían chispas negras y moradas, y antes de perder el conocimiento creyó ver el rojo de la sangre deslizándose por una de sus piernas.

— ¡Eres un maldito estúpido! ¡Cómo te atreviste a decirle eso, maldito miserable! ¡Es que acaso eres imbécil! ¡Acaso no te diste cuenta de lo mal que ya estaba! ¿¡Qué demonios te sucede?! ¡¿No dices ser su amigo, maldito cabrón?!

Draco había regresado gracias a que Tonks había vuelto por él y lo había ayudado a salir de ese maldito lugar, para encontrarse con un sanguinolento escenario, con Hermione inconsciente y con la vida pendida de un hilo, todo gracias al maldito de Potter.

Sus manos temblaban de ira, quería estrangularlo, verlo sufrir y matarlo lenta y dolorosamente, pero no podía aunque ganas no le faltasen, lo insultó hasta que la garganta le ardía y agradecía que Blaise lo sujetara de un brazo para no cometer una locura de la que podría arrepentirse más tarde y luego desapareció por la chimenea para llegar a la casa que le correspondía.

Al llegar, un silencio sepulcral le tronó en los oídos, aún quería gritar pero todos en la sala permanecían en silencio sepulcral, ella no estaba ahí.

— ¿Qué le hacen?— susurró, Nott y Luna eran los únicos que no estaban ahí, así que supuso que estaban con ella, Ginny negó con la cabeza.

—No lo sabemos.

—Trajeron un doctor, está con ella ahora mismo— habló esta vez Nymphadora agarrada de la mano de Remus.

Draco frunció el ceño y se disponía a gritarles, pero Ronald Weasley lo interrumpió.

—Le harán un hechizo desmemorizador.

Él cerró los puños molesto. Estaba furioso con Potter, con Weasley y con él mismo, pero no podía hacer nada en ese momento, ella lo necesitaba más. Se giró al sentir que le apretaba el brazo, Pansy le miró con ojos serios.

—Calma, vamos allá… el medimago ya debe estar terminando.

Los párpados se le pegaban en los ojos impidiéndole abrirlos aunque ya estuviese despierta. Escuchaba voces fuera, acaloradas como su estuvieran discutiendo. Forzó sus ojos hasta lograr abrirlos, era de noche y lo único que iluminaba era una lámpara de luz blanca cerca de la ventana. Se llevó las manos al estómago y se alivió al sentirlo redondeado. Se inclinó viendo el rastro de sangre seca que había en sus piernas y el vestido, pareciera como si hubieran utilizado a este último para intentar quitarla de su piel.

—… ¡¿Y qué vas a hacer?! ¡¿Vas a dejarla morir?!— Escuchó una voz femenina gritar— ¡Si dejas que continúe con este embarazo va a morir! ¡Lo sabes! ¡Tú mismo la has visto decaer poco a poco! ¡Por Merlín, Draco!

—Ella es más fuerte que eso, Pansy…— gruñó el aludido, su voz sonaba estrangulada, como si apenas abriera la boca para contestar, Hermione tembló asustada— Va a lograrlo, yo lo sé.

—No seas estúpido, Draco. No intentes tapar el sol con un dedo y acaparar todo esto tú sólo. No puedes salvarlos a los dos, ella se está muriendo.

— ¡Ella no se está muriendo! ¡Y no seas estúpida tú! ¡¿Qué pretendes que haga, Pansy?! ¡DÍMELO!

— ¡No puedes someterla a que pase por todo esto! ¡Tienes que detenerlo ahora!

— ¡¿Pretendes que la haga abortar?!— Hubo un momento de silencio en el que a Hermione se le secó la garganta, sus ojos se humedecieron, el corazón le latía tan rápido que empezaba a ser difícil respirar— ¿¡Acaso estás demente?! ¡Maldita sea! ¡Matar a mi propio hijo, con un demonio! ¡¿Por quién demonios me tomas, Pansy?! ¡¿Qué mierda te crees que soy?!— la piel de sus brazos se erizaron, la voz de Draco era furiosa, cargada de frustración— ¡Y aunque así lo quisiera! ¡¿Te creías que ella iba a dejarme hacerlo?! ¡Ama más a ese niño que a cualquier cosa en la puta vida! ¡Sacrificaría mil vidas por él si fuera necesario! Que no se te olvide, Pansy, ella no es como nosotros. Ella es buena. Ella ama. Está en su jodida naturaleza.

Hermione retuvo un gemido y un par de gotas saladas se deslizaron por sus mejillas, Draco se subestimaba demasiado.

—Entonces tendrás que afrontar su muerte, Draco— la muchacha hizo una larga pausa de silencio antes de volver a agregar— ¿Tú lo harías?... ¿Darías tu vida por él… por ella?

Tragó en seco sintiendo que la garganta le ardía y su estómago se le contrajo, si hubiese comido algo recientemente habría corrido a vomitarlo al baño.

—Por supuesto.

—Entonces no te quedará mucho que dar si sigues con esto. Podrías morir ambos… estás advertido.

No hubo más palabras, escuchó los pasos de tacón que Parkinson al marcharse por el pasillo, se secó las lágrimas quedándose muy quieta en una esquina de la cabecera de la cama. La puerta de la habitación se abrió y Draco entró violentamente por ella, enterrándose los talones de las manos en sus ojos y tirándose del cabello, sin siquiera reparar en que ella estaba ahí, y despierta. Hermione escuchó algo que salía de la garganta de Draco, un gemido. No, un triste lamento, seguido de un sollozo.

—Yo puedo, Draco— susurró entonces, lo suficientemente alto para que él lo escuchara. Draco se giró, con los ojos rojos e irritados, con expresión de mártir. Hermione se preguntaba cuantas veces él lloraba sin que ella se diera cuenta, sin que nadie lo hiciera. El rubio se acercó a la castaña, ambos tenían surcos de lágrimas resbalando por sus rostros.

—Yo puedo con esto. Te lo juro— suplicó— ¡Soy más fuerte de lo que creen!

Draco no podía entender lo húmedo que de pronto sentía el rostro y el nudo que no le dejaba respirar. Las rodillas le cedieron y de pronto estaba arrodillado frente a la cama hecho un desastre. Hermione se acercó a él sentándose en el borde de la cama y llorando en silencio con la cabeza rubia apoyada entre sus piernas, la espalda de Draco subía y bajaba por las convulsiones de un llanto ahogado.

—Estará bien…— declaró con esperanza— El bebé estará bien. ¡Oye! Tiene un papá fuerte, que le quiere y protege— la tristeza en su voz lo hizo contraerse sintiendo un filo doloroso en su pecho— te tendrá a ti, Draco, es afortunado.

— ¡No!— sollozó sin mover su cabeza de los muslos de ella, abrazándole las pantorrillas fuertemente— ¡No, Granger! ¡No hables como si no fueras a estar aquí! ¡Mierda, yo te necesito! ¡Él y yo te necesitamos!

Hermione cerró los ojos apoyando su cabeza en la de él, acariciándole el rostro y el cabello. Draco ladeó la cabeza quedando justo en frente de su vientre abultado y le dio varios besos.

—Tienes que quedarte conmigo. Te necesito, Hermione.

Ella suspiró tres veces seguidas recuperando el aliento y besó la oreja y el cabello de Draco antes de incorporarse.

—Mírame, Draco— le pidió con la voz pendida de un hilo, él se negó acomodando su cara angular en las piernas de ella— ¡Mírame!— susurró, y él cedió levantando su rostro enrojecido y brillante de lágrimas—No soy más que un saco de carne y huesos—le acarició el cabello tras su oreja— no sé cuánto tiempo más viviré… Pero necesito… Prométeme… que no dejaras que nadie nunca lo utilice. No puedes dejar que nada le pase… te necesita.

—Entonces tú prométeme que vivirás… ¡Tienes que vivir, tienes que luchar por vivir, Granger!

Ella asintió pálida ya del cansancio y con los ojos borrosos. Draco la sostuvo evitando que se desvaneciera de golpe besándola profundo, desesperadamente, la recostó en la cama como si fuera de porcelana, la besó largamente acariciándole el cuerpo con sus manos y su boca hasta que ninguno pudo soportar el agotamiento mental, cerraron los ojos y perdieron la consciencia.

—No, Potter. No iré a una sola maldita misión más.

—No son misiones, Malfoy. Son Movimientos de Protección y Defensas.

—Me vale un cuerno como le llames. Granger no puede estar sola más tiempo. N-o i-r-é.

—No es lo que tú quieras, Malfoy— siseó como una serpiente, Draco sintió un escalofrío por el parecido que tuvo al hablar como el Señor Tenebroso— además… Luna está con ella.

— ¡No es a Lovegood a quien necesita, Potter! ¡Me necesita a mí! ¡Y no voy a dejar que siga sufriendo por no saber si estoy vivo o muerto! ¡Esta no es mi maldita guerra! ¡Este es tu puto asunto, y no pienso permitir que Granger se involucre un solo pelo más en esto!

Ambos echaban humo por la nariz y controlaban —meramente— la rabia. Harry comenzó a insultarlo gravemente cuando Ron lo interrumpió.

—Basta ya. Esto es una estupidez. ¿Acaso no ves que Malfoy tiene razón? El cuerpo y la mente de Hermione no soportan más angustias y paranoias, tiene que estar tranquila, CON ÉL, Harry. Desgraciadamente, la seguridad de él es lo único que la mantiene tranquila.

Draco los miró a ambos entre anonadado e impaciente. Weasley no dejaba de sorprenderlo. Finalmente el moreno no tuvo más opción.

—Irás a verla tú, Ron. Te encargarás de verla tú, Ron, mantenla tranquila. Dile que Malfoy estará aquí terminando las bombas irritantes con Nott— miró al rubio con sumo desprecio— Si lo haces bien, no irás a más Movimientos Protectores, y Hermione estará tranquila.

Draco exhaló, seguía molesto pero ahora tenía una carga menos en el pecho. No le encantaba que Weasley acompañara a Hermione y tampoco la había visto en todo el día y sólo un rato en la noche anterior. Todavía dormía cuando él se había marchado.

Se dirigió seguido de Potter a una mazmorra oscura donde Nott y Luna se encontraban haciendo una poción (o al menos intentando hacerla) mientras se rozaban muy poco disimulados poniendo a Malfoy incómodo y nervioso, pero ya vería cómo se las arreglaría para escabullirse y regresar a la castaña.

¡Hola! Traten de no asesinarme‼, estuve súper atareada, estoy en la recta final de mi último año en el colegio y me tiene hasta el cuello con trabajos y estupideces, pero en fin… aquí les traigo un capítulo y les prometo actualizar muy prontito si así ustedes lo desean.

Me fascina que hayan llegado hasta aquí y espero darle un final a la altura a esta historia que llevó más tiempo del que me imaginaba.

¡Cómo siempre! Un beso muy grande a todos los que la llevan dentro de sí y esperan ansiosos —súper ansiosos nivel acosador— a las actualizaciones, sus comentarios me llenan de júbilo y orgullo (oh, sí) y porfa díganme qué tal les pareció y si les pareció que algo estaba mal, corríjanme que nadie puede mejorar sin una crítica constructiva.

Un abrazote.

Rose.