Hermione intentaba matar la incertidumbre ordenando –más de lo que ya estaba- la habitación en la que dormía usualmente. Desde que había sufrido del sangrado, había pasado a dormir sola en una habitación, Luna no había visto conveniente que durmiera con Draco, porque ambos estaban muy estresados, y en vez de consolarse, recargaban el peso en los hombros del otro inconscientemente. Hermione también tomaba ventaja de los momentos en los que él no estaba –justo como en ese momento, Draco dijo que iría a hacer pociones en la casa de Harry y que estaría sano y salvo y ella quería creerle, necesitaba creerle- los utilizaba para mover sus piernas, ayudar a Connie, ser útil. Porque cuando él llegaba y la encontraba haciendo el mínimo esfuerzo, despertaba la desesperada ira, y Draco podía volverse loco en un instante.
Hermione –la parte femenina y egoísta- no podía evitar sentir que su corazón se acelerara gratificantemente cuando él mostraba tanta preocupación, pero luego intentaba no creer que todo lo que hacía Draco era por ella, tenía que enfrentar también que Draco velaba por la vida de su preciado hijo.
Esa tarde cuando intentaba quitar una mancha de café de la mesa de madera de la sala, la chimenea se encendió con llamas verdes y una cabellera pelirroja salió de esta.
- ¡Ron!- exclamó contenta de verlo acercarse a ella, pero Ron no suele visitarla muy seguido. Ron, de hecho, no la había visitado exceptuando cundo se había puesto muy enferma.
El corazón se le volcó pensando en Draco y cosas horribles, la sangre le bajó de la cara.
-¿Qué sucedió?- preguntó de pronto- ¿Es Draco? ¿Qué pasó?
Ron Weasley le sonrió con ternura.
-No, Hermione. Malfoy está bien fabricando esos milagros líquidos que sólo un raro espécimen de su tipo podría hacer.
Hermione sonrió aliviada y divertida.
-Oh, y entonces… ¿a qué se debe tu visita?
-¿Es que ya no se puede visitar a una amiga?- bromeó.
-Claro que sí y a mí me encantará recibirte… pero tendrás que ayudarme.
-¿Ayudarte en qué?
-Pues no te gustará, Ronald Weasley. Yo tengo mis propios quehaceres, mientras ustedes me consideran una damisela en aprietos, yo mantengo esta casa habitable.
-Y haces muy buen trabajo, de eso no hay duda. Las otras casas están bastante muy desastrosas. Por lo menos lo poco que he llegado a ver de ellas. Pero no he visto aún donde están Nott y Luna.
-Creo que Theodore Nott es casi tan métrico como yo, así que es posible que la limpien muy de seguido.
Ron se sentó en el sofá junto a ella y le quitó de las manos la tela con la que limpiaba.
-Tú dime qué hacer y yo te ayudo- ella sonrió.
…
Theo tenía la cabeza recostada en las piernas de Luna. La rubia contemplaba el sol brillando por su ventana mientras cantaba una canción llena de mitología mágica griega y un montón de criaturas fantasiosas que ella aseguraba que existían.
Era una sirena rubia con los ojos más azules que había visto. Nott sentía sus ojos tratar de cerrarse mientras ella le acariciaba el cabello, finalmente sus ojos cedieron y ella paró de cantar provocando que él los abriera de nuevo para observarla. Luna le miraba con una sutil sonrisa.
-¿Por qué te detienes?- le susurró él. Luna se acostó en la cama obligándolo a él a reacomodarse con la cabeza apoyada en las costillas de ella.
-¿Qué tan a menudo piensas en la muerte?- le preguntó sin cambiar su voz soñadora y alegre. Theo abrió los ojos consternado por la extraña pregunta. Sin embargo, después de meditarlo unos segundos, respondió.
-Muy a menudo.
-¿Qué viene a tu cabeza cuando piensas en ella?
-Mi madre- admitió- me pregunto si en algún lugar del mundo estará condenada a vagar como un fantasma, o si finalmente logró alcanzar un descanso eterno. Me pregunto si reencarnó en alguien más o si estará orgullosa de mí.
-También pienso muy a menudo en mi madre. Pero sobretodo en cuándo y cómo moriré- su tonalidad hacía que la conversación pareciera una broma- quiero hacer varias cosas antes de partir de este mundo, y sin embargo no sé por dónde comenzar. Tampoco sé si lograré finalizar, de todas formar en un contexto como este, nunca sabes si morirás mañana, en sesenta años o en dos minutos.
Theo besó una de sus costillas mandando un escalofrío por todo su cuerpo.
-¿Y qué es eso que quieres hacer antes de morir?
-Es una lista muy extensa. La primera cosa que quería hacer era mantener de alguna manera el recuerdo de mi madre intacta y siempre conmigo. Por eso llevo tantas cuerdas atadas a mi tobillo, eran los hilos que ella usaba para bordar y remendar mis vestidos ¿Tú tienes algún listado?
-No es… un listado en sí. Pero desde que era pequeño siempre quise hacer valerme. Por eso no tomé la marca, esa forma de ser era algo que me caracterizaba. Mi padre me llamaba insurgente, rebelde, estúpido… pero a mí no me importaba, pretendía mantener mis pensamientos y la libertad de ejecutarlos.
-Así que es por eso que no recibiste la marca…
-¿Qué más hay en tu lista?- le acarició el largo cabello.
-Otra cosa que encabezaba la lista era el amor: quería encontrar a alguien o a algo al que amara profunda y ciegamente, tanto que me costara respirar el aire sin su presencia.
-¿Querías? ¿Ya no?
-Bueno, es otra cosa tachada de mi lista. Ya lo cumplí, creí que eso era obvio.
Theo sonrió.
-Bueno, ya sabía que amabas mucho a Granger pero no que te costara respirar en estos momentos. ¿Necesitas que te dé algo de respiración boca a boca? Puedes contar conmigo para eso, no hay problema.
Luna se rió suavemente.
-Eres todo un comediante ¿no, Theo?
-Oh, vamos. Te encanta mi sentido del humor.
Se acurrucaron y el moreno cerró la ventana con un movimiento de varita para hacerle barrera al cálido sol.
-¿Qué es eso, Theodore?- escuchó una risa ahogada.
-Nada- mintió frotándose descaradamente contra ella.
-¡Oh, Theo!- se escandalizó ella con las mejillas coloradas y riéndose, Nott estaba manoseándole toda la espalda.
-Luna, no encuentro los cordones de tu bata.
-¡No tiene cordones!
-¡Quítatela!- exclamó tirando del borde de esta. De un momento a otro, ambos estaban desnudos y con la respiración agitada, exhalando sobre los labios del otro, Theo deslizó sus dedos por su muslo y luego en su interior.
Luna se estremeció arqueando su espalda y abriendo sus piernas blancas. Él delineó sus labios con la lengua y acarició los pliegues rosados de luna con sus dedos arrancándole un jadeo cargado de tanta sensualidad que él tuvo que hundir su nariz en el cuello de ella para evitar enloquecer de placer. Luna le acarició toda la espalda hasta llegar a sus nalgas y bajar sus manos hasta el duro miembro del joven y le acarició la punta atrevidamente.
Theo gimió sobre sus senos y los acarició y besó con sus manos justo antes de que ella misma lo guiara a su interior para luego abrazarlo con sus piernas mientras se movía muy lentamente bajo los brazos de él.
La frescura de la mañana contrastaba con sus cuerpos cada vez más calientes, el olor y la textura de la piel los embriagaba, la visualización de sus cuerpos amoldados los estremecía, no podían creer lo excitante que se volvía con cada embestida hasta que el cielo les cayó encima y las estrellas se cayeron en forma de gotas en sus cuerpos y se convirtieron en un amasijo húmedo de piernas enredadas, torsos cálidos y brazos demandantes.
-En serio, Theo. No puedo creer que quisieras más. Ayer me dejaste desmayada y recién me recuperaba de eso.
-Tenemos que aprovechar los días que nos permite San Potter. No sé cuándo tendré que volver a sus malditas habitaciones y encerrarme a hacer pociones.
Theo se acomodó boca arriba llevándosela a ella sobre él, Luna dejó que la arropara con la suave colcha de algodón.
-Hay noticias sobre mi padre.
El moreno la miró curioso.
-Está en Atenas, refugiado. Cambió su nombre a Xenophilius Carkav. Está entre muggles trabajando para un periódico mediocre. Tan sólo redacta, no gana mucho pero puede sobrevivir.
-¿Quién te informó todo esto?
-Harry. Estuvieron ahí buscando algo que tenían que destruir aunque no me dijeron qué. Estuvieron buscando en un santuario griego y lo hallaron ahí, lo reconocieron por su mirada que es la misma mía.
-¿Lo han ayudado? ¿Le hablaron de ti?
Luna lo miró con los ojos húmedos.
-Dicen que él… que perdió por completo la razón- Theo frunció el ceño a punto de replicar, si el hombre tenía el carácter de Luna, alguien inesperado podría tomarlo por loco, aunque bien no lo era- cuando lo vieron se lo llevaron a un refugio que habían protegido ellos mismos con sortilegios fuertes. Lo cuestionaron, le preguntaron que cómo había dado a parar allí, cuándo había partido y por qué se había ido. Dijo que no lo recordaba, que sabía que estaba huyendo de algo, pero sólo no podía recordar de qué. Ni siquiera me recordó cuando me mencionaron, Harry dice que mencionó varias veces mi nombre y creyeron que lo reconocería, pero al cabo de unos minutos los miró extrañado y les sonrió amable mientras les preguntaba si se les ofrecía algo.
Theo miró con pena su rostro angustiado.
-Luna, cuando esto acabe lo primero que haremos será buscarlo. Tal vez alguien le lanzó un confundus muy bien logrado o quizá intentaron desmemoriarlo por completo, ya lo averiguaremos y le ayudaremos a salir de eso.
-Sólo deseo que no lo encuentren. Que no lo reconozcan. Harry lo dejó a salvo con dinero y alimento de sobra, pero no lo sé… no sé cuánto tiempo estará a salvo.
-Lord Voldemort se está debilitando. Lo sé… Draco y Blaise los sienten, su poder disminuye, la guerra está pronta a acabar.
…
Draco tenía un intenso dolor de cabeza que no había logrado opacar, ni siquiera con sus mejores pociones analgésicas. Tenía la jaqueca más asquerosa de su vida y no iba a soportar colar ni una sola gota más de Sangre de Dragón Austríaco.
Se retiró de la mesa y lo primero que hizo fue lavarse las manos y secarlas con las malditas toallas de patitos amarillos. Salió de la mazmorra en silencio y con los oídos atentos a cualquier ruido, subió las escaleras. Potter debió haberse marchado a su propia casa porque todo estaba en silencio, tenía que darse prisa antes de que el maldito demonio cuatro ojos se apareciera y le impidiera su huida.
Finalmente llegó al rellano, donde tomó un puñado de polvos flú, con lo que llegó a su morada.
Hermione rió al ver a Ron desplomarse sobre la cama, después de ayudarla con Rain y Mika, de habían dedicado a limpiar toda la casa.
-Hiciste un gran trabajo- se sentó a su lado, Ron sonrió con los ojos azules chispeando.
-Lo sé- alardeó- vaya, Hermione, no es posible que una chica tan pequeña guarde tantas cosas.
-Ya sabes… no me gusta botar a la basura cosas que podría necesitar.
-¿Y qué tan de seguido vas a necesitar una resortera del siglo pasado?
Hermione sonrió con gracia.
-Oye, no sé qué tan travieso sea mi hijo. Puede que le agrade.
-¡Vas a criar a un pequeño rufián!- Ron le acomodó un riso detrás de la oreja, de forma tan natural que no se sintió incómodo.
-Espero que Fred y George me ayuden a lograrlo.
-Serán los mejor instructores- susurró el pelirrojo y estaba ya muy cerca de ella, de su rostro claro de mejillas rosadas.
-Ron…
-Hermione, siempre me pregunté cómo sería que llevaras a mmi hijo en el vientre- la mano de Ron se posó sobre la redonda prominencia que casi no se notaba bajo el ancho vestido- no me importaría darle mi apellido y mi amor al que llevas ahora, como si fuera mío.
Hermione sintió un fuerte sonrojo, le sorprendía la sinceridad y generosidad en las palabras del pelirrojo.
-Podrías dejarme cuidarte. Yo lo haría con que tu chasquearas los dedos ¿lo sabes verdad?
-Ron…- le acarició la mejilla- eres muy, muy considerado y todo lo que me dice es hermoso. Pero el padre de mi hijo también está dispuesto a hacerlo.
Malfoy se había escondido tras la puerta de la habitación en la que ambas charlaban. El corazón le latía muy rápido y sus puños estaban muy cerrados, quería romperle la cara a esa sabandija entrometida.
-Lo sé. Y no puedo negar que Malfoy hace un gran trabajo. Aun así, te amo y no puedo evitar ser egoísta al querer tenerte para mí.
La castaña sonrió besándole una mejilla.
-También te amo, Ron- confesó y Draco sintió una horrible apuñalada en el pecho, sin aliento se dejó caer el piso, atónito por las palabras- pero también le amo a él. Mucho, Ron, cómo tú no tienes ni idea.
-Me puedo hacer la idea, cielo. Pero sé que también es porque estuviste sol a su merced durante todo este tiempo, tu corazón puedo haberse aferrado a él en modo de salvación. Pero quizá, si me das un poco de tiempo, puedes amarme incluso el doble de lo que amas a Malfoy.
El rubio tras la puerta se agarraba el pecho con fuerza. Le dolía la forma en que latía, el aire se le escapaba de los pulmones.
-Lo dudo, Ron. La manera en que le quiero me hace pensar que no podría superar su pérdida o su desesperación. Dependo de él para vivir.
-Pero eso no es amor, Hermione. Es una necesidad que confundes con amor.
La mujer sonrió con tristeza a los esfuerzos de su amigo de convencerla de que lo amara.
-Tal vez si me dejaras darte un beso…- los nervios de Draco se crisparon.
-Ron, no…
-¡Sólo uno!- la interrumpió esperanzado- ¡Sólo uno y entonces me dirás si me amas, si tengo oportunidades!
Hermione asintió rendida, de esta manera él podría superarla.
-Está bien.
Draco sintió ganas de vomitar, escuchó el ligero chasquido que provocaban los labios al chocarse.
Hermione sentía los pulmones trabajar muy rápido, Ron tenía labios suaves y ligeros, una caricia exquisita que le removió el estómago aunque no el corazón. Sintió un momento y justo en el lugar en el que él apoyaba su mano, cómo su hijo revoloteaba avisando que estaba despierto. Al instante, Ron paró el beso mirándola sorprendido.
-Por Merlín, ¿Eso que se movió fue tu hijo?
La suave risa de Hermione le calentó el pecho.
-Qué afortunado. Mi pequeño saco de patatas no se mueve casi nunca. Eres el primero en sentirlo a parte mí misma.
Los ojos de Draco se enrojecieron de ira y los odió a todos durante varios segundos.
-¿Entonces? Hermione, tú…
-Oh, Ron- lo interrumpo apesadumbrada- eres muy tierno y amoroso, y besas de maravilla. Pero te lo digo una vez más. El amor que siento por Draco está muy por encima de todo, al igual que el amor que siento por el saquito de patatas.
Ron sintió su corazón quebrarse y los ojos humedecerse en desesperación.
-Esto es mi culpa- se lamentó- si hubiera sido más rápido, si te hubiera encontrado antes… el bebé que esperas fuera mío, tu amor fuera mío…
Hermione lo miró con un nudo en la garganta.
-No te culpes, esto es obra del destino. Cualquier mujer será afortunada con tenerte a su lado.
-Pero yo quiero tener la fortuna de estar contigo- suplicó él.
-Pero vas a estar conmigo, Ron. Eres mi mejor amigo y te amaré como tal el resto de mi vida.
-Oh, Hermione- se derrumbó él en llanto, dejándose abrazar por la castaña. Se lamentó eternos minutos en su regazo hasta que ella lo convenció de tomar una siesta.
-Pero Malfoy se molestará- susurró él cansado y con los ojos irritados.
-Shh… yo manejo al gruñón.
Con un beso de despedida, Ron se quedó dormido profundamente.
Hermione se levantó de la cama y secó las lágrimas de su rostro, sus ojos debían estar rojos e hinchados. Salió del cuarto sedienta en busca de agua, cuando una mano le agarró del brazo deteniéndola, no pudo gritar porque otra mano idéntica tapó su boca y vio los ojos llorosos y atormentados de Draco.
Draco esperó a que ella lo reconociera antes de tirar de su mano hasta llevarla al pequeño despacho y encerrarlos dentro sin dejar de escrutarla con la mirada.
-¿Hace cuánto estás ahí?- preguntó ella con la voz quebrada. Draco destensó la mandíbula solo para responderle arrastrando las palabras.
-Lo suficiente como para ver todo su maldito cortejo y tu estúpido beso.
-Draco, yo…
-No, Granger. No tienes ni puta idea de cómo mierda se sentía. Quiero arrancarle las vísceras con mis manos y torturarlo. Quiero causarle dolor, Granger. Que suplique morir- los ojos de Hermione dejaron escapar más lágrimas y después de un tenso silencio, él volvió a hablar, pero con la voz menos firme- ¿al menos fue cierto lo que dijiste? ¿Eso de que me amas…es verdad, o sólo fue una estratagema para librarte de él?
Una cachetada le torció el rostro.
- ¡¿Cómo te atreves?!- le reclamó enojada y con las mejillas húmedas- ¡Por supuesto que era cierto! ¡Todo lo que dije era verdad!
Draco le agarró los brazos.
-¡¿Por qué demonios entonces lo dejaste sentirlo primero?!- gruñó- ¡Es mío! ¡Mi hijo! ¡Yo tengo que ser el primero en todo en lo que le respecta! ¡No ese imbécil!
Hermione ahogó un sollozo y lo observó sentarse todo tenso sobre el sofá. Ella lo imitó a su lado.
-No sabía que sucedería. Tan sólo pasó.
-Parecías feliz- reprochó- te reíste varias veces, nunca ríes conmigo, no realmente. Siempre estás molesta o triste conmigo.
-No siempre estoy molesta contigo.
-Pero no me hablas como a él, ni haces bromas.
-¿Quieres que bromee a tu lado?
Draco arrugó la nariz.
-No creo que me guste en realidad. No creo que entienda tus bromas, creo que lograrías enojarme.
Hermione sonrió.
-Entonces nada de bromas.
-Yo haré las bromas- condicionó él- tú reirás.
-De acuerdo- Hermione le agarró una mano- por cierto.
Se la llevó al vientre donde Draco sintió el extraño movimiento, duro y al mismo tiempo gelatinoso de su barriga. El vello de su nuca se erizó y casi se traga la lengua de la sorpresa.
-Demonios- susurró con la garganta seca, acercando su rostro al vientre de ella- merlín es impresionante.
-Lo es…- susurró ella, pero cuando empezaba a relajarse, Draco se levantó y abrió la puerta caminando con pasos sonoros a la habitación donde dormía el pelirrojo. Hermione se levantó rápido corriendo tras él y vio cómo casi le causa un ataque al corazón al pelirrojo despertándolo con patadas en la cama, y levantándolo violentamente de esta.
-¡Lárgate de mi casa, pelirrojo!- lo agarró del cuello y se lo llevó hasta la chimenea. Hermione miró la escena asustada y cuando los ojos azules de Ron le hicieron contacto visual ella ni siquiera pudo cambiar su expresión petrificada. Ron se marchó forzado y Draco se giró hacia ella.
-¡¿Qué demonios te ocurre?!- exclamó ella sin aliento cuando pudo reaccionar. Pero no tuvo más respuesta que un beso demandante y caliente. Cuando la soltó, ella intentaba recuperar el aliento y sus ojos se sentían irritados de nuevo.
-No era necesario que lo sacaras de esa manera.
-Sí que lo era. No se atreverá a pisar la casa si yo no me encuentro presente.
Draco se sentó en un sofá y la obligó a sentarse sobre sus piernas.
-Tengo las manos rajadas y quemadas de hacer tantas pociones seguidas- susurró- ¿Qué crees que se siente cuando llego con ganas de dormir contigo el resto del día y me encuentro a este imbécil intentando sacarte a vivir?- Draco la miró enojado- ¿Y que además lo dejes besarte y sentir a mi hijo?
Hermione lo abrazó hundiéndose en su cuello, le ardían los ojos y ya no quería llorar más.
-Tienes razón, mi amor, tienes toda la razón.
El corazón de Draco se agitó violento al escuchar el apelativo mi amor, y estuvo a punto de olvidar todo de no ser por su orgullo imperante. Hermione, sin embargo, supo exactamente lo que pasaba por su mente y sonrió.
-Vamos a dormir, cielo.
No hubo más qué decir. Draco dejó que ella tomara su mano y los guiara a su habitación, ella misma les quitó a ambos la ropa y los vistió con pijamas, luego se metieron en la cama, dentro de las frescas colchas, y olvidaron el exterior.
…
Ron llegó con un moratón en el labio, mareado y con un horrible dolor de cabeza a Grimmauld place. Molly Weasley limpiaba la alacena y gimió al verlo.
-¿Qué te sucedió?- le agarró la cara.
-¿Qué?... oh, nada madre. Ayudaba a Hermione con sus potros y uno de ellos me golpeó- se alzó de hombros restándole importancia.
Pansy Parkinson bajaba las escaleras, ella y Zabini habían tenido que vivir en la mansión de los Black porque no había más casas donde ubicarse y Blaise creía mejor esta, pues las demás le recordaban a su estoica madre. El rostro de la morena se decepcionó al ver que quien había llegado era el pelirrojo.
-Creí que eras Annie.
-¿Annie?- miró a la muchacha y luego a su madre.
-Una chica herbóloga, viene a traer medicinas naturales e ingredientes para pociones. Zabini tiene una fuerte gastroenteritis viral- le contestó Molly, Pansy había regresado a la habitación. Ron asintió y comenzó a retroceder sus pasos para subir las escaleras cuando algo lo golpeó fuerte haciéndolo trastabillas. En el suelo se encontraban regadas un sinnúmero de hierbas mágicas y una chica de apariencia menuda lo miró sonrojada por la vergüenza y el enojo antes de lanzarse al piso a recoger todo lo que se había caído.
-Lo lamento, déjame ayudarte- reaccionó agachándose apenado.
-¡No!- exclamó ella- Está bien, yo lo haré.
-Pero yo…
-No importa- murmuró- yo lo haré.
La muchacha terminó de recoger todo y fue rápido a la mesa del comedor, Pansy bajó enseguida tras ella al escuchar el ruido.
-Esto deberás hervirlo y colarlo, le darás el agua que quede, lo aliviará de inmediato.
-Gracias, Annie- la morena tomó el puñado de flores rojas que le dio y se dispuso a trabajar, Annie miró a la mujer mayor.
-Perdone la tardanza. Melody enfermó y tuve que hacerle una toma.
-No te angusties, cariño. Tienes que cuidar de ti y de tu familia.
Ron miró sorprendido a la chica, ¿cómo una joven que no parecía tener más de dieciséis años ya tenía una familia qué cuidar? ¿Sería su hija de la que hablaba?
-Le agradezco mucho su ayuda, mis padres tenían razón, usted es un alma buena.
Los ojos de la muchacha se tornaron rojizos y respiró varias veces, claramente tratando no llorar.
-Yo… lamento tener que pedirle esto, señora, nuestra casa se está viniendo abajo… la he reparado muchas veces, pero ya no soportará más. Hay goteras y lodo en todas partes, y Melody y Luan ya no soportarán más…
-Puedes venir aquí- sonrió la mujer- no hay ningún problema, trae a las pequeñas, siempre has sido muy útil y eficaz. Sin tus conocimientos sobre plantas mágicas no podríamos hacer ni la mitad de las pociones que hacemos a diario ¿sabes?
Annie la miró esperanzada.
-Muchas gracias de verdad… no sé cómo le pagaré…
-Le debemos mucho a tus padres, es lo menos que podía hacer, querida.
Conmovida, Annie la abrazó sujetándole muy fuerte del cuello.
-¿Le parece mal que venga mañana mismo?
-Puedes venir hoy si así lo prefieres.
….
¡Hola! Ya sé que tardé siglos, pero tuve una situación desafortunada: se me perdió el cuaderno donde tenía la historia casi terminada y fue un desastre, me deprimí, lloré y pataleé. Pero bueno, no la iba a dejar botada, así que aquí está, con todo el amor del mundo. No tuve mucho tiempo porque esta semana me gradúo, pero intenté dejar un capítulo más o menos bueno.
Un bseo grandote!
