Antes de leer este capítulo tengo que pedirles mis disculpas y advertirles que éste podría ser el último de los capítulos antes del gran merecido epílogo (sí, claro, el gran, como no) pero ya se los diré al final del capítulo ¿sí? Ahora ¡A leer!

Draco observaba los movimientos sutiles de Hermione meciendo a Scorpius en sus brazos con una tibia sonrisa. Cuando ella lo cargaba parecía por momentos recobrar la lucidez que había perdido el día de la oscura batalla en Hogsmade en que lo dio por muerto. Él no permitía que nadie la molestara en esos momentos, ni siquiera Lovegood para revisarla, inclusive se obligaba él mismo a darle su espacio. Le agradaba verla sonreír, había tardado días enteros en dejar de llorar su pérdida y a Draco le parecía que en esos momentos ella era consciente de la realidad, de que él no estaba muerto. Y susurraba su nombre con una sonrisa y ya no con un lamento.

—Te pareces tanto a tu padre, Scorpius— le juró con una sonrisa—tan guapo...

Malfoy sonrió de medio lado con petulancia, era delicioso escucharla decir lo atractivo que ella lo encontraba.

Pero cuando Hermione dejaba a Scorpius dormido en su cuna volvía a encerrarse dentro de sí misma, no veía, no oía. Malfoy, sin embargo, agradecía que al menos ella le dejara acariciarla en la cama. Granger se apretaba a su cuerpo buscando el calor reconfortante y en la madrugada cuando a veces él no podía dormir, la oía llamarlo y decirle que le quería, que todo estaría bien.

Ese día, y después de una noche en la que ella durmió por primera vez de corrido y sin pesadillas, él decidió que era el momento adecuado para enfrentarla a la realidad, lo haría justo después de que terminara de arrullar a Scorpius. No soportaba que ella siguiera mirándolo sin ver, atravesándolo con sus ojos castaños como si no estuviera ahí, no podía tolerar sus ojos en blanco y que no lo oyera cuando le hablaba. Necesitaba volver a abrazarla por la noche, necesitaba oír sus gemidos al amarla, se estaba volviendo loco y no podía dejar la cordura en ese momento, cuando la tenía que utilizar por dos.

Hermione se encontraba meciendo sus pies en el aire, sentada sobre el alféizar de la ventana dejando que los rayos del sol los bañaran dándole de comer a su hijo. Él entró a la habitación pensando en cómo iba a enfrentarla, en cómo acercarse sin asustarla y lo que era aún peor, en cómo hacer que ella realmente lo notara; no quería ver sus ojos vacíos atravesándolo. Y aunque había impedido a toda costa que cualquier persona se le acercara mientras se encontraba con el bebé, ese día no pudo evitar ser egoísta y robarle a su hijo un poco del tiempo de ella.

Caminó a paso lento hacia ella, escuchándola murmurar oraciones cariñosas a la afortunada criatura en sus brazos y cuando vio que estaba a punto de colocarlo en su corral la detuvo agarrándole brazo. Ella se detuvo pero sin hacer ningún movimiento ni gesto que le mostrara que no era indiferente a su tacto. Él tiró de ella sujetándola ahora de los dos brazos, Hermione miraba hacia abajo, a sus brazos donde estaba el niño dormido, no podía tardar, ella pronto estaría famélica y exhausta de tenerlo tanto tiempo pegado a su cuerpo. Soltó uno de sus brazos y le agarró la barbilla obligándola a levantar sus ojos hacía él, y se alivió que al menos no lo estaba atravesando, pero era porque no lo estaba mirando a él, sino a un punto detrás.

—Hermione— susurró. Ella se tensó y abrió los ojos como si estuviera asustada— mírame— le ordenó y suavemente los ojos de ella se desplazaron a los suyos y un alivio cálido lo lleno al ver sus pupilas dilatarse en reconocimiento. Granger siguió callada y él vio oportuno el momento para quitarle a Scorpius de los brazos y dejarlo en su cama sin quebrar el contacto visual, ella se lo dio sin ninguna protesta mirándolo fijamente. Una vez libre, Draco reposó sus manos en los omoplatos de ella, atrayéndola a su cuerpo. Y luego, muy despacio le beso los labios por unos segundos infinitos, envolviendo el labio inferior de ella con los suyos, el beso dio un suave chasquido que les erizó la piel a ambos y Draco se deleito con el gemido que ella dejó escapar. Se separó para poder mirarla y sus manos bajaron acariciando toda la línea de su espalda hasta la cintura, presionando un poco más abajo. Hermione lo miraba con los ojos brillantes pero sin decir nada, confundida y embargada de sentimientos obtusos y en algún sentido, perturbantes. Ella levantó una mano tan lento que pareció una eternidad hasta que la apoyó en la mejilla de él.

—Qué sueño más hermoso— suspiró mirándole los labios, la nariz y los ojos. — tan hermoso como él mismo.

El nudo se hizo más notorio en la garganta del albino.

—No estás soñando, Granger.

—Te ves tan real...

— ¡Lo soy! Maldición.

Ella recostó la frente en su pecho y sumergió los brazos en su tórax.

—Hueles como él...

—Soy yo...— suplicó.

—Pero él... aunque lo amo tanto... él sólo ha utilizado mi nombre cuando hay necesidad... cuando suplica...

La garganta le quemaba, los ojos se le humedecieron desesperadamente.

—Te necesito. Te necesito de vuelta.

Intentó controlarse a sí mismo, recordar que ella lo estaba haciendo bien, mejor de lo que creyó, estaba hablando, eso ya era un avance. Suspiró y le acarició el cabello, ella levantó sus ojos a él y lo miró con una sonrisa.

—Si él no va a volver... déjame quedarme con su fantasma— le pidió agarrándolo fuertemente de la camisa. Draco tragó dolorosamente y asintió. No era lo que pretendía, pero al menos era algo. Al menos consiguió verla sonreír como creyó que no volvería nunca a hacerlo.

….

Los largos dedos masajeaban expertos el cabello largo y rubio mientras la oía suspirar placenteramente.

—Adoro tu cabello— Theo separó unas hebras llenas de jabón jugando con ella entre sus dedos.

—Quiero cortarlo...

— ¿Qué? — Exclamó sorprendido— ¿Por qué? A mí me gusta así.

—Ya sé— se inclinó hacia atrás rozando el pecho de él con su espalda y apoyó la cabeza en sus rodillas cerrando los ojos— sólo lo cortaré un poco... ya está muy largo.

Theodore torció la boca bajando las manos hasta el cuello de ella siguiendo por la zona de los hombros su masaje.

— ¿Y el mío? ¿También está muy largo?— le pregunto besándole los oídos, Luna sonrió alejándose para verlo y para evitar las cosquillas y se giró.

Luna puso gesto de concentración y metió una de sus manos en el cabello húmedo y negro del chico.

—No— declaró— me gusta así, te ves... como un chico malo.

Theodore soltó una carcajada y la agarró de los muslos acercándola a él pese a la presión del agua en la bañera y la obligó a rodearlo con las piernas.

—Así que te gustan los chicos malos— le besó los labios y le apretó las nalgas— ¿Soy lo suficientemente malo para ti?

—Eres lo suficientemente bueno para mí.

Ella se arrodilló aún con las piernas a cada lado de las de él y lo abrazó dándole un beso profundo en la boca.

Theo subió una mano por la línea de su espalda acariciándole la curva de su columna, Luna se frotó contra su eje jadeando y rodeándole todo el cuerpo.

—Oh, Luna— gimió el moreno cuando ella bajo por su cuerpo dejándolo entrar en ella— Qué gusto...

Luna se estremeció sobre él y giró sus caderas con un bajo ronroneo, sus labios apoyados en el cuello del moreno. Theo la apretó de las nalgas besándole la clavícula y gruñó complacido al oírla lanzar cortos y bajos jadeos y gemidos mientras seguía moviéndose sobre él. Theo le agarró las piernas y las puso de nuevo al rededor de su cintura, bajó los labios hasta el pecho de ella lamiendo sus pezones perfectos y rosados.

— ¡Dios, qué hermosa!— la alabó acariciándole el cuello—Luna... Luna... vas a matarme...

Ella sonrió apretando las paredes de su vagina, oyéndolo gemir y perder la cordura.

—Espera... Oh, por favor, espera... ¡Mierda!

Theo se las arreglo para levantarse de la tina y agarrarla a ella sujetándola de los muslos. Luna lo abrazó con todo su cuerpo rodeándolo y frotándose desesperada contra él.

—Oh, Theo... ¿Por qué hiciste eso?

Theo jadeó caminando con ella hasta la habitación.

—Quiero follarte hasta dejarte sin aliento y luego hacerte muy lentamente el amor.

—Apresúrate— ella abrió las piernas para recibirlo y él se hundió en ella y exhaló complacido. Un segundo después empezó a balancearse sobre ella y Luna se arqueó hundiendo las uñas en la curva en su espalda que se movía en cada embestida. Theo le agarró las manos y las estiró por encima de su cabeza, bajó su rostro húmedo de sudor y comenzó a besarla con todo lo que daba, su lengua la acariciaba torpemente y ella se agitó bajo él gimiendo.

—Theo... oh, ya no puedo...

—Luna, nena... déjate ir...

— ¡Ah...! ¡Creo que voy a romperme!— sollozó en la cumbre y su pelvis se movió rítmicamente antes de sentir que todo explotaba y lo escuchó gritar su nombre mientras una cálida sensación se extendía por su vientre y el presionó un poco en su abdomen sosteniéndose sólo se sus codos con la boca a centímetros de la suya. Luna sonrió y levantó su cabeza besándole los labios como una mariposa.

—Ahora voy a hacerte el amor.

...

Eran un desorden de extremidades y torsos, nalgas, pechos y descoordinadas respiraciones. Luna exhaló acariciándole el cabello y subiendo una pierna sobre la de él.

—Nos volvimos a saltar el almuerzo— susurró con los ojos cerrados y casi a punto de rendirse al sueño. Theo se removió abrazándola fuerte.

—Te amo.

La rubia abrió los ojos sorprendida y la mano en el cabello negro se detuvo.

— ¿Tú... qué?— Theo la miró con la mandíbula tensa.

—Te. Amo.

— ¡Theo!

—Por favor déjame pasar la noche— dijo él después de unos segundos— No importa que no tengas una respuesta.

Luna sonrió, Oh, si él supiera.

— ¿Creías que iba a sacarte?— lo miró con ternura.

—Dado que me acabo de decirte que te amo y no me has dicho nada, pensé que tal vez ibas a querer asimilarlo.

Esta vez ella se rió y recibió una enojada mirada que Luna sabia que ocultaba el miedo y la vergüenza de ser rechazado.

—También te amo, Theo...— le sonrió— la única razón por la que no te lo había dicho antes es porque no te quería incomodar.

Nott resopló aliviado y la abrazó pegándola a su cuerpo.

—Gracias a Merlín, por un momento creí que me dirías que sólo fui un buen polvo.

— ¡Theo! — Exclamó avergonzada— eres mi único polvo...

—Más vale que así siga siendo— susurró con una sonrisa maliciosa.

Ambos estuvieron abrazados un rato más hasta que inevitablemente el estomago de ella gruñó.

—Hay— susurró moviéndole el hombro. Theo murmuró algo inentendible apoyando la cabeza en su vientre— Theo... tengo hambre.

—Ya sé— él soltó una risa— tu estómago habla por ti. Te traeré algo— se levantó de la cama y se puso un pantalón.

—Yo voy también.

Luna se quitó la sábana que tenía enredada en un pie, se levantó y buscó su vestido de colores.

—No— Theo negó con la cabeza y la agarró de la cintura llevándola de nuevo a la cama— Tienes cara de que acabas de tener dos buenos jodidos orgasmos y la quiero sólo para mí.

Luna lanzó una carcajada de diversión, pero se cubrió de nuevo y abrazó una almohada obedeciéndole.

—Apresúrate, tampoco me agrada compartirte.

— ¿Percibo posesión?

—Sólo sentido común.

Pronto ambos estaban desnudos y comiendo en la cama. Luna había visto la forma en que él miraba deliberadamente su estómago en medio de cada bocado y apartaba la vista cuando sus ojos se encontraban, frunció el ceño mirándolo curiosa.

— ¿Qué pasa?— lo sorprendió.

— ¿De qué?— la miró desentendido. Luna rodó los ojos.

—Vamos, ya vi lo que hacías...

—No estaba haciendo nada— ella lo miró con una ceja alzada. Él volvió a comer con el rostro tenso, pero cuando volvió su rostro para verla, ella miraba su plato de comida sin comer y con los labios fruncidos. Nott suspiró— está bien...— gruñó frustrado— ¿recuerdas el día que llegué de una misión y tú estabas inconsciente? Despertaste y te asustaste...— Luna sonrió asintiendo con la cabeza— Antes de que despertaras Malfoy me dijo que te había hecho una prueba de gestación con la poción reveladora, por supuesto fue negativa. Pero... desde ese día no puedo evitar pensar cómo sería que estuvieras embarazada. Tener un hijo... ya sabes.

Luna se miró el abdomen plano y lo tocó. No había un bebé dentro de ella, pero ella tampoco pudo evitar pensar si fuera así. Lo miró aterrada.

—Theo, no creo que sea el momento apropiado...

— ¡Lo sé!— exclamó de inmediato— Mierda, lo sé... pero, si algo así llegara a pasar... Luna, aún podemos huir... vámonos... muy lejos, no tenemos que estar aquí.

La rubia lo miró con un nudo en la garganta y la idea de huir con él le pareció ideal, maravillosa.

—Está bien— dijo para sorpresa del joven— pero esperaremos a que Hermione esté mejor. No podemos dejarla sola en este momento.

— ¿En serio?— estaba sorprendido— No puedo creer que hayas aceptado.

—Ya me lo había estado pensando. Cada vez que llegabas con heridas, o cuando Harry los trataba tan mal, yo en verdad a veces quería dejarlo todo atrás, e irme contigo a donde sea.

—Bien. Una vez que Granger esté en condiciones, nos largaremos.

Cuando terminaron de comer, Nott agarró los platos y salió de la habitación para llevarlos a la cocina. Luna se quedó tumbada en la cama con la mente en el cielo, no estaba segura de estar tomando la decisión más justa para los demás, pero sí la correcta para ella, para ambos, puso su palma en el vientre plano, nada quería más que darle a Theo una parte de ambos que los amara y que ellos pudieran amar. No ahora, eso estaba claro, pero algún día estaría dichosa de hacerlo.

Se removió en la cama esperando. Y esperando. ¿Por qué estaba tardando tanto en volver? Se levantó y se vistió con una camiseta y un pantalón de chándal y se puso las pantuflas. Bajó las escaleras en silencio por si algún sonido le indicara que estuviera pasando algo en la casa. Lo encontró en la cocina, observando algo que tenía en la mano. Caminó hacia él y vio que lo que sostenía era una delicada reliquia en forma de flor de cerezo hecha de cerámica. Luna le acarició la espalda llamando su atención.

— ¿Qué es eso?

—Un velador— murmuró— sirve para... rendir culto o pedir ayuda a seres superiores. Algunos magos creen en esto, otros no tanto.

— ¿Tú crees en ello?—Nott negó con una sonrisa amarga— ¿Cómo es que sabes lo que es?

—Mi madre venía de una familia muy supersticiosa. Algunos magos de la alta alcurnia creían que este tipo de cosas les daba prosperidad o protección— Luna lo miró expectante. Él jamás hablaba de su madre. Nunca. Lo único que sabía era que él la había visto morir y por eso podía ver los Thestral. Theo se giro hacia ella sorprendido de estarle contando algo tan intimo y que quisiera seguir— la de mi madre era de oro, por supuesto. Ella era hija de magos comerciantes. Era hermosa, Luna— la rubia no lo dudó, si él se parecía a ella debió de serlo— pero, como todo en la vida, el dinero va y viene. Un día sus padres eran los más ricos de su barrio y el siguiente estaban quebrados. Pero no dejaban de ser nobles y cultos. Mi abuelo murió por una influenza y mi abuela quedó desvalida y pobre. Entonces mi madre conoció a un hombre mucho mayor, le doblaba la edad, pero ella se dejó engañar por sus tramposos encantos y la embarazó con sólo dieciséis años; mi padre, por supuesto. Cuando se enteró quiso sacarle la mierda a golpes y lo hubiera logrado de no ser porque mi madre protegió su vientre con sus brazos y mi abuela (la madre de mi padre) lo detuvo horrorizada. Mi madre se vio obligada a casarse con él, después de todo era pobre y no podía mantenerme por sí misma. Por su parte, mi padre se entusiasmo un poco con la idea de un heredero, pero no realmente por cariño, sino porque tendría a alguien más bajo su poder y como mi madre lo repudió después de su reacción animal al enterarse de que yo venía en camino, también encontró una forma de amenazarla y retenerla a su lado. Como te digo, mi madre era realmente bella y muchos hombres decenas de años más jóvenes que mi padre la codiciaban. El recuerdo bien, era cariñoso. Me amaba, estoy seguro— miró a Luna con los ojos muy oscuros— recuerdo sus ojos azules cuando me cantaba para hacerme dormir. Pero también recuerdo su miedo cada vez que mi padre llegaba a la casa, sobre todo cuando llegaba ebrio— los dedos de Nott se cerraron entorno a la repisa de la cocina hasta que sus nudillos estuvieron muy blancos— y recuerdo el día en que la mató— apretó los dientes— mi madre estaba enamorada de un joven que trabajaba en casa, iban a huir y me iba a llevar con ella, claro. Estaba amarrando muy rápido y asustada mi abrigo de viaje cuando la puerta se abrió y mi padre entro con la cabeza mutilada del muchacho, creo que incluso era más joven que mamá, un año o dos. Empezó a gritarle, a insultarla. La golpeó una tras otra vez hasta que la dejó inconsciente y luego saco su varita, la despertó y la torturó hasta matarla. Después de acabar con ella me dio una paliza y me dijo que si intentaba hacer lo mismo me iría igual o peor que a ella. Yo tenía seis años. Lo único que quería era que trajera a mi madre de vuelta, no quería problemas, no iba a huir ni aunque quisiera. Mi abuela paterna termino de criarme, la madre de mi mama había muerto tiempo atrás y yo estaba solo. Mi padre me daba palizas sino hacía lo que él quería, por lo general lo hacía a medias así que solo me daba una bofetada. Mientras fui creciendo me llené de odio y de rencor hacia él, mi padre realmente no tenía interés en mí y me buscaba sólo cuando quería desahogarse, así que me perdía cuando sabía que estaba en casa. Finalmente, cuando quería que tomara la marca tenebrosa me negué e intento destrozarme a golpes pero yo ya era más fuerte. Se sorprendió bastante cuando le devolví un puño. Empezó a enfrentarse menos conmigo, aunque claro, Hogwarts me mantenía alejado de él, pero aún así cuando llegaban las vacaciones de fin de curso, seguía atacándome e insultándome, a veces las cosas se ponían feas y duraba varios días con un moratón en el ojo, pero él resultaba incluso más magullado— Theo la miró analizando su reacción suplicando no encontrar repugnancia o miedo hacia él, pero ella lo miraba absorta en la historia, interesada en ella como si fuese un artículo de criaturas mágicas de la revista de su padre— había veces en que él tenía razón cuando insultaba a mi madre. Era preciosa, sí, pero era estúpida, ella amaba más de lo que le convenía, eso la llevó a su muerte.

— ¿Y qué si amaba? El enfermo es tu padre, no ella.

—Luna ella sabía que no le convenía, que no podía entregarse de esa manera. Dios, fue tan estúpida— miró la reliquia— ella creía esta porquería funcionaba— susurró— le rezaba y me enseñaba a mí a rezarle para que los malditos dioses místicos nos auxiliaran— la garganta se le cerró— yo lo creí al principio, por Merlín tenía seis años, claro que le creía. Pero no daba resultado, y luego ella murió y yo seguí rezándole hasta que cumplí diez años. Nunca funcionó, es obvio— Theo se giró hacia ella y le pasó una mano por la cintura, abrazándola— yo jamás te pondría una mano encima para lastimarte, ¿lo sabes, no?— le acarició la nariz con la suya. Luna le sonrió acariciándole el cabello, lo abrazó, le besó los labios y asintió.

—Lo sé.

...

Hermione lavaba los platos del desayuno con los ojos húmedos y los labios tristes. Las lágrimas caían por sus mejillas pálidas y los sollozos hacían convulsionar su espalda. Los últimos días habían sido una real pesadilla disfrazada de una anhelada fantasía, no soportaba ver el fantasma de Draco cada día sabiendo que estaba muerto. Escuchó pasos entrando a la cocina y su espalda se tensó, no, no podía soportarlo, sentía las lágrimas acumularse en sus ojos a medida que él se acercaba, escuchaba tan perfectamente el sonido de sus pasos que el estomago se le revolvía, ¿Cómo es que su mente lograba hacer eso tan real? Tenía miedo de perder la razón. No era por ella, no le preocupaba estar loca por su propio bienestar, sino por el de Scorpius. Su hijo la necesitaba, él no tenía a nadie más que a ella, ninguna persona iba a darle la protección incondicional que ella sí le daría. La alucinación extrañamente cálida se detuvo a su espalda, lo sentía respirar como si fuera real, las lágrimas mojaron sus mejillas sus manos se detuvieron, dejando a un lado la toalla con la que había secado los platos.

—Granger...— susurró la voz masculina con tono angustiada y la abrazó besándole la mejilla, nuevamente se preguntó cómo es que él se sentía de esa manera, que le derretía el corazón— no llores.

—Vete, por favor—le suplicó— ya no quiero verte. Déjame en paz. Tú... tú estás volviéndole loca— intentó salirse del agarre de sus brazos, gimió frustrada porque ni siquiera logró vencer su propia mente.

—Hermione mírame— pidió de nuevo la voz—Yo soy real... el que murió esa noche no era yo, ¿acaso no lo ves?

La castaña se giró por primera vez para verlo y las lágrimas cayeron aún más, él era hermoso. Draco la acorraló entre la barra de la cocina y su cuerpo y descendió el rostro hacia ella. Hermione jadeó asustada.

—Tócame, Granger— le ordenó, los labios de ella temblaron vacilando, Draco le sujetó las manos con furia y las puso sobre su pecho, Hermione soltó un gemido ahogado y su cuerpo se sacudió, los ojos se le llenaron de lágrimas otra vez.

—Estás enloqueciéndome— sollozó angustiada— todo esto no es real. Está en mi cabeza.

— ¿Qué demonios tengo que hacer para que te des cuenta de que soy real?— los pulgares gruesos lucharon contra el río de lágrimas en las mejillas pálidas.

—Sal de mi cabeza— cerró los ojos inhalando temblorosamente —vete, deja de enloquecerme más. Tú eres sólo mi imaginación.

Draco soltó un gruñido de impotencia y agarró los bordes de la blusa de la castaña.

—¿Crees que la imaginación puede hacer esto?— le arrancó la blusa del cuerpo dejándola en un sostén negro que lo hizo tragar en seco, hacía tiempo que no la tocaba de una manera tan íntima y había olvidado lo suave y cremosa que era la piel de su pecho. Pasó las manos por su vientre plano y su estrecha cintura— ¿Crees que la imaginación puede hacerte sentir lo mismo que yo hago?— le acarició los labios con los de él mismo— Te contaré algo que tu cabecita no sabe para probártelo. Te va a gustar, creo— pasó la lengua por encima de su labio inferior enviando torrentes de electricidad directo a su ingle— Tú no tienes idea de por qué te compré como esclava ¿verdad?— Hermione se tensó. Ni siquiera aunque esta fuera un producto de su imaginación estaba segura de querer escuchar eso— Esto no comenzó con la guerra, Granger, fue muchísimo antes. Cuando yo tenía catorce años y las hormonas mas revueltas que elfo en navidad. Krim no dejaba de preguntarles a los demás Slytherin cosas de ti y yo quería entender qué demonios lo tenía tan embrujado y, oh, Granger, lo descubrí. Me dedicaba gran parte de mi tiempo libre a perseguirte, me encantaban tus piernas, me encantan aún, pero que fueras Sangresucia y que yo te espiara incluso cuando tomabas duchas en el baño de prefectos lo hacía tan malditamente excitante...

— ¿El baño de prefectos?— Hermione se sorprendió de que su voz fuera audible, tenía la garganta seca—Pero eso fue en...

—Quinto— la interrumpió— lo sé. Pero acosarte no fue una cosa de unos meses o un año. Era mi pasatiempo favorito desde que comencé siguiéndote en la biblioteca, durante el Torneo De Los Tres Magos.

Hermione lo miraba sorprendida, atónita, no podía creer todo lo que le estaba diciendo.

—Tenía una obsesión fuerte, Granger. Y nada parecía ayudar por más que intentara olvidarte follándome a todas las faldas que se me ofrecieran. Pero pensaba en que eran tus piernas deliciosas las que me envolvían, ¿acaso no recuerdas que alguna vez te dije que siempre te imaginaba en uniforme cuando pensaba en ti antes de encontrarte? Y Merlín sabe cuánto tiempo de mi día gastaba en seguir tu pista hasta que finalmente te vi en el callejón. Y tú conoces el resto de la historia.

La miró con gesto expectante, se observaron largamente esperando a que ella lo juzgara y lo tachara de loco pero Hermione difícilmente podía respirar, todo lo que él había dicho era impensable, jamás nunca se le habría pasado por la cabeza, las mejillas se le calentaron de vergüenza, él la espiaba en el baño mientras se duchaba desnuda. Por un segundo quiso que la tierra la tratase hasta que cayó en cuenta de algo que había pasado por alto con los nuevos descubrimientos; Draco, ese Draco que tenía en frente con el ceño fruncido y las manos invadiendo su espacio privado, era real. El sujeto que la miraba expectante estaba vivo y esperando por su reacción, ella se miró a sí misma, estaba usando nada más que un sostén y bragas frente a él y Draco además lucía un bulto en su pelvis.

—Realmente eres tú— susurró conmovida y hundió las manos en el cabello de él obligándolo a besarla. Draco gimió de alivio y la agarró de los muslos enroscándola a su alrededor para llevarla a la habitación. La tiro sobre la cama y se deshizo del resto de sus ropas.

—Benditas sean tus hermosas e irresistibles piernas que me atrajeron a ti— hundió la lengua en su boca y pocos minutos después era su pene el que se hundía entre sus muslos.

Hermione se levantó adormilada y cansada. Le dolía el cuerpo entero como si hubiese corrido una maratón. Frunció el ceño por un segundo de confusión en el que se vio cubierta por sólo una manta delgada sobre su cuerpo desnudo. Abrió los ojos como platos mirando a su lado y sintió nauseas al ver que estaba sola sobre la cama. Había sido un maldito engaño de su mente. Sus ojos comenzaron a humedecerse mientras se inclinaba apoyada en sus codos viendo su pecho desprovisto de prendas. La primera lágrima cayó y ella la limpió con rabia pensando en que su vida era un vil juego del destino. Pero de repente cuando estuvo a punto de bajarse de la cama recordando que tenía un hijo al qué alimentar, Draco Malfoy entró cual largo y torneado por la puerta del cuarto vestido sólo con un pantalón de chándal , frotándose soñoliento los ojos. La castaña contuvo el aliento como si así fuese a evitar que él se esfumara como la niebla. Draco chasqueó la lengua mirándose el pecho y agarró una toallita de la mesa secándose una extraña espumilla blanca del pecho y levantó la vista.

—Perdona, Scorpius despertó hambriento y tuve que ir a darle un poco de leche...—se detuvo al verla— ¿Qué sucede? —Preguntó con él las cejas fruncidas, su gesto casual se tornó en preocupación observando las lágrimas — ¿Te sientes mal?

Hermione negó, le dolía la cabeza de hecho, y estaba confundida, pero sentía un alivio terrible al verlo ahí frente a ella. Draco se metió en la cama a su lado, abrazándola sin resistirse a amasar sus preciosos montes de mujer.

—Hay algo que tengo que mostrarte, Granger— la manera en quien lo dijo no fue para nada a la ligera, parecía ansioso.

La aludida lo miró curiosa, él sacó su varita y apuntó a un punto vacío y se tomó unos segundos antes de moverla.

¡Expecto Patronum!

De la varita salió un chorro plateado que se convirtió en la figura de una nutria escurridiza que giró por el aire chapoteando en su propia es ciencia. Hermione sintió el corazón en la garganta al verlo y giró su rostro hacia él. Draco tenía las mejillas rojas y parecía abochornado, lentamente le devolvió la mirada esperando a que ella dijera algo, pero lo único que ella pudo hacer en ese momento fue atraparle los labios en un beso infinito.

Harry Potter hablaba de un montón de mierdas acerca de destruir a la serpiente del Lord, escupía maldiciones a todos los mortios mientras los demás miembros de la Orden del Fénix añadían los planes y trazaban rutas estratégicas para llevar a cabo la derrota del Oscuro. Malfoy de nuevo no prestaba atención. Había al menos una veintena de personas reunidas, el calor dentro del comedor era insoportable, todos estaban juntos y hablando en voz alta y él no podía apartar la vista de Hermione. La castaña miraba a la ventana con una sonrisa y los dedos apoyados en el vidrio, como si pudiera aplastar las gotas de lluvia que se habían pegado del otro lado. Tenía las mejillas sonrojadas por el calor y el cabello esponjado recogido a la mitad dejando el resto caer por debajo de sus hombros.

—Malfoy— lo llamó Nymphadora Tonks con voz extrañamente sombría. Vio que Granger giraba un poco la cabeza alerta también de lo que quería la metamorfomaga— Ha llegado esta carta para ti. El remitente es del profesor Snape.

Draco abrió los ojos sorprendido y le quitó el pergamino sellado de las manos. Ciertamente las letras que acariciaban el papel eran apretadas y pequeñas como las de su padrino. Despegó la cera que la cerraba y la abrió.

El rostro del rubio se distorsionó mientras lo leía, e incluso cubrió su boca con una mano con la respiración errática y al terminar de leer vio que gran parte de los que estaban en el salón tenían la vista fija en él, pero los únicos ojos a los que le devolvió la mirada fueron dos orbes chocolates pertenecientes a la misma chica que ahora retorcía las manos en su camiseta. Se levantó de la silla, el comedor en completo silencio, tomó la mano de la castaña y se dirigió a las escaleras. Las subió en silencio hasta llegar al cuarto donde estaba dormido su hijo y los encerró.

Las manos le temblaban cuando las apoyó en los hombros de ella, sus labios estaban pálidos y tambaleantes antes de poder pronunciar una palabra.

—Mi madre...— susurró con la garganta seca y sin aliento— está viva.

Hermione por unos momentos creyó que él iba a desmayarse y tuvo miedo porque sabía que ella no podría sostenerlo. Gracias a Merlín que él tuvo la sensatez de sentarse en la cama antes de desplomarse en el suelo de madera. Una delgada capa se sudor frío cubrió el cuerpo de Draco, la camisa se le pegaba un poco en la espalda. Tuvieron que pasar vatios minutos antes de que ambos se tranquilizaran y pudieran marcharse de allí llevándose a Scorpius con ellos hasta su casa.

En la tranquilidad de su habitación, Draco se tumbó en la cama mirando el techo con la cara casi verde por la impresión. Hermione se acostó a su lado y después apoyo su cabeza en el hombro de Draco acariciándole el pecho con una mano. Él le tomó la mano entrecruzando sus dedos y aferrándose a ella.

—Estaba muy herida. Dijo que casi no lo logra. Pero hizo todo lo que pudo para ayudarla— su voz estaba ronca y seca— fue una maldición de Bellatrix.

Ella no dijo nada. Se abrazó más al cuerpo de él hundiendo su rostro en el cuello y le besó. Draco no le dijo más, ella seguía confundida y no pretendía empeorarla después de que ella hubiese avanzado. Se quedaron en silencio mucho tiempo hasta que el balbuceo del bebé hambriento los despertó. No dijeron nada en varias horas y pronto Draco tenía que marcharse a cubrir el terreno que le correspondía junto con demás miembros de la Orden.

...

— ¿Está todo bien?— Luna y Nott entraron a la casa de Hermione. La muchacha estaba en el despacho de Draco con Scorpius acostado en una cuna mecedora con las mejillas llenas, un puchero en la boquita de bebé y el cabello cenizo. Granger eliminaba el polvo con la varita distraídamente antes de que ellos entraran. Los miró extrañada de que estuviesen ahí. Luna se dirigió de inmediato al bebé y lo tomó en brazos haciendo balbuceos infantiles.

— ¿Qué... hacen... aquí?— Nott observó a su alrededor inspeccionando el despacho y la rubia se sentó en un sofá acariciando la cabecita cachetón a con sus labios depositando besitos por su rostro. Hermione frunció el ceño con recelo.

—Luna quería verlos. Estuvo ansiosa todo el día, así que vino a asegurarse de que todo estuviera bien con ustedes.

Luna le sonrió a su amiga y ésta suspiró aliviada, por un momento había pensado que Draco estaba en problemas.

—Ya deben estar por llegar. Blaise le envió un mensaje a Pansy.

La castaña levantó las cejas sorprendida por la manera en que Luna los había llamado utilizando su nombre de pila, pero no dijo nada. Theo se puso tras la rubia observándola tentativamente.

—Ya no limpies más, Granger. Tus manos ya están ajadas, Malfoy vendrá pronto y tú te ves terriblemente cansada.

—No he pedido tu opinión hasta donde lo recuerdo— masculló sorprendiendo a sus invitados, Hermione se parecía un poco más a la chica mandona que solía utilizar estrategias arrogantes para mantenerlo todo bajo control.

—Ya veo— Nott sonrió arrogante— bonito vestido por cierto. Malfoy lo amará.

Las mejillas se le calentaron con rabia al ver su vestimenta sucia de polvo y telarañas.

—Basta, Theodore— Luna lo miró con reproche— por favor acompáñame a buscar las medicinas que he olvidado en casa— se levantó del mueble poniendo el bebé de nuevo en su cuna y recuperándose del mareo que la embargo por la energía mágica liberada de su cuerpo— Discúlpalo por favor, Hermione. Ha estado de muy mal humor estos días. Creó que en realidad todos lo hemos estado.

Hermione asintió reconociendo que incluso ella había estado hecha un desastre. Había gritado a Connie, a Rain e incluso levantó su voz para dirigirse enojada a su más que inocente y desinformado hijo quien había derramado leche en toda su ropa. Era insoportable cuando Draco no estaba allí. Habían momentos en que no podía diferenciar si estaba dormida o despierta. A veces se sentía tan confundida, y él no estaban para indicarle el camino correcto. Vio a Luna salir de la habitación y exclamó de repente consciente de sus conversación anterior.

— ¡E-espera!— la rubia se detuvo y la miró— ¿Medicamentos para qué?

—No son medicamentos como tal— la tranquilizó de inmediato, Hermione había estado temiendo que Luna o Molly sugirieran medicamentos antidepresivos o que la doparan— Son vitaminas para ti. Las olvidé pero las necesitas para no descompensarse. Estas pálida estos días.

La castaña asintió agradecida y Luna añadió algo más antes de marcharse.

—No tardaré mucho. Las cosas se están poniendo feas.

Hermione se quedó en pie mirando la puerta por la que se había marchado su amigos. Las cosas realmente estaban cada vez peor. Draco tardaba mucho más en volver y sus heridas eran cada vez más graves.

Se sentó donde Luna había estado antes y miró a su hijo. El niño parecía dormir plácidamente sin mostrar síntomas de incomodidad por la resiente interrupción a su sueño. Esperó varios minutos pero Luna y Nott no daban señales de volver y ya se estaba haciendo realmente tarde y el sueño comenzaba a hacerla cabecear.

Cerró los ojos sintiéndolos irritados, los párpados le cosquillearon placenteramente y ella se relajó. De un salto los volvió a abrir y las velas que habían estado iluminándola estaban ya derretidas y la habitación oscura. Miró asustada a su alrededor pero Scorpius seguía dormido en la misma posición, lo que la relajó un poco. Sin embargo un estruendo en la planta superior la hizo brincar y el corazón le dio un vuelco. Había alguien en la casa.

Despacio agarró a su hijo sin despertarlo y camino a la puerta del despacho, asomó sus ojos por la rendija; la casa estaba completamente a oscuras. Con la sensación de miedo repentino abrió muy despacio la puerta y en completo silencio comenzó a caminar al otro lado de la casa, a la puerta que daba con el amplio jardín y el potrero.

— ¡Encuéntrala rápido, bestia inservible!

Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Esa era la voz de Bellatrix. Contuvo el aliento.

— ¡Voy a asesinarla usando mis uñas! ¡Robaré su pequeño querubín y se lo llevaré al Señor! ¡Deja de perder el tiempo, Greyback! ¡La quiero para mí!

—Tu sobrino y esa sangre sucia son despreciables, la casa entera huele a sexo. Que vergüenza deberías tenerle a tu estirpe espeluznante y traidor, bruja.

— ¡Cállate!— escuchó el sonido de un hechizo y un golpe fuerte seguido del gruñido gutural del licántropo— Búscala, bastardo.

Las manos le temblaron al abrir el pomo de la puerta y ahogó una maldición con el chasquido que hizo al abrirse.

— ¡Shh! ¡¿Qué ha sido eso...?!

Hermione no espero a escuchar el resto y salió al jardín y hasta ese momento no se dio que iba con los pies descalzos. Apretando a su bebé contra el pecho comenzó a correr vislumbrando el lejano corral. Si llegaba allí quizá podría montar a Mika y huir, sabía que cargando con Scorpius no tendría la suficiente magia como para hacerlos desaparecer sin correr el riesgo de partición. Las piedras bajo sus pies la lastimaban impidiéndole correr tan rápido y escuchó la risa maquiavélica de Bellatrix y una maldición zumbo cerca de sus oídos. Hermione comenzó a sudar copiosamente y sacó su varita enviando rápidos ataques a su espalda, pero ni siquiera veía en donde rebotaban, corría sin parar intentando llegar al establo. Un dolor agudo atravesó su pecho derribándola al suelo con un grito de dolor. Se encorvó protegiendo a su hijo en el hueco entre su torso y piernas y luchó por tragar un poco de aire pero se había quedado sin aliento y los pulmones le ardían.

— ¡Estúpida! ¡Qué estúpida! ¡Ve por los demás, animal, me encargaré de la pequeña sangre sucia y mi recién adquirido sobrino!

—No...— susurró Hermione con los ojos húmedos por el ataque y cargando a su hijo con un brazo intentó arrastrarse gateando hasta un pequeño árbol.

— ¿A qué juegas, Sangresucia? Ese arbusto no te va a servir de nada.

Una explosión voló la mitad del árbol en el que se había escondido y por poco no la mató a ella. Ahogó un grito y saco su varita invocando un patronus que le costó más trabajo que cualquier hechizo que hubiese hecho nunca. Al instante se sintió mareada y el sudar hacía que su blusa se le pegara al cuerpo. Más maldiciones explotaron sobre el pobre árbol y ella se vio obligada a levantarse y empezar se nuevo una carrera. Con lágrimas desesperadas cayendo por sus mejillas, Hermione se vio otra vez en el piso esta vez gritando de dolor, no conocía esa clase de maldición. Estaba completamente inmóvil y decir que se había quedado sin aire era poco. Le dolía absolutamente cada parte de su cuerpo, era diez veces peor que un cruciatus y ni siquiera podía desplomarse, no podía mover un sólo musculo. Otra maldición y esta vez la lanzó quince metros de distancia dejando atrás a su hijo quién a esas alturas ya se encontraba despierto y asustado.

Bellatrix avanzaba hacia él con una sonrisa espeluznante y de dientes ennegrecidos y agrietados. Hermione intentó levantarse pero sus brazos y sus piernas se doblaban bajo su peso. En ese momento aparecieron detrás de la mujer varios miembros de la Orden del Fénix tomándola por sorpresa y se desató una guerra cuando a los pocos segundos una bandada de mortífagos arribó destrozándose unos s otros a diestra y siniestra. Intentó recomponerse y se arrastró acercándose a su hijo, pero creyendo que nadie se percataba de ella y tardando severos minutos en cada metro que avanzaba, de pronto se hizo un silencio espeluznante. Lord Voldemort estaba allí, vestido con su túnica negra y exhibiendo sus lengua bífida serpentina. Harry Potter no se veía en ningún lugar, Hermione miró a su al rededor y vio a Draco con el rostro contraído de miedo mirándola a ella, a su hijo y al señor Oscuro.

— ¿Qué tenemos aquí?— la voz serpentina silbó en los oídos de todos los presentes causándole escalofrío hasta al más fiel de los mortífagos— ¿Es éste el niño del terrible alboroto?

Sólo un mortio se atrevió a reírse del mal chiste de su amo y fue recompensado con una muerte inmediata por parte de un adversario del Ministerio de Magia. Voldemort sonrió mirando a todos en el lugar.

—Nadie se atreva a hacer un sólo movimiento— apuntó a la criatura en el suelo, Scorpiusbhania comenzado ha hacer pucheros de rabia al verse sólo— o se muere.

Hermione jadeaba. Tenía toda la espalda sudada y las mejillas húmedas, el miedo le enfriaba la piel y buscó los ojos de Draco, él la miraba con el mismo terror dibujado en su cara.

Voldemort agarró el bebé entre sus dedos largos y grises y se burló con una estridente carcajada.

—Este mocoso ni siquiera puede sostener su cabeza.

Granger estaba a punto de desmayarse. Su hijo estaba siendo agarrado de la manera más horrible, por la peor persona —si es que se le podía seguir considerando humano—. Voldemort se giró hacia las demás personas quienes la mayoría de los miembros de la Orden, agentes del Ministerio y Aurores contenían el aliento a la expectativa de lo que él pudiese hacer y éste se las arregló para seguir apuntando con su varita la cabeza del rubio.

— ¿Qué sonido harán sus huesos al desmembrarlo?— esta vez incluso muchos de los que se encontraban usando mascaras plateadas y la marca en sus brazos perdieron el oxígeno. El lord se rió divertido— Qué blandos parecen ser sus brazos... ¿Crees que te gustarán para la cena, Nagini? Es la carne más fresca que hayas probado.

El lord agarró la cabecita endeble del bebé y sonrió con maldad mirando a los demás para presenciar las reacciones a su despiadado acto debbrutalida. Pero en ese momento, conmocionada por lo que estaba a punto de ocurrir, Hermione gritó.

— ¡NOOO!— y su grito se prolongó con un espantoso chillido que comparado con el que emitió la noche que había creído muerto a Draco, éste era una bomba atómica. De manera inmediata todos los mortios sin excepción cayeron al suelo retorciéndose de dolor y el grito de Hermione activó el llanto en Scorpius. El bebé comenzó a temblar en los brazos de voldemort y estos se ennegrevieron y él gritó de dolor soltando el bebé, pero en vez de caer al suelo Scorpius se quedó estático a la altura del rostro del hombre serpentoso y un campo de energía de color azul oscuro lo rodeó. Voldemort no podía moverse y tapó sus oídos con sus manos putridas y negras. Hermione gateaba acercándoseles, no podía dejar que Scorpius cayera al suelo desde esa altura e ignoró el grito de Luna y de Draco que le decían que permaneciera lejos. El aura azul que rodeaba a Scorpius pronto se tornó negra y el bebé abrió los brazos, las piernas, al igual que su boca y ojos, pero de estos últimos emergió una explosión negra. Hermione sintió sus ojos enceguecer y su cuerpo volar metros de altura y chocar fuertemente contra el suelo. Abrió los ojos pero no veía nada, intentó buscar aire pero no lo encontraba. Oyó la voz de Draco gritar. Escuchó explosiones y más gritos, sintió a alguien mover su cuerpo y ella se mareó por el dolor insoportable, debió haberse reventado todos los órganos internos de su cuerpo en la caída. Sintió el sabor metálico de la sangre y la sal de las lágrimas en su boca.

Perdió el conocimiento.

Como les dije al principio del capítulo, es posible que este sea el último. No se asusten, no es porque vaya a dejar la historia inconclusa sino porque aún estoy cuadrando en mi cabeza lo que falta de esta historia (contando con el epílogo) y me parece que todo quedará empalmado en un capítulo más (o sea el que sigue) por lo tanto éste sería el último antes del final (?) Ha sonado raro.

En fin. Les ruego mis más sinceras disculpas porque sé que me he tardado siglos pero también he tardado milenios en terminar exámenes parciales así que no había tenido muchos tiempos libres con mi celular (ya saben que la escribo desde ahí a partir de ahora) así que ni modo… hasta ahora que la he terminado y gracias a la nube la subo en Word y trato de corregir lo que alcanzo a ver, pero me prometí que hoy no dormía si no la subía (para que vean cómo los quiero). Otra cosita. Creo que ya se los había dicho pero me encantan los Juegos del Hambre y deseo mucho empezar a escribir un fanfic que lleva como un año metido en mi cabeza, y también tengo unos más (Dramione) les confieso que estoy muy tentada a darle unas pequeñas vacaciones a mis fanfic de HP y empezar con THG, de todas formas saben que aprecio mucho su opinión y nada me gustaría más que saber qué piensan al respecto.

Un beso con todo el alma y espero que les haya gustado el capítulo. A mí me encantó mucho escribir sobre todo a cerca de Nott y su pasado (en serio amé escribir esa parte)

¡Los amo!

Rose.