Discúlpenme, de verdad, ya sé que me tardé. En honor al último capítulo decidí hacerlo en primera persona como Hermione. Espero quenles haya gustado y realmente quiero seguir con esta historia escribiendo Apartes de vez en cuando en el otro fic.
El aire no entraba por mis pulmones. Me ahogaba, tenía las manos sobre algo que cubría mi cara pero no sabía qué. Trataba de inhalar y comenzaba a desesperarme hasta que alguien aparto mis manos de encima y puso de nuevo lo que había estado intentando apartar. Quise exclamar que me ahogaría pero repentinamente mis pulmones fueron compensados por un generoso flujo de oxígeno, lo recibí alivida. Parpadeé varias veces sintiendo los ojos pegados hasta que pude abrirlos. Mi vista estaba nublada y sentí un par de lágrimas calientes deslizarse por mi sien antes de enfocar el rostro de Draco y comprendí que era su voz la que me estaba hablando desde hacía unos minutos.
-Granger...- acarició mi cabello. Su rostro estaba golpeado y magullado tenía un labio roto y moratones cerca de su ojo y sus pómulos. Yo no debía verme mucho mejor. Sobre mi nariz y mi boca había una burbuja que supuse era la responsable de llevar aire a mis pulmones. Los recuerdos de Voldemort y los mortífagos en el jardín de la casa me dejaron perpleja.
-Scorpius- logré articular. La garganta me ardía y sentía los labios secos y cuarteados. Draco no apartó sus ojos angustiados de mí y por un momento el corazón me dolió de pensar que algo le hubiese ocurrido a mi hijo, empecé a sollozar cuando el no me respondió, pero gracias a merlín, me sacó de mi desgracia momentánea.
-Él está bien. Está perfecto- me sonrió tranquilizándome- Él era la razón de todo este alboroto. Estaba destinado a destruirlo. Realmente era el niño de la profecía.
Mi cerebro dolorido (al igual que el resto de mi cuerpo) procesaba la información. Estaba en una cama, herida hasta los cojones, Draco estaba golpeado, mi último recuerdo antes de despertar es el de ver a mi hijo ser absorbido por sí mismo destruyendo a Voldemort y volándonos a todos en una terrible explosión.
-Ya no duerme tanto y llora mucho más. Ya no absorbe la energía de las personas. Ni siquiera parece tener secuelas de lo que pasó. Es normal.
Lo miré unos segundos recelosa de sus palabras ¿acaso antes pensaba que Scorpius no era normal? Vale, puede que no lo fuera pero que él lo dijera sonaba muy duro.
Tengo sed. Mucha, en realidad y la sensación me golpea como si hubiese lava caliente en mi garganta, por un momento olvido todo lo demás que no sea hidratarme, pero antes de pedírselo, Malfoy está extendiendome un vaso con agua que termino en unos segundos y me ofrece otro. Lo tomó más lento porque no creo que sea bueno de cualquier manera que tome tanta agua de una sola vez. Mi vejiga está a reventar. Draco me lleva al excusado y me ayuda a quitarme la ropa interior. Las mejillas se me sonrojan. Esto es muy íntimo y me abruma a pesar de que hemos hecho cosas inimaginables juntos sobre las sábanas. Me mira con ojos impacibles y claros como si yo no estuviera sobre un inodoro y él no se encontrara sentado en el suelo del baño acariciándose un pie.
Cuando termino y veo el espejo me doy cuenta de varias cosas por primera vez. La primera es que no estoy en casa y no tengo ni idea de donde nos encontramos. La segunda es que toda la piel de mi espalda y hombros esta teñida de verde y morado, las marcas de golpes eran impresionantes y ahora comprendo que el dolor sobrenatural que sentía no era una exageración de mi mente. Hematomas de esa magnitud no eran un chiste y por un momento pensé si habría estado muerta por algunos segundos, o al menos en coma.
-Tuviste varias hemorragias internas- Draco me miraba desde el espejo, su rostro sin expresiones- esta vez creí que no podríamos salvarte ni con la ayuda de merlín. Pero resulta que dimos a parar con un mago aún mejor- él miró el lavabo, las paredes y la ducha- De alguna manera, Snape sabia que Voldemort iría hoy por nosotros. Consiguió la marca tenebrosa hace décadas, por supuesto la de él tardaría más en dejar de funcionar, así que cuando esa noche, sintió la calavera arder en su brazo llegó a la conclusión de que iría tras nosotros. Potter fue por primera vez de ayuda. Potter fue quien le dio la pista de la situación cuando vio su patronus en medio del bosque de Hogsmade que conduce a su casa. Había sido atacado horas antes pero logró escapar. Snape lo siguió en silencio y vio cada uno de los conjuros bajo los cuales protegía la cabaña. De haber sido un mortífago él estaría muerto ahora. Snape nos trajo a su guarida una vez que todo terminó. Salvó tu vida, aunque suena mucho más fácil así, que las quince horas en que estuviste entre las vida y la muerte. Scorpius no resultó herido en absoluto. Su reventón de magia sólo aniquiló al Lord y a unos cuantos que estaban demasiado cerca. De no ser por Snape tú serías una de esos cuantos. Logré llegar a tiempo para cuando él descendía lento en el aire y después empezó a llorar terriblemente. Hizo una rabieta enorme. Supongo que no lo puedo culpar- torció los labios en una sonrisa- pero tú estuviste a punto de matarnos de un infarto. Estuviste muerta siete minutos y había sangre por todas partes- me abrazó apoyando los labios en mi nuca- creo que hemos tenido suficientes tragedias de por vida-no pude estar más de acuerdo, entrelacé una de más manos con la de él.
-Quiero ver a mi hijo- me giré hacia él acariciándole el cabello- por favor.
-No tienes ni qué pedirlo.
Draco tenía razón, sostenía a Scorpius observando sus ojitos vivaces y sin rastro de sueño en ellos. Gorgeaba y hacia sonidos graciosos mientras le acariciaba la nariz y le daba besitos en las mejillas. Por primera vez lo vi reírse mostrando toda su encía carente de dentadura, no pude evitar reírme también.
-Se ve muy saludable ¿verdad?
Draco se sentó a mi lado y me miró con ma sonrisa torcida, asentí.
-Así que estamos en casa del profesor Snape.
-Sí, pero partiremos en cuanto te recuperes.
-¿A dónde?- fruncí el ceño extrañada y confundida ¿a dónde iríamos ahora? Ya habíamos huido una vez porque creíamos que estábamos en peligro ¿no había muerto ya Voldemort?
-Todavía no sé. Luna y Theodore ya se marcharon, pero están buscando un lugar adecuado. Los seguiremos en cuanto te mejores.
-¿Por qué vamos a irnos?
-No pensarías quedarte aquí por si algún loco quiere tomar venganza ¿o, sí? No vamos correr el riesgo, así que nos marchamos.
Miré a Scorpius jugando con un riso de mi cabello. La idea de que alguien viene se por por l buscando venganza me encogía el corazón de pura angustia.
-Tienes razón. No vamos a correr el riesgo-lo miré-pero... ¿y tu madre? Ella y el profesor Snape correrán peligro si se quedan ¿no crees?
Me miró sorprendido. Tal era raro que yo recordara que la señora Malfoy se encontraba aquí.
-Ellos también van a irse, mi madre no va a renunciar a Scorpius ahora que lo conoce. Dice que es incluso más lindo de lo que yo era, cosa que discutiremos más adelante- me eché a reír sorprendiéndolo y eso me hizo reír aún más. Él hablaba enserio acerca de identificar cuál era más guapo, no podía creerlo, mi estómago se contrajo de dolor de tanto reírme y las lágrimas se resbalaron por mis sienes.
-Ya basta. ¿Tú también crees que él es más atractivo?
-Atractivo no es la palabra- miré a mi hijo- Es sólo un bebé. Pero es la cosa más linda del mundo, sí- frunció el ceño insatisfecho.
-¿Más que yo?
-Draco, tú no eres lindo. Tú eres delicioso, sensual, atractivo, no lindo. No me acuesto con alguien porque me parezca lindo.
Fue turno de él para reírse.
-Granger, no te acuestas con nadie excepto conmigo, punto.
-Oh, cierto- me mordí los labios evitando soltar una carcajada muy fuerte.
Dos días después, Draco recibió una carta de Luna y Dr Theodore. Habían encontrado un lugar donde vivir en un pueblo de Escocia.
-Nos irá bien. La mayor parte de la población son magos de ascendencia muggle que viven con mucha normalidad, podremos encajar bien y estar lejos de la post-guerra.
-¿La post-guerra?- me reí, pero luego (y viendo su cara de ofendido) asentí con la cabeza- me parece genial, gracias por considerara mis orígenes.
Unos días antes, había sido enterada por Kingsley que mis padres se encontraban a salvo en norteamerica, habían cambiado sus nombres y vivían enLaval, Quebec, en Canadá. El ministerio les había informado días después de mi desaparición, que lo mejor seria marcharse lejos y evitar que los usaran como rehén, se habían resistido un tiempo, alegando a que no se irían sin saber donde me hallaba, pero el Ministerio fue muy persuasivo al obligarlos a tomar el siguiente vuelo a Canadá al no dejarlos entrar a su propia casa ni a la de sus vecinos por una maldición, dejándolos fuera con una sola muda de ropa, dos tiquetes (no utilizaron traslador, ni transportes mágicos para evitar sospechas) y miles de dólares canadienses. Habían hecho eso con varios padres muggle de magos que se encontraban cautivos como esclavos o en guerra.
Llegamos un par de días después al lugar en el que Luna y Theo nos esperaban. Se habían instalado dentro del centro urbano de la ciudad, cerca de un hospital y varios edificios altos empresariales. El interior de la casa tenía un estilo moderno y no parecía el hogar de magos, sino de muggle de clase media alta.
-¿Cómo se han permitido esto?- lo miré con una ceja alzada.
-Tengo más galeones en mi cámara de los que gastaré en mi vida entera, Granger. Has dado con el premio mayor.
Sonreí ante su broma (aunque no me sintiera del todo cómoda con ella y recorrí las instalaciones. La casa era grande, confortable y familiar.
-Me habría conformado con mucho menos- dije acariciando la mesa de granito de la cocina. Lo había voz alta y no había esperado a que Draco me hubiese seguido silenciosamente hacia acá.
-Sé que sí. Por eso quise darte más.
Lo miré con las mejillas rojas él se inclinó para besarme.
-Ponte cómoda, traeré el resto de cosas.
No habíamos traído mucho porque la casa ya estaba amueblada, así que lo que quedaba por entrar era ropa y cosas triviales. Podría vivir con esto, y lo haría con gusto.
...
La mesa de madera oscura estaba repleta de papeles, documentos y pruebas que sustentarían mi caso frente al juzgado de la ciudad. Había recopilado lo necesario para que mi cliente ganara su demanda y tendría que presentarlo dentro de un mes en la Corte Suprema. Apilé un ruple de documentos y actas y las puse dentro de un sobre de manila marcando con un rotulador la palabra confidencial y luego la dirección de la casa de mi cliente (una mujer de cuarenta años quien demandaba a su vecino de acoso contra ella y sus hijas y uso indebido de la magia para poder espiarlas) y comencé a ordenar todo el desastre que me había costado reunir pruebas. Ya casi terminaba cuando tocaron a la puerta y yo me puse tras las orejas las mechas de cabello que se me escapaban de la coleta de caballo (mi cabello era lacio ahora gracias a las avanzadas pociones para alizar el cabello del mercado mágico y los diferentes tratamientos del mercado muggle). Sin esperar autorización, Ana, mi analista entró mirándome por encima de sus gafas y con una arruga en la frente por alzar la ceja.
-Son las 12:30, Hermione, llegas tarde a recoger a tu hijo.
-Joder- susurré- Ya voy, ya voy, sólo tengo que alcanzar al chico de la correspondencia antes de que se vaya a almorzar porque no vuelvo en la tarde y...
-Yo lo haré, ahora vete ya, que Scorpius debe estar a punto de estallar, ya me ocupo de hacer el resto yo.
Hermione le sonrió y la abrazó (la mujer había sido casi que una madre o un hada madrina para ella).
-Recuerdame hacerte un aumento a tu sueldo, y una bonificación de navidad para que gastes con tus nietos.
-Sí, sí. Ya largate.
...
La gabardina se abrió dos calles antes de llegar a la escuela de Scorpius, mis tacones resonaban sobre la acera y buscaba el teléfono que sonaba con fuerza. Cuando lo encontré vique era la profesora de mi hijo así que en vez de contestar apresuré el paso hasta llegar a la escuela. Scorpius estaba sentado en la entrada, con la mejilla apoyada en su mano y gesto aburrido. La profesora salió con el celular en la mano, y le dijo algo que no alcancé a escuchar, Scorpius asintió con los ojos en blanco.
-¡Scorpius!- exclamé para que me oyera, giró la cabeza, me vio y se echó a correr hacia mí. Mi hijo de siete años me abrazó por la cintura y yo le besé la cabeza- ¿Fuiste el ultimo?- asintió, estaba enojado- Lo lamento cielo, cuando no está papá se me pone el mundo de cabeza- le cogí la mano y sonreí viendo sus ojitos grises- vamos, te llevaré a comer un helado de compensación.
-Y pizza- reí.
-Y pizza.
La pizzería a la que fuimos era el lugar preferido de Scorpius y de Draco. Servían la pizza más grande y suculenta (por no decir súper grasosa) del lugar. Procuraba ir sólo una vez al mes para evitar enfermedades arteriales y sobre peso. Scorpius ordenó la pizza más condimentada y cargada que había y, como era de esperarse, sólo se comió una porción y ni siquiera la terminó. Pedí que envolvieran el resto y me nos llevamos el helado que había pedido y no había comido.
Cuando llegamos a casa, Scorpius estaba agotado (había jugado en el parque de diversiones de la pizzería hasta que una niña lo mordió y tuvo un accidente mágico haciendo que las pelotas de la piscina de bolas empezaran a golpearla. Por suerte la madre de la niñs era bruja y comprendió el accidente e incluso le encontró gracia) aún así, Scorp todavía insistía en ver una película que ya había visto quinientas veces y se sabía los diálogos de memoria.
-Bueno, ve poniendo la película. Voy a dejar la pizza en el horno y tu helado en el congelador, y pongo a hacer palomitas de maíz ¿quieres?
Scorpius asintió y subió las escaleras paso por paso, mientras yo terminaba de arreglar la cocina. Draco estaba Francia, terminando unos negocios y vendría hoy por la noche, cuando el se ausentaba por mas de un día se me volcaba la vida, él era quien recogía a Scorpius y preparaba el desayuno para dejarme dormir más. que no estuviera significaba para mi levantarme más temprano (cosa que a veces no conseguía) y encontrar la manera de salir más temprano de la oficina. Odiaba usar el auto, Draco había caído bajo el embrujo más común de los hombres muggles al comprarse un modelo enorme de auto familiar el cuál sólo él puede utilizar porque a mí me da fobia conducir ese monstruo. Así que cuando él no estaba, también tenia que buscar la forma de llegar al trabajo, trabajaba tanto con muggles como con magos, pero mi oficina quedaba en un edificio corriente.
Cuando subí las escaleras y entré al cuarto, Scorpius estaba absolutamente dormido en su cama con la película en la mano. Se la quité y la puse n su lugar. Le quité la ropa y los zapatos y le puse pijama antes de arroparlo. Me fui a mi habitación y busqué un libro que leer, pero en cuanto toqué la cama, me quedé dormida.
Me desperté sobresaltada con el movimiento en las sábanas de mi cama, Scorpius se había metido dentro, y ahora estaba apoyado en mi estómago.
-¿No podías dormir, cariño?
-Hay una tormenta. No me gustan los truenos.
Fruncí el ceño, Scorpius jamás había sido temeroso de los truenos, e incluso le agradaba más el clima lluvioso que cualquier otro.
-Hay algo más. ¿Pasó algo en la escuela hoy? ¿algo que me quieras contar?
Scorpius empuñó sus manos y me miró.
-¿Por qué papá y tú no están casados?- abrí mucho los ojos, impactada por su pregunta.
-¿Por qué me preguntas eso, Scorpius?
-Mary Smith, de tercero, dijo que los papás que no estaban casados era porque no se querían o porque habían tenido hijos por accidente. Y que no les gustaba ser papás. ¿No les gusta ser padres, mamá?
-Eso no es cierto- estaba asombrada de lo que había dicho esa niña, y de la preocupación que Scorpius tuviera de que no lo queríamos- escucha, cielo, papá y yo te amamos inmensamente. Vivimos por ti ¿Por qué lo dudas?
-Papá y tú nunca... Tuvieron más hijos, tampoco se casaron ¿Por qué, mami?
Un nudo cerró mi garganta y los ojos me picaron, tuve que tragar varias veces para poder responder sin que la voz me temblara. A mí cabeza llegaron los miles de tratamientos que me había hecho para intentar volver a tener hijos.
-Algunas... Algunas veces sólo se puede tener un hijo, por más que se quiera tener más.
-¿No puedes tener más hijos?- negué con la cabeza y las lágrimas me nublaron la vista, parpadeé mirando hacia otro lado- ¿Quieres a papá?
-Claro que sí, lo amo, Scorp.
-¿Papá te ama a ti?-esta vez sentí en su voz una ligera dureza. Por un momento me quedé sin palabras. Draco jamás me habia dicho que me amaba, cuando hacíamos el amor lo sentía, pero mis sentidos podían engañarme.
-Sí-susurré, no quería que Scorpius tomara partido de mi relación con Draco, porque él no podría tener la culpa de nada.
Scorpius pareció satisfecho (de momento) y volvió a apoyar su cabeza en mi vientre y pronto estaba dormitando. Hacia dos años, había sufrido una de las peores depresiones de mi vida cuando una mujer alemana había llamado varias veces para decirme que estabatirándose a Draco y que estaba segura de quenadie podía cogerlo tan bien como ella. La primera vez que me había llamado me quedé sin aliento y perturbada. Draco estaba en Berlín, finalizando negocios de compra y venta de tierras y bienes raíces, trabajaba con el departamento de la Unión Mágica Europea, y era el supervisor de todas las inversiones, así que él trataba con personas desde los más altos cargos hasta la última secretaria. Tenía que viajar cada semana y a veces tardaba días enteros en volver.
Mónica era el nombre al que respondía la mujer que me acosaba. Yo estaba pasando por un momento difícil, había acabado con otro tratamiento de fertilidad y había agarrado unos cuantos kilos de más por las hormonas, estaba triste por la frustración y ahora comenzaba a deprimirme seriamente al saber que Draco podría estar descargando su sexualidad con alguien más. Lloraba intensamente en las noches, pero jamás le dije nada a él, no iba a discutir con él logrando darle vía fácil a la otra, que habría logrado su cometido, tampoco quería confirmar si lo que decía esa mujer era cierto, porque si lo era no estaba segura de poder perdonarlo en ése momento, con los sentimientos tan frescos, lo amo pero también velo por la estabilidad de mi hijo, esa era otra razón por la que nunca le dije nada.
Pansy Parkinson asombrosamente había sido un gran apoyo en ese momento. Ella vivía en un condado cerca de Berlín con Zabini y su hija pequeña, y trabaja en la empresa con la que Draco estaba negociando, ella me había llamado diciéndome que sabía que ésa mujer me estaba acosando, porque la había escuchado un día durante el almuerzo hablar con su compañera a cerca de como torturaba a la mujer de Drakie, para mantenerla fuera de la ecuación, la ira me enervó pero no podía hacer nada al respecto. Para muy mala suerte, cuando llamaba para comunicarme con él a su oficina porque su teléfono solía dejarlo colgado con la batería,y me contestaba la dichosa compañera, siempre decía que no se encontraba, que había salido con Mónica, o que estaba almorzando con Mónica, me entraban ganas de vomitar. Pero Pansy me dijo que la chica era realmente detestable, tenía una personalidad detestable y además (según ella) era muy poco atractiva, de piel con aspecto sucio, cabello chamuscado (agradecía mil y un veces su bendito estilista y las pociones para el cabello) con rostro de mono tití (no pude evitar reír a pesar de lo despectivo y quizá racista que eso pudo sonar), aún así Pansy admitía que ella iba tras Draco, y que no sabia hasta que punto podría llegar.
Castigué a mi cuerpo, hice una dieta estricta y me inscribí a clases de spinning, perdí incluso más de lo que había ganado y mi piel se veía (y sentía) perfecta. Draco había estado sorprendido pero gratificado de mi cambio, unas semanas después fue invitado a la fiesta de aniversario en Alemania, irían todos los empleados y él quería llevarme consigo.
Cuando llegué al hotel, Dracohabía reservado la suit para ese fin de semana. En la cama había una nota que decía que me pusiera cómoda y descansara para que tuviera energías suficientes para bailar toda la noche. El estómago se me contrajo con expectativa y preparé un baño de sales. Cuando Draco llegara sería cuestión de que él se duchara y cambiara para irnos a la fiesta, durante la tarde me arreglé las uñas y apliqué el maquillaje perfecto en el rostro y me senté frente al tocador para arreglar mi cabello, estaba sedoso y tenía reflejos claros que subían desde las puntas(cortesía de Ana, mi asistenta, quien me había llevado con el mejor estilista del mundo), me hice un peinado descomplicado y recogido que dejaba caer cabello enmarcando mi rostro. La puerta se abrió y Draco entró con una cajita en las manos y su maletín de trabajo, me levanté dejando caer sobre mi cuerpo el camisón y la bata de seda y le sonreí con añoranza, los días a su lado parecían eternos. Él dejó el maletín y me miró con una sonrisa, recuerdo haberme lanzado a sus brazos y haber hundido mi rostro en su cuello, mis ojos se habían humedecido y sentía el corazón en la garganta. Él más acunó el rosro en sus manos y me miró profundamente.
-Te ves hermosa, no llores- me besó la frente y yo parpadeé lentamente. Quizá él creía que lloraba enteramente porque lo había extrañado, y aunque aún que esa era gran parte de la razón, el estar en una fiesta donde posiblemente me encontraría con Mónica, la que intentaba dañar mi pequeña familia, me ponía nerviosa y nuy susceptible- Tengo un regalo para ti- susurró rozándome los labios, agarró la cajita de terciopelo que traía en la mano y la abrió, de una cadena de platino colgaba un diamante absolutamente precioso, mis labios se separaron de sorpresa y lo miré.
-Draco...- me dio un beso interrumpiéndome- ¿Cómo...? Esto es... Demasiado.
-No te complazco muy de seguido...- se excusó con una mueca de disculpa, lo abracé tan fuerte como pude.
-Me complaces todos los días de la vida.
Él negó con la cabeza y me dio un beso antes de separarse de mí.
-Termina de arreglarte, la cena comienza en una hora- y se marchó al baño quitándose la ropa en el camino.
Una vez en la cena, Draco no soltó mi mano, había comprado el vestido más hermoso, elegante y sensual de una tienda de marca. Tenía un generoso escote en la espalda y uno más moderado en el pecho. Draco me presentaba a todos sus compañeros como su mujer, y varios de ellos me alagaron hasta hacerme sonrojar. Sin embargo él evitaba una mesa a toda costa, la mesa de la bolsa de empleados, los que no estaban fijos en su uestoo de trabajo. Me había dicho cien veces lo hermosa que me encontraba con ese vestido plateado, y yo poco a poco perdía el temor de encontrarme con esa desgraciada.
-Cariño, no me has llevado a esa mesa- le dije señalando a la que se encontraba llena de gente que parecía fueran de lugar y en la que varias mujeres me habían mirado con rabia. Draco tragó seco pero tomó mi mano y me llevó hasta ellos. Saludé a cada uno con una la sonrisa cortés e incluso reconocí la voz de la compinche que me contestaba cuando trataba de llamar a Draco, hasta que finalmente, Draco me presentó a Mónica.
-¿Tú eres Mónica?- exclamé mirándola como si ella fuera la cosa más lamentable el mundo, cuando en realidad me moría de nervios. Pansy tenia cierta razón,ella tenia una cara que dejaba qué desear, pero tenía un cuerpo decente. Estiré la mano para saludarla y observé con satisfacción que se sentía intimidada en mi presencia, sobretodo porque Draco no dejaba demirarme a mí. Después de aquello quedé satisfecha el resto de la noche, baile lento con Draco, apoyando mi cabeza en si hombro y él en el escote de mi espalda, me acarició toda la noche y cuando llegamos al hotel hicimos el amor tan lento como una canción de vals.
Volví a la realidad cuando una sombra pasó por el umbral de la puerta, sabía a quién le pertenecía, era la sombra de Draco, parpadeé varias veces para enfocar mis ojos y él estaba ahí, mirándome sin ninguna expresión en el rostros, no me había dado cuenta de haber llorado, tenía las mejillas húmedas. Él avanzó hasta llegar a la cama y tomó en brazos a Scorpius, que ya estaba en un profundo sueño y le apoyó la cabeza en su hombro para llevarselo a su cuarto, el corazón me latió muy rápido por la manera en que me miraba, besó a Scorpius varias veces en la mejilla de camino a su habitación y cuando volvió se sentó en el borde de la cama, mirándome. Dirigió su mano a no cuello y lo acarició antes de buscar la cadena de platino que ocultaba tras el camisón y que usaba siempre que él estaba lejos y acarició la piedrecilla.
-¿Crees que Scorpius no se sienta amado por mí?
Su pregunta me dejó sin aliento, él había estado ahí, escuchando toda la conversación.
-Creo que sólo estaba asustado por lo que dijo esa niña- él me miró a los ojos antes de hablar.
-¿Aún quieres tener más hijos?- mis labios temblaron. Ya me había hecho la idea hace mucho tiempo de que eso no podía ser, de que ningún tratamiento funcionaría en mí, estaba rota.
-Sabes que si pudiera... Tendría uno o quizá dos más.
Draco se subió a la cama y me besó ligeramente, pero luego su lengua salió al encuentro de mis labios y los delineó provocándome un dulce mareo, luego la introdujo a mi boca y encontró la mía, sus manos subieron por debajo del camisón y lo sacó de mi cuerpo, suspiré retorciéndome cuando bajó sus labios a mis pezones y los besó suavemente, bajó por mi vientre y se detuvo en el vértice entre mis piernas y las abrió aferrándose a mis caderas, mi espalda se arqueó sintiendo su lengua explorarme y mis caderas comenzaron a moverse involuntariamente buscando más fricción. Draco se alejó de mí dejándole jadeando y al borde del clímax, se sacó la camisa y el pantalón junto con su ropa interior. Ahogué un jadeo, su miembro saltó duro y listo. Draco subió hasta que su rostro quedó sobre el mío, con las respiración agitada.
Abrí mis piernas todo lo que pude y levante mis caderas frotando mi centro contra su dureza, él pasó su lengua por mi boca y me quitó las bragas rompiéndolas, me reí y pasé las manos por su espalda hasta llegar a sus glúteos y presionarlo contra mí. Ambos bajamos la vista hacia su pene cuando lo agarré con mis dedos y empecé a frotar la cabeza con mi pulgar y a acariciar la longitud con la yema de mis dedos. El jadeó y gimió en mis labios y llevé su pene a mi entrada húmeda y él no esperó para hundirse dentro de mí manteniendo mis rodillas separadas.
-Oh- gemí y Draco comenzó a moverse pegando su torso al mío y mordiendo mi cuello, amasando mis senos en sus manos.
-Qué hermosa- gruñó y su nariz acarició la mía, su cabello rubio se pegaba a su frente húmeda, mis caderas perdieron el control al igual que mis gemidos y comencé a moverme torpemente, mis piernas los rodearon y él me sujetó de las nalgas antes de girarse de manera que yo estaba sobre él, hundió su cabeza en mis senos y me ayudó a acelerar el ritmo mis piernas se contrajero al rededor de su cintura y me moví más rápido gimiendo en su oído, mi espalda estaba húmeda al igual que su pecho, su miembro se agitó y el abrió la boca y los ojos mirándome con las pupilas negrisimas ylos ojos nublados. Aceleré el ritmo alcanzando mi propio orgasmo, aruñé su espalda y cabalgué más rápido, mi vientre se contrajo y las paredes de mi vagina succionaron su pene. Él se agitó y gruñó, mi mente dio vueltas nubladas y alcancé el cielo moviendo mis caderas como un baile.
-Draco, Draco...- lo apreté aun más convulsionando de placer y él disparó su simiente y lo sentí, cálido en mi cuerpo.
...
Cuando desperté, estaba sola envuelta en sábanas blancas y debían ser apenas las siete de la mañana. Draco ya se había marchado al trabajo y mis ojos se humedecieron. Cuando hacíamos el amor me sentía en el quinto cielo, muy unida a él. Pero en cambio, cuando habría los ojos y él ya no estaba, era como si cayera de golpe hasta el septimo infierno. Busqué mi bata entre todinese revoltijo y me la coloqué antes de bajar a la cocina a preparar el desayuno de Scorpius, en la mesa había una nota.
Gracias por dejar esta deliciosa (y muy grasosa) pizza, me ha salvado de llegar tarde hoy. D. M.
Sonreí sin poder evitarlo y recordé que Scorpius no se había comido su helado, y no iba a olvidar que estaba allí esperándolo. Desayunamos los restos de la pizza con el helado, llevé a Scorpius a su escuela y caminando hacia mi trabajo vi un edificio nuevo que tenía varios anuncios de alquilación y venta de apartamentos. Apreté mis manos, la idea de mudarme a otro lugar con Scorpius me rondaba por la cabeza, dejarle en libertad para que él no se sintiera obligado a estar conmigo, no quería que él sólo me mantuviera a su lado por ser la madre de su hijo.
En la tarde, él me estaba esperando fuera del lugar en el que trabajaba en el auto. Me subí rápido porque empezaba a nevar afuera y él me tomó una mano.
-Estás helada- y seguramente no era por el frío, recientemente sentía que se me caía la sangre del rostro cada vez que lo veí sentía a kilómetros de él aunque estuviéramos en un mismo lugar, sólo en el sexo me sentía junto a él y sabía que eso era un problema. Las cosas ya no estaban funcionando. Traté de sonreírle, él me besó antes de poner en marcha el auto.
-Scorp se quedó haciendo tareas con Luna y Theodore. Ahora que Lovegood está de licencia le apetese que Scorpius juegue con Lorcan para que él no sienta celos de Lysander.
-¿Theo está de licencia también?
-Le dieron dos meses en el laboratorio. Ya sabes, la cuarentena de reposo que tiene que hacer la madre más un poco más.
-Luna debe estar echando de menos el hospital.
Luna trabaja en el hospital del lugar en la sección de pediatría. Theodore trabajaba haciendo y supervisando pociones en un laboratorio mixto (utilizaban plantas normales y plantas mágicas, comerciaban secretamente con grandes empresas muggles). Theo había trabajado duramente para permitirse que Luna estudiara medimagia y luego consiguiera su especialización. Draco sé había dedicado al comercio y había pagado mis estudios con el dinero de su cámara. Iba a estar en deuda con el para siempre, lo menos que podía hacer era dejarlo en libertad, para que hiciera con su vida amorosa lo que quisiera, para que fuera feliz.
Tres semanas después me levanté sintiendome dolorida, la noche anterior habíamos tenido el sexo más apasionante del mundo, sentía agujetas en los muslos y me parecía que su miembro aún siguiera dentro de mí. Me levanté para darme una ducha y vi que mi estomago estaba surcado de golpes. Tenia hematomas circulares y pequeños al rededor de mi estómago. Extrañada, los toqué a cada uno, me dolían.
-¡Scorpius ven a desayunar!- los pasos bajaron rápido por las escaleras y él entró a la cocina vestido de pijama. Hoy yo tenía el día libre así que el podía tardar más en alistarse para ir a la escuela. Cuando terminó y subió a cambiarse, lavé los platos y limpié la cocina, pero cuando fui a botar la caja vacía de leche vi inyecciones utilizadas junto con vasos vacíos de algún líquido.
Fruncí el ceño y agarré los frascos, de pronto todo encajó. Levanté mi blusa y me fijé que en cada moratón parecía haber un minúsculo y casi indiferente punto parecido al que deja una aguja. Me puse fría ¿Qué era esto? Mi cerebro se remontó a tres semanas atrás, me había hecho mi revisión semestral con Luna pero aún no llegaban (o ella no me había hecho llegar) mis resultados de control. ¿Sería posible que hubiese encontrado algo anormal, y le hubiese peidido a Draco que inyectara alguna sustancia sobre mi cuerpo? ¿O era algo más? ¿sería él quien estaba enfermo? Si fuese así tal vez lo estaba ocultando para no asustarme. Observé los frascos minuciosamente en busca de información, pero lo único que decía era aplicar cada día 1,5 mililitros durante quince días. Me puse nerviosa ¿Desde hacía cuanto tiempo estaba inyectandome esto? ¿Estaba inyectándomelo o los moratones eran una coincidencia?
-Mamá ya estoy listo- me giré sobresaltada, pero intenté sonreír para no asustarlo y escondí la inyección y el frasco y llevé a Scorpius a su escuela.
La inyección tenía diez milímetros cúbicos, lo suficiente como para albergar los casi ocho mililitros que contenía el frasco, lo que significaba que ya había sido gastado en el plazo de quince días. Miré a la mujer de la farmacia y ella me pidió que le dijera qué necesitaba. Saqué el frasco y pensé qué preguntar para que me dijera lo que contenía.
-¿Qué... Efectos secundarios puede tener esto?
La mujer lo miró varias veces, como si intentara recordar para qué servía, luego me miró.
-Bueno... No lo sé realmente, pero es lo más reciente y efectivo que tenemos acá. A dado buenos resultados, hasta el ochenta por ciento de aciertos. ¿Por qué lo pregunta? ¿Se ha sentido mal?
No había respondido nada que me dejara claro.
-Oh, no... Sólo tenía curiosidad no lo estoy usando yo sino... una amiga.
-Pues le deseo suerte a su amiga- la mujer parecía incrédula.
Salí de allí sin haber tenido suerte.
Las maletas con mi ropa y la de Scorpius ya estaban listas. El dueño del edificio me había rentado un apartamento amueblado que tenía ya un tiempo de estar vacío, por lo que no hizo falta mucho más que firmar un contrato.
Nadie sabía de mi decisión, ni siquiera Draco, porque sabía que intentarían impedirlo y yo no lo quería. Después de salir de la farmacia pasé por el edificio al que me mudaría, saludé al portero y le dije que estaría acomodándome allí en una o dos horas.
Sin embargo, cuando llegué a casa, no me esperaba encontrar a Draco esperándome en la sala, se suponía que hoy iría a una reunión todo el día.
-¿Por qué las maletas tuyas y de Scorpius están hechas? ¿vamos de viaje?- parecía confundido- no he pedido permiso en el trabajo, ya sabes que tengo que hacerlo con antelación...
El corazón se me rompió, ojalá fuésemos de vacaciones.
-No vamos a hacer ningún viaje- dije todo lo seria que pude- Humm... Scorpius y yo vamos a mudarnos.
Su frente se arrugó y la boca se le abrió, pero tardó en reaccionar.
-¿De qué estás... hablando? ¿Cómo que van a mudarse?
-Yo... Encontré un lugar bonito, no te preocupes, está cerca, podrás ver a Scorpius cada vez que quieras, no pretendo apartarte de él.
Él se quedó estático, sin palabras, realmente no se lo esperaba.
-¿Qué fue lo que hice?- preguntó con la voz rota y un cuchillo desgarró toda mi alma. Sus ojos me miraban angustiados y se agarró de un mueble- por Merlín, dime quéfuelo que hice.
Oh, fue lo que no dijiste, cariño.
-No has hecho nada malo, Draco. Pero tú no eres feliz conmigo, y eso me hace infeliz a mí- mis ojos se humedecieron y él parpadeó asombrado.
-Soy feliz contigo, Hermione.
Lo ignoré y de mi bolsillo saqué la aguja y el frasco y se lo mostré, él abrió los ojos, sorprendido de que lo hubiese descubierto.
-¿Qué es esto, Draco?
-No se supone que tú... Tú no deberías haberlo visto...
-Dime qué es- el corazón me golpeó muy fuerte, tenía una idea de lo que podía ser, pero suplicaba estar equivocada- Dímelo, por favor. Tarde o temprano lo descubriré.
Él se pasó las manos nerviosas por el cabello y se rindió.
-Luna me dijo que creía que eso repararía el daño en tu útero y podrías tener más hijos.
Se me escapó el aire de lospulmones y casi deseé no haberlo preguntado, porque era todo lo que yo temía.
-Ésa es la razón por la que debo irme- esta vez, al hablar fui firme y decidida- tú no me quieres a mí, sino a la idea de ser padre. De que soy la madre de tu hijo, y que podría ser la madre de tus futuros hijos, pero a mí no me quieres.
Me alejé de él y subí las escaleras. Llamé un taxi y bajé las maletas con un movimiento de varita, pero cuando empecé a bajar, él estaba en medio y me detuvo.
-Tú no vas a ninguna parte.
Levanté la mano para apartarlo, pero él la sujetó.
-Suéltame- gruñí.
-No. No vas a ninguna parte, tú y Scorpius son mi familia. No permitiré que lo arruines.
-Eres un desgraciado ¿acaso me preguntaste si quería tener más hijos? ¡Ni siquiera tuviste en cuenta si estaba preparada para esto o no!
-¡Por eso no te lo dije! ¡no quería que te hicieras ilusiones y luego salieras lastimada! No te vas a ir, Granger. Podrías estar embarazada y no voy a permitir que huyas otra vez.
-¿Es que acaso no lo vez? A mí no es a quien quieres. Maldita sea, yo no quería otro hijo- le golpeé el pecho varias veces- ¡No puedo tener otro hijo, ¿acaso no lo entiendes?!
-¡Tú dijiste que sí! ¡me lo dijiste, Granger, dijiste que querías más si pudieras!
-¡Lo dije porque creía que no podía! ¡Suéltame, hay un carro esperándome!
-No.
-Suéltame ya.
-Ya te dije que no.
-¡¿Para qué demonios me quieres?! ¡Hay miles de mujeres con quien puedes gozar y tener hijos!
-No quiero a otras mujeres.
-No seas hipócrita, Draco. Sé lo de Mónica.
-¿Cuál Mónica? ¿De qué diablos hablas?
-La chica de Alemania, hace tres años ¿ya no la recuerdas? Disfrutó mucho torturándome por teléfono.
Él me soltó con la boca abierta y sorprendido y yo aproveché su momento de debilidad para largarme de allí.
...
Fueron al menos tres semanas llorando de seguido por las noches. La habitación del apartamento era fría al igual que las sábanas. Scorpius no parecía estar triste por la partida, creía que era temporal y yo no quería desmentirlo, aunque tampoco le había hecho creer yo eso. Luna había intentado hablar conmigo pero estaba algo enojada con ella por no contarme nada acerca de la inyección y lo que era peor, me había hecho una prueba y el resultado había sido para mi sorpresa; positivo. Así que ahora estaba sola, embarazada y sin nada qué hacer. Había pedido vacaciones así que tendría todo un mes para lamentarme en mi apartamento de madre soltera, encerrándome cada vez que Draco llegaba por su hijo, le había dicho por un mensaje de texto que estaba embarazada y que era su culpa, intentándolo hacer que se sintiera mal por lo que me había hecho y aunque duró días enteros llamándome y enviándome mensajes, había borrado cada mensaje e ignorado cada llamada, había puesto incluso unhechizo protector en mi cuarto que activaba cada vez que él venía a visitar a nuestro hijo. Estaba siendo inmadura, pero estaba asustada y vulnerable, no quería que él se aprovechara de éso para envolverme en sus armas. Me acaricié el estómago mirando al techo. Cuando me permitía pensarlo, la idea de tener un bebé (a pesar de que me asustaba de muerte porque estaba sola) me llenaba de dicha, después de tanto tiempo intentando e intentando con cada tratamiento nuevo, finalmente éste funcionaba. Tomé mi celular e hice una cita con la obstetra que había estado siguiendo cada uno de mis tratamientos, decidí hacerle una llamada a Draco.
-¿Granger? - su voz sonó en un susurro ahogado, mis manos se quedaron frías.
-Hum... He hecho una cita con la doctora Windey. Ya sabes... de control.
-¿Cómo estás? - me sonrojé, de Todas las preguntas que esperaba que me hiciera a cerca de la fecha de la cita no esperaba que preguntara por mí.
-Estoy bien... Tengo algunas náuseas pero es normal.
-¿Puedo verte?
-Draco...no hagas esto más difícil.
-Por favor- suplicó.
-Tal vez... Cuando traigas a Scorpius mañana no pondré el encantamiento.
-Gracias, hay cosas que quiero decirte.
-Puedes hacerlo por acá.
-No, no puedo. Por favor no cambies de opinión. ¿Hay algo más que quieras decirme?
¿Me amas? ¿Me extrañas? ¿Estás saliendo con alguien más? Te amo.
-No... Nada. ¿Traerás a Scorpius hoy?
-Sí, yo... Cuando despierte lo llevaré.
Cuando Scorpius llegó y entró a mi habitación, todo él olía a Draco. Me abrazó y yo inhalé el shampoo masculino, mis ojos picaron, lo extrañaba mucho. Scorpius puso su mano en mi estómago.
-¿El bebé sigue ahí?
-Sí- reí.
-¿Cómo vamos a llamarle? Papá quiere que sea una niña.
-¿Te dijo eso?- se me volcó el estómago.
-Sí, creo que papá está mal.
-¿A qué te refieres?
-Creo que está enfermo. Tiene los ojos rojos y los párpados oscuros, está distraído, casi se choca con otro auto hoy.
-¿Qué? ¿Estabas con él en el auto?
-No. Llegó temblando a la escuela y me lo dijo, tuvo que sentarse unos minutos antes de volver a montarse en el auto. Pobre, ¿no crees que puedas hacerle una sopa de pollo, Mami?
-Sí, le haré una, no te preocupes.
¿Estás enfermo? le escribí.
No, ¿por?.
Scorpius cree que sí, ¿Es cierto que casi chocas hoy?.
Fue un accidente, estaba distraído, no volverá a pasar.
De acuerdo, sólo ten cuidado.
Lo tendré.
La mañana siguiente fue laboriosa. Arreglé la casa y llevé a Scorpius a la escuela. Hablé con Luna y me dijo que todo estaba yendo bien y que quería verme. Me pidió disculpas por no informarme de las inyecciones y me pidió mi dirección nueva para venir a verme. Le dije que no se preocupara, iría a verla yo.
En la tarde hice el caldo de pollo que Scorpius me había pedido para su padre. Y cuando estuvo listo me fui a ducharme al cuarto y esperé a que llegaran.
Un ruido me despertó, me había quedado dormida en la cama. Me estiré desperezándome pero cuando abrí los ojos, di un grito. Draco estaba sentado en la cama, mirandome fijamente, me cubrí con la sábana (que no recordaba haberme tapado).
-Hola- dijo en voz baja.
-Hola- después de un minuto de silencio, hablé de nuevo-¿Dónde está Scorpius?
-Theo los ha llevado a un partido de Quidditch.
Me senté en la cama.
-¿Qué era lo que querías decirme?
Lo vi vacilar, estaba nervioso.
-Mónica no... No significó nada para mí. Ella sólo fue una mujer que se aprovechó de un momento en el que estaba vulnerable y había tomado de más. Ni siquiera recuerdo gran parte de la noche. Sólo sé que la follé como un animal, no me ocupé de ella ni de su placer, sólo del mío, ni siquiera merecía hacerlo pensando en ti, porque fue sucio, jamás te follaría a ti así, siempre hacíamos el amor, hermione, tenía un mes sin verte, mi líbido iba a estallar. Perdóname, por favor.
Misteriosamente lo comprendía. No justificaba que se hubiese acostado con esa mujer pero le creía, sabía que lo que me decía era verdad, porque si hubiese sido una aventura amorosa ella no me habría llamado, porque ya lo habría tenido en sus manos.
-No te culpo por eso. Te lo juro. Pero tampoco puedo condenarte a estar toda una vida con una mujer que no amas. Mereces algo mejor.
-Tú eres lo mejor que me ha pasado, Hermione. Yo... Dios, yo te amo- la voz le tembló- jamás te lo había dicho, porque creía que ya lo sabías. No soy bueno con esto... Hablar de mis sentimientos no se me da bien, pero cuando te tocaba... Siempre utilizaba toda la delicadeza que podía... Intentaba decírtelo así. Creía que lo sabías... Creía que podías entenderlo...
Los ojos se me nublaron y no lo pensé dos veces cuando me lancé a él, sentándome en su regazo, y lo besé. El alma me regresó al cuerpo, su lengua se deslizó a mi boca y sus manos se hundieron por debajo de la ropa.
Me quitó la ropa y sin muchos antecedentes ,se hundió en mi cuerpo arrancandomee un gemido de los labios. Su cuerpo se movió dentro y fuera del mío, clavandome su miembro en cada estocada, mi vagina húmeda lo succionaba. Ambos delirabamos de placer contenido, mis piernas se aferraban a su cintura y mis manos a su espalda. Él susurraba palabras roncas e incoherentes en mi oído, me besaba el cuello y la boca. Bajé una mano y envolví sus testículos en ellas. El gimió enterrándose aún más en mí.
-Cásate... Cásate conmigo- los movimientos se volvieron más violentos, abrí las piernas y eleve mis caderas para que fuera más profundo y él empezó a frotar mi clitoris llevándome a un orgasmo inevitable.
Draco entrelazó su mano con la mía, recostándome en su pecho y me besó la frente. Acariciaba el lomo de mi mano con su pulgar. Levantó nuestras manos y besó la mía.
-No te atrevas a dejarme de nuevo. ¿Cuántas veces más hará falta que te lo diga?
Respiré se perfume y acaricié su pecho, era suave y liso.
-¿Lo decías enserio?- él frunció el ceño.
-Claro que lo digo sigo río. No vuelvas a dejarme, ¿No entiendes que es un infierno?
-No...-lo interrumpí tapándole la boca-no me refiero... a eso.
Draco sonrió.
-Ya veo- se giró y me abrazó enredando sus piernas con las mías y me agarró fuertemente apretandome contra su pecho-lo decía muy enserio- susurró contra su oído- vas a casarte conmigo, debí proponértelo hace tiempo, pero creía no necesitábamos de éso para estar... Ya sabes... Bien.
-Ojalá me lo hubieses propuesto antes... Así no tendría dudas.
-¿Aún tienes dudas?
Deslicé la mano por su rostro.
-Estoy embarazada, Draco. ¿Qué me garantiza que estás aquí por mí y no por tus hijos?- me miró enojado.
-¿Alguna vez me escuchas cuando te digo algo?- se giró hasta ponerse sobre mí y estiró mis brazos sobre mi cabeza, rozó su nariz con la mía-Te amo, Granger. Por Merlín me sentí como una mierda por casi un mes y cuando pobré la sopa de pollo que me dejaste en la cocina toqué un poco del cielo en el que estábamos. En cuanto me introduje en ti, Dios, me instalé allí permanentemente y no voy a renunciar a él, ni siquiera por ti. Te casarás conmigo, no fue una pregunta, lo harás porque no vas a volver a escurrirte de mis dedos ¿lo entendiste?
Mis labios se pegaron a su cuello y asentí. Había dicho todo lo que quería escuchar.
-Hermione, cielo, el pollo no estaba del todo cocido.
...
Este es el fin.
Qué dramática soy Jaja. En fin, me ha encantado hacer toda esta historia, cada parte de ella me fascinó y espero que también a ustedes, creonquenpor ahora me tomaré un descanso porque sinceramente con tantas cosas encima casi no puede terminarla. Aunque no lo crean parte de éste capítulo lo hice estando con grandes niveles de alcohol en la sangre, y como mi computador se dañó lo hice desde mi celular. Ya saben como es el autocorrectos de estas cosas y no alcanzo a revisar todos los errores.
Cómo les decía arriba, voy a tomarme un descanso con las historias por primera vez desde que escribo. Sin embargo aún tengo abierta el fic de Apartes, el cuál espero seguir llenando un tiempo más y estoy abierta a las sugerencias, porque el propósito de ese fic es llenar los vacíos o profundizar éste mismos (La profecía). Es cómo tener un fanfic de éste fanfic (muy El origen) un fanficseption.
En fin, como les dije, tengo en mente un fic de Los Juegos del Hambre que me ha acosado por un año y un par de ideas para dramiones pero que aún ni veo concretas.
Un beso enorme y no duden en comentar ideas para Apartes. Ya saben, dudas y esas cosas.
Los adoro, chicos. Un beso.
Rose.
