Disclaimer: Nada me pertence, solo satisfago mis locuras con los personajes :D
La dificil decisión que tomó la rubia causó un fuerte impacto en el presidente de la asociación de alumnos. No se dará por vencido tan facil y hará todo lo posible para sacarle esa fatal idea de la cabeza.
Día 21
Prompt: Suicidio
Género: Hurt/Comfort
Palabras: 889
Rating: T
Propuesta: TicaVic
¡No lo hagas!
El día transcurría como cualquier otro: aburrido y gris. Hans, el presidente de la sociedad de alumnos o mejor conocido como el chico más popular y admirado en la escuela preparatoria "Arendelle" caminaba por el campus luego de haber recibido sus matutinas clases de Filosofía con su profesor Weselton. Su mente divagaba por sus deberes y obligaciones mientras tarareaba la canción de rock que escuchaba en sus audífonos.
La presencia de alguien sobre el techo del edificio de aulas llamó mucho su atención. Paró su andar, se quitó los audífonos y colocó su mano sobre sus ojos para evitar que los rayos del sol lo cieguen. Le parecía muy extraño ver a alguien a esas horas de la tarde.
Logró ver a una joven rubia platinada treparse sobre el borde de la azotea mientras se agarraba firmemente contra las barandas pero dispuesta a terminar con su vida.
Hans no podía creer lo que estaba viendo, aún tenía tiempo. Tiró todas sus cosas y corrió hacia el edificio para impedirlo.
Luego de subir decenas de escaleras, llegó a la azotea donde encontró a la joven aferrada a las barras de acero dispuesta a atentar contra su vida en ese mismo momento.
El pelirrojo se armó de valor y gritó. -¡Oye! ¡¿Qué crees que haces?!
La joven volteó sorprendida y observó con sus ojos azul hielo al presidente. Se aferró más a las barandas mientras se preparaba para saltar. – ¡Lárgate de aquí! ¡Déjame sola!
—Escucha, eso no es lo mejor que puedes hacer. Existen muchas maneras de resolver los problemas. Esta no es la solución –gritó Hans acercándose lentamente tratando de hacerla entrar en razón.
Lagrimas comenzaron a derramarse por sus mejillas pálidas mientras agitaba su cabeza negando algo desconocido. –Tu… no sabes nada… -dijo por lo bajo.
Entonces Hans se le ocurrió una idea. -¿Qué cosa no se? Anda dímelo, no te cuestionaré.
—¡¿Para qué?! ¡Para que te me burles como todos en la academia! Además igual moriré. Da igual de todos modos.
—Tranquila, no quería que te molestaras. Solo deseo razonar contigo. Yo no me burlaré de ti ni te haré daño. No soy esa clase de persona –justificó acercándose cada vez más a ella. –Ahora ven aquí, aléjate de allí.
—Aléjate de mí, pedazo de basura. Tú no sabes nada sobre mí. No sabes nada acerca de los marginados como yo. Solo pasas con los populares recibiendo la atención y elogios de todos, mientras que nosotros somos cuestionados y maltratados –habló fríamente la rubia. –Aun no entiendo por qué has venido a tratar de "razonar" conmigo. Apuesto que mañana les comentarás a todos en la escuela que salvaste a una idiota que se quería suicidar. Eres igual a ese montón de estúpidos que se creen superiores solo por ser aclamados por todos o por ser apuestos.
Las palabras de la joven se clavaron directamente en Hans. –Tienes un pensamiento muy complejo y realista. Sin embargo, no soy como crees que soy. Solo por ser el presidente o ser popular no significa que sea como la mayoría de idiotas de aquí.
—Estoy segura que mientes –gritó.
—Solo porque un montón de tarados te digan que eres inferior no significa que lo seas. Ven Elsa, vámonos de aquí. Te invito un helado –exclamó ofreciéndole su mano.
Al escuchar su nombre, la rubia abrió los ojos en sorpresa pero no se soltó de las barreras. –No lograras que cambie de opinión. Por qué no mejor te vas y haces como si nunca me hubieras visto –dijo sin mirarlo a los ojos.
—Escucha, tienes una larga vida por delante. Porque la vas a desechar por las míseras opiniones de los demás. Lo que importa es lo que tú crees –hizo una breve pausa y tragó en seco. –Yo también era indeciso e inconforme con mi vida –exclamó arremangándose las muñecas de su camisa manga larga.
Elsa quedó atónita ante las marcas de cortes sobre las muñecas del pelirrojo. –Si así es. Yo también atenté contra mi vida varias veces al creer que no servía para nada. Con el tiempo, cambie y tomé clases de autoestima para fortalecer mi mente. Ahora no soy el mismo joven de antes. Me vale una mierda lo que los otros piensen y no dejare que ellos me pisoteen –exclamó tomando la mano de Elsa. –Por favor no cometas el mismo error que yo.
Elsa observó llorosa al pelirrojo mientras se alejaba lentamente del borde. Una sonrisa agradecida se dibujó en sus labios mientras miraba fijamente los verdes orbes del joven.
Lentamente Hans bajó a la rubia del barandal y puso sus pies sobre el concreto de la azotea mientras le brindaba una sonrisa ladeada. –Me alegra haberte hecho recapacitar.
—Gracias, presidente. Si no fuera por ti ya no estuviera aquí en este mundo. Me has salvado la vida –agradeció la rubia.
—No hay de qué. Una cosa, llámame Hans. Siempre detesté que me digan presidente –dijo sonriéndole.
El pelirrojo quedó perplejo al sentir como la joven lo rodeaba con sus brazos y lo aprisionaba con su cuerpo. Su hombro estaba algo húmedo y sintió la melodiosa voz de Elsa en su oído. –Gracias Hans. Me alegro haber conocido a alguien como tú.
Al soltarlo, le dirigió una mirada pícara. -¿Me invitarás un helado?
El cambio en ella causó impacto. –Vaya ese fue un cambio repentino.
Ambos rieron.
¡Ay por Dios Tica! Siempre sacandome canas verdes con tus alocados e inusuales prompts. Eres un enigma sin resolución loquilla. Pero sabes que por eso te quiero xD
Ay chicos ya estamos en la recta final del reto, gracias por sus alentadores reviews. Todos son geniales. Les prometo geniales capitulos siguientes. Muchas gracias por todo su apoyo. ¡Feliz jueves!
