Epílogo
Buttercup.
Tengo 23 años. Hoy es mi titulación en medicina. Estaba demasiado feliz porque al fin llegó uno de los días más esperados de toda mi vida.
Desde que Butch se fue, hice caso a la promesa que le hice.
Como sabía que no resistiría a llamarlo, le pedí a mi padre otro teléfono.
El resto de mi adolescencia lo pasé soltera. Iba con mis hermanas a fiestas, conocía a uno que otro chico, pasábamos una noche, pero después hacía como si nunca los hubiera visto en mi vida.
Mi rebeldía se incrementó con mi padre, y él estuvo preocupado por mí, pero mi Bubbles le hizo entender que el único culpable de todo eso fue él mismo.
Blossom, este día, confirmó que tiene una relación con Brick, a lo que mi padre no puede decir nada al respecto.
Bubbles y Boomer están recién conociéndose, pero al parecer están encantados con la idea de tener una relación amorosa.
Mi padre y el padre de Butch ahora se hicieron socios.
Este día, debería estar compartiéndolo con Butch… así lo especifiqué en la carta que le envié.
–Felicitaciones –dijo Boomer abrazándome –. Un honor conocerla, .
Me carcajeé un poco. Todos estaban felices de mi titulación, mi padre también se acercó a darme un abrazo, y a pedirme perdón.
–Hija… en verdad lo siento.
No respondí, le regalé una sonrisa forzosa, pero me alejé de él al instante para abrazar a Blossom.
Estaba muy dolida con mi padre. Y él tenía conocimiento de ello, desde que Butch se fue.
Me había dejado conservar la sudadera de él, pero con eso no compensaba todo el sufrimiento que tuve que pasar.
Varias noches me encontró llorando en el baño, y todas ellas le recriminé que mi miseria era plenamente su culpa.
Después yo lo escuchaba llorar en el baño de arrepentimiento puro.
Aunque quisiese… el daño ya estaba hecho y mi alma rota estaba por ello.
A la mañana siguiente, yo estaba en mi departamento, con mis dos hermanas que se habían quedado conmigo para una pequeña celebración entre hermanas.
Eran las once y Blossom nos preparaba el desayuno a Bubbles y a mí.
Hacía frío a pesar de que estábamos en junio, pero a través de las nubes se asomaban unos cuántos rayos de sol.
Tocaron la puerta, era el cartero. Le sonreí y le di la propina correspondiente.
– ¿Qué te llegó? –Me preguntó Blossom mientras servía el café y yo leía los remitentes.
–Ofertas laborales –dije mientras pasaba carta tras carta.
Hasta que había una con un remitente del quien tenía completamente la seguridad de quién era.
Dejé las otras cartas en la mesa. Mis hermanas entendieron inmediatamente por qué estaba desesperada abriendo el sobre.
El contenido me sorprendió. Dos posibilidades. Dos caminos distintos. Un único final con un único propósito: ser felices juntos.
