-Ven Mione-la llamó su padre con el empalagoso apodo de cariño que le tenía. Señalando un sillón la instó para que se sentara junto a ellos- ven, siéntate con nosotros.

Hermione obedeció, caminando con pasos lentos, las piernas tambaleándose con cada paso que daba demostraba que su andar no era tan seguro y que algo sumamente importante le pasaba. Ocultó sus manos, que en ese momento sudaban y temblaban, en los bolsillos de su chaqueta de lana, aferrándose al sillón se dejó caer en el, tratando por todos los medios de calmarse.

"No puede ser tan grave" justo al terminar esta frase en su mente otra se colaba "me van a matar".

-¿Estás bien Mione?, estas muy pálida- comentó su mamá mirándola preocupada-¿Quieres un poco de te? ¿O quieres ir al médico?...si yo creo que necesitas ir a un doctor inmediatamente, vamos a amor-le dijo a su marido notablemente alterada- tenemos que llevarla, mira lo pálida que está-dirigieron su mirada preocupada hacia ella-¡sabía que esa viral llegaría, lo sabía!, iré a buscar las llaves del auto- empezó a caminar por todo el salón recogiendo su cartera y chaleco para partir. Justo cuando los padres de ella estaban en la puerta esperándola para salir, fue que pudo reaccionar y darse cuenta que se había quedado helada y con la leve sensación de no saber qué había pasado.

-¿Que...que piensan que hacen?- se levantó del sillón -¡no tengo nada, por el amor de Dios! Siéntense-suspiró mientras los veía entrar de nuevo en la habitación- ¿Desde cuándo son tan dramáticos?- dijo tratando de aligerar el ambiente.

Sus padres se quedaron parados, sin creerle del todo, su aspecto instaba todo menos ser saludable, estaba pálida, sus ojos decaídos, temblaba ligeramente y su voz se escuchaba rasposa.

-Tienes muy mal aspecto Mione-observó su padre, rectificando la opinión de su mujer- ¿estás segura de que no quie...?

-¡No papá!- exclamó- lo que quiero es que se sienten, parados no me ayudan de mucho.

El matrimonio Granger intercambio una mirada de preocupación, debía ser algo importante lo que su hija tendría que decirles, no siempre se veía a su hija perder los estribos, así que, haciendo caso a su instinto, se sentaron de nuevo en los sillones de antes.

-Me gustaría que solo me escucharan antes de que hablen, se que...-tragó en seco- las situaciones en las que me he visto envuelta el año pasado, han sido, espeluznante para ustedes, así no recuerden nada, el temor de que me hubieran perdido...

-Fue horrible-la interrumpió su papá- eres nuestra niña, no podíamos ni siquiera imaginar estar sin ti.

-Bueno...- carraspeó antes de continuar, su mirada estaba posada a los pies del sillón, podría tener en ese momento valor para hablar pero no para mirarlos a los ojos... "No todavía" pensó-creo que deben saber que no soy una niña. Y-alzó un poco la voz para que su mamá no la interrumpiera-que se cuidarme por mi sola. Cuando llegue a Hogwartz este año, me propuse algo, había alguien a quien empecé a amar de repente...y yo no sé porque les estoy contando esto- dijo atropelladamente con las mejillas encendidas.

-Es importante saberlo- allí estaba, la mirada dura de su padre cuando se trataba de su hija con "otro"- si hay alguien interesado en ti, debo saber toda la historia.

"¡No toda!" Sus mejillas se encendieron más de lo que estaban "no creo que te agrade papá"

-Solo les contare lo esencial, pero papá...-lo miró suplicante- deja de atravesarme con la mirada, no descubrirás nada que no te vaya a contar-mintió-a finales del sexto año, empecé a ver la otra cara de la moneda, es estúpido- explicó -de hecho podría escucharse hasta irreal, pero un sentimiento nuevo surgió de repente, no sé como llegue a amarlo-se paso una mano por el cabello frustrada, porque incluso a esas alturas todavía no lograba entender cómo pudo llegar a enamorarse de él- hubo un momento en donde estuve, por así decirlo, en el limbo, ni siquiera sabía que era lo que me pasaba.

Un sabor amargo invadió su boca al acordarse de esos días, días desolados, donde se le notaba extraña, vagando por los corredores, preguntándose siempre lo mismo ¿qué le pasaba con él?, tuvo noches sin dormir, dando vueltas sobre su cama, desordenando las sábanas a cada movimiento, todo le asfixiaba, dudaba de que fuera amor porque en ese momento todavía lo odiaba, lo detestaba.

-El ha cambiado, de hecho a arriesgado hasta su pellejo por mí con su familia, es difícil darles a entender que él...-titubeó- que él no es el mismo, sobre todo estando ustedes al tanto sobre él...es complicado y más aun cuando él es un ex-mortífago- quizás esas no hubieran sido las palabras adecuadas, pudo habérselas dicho de otra forma, pero su mente no dio para idear mejores palabras, se apresuró en decirles lo que él fue.

-¿Un...Un mortifago?-preguntó su papá incrédulo.

-Ex-mortífago- lo corrigió. Su mamá gimió tapándose la boca con sus manos, no podía creerlo, su niña con un delincuente.

-¡Pues claro que es un ex-mortífago Hermione Jean Granger!, ese hombre cayó gracias a tu amigo y es más que obvio que no fue gracias a él y a su séquito- la cara de su padre se estaba tornando roja- ¡Pero en qué demonios estabas pensando!-gritó- eres inteligente, sabes muy bien que está mal, ¿Por qué lo haces?.

-¡Jhon por favor cálmate! -la Señora Granger se levantó de su asiento para detenerlo, estaba parado tratando de contener el impulso de zarandear a su hija para que reaccionara, tomo su brazo con su mano derecho llevándolo hacia el sillón para que se sentara.

-¡Como quieres que me calme! ¿Que acaso no estás entendiendo Jane?, ¡Nuestra hija...-la miró- Nuestra hija- recalcó como si no hubiera entendido- está saliendo con un delincuente!- se acercó a Hermione para tomarla de los brazos y levantarla del sillón con fuerza- ¿que acaso no te criamos bien? ¿Somos unos fracasados entonces?- no pudo evitar zarandearla.

La cabeza de Hermione estaba por estallar, su garganta se iba cerrando de a poco, incluso podía sentir como todo alrededor se oscurecía, cerró los ojos para intentar calmar el temblor y el mareo que la estaba invadiendo, inhalo una gran bocanada de aire para después soltarla a la vez que se apartaba de los brazos de su padre.

-No papá- se apoyó al sillón que estaba a su espalda, todo le estaba dando vuelta- no, no, no y ¡NO!- gritó- ¡no son ningunos fracasados!, ¡no hicieron nada mal!, yo fui la que falle, yo - se señaló con vehemencia- si tan solo me dejaran explicarles...

-¿Que nos vas a explicar?, ¿me vas a salir ahora con que él ayudo a destruir a ese hombre?, ¿me vas a decir que no estuvo casi 7 años molestándote, insultándote, tratándote como si fueras inferior a él?- se acercó a ella de nuevo, pero esta vez con más fuerza- ¡Por favor, recapacita Mione!- el apodo usado por su padre la hizo tragar el nudo que se le había formado en la garganta- ¡Recapacita! Si no me veré... Me veré en la penosa obligación, de impedir que vuelvas a Hogwartz.

Su padre se volteó para salir de la sala, ya había dicho suficiente, quedaba en ella tomar el camino correcto, no podía permitir que su niña estuviera con un delincuente, un tipo que si no temía hacerle daño a cualquier persona, mucho menos a ella, que por lo que se veía la tenía en sus manos, su niña... ¿Cuando había cambiado, que no se dio cuenta?

-¡NO papá!- el grito a su espalda lo detuvo justo en el umbral- No vas a impedir que lo vea, tu... No puedes hacerlo.

-Desobedéceme y verás que si podré- eso fue todo, sin siquiera voltearse para decirlo, siguió caminando dejando a madre e hija en el salón.

Hermione que cada vez mas sentía un peso enorme en el estómago, logró sentarse a tiempo antes de que las piernas le fallaran y caer al suelo. Tomó sus manos, que en ese momento sí temblaban lo suficiente como para evitar que sostuviera algo con éxito, y las apretó con fuerza sobre su regazo. Las lágrimas no tardaron en caer de sus ojos a sus mejillas, no pudo evitar balancearse de adelante hacia atrás mientras su garganta emitía dolorosos quejidos, le dolía la boca del estomago, no sabía si lloraba por el dolor o por lo que le esperaba.

-Mione, mi niña- la arrulló su mama a su lado- ya mi niña, ya. Eso se le pasará, ya lo verás- tomó la cabeza de su hija entre sus manos, colocándola bajo su cuello para calmarla.

-Tu...Tu si me crees- gimoteó- ¿verdad mamá?

-Yo si mi vida...Yo si- no podía pronunciar mas palabras, estaba igual de preocupada que su marido, pero a diferencia de este, ella creía en el criterio de su hija.

Unos toques en su puerta lo interrumpieron de su labor, estaba arreglando todo para su viaje, sin magia, necesitaba tener las manos y la mente ocupada, su respuesta ya debería de estar allí, era casi las 11 de la noche, ¿por qué tardaba tanto?

-Pasa madre- gruñó sentándose en su cama.

-Que calurosa acogida - bromeó cerrando la puerta tras de sí- ¿ya arreglaste todo?- preguntó aunque era evidente que no, varias de sus ropas estaban regadas por el suelo, con claras muestras de no haber sido ordenadas.

-Creo que la respuesta es evidente ¿no?-respondió malhumorado.

-¿Quieres que te eche una mano?, nunca has sido muy bueno con los hechizos apiladores- comentó sacando su varita.

-No madre, gracias, estoy bien en serio- suspiró- puedo solo- con una floritura de su varita todo estuvo empacado en su baúl- solo...Quería hacer tiempo- confesó pateando una media que no logró guardar, porque era cierto, no era muy bueno con esa clase de hechizos.

-Hacer tiempo- no era una pregunta, su madre lo estaba estudiando detenidamente- ¿le has escrito?- adivinó.

-Si- dijo sin reparos- y no me ha respondido, si no lo ha hecho mamá es porque...

-Es porque -interrumpió- esta solucionándolo, no es fácil, su familia debe saber quién eres y quienes somos, sobre todo que hemos hecho- bajó la cabeza un poco avergonzada- pero lo hecho hecho esta, tenemos que mirar para adelante no hacia atrás- tocó su pálida mejilla como cuando era bebe- si esa chica, Granger, es para ti, lo será, sino tienes que superarla, es lo que nos toca por ser lo que somos, lo que fuimos-corrigió- tu padre no está muy feliz, pero como le he dicho repetidas veces, ya los tiempos oscuros pasaron, debemos avanzar, no estancarnos.

-Siempre he dicho que eres una mujer muy sabia madre- la alabó besándola en la mejilla- estoy muy orgulloso de tener una madre como tú.

-Y tu eres un chico muy apuesto e inteligente, mereces ser feliz- Draco casi pudo creer que sus ojos se empañaron justo antes de que ella apartara la vista y se despidiera apresuradamente saliendo de allí.

-Inteligente- murmuró- inteligente- repitió sintiendo que una antorcha se encendía en su mente.

La desaparición, siempre era la misa sensación agobiante de sentir que eras jalado por el ombligo a través de un tubo, luego después, cuando sentías que tu cuerpo estaba tomando su forma natural tocabas suelo firme y al abrir los ojos te dabas cuenta que la desaparición cumplía su objetivo. Con un traslador todo era algo diferente, pero los Malfoys preferían la desaparición.

Era extraño pasar año nuevo en otro país, pero un cambio de ambiente le hacía falta a los Malfoy, un respiro de la guerra, deseaban pasar año nuevo con diferentes personas, a las que conocían pero con las cuales no tenía mucho trato, formar fuertes lazos de amistad con nuevas personas, ayudaría a reformar el apellido Malfoy.

El nuevo año lo celebrarían en la casa solariega de los Malfoy, una gran casa con altos ventanales con vista a las montañas y al mar, ubicada en uno de los lugares turísticos de Australia, la casa abarcaba casi la totalidad de una cuadra.

Cuando entró, la casa estaba más arreglada de lo que esperaba, el jardín estaba adornado con diferentes mesas, sus manteles blancos resaltaban con el verde de la grava, varios puntos de luces iluminaban el patio, Draco supuso, desde un principio, que era obra de su mamá, ella era experta en eso. La cocina estaba abarrotada de comida, elfos domésticos trabajaban sin parar, varios platos se limpiaban y se acomodaban solos, mientras la comida iba saliendo despedida de los calderos cuando estaban listas.

-Madre- la llamó cuando vio que todo estaba fuera de control, la encontró en el salón, dándole unas ordenes a un elfo doméstico -Pensé que la pasaríamos solos.

-¡Oh!- parecía apenada- bueno... Si, hubo un pequeño cambio de planes.

-¿Pequeño? Madre ¿pequeño?- preguntó incrédulo.

-Puedes retirarte- le dijo al elfo y este con un ¡Plop! Desapareció-Si querido, todo esto nos servirá para entablar nuevas amistades, así tal vez levantaremos un poco el apellido Malfoy...

Draco bufó exasperado, que afán con levantar el apellido, ¡levantar a los muertos le resultaría más fácil!

-Madre, por favor...-replicó sin éxito.

-Ya lo hecho hecho está, ya invitamos a las personas y no cambiaremos de planes, he dicho- se volteó sin esperar a que él respondiera, alejándose de allí con su andar elegante.

-He dicho, he dicho, no cambiaremos de planes, ya lo hecho hecho está- la arremedó con una voz chillona.

-¡Te escuche jovencito!- le gritó asomándose por donde había salido.

-Oh, lo siento- agachó la cabeza ocultando una sonrisa, para después subir corriendo las escaleras hacia su habitación.

Su cuarto no era muy parecido al de su casa, pero eso era lo que le gustaba, se podía dormir en completa paz en esa habitación, si no hubiera tenido tantas preocupaciones en ese momento todo fuera diferente, pero ese era el problema…no todo era diferente. Si todo hubiera sido diferente ellos no estuvieran en esa situación, si todo hubiera sido diferente hubiera recibido de una vez la respuesta, si todo hubiera sido diferente no estuviera mirando en ese momento la lechuza parda que picoteaba su ventana…

Caminó apresurado hacia esta, ya quería saber cuál era su respuesta, dejó entrar a la lechuza y sin esperar a que estirara la pata, desató el simple pergamino que la lechuza llevaba y lo leyó.

Su sangre se heló y su pulso se aceleró…