Como si se estuviera congelando, así se sentía, el bosque a su alrededor sonaba. Lo podía jurar, aunque fuera extraño, el bosque sonaba, ruidos extraños como pequeñas marmotas escabulléndose. El susurro de algo arrastrándose la alertó, dio la vuelta sobre sus talones asustada para no encontrar nada. Algo extraño pasaba, podía sentir que alguien estaba cerca, casi respirando sobre su cuello.
—¿Ho-hola? —Tartamudeó asustada. Sintió que su cuello se erizaba — ¿Quién anda allí? — Demandó, integrándole un poco de confianza a su voz. Pero no hubo respuesta, solo el mismo sonido del bosque. —Estoy armada —agregó metiendo su mano en el bolsillo derecho de su falda para presionar con fuerza su varita.
—No la necesitaras — una voz estridente y molesta se oyó a su espalada justo cuando sentía como su aliento movía sus cabellos, lentamente dio la vuelta sobre sus talones sin soltar su varita. Conocía esa voz, esa chillona y soberbia voz.
—Bellatrix —sintió como el aire escapaba de sus pulmones. ¿Cómo podía ser? ¡Ella estaba muerta!¡Muerta!
—Granger, Granger — canturreó con su frenética voz —¿no has aprendido?, no puedes estar sola por el bosque, ¿Qué no te lo han dicho? — Negó con la cabeza —triste, triste… ¿qué pasa si te mato? —acercó su cara rápidamente a la de ella, Hermione trastabillo asustada, pero una piedra en su camino la hizo caer al suelo.
—No, por favor… —suplicaba Hermione mientras intentaba sacar su varita del bolsillo — por favor repitió cuando la varita de Bellatrix la apuntaba.
—Granger, salúda de mi parte a Dumbledor .
— ¡No! —Gritó.
— ¡Avada Kedabra! — Una luz verde la segó.
Abrió los ojos de golpe, sus manos tocaron con desespero la superficie en donde se encontraba. Sudaba, pudo notar su corazón palpitar a mil por hora. Las cortinas de su cama estaban echadas y un leve olor a tierra inundaba el ambiente. Inhaló profundamente pasándose las manos por la frente sudada, hacía tiempo que no tenía esas pesadillas, dejó de tenerlas tiempo después de la batalla de Hogwartz cuando todo acabó. Suspiró con cansancio, tener esas pesadillas pasaba factura, eso lo sabía muy bien, intentó descansar de nuevo, pero como ya suponía el mal sabor de la pesadilla seguía patente.
— ¿Esas ojeras? —Preguntó Draco cuando la encontró saliendo de su clase.
—No pude dormir bien —explicó con un bostezo —¿Descansaste?
—Si.
—Bien por ti, mal por mí —bromeó sin ganas.
—¿Qué te incomodó? —Preguntó mientras la tomaba de la mano. Se dirigían al comedor, pero el estómago de Hermione se retorció, no quería comer, su estómago permanecía cerrado.
—Pesadilla. —Fue su única respuesta.
—Pesadilla—repitió Draco. —Y… ¿qué pasaba?
—La verdad no tiene importancia, en serio —se disculpó por no querer hablar de ello —ya pronto estaré bien.
—Bueno… — dijo sin estar de acuerdo —solo…si necesitas hablar, sabes que estoy dispuesto a escucharte.
—Lo sé —sonrió —gracias por recordármelo. —Le dio un beso en la mejilla antes de sentarse en su mesa, él con renitencia, se dirigió a la suya.
—¿Amarga noche? — Le susurró Ginny cuando se sentó junto a ella.
—Si —suspiró Hermione frotándose la frente y reprimiendo un bostezo.
—Pesadillas de nuevo ¿eh?
—Si —repitió, pinchando con pereza un papa.
—¿Sabes que si no comes Malfoy vendrá y te obligará? —Hermione levantó la vista hacia la mesa de la serpiente, y si, definitivamente Malfoy la miraba con la ceja izquierda levantada a modo de advertencia. Suspiró con enfado, mientras se llevaba un papa entera a la boca. Masticó con exageración, para que él notara que comía, tragó con fuerza y le sonrió, luego abrió su boca y se la mostró. Malfoy asintió mientras reía y prestaba atención a su plato.
Por obligación le quedó a Hermione seguir comiendo, obligó a su estómago a comer la cantidad necesaria. Al terminar se limpió la boca con una servilleta, dirigiendo de nuevo sus ojos a la mesa donde se encontraba su prometido.
Prometido pensó riendo. Sin embargo lo que sucedió después posó un sabor amargo en su boca. Spinnet se dirigía hacia él con una copa de zumo de calabaza. Malfoy algo turbado lo recibió y con un asentimiento de cabeza le agradeció, Spinnet se sonrojó y se dirigió de nuevo a su mesa.
Dejó la copa a un lado, la suya todavía estaba casi intacta. Como si hubiera leído sus pensamientos, un codo impactó con su copa de jugo, el líquido se derramó por la mesa, sacó su varita para limpiar el desastre antes de que el líquido callera sobre sus pantalones. Miró al chico que estaba a su lado con enfado, el chico parecía turbado y confundido, miró a todos lados como si quisiera encontrar algo, suspiró meneando su cabeza, para luego disculparse con Malfoy con frialdad.
Miró la copa que Spinnet le había dado, para después agarrarla y llevársela a los labios, tomó el jugo con gusto, estaba helado y su garganta de repente seca. Cuando acabó su copa, inhaló una gran bocanada de aire.
Su mirada se dirigió hasta la mesa en donde se encontraba ella, su cabello dorado le llamó la atención, parecía más brillante de repente. Sintiendo su mirada, Spinnet le sonrió con simpatía, algo se contrajo en el estómago de Malfoy, frunció el seño extrañado, sin embargo no pudo evitar devolverle la sonrisa. Algo nuevo estaba aflorando dentro de él.
Pasadas las horas había llegado el momento de dirigirse al comedor para cenar y dormir. Malfoy se le acercó a Hermione para darle un beso en el cuello, su mirada por inercia se dirigió hacia el libro que ella leía.
Verano 98 pensó sonriendo con simpatía, un recuerdo en particular acudió a su mente, ellos dos en la biblioteca, sobre la mesa y desnudos. Podía recordarlo a la perfección como si hubiera pasado el día anterior.
—¿Nunca te cansas de leerlo? —Preguntó cuando se sentó a su lado. Ella lo miró a la cara antes de responder.
—Es una de mis novelas favoritas—se encogió de hombros mientras lo cerraba con cuidado.
—Lo sé, me he dado cuenta de ello. —Comentó con ironía. —¿No estás cansada? —Indagó tomando una tostada—deberías—se auto respondió—yo estoy agotado.
—¿Agotado? ¿De qué?
—Pues he…—una mano en la mesa llamó su atención, levantó la mirada y la deslizó por el brazo que precedía a la mano, pasó por su cuello y luego a su cara. Esos ojos lo dejaron mudo.
—Hola Malfoy—saludó Spinnet sonriendo afable— ¿Cómo estás?
—Bi-bien—tartamudeó. Hermione lo miró impactada, fingió no darse cuenta de lo sucedido comiendo otra tostada. Malfoy carraspeó incómodo— ¿y tú, como te encuentras? —Preguntó con formalidad.
—Muy bien, gracias—sonrió, otro retorcijón en el estómago para Malfoy—Oye, quería preguntarte algo, ¿te importa si me siento?
—De ninguna manera—respondió automáticamente. Ella se sentó un poco sonrojada.
—Necesito que me hagas un gran favor Malfoy—lo miró suplicante, cuando él asintió para que continuara prosiguió—Me han dicho muchas personas que eres el mejor en encantamientos, que has logrado hacer fabulosos hechizos…—dijo alimentando su ego a millones— que eres un maestro en el arte de…
—Spinnet, quien te dijo eso de seguro exageró—la interrumpió Malfoy, solo para parecer humilde, pero sabía muy bien que era cierto. Su apellido Malfoy salió a flote con ese pensamiento, lo desterró con una mueca que Spinnet malinterpretó.
—¡No!, claro que no exagero, estoy segura de que es cierto y por eso he venido a pedirte, a suplicarte si es preciso, que me ayudes a mejorar varios de ellos, he tenido muchos problemas para aprender…
— ¡Que novedad! —murmuró Hermione interrumpiéndola, Malfoy la miró advirtiéndole que no siguiera, Hermione rodó los ojos disgustada.
—¿Disculpa, dijiste algo? —Preguntó Spinnet con una mirada intrigante.
—No, nada—hizo un ademán con la mano para restarle importancia al asunto—Sigue—instó mordiéndose la parte interna de la mejilla.
—Como te decía—continuó posando la mirada de nuevo en Malfoy—he tenido muchos problemas para aprender el pronunciamiento correcto de los hechizos incluso algunos movimientos ¿puedes creerlo? Yo, a estas alturas, con problemas tan simples como esos. Soy una tonta—se rió apenada de sí misma.
Si, puedo creerlo pensó Hermione jugando con una manzana.
—No, no eres tonta Spinnet, solo necesitas práctica. —La consoló.
—¿Tú crees?
—Pues claro, tú…
Ya basta pensó Hermione levantándose de la mesa fastidiada.
—Malfoy voy a mi sala…
—Ve tranquila, pronto te alcanzo.
¡Ni siquiera la miró para decirle eso!, su mirada seguía posada en ella, como si fuera lo más perfecto del mundo, ella conocía muy bien esa mirada, antes de ese momento en particular el solo se la había dirigido a ella, pensó, cuando sintió un nudo en la garganta.
Hermione se dirigió hirviendo de furia hacia su sala común, sin importarle quien pasaba por su lado o quien la llamaba, solo quería llegar y dormir profundamente esperando que todo fuera un sueño, un gracioso pero horroroso sueño.
¿Qué le pasaba? ¡Era Spinnet por todos los cielos!, no tenía cerebro.
Furiosa entró a la sala común para dirigirse a su habitación. Piso fuerte los primeros tres escalones, ya para los siguientes sus piernas estaban dormidas. Un poco de ejercicio no le caería nada mal, pensaba, concluyó que al siguiente día empezaría pero, cuando se desvistió y se acostó en la cama, su cuerpo se relajo a tal manera que solo pudo pensar: Dentro de una semana quizás.
Y sus ojos se cerraron.
Los primeros rayos de luz entraron por su ventana, un cielo encapotado era lo que el día anunciaba, fuertes precipitaciones se podría sentir que caerían dentro de poco, el aire estaba denso y las hojas de los enormes arboles se movían sin cesar. Hermione se estiró en su cama, provocando que su cobija callera al suelo, seguía cansada pero sin embargo, se levantó para recoger el cobertor y dirigirse al baño.
Cuando estuvo en la ducha y el agua caliente toco su cara, se acordó de lo sucedido el día anterior y la furia, olvidada en la noche de manera extraña, surgió de nuevo en ella.
Cuando estuvo lista para ir a clases, se miró por un instante en el espejo antes de partir. Podía darse cuenta que había subido unos cuantos kilos perdidos, su cara se veía más compuesta y las ojeras bajo sus ojos habían desaparecido.
Al llegar al comedor le extraño no haberse encontrado a Malfoy ni dentro ni fuera, por lo general él siempre la alcanzaba o la esperaba adentro, pero ese día, ese en particular, pronosticaba amargos momentos. Pero no tardó mucho en ver porqué, justo cuando miraba a la puerta del comedor encontró a Malfoy adentrándose, sin embargo, había algo del antiguo Malfoy en su mirada, eso la inquietó, mucho más cuando, sin previo aviso, sus pasos se dirigieron hacia una mesa en específico y no era exactamente la de Griffindor…
Hermione vio con repentino dolor como acercaba los labios a la mejilla de Spinnet y la saludaba con una tonta sonrisa, Spinnet le ofreció algo de jugo de calabaza que él aceptó gustoso, bebió un sorbo y se dirigió, esa vez, hasta su mesa, se sentó a su lado y sin una sonrisa ni un saludo, tomó una tostada.
—¿Cómo dormiste? —Preguntó ella, reprochándose internamente del leve temblor que había en su voz.
—Bien—respondió el, frunciendo los labios como si tuviera algo agrio en la boca.
—Me alegro…Hoy me levanté con tanta rapidez que mi cobija quedó tirada en el suelo—trató de aligerar el ambiente, aunque sabía que su chiste no era nada gracioso, no se le ocurrió otra cosa que contar.
—Pues, deberías tener más cuidado—musitó con amargura.
—¿Estás preparado para la clase de hoy? —Intentó de nuevo, tratando de no perder la calma.
—Siempre estoy preparado Granger—respondió ofendido untándole mermelada a su pan.
—Solo lo dije para ver si así se ablandaba tu humor—respondió tomando un poco de jugo.
—Mi humor está bien, por lo tanto puedes cerrar la boca y comer en silencio.
—¿Qué demonios te pasa? —Suspiró furiosa sin mirarlo.
—No empieces con tu drama, no tengo paciencia para aguantarlo—Draco se levantó de la mesa lanzando la servilleta sobre ella, Hermione vio la servilleta caer en cámara lenta y estaba segura que en cuanto esa servilleta tocara la mesa, nada sería igual, sus pronósticos fueron correctos, cuando con una incrédula mirada él se dirigió hacia la mesa donde se encontraba Spinnet, observó como ella le sonreía y lo escuchaba mientras él hablaba, con mucho interés. Luego con una imperceptible sonrisa Spinnet la miró y allí mismo lo supo.
Draco estaba atrapado.
