Era viernes dieciséis de febrero, había pasado una semana desde que Malfoy le había enseñado la foto y todavía no podía dar crédito a lo que veía. Porque era cierto, había dos personas besándose, pero no precisamente ella, esa no era ella. Su cabello no era rubio, ni su piel tan pálida y definitivamente no se llamaba Lisa Spinnet. Porque la que estaba en la foto era ella, Lisa, besándose con otra persona, precisamente con William.
¿William? se preguntaba. ¿Cómo pudo suceder eso?
Todo era un completo enredo, definitivamente Draco andaba confuso. Pensó en un hechizo para confundir, pero analizó la situación y un hechizo no sería ni tan potente ni tan duradero. Era algo más, estaba segura, algo mucho más complicado y profundo. Quizás una potente poción alucinógena.
No podía pensar con claridad, los días pasaban y solo veía como cada día Spinnet tejía su telaraña alrededor de Draco, cada vez más, mucho más.
Los veía en todas las comidas juntos, hablaban, se miraban y muy sutilmente se tocaban. Sentía que ante cada mirada, cada tocada, cada sonrisa, su corazón se estrujaba, pero había decidido que no se quedaría así, para ella Hermione, él seguía siendo su novio y su prometido, así Spinnet pensara que había ganado la batalla.
En el transcurso de la semana, había intentado hablar varias veces con William, pedirle una explicación por lo que la foto mostraba. Era imposible que William estuviera besando a Spinnet en esa foto, definitivamente ella no era su tipo, en absoluto, ¡Para nada!. Pero, en lo que restó de semana, nunca lo encontró a solas y estaban completamente absorbidos por los EXTASIS.
Todo Hogwartz estaba enterado de la noticia, su ruptura con Draco había sido evidente, cuando empezaron a ver su permanente distanciamiento. Sus compañeros intentaron pedirle explicaciones, pero hasta ese momento de su boca no había salido ni una palabra de lo sucedido.
Era preocupante para sus amigos verla como estaba, pero el motivo de su silencio era un completo misterio para ellos. Lo cierto era que, a cada paso que daba, ella pensaba en diferentes maneras de cómo empezar a investigar lo sucedido. Pretendía empezar interrogando a Spinnet con veritaserum, pero eso sería aparte de ilegal, muy arriesgado.
Era sábado, cuando Hermione decidió bajar e ir a buscar a William, no fue muy difícil encontrarlo, era temprano y el comedor estaba llenándose por los estudiantes que bajaban para desayunar. Él estaba en su mesa cuando ella se sentó a su lado, no pudo evitar que una sonrisa se extendiera por su rostro al mirarla.
—Hermione—la saludó sonriendo— ¿Cómo estas preciosa? —bromeó con un inocente coqueteó.
—Mackenzie, no coquetees conmigo. —Fingió ofenderse—soy una mujer decente, por todos los cielos.
Él no pudo evitar reír, meneó la cabeza en una vaga muestra de diversión, para después mirarla a la cara.
—¿Qué te trae por aquí? —preguntó repentinamente serio.
Hermione dirigió su mirada ausente por todo el comedor mientras hablaba.
—Quiero hacerte unas cuantas preguntas—suspiró—unas más extrañas que otras—una risa sin humor salió de sus labios—es algo…delicado. —consiguió decir luego de pensar la palabra exacta para describir la situación en la que se encontraban.
—Ya me extrañaba que me buscaras—bromeó de nuevo.
—¡Sabes bien que trato de estar contigo por todo los medios! —replicó indignada.
—Hermione—la llamó obteniendo su atención—solo bromeaba. Cálmate, estás estresada y…—posó las manos en sus hombros—definitivamente tensa. Debes calmarte, vas sufrir de envejecimiento prematuro.
—Psicológicamente ya estoy vieja—replicó riendo—no trates de negarlo. —Hermione suspiró con agrado cuando las manos de William presionaron un musculo tenso.
—No suspires así. ¿Acaso no sabes lo que puedes provocar en los hombres suspirando de esa manera? —le susurró al oído.
—Yo no te gusto, no soy tu tipo—le siguió el juego.
—Pero puedes serlo—le susurró de vuelta mordiéndole el lóbulo de la oreja. Hermione no pudo evitar soltar una carcajada ante esa perspectiva.
—Deja de bromear William—rió Hermione. William rió de vuelta.
—Bueno, bueno…solo decía—dijo levantando las manos hacia el cielo con inocencia.
—No pu…
—Ensuciándote las manos Mackenzie…—Dijo una gruesa voz frente a ellos. Ellos dos y todos los del comedor miraron a la persona que había hablado.
Otra vez a las andadas pensó, justo antes de que otro zarpazo fuera hacia ellos.
—Bueno, debo decir que desde hace tiempo están…¿Mugrientas?, si se podría decir de forma delicada.
—Más limpias que nunca, cosa que no se puede decir de tus manos…—miró a Lissa con desagrado—y de tu mente.
Lissa se encontraba a su lado tomada del brazo de él, mirando la escena con fingida seriedad. Hermione al verla, sintió la rabia bullir desde la boca del estómago, la miró sin demostrar ninguna expresión en su cara. Ella le devolvió la mirada con una pequeña sonrisa, eso fue todo lo que pudo aguantar, de un salto se paró de la silla y avanzó hacia Spinnet.
—¡Hermione! —exclamó William tomando a Hermione de la mano. —Dame eso…—susurró cerca de ella, al tiempo que con disimulo retiraba el punzante cuchillo de sus manos.
Hermione observó como William devolvía el cuchillo a la mesa, se miró la mano impresionada y regresó la mirada a Spinnet que la miraba asustada. Tragó en seco mientras pestañeaba confusa, todo había sido muy repentino, no se había percatado de que había tomado el cuchillo entre sus manos con fuerza. Dirigió su mirada de nuevo hacia Spinnet y notó como Malfoy estaba frente a ella ocultándola, mejor dicho, protegiéndola. Hermione sintió que sus ojos se humedecían. Lo miró a los ojos repentinamente agotada.
—Antes hubieras dado la vida por mí—murmuró tan bajo que solo él, William y Spinnet la pudieron escuchar. Hermione se retiró del comedor con la mayor dignidad posible, evitando desintegrarse frente a ellos.
—Te quiero lejos de ella—le comunicó William a Malfoy mirándolo enojado.
—Es toda tuya—dijo sin poder evitar que sus dientes rechinaran. —Siempre lo ha sido ¿no?. Llévatela, cásate con ella, tengan un montón de hijos mugrientos si quieren, pero traten de mantenerse apartados de mi vista, tu y ella me lo deben.
Malfoy se retiró del comedor siguiendo el mismo camino que Hermione, Lissa miró a William a la cara antes de ir tras Draco.
Hubo dos cosas que William notó.
Uno, que estaba confuso ¿Qué él y Hermione le debían algo a Malfoy?
Dos, la mirada de Spinnet, una muy parecida al temor.
El lunes Hermione caminó por los pasillos hacia el área de los jardines, ya casi la hora de desayuno terminaba y empezarían las próximas pruebas de los EXTASIS en cualquier momento, esperaba que todo fuera bien, ya estaba harta de todo, quería alejarse de los problemas, de todas las personas, quería estar a solas…pero con Draco.
Se sentó en un banco junto a un frondoso árbol, se apoyó contra el respaldo de la banca, suspiró mientras cerraba los ojos y se masajeó con ahínco las sienes.
Hay algo que se me escapa, estoy muy segura
Abrió los ojos mirando al cielo.
Había una pócima, ¿Cómo se llamaba?...Confusio…Confusu…¡Confiasco!
Recordaba haberla leído en la clase de pociones de tercer año. La pócima provocaba confusión patente en la persona que lo tomaba, hasta que ingiriera el antídoto que contrarrestaba los efectos de la formula, luego la persona caía en un pesado sueño de casi dos días, para después levantarse mareada y fatigada.
Eso no le gustará
Pero debía hacerlo, después de la prueba se pasearía por la biblioteca para releer sobre la fórmula y encontrar el antídoto.
El día de las pruebas llegó a su final sin contratiempos, a excepción del altercado sucedido en el comedor en la mañana. Hermione como había decidido, caminó hacia la biblioteca. Madame Prince la saludó con cortesía al verla pasar antes de dirigirse hasta la sección de pociones.
Buscó el libro, se encontraba exactamente donde recordaba que lo había dejado. Una leve capa de polvo lo cubría, era evidente que no había sido usado en mucho tiempo. Lo sacó con las dos manos de su lugar, el libro era grande y grueso, así que tuvo que hacer mucho esfuerzo para cargarlo hasta la mesa sin hacer mucho ruido.
Abrió el libro y buscó en el índice la poción que le interesaba.
Confiasco. Potente poción alucinógena. leyó. Así que era alucinógena pensó releyendo la frase, alucinógena, pero no provocaba confusión. No contenía amortentia tampoco, así que las miradas de Malfoy dirigidas hacia Lissa después de todo eran reales. No, no podía ser. De seguro había agregado una mínima gota de amortentia mezclada con una leve gota de jerez, para hacerla más liviana, casi imperceptible para el cuerpo. Quizás por eso el comportamiento de Malfoy en poco tiempo cambió, fueron pequeños cambios, pero visibles.
La unión de esas dos pociones, pensándolo con claridad, pudo haberle traído efectos secundarios a Malfoy. Hermione apoyó la frente sobre su libro abierto. No podía ser que Lissa pudiera ser tan insensata.
Hermione levantó su cabeza, de hecho si podía ser, creía a Lissa capaz de eso y más, era una completa loca.
Soltó un gemido mientras se tomaba los cabellos entre sus manos. Esa era una maldición, tenía que serlo, todo iba bien y de repente, como una burbuja, estalló y se desintegró su relación. Le había empezado a doler la cabeza de tantas veces que la golpeó contra el libro. Decidió buscar la sección de antídotos, uno completamente efectivo. Lo encontró, no muy lejos de la página que había leído, pero su alma se calló a sus pies cuando vio los ingredientes. La formula necesitaba, a pesar de los ingredientes, una cocción de dos semanas.
¡Dos semanas! No creía que pudiera aguantar tanto sin golpear a Lissa o secuestrar a Malfoy. Secuestrarlo…de seguro sería bueno hacerlo, pero no en esos momentos cuando estaban presentando los EXTASIS. Sería injusta con Malfoy. Pero podía hacer una poción multijugo para transformarse en él y sustituirlo en…
Para Hermione, ¡Te estás volviendo loca e histérica! meneó la cabeza con desagrado. Las situaciones difíciles llevaban a decisiones difíciles.
—Los ingredientes…—suspiró al tiempo que los anotaba en un pergamino—imbéciles. ¿No pudieron inventar un antídoto más sencillo? Son magos por Merlín, deberían facilitar el proceso, no empeorarlo. Imbéciles—repitió en un fúrico susurro. Anotó con mucha más fuerza de la debida las últimas palabras, antes de enrollar el pergamino y levantarse de la mesa. Colocó el libro en su lugar y se dispuso a salir de la biblioteca.
Al cruzar una de las esquinas que daba a los pasillos del comedor, supuso que todos estarían cerca del lago, aprovechando su día, o en sus salas comunes, divirtiéndose, algo que no hacía ella últimamente.
¿Hace cuántos días no se reía, a excepción de esa mañana con William? ¿Cuatro? ¿Cinco? , no lo sabía con exactitud, pero estaba segura que hacía casi una semana. Pensando en William recorrió las partes más concurridas del colegio en su busca, su conversación en la mañana había sido interrumpida por la repentina llegada de Malfoy y esta era primordial, necesitaba explicaciones y ese día, fuera como fuera, las encontraría.
Era algo engorroso encontrar a William, Hogwartz no era pequeño y caminar por un pasillo concurrido de gente no era lo más fácil del mundo cuando se va rápido. Le tomó cierto tiempo encontrarlo, estaba junto a Sharon, una estudiante de quinto, menuda pero carismática. Le caía bien, sobre todo cuando se reía, tenía cierto tinte jocoso.
—Will…—lo llamó falta de aire justo cuando llegó a su lado—Will…—repitió tratando de recobrar la compostura—William…
—Sí, así me llamo—bromeó él mirándola preocupado—¿Te encuentras bien? ¿Corriste un maratón o qué?
—No lo hice, pero siento como si lo hubiera hecho—respondió colocando una mano sobre su costilla que punzaba—¿Quién puede agitarse tanto con solo caminar rápido?
—Una persona que está operada como tú—cuestionó mirándola con reproche—¿Me disculpas un momento Sharon? Necesito conversar con cierta chica insensata.
—No hay problema, los dejo—se despidió sonriendo— No peleen mucho ¿eh?
—Adiós—respondió Hermione con una sonrisa apenada—Necesito hablar contigo, es de urgencia—le dijo a William.
—Y tú, necesitas unas cuantas reprimendas, ¿cómo puedes estarte agitando tanto?
—Ya ha pasado tiempo desde mi operación, creo que ya está más que curada—se quejó.
—Pues no te arriesgues tanto.
—Will—lo miro con cansancio—no vine a hablar de esto, necesito hacerte ciertas preguntas. ¿Podemos ir a un lugar más privado?
—¿Como cual?
—¿La sala de los menesteres, quizás?
—¿Va a ver una cama allí?
—¡William!
—Está bien, solo bromeaba, solo bromeaba.
Caminaron con disimulo hacia la sala de los menesteres, lo último que esperaba ella era que se rumoreara que había entrado William y ella solos en la sala. Ya tenía suficiente con que Draco pensara que ella se acostaba con Mike como para agregar otro problema al asunto.
Cuando entraron, la sala de los menesteres estaba transformada en una cómoda sala de estar. Había mullidos sillones alrededor de una mediana mesa ovalada de roble, el piso estaba tapizado, la chimenea encendida agregando un cálido calor a la estancia. Sobre la mesa se podían apreciar variados aperitivos, listos para ser ingeridos en cualquier momento.
—¿Tienes hambre? —preguntó William acercándose a la mesa. Tomó una rana de chocolate y la mastico con gusto. —Tiene relleno—murmuró con la boca llena de chocolate.
Hermione se acercó a un sillón y se sentó, escapándosele en el transcurso un hondo suspiro. Mike se sentó junto a ella, tomando a su vez una copa de jugo de calabaza.
—Es horrible—fue lo único que pudo murmurar Hermione antes de quedarse callada.
—Háblame—la instó William mientras la abrazaba.
—¿Besaste a Spinnet? —preguntó Hermione de repente. William que casualmente tomaba un sorbo de su jugo lo escupió sobre el suelo tapizado y sin limpiarse la miró alarmado.
—¿Disculpa? —fue todo lo que podía preguntar.
—William… mira—le enseñó la foto que tenía guardada con tanto celo—¿Puedes recordar algo de esto?
—Creo que voy a vomitar…—susurró él mirando la foto impactado.
—William…todo esto es un enredo—se quejó apoyándose en el respaldar. —¿Ves? Por esta foto Malfoy terminó conmigo, cree que tu y yo nos acostamos…Lisa es una arpía, le ha estado agregando Confiasco a todas las bebidas de Malfoy y no solo eso, estoy casi segura de que ha combinado dicha fórmula con amortentia…
—No puedo creerlo…—fue la única respuesta de Mike—Estoy besando a Lisa…—comentó con cara de desagrado—En la boca…—agregó como si no pudiera creerlo.
—¡William! —Exclamó Hermione exasperada—Intenta pensar como sucedió esto.
—¡Coño!
No había sido fácil poder obtener la información de la boca de William, pensaba con detenimiento Hermione mientras estaba acostada. Tenía hasta ese momento cierta idea de lo que había sucedido, pero si lo que pensaba era cierto Lissa estaría en graves problemas. Usar el Imperio y el Obliviate no era legal en ningún lugar del mundo mágico. Si tenía suerte quizás podría desentrañar todo ese asunto, mucho antes de perder a Malfoy por completo, pero necesitaría actuar rápido, a la mañana siguiente se pondría manos a la obra.
¡Ya era sábado! Le costaba creerlo después de una semana tan agotadora. Los acontecimientos fueron variados, hubo desesperación, enojo, confusión, algo de decepción pero mucha emoción. Paso de la siguiente forma, el martes Hermione pudo obtener a través de Hagrid tres de diez ingredientes necesarios para la formula. En varios de los exámenes que presentó esa semana hubo confusión, su mente estaba tan alejada de los exámenes, que perdía el tiempo pensando más en cómo acabar con todo el problema que en estudiar. El jueves su enojo había llegado casi hasta las nubes, había visto como Malfoy besaba a Spinnet justo cuando ella pasaba enfrente de ellos, suponía que más tenía que ver Spinnet en el beso que Malfoy en sí. Se sintió decepcionada, porque por alguna estúpida e incoherente razón suponía que Malfoy y Spinnet no podrían llegar más lejos.
Cómo si fuera posible
Ese día había salida a Homsgade, aprovecharía para pasar por el callejón Knoclut, uno de los más oscuros y peligrosos callejones. Recordaba que Harry en segundo año, se había perdido cerca de ese callejón.
Intento decirle a los chicos que la acompañaran, pero a su pensar, era mucho pedir. Solo ella y William sabían lo que en verdad significaba poder realizar la fórmula que contrarrestara el efecto, para volver a Malfoy a la normalidad.
Al salir de Hogwartz enrolló su bufanda en torno a su cuello y se dispuso a montarse en las carrozas que la dirigirían hacia Homsgade. Harry la alcanzó justo antes de entrar a la carroza, Ron, Hermione, Luna y Ginny lo siguieron. Un breve silencio flotó en el interior. Sin pensarlo Hermione carraspeó incómoda.
—Que frio hace…—comentó Ron, intentando con todas sus fuerzas romper el silencio.
—Sí, el día amaneció frío. —corroboró Ginny como si no fuera obvio.
—Puede ser que se espere una nevada…—Harry iba a proseguir, pero algo en la cara de Hermione lo incomodó.
Un largo silencio inundó de nuevo el interior. Hermione miraba sus manos sin saber que decir, sabía que tenía que hacerlo, pero no sabía cómo. Últimamente había estado tan aislada de ellos que incluso le intimidaba hablarles. Se preguntaba en ese momento como sería contarles todo a sus amigos y que la ayudaran. Willian no podría ayudarla solamente, necesitaba más apoyo, necesitaba a sus amigos.
—Puedes decírnoslo—casi susurro una soñadora voz—aunque los Nopulus te torturen, no pueden retener tus pensamientos por mucho tiempo. —observó Luna.
—¿Nopu…?—intentó preguntar Ron.
—No preguntes—le sugirió Harry cortándolo.
—No hay ningunos Nopocos zumbando alrededor de mi cabeza—replicó Hermione, mirándola con timidez.
—Nopulus—corrigió Luna—No puede ser cierto, los estoy observando.
Todos por instinto dirigieron su mirada hacia la cabeza de Hermione, incluida Hermione que elevó su mirada al techo, como si de esta manera pudiera percibir algo. Todos resignados menearon sus cabezas disgustados a excepción de Luna que seguía viendo los supuestos Nopulus.
—Luna…—tanteó Hermione—nada perturba mis pensamientos.
Hermione rogó para que Luna no diera otra muestra de sinceridad de su parte. Pero eso era, en definitiva, pedir demasiado. No podía pedirle tanto a la vida.
—Creo que William es un buen chico—comentó como si se tratara del clima. Los demás le dirigieron a Luna una mirada asesina, a excepción de Hermione que se atragantó con el propio aire.
—Si—carraspeó—es un buen chico.
—Que te hayas besado con William estando con Malfoy, no te hace una mala persona Hermione. Solo una persona dominada por los Nopulus.
—Maldición—masculló Ron por lo bajo.
—¿Qué…Qué quieres decir? —tartamudeó Hermione, acomodándose en el asiento hacia ella.
—Pues que no debes sentirte mal porque todos te consideren una fácil, ellos no saben que los Nopulus te dominan…—explicó Luna antes de ser cortada por Ginny.
— ¡Luna! —exclamó Ginny fingiendo una sonrisa—sí que eres graciosa, Luna y sus cosas.
Los demás, Harry y Ron, le siguieron el hilo a Ginny, fingiendo reir.
— ¿Quién está diciendo eso? —indagó Hermione. Pensaba que eso solo lo sabía William, Malfoy y…Spinnet, a parte de ella.
—Pues…—Ginny la miró a la cara—Es un rumor que corre en todo el colegio…Dicen que Malfoy recibió una foto en la que tu y William, salían… pues…ya sabes, besándose.
— ¿Y Malfoy ha oído eso?
—No lo creo, nadie aguantaría su enojo si llegara a sus oídos. —respondió Ron, tomando confianza.
—Qué bueno que alguien sea sensato—comentó con sarcasmo Hermione—pero lamento decepcionarlos, yo no me bese con William.
— ¡Lo sabía! —exclamó Harry, levantándose de su asiento repentinamente. Su cabeza chocó contra el techo de la carroza, en ese momento, una de las ruedas cayó en un hueco y Harry se resbaló cayendo en el suelo con estrépito.
Ginny se apresuro a auxiliarlo, lo tomó del brazo ayudándolo a sentarse de nuevo.
—¿Estás bien? —pregunto más preocupada de lo que debía. Carraspeó incómoda—No quisiera que quedaras a parte de miope con algún trastorno psicológico—bromeó riendo sin mucha gracia. Todos la miraban y, entre ellos, Harry con una pequeña sonrisa. —Entonces…—prosiguió Ginny desviando su atención de ella—¿No te besaste con William?
—¡No! —respondió Hermione como si fuera lo más loco del mundo—Por supuesto que no, nunca lo haría, amo a Malfoy. ¡Por todos los cielos! —susurró tapándose la cara, por confesarlo tan abiertamente. —Nunca haría nada que lo lastimara. Sería como hacerme a mí misma daño.
—¿Y lo de la foto…?—intervino Ron dejando la pregunta inconclusa.
—Spinnet—replicó Hermione escuetamente—la perra de Spinnet.
—Spinnet—repitieron Ginny y Luna con enojo.
—Es una zorra ¿Qué fue lo que hizo? —preguntó Ginny enojada.
—Confiasco…—miró a lo lejos con enojo.
—¡Confiasco! —exclamaron Luna y Ginny.
—Con pequeñas gotas de amortentia diluidas con un poco de jerez. —terminó de explicar.
—Pero…eso puede ser peligroso—articuló Luna sin poder creérselo. —siempre supe que Spinnet tenía en su estómago varios Empus.
Todos ignoraron ese repentino comentario de Luna, preferían no caer en discusiones.
— ¿Has tratado de hablar con Malfoy para explicarle? —Harry se sentó a su lado, tomándola de la mano, fue un gesto que apreció en silencio.
—Una vez, justo cuando discutimos traté de explicarle, pero…no me creyó.
—Es horrible—la apoyó Ginny—no solo por ti, Malfoy debe de sentirse destrozado.
—Debió sentirse al principio destrozado—la corrigió Hermione—Ahora está bajo los efectos de la amortentia.
—Todavía el efecto en su organismo no es completo—interrumpió Ron —he visto como te mira Hermione, cuando tú no estás mirando a su mesa, es como si él quisiera tomarte y…bueno, no tengo que seguir diciendo lo que ya todos saben—sus orejas enrojecieron—estuve bajo el efecto de la amortentia, Harry estuvo presente, no recuerdo nada de lo que hice. Malfoy parece tener conocimiento, Spinnet no es idiota, la dosis de amortentia que le está suministrando son muy pequeñas. Si no fuera así, Malfoy estaría trepando en las paredes por ella.
—¿No piensas hacer nada? —preguntó Luna. —Puede ayudarte a quitarles los Empus de su estómago.
—Tengo una idea mejor—Hermione ignoró lo último dicho por Luna—He encontrado el antídoto para contrarrestar los efectos del Confiasco. Necesito varios ingredientes, siete para ser más específicos. Gracias a Hagrid tengo tres.
—Bueno, podemos acompañarte a donde vayas para comprarlos. ¿A qué parte de Homsgade vas? —preguntó Harry, sin sospechar en la respuesta de Hermione.
—Al callejón Knoclut.
—¡¿Qué?! —gritaron todos.
—Hermione—susurró Ron tras ella adentrándose en uno de los oscuros callejones—esto es una locura.
—Locura fue enfrentarnos a Voldemort e igual lo hicimos—respondió de la misma forma.
—¿Por qué susurran? —dijo Ginny en voz alta.
—¡Shh! —la callaron todos a la vez. Ella colocó los ojos en blanco, desde que habían empezado a recorrer el callejón Knoclut hablaban en susurros, como si alguien los pudiera escuchar. Esos callejones eran solitarios, desiertos, casi nadie los transitaba.
—Podemos avanzar más rápido, ¡la tienda está a seis pasos de donde estamos! —susurró Ginny para complacerlos.
Los chicos apresuraron el paso, solo Hermione se dispuso a entrar en la tienda mientras los demás custodiaban afuera, como si fuera necesario. En los tiempos de Voldemort ese callejón solía ser peligroso, ahora solo quedaban unos que otros vándalos vagando por allí, junto con los dueños de las tiendas. Seguían siendo tiendas de artefactos oscuros, pero solo algunas personas la frecuentaban.
La campanilla de la puerta sonó al abrirla Hermione. El piso bajo ella crujió al dar un paso adentrándose y Hermione tragó en seco. Las paredes estaban repletas de artefactos desconocidos para ellas. Cráneos pintados de negro, frascos con espigas que se movían como larvas, raros especímenes en cajas de vidrio, gusanos como el color de la sangre de doble cabeza, una mano mohosa que se serraba entorno a un cuchillo de doble filo. Su cuerpo se erizó al percatarse de estos artefactos. El encargado que se encontraba en el mostrador, levantó su mirada del libro con aburrimiento, como si todos sus días fueran iguales. Suspirando el señor preguntó:
—¿Qué quieres? —su mirada la recorrió de arriba abajo, estaba segura que no era para admirar su figura. Debido al frío había decidido abrigarse completamente, desde guantes hasta bufanda.
El señor al observarla con atención, perdió color en su rostro.
—¡No señor, no es lo que…!—trató de detener Hermione lo que se avecinaba.
—¡Tu! ¡No me llevaran a Azkaban! ¡Nunca! —él tomó su varita, lanzando un hechizo directo hacia Hermione, ella saltó para esquivar el hechizo a tiempo.
Hermione miró para atrás impresionada, la vidriera que estaba cerca de la puerta la había trancado, impidiendo el paso de sus amigos.
—¡Nunca!
—¡Deténgase ahora mismo! —gritó con todas sus fuerzas antes de esquivar otro hechizo. Un bombarda a su espalda, provocó que los escombros que trancaban la puerta volaran por todos lados. Harry se encontraba con su varita en mano, se adentró tomando a Hermione del brazo para sacarla de allí.
Ver la cara de Harry Potter, fue lo que el encargado de la tienda necesitó para que arremetiera contra todos ellos. Una idea estúpida por parte del señor, al ver que no solo eran dos, sino cinco personas en contra de él. Pero entre los pensamientos de los chicos no estaba meterse en más problemas. Siete años de su vida había sido más que suficiente.
Antes de que el señor lanzara un hechizo en contra de ellos, Harry y Hermione junto con los demás, corrieron como nunca antes. Lo que no imaginaron fue, que los dueños de las demás tiendas y vándalos se unirían a la emboscada de su atacante.
—¡Corre, Corre, Corre! —le gritaba Ron a Luna acelerando su paso. —Sentía como varios de los hechizos rozaban sus cuerpos. —¡Maldición! —con enojo desenfundó su varita y con todas sus fuerzas, lanzó un hechizo hacia un mujer de pelo grasiento y dientes amarillentos que arremetían contra ellos.
—¿De dónde salieron tantos? — Gritó Ginny haciendo lo mismo que Ron, contraatacar pareciera que enfureciera más y más a las personas que los perseguían. Eran como plagas, los que antes parecían inexistentes surgían de todas partes.
—¡A la izquierda! —gritó Hermione cruzando para que los demás la siguieran. Estaban cerca de pasar por el costado de la casa de los gritos, mas adelante podrían pedir ayuda, en ese sector se encontraban profesores y varios de los estudiantes que transitaban en ese momento en homsgade. Todos la siguieron, incluyendo a los que comandaban la persecución, su odio hacia ellos era casi increíble.
Empezando a cansarse pudieron ver las tres escobas, no aguantando mas Hermione se detuvo enfrentando a todos los que los amenazaban. Sin pensarlo muy bien levantó su varita para contraatacar.
—Hermione ¿Qué haces? —gritó Harry a su espalda, viendo como todos los que los perseguían se paraban mirándolos y relamiéndose los labios con gusto. Como si estuvieran a punto de degustar una jugosa presa, un hombre de barba negra y sucia se acercó a ella mostrando sus filosos dientes. Hermione tragó en seco, trataba de calmar su respiración, su costilla que punzaba en ese momento la estaba matando. Instintivamente colocó una mano sobre ella y comprobó que algo húmedo y rojizo se extendía por su mano y su abrigo.
—¡Aléjate de ella! —exclamó Harry colocándose junto a Hermione. Sabían que el tipo era un hombre lobo y no precisamente de los de luna. Ese hombre se transformaba a su conveniencia.
—Pobre, pobre Potter—soltó las palabras como si fuera un insulto—Muere papi y mami, huérfano, vives con tus horrendos tíos, muere tu padrino y te enfrentes después con Voldemort. — arrulló. Pero todos sabían que era una burla—¡Que difícil! ¿Cómo te sientes al ser el culpable de tantas muertes? ¿Cómo…—preguntó caminando en círculos alrededor de ellos dos—puedes dormir con tanta sangre sobre tus manos?
—¿Cómo duermes con tanta carne humana entre tus dientes? —replicó Harry apretando su varita con fuerza.
—¡Oh, qué ofensa! —dramatizó—si que sabes dar golpes bajos. Pero…respondiendo a tu pregunta, te enseñaré cómo…—sin dar ninguna señal se lanzó sobre Hermione cayendo al suelo, un grito escapó de los labios de ella al golpear con la fría nieve.
—¡No, Hermione! —justo cuando todos iban a atacar al Hombre lobo, las demás personas oscuras arremetieron contra ellos con furia, dándoles poco tiempo para defenderse.
Hermione forcejeaba en el suelo con el hombre lobo. Poco a poco sus dientes resaltaban cada vez más, y sentía como las manos que aprisionaban sus hombros se alargaban. Por el rabillo del ojo pudo ver como varios estudiantes se unían a la lucha, sin embargo a pesar de que sus esperanzas eran casi nulas, trató con todas sus fuerzas de quitarse al hombre lobo de encima, su transformación seguía en proceso, podía sentir ya la asquerosa saliva rodar por su cuello, pero con toda sus fuerzas trató de alcanzar su varita que estaba a solo treinta centímetros de su mano.
A pesar de sus intentos, sus brazos aprisionados al suelo, no le permitieron alcanzar su varita antes de que el hombre lobo entrara en su fase completa. Hermione cerró los ojos resignada, pegando su mejilla a la nieve. Un rugido ensordecedor se escuchó, sintió el cuerpo de la bestia caer inerte encima de ella. Podía sentir que su respiración se hacía dificultosa gracias al peso del animal sobre ella. Justo antes de perder el conocimiento, sintió el peso de la bestia retirarse.
—¡Son unos idiotas! —Gritó una voz reconocida—¡¿Cómo van a consentir semejante locura?! Pudo haber sido…
Hermione sintió que su cabeza iba a estallar, los gritos continuaban y aunque la voz le era conocida no podía identificarla, era como si sus oídos estuvieran tapados por algodones.
—¿Qué estaban haciendo en el callejón Knoclut? —Exigió la voz—¿Qué acaso no saben la clase de personas que frecuentan ese lugar?
—Claro que lo sabemos—replicó fríamente Harry—tú los frecuentabas. —Ese había sido un golpe bajo.
—Vete al demonio Potter—masculló la voz enojada.
—Si no la hubiéramos acompañada, hubiera ido sola ¿Puedes comprenderlo? —replicó Ginny. —Puedes dejar tu falsa preocupación para los que en verdad la creen Malfoy.
¿Mafoy? Hermione abrió los ojos, el solo hecho de hacer el esfuerzo provocó una gran jaqueca. Un gemido salió de sus labios.
—Hermione—susurró Ron a su lado— ¿estás bien? — ¿estaba susurrando? Parecía que algo entorpecía su sistema auditivo. Se llevó una mano hacia el oído, sacó con dificultad un algodón ensangrentado de allí. Lo dejó sobre la cama casi sin fuerza, una mano retuvo su muñeca antes de que se dirigiera al otro oído.
—Deja que permanezca un poco más allí.
—¿Qué haces aquí? —gruñó ella soltándose de su agarre. Aunque sabía que ninguno de los dos era culpable de lo que pasaba, ella en ese momento se sintió sumamente enojada con él por no salir del trance en el que lo mantenía Spinnet.
Malfoy suspiró irritado consigo mismo. Su pregunta era la misma, ¿Qué hacía él allí?.
—Solo estaba interesado en saber que había pasado exactamente. —respondió con indiferencia. —Solo…—miro a Hermione a los ojos por unos segundos antes de bajar la mirada hacia su mano—traten de tener un poco mas de sensatez. Tu principalmente—miro a Hermione duramente—pudiste haber perdido la vida, gracias a tus locuras.
—Gracias por tus…palabras, pero no necesito que me des recomendaciones de cómo manejar mi vida. Puedes irte al demonio
Todos a excepción de Malfoy la miraron impresionados y algo turbados.
—Hermione, necesitas saber que…—empezó Ron a explicarle.
—Weasley—lo cortó Malfoy—deja a los niños con sus locuras, solo saben jugar con fuego—metó las manos en los bolsillos de sus jeans—yo me retiro— salió de la enfermería, pero no sin antes mirar a Hermione de forma inquietante. Ella no le devolvió la mirada, observaba como sus dos dedos pulgares jugaban entre sí.
—Hermione…—empezó de nuevo Ron—es importante que…
—Lo odio—masculló ella—odio a Malfoy, no es justo que pase por esto, como no va a poder darse cuenta que Lissa es una arpía. Está ciego, es un imbécil. ¿Quién lo dejó pasar? ¿Qué hacía aquí de todos modos? ¿Averiguar para irle con el chisme a su adorada Spinnet? juro que si lo vuelvo a ver cerca de mí…
—Hermione…—intentó Ron de nuevo razonar con ella.
—¡¿Qué?! —gritó enojada.
—El te salvó del hombro lobo.
La sangre huyó de su rostro.
