¡Hola! Muchas gracias a todos los que le dieron una oportunidad a esta historia. Me han hecho muy feliz. Espero llenar sus expectativas y no aburrirlos c:
Otra cosa... lamento si me demoro en actualizar pero como dije soy nueva en esto de escribir y por esto soy muy lenta... escribo como dos lineas por hora, sin mentir jajajaja pero con motivación e inspiración ¡lo podemos lograr!
Capítulo I
.
.
.
Buenos días, buenas tardes o buenas noches.
Debería comenzar por presentarme como es debido, pero no lo haré, sabrás mi nombre y procedencia, pero todo a su tiempo, no desesperes.
Por ahora deberás conformarte con saber mi rol: Seré quien narre esta particular historia.
Como podrás notar te he relatado un pequeño acontecimiento de un pasado muy lejano, pero sin duda de suma importancia. ¿Un encuentro necesario? Quizá. Después de todo, la confianza necesita de una pequeña base para crecer.
Permíteme adelantarme un par de años después de ocurrido este acontecimiento. ¿Es necesario? No, pero no deseo aburrirte. Sin embargo, te contare aquello que necesitas saber, pero como dije: todo a su tiempo.
¡Oh! Una última cosa, perdón si interrumpo mi relato para dar mis propios comentarios de cuando en vez, pero a veces no puedo controlar mis propios impulsos...
Érase una era perdida, de cuyo tiempo no puedo recordar, ni quiero a decir verdad. Un gran reino pasa por tiempos difíciles por culpa del crudo inviernos y uno que otro asunto. Su gente a pesar de todo intenta salir a flote.
La guerra con el pueblo vecino ha terminado hace un año. Una guerra que nunca debió comenzar, pero la avaricia de unos cuantos al parecer es más grande que el sentido común. El reino de Sina, a pesar de ostentar grandes riquezas, amplias y productivas tierras con recursos naturales ilimitados, buscaban más. Los hombres y mujeres que ocupaban el gobierno de aquel reino no lograban saciar sus apetitos mundanos, por lo que vieron en el reino de Rose una mina de oro en la que ansiaban colocar sus garras.
Pero Rose no se quedó dormido en los laureles para dejar que otro reino tomara lo que con tiempo y esfuerzo habían construido. El monarca de este reino era Rhodes Reiss. Físicamente no era un hombre de temer, de estatura media y robusto, cabello corto y negro, sus ojos eran de un color azul claro y un bigote adornaba su rostro. Además de las ojeras que ya eran parte de él. De carácter tranquilo y cortes, pero como muchos seres humanos, en ciertas situaciones, prefiere velar por sus intereses que por el bien común. Demos gracias que esta no sea la ocasión, ya que si bien su reino nunca atacó al contrario directamente, siempre se defendieron. Rhodes sabía que una guerra declarada sería un desastre para todos ya que daría pie para que otros reinos se involucran y comenzara una masacre sin sentido, y que finalizaría solo cuando aquellos que empezaron se vieran satisfechos.
Para su suerte, o quizás no tanta, bandidos habían aprovechado la situación para realizar sus fechorías en los pueblos aledaños a Sina. Era solo por una cuestión de beneficios ya que estos pueblos poseían más que otros. Como consecuencia causaron desastres y a su vez migraciones hacia el reino vecino, en su mayoría mujeres y niños. Con estos refugiados Rose recupero la población perdida por los constantes ataques, incluso elevo un poco más en número.
Ante esta situación, que fue lo que ante sus ojos rebalso la copa, el pueblo de Sina se alzó ante su gobernante y sus fieles y codiciosos súbditos, provocando así una revolución que derroco al monarca y en su lugar tomo el trono un hombre justo y paciente elegido por el pueblo: Dalliz Zacklay. El nuevo gobernante de Sina era un hombre bajo y de edad, la expresión dura de su rostro deja ver la experiencia que la vida le ha otorgado. Tenía su cabello completamente cano al igual que la barba y bigote. Con esta persona a la cabeza de Sina la paz volvió poco a poco. Con el nuevo gobierno, Sina afianzo lazos con Rose y firmando un par de tratados pasaron a ser aliados. De aquellos que se fueron al reino de Rose pocos volvieron ya que habían comenzado una nueva vida y estaban cómodos y contentos.
En el reino de Rose, a causa de la guerra, los soldados que se encargaban de proteger y resguardar las tierras habían disminuido considerablemente, muchos fallecidos en acción y otros quedaron incapacitados para seguir cumpliendo su deber, dejando en su lugar jóvenes con poca experiencia pero gran pasión para realizar sus tareas. Incluso se llegó a incluir mujeres en las filas de la milicia. Esto último solo se logró gracias a la intervención de la única hija de Rhodes; Historia Reiss, quien argumento que frente a otra hipotética guerra sus fuerzas no podrían proteger el reino, por lo que comenzaron a entrenar a hombres y mujeres por igual.
Retomando nuestra historia; Hoy se celebraría una conmemoración por el término de la batalla hace ya un año. El gobernante de Sina fue invitado al castillo de Rose con este motivo. Cuando el rey Zacklay llego a las afueras de la propiedad de los Reiss fue interceptado y escoltado a la sala de conferencias del castillo de los Reiss por una muchacha de cabello lacio y corto hasta los hombros, ojos rasgados y tes clara, finos y femeninos rasgos pero un firme paso al caminar, llevaba la armadura de un caballero de Rose, que destaca una capa color verde musgo sobre sus hombro, la cual tenía el estandarte del reino al que pertenece bordado. La joven dejo al rey y a sus hombres frente a una gran puerta de madera finamente tallada y esta fue abierta por dos hombres que yacían a cada lado. El interior de esta sala estaba repleta de personas, que por las vestimentas que utilizaban, se entendían que pertenecían a la alta sociedad de Rose.
—¡Zacklay! —Saludó el rey Rhodes al recién llegado, estrechando su mano —. Por favor, dile a tus hombres que se relajen y se acomoden. ¡Es una celebración hombre! —rió mientras palmeaba la espalda del canoso.
El hombre, aun con un semblante serio indico a sus caballeros que se dispersaran, sin olvidar su deber: proteger a su rey. Rhodes dirigió su vista a la salida y le indico a la soldado que se retirara.
La fiesta continúo, la muchacha, que se había quedado en la puerta esperando órdenes, se dio media vuelta y se fue. Cruzo unos cuantos pasillos, algunos adornados con pinturas y telares otras tan desnudos como un recién nacido. Llego a la entrada principal del castillo, donde la esperaban un par de soldados sobre sus caballos.
—¡Mikasa! —gritó uno de los caballeros que sostenía las riendas de un caballo sin jinete —. Apresúrate, es cambio de guardia.
La joven dio un par de zancadas y llego junto al caballo que le pertenecía, tomando las riendas y montando con gran agilidad. Iniciaron una cabalgata hacia las afueras de la fortaleza, atravesando las grandes murallas que se alzaban por lo menos unos diez metros de altura, pasaron por el gran poblado construido al rededor del castillo de la familia real, siguieron por un sendero de tierra que atravesaba un gran campo, pasaron por las ruinas de un pueblo abandonado y continuaron por un camino que se había demarcado por los mismos hombres del reino que realizaban hace un par de años aquel mismo recorrido.
Mikasa, Mikasa Ackerman para ser más específicos, desmonto al animal y, tomando las riendas de este, fue hacía uno de sus compañeros que resguardaban ese lugar, tal como lo hacían los demás caballeros que venían con ella.
Se acercó a un joven que, al igual que ella, portaba orgulloso la armadura de Rose. Era un chico bastante alto, de piel bronceada y cabello marrón, el cual se mantenía corto hasta la nuca y desordenado. Lo más destacable de su rostro eran esos enorme ojos de una raro color agua marina. El joven contestaba al nombre de Eren Jaeger.
—Hey, Mikasa —saludó el joven castaño que se hallaba frente a ella.
—Eren —contestó ella. Eren le sonrió.
—¿Qué tal la fiesta? —preguntó en un tono bastante irónico.
La chica volteo el rosto con irritación —. No puedo creo que celebren semejante estupidez... estamos en pleno invierno, a la gente le falta alimento y pasan frío... y ellos... —Mikasa exhaló con fuerza tratando de calmarse. Eren solo pudo reír al notar la honestidad de la mujer —. ¿Dónde está Armin? —dijo cambiando de tema y buscando al aludido con la mirada.
—Armin y Hanji aún no han vuelto, los nervios me están matando —comentó Eren borrando su sonrisa para fruncir el ceño y voltear para mirar a sus espaldas —. Realmente voy a entrar si no aparecen pronto...
—No puedes —refutó Mikasa cortante —. No debes —continuo al ver que Eren volteó a verla, aún con su ceño fruncido —. El bosq-...
—El bosque está prohibido, ya lo sé —le quito las palabras de la boca —. Pero ellos...
—Ellos estarán bien —trato de reconfortar al otro —. Además ellos tienen permiso solo por ser ayudantes de papá.
Eren entorno los ojos. Eso ya lo sabía, pero era imposible no preocuparse por su amigo, después de todo era el bosque de lo que estaban hablando. Aquel lugar que desde que él tiene memoria es custodiado por caballeros. Alguna razón tendría que haber.
Pero eso tú ya lo sabes. ¿No?
Volteo la vista para ver de nueva cuenta aquel lugar: Grandes árboles de diversos tipos y alturas se entre mezclaban con arbustos, maleza, hierbas, helechos y una cantidad inimaginable de flora para él, que solo podía hallarse en ese lugar. Por esa razón su padre, quien se esmeraba por vislumbrar las propiedades curativas de cada una, había enviado a la señorita Hanji y Armin en busca de éstas.
Eso sucedió por la madrugada, ahora las nubes ocultaron la débil luz del astro en el cielo y, aun así, la tenue iluminación que daba indicaba que estaba pronto a oscurecer por completo. El viento soplaba dejando que el frío acaparara su rostro.
Un recuerdo.
Su mirada se encontró con el musgo de los arboles una vez más, una voz inundo sus pensamientos, un rostro escondido en la oscuridad, una sensación calidad... Un sueño quizás...
Un grito.
Un grito de ayuda lo saco de sus pensamientos, provenía del bosque. Todos se giraron, la llamada venia del interior del lugar. La sangre se les heló. Todos los rostros estaban pálidos. El miedo pudo expandirse con agilidad por todos los presentes. Nadie intentó investigar.
Cobardes.
Otro grito se escuchó, ahora más claro y cerca. Esta vez pudo notarse cansancio y algo de molestia en el tono de voz.
—¡¿Es qué no me van a ayudar?! —gritó con desespero la mujer que cargaba a un chico rubio. Ambos sin la mencionada vestimenta de los caballeros, porque ellos no lo eran. Eran los enviados por el padre de Eren, Armin y Hanji.
—¡Señorita Hanji! —Eren fue el primero en espabilar, corrió a socorrer a la mujer quien, una vez fuera del boscoso lugar tendió al chico que cargaba en el suelo —. ¿Qué demonios ocurrió? —articuló un poco nervioso y estupefacto al ver que a su amigo le costaba respirar.
—Una serpiente —contesto ella tratando de recuperar el aliento —Fue como hace dos horas, necesitamos regresar, ¡Ahora!
Mikasa ayudo a Hanji a incorporarse y subir a su caballo para luego ayudar a Eren a subir al joven inconsciente. Pero este ya había asegurado al rubio en su caballo y estaba montando lo más rápido que lo dejaron los pequeños espasmos que tenía por el miedo de que algo le pasara a su mejor amigo, Armin Arlert.
Armin Arlert tenía 19 años al igual que sus compañeros. Siempre destaco por su fascinación por la naturaleza y su gran inteligencia, que compensaba el físico que no la permitía sobresalir mucho entre los demás. Era bajo y delgado, por eso la mujer había podido cargar con él con gran facilidad. Su cabello, con un corte melena, era liso, rubio y enmarcaba su rostro, en el cual resaltaban un par de expresivos y temerosos ojos azules que de momento permanecían cerrados.
Se preparaban para emprender su camino cuando la joven pelinegra se interpuso en su camino.
—Iré con ustedes —sentenció Mikasa tomando uno de los animales sin dueño.
—No puedes —refutó Eren —. No puedes abandonar tus responsabilidades, Mikasa...
—Él estará bien —intervino Hanji con una sonrisa —tengo el antídoto en la sala de investigación —posó su mirada en Armin y luego en Eren —. Debemos apresurarnos.
Ambos tomaron las riendas de sus respectivos sementales e iniciaron una desenfrenada carrera en dirección a los dominios de la familia Reiss.
Al llegar al castillo la luz tenue del ocaso ya se había extinguido por completo, dejando paso a un cielo de tono grisáceo con manchas color vino a causa de las nubes que lo cubrían. Eren pudo distinguir el sonido de la música proveniente desde el interior de la fortaleza, que gracias a sus gruesas paredes podía mitigar el bullicio que se producía por la gran e innecesaria celebración.
Ignorando todo, bajó con sumo cuidado a su amigo y con ayuda de Hanji logró colocarlo en sus espaldas de manera rápida. Subió las escaleras que daban con la entrada y un tanto desesperado, serpenteo por los pasillos hasta unas escaleras en forma de espiral que conocía de memoria, después de todo había ido con su padre innumerables veces.
Llegando a su destino espero que la mujer abriera la puerta y le dejara el paso libre. Ingresó sin permiso y depositó a Armin en una cama, que solo constaba de un colchón y una sábana sobrepuesta, que se ubicada en la pared del fondo de la gran habitación.
—Bien, ahora fuera —dijo Hanji tomando unos frascos con líquidos viscosos en su interior y una gran sonrisa —. Nuestro paciente necesita tranquilidad —miró al chico que no podía quedarse quieto —y tú necesitas ocupar tu energía.
Eren la miro incrédulo ante su petición. ¿Dejar a su amigo solo? Y ¿En estas condiciones? Frunció el ceño y abrió la bocota para reclamar —¡Apapap! —exclamó Hanji antes que Eren pudiera decir una sola queja —He dicho fuera. —Con un gesto de sus manos y un audible "chu chu" no le quedo de otra que hacer caso.
La mujer, quien portaba el nombre de Hanji Zoe, era estudiante y la ayudante principal de su padre. No conoce su origen, pero sabe que no pertenece directamente al reino de Rose, nunca ha escuchado su edad pero aparenta ser joven. Tienen aproximadamente la misma altura, un color de piel similar. Su cabello es largo y atado en una coleta alta, es color café oscuro al igual que sus ojos que son protegidos por una especie de anteojos aferrados a su cabeza. Siempre con una sonrisa, curiosa y apasionada por lo que hace. Estas cualidades captaron la atención de su padre. Pero éste mismo ha dicho que no puede soportar las largas conversiones con la mujer. Nadie puede en realidad. Armin es la única excepción, ya que adora llenar su cabeza con información nueva.
Eren confiaba en las capacidades y el conocimiento de Hanji lo suficiente como para confiarle el bienestar de su mejor amigo, por lo que suspiro y se retiró del lugar.
Al salir de la habitación se fijó que no oía la música, debía ser porque estaba un tanto alejado de la sala de conferencias. Entonces decidió realizar guardia por ahí, a pesar de que sus labores ya habían terminado por el día, pues no quería volver a su hogar hasta estar seguro que su amigo se pondría bien.
Caminó en busca del patio interior que albergaban esas grandes murallas. Cuando lo encontró se recargo sobre el grueso barandal de piedra para contemplarlo. Era un sitio con forma cuadrara, cubierto por hierba y unas cuantas matas de flores de varios colores que, por la temporada, no florecían aun. Estaban puestas de tal forma que rodeaban el lugar. Una fuente simple adornaba el centro, con un par de banco de piedra tallada alrededor. Una sonrisa espontanea se asomó por sus labios al recordar las tardes que él y su madre habían disfrutado en aquel sitio. Hace mucho que no disfrutaba un día con ella como en los viejos tiempos. Nota mental para él: mimar a su madre al llegar a casa. No sabía cómo o por qué pero la vida permitió que su progenitora continuara cuidando de su querubín, como solía llamarlo ella.
—Disculpa... —una voz femenina capto su atención. Volteo el rostro para conocer la identidad de su nueva acompañante. Al ver de quien se trataba cayó sobre su rodilla derecha y bajo la cabeza en señal de reverencia.
—Princesa Historia... —saludó alzando su mirada.
—Por favor, no es necesario... —murmuró la joven moviendo con timidez las manos y logrando que el caballero se levantara —¿Estas de servicio?
—En este momento no, princesa. ¿Puedo ayudarla en algo?
La joven sonrió animada y le indicó que la siguiera. Bajaron unas escaleras construidas de grandes bloques de piedra, diferentes a las anteriores porque estas parecían ser más largas. Y así era. Mientras descendían el castaño se dirigió a su princesa.
—Disculpe mi atrevimiento alteza...
—Eren, no es necesario tanta formalidad, sabes que me incomoda... —interrumpió al otro cuando sintió un leve rubor en su cara por tanto protocolo.
El aludido solo atino a reír por la honestidad y simpleza de la rubia.
—De acuerdo... —trato de hablar sin reírse —¿Por qué no estas con los demás en la fiesta? Eres la única sucesora después de todo.
—No... no me siento cómoda viendo cómo se desperdician los recursos del pueblo... intenté razonar con padre, pero fue inútil... —finalizo en un triste susurro.
Terminaron su recorrido frente a una gran puerta doble de madera abierta. La chica ingreso seguido de su invitado. Un lugar lleno de cajas, sacos y objetos varios. Era la bodega. Una chica alta y pecosa se encontraba rebuscando en una de las tantas cajas vaya a saber qué cosa.
—Estas son las últimas —anunció cargando unas cuantas mantas. Ah, así que eso era.
Historia señalo al joven caballero que estaba a su lado, indicándole a la mujer que le entregara los objetos.
—Eren, en la parte trasera hay una carreta con mantas y alimentos. —Eren tomó las mantas en sus brazos —Por favor, hazlos llegar a quienes más los necesiten, confió en tu criterio.
Una enorme sonrisa cruzo la cara del caballero al tiempo que realizaba el saludo de la milicia como podía. La rubia asintió y él dio media vuelta para retirarse por donde vino.
La heredera al trono, Historia Reiss. Ellos se conocían desde pequeños, debido a que su padre y madre trabajaban para la familia real, Eren y Mikasa pasaban mucho tiempo en el castillo y al no haber más niños en el interior se convirtieron en buenos amigos. Físicamente ella le recordaba mucho a su amigo Armin, excepto por la tez y ojos más clara de ella. Era amable y cariñosa, un tanto tímida y vergonzosa pero todos en el reino le tenían gran aprecio. Concordaban que algún día sería una estupenda reina.
Entregó las últimas mantas y víveres a una familia de cuatro personas. El hombre, un granjero por las ajadas manos que tenía, tomo las cosas con mucha alegría.
—Que la bendición este con usted y con la princesa Reiss... —inclino la cabeza a modo de gratitud y Eren le devolvió el gesto deseándole la mejor de las bendiciones. Subió al caballo que tiraba de la carreta y se marchó.
Pasaron un par de horas antes de volver a palacio, la música aun podía oírse. Rodó los ojos en signo de fastidio ¿era en serio? ¿Aún? Al poner atención a su alrededor pudo fijarse que Historia lo esperaba en la entrada trasera, pero su cara no sugería que estuviera ahí para darle las gracias precisamente. Dejo la carreta donde la encontró y salto del caballo.
—Hanji te está buscando —se apresuró a contar Historia —. Esta e-...
Ni siquiera dejo que terminara la frase cuando ya emprendía carrera a la sala de investigación. Sabía que no debía abandonar a su amigo. Sabía que debió insistir en acompañarlos al bosque. ¡Demonios, ni siquiera debió haberlo dejado entrar ahí!
La puerta se abrió con un gran estruendo, Hanji no se sorprendió al ver al alterado soldado que se hallaba jadeante en el umbral.
—Ar-min... —dijo con algo de esfuerzo.
Hanji suspiró y le indicó que se acercara junto a ella a un lado de la cama. El chico tomó aire profundamente y exhaló lo más lento que pudo. Caminó con temor en la dirección indicada y palideció, si es que podía más. Armin aún estaba tendido en la cama pero ahora su pecho estaba descubierto, lo que dejaba a la vista la incapacidad de respirar correctamente y la anormal palidez de su piel. Sudaba copiosamente y un hilo de saliva corría por la comisura de sus labios. Su pantalón estaba roto al nivel del muslo, lo que provoco que su vista se posara en su desnuda pierna y sus ojos crecieran hasta el tamaño de un gran plato. A la altura del tobillo tenía dos orificios, causados por el animal que lo ataco. El color de la piel era de un purpura negruzco y se extendía casi hasta la rodilla en forma de degradé.
Pequeños espasmos recorrieron el cuerpo del enfermo. Hanji reacciono rápido y coloco al chico de lado, éste convulsionó un instante para verter sus jugos gástricos en una cubeta predispuesta. Al terminar volvió a desplomarse y la mujer lo acomodó lo mejor posible.
—Esto es grave, Eren. El tratamiento no está surtiendo efecto —explicó seria Hanji —. Si continua así...
—¡Papá! —Gritó el joven desesperado —¡Él podría curarlo!
—No Eren... Esto es lo único que tenemos... —el pesimismo embarga la voz de Hanji —incluso si el Doctor Grisha estuviera aquí...
—No... no, no, no, no —balbuceaba intentando convencerse a sí mismo —Armin... no puede...
Silencio. Ninguno de los dos lograba articular palabra alguna. Hanji miraba fijamente el suelo mientras Eren trataba de contener sus lágrimas y malos pensamiento. De pronto tomo con ambas manos el rostro del chico y lo hizo mirarla directamente a los ojos.
—¿Confías en mí? —dijo seriamente y con un extraño brillo en sus ojos.
—... ¿Qué?
—Dije: ¿confías en mí? ¡Vamos Eren! es de vida o muerte.
Literalmente...
Antes de contestar miro una vez más a su amigo, tan frágil, en cualquier momento podía quebrarse. Una vez estuvo cerca de perder a un ser amado... y todavía no quería saber lo que era pasar por eso. Su cabeza se movió de modo afirmativo y la chica salto a buscar ropa adecuada para ambos jóvenes.
—Quítate la armadura —señaló el armatoste metálico que cubría al moreno —. No le agradan mucho los caballeros.
Cabalgaron tal como en un principio, solo que esta vez Eren iba con ropa de civil. Hanji empacó unas cuantas cosas que dijo que necesitarían y las guardo en una bolsa de tela que llevaba al hombro.
Hanji guiaba el camino a seguir, Eren se procuraba que Armin no cayera del caballo. Sugirió utilizar la carreta pero ella se negó: "llama demasiado la atención". Más tarde comprendería por qué esto era un inconveniente.
El bosque.
—Ehm... ¿Hanji? —pregunto algo inquieto.
—Dijiste que confiabas en mí, ¿no? —fue todo lo que recibió por el resto del viaje.
Mientras más se acercaban se fijó que iban rumbo al lugar de vigilancia de Mikasa, claro... nadie más que ella podría dejarlos pasar en esta situación sin informarle a alguien más. Apresuraron el paso, Armin estaba vomitando otra vez. Desmontaron a una distancia prudente, debían ser precavidos. La suerte estaba de su lado puesto que el pastizal que rodeaba el lugar en cuestión era alto y tupido, estaba seco por el frío pero sirvió de todos modos.
Pocos metros lo separaban de la soldado cuando esta se percató de su presencia, en realidad los había visto a lo lejos, pero no armo alboroto al saber que eran sus amigos los que venían hacia ella. Su rostro se horrorizo al ver con mayor detalle el estado en que se encontraba Armin.
—¿Qué...? —Mikasa pensó lo peor.
—Tranquila, necesitamos que nos dejes pasar —interrumpió Hanji señalando el bosque.
El rostro de la chica se contrajo al descubrir las intenciones de la mujer.
—No —respondió tajante —. No dejare que una de ellas ponga un mugriento dedo en Armin —enfatizo con desagrado.
—Pues si quiere que muera... Realmente es una pena... —Ambos jóvenes quedaron en shock al oír esas palabras. La castaña había dado en el clavo de la vena sensible.
—Vamos Mikasa... —Eren trató de persuadirla —. No tenemos nada que perder —suplicó reforzando el agarre con, el ahora, bulto en su espalda.
La disputa interna de Mikasa era una enorme tormenta en el mar, pero los sentimientos de pérdida salieron a flote cual tronco hueco. Suspiró pesadamente y posó sus orbes casi negros en sus amigos —De acuerdo... —finalizó —. Pero iré con ustedes —demandó firme.
—Mikasa no pued-...
—¡Sabia que dirías eso! —Hanji interrumpió a Eren y saco de la bolsa un vestido simple y un chaleco. —Tienes calzas bajo la armadura, ¿no? —preguntó extendiéndole la ropa —. Cámbiate pronto, deja esa cosa a un lado, nadie la tocara
—Pero no puede dejar su puesto —dijo Eren algo desesperado.
—Cálmate —Hanji posó una mano en su hombro para voltearlo y darle a Mikasa algo de privacidad, que gracias al cielo nocturno sin luz fue más fácil de otorgar —. Nadie es tan suicida para siquiera acercarse aquí.
Si supiera...
Cuando la soldado estuvo lista carraspeo para llamar la atención de sus dos acompañantes. Hanji, con una extraña sonrisa y ese brillo en los ojos se encamino al interior del bosque sin dudar, cosa que para los otros dos fue difícil. El primero en seguirla fue Eren, al poner el primer pie dentro de las tierras prohibidas consiguió los ánimos suficientes para alcanzar el paso de la mujer. Mikasa lo siguió aun con incertidumbre clavada en su cabeza.
Anduvieron largo rato. Armin se removía y quejaba de cuando en vez. La espalda de Eren estaba completamente empapada, la angustia se estaba apoderando de él a paso firme. De pronto Hanji paró en seco y miro a su alrededor.
—¡¿Puede alguien ayudarme?! —gritó a viva voz.
Sus jóvenes acompañantes no pudieron si no sorprenderse del actuar de la mujer. ¿Era una broma? La castaña repitió nuevamente el llamado, mirando su entorno. «Definitivamente está loca.» Pensaron ya entrando en pánico.
—¿Necesitas algo? —La voz de un hombre se oyó de la nada enviando un escalofrió a los presentes.
—Nop, gracias —dijo Hanji y siguió su camino.
No tuvieron otra opción que seguir a la loca pues ya estaban demasiado internados en el bosque. La mujer repitió el mismo llamado una y otra vez recibiendo respuestas tanto de voces femeninas como masculinas, rechazándolas tal como hizo con la primera, y cada vez el miedo invadía más y más a los chicos, a pesar que no lo demostraran. Mikasa pensó seriamente que la de lentes estaba tomando esto como uno de sus experimentos. Y quizá no estaba muy lejos de la verdad.
—¿Puede alguien ayudarme?
—¿Puede alguien ayudarme? —Todos se congelaron. Bingo, se felicitó mentalmente Hanji. Esto fue diferente. Habían devuelto la pregunta con la misma pregunta. Pero más espeluznante había sido que la voz era exactamente igual a la de la señorita Hanji.
—Necesitamos ayuda —respondió la mujer esta vez con una torcida sonrisa.
—Necesitamos ayuda —ahí estaba otra vez.
—Hanji, podría ser el eco —razonó Mikasa en un susurro.
—Espero que no —contestó ella sin mirarla —. ¿Me podrías llevar con él?
El ruido de aves huyendo captó su atención. Una chica cayó de los arboles frente a ellos. Era baja. Tenía el mismo color de cabello que Hanji pero estaba atado en dos coletas. Tenía grandes ojos verdes y una enorme sonrisa que mostraba los dientes. Vestía una camisa blanca y pantalones marrones hasta la pantorrilla. Iba descalza.
—Creí reconocer tu voz —una débil carcajada salió de sus labios —. Ya... ¿sabes lo tarde que es? No quiero que se enoje conmigo —arrugó el ceño y la nariz, y se cruzó de brazos en una protesta infantil.
—Es una emergencia.
Los orbes verdes se posaron en el chico que respiraba con dificultad. Lo examinó rápidamente con la vista. No había que ser un genio para darse cuenta que el rubio estaba grave. Miró a los demás presentes. Podía sentir el temor y angustia de los más jóvenes, pero también percibía la desconfianza hacia lo desconocido.
Comenzó a caminar sin decir una palabra y el grupo la imitó. Una vez más se encontraron caminando por el bosque, pero esta vez algo había cambiado. Atravesaron un pequeño riachuelo utilizando un tronco viejo. Hanji por accidente se resbalo y cayo de lleno en las frías aguas. Rió alegremente a pesar de estar mojada hasta la médula. Está loca. Continuaron por un camino imaginario hasta cruzar un par de grandes arbustos.
Deja vú
Eren detuvo su andar. Frente a él estaba el mismo lugar de aquella vez. El mismo gran árbol, la misma cabaña en las mismas condiciones... La alfombra blanca que cubría el suelo de tierra. No había luna esa noche pero de todas formas eso no le quitaba belleza al lugar. Un embriagador sentimiento recorrió todo su cuerpo... Quizá... él...
—Eren —Mikasa lo sacó de su ensimismamiento cuando lo tomo del brazo y lo jaló para que avanzara por el camino delimitado por pequeñas rocas, donde la señorita Hanji ya se había adelantado. La otra mujer... desapareció.
Cuando todos estuvieron frente a la puerta de madera, la castaña levanto el puño y toco tres veces. Nadie abrió. Volvió a la carga pero esta vez tocó sin parar. Un estruendo se escuchó en el interior y eso logro que se detuviera. Esperaron unos momentos hasta que la puerta se abrió de golpe, provocando que los músculos del soldado se tensaran por completo. En el umbral de la entrada apareció un hombre de baja estatura y con una cara que mandaría al infierno a cualquiera.
Era un hombre de edad, canoso, con una tupida barba. Estaba un poco encorvado y vestía una larga túnica verde oscuro.
¿Realmente esperabas a otra persona?
.
.
.
Dos cosas antes de despedirme:
1.- Quería agradecerle públicamente a mi bella bff por revisar esta cosa antes de que saliera a la luz
2.- Muchas gracias a todos los que se molestaron en comentar 3 ¡Espero que nos leamos pronto!
