Capítulo II

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Saludos, mi fiel acompañante de este viaje a través de las palabras.

Espero estés disfrutando de mi humilde narración, pues yo disfruto enormemente del contarte esta simple historia, porque para mí... bueno, estoy hablando de más, de seguro quieres saber lo que ocurre con nuestros chicos. Te entiendo.

Pero antes, una pequeña observación sobre los recientes hechos: Conozco de primera mano al anciano que ahora está con nuestros protagonistas.

Así que no, no te preocupes, no es una mala persona. Puede lucir amargado y huraño, pero tiene corazón. Lo sé.

La puerta estaba abierta de par en par, el hombre observaba a los intrusos que osaban perturbar su viaje a la tierra de Morfeo. Tres jóvenes y una loca. Sus ojos se encontraron con los anteojos de la mujer sonriente.

La puerta estaba cerrada en un milisegundo.

¿Eso era todo? El hombre que podría salvar a su amigo se había negado sin siquiera oírlos. Eso era inhumano para cualquiera. El aura de Mikasa se expandió de forma considerable, instalando una atmósfera amenazante y asesina. No habían roto las reglas para que un viejo constipado matara sus esperanzas. Estaba dispuesta a derribar la madera pero Hanji la detuvo, y se acercó a ésta para moverla y verificar que no estuviera trancada.

—¡Permiso enanín! —anuncio al entrar —. ¡Necesito tu ayuda! ¡Mordedura de serpiente! ¡Vipera berus! [1] ¡Posible reacción alérgica! —vociferaba la mujer mientras indicaba a Eren y Mikasa que entraran rápido.

El interior de la casa no era la gran cosa. Estaba dividida en dos habitaciones. La principal tenía una mesa rectangular en el centro con cuatro sillas y un pequeño jarrón de vidrio con las flores que crecían afuera. Del lado izquierdo estaba lo que parecía ser el área de la cocina. Se podían ver frascos con alimentos y un par de hierbas deshidratadas. Del lado derecho se encontraba lo que parecía ser una pequeña biblioteca. Había varias repisas y muebles de madera. Todos albergaban una gran cantidad de libros de todos los tamaños y colores, junto con un una larga mesa rectangular en la que estaban desperdigados de manera ordenada un montón de papeles y más libros. Las paredes laterales contaban cada una con un ventanal tapado por una tela marrón. Al fondo estaba una puerta entreabierta, la que podría dar al dormitorio. Todos se dirigieron en esa dirección, siendo Eren el último en entrar, tratando de memorizar por alguna razón cada detalle que su mente le permitiera.

Confirmado, la pieza era el dormitorio principal. Una cama de tipo matrimonial estaba en la esquina superior izquierda con el cabezal estampado en el fondo. Un bello edredón blanco la cubría. Una mesita de noche estaba junto a ésta con una lámpara de aceite encendida. Una cómoda de cuatro cajones estaba junto a la puerta, encima había una camisa blanca doblada y el retrato de una persona. La ventana junto a la cama estaba tapada igual que las demás. Toda la casa relucía de limpia contrario a lo que daba la impresión desde el exterior. Lo único fuera de lugar era un colchón mullido tirado en el suelo a un par de pasos de la cama. Hanji indicó a Eren que dejara al chico en ese lugar y retirara la prenda que cubría las pierna de Armin.

El anciano apareció tras una puerta de la cual no se habían percatado, probablemente el lavabo ya que venía con las manos húmedas. Se acercó al rubio pero antes acercó la lámpara para tener mejor visión del paciente. Arrugó el ceño al ver la herida y como ésta actuó sobre el sistema del menor.

—¿Qué mierda pasó exactamente? —preguntó en un tono frío —. Cuento corto, cuatro ojos.

—Cuento corto... —reflexionó Hanji colocando un dedo en su barbilla —Estábamos recolectando plantas medicinales en el interior de este lugar. Caminábamos por terreno húmedo cuando Armin —dijo señalando al postrado —pisó la cola de una serpiente. No nos dimos cuenta que estaba allí hasta que lo mordió, porque tenía una bella coloración melánica. [2] —Finalizó mostrando sus blancos dientes al mayor —¿Nos puedes ayudar?

—Puedo... —dijo algo pensativo.

Pero no quiere...

—Por favor... es mi mejor amigo —suplicó Eren, interviniendo. El hombre se fijó en él por primera vez en toda la velada. Lo miró con sus afilados ojos nublados. Eren sintió un escalofrió recorrer su espalda y un chasquido de la lengua por parte del mayor.

—Como sea. —Contestó el hombre —Pero deberá quedarse por esta noche y ustedes... —señaló al grupo completo —tienen que largarse —sentencio. Pasó entre sus invitados no deseados con dirección a la cocina y se aproximó a uno de los muebles buscando algo.

Con un tic nervioso en el ojo, Mikasa estaba dispuesta a discutir con el hombre y, si era posible por su edad, darle un par de golpes no estaría nada mal, pero nuevamente Hanji la detuvo y se adelantó para ver al mayor.

—Mañana no puedo venir —dijo simulando un tono triste —. Tendrán que venir los chicos —lo único que obtuvo como respuesta fue un irritado "hmm" por parte del canoso.

—Ni siquiera te has dignado a pagarme el último favor —dijo el hombre mientras terminaba de juntar las cosas que necesitaba.

—Oh! Eso... —contesto divertida —Que te parece si lo enviamos a volar~ —dijo simulando con sus palmas un ave en vuelo. El viejo no pudo ocultar una pequeña sonrisa de lado ante el comentario para luego golpearla en el brazo por su insolencia.

Volvieron a la habitación. El hombre llevaba en una mano un recipiente de barro con varias hierbas y especias aplastadas por una roca del porte de un puño y en el otro un jarrón con agua y un paño limpio en el hombro.

—¿Es que no fui claro? —Todos miraban con interrogación al octogenario que dejaba los utensilios a un lado del colchón —Dije que se largaran. Detesto repetirme —enfatizó la última frase.

El grupo se fue a la puerta principal seguido por el dueño de la casa sin antes asegurarse de que su amigo seguía con vida. Cuando estuvieron en el exterior el hombre se disponía a cerrar la puerta pero detuvo sus intenciones al momento de recordar que la loca no vendría al día siguiente.

—Hey —llamó la atención del gentío y libero un largo suspiro —Mañana pregunten por Levi —dijo cerrando la puerta de golpe.

Eren quedo petrificado en su sitio, ¿escucho bien? Levi. Su memoria no podía fallar, ése era el nombre que le había dicho el joven que le ayudó hace algún tiempo atrás. Salió de su nube al sentir que Mikasa tiraba de su mano para irse de aquel lugar.

—Vendremos mañana —le reconfortó con una sonrisa.

Sí. Definitivamente vendría mañana. Y ya no solo era por su amigo.

En el interior de la casa el anciano iba rumbo a donde estaba su, ahora, paciente. Se paró a un lado de su cama y con agilidad levantó la túnica por sobre su cabeza para doblarla y dejarla a los pies de la cama, quedando solo en pantalones.

El viejo desapareció.

En su lugar estaba un hombre mucho más joven. Su altura aumentó un poco porque su espalda estaba completamente derecha. La barba se esfumó dando paso a una lisa y clara piel. El cabello canoso pasó a un negro azabache, liso y corto, el cual acomodo un poco luego de verse desordenado por la prenda quitada previamente. Tomó la camisa que estaba encima de la cómoda y se la colocó.

Bueno. Quizás si era quien pensabas.

—Terminemos con esto... —pensó en voz alta mientras se arremangaba las mangas.

Se agacho para quedar en una mejor ubicación y examinar con detenimiento la pierna del menor. No había caso. La necrosis [3] era una muy rara reacción, pero no imposible, y lamentablemente a este chico le tocó. Según el punto de vista de Levi la pierna no tenía salvación. La amputación era inminente si quería detener su avance. Pero eso lo vería después. Primero había que sacar el veneno de circulación o, por los síntomas que presentaba el rubio, podría desencadenar en algo mucho peor. Posó una mano en la frente del menor, quien se removió ante el frío contacto. Cerró los ojos concentrándose. Su mano creó tenues destellos de color azulado que cada vez tomaban mayor fuerza. La bajó despacio hacia la boca entreabierta del rubio y dijo:

Everything that does not belong to this body come to me. [4] —Un segundo después los espasmos atacaron el cuerpo de Armin. Con la mano libre Levi se apoyó en el pecho del menor mientras un líquido transparente y un poco amarillento salía de su boca, aglutinándose en la mano del mayor.

Se aseguró que todo el toxico saliera del cuerpo del menor, que ahora trataba de calmar su respiración pero aún se hallaba inconsciente. Se fue a la cocina a buscar un pequeño frasco vació para verter el líquido que tenía forma de una esfera en su mano y que perdió ésta forma una vez dentro del vidrio.

Agitó un poco el frasco solo por diversión —Petra, come to me [5] —dijo mirando al líquido. Esperó unos segundos y tocaron a la puerta. —Entra —respondió lo suficientemente alto para que pudiera ser escuchado. La puerta se abrió en silencio y se cerró de la misma manera. Una mujer de melena color ámbar y ojos caramelo lo acompañaba ahora. Era menuda, unos centímetros más baja que él. Tenía una expresión de preocupación en el rostro. Con una de sus manos tomó uno de los mechones de cabello que cruzaban su cara y lo puso detrás de la oreja.

—¿Qué ocurre? —Dijo Petra preocupada —No es normal que me llames tan tarde...

El hombre dejo el frasco sobre la mesa en el centro y moviendo su dedo índice le ordenó que le siguiera. Cuando ambos entraron al dormitorio, la chica se asustó al ver a otra persona. Y sobre todo inconsciente.

—Tú... lo...

—¡No seas idiota! —Se defendió un tanto exasperado —La cuatro ojos lo trajo —indicó su pierna —Necrosis. Requiero de ayuda. De tu ayuda.

La mujer sonrió aliviada. ¿Cómo podía pensar que Levi cometería un homicidio?

Bueno, todo es posible en esta vida, ¿no?

Se acercó al enfermo, se arrodilló junto a su cabeza y acarició sus cabellos de manera maternal —Vas a estar bien...


Eren estaba tirado sobre su propia cama, mirando hacia la nada en plena oscuridad. El amanecer estaba pronto a realizar su entrada y él no había pegado un ojo en toda la noche. Hacia pocas horas habían vuelto de su gran travesía. No habrían sido muchas horas, pero al menos podría haber tenido un sueño relajador. Pero no. El hombre de la capucha aparecía una y otra vez en su imaginación.

Como en los últimos once años.

No es que tuviera miedo de esa persona o algo, si le hubiera querido dañar, siendo niño le habría resultado mucho más fácil. Regresó varias veces al bosque después de que su madre recuperará su salud, pero nunca volvió a dar con ese lugar o ese hombre. Pero por más que lo intento realmente no podía olvidar aquella ocasión. Sobre todo la fría mano que estuvo en su cabeza y la calidez que ésta desperdigo por su pequeño cuerpo. La pálida piel que pudo apreciar y su voz... su voz... la misma voz que tenía el anciano del bosque, un poco más rasposa y cansada, pero era la misma, estaba seguro. Lástima que no se dio cuenta sino hasta llegar a su hogar y procesar todo lo que había pasado.

De camino a casa Eren le preguntó a Hanji si de casualidad conocía a otra persona con el mismo nombre, pero más joven. Como suponía, obtuvo un no como respuesta. Entonces decidió cambiar de táctica, preguntando cómo y desde cuándo conocía al viejo hombre.

«Déjame pensar... hace unos 20 años diría yo. Cuando llegue a este reino no sabía que ese lugar estaba "prohibido" ¡Vamos! ¡¿Quién negaría el paso a tan bello paraje?! Así que entre y... me perdí. El enano me encontró, me alimento y me explicó porque no debería estar ahí. Me dejo descansar y me enseñó el camino de vuelta. También me contó que era boticario y que por eso prefería vivir en ese lugar a pesar de todo. Es una persona común y corriente.»

Y fue todo lo que pudo sacarle a la castaña antes de llegar a su morada, despedirse de ella y terminar como estaba ahora: cansado y con más dudas que respuestas.

Eren Cerró sus ojos para tratar de conciliar ese tan anhelado descanso, pero su mente parecía fascinada con todo lo que había pasado durante el día. En medio del incesante huracán de imágenes, un recuerdo alzaba la mano cual niño pequeño que sabe la respuesta a la pregunta del profesor. Aquella secuencia de imágenes termino enviándolo al tierno y añorado tiempo de su infancia, reviviendo las sensaciones como si hubieran pasado el día de ayer.

Estaba él, un lindo niño de ocho años; un clon del actual Eren de diecinueve años, preparado para ir de viaje al mundo de los sueños pero la energía acumulada en su cuerpo le impedía meterse a la cama de una vez por todas, así que ahora se encontraba bajo ésta ocultándose de la mujer que lo estaba buscando.

Eren~ —oía como una voz de un mujer lo llamaba —dónde estará este niño —la mujer apareció en su habitación y el niño pudo ver cómo los pies de la mayor se movían de un lado a otro tratando de encontrarlo mientras el trataba con todas sus fuerzas de evitar explotar en risas.

En un momento la mujer se agachó y sorprendió al pequeño que soltó un grito cuando sus ojos se posaron en los de su madre. —¡Te encontré pequeño bribón! —gritó su madre cuando lo vio.

Eren salió de su escondite y la mujer lo tomó en sus brazos para estrujarlo con todas sus fuerzas.

¡Mamá! No puedo respirar —se quejó el niño. La mayor lo devolvió a la cama y lo arropó con todo el cuidado y amor que podía expresar en ese simple gesto.

¿Qué tengo que hacer para que cierres tus ojitos y te duermes querubín? —preguntaba Carla con dulzura a la vez que peina con sus dedos el revoltoso cabello del niño.

¡Un cuento! —chillo el pequeño castaño. La mujer sabía que la respuesta era bastante obvia por lo que se acomodó junto al niño, ambos ahora recostados en el mullido colchón, y comenzó su relato.

Por lo general las historias de Carla Jaeger eran de índole fantásticas y maravillosas. Sus personajes eran seres con magia, espíritus de la naturaleza o criaturas sobre naturales. Eren amaba este tipos de historias, en los cuentos de su madre estos seres siempre eran bien intencionados y amables, pero él sabía que solo eran eso, cuentos. Pero deseaba con todas sus fuerza que no fuera así.

Cuando la mujer terminó su relato, Eren aún estaba con sus orbes abiertas de par en par y ni una pizca de cansancio u otro parecido se asomaba por ellas. El niño miraba fijamente el techo como si el acto más asombroso del universo se estuviera presentando en él.

Mamá...

Dime, querubín.

Armin me dijo que el bosque está prohibido... ¿es por qué las cosas de tus cuentos viven ahí? Él me dijo que había brujas y-...

La mujer tomo la mejilla del menor para que volteara el rostro y así poder verla con la poca luz de luna que la ventana dejaba entrar —El bosque está prohibido porque así lo manda el rey... —comenzó su madre tratando de convencerse a sí misma. Un recuerdo fugaz cruzó su mente, recuerdos de un pasado que ahora se veía tan lejano. Suspiró cansada y terminó por acunar la carita de su niño entre sus manos —. No importa lo que digan o quién lo diga; cualquiera puede ser una mala persona, no juzgues sin antes conocer. ¿De acuerdo?

Ese es un estupendo consejo. ¡Toma nota!

El niño sonrió alegre y abrazó a su madre. Eren no lo entendía ahora pero seguro algún día podría comprender las palabras de su madre. Ella se levantó de la cama, acomodó otra vez al pequeño y besó su frente antes de irse. Eren se acurrucó y cerró los ojos con una enorme sonrisa en el rostro: su madre no negó que en el bosque hubiera un algo.

Eren había logrado conciliar el sueño luego de ese pequeño recuerdo, y dormitó con el mismo sentimiento de aquella vez.


El amanecer llego puntual como todos los días. El cielo estaba despejado pero la helada brisa calaba hasta los huesos. El vaho que se escapaba de los labios de Eren era visible, el chaleco que su madre tejió lo protegía de una posible hipotermia. Caminaba a paso rápido para llegar al castillo sin encontrarse con su hermana pues no tenía ganas de que lo interrogara por su trasnochada apariencia.

Se supone que los caballeros del reino tenía habitaciones compartidas dentro de las instalaciones del castillo, pero aquellos que vivían cerca tenían la opción de quedarse en sus respectivos hogares, como era el caso de Mikasa y él.

Sus actividades de ese día comenzaban cuando tuviera que escoltar a los invitados de la noche anterior a sus propios dominios pertenecientes a Rose y eso sería pasado medio día. Como sabía que sus tareas terminarían tarde decidió, en medio de su insomnio, ir a charlar temprano con la castaña de anteojos. La noche anterior, durante el camino de regreso, Hanji les dijo que no podría acompañarlos el día siguiente. El problema era que ellos no sabían cómo demonios llegar a ese lugar, por lo que ella les explicaría como.

Ingresó por el gran arco exterior que divide la ciudadela del castillo Reiss, los soldados que resguardaban la entrada lo dejaron ingresar sin problemas. El interior estaba en completo y agradable silencio, todos debían estar inconscientes o jaquecosos luego de la hecatombe de la noche pasada. Eren caminó a paso lento por los mismos pasillo y escaleras que recorrió llevando a su amigo acuestas. A pesar de lo temprano que era, sabía que Hanji ya estaría en pie realizando alguna mezcla rara que de seguro le causaría urticaria al pobre bastardo que se ofreciera de conejillo de indias. «Moblit» pensó mientras reía.

Su andar se detuvo cuando estuvo frente a la puerta del estudio de investigación, está estaba entreabierta por lo que la empujo un poco más para anunciar su llegada. Hanji lo invito a pasar y ponerse cómodo. Aceptando, tomo asiento de frente a la mujer, que estaba de pie trabajando en una larga mesa de madera. Tenía un montón de plantas, flores, hierbas y otras cosas por todo el lugar, incluso por el suelo. No quería tener contacto con ninguna por temor a que una le causará sarpullido. Se removió inquieto en su lugar, la mujer seguía con sus experimentos sin prestarle atención y él no sabía por dónde comenzar. Tenía planeado sacarle mucho más que solo el cómo llegar a esa cabaña.

—Pregunta lo que quieras grandote —dijo Hanji, que sonreía mientras colocaba un extracto rosa en una infusión verdosa. Su invitado saltó en su lugar por el inesperado comentario. Empezaría por lo obvio.

—Pues... dime como llegar a la cabaña —dijo tratando de no sonar muy ansioso.

—¡Simple! Pidiendo indicaciones —Eren frunció el ceño pensando que estaba bromeando.

—Y, según tú, ¿a quién pido dichosas indicaciones? —Hanji lo observo esperando que él descubriera por si solo la respuesta. Una luz, figurativamente hablando, se prendió encima de la cabeza del soldado, deformando su mueca en una de incomodidad —Debo hacerlo como lo hiciste ayer ¿no? —Un movimiento de cabeza de la contraria afirmó sus dudas —Y... ¿debemos esperar que tú nos contestes? Quiero decir ¿tú voz?

—¡Oh no! No, no, no, no —negó con ambas manos y la cabeza —Jamás contestes a otra voz que no sea la tuya —dejó lo que estaba haciendo para rodear la mesa y quedar junto al muchacho con una expresión de seriedad —Quien pide ayuda debe aceptarla solo si su petición es devuelta por sí misma. ¿Me entiendes? —Eren asintió —Bien, buen chico —palmeó su cabeza tres veces y volvió a su trabajo.

«Eso fue totalmente raro» pensó el moreno. Trató de procesar todo lo que Hanji le había dicho y miles de preguntas se agolparon en su cabeza, todas sedientas de una pronta respuesta. Se acomodó en su silla para poder apoyar los codos sobre la mesa y tomar una actitud relajada. Tomó aire para comenzar de nueva cuenta la conversación y saciar sus ansias de curiosidad.

—Eres fácil de leer —como siempre, la de anteojos se adelanta al momento de hablar —. Incluso si tratas de ocultarlo —se acercó al frasco donde tenía la infusión e inhalar su aroma, para luego arrugar ligeramente la nariz —Ew... espero funcione —murmuró.

»Bueno, volvamos a nuestro asunto —dijo tomando el frasco con el líquido un tanto... ¿viscoso? Eren no lo sabía y no lo quería averiguar. Lo colocó encima de una pequeña repisa bien al fondo, para que no cayera, retornó sobre sus pasos acercando un banco en el camino para tomar asiento en la misma posición que su invitado —. Supongamos que quieres saber más del bosque, ¿me equivoco? —El caballero afirmó con la cabeza —Bien...sabes que saber más y no decirlo está sancionado por ley, ¿cierto? —Ups... con tantas preguntas y la ansiedad y la curiosidad y los secretos y todo eso, al joven soldado se le había olvidado por completo ese "insignificante" detalle. Una fuerte carcajada resonó por toda la habitación inundando los oídos del menor —Lo siento tanto... —dijo Hanji mientras secaba una lágrima del borde de su ojo —Es que tu rostro no tiene precio —recobró la compostura tras unos largos segundos de tranquilizar su respiración —Entonces mi querido Eren... nada de lo que hablemos saldrá de aquí —la mujer espero a que el otro le confirmara, pero este estiro su mano hacia ella extendiendo el dedo meñique, Hanji lo observo con duda.

—Es signo de promesa —dijo rascando su nuca con la mano libre y sonriendo apenado —Mamá me lo enseñó cuando era pequeño.

—En ese caso, —la mujer tomo las falanges del otro con las propias —¡es una promesa! —Eren contestó alegre de la misma manera.

Hanji ajustó los lentes en su rostro y gesticuló una mueca para tener un semblante serio antes de seguir con la conversación. —De verdad no quiero ser quien rompa tus "ilusiones de caballero"... —dijo Hanji realizando un gesto de comillas con sus dedos —pero en ese lugar... —continuo bajando el tono de su voz ––hay una gran comunidad viviendo, gente normal que solo quiere vivir en su propia ley.

Eren pasó de una mirada de curiosidad a una de ofensa —¿Para eso tanto secreto? —mencionó un tanto molesto.

—¿Eh? —la mujer lo miraba estupefacta ¿qué no era el sueño de todo caballero real ir con el chisme a su majestad de que habían personas en sus tierras prohibidas? ¿Que no pagaban impuestos, contribuciones y no tenían castigo por quebrantar la ley?

Eren seguía con el semblante molesto, pero ahora miraba por la pequeña y única ventana que existía en esas cuatro paredes. Él realmente tenía las esperanzas de que hubiera algo más dentro de ese arbolado sitio, algo que se le escapara de sus manos y que esta chica le daría lo que tanto anhelaba.

Hanji trató de razonar el actuar de su joven compañía —Eren —llamó la mujer para que este la mirará —¿esperabas algo más? Es que de verdad no ent-

—¿De dónde venían todas esas voces que escuchamos? —intervino para sorpresa de la otra.

—Pues como te dije, existe una comunidad que trata de asustar a los intrusos par-

—¿Y cómo explicas que la chica que nos guía a esa casa pudiera copiar tu voz?

—¡Eso es bastante interesante! —contestó la mujer emocionada de que llegaran a ese tema, pues es lo que estaba esperando —. Isabel, que es el nombre de esa chica, tiene sus cuerdas vocales muy bien entrenadas, desde pequeña siempre estuvo imitando toda clase de sonidos, por lo que ahora es una excelente forma para dar con ella, ya que la mayoría saldría huyendo si escucharan su propio voz llamándolos, ¿no lo crees? —Eren proceso cuidadosamente las palabras de Hanji, aún había algo que no le cuadraba...

—¿Y por qué solo ella nos puede guiar?

Una enorme sonrisa se apoderó de la cara de la mujer. «Aterrador» pensó Jaeger. —Aún más simple mi amigo: Trampas —soltó con toda naturalidad —. Casi todos los caminos del sitio esconden trampas para distraer a quienes tengan el valor de ingresar.

—¿Qué clase de trampas? —Eren no recordaba haberse encontrado con ninguna aquella ocasión.

—Como dije es muy simple. Marcas de animales salvajes, trampas de sonidos, matorrales y hiedra venenosa e, incluso, madrigueras de animales venenosos. Todo esto solo para que cambies de dirección y termines caminando en círculos —todo sonaba bastante lógico —pero si logras pasar esos obstáculos hay un par de trampas mortales más adelante. Jamás he oído que alguien haya caído a uno de esas pero ¿quién sabe? Hay muchas cosas que aún no sé.

Al parecer todas aquellas explicaciones habían calmado la ira Eren, pues su rostro estaba más tranquilo y un dejo de decepción cruzaba por éste. Hanji chasqueo los dedos para que le pusiera atención.

—Una última cosa Eren —dijo seria y con un aura tenebrosa a su alrededor —No confíes en nadie más, hay demasiados peligros en ese lugar —el chico tenía toda la atención que poseía en las palabras que salían de la boca de Hanji —y cualquiera de ellos podría salir de la nada y-

—¡Aaaah! —Eren azotó contra el duro suelo de piedra por el grito que vino desde sus espaldas. Ahora dos mujeres se reían a todo pulmón de su reacción. Hanji golpeaba la mesa con uno de sus puños y la otra mujer, que resultó ser la madre de Eren, se presionaba el estómago con ambas manos —. Va-ya caballero nos hon-ra con su presen-cia —dijo Carla entre risas provocando que la de lentes riera con más ganas —. No pue-do creer que cay-eras en ese truco, mi pequeño querubín —trataba de hablar la madre mientras se calmaba poco a poco.

Al parecer cuando Carla entró, Eren no se dio cuenta. En primer lugar, estaba de espaldas a la puerta de entrada; y segundo, estaba demasiado sumergido en la conversación que entablaba con la Hanji.

Ambas adultas al fin pudieron tranquilizarse, mostrando una compostura de acuerdo a la edad que poseían. Carla Jaeger era una mujer bella físicamente hablando, su cabello negro atado en una coleta de lado y sus ojos color ámbar de una tonalidad clara le otorgaban un gran grupo de pretendientes. Pero lo que más llamaba la atención de la gente que la rodeaba era su carácter cálido y amable con el prójimo. Siempre tendría una sonrisa que regalar. Una madre amorosa y dedicada, pero también podía ser estricta y severa si el caso lo ameritaba y eso Eren lo sabía mejor que nadie.

Cuando ella y Grisha se unieron en matrimonio, Carla visitaba el lugar de trabajo de su marido con mucha frecuencia para llevarle de comer o simplemente para hacerle compañía. Un día la fallecida hija mayor del rey, Frida Reiss, la interceptó en uno de los pasillos que conducía al lugar donde estaba su marido. La niña le preguntó que llevaba y ésta sacando un pastelillo de la cesta que llevaba en las manos se lo ofreció a la pequeña, quien lo tomó con gusto y le dio una enorme mordida. Ese mismo día la mujer fue requerida en la sala del trono por el rey para ofrecerle trabajo en la cocina del castillo por petición de la princesa Frida. Carla aceptó gustosa, y actualmente sigue en su puesto de trabajo como repostera real.

—¿Qué haces aquí má? —pregunto el menor levantándose de su cómodo lugar.

—Trabajo aquí jovencito —contestó arreglando su cabello —además, saliste muy temprano de casa. Te llamé para que camináramos juntos, pero pasaste de mi —comentó actuando como si estuviera ofendida.

—Lo siento...

—Esta bien, querubín —las mejillas del menor subieron a un tono carmesí al percatarse del apodo que utilizó su madre. Hanji también se dio cuenta y disimuló una risita.

—I-iré a buscar algo para desayunar —se dio la vuelta avergonzado y dispuesto a salir lo más deprisa que pudiera.

—¡Hasta luego, querubín! —le grito Hanji antes de que pudiera cerrar la puerta y desaparecer.

Carla observaba por donde se había ido su hijo para luego tomar el lugar que esté previamente había ocupado. —Y... ¿me dirás de que hablaban?

—Perdón madame, secreto de Estado —contestó la chica imitando el saludo de la milicia. Carla rió por el gesto de la muchacha de lentes. Hanji debía ser realmente buena en lo que hacía porque no entendía de que otra manera su marido pudiera compartir el cuarto con alguien como ella, tan espontánea y poco seria.

—Querida, ¿sabes cuándo vuelve mi esposo?

—Hm... Llegó una carta hace un par de días ––dijo levantándose para buscar entre un montón de papeles amarillentos y cantando victoria cuando encontró el correcto —. Bien... si mis números son correctos el señor Grisha debería estar por aquí dentro de una semana —estiró el trozo de papel para que la otra mujer lo viera con sus propios ojos.

La mujer soltó un largo suspiro al terminar de leer —. Realmente lo extraño...


El día paso demasiado lento para el gusto de algunos. El clima no varió, las nubes no realizaron su entrada dando paso a una deslumbrante y fría noche que iluminaba todo a su paso gracias al conjunto de estrellas y la media luna que albergaba el oscuro cielo nocturno.

Una tropa de unos diez caballeros con sus brillantes armaduras cabalgaba por un camino desierto que los conduciría a las caballerizas del hogar de la familia real. Iban entre risas y comentarios que carecían de sentido y justificación. La mayoría de ellos se admiraban jóvenes y algo adolescentes por lo que no era de extrañar su actuar.

—¿Se fijaron en cómo me miraba la condesa de Baltimore? —se jactaba uno de ellos. Era más bajo que sus compañeros y su cabeza estaba completamente rapada.

—¡Ya lo creo! —Contestó un rubio alto y fornido —Estaba completamente hipnotizada por el perejil entre tus dientes, que por cierto, ¡te manda saludos!

La horda de caballeros explotó nuevamente en risas a costas de su amigo, que se le subieron todos los colores a la cara al darse cuenta de lo que había mencionado su compañero era cierto. Siguieron por su sendero sin ningún problema. Al pasar cerca del pueblo abandonado Eren detuvo su caballo, lo que causo que el resto se detuviera y todos miraran con dudas al moreno.

—¿Algún inconveniente joven Jaeger? —pregunto el líder del escuadrón; un hombre de estatura y complexión media. Tenía una expresión serena y acogedora que en sus hombres promovía la confianza.

—No señor —contesto firme el soldado —, pero tengo un asunto pendiente cerca de aquí. Ya que mi trabajo ha terminado por hoy ¿se me permite retirarme, señor?

—De acuerdo Jaeger —confirmó el líder —pero no me haré responsable si algo te llega a pasar, tus compañeros serán testigos de tu decisión —sentenció mirando el resto quienes afirmaron al unísono con un "Sí señor".

El hombre se movió hasta el frente de la formación y retomó el paso. Sus amigos le dieron como despedida gestos obscenos tratando de adivinar lo que el moreno se traía entre manos. Éste solo entornó los ojos mientras recordaba lo infantiles que podían llegar a ser esos chicos. Eren observó como el grupo se desvanecía en la distancia y solo entonces emprendió su propio camino al pueblo fantasma.

Cuando llegó busco un buen lugar en donde dejar atado al caballo, llegaría a pie hasta la orilla del bosque y se encontraría ahí con Mikasa. Esta vez no había nadie que los dejara pasar, por lo cual tendrían que escabullirse como ratas. Ató al corcel cerca de un lugar donde tuviera que pastar y buscó algún recipiente para dejarle agua fresca. Encontró un cubo de madera en las ruinas de lo que antes era una casa, caminó hasta el río que fluía cerca para llenarlo y volver junto al animal. El caballo se veía tranquilo mientras Eren se quitaba la armadura para luego llevarla al interior de una de las solitarias chozas. Bajo la armadura llevaba las mismas prendas de esa mañana, solo se tuvo que colocar el chaleco que guardo en una de las bolsas que cargaba el animal. Una vez listo, Eren decidió seguir su camino.

Llegó al lugar donde se supone que debía juntarse con su hermana, un gran árbol cerca de las limitaciones del bosque, pero nadie apareció. Y había esperado cerca de dos horas. La paciencia la había perdido en algún momento durante el día y, para su desgracia, ésta no se había dignado a volver a él. Sintió unos pasos acercarse entre el seco pastizal, instintivamente se escondió tras el árbol esperando no ser descubierto.

—Tranquilo Eren, soy yo —pudo distinguir la suave voz de su Mikasa. Salió de su escondite con una miraba de completo enfado pero esta se dispersó y paso a confusión cuando vio a la mujer portar la armadura de Rose —. Me asignaron un turno ya que uno de los guardias de esta noche esta con un resfriado y son pocos los que aceptan el turno de noche —explicó adivinando los dudas de su hermano —. Podemos ir con Armin por la mañana, es mu-

—Olvídalo Mikasa, esto es perfecto —dijo Eren. El ceño fruncido de su hermana le decía que ella pensaba lo contrario —. Contigo de guardia puedo entrar y traer de vuelta a Armin sin ser descubierto —finalizó.

Mikasa sabía que cuando Eren estaba decidido no había nada ni nadie que pudiera hacerlo cambiar de opinión. Tomo aire profundamente y dejo salir un largo suspiro. Ambos se dirigieron a las orillas del boscoso lugar y detuvieron su andar a pocos metros.

—¿Estás seguro? —pregunto la pelinegra una vez más, nada perdía.

—Seguro —sentenció el contrario dispuesto a continuar.

Y aquí es donde comprobamos que uno de nuestros queridos protagonistas es extremadamente valiente, posee gran coraje y una inmensa determinación.

A la vez que la falta de sentido común en situaciones peligrosas, las inconfundibles ansias por la verdad y un adorable sentimiento suicida, a veces, nublan su juicio.

Pero bueno, ¿qué sería la vida sin alguna de estas cualidades?

Probablemente segura y aburrida.

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[1]Víbora común europea. El veneno de esta especie no es mortal para el ser humano. Sin embargo, si exista una respuesta anafiláctica puede tener múltiples síntomas como los que sufre Armin. Derivando incluso en una insuficiencia cardíaca (y por ende, la muerte).

[2]Las víboras de este tipo son comúnmente bicolores en tonalidades marrones. El patrón es de barras incompletas dorsales, las cuales son del tono más claro y tienen una distintiv oscura sobre la cabeza. Las melánicas son oscuras por completo.

[3]Muerte del tejido.

[4]todo lo que no pertenece a este cuerpo que venga a mi

[5]Ven a mí.


Y eso sería todo por hoy. Espero que lo disfruten como yo al escribirlo.

Una acotación antes de despedirme. No sé si considerar la historia como "avance lento" pero si debo decir que la relación de todos los personajes no aparece espontáneamente, pues como es un AU (bastante complicado, por lo menos para mi) decidí darle a todo un "porque" por hilarante que parezca (hay magia, puedo hacer lo que quiera jajaja). Y otra cosa, creó que da la impresión de que no hay taaaanta magia pero bueno, eso lo sabrán más adelante.

Y un especial abrazó para Shadow! Gracias por molestarte en dejar rw, me hicieron muy feliz y me animaron a continuar con esto. Muchas gracias y espero que te guste.

Espero que hayan tenido una feliz navidad y yada yada. Peace.