Tengo muchas excusas que podría utilizar en momentos como este... lastima que ninguna me sirva en la practica jajaja
Como sea... para las personas que leen, ¡de verdad lo siento mucho! Llegue a olvidar que tenía este capítulo listo :c pero aquí esta... tarde pero sigo xD no lo dejare botado (por si alguien se preguntaba eso).
Otra cosa, a ver... en este cap no hay tanto interacción entre los personajes principales pero es por el bien de la historia (?) no quiero que las cosas se vean forzadas... así que, como creo haber mencionado en el principio de los tiempos, lamento si va muy lento.
—Capítulo IV—
Saludos, persona bonita. Es un agrado estar frente a ti una vez más.
Quizás todavía quieras saber a quién le estas regalando parte de tu tiempo, aun no es el momento. Aun así, agradezco con todo mi ser que escuches esta historia.
Espero no estar confundiendo los acontecimientos más de lo necesario, pero hay cosas que aún no te puedo revelar. Paciencia. Aún existe un largo camino que recorrer.
Y ahora, para no hacer más tediosa la espera, continuaré en donde me quedé.
… Bueno, no en donde me quede exactamente...
Eren estaba de guardia en la entrada de los criados. Era un trabajo bastante fácil y, por tanto, bastante aburrido. Para nuestro joven soldado esto era lo mejor que le podría haber pasado, por unas cuantas simples razones. Número uno: estaba solo, o sea, lejos de Mikasa. Número dos: su concentración estaba tan ausente como el calor en esta fría temporada, y eso significaba un posible factor de riesgo para su integridad física. Y, finalmente pero no menos importante, la número tres: estaba lejos del bosque.
El tiempo pasa a la velocidad de la luz, si tú le das la oportunidad, como lo fue en el caso de Eren. Tres días exactos habían pasado desde su excursión en el bosque donde, recordemos, solo fue a buscar a su amigo herido. ¿Y qué obtuvo? Un amargo momento y, como era habitual, más dudas que respuestas. Los recuerdos venían una y otra vez a su mente, asaltándolo a cualquier hora del día, desconectándolo de su realidad y, por ende, poniendo en peligro su vida. Debemos recordar que ser un caballero de cualquier reino es exponer tu vida defendiendo la de los demás y perder tu concentración puede ser tu sentencia de muerte.
Soltó un suspiro largo y pesado, ya había perdido la cuenta de cuantos iban solo en esa mañana. Miró el cielo y se dio el lujo de apreciar el inmenso azul que yacía sobre su cabeza. ¿Sería el mar igual que el cielo? ¿Quizá otro tono de azul? Esas serían las preguntas más fáciles de responder, aunque él no lo sabía. Cerro sus ojos para intentar imaginar cómo sería eso que llamaban océano pero el recuerdo de la noche anterior lo asaltó una vez más...
Déjame ilustrarte en los acontecimientos de esa noche.
En la casa que estaba en medio del claro en el bosque prohibido el chico de cabellos castaño se paseaba de un lugar al otro desesperado por la situación en la que se encontraban. No sabía exactamente cuánto tiempo había pasado desde que se encontraban en ese lugar, pero si sabía que era el suficiente como para alterar de sobremanera a Mikasa. ¿Qué le diría a la joven cuando la encontrara? ¿Y qué si ya había entrado a buscarlos? ¿Y si le había pasado algo? Eren maldijo su mentalidad catastrófica. Seguro la misma Mikasa se la habrá contagiado. Y Armin no era de mucha ayuda tampoco. Cuando le dijo que su hermana los estaría esperando en los límites del bosque, Armin palideció en menos de un segundo y casi le da un ataque de pánico.
Es sorprendente como el genio de una persona puede alterar el ánimo de los demás.
Pasaron minutos u horas, para los chicos pareció una eternidad, pensando cómo afrontar la situación. Y para colmo, ¡ninguno de los habitantes del bosque se dignaba hacer acto de presencia! Eren ya estaba decidido a salir por esa puerta y arrastrar a Armin si fuera necesario cuando la puerta de entrada se abrió con un fuerte golpe.
—Lárguense. —Un total extraño nunca antes visto fue quien azotó la puerta con ira poco contenida.
—Relájate un poco, Levi. Ellos no han hecho nada malo —interrumpió la voz de Farlan, quien estaba de tras del extraño, cuyo nombre al parecer era Levi.
—Me importa una mierda. Quiero que se larguen. Ahora.
Armin miró a Eren tratando de saber que estaba ocurriendo pero grande fue su sorpresa al ver al castaño. Eren tenía la mirada perdida en Levi, olvidando por completo el problema que, previamente, le carcomía los nervios. Su boca entre abierta pedía a gritos articular una palabra coherente frente a la situación, pero el apagón en su cabeza le dificultaba la meta. A la vez, Levi destilaba furia por cada uno de sus poros, y cada pequeña partícula iba destinada para ellos. La ira que se vislumbraba en los pequeños ojos del hombre podría paralizar un ejército de cien soldados. Armin no sabía qué demonios hacer en estas circunstancias, y al parecer tampoco importaba. O morían a manos de Mikasa o morían a manos de este tipo. Ya daba igual.
En su mundo, Eren trataba de procesar lo que había dicho Farlan. ¿De verdad era Levi quien estaba en ese lugar? ¿El Levi que él buscaba? En la tormenta que eran sus pensamientos en este momento, trató de buscar en las memorias de su infancia la imagen mental del hombre que él recordaba. Claro estaba que esos recuerdos dictaban mucho de la realidad que ahora se hacía presente. El hombre en la puerta era más bajo de lo que recordaba, incluso más bajo que él. Aquella amabilidad que Eren añoraba era reemplazada por la hostilidad en carne y hueso. La piel pálida del aquel entonces ahora era algo rojiza, por causa combinada del frío y la ira. La voz masculina seguía siendo la misma pero estaba adornada con asco y molestia. Y antes que pudiera pensar en cualquier otra comparación Levi dio media vuelta y se retiró del lugar.
—Sácalos de aquí —ordenó Levi a Farlan. El castaño chasqueó su lengua para dirigirse a los forasteros.
—Ya lo escucharon —dijo Farlan apoyando su espalda en el marco de la puerta y cruzando sus brazos—. Solo váyanse y no causen más problemas...
Armin fue el primero en reaccionar. Con un rápido movimiento tomó el antebrazo de Eren y lo jaló para que salieran lo más pronto de ese lugar. Pasaron junto a Farlan quien se despidió y les deseo un buen viaje. Armin quiso agradecer las buenas intenciones pero terminó enredándose con su propia lengua por el nervio que le causaba todo este el alboroto. Eren examinó su alrededor buscando al hombre que había provocado todo el algarabío. Tenía un par de preguntas que hacerle y no se marcharía sin respuestas.
—¿Dónde está? —Eren se detuvo y se enfrentó a Farlan. De momento solo él podría despejar sus dudas. Tendría que conformarse.
—No tengo ni la menor idea... —contestó mirando al soldado de forma intimidante. Para Eren eso era pan de cada día como caballero real, le afectaba tanto como el zumbido de una mosca.
—Eren, por favor vayámonos —suplicó Armin.
—Solo quiero saber porque nos echan tan agresivamente. En primer lugar fuiste tú —dijo Eren señalando a Farlan— quien nos dijo que no podíamos irnos "sin permiso".
—De haber sabido que su amiguita era un soldado, ten por seguro que ni siquiera los hubiéramos ayudado. —Farlan terminó por entrar a la casa y cerrar la puerta en la cara de Eren. «¡Maldita sea, Mikasa!» pensó Eren apretando con fuerza la mandíbula. La ira amenazaba con apoderarse de él. Gracias al cielo Armin fue más rápido y, una vez más, rogó a Eren para que se marcharan.
Sacudiendo su cabeza, Eren comenzó a caminar en dirección incierta, después de todo cualquier camino que tomaras en ese lugar te llevaría de vuelta al exterior.
Extraño, ¿no?
Giró sobre sus pies antes de continuar pues quería grabar en su memoria ese lugar ya que tenía la sensación de que no podría volver nunca más. La figura de Levi a un costado de la casa llamó su atención. Tenía la capucha igual que hace unos momentos, igual que aquella vez... ¿Podría haber sido distinto aquel incomodo encuentro?... Claro que no. Lo más probable es que ni siquiera recuerde al imprudente mocoso que ayudo hace once años. Sintió como Armin tironeaba de su ropa para que avanzara. Era hora de volver a casa.
Y eso fue lo que ocurrió. Si piensas que pudo haber terminado de mejor forma ¡Felicidades! Eres una persona optimista y esa es una cualidad apreciada en estos días.
La mañana estaba por terminar para Eren y ese recuerdo era todo lo que había en su cabeza. Nuevamente el tiempo se le escapó y nada productivo había sacado de todo eso. Su mente estaba exhausta, quería un respiro, necesitaba distraerse. ¿Dónde estará el idiota que tiene que reemplazarlo?
—¡Hey! ¡Eren!
Hablando del rey de Roma. Un joven más bajo que Eren y de cabeza rapada caminaba con toda calma hacia él. Era uno de sus compañeros de escuadrón, Conny Springer. Llevaba un trozo de pan en su mano izquierda y, por lo que se notaba, no tenía la mínima intención de tomar su puesto como guardián.
— ¿Podrías apresurarte? Me muero de hambre —dijo Eren mirando la hogaza de pan de su compañero.
—Si no estuvieras huyendo de Mikasa habrías podido desayunar —reprochó Conny mordiendo el alimento.
—Cállate. —Si bien el otro tenía razón al hacer aquel comentario, no conocía los motivos de Eren, los cuales eran bastantes simples, si se conocía la historia de trasfondo. Eren solo quería evitar gritarle a su hermana tal como lo hizo aquella noche cuando salieron del bosque.
Tan pronto como el nuevo guardia tomo su lugar, Eren quiso ingresar al castillo por la puerta de los empleados. Antes de ir a la cocina para buscar su almuerzo tenía que hablar con Armin y lo más probable es que estuviera en la sala de investigación junto con Hanji.
—Armin está en las caballerizas. —Eren miró a Conny con espanto estampado en su rostro. ¿Acaso podía leer sus pensamientos? —. No. Es solo que estás pensando en voz alta. Daaah —dijo Conny mordiendo el pan.
Eren suspiró aliviado pero algo molesto por su estupidez, debía aprender a controlar su boca y cuanto antes mejor. Desvió su andar para dirigirse a las caballerizas donde esperaba encontrar a su rubio amigo. Mientras se alejaba alzó la mano para despedirse de Conny con un simple comentario: —Mándale saludos a Sasha. —Se escuchó como el aludido se atoró con el trozo de masa que bajaba por su garganta y Eren no pudo aguantar la risa. Su ánimo pareció mejorar al haber logrado su cometido.
Para ellos estaba prohibido tomar cualquier alimento que perteneciera a la familia real, solo aquella que les correspondían como almuerzos y cenas. Incluso su propia madre lo regañaba si intentaba aprovecharse. Pero su escuadrón se llevaba bastante bien con una de las ayudantes de la cocina, Sasha Braun, y aunque tratara de disimularlo, Conny estaba embobado con la chica. Y no hay duda de que antes de llegar a reemplazarlo pasó a saludar, de seguro por eso se había demorado más de la cuenta en llegar. El pan que trajo fue su silencioso acusador.
Siguió su camino con el humor renovado. Tenía ansias por conversar con Armin. El pequeño rubio había notado lo distraído y decaído que estaba Eren desde que volvieron de su desventura y sabía que necesitaba ordenar sus pensamientos antes de pasar a un interrogatorio, que era lo que normalmente hacia Mikasa.
Iba tan ensimismado en sus pensamientos que no notó cuando llego a su destino, hasta que el relinchido de uno de los caballos perforó su cabeza. Retrocedió un par de pasos tembloroso por el susto que le dio el animal. Luego de estabilizarse buscó a Armin con la mirada por todo el lugar, pero no lo divisó por ningún sitio. Quizás Conny se equivocó.
—¡Armin! —decidió gritar al aludido para no perder más tiempo.
—¿Eren? ¿Eres tú? —Una cabeza rubia se asomó de la nada, lo más lógico es que Armin hubiera estado sentado, por eso no lo vio.
—Tenías que estar con él... —dijo Eren en un susurro caminando hasta Armin, quien alzaba su mano para indicar su posición. Eren estaba tan perdido en como iniciar la conversación con su amigo o en el como no toparse con su hermana, que olvido que en ese lugar estaba su peor enemigo—. Hola Boo... —saludó con desagrado una vez que estuvo junto a su amigo. Como respuesta obtuvo un bufido del fastidiado animal y una risa por parte de Armin.
Boo era el caballo de Armin. Era un macho de raza mestiza. Tenía un pelaje castaño y la crin un tono más claro. Era un caballo temperamental. Esto se debía a que fue abandonado cerca de uno de los ríos del reino de Rose hace un par de años y su actual dueño, Armin, fue quien lo encontró y cuido de él. Por esta razón permitía que pocas personas se acercaran a él, pero Eren no era una de ellas, todo por un pequeño incidente que ocurrió hace un par de años atrás.
— ¿Podemos irnos a otro lugar? —preguntó Eren quien también estaba irritado, el caballo insistía en interponerse entre ellos dos, ¿desde cuándo un animal puede tener tanta personalidad?
Te sorprenderías.
—Claro —dijo Armin riendo. Levantó el libro que había dejado tirado cuando escucho la voz de Eren y se despidió de su caballo—. Compórtate, ¿sí? —pidió al animal acariciando su frente. Éste se dejó mimar tranquilizando su respiración. Armin se apartó dispuesto a salir del corral donde se encontraba pero el relinchido del caballo lo detuvo—. Espérame a fuera, Eren. No se quedará tranquilo si me ve salir contigo —dijo Armin acariciando nuevamente al caballo. Con molestia Eren salió del lugar dejando a Armin solo con el animal
—¿Por qué eres así con él? Te he dicho un millón de veces que es mi amigo y no es mala persona...–Armin trataba de razonar con el testarudo corcel que rezongaba por verse regañado... una vez más... por el mismo motivo de siempre.
Luego de un par de caricias, Armin pudo salir de las caballerizas sin escuchar el eco de los quejidos del caballo. Eren estaba echado en el pasto bajo un frondoso árbol. Permanecía con los ojos cerrados pero alerta a cualquier irregularidad que ocurriera a su alrededor, como caballero era habitual mantener ese estado de vigía.
Armin se ubicó junto a Eren, adoptando una posición perfecta para seguir con su lectura.
—Estúpido caballo... —se quejó Eren. Era una verdadera vergüenza que tu archienemigo fuera la mascota de tu mejor amigo...
La suave risa de Armin acompaño el cantar de las aves del medio día. Se respiraba la paz usual desde que toda aquella innecesaria batalla siquiera comenzara. O eso es lo que Eren creía.
—Entonces... —comenzó Armin sin levantar la vista de su libro—. ¿Me dirás el porqué de tu enojo con Mikasa?
Eren no sabía por dónde comenzar, ¿cómo explicar la frustración que puede causar un, casi, total extraño? ¿La irritación qué le provoca un acto de preocupación de un ser querido? ¿Cómo rayos decir lo divergente y complejo de sus emociones con el poco vocabulario que poseía? ¿Podría dar un sentido coherente a todo esto? Imposible.
Gruño ante su incapacidad de expresarse. Era sorprendente como alguien tan simple, a los ojos del resto, podía contener tan complicados dilemas. Armin conocía lo suficiente a Eren como para ponerle subtítulos a los pensamientos de su amigo, pero esta vez era diferente. La información que poseía era escasa, poco lograría si intentaba adivinar a ciegas. Así que bajo el libro y volvió a la carga.
»Bien... empecemos por donde creo está el problema —dijo Armin cambiando de posición para quedar frente a Eren, quien se incorporó para quedar cara a cara—. Te alteraste bastante cuando nos corrieron de esa casa, la cual te recuerdo no era nuestra. Solo éramos... "invitados" —realizo las comillas con sus manos.
—Y como "invitados" —imitó Eren—, no deberían habernos echado de esa forma.
—Un punto a tu favor —aceptó—pero lo que realmente pienso que te molesta, y por alguna razón espero equivocarme, es el sujeto que nos sacó... —«Bingo» pensó Armin cuando Eren desvió la mirada fastidiado —. ¿Quieres explicarme? Quizás pueda ayudarte...
Sonidos incomprensibles salieron de la boca de Eren, pero no podía negar que su amigo tenía razón. Cada vez que Eren no encontraba solución a sus problemas, ni aunque ésta estuviera enfrente de sus narices, Armin era la respuesta. Y rezaba porque esta vez fuera igual. Eren miró a su amigo, rogando en silencio que no le contara a nadie, absolutamente a nadie, lo que iba a decirle. Por un instante Armin se sintió ofendido por el hecho que lo creyera un boca suelta, pero no lo recriminó pues pensó que era realmente importante lo que iba a oír.
Eren le relato a su amigo la pequeña travesía que hizo cuando era niño. Trató de no saltarse ningún detalle, por minúsculo que fuera, y forzando a su memoria a no fallarle.
— ¿Tu madre no te regaño? —fue lo primero que preguntó Armin cuando Eren terminó. Eren le explicó que su madre nunca llego a ver las flores porque éstas se marchitaron a los tres días, cuando se supone que una flor en agua debería durar quince días[1]. así que no vio la necesidad de decirle que es lo que había pasado. Además, aunque volvió muy entrada la noche aquel día nadie lo supo, excepto el caballero que lo ayudo a regresar a su casa. Un tipo alto y rubio, pero Eren no recordaba mucho pues por alguna razón estaba muy somnoliento.
Armin cerró los ojos para ordenar y procesar de mejor manera toda lo información que acababa de recibir y encontrar cómo estaba relacionado todo esto.
—Mm... Eren, por favor no te vayas a enojar conmigo por esto... —comenzó Armin algo nervioso—, pero creo que tu... obsesión tiene algo que ver... —La mirada de Eren era practicante indescriptible. ¿Obsesión? ¿Qué condenada obsesión?—Ya sabes... con la magia y eso... —Defecto número uno de Eren Jaeger: pensar en voz alta.
—Explícate Armin, por favor.
—En ese caso... seré lo menos tedioso posible. Tú fascinación por lo mágico y sobrenatural empezó desde pequeño, con todas esas historias que te contaba tu madre. —Eren iba a reclamar pero Armin colocó una mano frente a su rostro dando a entender que no quería ningún tipo de interrupción—. Cuando entraste aquella vez en el lugar prohibido y te encontraste con aquel hombre, quien no era un ser mágico o nada por el estilo, eso debió haber... aplastado, por así decirlo, tus ilusiones de niño pero en su lugar crecieron, ¿cómo? Lo desconozco, aún no descifro del todo cómo funciona tu cerebro. —Se rasco la barbilla con sus dedos índice y pulgar—. A eso le siguieron años de preguntas sin respuestas, y esto solo alimentó el pensamiento de "si no me dicen nada, debe ser verdad". —La mirada de Eren demostraba estupefacción al oír cada palabra de Armin, de algún modo todo parecía encajar—. Lamentablemente, todo terminó de la peor forma. Al fin alguien te contó la verdad pero tú te negaste a creerla, depositando tus esperanzas en un recuerdo, que terminó por romperse al enfrentarte, de cierta forma, con la realidad. Al final toda esa frustración la liberaste con Mikasa, quien sabes que te perdonaría cualquier estupidez.
Demasiada información. Y toda correcta. Ahora todo tenía sentido, y uno plausible. Se volvió a tirar en el pasto y para procesar todo aquello. De lo primero que se dio cuenta es que tendría que disculparse con Mikasa. La joven solo se había preocupado por el bien de ellos, de su familia. Y él no tuvo en consideración que Mikasa ya había perdido una familia una vez, no lo soportaría una segunda. Suspiró pesadamente, se había comportado como un completo idiota.
»Sí, lo hiciste —dijo Armin. Eren pensó seriamente en coserse la boca—. Deberías. — volvió a comentar Armin respondiendo a su pensamiento en voz alta. Eren maldijo al cielo mientras Armin se partía de la risa.
Una voz a lo lejos los sacó de su pequeña burbuja. Era Mikasa quien corría hacía ellos. A pesar de llevar puesta la armadura, llegó bastante rápido hasta donde se encontraban los chicos. Calmó su respiración antes de poder decir siquiera una palabra, su rostro denotaba preocupación.
—Papá llegó.
—¿En serio? ¡Genial! —Exclamó Eren levantándose del suelo. Tenía muchas ganas de hablar con su padre.
—Yo no diría lo mismo... —dijo Mikasa algo incómoda.
—¿Le ocurrió algo? —preguntó Eren comenzando a preocuparse.
—No, no. Tranquilo. Pero será mejor que vengan conmigo...
Eren le tendió una mano a Armin para ayudarlo a ponerse de pie. El silencio de los tres jóvenes les permitió oír claramente como el estómago de Eren rugía.
—¿Les molesta si pasamos por la cocina? Me muero de hambre... —dijo Eren algo apenado.
Los otros dos no pudieron hacer nada más que reírse.
El castillo de la familia Reiss era una estructura monstruosa, digna de ser llamada fortaleza impenetrable. Debido a la seguridad que despedía de sus muros una ciudad se construyó en sus alrededores. Familias completas, comerciantes, artesanos, médicos y gente de variados oficios habían edificado sus hogares en ese lugar, que recibía el nombre de Shiganshina. Como en toda ciudad una gran plaza se abría paso en el centro del lugar. Se utilizaba comúnmente para celebraciones religiosas o paganas, avisos reales y eso.
Ahora la muchedumbre se aglomeraba en aquella plaza para ver eso. Llama la atención como la morbosidad de la gente sobrepasa su moralidad en ciertas ocasiones. Ésta era una de esas ocasiones. La multitud rodeaba una tarima de madera lo suficientemente alta para que todos lograran ver lo que ocurría sobre ella, incluso los que estaban hasta el fondo. Sobre la tarima estaba un hombre con un traje bastante ostentoso sosteniendo un pergamino con sus delgados dedos. Un segundo hombre subió, pero este llevaba su cara cubierta con una tela negra.
Un juicio.
Una mujer de edad avanzada y manos atadas subió al escenario que se prestaba para eso. El hombre con el pergamino comenzó a leer en voz alta: — Emilia Bufar, se le acusa de utilizar y manipular brujería para causar penas, dolor y muerte de a lo menos dieciséis aldeanos del poblado de Karanase, ubicado al Este del reino de Rose. Las leyes de éste reino prohíben tajantemente el uso y practica de hechicería, así como el contacto con criaturas de esta índole. Se castigará con pena de muerte a todo infractor. ¿Cómo se declara?
Mares caían de los cansados ojos de la mujer. Su llanto le dificultaba la respiración y negaba el habla, después de todo sabía que dijera lo que dijese el final siempre seria el mismo resultado.
¿Un juicio? Más bien un circo.
Los tres jóvenes llegaron en el momento preciso en que se dictaminaba el veredicto.
Culpable.
Una gruesa soga abrazó el cuello de la mujer que solo podía suplicar por su vida entre chillidos. Hombre, mujeres y niños, todos por iguales observaban atentos el espectáculo. Eren no daba crédito a lo que sus ojos veían. Ninguno de los tres en realidad.
Los juicios contra brujas habían terminado cuando ellos aún no comprendían el mundo que los rodeaba, o eso es lo que pensaban. El interior de Eren nuevamente era una tormenta de sentimientos encontrados. Hace solo un momento Armin le había hecho ver que toda esa mierda de la magia era solo producto de su infantil mente y ahora ¿esto? ¡Estaban a punto de colgar a una mujer por brujería! O era una cruel señal del destino o...
Gritos se empezaron a escuchar entre la gente, aclamando por una explicación a este burdo intento de juicio. Se sumaron cada vez más gritos y quejas, todas con la misma intención.
Entonces lo inesperado para los tres amigos sucedió, el padre de Eren y Mikasa, el médico Grisha Jaeger se sitúo frente al público y pidió silencio.
—Con todo respeto al pueblo —comenzó, subiendo a la tarima—, como muchos ya saben mi nombre es Grisha Jaeger y fui por un caso en específico al pueblo de origen de ésta mujer —dijo señalando a la aludida— y les diré exactamente lo que informe a su majestad. Era un caso común de Pasión Ilíaca, o eso creía hasta notar que la enfermedad se propagaba de una extraña manera. En mi último paciente, y gracias a la ayuda de una joven, encontré la causa EXTERNA la cual provocaba todos los síntomas y por consecuencia la muerte del afectado. Ya no tengo en mi poder aquella cosa, pero puedo asegurarles que una vez removido éste objeto el hombre en cuestión sanó milagrosamente.
Solo eso basto para convencer a la mayoría de los presentes. "Un fuerte grito se oyó; "¡Bruja!". Y todo explotó en insultos y maldiciones para la mujer que colgaba de la soga.
En una de las habitaciones del castillo, específicamente en su propia habitación, Historia desahogaba sus penas en soledad. Lo había intentado, de verdad que sí. Había rogado y suplicado a su padre que no enviara a esa pobre mujer a su muerte. Que no existían pruebas suficientes. Que la palabra de unos cuantos no podía sepultar la vida de sus iguales. Pero nada sirvió. Solo consiguió que el rey se enfadara puesto que la princesa trataba de defender a una infractora, una hechicera, era imperdonable. El que se encerrara en su cuarto con Ymir vigilando la puerta no era por un castigo o algo parecido, sino que era la única manera de no asistir a ese espectáculo. Como sucesora del reino se suponía que debía estar presente en todo castigo impuesto, pero prefería que la condenaran a ella misma antes de ver a otro ser herido.
Existía un pequeño balcón donde su padre se ubicaba para supervisar la exhibición. Ya había sido obligada a observar juicios desde ese lugar. Pero esos eran diferentes, eran de ladrones, violadores, maltratadores y gente realmente sin escrúpulos, con pruebas que demostraban su culpabilidad. Aun así, a ella le afectaba de todas maneras. ¡Un par de muñecas de trapo y hierbas no demostraban nada! ¡No eran prueba suficiente para quitar una vida!
Cubrió sus oídos cuando el griterío del pueblo inundó sus sentidos. Le sorprendía como las palabras de alguien podían tener tanto poder sobre la opinión de la gente, solo por su función en la sociedad. Y a pesar que estas personas entendían lo que provocaban se empeñaban en moldear la sociedad a su antojo aunque aplastaran vidas a su paso. No importa si es para bien o para mal, no se puede justificar lo injustificable.
El tiempo pasó y el silencio se instaló en la pieza de la joven princesa. La luz de día se había extinguido dando paso para que la bella noche se instalara. La puerta rechinó al abrirse lentamente. Era Ymir. La soldado venía con la intención de confirmar que ya había terminado todo. Se acercó sin tratar de hacer ruido, cosa que con la armadura era una tarea titánica. Historia se durmió en la cama, sus mejillas estaban marcadas por las lágrimas y el edredón estaba húmedo por las mismas. Ymir buscó con qué cobijar a la chica, sería horrible despertarla ya que lo más seguro es que no pudiera conciliar el sueño de nuevo.
La única luz del lugar provenía de la vela que llevaba consigo la soldado, el resto estaba en completa penumbra. Ymir dejó la vela en el buró, cerca de la cama de la princesa, y se acercó a la ventana para cerrar las cortinas. Al mirar al exterior pudo ver a un par de caballeros que viajaban con dirección desconocida. Llevaban una carreta con un bulto de dudoso contenido... ¿dudoso? No, Ymir sabía perfectamente que era eso: el cuerpo de la bruja de medio día. Lo más probable era que fueran a tirar el cuerpo de la pobre mujer en donde los animales pudieran hacerlo desaparecer rápidamente.
—No importa de que lado lo veas... este mundo siempre ha sido horrible... —susurró Ymir.
Terminó de cerrar las cortinas, tomó la vela y salió de la habitación en silencio. Caminó por los oscuros pasillos del castillo, ni un alma rondaba esos lugares. Sus pies la llevaron hasta un lugar inespecífico del tercer piso, cruzando una especie de pasillo abierto el cual dejaba ver el cielo nocturno. Ymir apagó la vela ya que de ahí en adelante el lugar se iluminaba tenuemente por unas antorchas y, antes de continuar su camino observo detenidamente las nubes que se asomaban a lo lejos.
—Una tormenta... que desagradable. —Y continúo su camino—. Lamentablemente no es solo literal...
Las palabras de la mujer se perdieron en la noche.
Alguien debería haberlas oídos. Alguien debería haberles prestado atención.
Pero eso no hubiera hecho una diferencia en esta historia...
[1] No me crean, fue algo que escuche alguna vez (?) pero dejémoslo en que Eren creía eso también.
Ahora si me pueden matar/odiar/acribillar/etc, como gusten, es gratis -risa nerviosa-
Pues nada, no me seguiré excusando (son buenas persona y me perdonaran :') eventualmente... )
Eso si, les pido paciencia, solo eso... un comentario constructivo quizás, que piensan en general hasta ahora o si quieren ver algo en especial (todo sirve para esta pobre y seca mente). Pienso que no soy muy buena con los diálogos... ¡Ah! y millones de gracias a mi linda Sakura que se dio la pajita de leer esto y corregirlo!
Espero estar por aquí pronto (¡por favor! ;;). Cuídense y que estén bien! Peace~
