MULTIVERSO 7

¿Qué pasaría si los personajes de Frozen y su argumento fueran semejantes al cuento original?

Personajes Principales: Anna, Hans, Elsa

Personajes Secundarios : Gerda, Olaf Marshmellow, Grand Pabbie


Anna sabía que algo extraño estaba pasando con su amigo, tal vez tenía diez años, pero conocía a Hans de toda la vida, eran como hermanos. Vivían en casas cercanas y sus familias pasaban buena parte del día juntos. Estaba segura que el cambio ocurrió cuando la abuela de Hans, Gerda, les contaba la historia de la reina de las nieves, una mujer muy bella, pero con el corazón congelado que traía el frío del invierno. Anna se asustó mucho con aquella historia, mientras que su amigo Hans, una año mayor que ella, le dijo que no debía temer, que solo era una historia y no le podría hacer daño y si fuera cierto él la protegería mientras tomaba una ramita de la caja de madera y la blandía como una espada.

Luego de eso, algo extraño ocurrió. Una ráfaga de viento apareció en la casa, apagando el fuego de la chimenea, el frío era terrible y el pequeño Hans sintió una molestia en su ojos, parecía que algo de cenizas había caído en su pupila incomodando al muchacho. Anna trató de revisarle su ojos pero su amigo se lo negó empujándola y tratándola de la peor manera. Desde entonces, la mirada del pelirrojo había cambiado y su manera de comportarse, de un joven agradable y bondadoso, se convirtió en alguien calculador y serio.

Ya no jugaba con Anna en el rosal cercano a su casa ni revisaban los libros de ilustraciones. El pelirrojo miraba eso con burla, entreteniéndose en observar la nieve, que comenzaba a caer por la ventana y revisándola con una gran lupa. Su mirada se afilaba ante aquel gran lente, perdiéndose en el tiempo.

- Toma Anna- dijo un día el niño entregándole el instrumento- Obsérvalos.

La niña acercó sus ojos al lente sobrepuesto a la nieve, descubriendo los pequeños cristales delicados ante el aumento de la lupa.

- No son hermosos, Anna- dijo Hans en un susurro frío- No hay pétalo de rosa ni libro ilustrado que se compare a la belleza de los copos de nieve. Son perfectos en su geometría, en su brillo y observa, no hay dos iguales. Cada copo es único y cada uno es bello. El frío es sublime, ¿no lo crees Anna?

Ella estaba de acuerdo en la belleza de los copos, pero se mantenía preocupada por las palabras de su amigo de toda la vida, su voz estaba cambiando y tenía miedo. Sentía que el Hans que conocía estaba desapareciendo con los días.

Hubo una nevazón en la noche, dejando un manto pulcro a la mañana siguiente con una helada que llegaba hasta tu corazón. Anna no salió, pero observó a Hans, con abrigo y gorro, salir con su trineo. Él la observó y la saludó con la mano.

- Me han dejado ir al centro a jugar con la nieve y el trineo con los niños mayores.

Luego de esto, se fue, dejando a Anna calentando con su aliento el frío vidrio de la ventana.

Los niños, en el centro, hacían competencia para engancharse en los carros y trineos de los adultos, de esta forma tenían velocidad y un montón de diversión. Ganaban si el dueño del transporte enganchado no se daba cuenta de lo que estaban haciendo.

Hans observaba esto con cautela, no era de cobarde, sino que esperaba el momento indicado, los chicos mayores no pensaban, a diferencia de él, quien pensaba las cosas antes de actuar.

Esperó un tiempo hasta ver un trineo que le llamó la atención. Era blanco, majestuoso, parecía brillar ante el suave sol de invierno mientras era jalado por dos caballos blancos y gigantes. Su ocupante llevaba un abrigo blanco dos destellos plateado y un gorro que parecía ser hecho de piel de oso polar.

Observó como dio una vuelta por la plaza para luego salir de ahí, pasando cerca de donde se encontraba él.

Enganchó su trineo de juguete y sintió el viento en su cara al ser arrastrado por él.

La adrenalina corrió por su pequeño cuerpo mientras la nieve se movía bajo sus pies y el sonido del arrastre lo dejaba levemente sordo.

Observó que comenzaba a alejarse mucho y decidió que era momento de soltarse pero la cuerda no cedía. Mayor fue su sorpresa, al observar que sus amarras estaban completamente congeladas por una gruesa escarcha.

Por primera vez en mucho tiempo, Hans estuvo asustado.

- Pare, por favor- rogó Hans- estoy muy lejos y no me puedo soltar.

El grito fue escuchado y los caballos pararon su recorrido. El niño observó que estaba lejos de su pueblo en medio de la nada y cubierto de hielo.

Comenzó a temblar, no por miedo, sino por frío. La nieve había caído sobre él, mojando sus ropas y haciendo que sus dientes tronaran y su nariz se pusiera roja.

- Ven, mi pequeño príncipe- escuchó desde el trineo blanco- aquí estarás más cómodo.

La voz se escuchó como un canto a sus oídos. Se bajó de su pequeño trineo y se acercó al imponente blanco. Observando a su ocupante.

Era una mujer hermosa, de piel pálida, labios rosados y ojos brillantes y azules, pero con una mirada triste, su cabello, tomado en una rubia trenza caía por sus hombros adornados por pequeños cristales en forma de copos de nieve.

El pequeño nunca pensó ver a alguien así, era hermosa, perfecta, mucho más que los bellos cristales microscópicos que hacía la nieve pero tenía un aire frío.

La mujer lo tomó en brazos y lo rodeó con su abrigo. Y el joven se sintió atrapado en una montaña de nieve. El frío continuaba en su propio cuerpo. Ella se percató de esto y acarició los cabellos de su frente.

- Descuida – le dijo- el frío se pasará pronto.

Se acercó al pequeño y depositó un tierno beso en su frente y Hans dejó de temblar, el frío había desaparecido y el muchacho se vio perdido en la mirada azulosa de la hermosa mujer de nieve.

- Mi trineo- dijo Hans- debo ir a buscar mi trineo.

El pequeño quería bajarse, pero la reina de las nieves, suavemente, lo tomó del brazo tranquilizándolo y de manera lenta y cuidadosa, como las primeras ráfagas de invierno, juntó sus labios con los del niño, haciendo que este olvidara su trineo, a su amiga Anna, a su abuela y todo lo que le importaba en su vida.

La reina levantó su rostro por la barbilla, encontrando sus ojos. Ella sonrió observando la pupila derecha del pequeño.

Era diminuta, pero podía reconocer un fragmento de aquel espejo que hizo aquel troll, Gran Pabbie, tanto años atrás. Destruido por su propio orgullo. ¡Qué espejo tan maldito! Capaz de hacer que todo lo reflejado se convierta en cosas horribles. Y ahora estaba un fragmento en aquel pequeño cuyo corazón comenzaba a congelarse de a poco.

Ella sonrió mientras el niño le devolvía el gesto y se acurrucaba en su pecho, cansado, pero tranquilo. La mujer acarició sus rojizos cabellos sintiendo algo de ternura ante el niño.

Desvió su mirada a sus caballos, para dar una orden.

- Marshmellow, Olaf- dijo a sus caballos blancos- Vamos a casa.

Los caballos siguieron el rumbo que ya sabían de memoria, mientras que su dueña acurrucaba al pequeño príncipe de corazón congelado entre sus delgados brazos.


Hola, espero que hayan disfrutado este nuevo Multiverso. Esta vez retomando lo que hice en el Multiverso 2 pero, esta vez, tomando mas el argumento del cuento original de Hans Christian Andersen ¿Pueden reconocer parte de esta historia en este cortito?

Esta idea da para un interesante fic, ¿no creen? Si a alguien se le iluminó la ampolleta con esto, adelante, pueden usar la idea.

¡Qué tengan un buen día!