Capítulo: ¿Qué más nos queda?

Resumen del capítulo anterior: Ben va en búsqueda de Kevin y terminan en una situación un tanto prometedora. Rook la descubre pero no hace nada con lo que presencia.

Personajes: Ben Tennyson, Kevin Levin, Gwen Tennyson y Rook Blonko.


Rook dio un paso hacia adelante cuando no hubo nadie más en su campo de visión. Fue tortuoso enfrentarse a las emociones que se le agolpaban en el pecho. En la Academia de Plomeros le enseñaron las mejores tácticas de lucha y estrategia, como el estudio acerca de Ben Tennyson, no a defenderse cuando su corazón estaba a punto de explotar. Apretó los puños y enjutó el ceño, era momento de actuar, de ser un gran plomero como lo demostraba al momento de desfundar la proto-arma. No iba a dejar que unos cuantos nervios lo detuvieran en su camino a una disculpa.

—Rook, ¿qué haces por aquí?— la voz de Gwen rebotó en los oídos del revonnagander.

Kevin cerró la puerta cuando Ben entró en la habitación bastante desordenada: ropa sobre y debajo de la cama, herramientas sobresaliendo en los cajones y algunos posters de algunas bandas a punto de caerse de las paredes. Era un desastre, tal cual era la recamara de Ben.

—A lo que vamos, Tennyson— Kevin empujó a Ben en la cama.

El cuerpo menudo de Ben se hundió en el desastre de ropas y sábanas. Su rostro fue recuperando la sonrisa y se apoyó con sus codos sobre el colchón. Kevin se trepó usando las rodillas y quedó encima del menor pegando frente con frente. El calor de ambos chicos se entremezclaba, creando una atmosfera tibia y marcada por el claustro de la habitación.

—Gwendolyn, buenas tardes— Rook puso cara de tremendo asombro pero al girarse para saludar a Gwen consumió toda su fuerza de voluntad para tener una faz más estable.

Gwen alzó una ceja, no era fácil engañarla. No dijo nada, pero continuó con el mismo gesto y cruzada de brazos con unos libros pegados al pecho. Avanzó para quedar a un lado del revonnagander y se fijó en los alrededores, creyendo que se encontraría con Kevin y el tonto de su primo. No los vio. Eso acrecentó más sus dudas acerca de la soledad de Rook.

—No me sorprendería que estuvieran haciendo estupideces— la chica dejó sus libros sobre una mesa, y se percató del patín que Kevin usaba para meterse por debajo de los autos.

Gwen analizaba la situación andando con lentitud de un lado para otro del taller, pero sin doblar en el pasillo que llevaba a la habitación de su novio. Rook sintió el sudor deslizándole por la frente y se la limpiaba con el dorso de la mano cuando Gwen se distraía en inspeccionar más a detalle.

Un pantalón negro terminó en el suelo, acompañado de otro café con bolsas. Se escuchaban las sábanas restregarse entre roces y movimientos apurados, entre gruñidos y leves jadeos que se apagaban por los labios que se mordían por la temperatura. Ben se afianzó al cuello de Kevin, perdiéndose en la oscuridad de su cabello y en su aroma de grasa y desodorante; no era molesto, al contrario, resultaba en exceso masculino; aumentado por la fuerza de sus brazos ya desnudos y de su vientre formado. Estar con el osmosiano era hipnotizante.

Kevin mordisqueaba los hombros rectos y suaves de Tennyson. Y se concentraba en bajarle los boxers verdes. Ben no parecía quejarse, solo entrecerraba los ojos y bajaba las manos por la espalda de Kevin, sintiendo la forma de sus omoplatos y la cordillera de su columna. Al llegar a la espalda baja, metía los dedos entre la ropa interior de Kevin, extasiado por el elástico que le marcaba las caderas.

—Gwendolyn, los dos están hablando en la parte trasera. Es algo importante— internamente, Rook tenía un conflicto, le estaba mintiendo a Gwen mientras que él se ahogaba en dudas y contradicciones. —Es acerca de lo que te conté.

—Entonces si están haciendo estupideces— respondió Gwen y se fue directo a la habitación de su novio.

Rook se erizó como gato y caminó a paso rápido detrás de su amiga. En su pensamiento sólo tenía las palabras: "No lo hagas, Gwendolyn. No lo hagas". El revonnagander estiró la mano para detenerla cuando la anodita iba a abrir la puerta, fue una falsa alarma: tocó la puerta.

—Par de idiotas, no sé qué tramen esta vez y espero que me lo digan. Kevin, tengo cursos en la tarde, te veo en la noche para cenar.

La mano que ocupaba el omnitrix arrugaba la camisa que Kevin suspendida sobre el colchón. Los dedos parecían vibrar por las caricias que le entregaban. Hubo un momento que los tendones de las piernas se vieron tan estirados por el placer que el dueño del reloj se mordió la lengua y jadeó contra la cama al estar dándole la espalda a Kevin.

Cuando Gwen habló para comunicar sus planes; Kevin no se detuvo en su acto: ya tenía a su erección rozando entre las nalgas de quien se tragaba su voz contra una almohada y con una mano apretaba los glúteos, separándolos para avisar que pronto lo penetraría.

—Gwen, ¿a-acaso no nos conoces?— Ben sacó la cara de entre el almohadón y se fijó en la puerta. En eso, el pene de Kevin se fue introduciendo. Él abrió la boca, dejó que el aire caliente se escapara y se aguantó los deseos de gemir. Luego, tragó saliva y siguió hablando —Nunca… Nunca cometemos estupideces.

—Nena, yo te paso a buscar— la voz de Kevin secundó a la de Ben, con un tono más confiable. El osmosiano se divertía, tenía al héroe más importante del Universo en pleno éxtasis, ¿quién más postraría a Ben, en donde sus nalgas son la mejor vista? Únicamente, Kevin Levin.

Gwen se recargó en la puerta y subió de nuevo la ceja por la duda que le creaba que su primo y su novio estuvieran tan silenciosos. Bien, no tenía tiempo ni ánimos para involucrarse en sus tonterías. Por esta vez, les dejaría pasar por alto sus actos tontos e infantiles.

—Eso espero. Te cuidas, Ben. Te veo al rato, Kevin— la chica se desprendió de la puerta y se despidió de Rook diciéndole adiós con la mano. Este la siguió con la mirada hasta que tomó sus libros y salió por debajo de la cortina metálica.

El revonnagander pudo respirar en paz por unos escasos segundos.

Hubo un bufido por parte de Kevin al escuchar que Gwen se retiraba. Era un cínico al no atreverse a abandonar su acto, pero extrañaba tener esta clase de cercanía con Tennyson. Por eso lo penetró por completo cuando los pasos de su chica ya no se escuchaban. No perdió tiempo con las estocadas, se movía en un vaivén rítmico que lograba demasiado en la excitación del menor que se agarraba del dosel de la cama sin levantar el rostro. Estúpido ego de Tennyson quien no se permite jadear con gusto.

Rook sacó el aire que no le dejaba respirar. Pensó que si Gwen salió triunfante de una batalla que no conocía, era porqué en realidad ellos dos sólo estaban hablando de los sucesos recientes. Eso le reactivó las energías.

Motivado, Rook se encaminó a la habitación de Kevin Levin, quiso ser osado, tal cual era Ben y su extraña suerte de salir airoso de todas sus ideas alocadas. Se brincó la muestra de educación y cordialidad de tocar la puerta, como hizo Gwen segundos antes. Él la abrió en directo, encontrándose con Ben deslizando sus dedos en el dosel, en una lucha por querer mantener fuerzas para que Kevin no lo jalara hacía él en los rebotes que hacía contra su pelvis.

—Lárgate, Rook— Ben habló en cuanto vio al revonnagander entrar.

—Ya lo escuchaste, es mejor que obedezcas— Kevin abrazó por el pecho a Ben y lo levantó llevándose las manos en la notoria erección de Tennyson, que flotaba en soledad, para masturbarlo en vivo rostro del revonnagander.

Rook pecaba de ingenuo en las creencias terrícolas: sus palabras, sus costumbres, su forma de actuar en la vida. Se vio impulsado a largarse de allí: de obedecer sus palabras. Sus pies se movieron de manera involuntaria por el marco de la puerta dejando a solas a Kevin y a Ben. Al irse alejando los gemidos se hicieron más fuertes y agudos. Ben le decía a Kevin que se moviera más, a lo que el otro le respondía que no le diera órdenes, que tenía muy en claro que hacer.

Cuando Rook se dio cuenta, reposaba el rostro en el volante de su camión. No sabía si llorar sería lo adecuado o decirle a Gwendolyn sobre lo que presenció.Lo que sí sabía, es que la humillación le recorría en las venas como si fuera su propia sangre.