Aquí tenemos el capitulo 7 espero que disfruten y compensen los Días que no subí un capitulo


El resto de la semana pasó con rapidez: estábamos ocupados tratando de compilar una lista de temas para la caseta, pintando el cartel, recogiendo toda la decoración necesaria y haciendo pósters y anuncios. Por no hablar de las tareas habituales, como los deberes. E hice todo lo que pude para evitar a Santiago siempre que me hallaba en casa de Puck.

Seguía enfadada con él y no quería tener otra discusión a gritos. Llegó el viernes, y en todo el día no me pude estar quieta. Esa noche iba al cine con Artie. Tenía que encontrarme con él a las siete. Decidí presentarme cinco minutos tarde. Se supone que tienes que hacer esperar un poco a los chicos, ¿no? Llegué a casa y saqueé mi armario.

Me temblaban un poco las manos y tenía la respiración agitada. Toda clase de dudas e inquietudes se me pasaban por la cabeza, pero me negué a escucharlas. Quería algo que me quedara bien, pero no demasiado llamativo. Sólo era una peli, así que no podía ponerme demasiado elegante. Y como Artie no era mucho más alto que yo, los tacones quedaban descartados.

Elegí unos vaqueros gris oscuro. «Vale. Bien. Voy progresando.» Pero eso sólo era la mitad de mi atuendo. No les había pedido consejo a las chicas: me daba demasiada vergüenza admitir que nunca había tenido una cita y que no sabía qué ponerme para ir al cine. Claro que iba constantemente al cine con tíos, pero siempre como amigos. Esto era diferente.

A los chicos no les importaba lo que me pusiera, pero esto... Bueno, Artie se iba a fijar. Sabía que me estaba dejando llevar por el pánico sin razón, pero no podía evitarlo. Al cabo de un buen rato decidí ponerme un jersey rosa pálido con mangas hasta el codo. Tenía un encaje más oscuro en el cuello, así que era un poco más bonito que un jersey normal.

Me puse un collar de plata y unas pulseras, y decidí que se me veía bien. Pero ¿no debería ponerme algo que me quedara mejor? Ese jersey realmente no era lo mejor para mis tetas, y si las tienes, lúcelas, ¿verdad? ¿O no? Miré el reloj. Mierda. Hacía cinco minutos que debería haberme marchado. Tendría que ser aquel jersey.

—¡Adiós! —grité mientras bajaba corriendo la escalera.

—Diviértete —repuso mi padre. Brad siguió chillando a su videojuego. Los dejé al otro lado de la puerta y vi que el coche de Puck ya me estaba esperando. Oh. Corrí y me subí en el asiento del pasajero.

—Perdón —dije un poco sin aliento—. Pero no pasará nada si lo hago esperar un poco, ¿verdad? —Me reí nerviosa mirándolo de reojo. Entonces dejé escapar un sonoro gruñido

—. ¡Santiago! ¿Qué estás haciendo aquí?

—Puck tenía que acabar unas tareas. Lo que significa que yo tengo que ser tu chófer.

—Si me lo hubieras dicho, habría llamado un taxi, o le hubiera pedido a mi padre que me llevara. ¿Por qué Puck no me ha enviado un mensaje para decírmelo?

—He supuesto que lo habría hecho.

—No.

—Bueno, entonces, no lo sé. —Santiago se volvió para mirarme críticamente. Yo tiré del jersey, nerviosa.

—¿Está bien? No sé si es demasiado informal o qué... Gracias a cierta persona, no he hecho esto nunca antes. Me lanzó una seca sonrisa.

—Está bien.

—¿Cómo tengo el pelo?

—Bien —respondió, sin parecer seguro. Puso el coche en marcha y se encogió de hombros

—. Al menos te has vestido normal.

—¿Qué quieres decir con «normal»?

—Normal para ti, quiero decir, no enseñas demasiada piel ni nada de eso.

—Vaya, creo que eso ha sido casi un cumplido.

—No del todo. Pero, Britt, si el tipo intenta algo, y me refiero a lo que sea...

—Santiago. Es un chico. Yo soy una chica. Hay montones de parejas que se besan en la primera cita. Tampoco es como si fuera a intentar acostarse conmigo a media película. No estamos hablando de ti.

Santiago se encogió de hombros, con una pequeña arruga en la frente. —Sólo digo... Durante un rato se instaló el silencio.

—Creo que he hablado contigo más en la última semana que en todo el año pasado —comenté por decir algo.

—Sí. Es raro. Puse los ojos en blanco. Sí, sin duda no había nada entre nosotros, incluso si aún tuviera ese cuelgue por él. Me resultaba totalmente indiferente, aparte de ser excesivamente protector. Todo el tiempo que había perdido colgándome de él... Aunque era realmente guapo, sobre todo con el cabello cayéndole sobre los ojos y el resplandor del salpicadero iluminándole así el rostro. «¡Tienes una cita con otro chico! ¡Hola! ¡Tierra a Britt!» Me sacudí mentalmente.

—Gracias por traerme. Puedes parar aquí.

—Vale. Necesitarás que te lleve a casa.

—Artie ha dicho que me acompañará él. Si no, llamaré a mi padre o a Puck.

—Vale. Puse los ojos en blanco y salí del coche; luego fui hasta la puerta del cine. Miré alrededor. Ni rastro de Artie. ¿Me habría dado plantón? Miré dentro, pero tampoco estaba ahí... ¿Dónde estaría? Las manos comenzaron a sudarme un poco; algo parecía revolotearme en el estómago.


Pasados unos minutos, le envié un mensaje: «Estoy aquí. ¿Estás dentro?». Ya estaba. Perfecto. No parecía demasiado insegura ni nada. Lo envié y esperé la respuesta. Esperé tres minutos y medio completos. «Estoy llegando.» Oh, genial. Al final era yo la que esperaba. Me apoyé contra la farola y me puse a mirar el móvil como si realmente estuviera haciendo algo. En realidad, estaba entrando en apps al azar y luego saliendo de ellas. Esperaba que no se me notara lo inquieta y nerviosa que estaba.

—¿Te ha dado plante? Pegué un bote y le solté un golpe a Santiago en su pecho duro como una roca.

—No me pegues esos sustos. Y no, en realidad está de camino. Él sonrió irónico.

—Pensé que habías dicho que querías hacerlo esperar.

—Sí, bueno...

—Ya te lo dije.

—Santiago, vete a casa. ¿Qué estás haciendo, acosándome?

—Sólo disfruto del espectáculo. —Sonrió irónico de nuevo

—. Tienes pinta de que te hayan dejado plantada, ¿sabes?

—Bueno, no tanto ahora que tú estás aquí —repliqué—. Ja. Ahora ya no parezco tan estúpida, ¿no? Además, seguramente Artie está pillado en algún atasco o algo así. No pasa nada.

Santiago asintió dudoso. Nos quedamos en silencio durante interminables minutos. Yo no paraba de preguntarme si debería iniciar una conversación, pero luego me recordaba a mí misma que estaba enfadada con él y que debía tener la boca cerrada. Debía de parecer un pez, abriendo y cerrando la boca de esa manera. Tampoco ayudaba el que Santiago fuera increíblemente incordiante: se apoyó en el poste frente al mío y me observó retorcerme las manos nerviosamente.

—¡Eh! Me volví y sonreí al ver acercarse a Artie.

—Hola. Sus ojos fueron de mí a Santiago, que le estaba lanzando la mirada más fría que yo jamás había visto. Inquietante. Amenazadora. Traté de no rechinar los dientes.

—¿No es hora de que te vayas, Santiago? Él miró fijamente a Artie durante un momento más antes de encogerse de hombros y meterse en el coche. Se marchó sin decir nada. Solté un suspiro de alivio y me relajé.

—Perdona, he tenido que ir a poner gasolina. Había una cola increíble. Lo siento. Entremos —dijo Artie, e indicó las puertas con un gesto de la cabeza. Yo sonreí y lo seguí—. ¿Quieres ir a comprar algo de picar? Yo iré a por las entradas.

—Claro. ¿Te parece bien palomitas?

—Sí, fantástico. —Me lanzó una sonrisa, pero mientras me daba la vuelta me pregunté si no habría sido un poco forzada. Seguramente sólo me lo estaba imaginando. Mientras compraba las palomitas, me pregunté si debería haber elegido algo menos..., bueno, algo que no se te quedara pegado en los dientes. Si acabábamos besándonos, entonces...

Suspiré. Me faltaba mucha experiencia cuando se trataba del protocolo de las citas. Le di las gracias al vendedor y volví donde Artie me estaba esperando, ceñudo.

—¿Qué estaba haciendo Lopez ahí fuera? —me preguntó. ¡Oh, así que por eso el cejo!

—Sólo... siendo Lopez —mascullé, negando con la cabeza—. Olvídalo.

—No sabía que estuvierais tan unidos.

—No lo estamos. Puck no me podía traer, así que Santiago... es decir, Lopez, lo ha hecho por él.

—Oh, vale. Entramos en la sala cuando ya habían empezado los anuncios. Dejé que Artie fuera delante y escogiera los asientos. Se decidió por unos hacia el medio. No en el fondo, donde todas las parejas se estarían dando el lote. No supe decir si eso era bueno o malo.

—¿Después querrás ir a comer algo? —le susurré, reuniendo todo mi valor.

—Ya he comido, perdona... No sabía... Pero, quiero decir..., si tú tienes...

—Oh, no, no pasa nada —repuse con rapidez.

—¡Chist! —siseó alguien detrás de nosotros. Puse los ojos en blanco y me hundí en el asiento. Me pregunté si Artie sería un cursi y haría «el bostezo», para rodearme con el brazo. O si dejaría la mano en el brazo del asiento para que yo se la cogiera. O si intentaría besarme. Por el momento, yo no sabía si la cita estaba siendo un éxito o no. Él había llegado tarde, aunque se disculpó de forma suficientemente cortés. No había intentado ningún avance, pero quizá yo estaba exagerando las cosas. Tal vez sólo fuera en los libros y las películas que los tíos hacían algo o te besaban en la primera cita. Quizá él estuviera tan nervioso como yo.

Probablemente, porque tenía todo el derecho a estar nervioso con las amenazas de Lopez a cualquier chico que me mirara, por no hablar de salir conmigo. Era ridículo. A veces odiaba a Santiago. Acabó la película y salimos. Artie inició una conversación; primero sobre la película y luego sobre la clase de pelis que le gustaban: las de ciencia ficción y las de detectives. A mí me iban más las de acción y las románticas. Había muchas películas en las que no coincidíamos. Tampoco teníamos los mismos gustos en musicales. Pero era simpático y resultaba fácil hablar con él. Sólo que... no parecíamos tener mucho en común.


Hablamos durante todo el viaje a casa, y él se detuvo en la entrada.

Me solté el cinturón, pero no me moví. Intenté ir de guay y hacer lo que hacían en las películas. (Siempre me han parecido una excelente fuente de educación. Tenía la suerte de haber visto Todas contra él durante el fin de semana.)

—Bueno, gracias, Artie —dije sonriendo

—. Me lo he pasado muy bien.

—Sí. Deberíamos repetirlo un día de éstos. ¿Aún tienes mi número?

—Bueno, no lo he perdido desde esta tarde. —Reí nerviosa, y él me sonrió. Lo vi mirarme los labios y el pulso se me aceleró. Oh, Dios. Iba a besarme, ¿no? Oh, Dios. Se inclinó hacia mí... Sí, definitivamente iba a besarme. Mi primer beso. Mi primer beso iba a ser con Artie Abrams. Era simpático, más bien mono y resultaba fácil estar con él... Pero, sinceramente, yo no sentía nada por él. ¿Y si acababa enganchándome con su piercing de lengua o algo así?, ¿y si me besaba con lengua? No estaba preparada para eso.

En absoluto. Pero estaba sucediendo. Se estaba acercando más y más... ¡Mi primer beso! Me entró canguelo. Volví la cabeza y lo besé en la mejilla. Y luego salí del coche antes de llegar a sentir demasiada vergüenza por lo que acababa de hacer. Sonreí y agité la mano, luego fui hacia la puerta principal lo más rápido que pude sin dejar de aparentar que todo era normal. Me metí en casa, cerré la puerta y me apoyé en ella. Solté un resoplido gigante, me dejé caer al suelo y puse la cabeza entre las manos.

—Soy una idiota redomada. Seguramente, Artie no querría una segunda cita. Tampoco estaba totalmente segura de quererla yo, pero no habría sido capaz de decir que no si me lo hubiera pedido. Después de todo, una cita no era suficiente para llegar a conocerlo bien, sobre todo dado lo nerviosa que había estado toda la tarde. Finalmente, me arrastré hasta la cama, sin hacer caso, por una vez en la vida, de las llamadas de Puck.

Todavía no quería tener que enfrentarme a lo que había pasado. Sólo quería machacarme un rato por mi fracaso en mi primera cita. «Ya es una suerte que no vaya a trabajar en la caseta de besos», pensé sonriendo con ironía.


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