Capitulo 13!
Cuando desperté, el olor a cítrico, que cada vez me iba resultando más familiar, me cosquilleaba en la nariz, y el sonido de la lluvia contra la ventana, curiosamente relajante, me llegaba amortiguado como a través de capas de algodón.
La superficie lisa y dura que tenía bajo la cabeza subía y bajaba lentamente, y los brazos que me rodeaban eran cálidos y seguros. Si escuchaba con atención, podía oír el firme latir de un corazón bajo mi oreja. Parpadeé varias veces con ojos cargados de sueño; mi cuerpo se resistía a despertarse. Estaba demasiado a gusto y tranquila así... Cuando conseguí enfocar la desorganizada habitación de Santiago, bajo la débil claridad que trataba de abrirse paso a través de las cortinas, me desperté de golpe.
Entonces me di cuenta exactamente de lo que había hecho, y el pulso se me aceleró de puro pánico. Había dormido con el hermano mayor de Puck. Con Santiago. Estaba demasiado confusa para saber lo que realmente me hacía sentir eso. Lo único que sabía con seguridad era que si Puck se enteraba alguna vez, eso lo mataría. Yo era una persona horrible, horrible. Traté de permanecer lo más inmóvil posible para no despertar a Santiago.
Tenía que aclararme la cabeza antes de que él... Santiago se movió debajo de mí, y se estiró antes de volver a rodearme con los brazos.
—Buenos días —dijo como si nada.
—D...de verdad que tendría que marcharme —tartamudeé, apartándole el brazo—. Si Puck me ve aquí...
—Creo que anoche no volvió a casa —repuso Santiago, y bostezó. Yo quería ir a la ventana para comprobar si estaba su coche. Si Puck estaba allí, tendría que asegurarme de que no me viera salir. Pero si no estaba...
—Tengo que irme —repetí, y me puse en pie. Recogí mi ropa interior y me vestí rápidamente, sintiéndome muy cohibida.
Oh, tío, ¿en qué había estado pensando la noche anterior? Ocultarle unos cuantos besos a mi mejor amigo no era gran cosa, pero ¿esto? Seguramente notaría que algo había cambiado, ¿no? Y si se enteraba... La noche anterior no había pensado en Puck.
Debería haberlo hecho. Pero sólo pude pensar en Santiago; no se me había pasado ni una sola vez por la cabeza que eso fuera alguna clase de horrible traición a mi mejor amigo.
—¿Por qué tienes tanta prisa? —preguntó Santiago mientras se desperezaba. Lo miré mientras me ponía los pantalones. No se había molestado en tirar de las sábanas para taparse.
—Es que... sólo es... Santiago frunció el cejo, un poco confuso, y se acercó más a mí, que me había sentado en la cama para desenredarme el pie de la pernera de los vaqueros. Me maldije por querer ir demasiado de prisa; eso sólo me estaba haciendo ir más lenta.
—¿Britt? —Me apartó el cabello de los hombros, pero yo no le miré—. ¿Qué pasa?
—¡N...nada! —Mierda, había tartamudeado. De otro modo quizá hubiera sido convincente. Lo intenté de nuevo—. Nada.
—Britt... —Me tocó el hombro e hizo que me volviera un poco para que yo pudiera mirarlo a esos increíble ojos azules, que se clavaban en mí desde debajo del oscuro cabello.
—Tengo que irme —insistí. Me puse en pie, pero él tiró de mí.
—No hasta que me digas qué problema tienes. ¿Por qué estoy captando una mala sensación, como si te arrepintieras de todo esto? Casi estallé con la verdad, pero conseguí controlarme.
—N...no lo sé.
—Vamos, Britty, sé que me estás mintiendo. —Santiago suspiró—. Debería haber sabido que reaccionarías así.
—¿Así cómo? —pregunté en seguida, a la defensiva.
—Como lo estás haciendo —respondió Santiago con un gesto hacia mí como si eso lo explicara todo —. Ahora te comportas de forma extraña conmigo, como si lo lamentaras. Porque lo lamentas, lo veo en tu rostro. —Santiago cerró los ojos durante un momento. Parecía casi... triste.
—No es... No es que lo lamente, sino que... estoy asustada. Por si Puck lo descubre. Me odiaría. Quiero decir... Ha sido fabuloso, pero... —Dejé la frase a medias y me mordisqueé la mejilla por dentro mientras me sonrojaba
—. Perdona.
—¿Qué? Joder, no te disculpes —dijo tranquilamente mientras me colocaba todo el cabello sobre el hombro derecho—. Me siento como si debiera ser yo quien se disculpara. Mira, ya te lo dije: esto no me interesaba por el sexo, y sigo pensando lo mismo si tú decides que no quieres, ¿vale? Pero no quiero renunciar a esto. Sea lo que sea «esto».
Me besó en la frente. Parecía tan..., tan compungido por todo lo que estaba pasando
—. Tú sabes que odio toda esa mierda emocional. Por favor, no me hagas pasar por esa tortura.
No me arrepentía de la noche pasada en absoluto. Y si Puck no se enteraba, no le haría daño. De modo que tenía que asegurarme de que no se enterara. Hubiera sido más inteligente acabar con eso antes de meterme demasiado como para poder salir.
Hubiera sido más inteligente echarme atrás antes de hacer algo estúpido, como colarme por él. Porque no me estaba colando por él. Claro que no. De ninguna manera. Para nada. Asentí una vez, como para convencerme a mí misma. Debía tener cuidado de no enamorarme de él. Y, estúpida que era, no iba a acabar esta relación.
No quería hacerlo.
Entonces me incliné hacia Santiago para besarlo suavemente en los labios; él me puso la mano en la nuca y noté un cosquilleo en la piel.
—Tengo que marcharme, en serio —le dije. No tanto porque quisiera salir de allí, sino porque no quería que Puck sospechara nada cuando volviera a casa, y porque mi padre se estaría preguntando dónde me habría metido.
Esa vez Santiago no me discutió. Sólo asintió y me besó de nuevo.
Y esa vez me fui.
Descubrí que Puck no se había ido a casa con Rachel, como yo había supuesto al principio; sólo se había quedado tirado en el sofá de Warren porque había bebido demasiado para conducir hasta casa.
Pero sólo hablé con él por teléfono, porque tenía miedo de que me notara algo diferente. Sabía que, externamente, no había cambiado desde la noche anterior, pero me preocupaba que él pudiera notar algo extraño en mi forma de actuar.
—¿Va todo bien? —preguntó Puck. Pegué un bote. Estábamos hablando por teléfono, pero aun así intenté no parecer demasiado agitada—. Quiero decir, sé que pasó algo con Patrick, y que luego Santiago te llevó a casa, pero... ¿estás segura de que estás bien?
—Sí —respondí. Al menos, a eso podía responder con toda sinceridad—. Sí, estoy bien, Puck, de verdad. Lo cierto es que no fue gran cosa. Pero de todas formas no me apetecía nada tener que ir al instituto.
Todas las preguntas que la gente me haría por haberme marchado temprano de la fiesta... Seguramente se preguntarían sobre Patrick y yo... Se me ocurrían bastantes respuestas inocentes, pero no me gustaba tener que mentir.
No me hacía ninguna gracia. Pero no fue por eso que estaba totalmente desvelada a las tres de la mañana, mirando al techo y deseando dormirme. No, era porque no podía dejar de pensar en Santiago. Quería contárselo a Puck, pero no podía. Y no sólo porque me odiaría por mentirle y lo mataría enterarse, sino también porque sería de lo más raro decirle que me había acostado con su hermano.
En momentos como ése, deseaba que mi madre aún viviera. Pero desearlo no iba a traerla de vuelta, así que me puse de costado y me quedé mirando al vacío. Echaba de menos a mamá. Pero había muerto en un accidente de coche cuando yo era mucho más pequeña, cuando Brad tenía unos tres años. Había pasado por todas las fases importantes, como tener la primera regla o comprarme el primer sujetador, sin tenerla cerca.
Era en momentos como éste... Bueno, no se lo iba a contar a mi padre, ¿no?
Y Puck estaba totalmente descartado. Así que tenía que guardármelo para mí y esperar que nadie lo descubriera. Suspiré y me pasé las manos por el rostro. Los ojos se me cerraban de sueño, pero no podía dormir.
La cabeza me iba demasiado de prisa.
Estúpido Santiago.
Todo era culpa suya, pensé, pero una sonrisa adormilada me tiró de los labios.
Todo.
Bueno aquí esta el capitulo 13 espero y mañana subir el siguiente
Gracias por comentar!
