Disclaimer: Los personajes pertenecen a Meyer, solo la trama es mía.


Muchisimas gracias a mi Beta Jessica por haber corregido este capítulo.


CAPITULO 1

Viernes, 7 de Diciembre. El final de otro año escolar, para aquellos que habían estudiado lo suficiente como para no quedarse con ninguna materia, y el comienzo de lo que para muchos prometía ser un buen verano. El clima acompañaba a la perfección la alegría y euforia de los adolescentes por el fin de curso; soleado y caluroso, junto con una brisa fresca que permitía andar ligero de ropa y tomar algo de sol.

– ¡Bella! ¡Felicitaciones, aprobaste todo el año! – Le gritó en el oído Jessica, su mejor amiga, mientras se sentaba junto a ella en uno de los bancos en la parte trasera del Instituto.

– Oh. Sí, bueno… gracias, – le respondió algo desconcertada por la sorpresa – ¿Y a ti como te fue?

– Matemáticas, Biología y Física me las he llevado a marzo, e Inglés y Química las rindo en un par de semanas, – contestó su amiga algo apenada.

– Lo siento, Jess. Ya verás que las sacarás, solo debes esforzarte un poco más, – intentó animarla.

– Sí, por supuesto que lo intentaré. Mi papá me amenazo con quitarme el celular si repetía de año, – dijo con un estremecimiento. – En fin, cambiando de tema, este sábado Ángela dará una fiesta por el fin de año y estaba pensando que el domingo podemos hacer una pijamada, ya sabes, noche de chicas.

– Claro. Estaré ahí el sábado, será como una despedida para mí, – dijo con una mueca. – El domingo por la mañana me iré a la casa de mi padre.

– ¿A la casa de tu padre? – Le preguntó con incredulidad.

– Sí, pasare todo el verano allí, – dijo levantándose. – Sabes que mi mamá se irá a la casa de mi tía, y la verdad es que no estoy de humor para aguantar a la familia de mi madre así que pensé en ir a lo de mi padre, – le dijo mientras Jess abría la boca como queriendo decir algo. La morena se le adelantó: – Sé que nunca he ido y que siempre dejé en claro cuánto odiaba visitarlo aunque solo fuera un día pero necesito un tiempo a solas, para pensar, y no creo conseguirlo en la casa de mi madre. Hay demasiados recuerdos allí. – Su amiga quiso volver a decir algo, pero la interrumpió nuevamente. – Sé que él tampoco está mucho en casa, en realidad no voy por su compañía, si no para estar tranquila y además, ya sabes, me gustaría arreglar algunas cosas con él.

En ese momento sonó el timbre indicando oficialmente el fin de curso y Bella se fue, despidiéndose, dejando atrás a una Jessica algo confundida.

– ¡Te veo mañana! – Le gritó mientras apresuraba su salida.

Cuando llegó a casa, como era de esperarse no había nadie, ni siquiera una nota diciendo dónde estaba la comida. De acuerdo, a cocinar entonces, pensó. Pero la realidad era que no estaba de ánimos, así que tomó algo de la ensalada de fruta que quedaba en la heladera y se fue a comer al patio. Se sentó en uno de los pilares que rodeaban los laterales de la casa, y mientras comía disfrutaba de la hermosa vista que se alzaba ante sus ojos. Siempre le había transmitido tranquilidad observar los árboles que daban comienzo al bosque de su patio. Luego de que terminó la ensalada cerró los ojos mientras se relajaba bajo el sol de verano, que a pesar de quemarle, la sensación de relajo que le producía era mucho más fuerte. Escuchaba los pájaros cantar en varios de los árboles, y en ese momento miles de recuerdos de su niñez se precipitaron sobre ella. Recordaba las tardes enteras que corría con su hermano alrededor del patio, cuando ambos se recostaban juntos en la hamaca paraguaya, y las innumerables guerras de agua con la manguera en las tardes sofocantes. De pronto detuvo todos esos recuerdos, porque le eran demasiado dolorosos como para soportarlos en aquel momento. No tenía sentido pensar en todo eso cuando Jake no se encontraba a su lado para compartir esos momentos de felicidad con ella.

Cuando comenzó a tener demasiado calor abrió los ojos y volvió adentro. Eran las cuatro de la tarde, seguramente para las seis su madre volvería, así que para matar el tiempo comenzó a preparar el bolso con las cosas que llevaría. Cuando tuvo todo listo, se decidió y guardó también la foto en la que salía con su hermano cuando él era un bebe, debajo de la foto decía: "Bella y Jacob en la playa". Ella tenía apenas unos cuatro años y sostenía a un bebé moreno ya-demasiado-grande entre sus brazos mientras que en el fondo se podía observar una cálida playa. Suficiente por hoy, pensó mientras guardaba la foto del todo y cerraba el bolso. En ese momento su mamá acababa de llegar a casa.

– Hola, mamá, – dijo Bella mientras acomodaba un poco el desorden de papeles que había sobre la mesa.

– Hola, Isabella, – le contestó hoscamente mientras se sentaba y tomaba una taza de té.

Desde el accidente su madre se limitó a hundirse sola en su propio infierno, y la aisló por completo de su compañía cuando ella más la necesitaba. Para cuando se recuperó lo suficiente como para volver a salir de la casa, ya había comenzado a tratarla de manera distante. Al principio ella no lo entendía muy bien, por qué la trataba de esa forma. Ella pensaba que en situaciones como ésta ambas tendrían que unirse más, pero sucedió todo lo contrario ya que su madre le parecía cada vez más desconocida y distante. Le hubiera gustado reclamarle esa conducta pero no encontraba el valor. Por supuesto, sospechaba el por qué se había alejado de ella, ya que aunque nunca lo hubiera dicho en voz alta, cada vez que le miraba sus ojos parecían gritarle: Todo es tu culpa. Ella lo sabía, nunca tuvo la intención de quedar como inocente, pero no podía soportar escucharlo de su madre. Esa era la razón por la que nunca la enfrentaba, prefería aguantar la indiferencia que terminar de confirmar que su madre la culpaba de todo.

– Mañana me iré por la tarde a la casa de tu tía, ¿Tú qué harás al final? – Le pregunto sin dirigirle la mirada mientras tomaba su té y fingía prestar atención a la televisión.

– No tengo ganas de ir a casa de la tía, así que –

– Puedes quedarte, pero intenta mantener la casa en pie para cuando vuelva, no quiero destrozos, – le interrumpió bruscamente, y sin prestarle real atención.

– En realidad no me quedaré sola, iré a visitar a papá. Pasare este verano allá, – le dijo Bella a su madre.

– ¿Con tu padre? – dijo con una mueca mientras apagaba el televisor. – Bueno, espero que disfrutes tu tiempo con él, – le dijo sarcásticamente mientras se levantaba y se dirigía a su habitación.

– Mamá… – Llamó Bella pero ella no se detuvo. – Renee. – Dijo, y ésta se dio media vuelta. En el último tiempo parecía negada a responder al nombre de 'mamá' y algunas veces ella lo olvidaba. – Lo siento, – dijo con la voz a punto de quebrarse.

Renee solo la miró y Bella comenzó a inquietarse. Esos ojos azules, que mucho tiempo atrás la miraban con dulzura, ahora solo reflejaban frialdad y no mostraban ni una gota de la antigua Renee. Luego de unos segundos se dio vuelta nuevamente para continuar su camino a su habitación. Isabella se limitó a respirar hondo y cerrar los ojos un momento. Cuando los abrió, su mirada cayó en el almanaque: Siete de diciembre, y las lágrimas comenzaron a caer libremente, sin intención por parte de ella de detenerlas. Siete de diciembre. Tan solo tres meses atrás él aún continuaba con vida.