CAPÍTULO XII: UN VIERNES NO MUY NORMAL
Viernes
Hoy... Hoy era un día muy, pero que muy esperado.
El despertador sonó fuertemente y con un sonido odioso, pero, al contrario que siempre, no lo tiraron al suelo, ni le pegaron un puñetazo, ni rompieron una ventana con él.
En el cuarto de Luffy, él fue el primero en despertarse, un cuarto de hora antes de que sonara la alarma; estaba muy nervioso. Se vistió con rapidez con el chándal obligatorio del Reformatorio y se colocó el sombrero bien atado al cuello. Suspiró. A su hermano le iban a dar la libertad condicional ese mismo día, y quizá le daría tiempo a pasarse por las competiciones. Él luchaba en las peleas de boxeo, y tenía un gran plan para ganar...
Con el ruido que estaba haciendo, despertó a Usopp, que se levantó mecánicamente y muy animado.
- ¿Vas a hacer eso que pensaste? - le preguntó Sanji, bostezando.
El narigudo le mostró su máscara, sonriendo. Era un chico tímido y miedoso, pero sabía que tenía aptitudes para resultar vencedor, así que se le ocurrió que no tenía por qué enseñar su cara. Se convertiría en Sogeking, ese héroe que siempre había soñado ser de pequeño. Fujitora le dio su aprobación, y él se ilusionó hasta el punto de olvidarse de su propia personalidad y pasar la mayor parte de la semana entrenando. Iba a medirse con los demás en la sección de tiro a la diana. Quería llevarse a su fiel tirachinas, Kabuto; pero las reglas sólo permitían arco y flechas, así que se tuvo que conformar.
El cocinero, por su parte, iba a jugar al fútbol. Sus piernas servían para pelear, como en kick-boxing; pero se enteró de que las competiciones eran mixtas y decidió participar en otra cosa para no tener que agredir a una mujer.
En la habitación contigua, Cavendish se estaba peinando para estar perfecto en la categoría de kendo. Hubiera preferido que hubiese una sección de esgrima, pero se tuvo que conformar con lo otro, ya que eso no existía. Franky, Brook y Chopper suspiraban, aburridos. El joven era demasiado superficial y, por tanto, inaguantable para ellos. Y eso que el de pelo azul pasaba casi una hora en el espejo todas las mañanas para lograr un tupé perfecto.
- Eh, ¿sabéis quién es esa amiga – hizo comillas con los dedos – de Usopp? La que vino a verle hace poco, que se quedó en la puerta. Tiene muchas fotos con él en Fazebook, y me preguntaba si me podríais dar su número o algo. Ella necesita algo más... Como yo.
Se miraron. Acababan de descubrir que su amigo, quizá el menos agraciado de la pandilla, era el primero de ellos en tener novia en todo el curso. Que sí, que había habido líos y tal entre algunos del grupo, pero él era el primero en tener algo formal con una chica... O eso habían supuesto ellos.
- Ni puta idea – dijo Franky.
- Eres muy soez – suspiró el rubio.
- Y tú muy gilipollas – rio el de pelo azul, poniéndose la camiseta de tirantes del chándal. Iba a estar en la categoría de baloncesto, deporte que había descubierto (pocos días atrás) que se le daba bien debido a su gran altura y sus fuertes brazos. -. ¡No comprendes mi SUPER lenguaje! - hizo su clásica pose, haciendo que el otro se asqueara porque no se había afeitado las axilas.
Chopper, por su parte, iba a estar en levantamiento de pesas. ¿Que por qué? Ni él mismo lo sabía; simplemente, Fujitora le dijo que sería bueno ahí y él se inscribió casi sin pensarlo. Bueno, la verdad es que... El profesor había visto su faceta violenta un día en los entrenamientos cuando pensaba que no lo veía nadie y, al contrario que la mayoría de la gente, se había fascinado y le había dicho que podía desarrollar y mejorar esa habilidad, algo que el chico le agradeció mucho.
Brook fue al baño a cambiarse de ropa, como hacía siempre. Mientras los demás lo hacían sin pudor, a él le daba vergüenza enseñar su huesudo cuerpo en público. Debido a su ligero peso, iba a competir en carreras de velocidad. Le hubiera gustado estar en esgrima al igual que a Cavendish, pero quería llevarse un premio y, al saber que no existía esa categoría y tenía que apuntarse a kendo, supo que Zoro le iba a ganar.
- Brook... Estás demasiado delgado... - entró Chopper en el lugar – Eso es malo, ¿por qué estás así? Comes bien...
El joven se tapó y se puso la camiseta con extremada rapidez, y el pequeño lo miró extrañado.
- ¿No serás...?
- Sí, tengo anorexia – contestó Brook algo avergonzado -. Vomito todo lo que como, y ya no es voluntariamente.
- Oh...
- No importa, las me quieren enseñar las panties igualmente. ¡Yohohohoho! - sonrió, para no mostrar su mirada de tristeza.
Mientras, las chicas estaban en su cuarto, que Robin y Nami compartían con Keimi y Vivi. La primera iba a estar en balonmano, deporte que siempre se le había dado bien debido a su capacidad para mover sus extremidades hasta casi el punto de parecer que le crecían; la segunda, en salto de pértiga, ya que era algo en lo que era casualmente buena; y las otras dos, en natación. La de pelo verde, porque parecía una sirena en el agua; y la de pelo azul, porque fue lo primero que se le ocurrió. Las cuatro llevaban una cola alta y el uniforme femenino reglamentario de deporte del Reformatorio para la competición (un top gris y unos shorts deportivos del mismo color). El calzado dependía del deporte que se iba a practicar.
- ¿No estáis nerviosas? - preguntó Keimi estresada, estrujando a su peluche en forma de estrella llamado Pappug.
- Deberías dejar el sudor para luego – rio Nami, observando cómo la chica corría de un lado para otro buscando su sudadera.
- Mira que dejar que vayamos con estas ropas con el frío que hace... - dijo Vivi, temblando y poniéndose una chaqueta.
Robin sostenía el movil tumbada en la cama, con una sonrisa cruzando su boca. La de pelo naranja se percató de eso y se sentó junto a ella, curioseando la conversación.
- Quizá los jueces sean unos salidos – se encogió la morena de hombros, respondiendo a la pregunta de su amiga.
Tecleó rápidamente una respuesta y pasó a mirar rápidamente Enstagram, para que Nami no comentara nada. La primera foto que le cargó era una de una cuenta de frases a la que ni siquiera entendía por qué seguía. "Si sonríe al ver tu mensaje, ya te la has ganado.", decía. Cerró los ojos. Es una simple frase que alguien ha inventado, pensó, no tiene por qué influenciarte. No tienes sentimientos por él, no los tienes.
- Uy, Robin, mensaje de Zoro – le dio un codazo y sonrió.
La otra revolvió el brazo y la ignoró, mirando el chat.
Zoro: Me aburro. ¿Te vienes fuera?
Robin: Law. Será incómodo. Tú me entiendes.
Zoro: Lo ha leído.
Robin: Lo he supuesto.
Los dos chicos estaban en el patio al aire libre, hablando y bostezando.
- Eh, da miedo eso de que no duermas – comentó el de pelo verde, simulando con gestos las ojeras de su compañero en su propia cara.
- Nah, te acostumbras.
- ¿Seguro que no quieres participar en nada? - cambió de tema – Aún estás a tiempo de apuntarte a algo, te he visto en kendo y no eres malo.
- Paso.
- No podrás estar en vacaciones con tu familia.
- Yo no tengo familia.
Zoro frunció el ceño y le miró con su único ojo.
- Eh, tío, puedes venirte con nosotros si quieres – dijo, intentando arreglar la expresión deprimida de la cara de Law. Luego se dio cuenta de que esos eran sus rasgos habituales.
- No, da igual. Kidd también se quedará aquí, y algunos chicos más no van a ir a ningún lado. De todas formas, he pasado mucho tiempo solo.
El espadachín no respondió. Se tumbó y miró al azul cielo.
- Supongo que tampoco participarás en el Concurso de Música.
- ¿Sabes? Yo no quiero salir de aquí, no me importa que me suspendan y me obliguen a quedarme – comentó Law -. Al menos tengo un hogar. Y, aunque me tenga que levantar todos los días a las seis de la mañana y no tenga casi descanso hasta por la noche, al menos no vivo en la calle.
El joven decidió no cuestionar más la vida de su nuevo amigo. Bostezó e intentó conciliar el sueño de nuevo, pero la alarma de su teléfono sonó, sobresaltándolo. Era hora de entrenar.
Zoro era ese tipo de personas que tenía una alarma cada cinco minutos para no dormirse. Como Law no dormía, no se preocupaba por eso.
- ¿Qué tal con Robin-ya? - preguntó el moreno, pícaro, de camino al gimnasio.
- ¿Qué tal con el pan-ya?
Entraron al lugar, medio dormidos. Los dos iban sin camiseta; Law, porque se le había ensuciado y no tenía ganas de limpiarlo a primera hora de la mañana, y Zoro, porque le daba pereza ponérsela.
El espadachín le dio un codazo a su amigo, sonriendo. Dos chicas de pelo rosa (Perona y Bonney) les miraban y se mordían el labio inferior. Él lo ignoró y miró a otro lado, haciéndose el loco.
- Bueno, tío, ha sido un placer – rio Zoro al ver al director dirigirse a ellos -, pero nos tenemos que separar.
- De eso nada, no hasta las competiciones – se introdujo Sengoku en la conversación.
- Oh, vamos – se quejó Law -, ¡pero si hasta hemos hecho amistad! Ni siquiera voy a participar en eso, no es justo... ¡No vamos a volver a pegarnos o algo! Además... ¡le huelen los sobacos!
- ¡Cállate, señor-diseca-moscas! - se cruzó el otro de brazos, atrayendo a sí al futuro cirujano, que se apartó y comenzó a gritarle, enfadado.
El director se dio la vuelta, riendo entre dientes y dejándolos discutir.
Unos minutos más tarde, cuando todos estuvieron allí y se sentaron en los improvisados bancos, el gigante Fujitora se puso en pie y comenzó a dar una aburrida charla sobre la deportividad y el comportamiento en lugares ajenos, y luego ordenó que fueran con tranquilidad al autobús. Orden que ellos no siguieron, pero el profesor hizo la vista gorda. Era el último día de clase del año.
Zoro y Law se sentaron juntos delante del todo por orden de Sengoku, enfurruñados el uno con el otro. El autobús era enorme, tenía unas ciento cincuenta plazas. Aun así, tuvieron que llenar otros dos y un minibús para poder transportar a todos los alumnos del Reformatorio. Los asientos estaban raídos y viejos, y el conductor era viejo y gordo, con pinta de fumeta.
Luffy pilló los asientos de atrás, acompañado de Nami, Usopp, Chopper, Franky y Robin. Zoro miraba con disimulo hacia atrás de vez en cuando, aburrido. Decidió dormir para matar el tiempo.
Sanji y Brook se colocaron en un sitio estratégico justo delante de los asientos traseros, donde podían ver la ropa interior de las chicas gracias a un cristal que se encontraba a sus pies.
.
- ¡Ya hemos llegado!
El viaje no fue muy largo, poco más de media hora. Bajaron con rapidez, menos Zoro, que se quedó durmiendo. Law se encargó de despertarlo zarandeándolo.
El espadachín bajó del autobús bostezando. Abrió mucho el ojo al ver lo que tenía justo enfrente. Era el Coliseo Corrida, el estadio más grande del país. Observó su fachada, impactado: por fuera, habían reutilizado un antiguo monumento romano, al que se habían limitado a añadir un cartel con letras simulando la tipografía que se usaba cientos de años atrás. Recordó que habían construido unas sedes subterráneas donde se reunirían los atletas. Tenía un comedor, una zona de entrenamientos... La parte al aire libre estaba destinada a las exhibiciones y tenía miles de asientos para las gradas. Futurista, pero queriendo mantener un aire clásico.
- Mola, ¿eh?
- Mola – sonrió Zoro.
Corrieron hasta donde estaba Luffy saludando, aún maravillados. Sengoku vigilaba, levantando una ceja y pensando que podrían matar a alguien o algo.
Se pusieron en la cola de admisión y esperaron a que los llamaran.
- ¿Roronoa Zoro?
- Yo – tiró de Law para llegar -, aquí está el carné y...
- No puedes participar con... eso – señaló las esposas.
Fujitora se apresuró a ir junto a sus alumnos para arreglar el problema. Buscó torpemente la llave y puso cara de preocupación. Llamó a Sengoku:
- ¿Tienes la llave?
- ¿No la tenías tú?
- No puede participar así – dijo el hombre de la admisión.
- Genial. Por tu culpa – señaló a Law.
- Eh, a mí no me metas, fuiste tú el que me zurró.
- ¿Y tú a mí no me zurraste?
- ¡¿Qué hice yo para que me pegaras?!
- Eh, eh, no empecemos – suavizó el director -. Me sabe mal preguntar esto, pero... ¿Conocéis a alguien que pueda forzar la cerradura?
- Nami a su servicio – apareció de la nada -, pero no lo haré gratis...
- ¿Quieres un castigo? - la miró Fujitora fijamente a los ojos.
- No, no, tranquilidad – sonrió con gravedad y sacó una ganzúa del bolsillo.
La chica terminó su trabajo con sorprendente (o no tanto) facilidad y rapidez y se marchó, evitando problemas con sus profesores.
Nami notó cómo vibraba su móvil en el bolsillo y lo sacó. Llamada entrante: Nojiko. Se sorprendió y descolgó casi sin pensarlo.
- ¡¿Nojiko?!
- Hola, Nami. He venido a verte.
- ¿Dónde estás?
- En las gradas. Luego nos vemos, ¿vale? Tengo que contarte algo.
Colgó. La joven se quedó casi sin aliento. Su hermana, antes desaparecida, acababa de hablarle.
- ¿Qué pasa? - se preocupó Luffy al ver su cara de sorpresa.
- Mi hermana...
El muchacho sonrió. Se recolocó el sombrero.
- Ace ha venido. Le han concedido el permiso. ¿Ha venido ella también?
- S-sí...
- ¿Y no estás contenta?
- ¡Pues claro que estoy contenta, idiota! - le dio un empujón amistoso.
- Ea, pues no le des más vueltas – la cogió de la muñeca -. ¡Vámonos, esto va a empezar dentro de poco!
La chica le siguió, riendo. Entonces, Luffy se detuvo y dijo:
- ¡Súbete a mi espalda! Puede que te lesiones si te tropiezas o algo.
- Anda ya.
- ¡Sube!
Obedeció con una sonrisa. El joven corrió por todo el pasillo hasta llegar a un lugar con muchos guardias. Les pidieron sus datos y, en unos momentos, les dejaron pasar a las zonas donde se celebraban las Clasificatorias. Éstas no se hacían al aire libre, con público, ya que se consideraba una tontería: después era más emocionante, competían los mejores.
Se sentaron, esperando a que todos llegaran al lugar. Aunque parecía desordenado, toda la competición estaba muy preparada y organizada. No habían dejado ni un cabo suelto.
Las Clasificatorias se hacían todas a la vez, para ahorrar tiempo para después. Estaba calculado que tuvieran todo preparado para el público unas horas más tarde, más o menos después de comer.
Fueron llamándolos a todos. La primera fue Robin (acompañada de su equipo), quien se encontraba leyendo un libro y charlando de él con Law (el joven ya lo había leído), comportamiento que a Zoro le comenzaba a molestar. Unos minutos más tarde, le tocó a Luffy. Luego, iba Nami, que estaba muy nerviosa. Sanji le besó la mano y ella le hizo una peineta.
El de sombrero de paja fue el primero en volver, al tiempo que Usopp se dirigía a su competición. La chocó con él y, seguidamente, se sentó junto a sus amigos.
- He pasado – rio.
Sanji movía las piernas de arriba a abajo con extremada rapidez, nervioso.
- Aquí huele a hombre – dijo.
- Huele a sudor de Luffy – aclaró Zoro -. Me aburro, ¿cuándo mierda va a ser mi turno?
Justo en ese momento, llamaron al de pelo verde y al rubio. Se levantaron, se insultaron hasta llegar a su lugar asignado y luego se intercambiaron palabras de ánimo. Una amistad extraña, la verdad.
El espadachín terminó con rapidez. Era un oponente fácil y con un par de pasos lo venció. Salió del recinto asignado sin mirar a nadie (y menos a las mojabragas que se habían vuelto sus nuevas fans de repente). Notó cómo le tocaban el hombro, llamándole, y se volvió, para encontrarse los bellos ojos azules de Robin.
- ¿Qué tal? - preguntó la morena.
- Bien. He ganado. ¿Qué tal tú?
- Casi perdemos, pero he rematado en el último momento. Era un equipo muy bueno. Dijeron que debían habernos dejado para las finales, por lo visto ha estado emocionante.
El muchacho se rascó la nuca, pensando en lo que le había dicho Law la noche anterior. Si la quieres, cógela. Seguro que ya le han echado el ojo. No había hecho mucho caso al comentario, simplemente había murmurado unas palabras de desprecio y había empezado a sobar.
- Oye... - se revolvió sus verdes cabellos.
¿Vienes a dar una vuelta? Era lo que pensaba decir, pero por alguna razón no se atrevió.
-¿Sí?
- Nada – se volvió a rascar la nuca -. Bueno, sí, vamos a dar una vuelta - fue uno de los esfuerzos más grandes que había hecho nunca. No se le daban bien las mujeres.
- Nos llamarán pronto.
- Hay un trozo de césped allí al aire libre. Que nos busquen si nos quieren.
Ella curvó sus labios hacia arriba. Se dirigió con él allí, observando a Franky hacer estiramientos junto a su equipo. Pasaron por la zona de Brook, en la que estaba corriendo a gran velocidad; y lo miraron impresionados. Ni así se quitaba la máscara.
Llegaron a su destino. Se sentaron en la hierba. Él extendió sus piernas y se apoyó con sus manos, y ella flexionó las piernas y las rodeó con sus delgados brazos. Estuvieron callados un rato; no porque no quisieran hablar, sino porque a veces el sonido del silencio era mejor que...
- ¿Qué tal han ido los exámenes? - preguntó Robin.
No, el sonido de su voz era perfecto.
- Pasables. Este año voy mejor que el anterior.
- Oye, una pregunta... ¿Por qué repetiste curso? Es sólo curiosidad, es que no tienes el perfil de repetidor que se suele encontrar.
- La bruja era una mala influencia – esbozó una sonrisa -. Con bruja me refiero a Nami... Es que...
- No hace falta que me lo cuentes si no quieres – dijo Robin al ver la confusión de Zoro al intentar expresarse.
- No, bueno... Es que... Estuvimos saliendo, y me di cuenta de que no sentía nada por mi y me utilizaba y... En fin, ni siquiera sé cómo se lo perdoné, teniendo en cuenta todo lo que pasó – se rascó la nuca -. Me estoy desviando del tema – soltó una pequeña risa y continuó:-, resulta que me metí en peleas por ella y dejé de ir al instituto y de estudiar... Ya sabes, pensando en ella, haciendo cosas por ella, cuando ella no me daba nada – apretó los puños -. Un día, me peleé con un chico, llegamos a las manos. Luego me retó a un duelo de espadas. Él me dejó tuerto y yo le dejé sordo y cojo, así acabamos – suspiró -. Entonces me di cuenta de (literalmente) que había dado un ojo por ella, y la mandé a la mierda.
Ella lo miró y suspiró. No sabía qué decir.
- Eh, eh, no es una bruja – suavizó Zoro -. Esa pelea fue porque yo me la busqué. Además, ella necesitaba clientes, y yo los atraía entrenando sin camiseta en la parte de atrás de su tienda. De hecho, me daba dinero a veces, ya que con el poco sueldo de Kuina y la pensión del viejo apenas teníamos para vivir. Y, cuando pasó lo de la pelea, me ofreció todo su tesoro, su tienda y su casa, e incluso dijo que me pagaría un ojo nuevo; pero yo me negué. Ya había perdido bastante dignidad – se acarició su cicatriz -. Además me queda bien, ¿no crees?
Robin rio y bajó la vista.
- ¿Robin? - era una de las chicas de su equipo - ¡Vamos, nos toca ya!
- Te espero aquí, si no me llaman – dijo Zoro.
Ella sonrió y se marchó.
.
- Entonces... ¿todos os habéis clasificado? - preguntó Law, enfurruñado porque le habían vuelto a esposar a Zoro.
Ellos asintieron y le dieron un mordisco a su hamburguesa. Estaba hecha de tofu para que fuera más saludable, así que Luffy estaba deprimido.
- Yo quiero carne~
- ¿Quieres ganar este torneo? - preguntó Nami retóricamente.
- ¡Pero si a mí la carne me sienta bien! – repuso el chico.
- Ya, claro, y yo soy rubia – le dio un par de palmaditas en la cabeza.
Estaban en un comedor enorme y, a la par, paradisíacamente escalofriante. Sus paredes, de un rosa chicle, estaban repletas de pósters y carteles de jóvenes extremadamente sonrientes, o muchachas con caras demasiado tristes y una barriga de embarazada muy exagerada.
- ¿Habrá podido venir Ace? - pensó el del sombrero de paja en voz alta.
- Hace tiempo que no lo veo – sonrió Law -. Éramos buenos amigos.
- Lo metieron injustamente en la cárcel hace dos años – recordó Luffy -. Maldito Akainu... Él me hizo esta cicatriz – señaló su pecho.
- Eso debió doler – señaló Brook.
- Nah, sólo un poco – le quitó hierro al asunto -. Además, Law fue buena gente y me curó, nadie se enteró ni me mandaron a un reformatorio... Bueno, me mandaron a un reformatorio, pero fue por algo diferen-
Una voz metálica algo diferente a la que solían escuchar interrumpió al chico, diciendo que se prepararan porque en media hora comenzarían la semifinal de kendo. Zoro se terminó la hamburguesa y sorbió un poco de refresco.
- Echo de menos el sake.
- Es extraño que a un adolescente de diecisiete años le guste el vino en lugar de un cubata o algo por el estilo – puntualizó Robin, pasando una hoja de su libro.
- Es que yo sé aprovechar el sabor del alcohol – señaló el de pelo verde con una sonrisa -. ¿Qué lees? Se te ve intrigada.
- Es un libro infantil que encontré en la biblioteca. Está interesante, trata de un niño que piensa como un adul-
- ¡Ouaaaaaaaaaaaaai! - sí, así sonaban los bostezos del espadachín - ¡Me voy a entrenar un poco antes de competir!
La joven rio levemente. El muchacho pensó que el sonido de su risa era precioso.
- Nah, mejor me duermo – se sentó de nuevo en la silla, echó la cabeza hacia atrás y empezó a roncar.
Su primer rival sería Cavendish. Sabía que el público animaría al rubio, pero él ganaría pasara lo que pasase. Lo tenía claro.
Cuando despertó, se encontró con la bella cara de Akainu mirándole fijamente. Dio un salto y puso posición de defensa, sin tener muy claro por qué. Se relajó, pero los ojos del hombre seguían directos en los suyos.
- ¿Qué haces?
- Dormir.
- Pues no duermas si no quieres dejarnos en mal lugar.
- Es que dejaros mal me la suda – murmuró Zoro.
- ¿Qué?
- Que a partir de ahora seré como un buda – fue lo primero que se le ocurrió -. Ya sabes, los budas son buenos... y eso.
Sakazuki cerró los ojos, desesperado. Deseaba que, para cuando los abriera, no hubiera nadie allí y se encontrara solo, en un mundo de arcoíris y unicornios. Bueno, quizá su mente no funcionara así.
- Debo acompañarte a la zona de competición – informó el profesor -, así que venga, arreando.
El espadachín bostezó, se desperezó y se marchó, acompañado de Akainu. Lo llevó por unos pasillos estrechos y metálicos, hasta llegar a una zona techada desde la que se podía ver el interior del estadio. Zoro sólo lo había visto en la televisión, no podía creer que estuviera allí. Nunca lo habría imaginado.
Unos organizadores se colocaron a su alrededor, mirando su ropa e incluso peinándolo un poco. Le explicaron algo que no llegó a entender bien, y le dieron una armadura para que se lo pusiera rápidamente. Llevaba la cinta roja.
Escuchó una voz enlatada, emocionada, que explicaba la tradición de competiciones entre reformatorios. No entendía mucho, pero, mientras más oía, más revoloteaban las mariposas de su estómago. Comenzó a hacer estiramientos y aferró su katana con fuerza. Era un regalo de su hermana.
- ¡Y, para empezar, están las semifinales de kendo! - dijo la voz – Tenemos a Hakuba Cavendish por la derecha – se pudieron escuchar los vítores del público a la par que el rubio salía de su zona -, y a Roronoa Zoro a la izquierda. ¡Recibámoslos con un aplauso!
El de pelo verde se encontró con la luz del sol dándole en la cara mientras andaba con paso firme y decidido, aunque por dentro se sentía inseguro. Nunca le había gustado que le observaran.
- ¿Preparado para perder contra este bombón? - sonrió Cavendish.
- Eres feo.
Esas dos simples palabras bastaron para desatar la ira del joven. Apretó su espada con rabia. El árbitro dio la orden de salida, y el rubio hizo su primer ataque, directo al antebrazo. Zoro lo bloqueó y se deslizó con rapidez a un lado de su oponente. Le dio un golpe horizontal en el abdomen y se apartó, sonriendo. Era más fácil de lo que esperaba...
...O eso creía.
El árbitro le dio un punto al de pelo verde y él se recolocó. Un punto más y habría ganado.
- ¿Cómo vas... bombón? - rio.
Frunció el ceño al no oír respuesta. Miró a su contrincante y... ¿Estaba dormido? No, espera, ¿dónde estaba? Giró la cabeza a un lado y a otro, sin encontrarlo.
- ¡Men! - gritó Cavendish... O Hakuba.
Zoro dejó escapar un gemido de dolor. Le había dado en la cabeza, y ni siquiera lo había visto venir. El árbitro le concedió un punto y el de pelo verde se concentró aún más. Cerró los ojos y sintió la presencia del rubio. Notó cómo se acercaba a él y dio un paso atrás, esquivándolo. Corrió hacia el borde de la pista y se echó a un lado intentando engañarlo, pero no cayó al suelo. Se agachó para esquivar un golpe directo a la nuca. Se echó a un lado, y luego a otro, y a otro más y... ¡Joder, ese chico no le daba tregua!
Respiró hondo. Volvió a cerrar los ojos y se giró. Ahí estaba.
- ¡Tsuki!
Derecho a la garganta. Él tosió una, dos, quizá tres veces; y luego se tambaleó. Abrieron los ojos al mismo tiempo. Cavendish admitió su derrota inclinando la cabeza.
- No sé qué ha pasado, pero supongo que habrás ganado...
Zoro se quitó la armadura y se fue, algo maleducadamente. Saludó al público con un rápido movimiento de brazo y se marchó.
Cuando se quiso dar cuenta, estaba en la final, sosteniendo su katana y jadeando. ¿Por qué había sucedido todo tan rápido? ¡Pero si hacía un par de minutos estaba ganando al prepotente rubio!
Respiró hondo, se agachó para esquivar un golpe a la cabeza y volvió a jadear. Le dolía la cabeza. Iba a cumplir el tiempo límite, e iba empatado a uno con su rival. La multitud vitoreaba, pero no conseguía distinguir el nombre que decían.
Estaban en una prórroga que les habían concedido. Ni siquiera había oído cómo se llamaba su contrincante; sólo sabía que le llamaban Mr. 2 y que ¿conocía a Robin?
- Eh, pequeño hijo de puta – dijo él -, ¿sabes que es propiedad de Crocodile?
Zoro fue a golpearle, pero él no se dejó. Ni siquiera sabía cómo había conseguido marcarse un punto.
- Me refiero a Robin.
¿Crocodile? ¿Quién era Crocodile?
- Como le toques un pelo te vamos a matar.
- El que te voy a matar seré yo – consiguió decir.
Entonces vio su oportunidad. Gritó al tiempo que le daba un golpe al antebrazo. Su contrincante dio un respingo y luego se enfadó y tiró su katana.
Zoro se vio en un abrazopor parte de sus amigos. Y, después, unos labios se posaron con los suyos, labios que le susurraron que tuviera cuidado. Labios de Nico Robin.
No recordaba muy bien lo que pasó después, sólo un golpe sordo, unos pasos y oscuridad. ¿Qué estaba pasando?
- Eh, putón.
Abrió los ojos y se encontró con un hombre extraño de pelo algo largo y ojos negros, con una cicatriz que le cruzaba la cara horizontalmente.
- ¿Qué me has llamado? - dijo al tiempo que se frotaba la cabeza.
- Que no te parto la boca por respeto a tus dientes.
Qué original, pensó el espadachín, usar una frase tan poco conocida.
- ¿Qué cojones quieres con mi Miss. All Sunday?
- ¿Sunday? ¿Quién eres?
Intentó separar las manos, pero se dio cuenta de que estaban atadas, al igual que sus pies. Acorralado entre la pared y el suelo.
- ¿Sabes? Akainu es un gran amigo mío. Le he dicho que te voy a castigar.
- Joder – intentó liberarse de sus ataduras -, ¡están bien atadas!
- ¿Nunca te han dicho que decir palabrotas está feo?
- Calla la puta boca – chistó -. ¿Qué hora es? Tengo que recoger mi premio ya, o me lo quitarán. Kuina tiene que verlo.
- Le hemos dicho a tu hermana que lo coja por ti.
- ¡¿Kuina?! ¡¿Qué mierda habéis hecho con ella?!
- Nada, nada. Lo que importa es lo que te vamos a hacer a ti – rio prepotentemente -. Has abierto una vieja herida de Mr. 2, y te hemos visto con Miss. All Sunday a solas. Me he informado y... ¿Te peleaste con alguien por ella? ¿Te ha besado? Está prometida conmigo, por si no lo sabías.
Zoro empezó a procesar las palabras del tipo mientras tosía por culpa del humo del puro que fumaba, y llegó a la conclusión de que la chica de la que hablaba era Robin. Se revolvió, y fue a gritar, pero el hombre le tapó la boca con el gancho, haciéndole vomitar al introducirlo tan hondo.
- Oh, vaya, manchaste mis mocasines.
- Tengo que irme, o no participaré en el Concurso de Música y no podré irme en navidad - dijo entre bilis, saliva y sangre que manaba de su lengua por culpa del garfio.
- Hemos pedido un permiso especial para ti, guapo – limpió el gancho con un pañuelo húmedo y lleno de jabón hasta que estuvo reluciente, y entonces continuó -. ¿Por qué no me ayudas a algo?
Se sentó a horcajadas sobre él y le clavó el garfio en el cuello hasta que se le saltó un poco la sangre, y la relamió con gusto al tiempo que el otro hacía una mueca de asco.
Zoro se movió bruscamente y consiguió desasirse de las ataduras al quitarse los zapatos. Dio un placaje a la puerta de aquella oscura habitación y se topó con Mr. 2 de nuevo. Le intentó dar una patada, pero él lo cogió de los hombros y lo metió de nuevo en el lugar.
- Soy Crocodile – anunció el de la cicatriz -, y recuerda bien mi nombre. Ni se te ocurra mencionar que has estado conmigo, y menos a quien tú ya sabes. La Baroque Works te vigila, no lo olvides. Como vuelvas a intentar algo con ella, no serás sólo tú el que saldrá herido.
Mr. 2 lo condujo a la salida mientras le desanudaba las manos. Zoro apretó los puños.
- No soy lo suficientemente fuerte – se dijo.
Lo metió en un lujoso coche, pero él no dejaba de pensar en lo que había pasado. Ni siquiera tenía las katanas ni nada con lo que defenderse, aunque recordó que las había dejado a cargo de Sakazuki. Suspiró, a partir de ahora no podía fiarse de ese maldito.
No tardó mucho en hacer el viaje. Sólo al salir del coche se dio cuenta de que el conductor era un chico extraño, no mucho mayor que él, con un maquillaje exagerado y pinta de travesti.
Lo empujó para que entrara por la puerta trasera, le susurró la excusa que tenía que ponerle a sus amigos, le indicó la puerta donde estaban recogiendo a los alumnos del Reformatorio para llevarlos a sus casas y se marchó.
- ¡Zoro! - era Chopper, que le abrazó nada más verlo - ¿Qué te ha pasado en el cuello?
- Me he cortado con una katana – repitió las palabras del travesti -. He estado en el médico y me ha dicho que no es nada grave - se justificó.
- Oh, menos mal. Por cierto, ¡he quedado primero en el Concurso! Pero en la competición no he pasado de semifinales... - cerró los ojos cuando el espadachín le acariciaba la cabeza – Luffy ha sido campeón como tú, ha estado muy emocionante. Casi pierde contra un tal Foxy, que tenía como treinta años. ¡A saber qué pintaba en un reformatorio! Ah, y Robin y Nami han quedado segundas, ¡ha sido divertido! ¿Sabes que han descalificado a Brook por pedirle a la jueza que le enseñara las bragas?
El de pelo verde asentía y sonreía. Se puso enfrente de la puerta. Franky se estaba yendo con un gran número de gente con unos carteles de Franky Family, Brook se marchaba solo con su perrita Laboon porque su madre estaba enferma y no había podido venir a recogerlo, Sanji discutía con un viejo mientras mecía un folio en el que venían apuntadas sus notas, Chopper pasaba a abrazar a sus padres (dos ancianos que ejercían de médicos en un importante hospital) y Usopp intentaba coger a tres chiquillos a la vez sin parar de reír.
Notó cómo le tocaban el hombro y se dio la vuelta para encontrarse con Genzo (el alcalde de su pueblo) y Garp (su antiguo director).
- ¡Qué mayor estás! - dijo el primero.
- Pareces más maduro – sonrió el segundo -. ¿Qué tal con mi nieto?
Genial. El chico no había relacionado el apellido del nieto con el abuelo hasta ese momento. ¡Qué gran inteligencia por su parte!
- Ah, que Luffy es tu nieto... - se rascó la nuca.
Miró de refilón hacia otro lado, para ver a Robin observándolo preocupada mientras subía a un lujoso coche. ¿Qué tendría que ver ella con todo esto?
- Eh, enano, ¿mejor? - era la voz de su hermana mayor junto a su mejor amiga, Nojiko.
- Sí, no era nada grave – miró a Nojiko, y ella simplemente asintió, por lo que decidió no preguntar.
Escuchó gritos de Luffy, que corría tras su hermano Ace y reía, feliz.
Montó en el coche en silencio con Kuina y su padre y miró por la ventanilla al tiempo que arrancaba. Observó sus notas: un cinco en todo menos en Educación Física, donde había sacado un ocho. No estaba mal, teniendo en cuenta que el año anterior había suspendido casi todas.
- Feliz navidad – se despidió de sus compañeros mientras se alejaba del Reformatorio y echó un rápido vistazo a Law, que escuchaba música con los auriculares y garabateaba algo en un cuaderno, ajeno a todo lo demás.
Se preguntó si el año siguiente sería un buen año.
- ¿Qué tal el día? - preguntó Koshiro al volante.
- Raro – respondió, y no habló más en el resto del viaje.
