Bueno, como saben los personajes de Inuyasha no me pertenecen (lo cual es una lastima) solo los que no recuerden son míos
Capitulo 3:
Curación
—Maldito sea quien quiera que le haya hecho esto— susurró— aquél que se haya atrevido a tocarla morirá— su voz parecía un gruñido contenido—Así será— aseguro en un susurro— Yo se lo prometo, Hime-sama.
La chica levanto con cuidado el cuerpo inerte de Kagome pasando un brazo por sus rodillas y otro por su espalda. Cuando se hubo asegurado de que no tocaba ninguna herida hecho a correr. La increíble velocidad a la que iba desdibujaba los árboles a su alrededor hasta convertirlos en una mancha verde. Era muy rápida. La mayoría de los youkais que proliferaban en esas tierras inhóspitas no serian capas ni siquiera de rozarla con las garras. Y claro, si ni siquiera los youkais podían alcanzarla, su silueta pasaba totalmente desapercibida a los débiles ojos humanos. La única prueba pasajera de su marcha por esos lugares era la corriente de aire que se originaba a su pasó y mecía las ramas y hojas de los árboles y arbustos.
La chica se desplazó rápidamente entre los árboles, con el cabello ondeante por el viento. La oscuridad las hacía casi invisibles entre os árboles, esa noche era la víspera de luna nueva, y por eso solo una pequeña "uñita" de luna iluminaba el sendero, inexistente para los ojos humanos, que seguía la muchacha. Un caudaloso río se cruzó en la carrera alocada y rápida de la joven, sin embargo ella lo saltó de manera grácil, sin siquiera dudar en la orilla, con una agilidad que habría envidiado la más experimentada de las gimnastas.
Ella siguió avanzando, sin encontrar otro obstáculo en su camino. Los árboles se juntaban mucho en aquella parte del bosque pero aun así ella era tan ágil que podía esquivarlos incluso a la mitad de un salto. La pequeña rayita clara que se percibía en la oscuridad y que respondía al nombre de Luna cada 28 días estaba ya muy cercano al horizonte, mientras que del lado contrario comenzaba a verse un resplandor anaranjado que indicaba la inminente cercanía del amanecer.
Y mientras el aire silbaba alrededor de la silueta, que comenzaba a verse más claramente gracias a la iluminación que le otorgaba el Sol, la mancha verde que eran los árboles pareció chocar contra una barrera invisible, dejando ver una oscura muralla, alta, hecha de rocas oscuras y que estaba recubierta de hiedra. La chica se desvío bruscamente y comenzó a correr a un lado de la muralla, ahora se podían ver con más claridad sus facciones. Parecía una niña, con los ojos de color azul oscuro, la piel pálida y el cabello negro y largo levemente ondulado.
Aquella carrera al lado de la muralla parecía no tener fin. Kagome seguía inconsciente en los brazos de la niña. Por fin, la muralla pareció acabarse de pronto y ambas se encontraron enfrente de una reja, era enorme, flanqueada por un par de esculturas enormes. Ambas estatuas representaban lo mismo, eran un par de enormes serpientes que parecían querer moverse de un momento a otro para bloquear la amplia entrada con sus cuerpos, y valla que si lo lograrían, si es que alguna vez pudieran llegar a moverse los enormes monstruos de piedra. En cuanto a la reja, esta parecía demasiado pesada, a pesar de eso el trabajo no era tosco y mediocre, era una verdadera obra de arte, con cada línea perfectamente medida para encajar con las otras sin romper la armonía estética. La chica se acerco y rozo con cuidado una especie de escudo formado por las figuras de aquella reja que sorpresivamente no eran de hierro ni de madera, de hecho, parecían estar elaboradas con el mismo material que las enormes esculturas que la bordeaban.
En cuanto la piel de la niña toco el escudo que había en medio este pareció estremecerse, después comenzó a girar mientras que las florituras que parecían entrelazadas uniendo toda la construcción comenzaban a desenredarse. Por fin, se formo un espacio vacío justo en el medio y acto seguido las dos puertas que se habían formado comenzaron a abrirse en silencio. Lo que se extendía al otro lado de la reja era un bosque, con un sendero que se extendía serpenteando entre los árboles. Ella entro con paso decidió, mientras se alejaba la puerta se cerro y las elaboradas líneas volvieron a entrelazarse formando nuevamente el intrincado diseño del escudo.
La chica caminaba rápidamente por el sendero, este se adentro más y más hasta que los árboles terminaron y se vio un paisaje que parecía sacado de un sueño. Estaba todo cubierto de una suave y mullida extensión de césped de un color verde brillante, había riachuelos que dejaban oír el suave murmullo del agua al correr, y angostas veredas que se entrecruzaban diferenciándose apenas del césped a su alrededor. La chica miró a su alrededor, a lo lejos se veía una construcción. La chica dirigió una mirada hacia el cuerpo de Kagome y sin dudarlo comenzó a correr hacia el palacio.
En cuanto la chica cruzó las puertas del enorme palacio que se había visto a la distancio se extendió un rumor en el recibidor, la mayoría de los habitantes del esplendoroso castillo se acercaron atraídos por el olor.
— ¡Eh!, ¡Kazumi!, que bien que hayas vuelto— la exclamación fue pronunciada por un joven de largo cabello negro y lacio que le llegaba casi hasta las corvas de las rodillas, su rostro era alegre y travieso, con los ojos color borgoña, vestía un traje de color blanco con diseños bordados en dorado negro y rojo, se veía joven, 20 años a lo máximo, se distinguía fácilmente como un youkai, en primera porque la velocidad con la que se acerco a la chica no era humana, y segundo, y esto solo una creatura con un buen olfato habría podido decírtelo, olía como uno. — ¿Quién es?—preguntó en cuanto estuvo a un lado de la aludida.
—Llama a Kameko— dijo la chica
—Que humor, pero está bien—dijo mientras se alejaba en busca de la persona que Kazumi necesitaba en ese momento.
Kazumi comenzó a recorrer con rapidez los pasillos, subió escaleras y recorrió corredores anchos y despejados, con amplios ventanales que dejaban entrar la alegre luz del sol. Pronto se detuvo ante una puerta, la abrió con una mano mientras intentaba sostener el cuerpo de Kagome con la otra, cuando logro tal hazaña sonrió satisfecha. Dejo con cuidado a Kagome en la enorme cama que había en el centro. Se sentó a su lado y revisó con cuidado las heridas, varias de ellas eran profundas. Le quito esa ropa extraña y corta que llevaba y la cubrió con una manta en espera de que llegara quien debía ayudarla.
—¡Vamos Kameko!— gritó el chico que se había encontrado Kazumi nada más entrar al pasillo. —Ya regresó Kazumi, y trae visitas— agregó
—No grites, niño— se oyó la voz madura de una mujer, que en ese momento salía de la habitación, era una youkai que aparentaba alrededor de 30 años, su cabello negro, recogido en una cola alta, le llegaba hasta la cintura, su rostro de apariencia madura y piel pálida, además de unos ojos del mismo color que su acompañante.
— ¡Eh, yo no soy un niño!—dijo arrugando la nariz en un puchero. —No me dejes hablando solo— se quejó mientras alcanzaba a la mujer.
—Cállate y camina Deika— ordenó la mujer con tono cortante.
—No soy un niño— dijo el simulándose el ofendido.
Una sonrisa de diversión apareció en los labios de Kameko
—Pues deja de comportarte como uno—
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