Los personajes de Inuyasha no me pertenecen (que lastima)

Espero que este capitulo les guste, siento que va aburrir un poquito, pero bueno, ustedes juzgaran


Capitulo 5:

Luna Nueva

Era Luna Nueva y eso tenía a Inuyasha más que molesto, no podía comprender porque le tocaba pasar a el por esa clase de momentos, convirtiéndose en un simple humano, vulnerable y débil, cuando la luna no brilla en el cielo nocturno. Su cabello negro se movió bruscamente cuando cambio de posición de golpe. Estaba fastidiado, Kikio estaba sentada a su lado, sin embargo no había dicho ni una sola palabra en horas. Tampoco se había movido mucho, solo reaccionaba cuando sus serpientes cazadoras de almas le llevaban su peculiar alimento, y en esos momentos simplemente se incorporaba un poco para después dejarse caer nuevamente apoyada en el tronco que tenía detrás.

Sango llegó en ese momento junto con Shippo y Kirara, les lanzó a ambos una mirada de profundo desprecio y luego se sentó sin dejar de mirarlos, fue en ese instante cuando una serpiente se acerco con un alma entre sus patas y Kikio levanto el rostro un momento, cuando Sango se dio cuenta de que aquella a la que miraba no era la misma Kikio de siempre. Sus ojos se veían apagados, sin vida, y sus pupilas estaban fijas enfrente, sin girar su mirada hacia nadie.

Sango no pudo evitar mirarla fijamente, esperando ver cambiar su expresión o que aquel cadáver viviente hiciera algún movimiento en respuesta a su intenso escrutinio, sin embargo no sucedió nada más excepto lo de rutina. Se levanto en cuanto llego Miroku acercándose para hablar con él, aprovechando que Inuyasha no podía escucharlos y que Shippo se había quedado dormido.


—Luna nueva—susurró Kameko, —Ya es hora—añadió volteando hacia su espalda, a la lejanía se veían un par de siluetas avanzando silenciosamente. Una de ellas, la más alta llevaba un tercer cuerpo en brazos.

Cuando estuvieron lo suficientemente cerca la pequeña chica que venía hacia ella se adelantó rápidamente.

—Aun no has dibujado los sellos— susurró examinando atentamente el piso

—Te esperaba, ahora ayúdame— Ordenó en voz baja la youkai de edad más avanzada.

Kazumi solo se acerco y miro el círculo que había trazado en el piso. Esa era una parte del jardín que estaba cubierta de grandes baldosas rectangulares de color blanco, se usaba como explanada para los eventos que requerían un suelo firme al aire libre. Enfrente de su vista apareció una vasija lleno de un líquido oscuro con un olor fuerte y penetrante.

—Vamos, muévete, casi es medianoche— Kameko soltó el recipiente apenas Kazumi lo rozó con los dedos y se dirigió al otro lado del círculo con un pincel en la mano y el cuenco de porcelana en la otra. Kazumi le respondió formando una mueca con los labios y tomando un pincel que la mujer le lanzó en ese instante. Deika solo se quedo aparte observando atentamente el trabajo de ambas mujeres mientras trazaban símbolos en todo el borde del círculo y luego comenzaban a extenderse al interior.

Después de unos minutos de espera ambas mujeres se incorporaron y observaron el trabajo que habían hecho. Aparte de los símbolos en los bordes del círculo estos se extendían en líneas rectas hasta rodear un círculo más pequeño situado justo en el centro, llenando casi todo el círculo de escritos y símbolos. Había cinco espacios vacíos en los símbolos del círculo pequeño, situados a distintas distancias, Kameko tomo con cuidado una navaja y se corto en el dedo índice, después, con la sangre que manaba de la herida, termino las inscripciones. Hecho esto se acerco al cuerpo inerte de Kagome, cubierto tan solo con una delgada yukata blanca, y le realizo un corte en las yemas de los dedos, en sus tobillos y uno en donde su cabeza tocaría el piso en cuanto Deika la bajase.

—Vamos, no tenemos toda la noche— La voz impaciente de Kazumi interrumpió el pesado silencio que se había formado. Deika se introdujo en el círculo y deposito con cuidado a Kagome en el piso, haciendo coincidir sus heridas con las marcas hechas con la sangre de Kameko.

—Muy bien—susurró la youkai juntando sus manos y parándose frente al cuerpo de Kagome—Comencemos— una luz rojiza comenzó a manar de las manos de la youkai, cubriéndolas completamente. Ella comenzó a murmurar una especie de rezo que fluyo como una suave música saliendo de sus labios. Separo ambas manos rodeadas de esa energía rojiza y las apoyo en el piso sobre las marcas, estas se iluminaron y el resplandor carmín se extendió por todo el círculo formando un espiral hasta llegar al cuerpo de Kagome. Las marcas hechas con la sangre de Kameko brillaron con más fuerza que todas las demás y la energía comenzó a fluir hacia ellas. En el lugar en el que debería estar la luna comenzó a brillar un punto con fuerza, parecía una estrella, sin embargo de ella salían haces de luz dirigidos hacia el circulo en el que se estaban todos aquellos extraños símbolos. Toda la energía rojiza que se desplazaba hacia las marcas rojas fue absorbida a través de las heridas que tenía Kagome en su cuerpo. Cuando el último destello de aquella luz desapareció, el círculo fue inundado por un resplandor blanco que cegó a todos momentáneamente, cuando se extinguió todo quedo a oscuras.


—Excelencia, le digo que esa mujer no es Kikio—dijo Sango mientras miraba a Miroku

— ¿Estás segura Sango?— contestó el monje mirándola fijamente

—Si, en primera, porque por muy fría que sea Kikio, nunca la había visto con los ojos tan inexpresivos, están apagados, como si no tuviesen vida— "se parecen a los de Kohaku cuando es controlado por Naraku"—Estoy más que segura que Naraku la está controlando

—Tal vez tengas razón, es muy probable. —contestó el monje tocando su barbilla en un gesto reflexivo.

—Excelencia, ¿usted cree que deberíamos decirle esto a Inuyasha?— preguntó la joven preocupada

—No creo que sea lo mejor, Inuyasha me tiene preocupado con su carácter y la forma en la que se comporta cuando mencionamos a la señorita Kagome, será mejor que investiguemos y lo mencionemos hasta que tengamos las pruebas suficientes— contestó el monje

La exterminadora solo asintió con la cabeza.


—Kanna, muéstrame a Kikio— la voz se oyó malévola, con un tinte oscuro impregnado en ella.

La pequeña niña albina se limito a alzar el espejo y en el aparecieron las figuras de Kikio e Inuyasha, ella inexpresiva y el furioso, no se veía al resto del equipo.

—Muy bien, Kikio, recuerda que tienes que traerme todos los fragmentos que tiene el grupo de Inuyasha en su poder, gánate su confianza— una sonrisa se extendió por el rostro del que hablaba— Y al final, completa lo que no pudiste terminar hace 50 años, ¡mata a Inuyasha!


Bueno, si alguno de ustedes ha llegado hasta aquí y desea dejarme un review, adelante.