Aquí un nuevo capitulo que logro llegar tan rápido gracias a una ola de inspiración. Este tambie quedo menos corto que los demás, y se resuelve algo, bueno, espero que les guste tanto como a mi. (:

Por cierto, los personajes de Inuyasha no son míos, son de Rumiko Takahashi


Capitulo 9:

Compromiso

Inuyasha miró fijamente la luna. No podía dejar de pensar en esa youkai de cabello azabache que se había burlado de él. Gruñó, furioso consigo mismo por sentirse atraído por una youkai arrogante que lo consideraba inferior solo por ser un hanyou. Kikio se removió entre sus brazos y abrió lentamente sus negros ojos para después míralo fijamente

— ¿Sucede algo, Inuyasha?—preguntó con su habitual tono monocorde e incluso frío.

—No, nada Kikio— respondió el.

La miko solo asintió en silencio con la cabeza antes de recostarse nuevamente en el pecho del joven orejas de perro.

Inuyasha miró el cabello de su mujer, como la consideraba, a pesar de no haberla marcado aun, y cerró los ojos para descansar un momento, pues cualquier criatura, fuese humano, hanyou o youkai, necesitaba un momento de reposo, por muy fuerte que dijese ser.

Seshommaru se puso inmediatamente alerta. Hasta su nariz llegó la repugnante esencia de Naraku, acompañada como siempre por ese sempiterno olor a cadáveres putrefactos y sangre. Frunció el ceño mientras se incorporaba y bajaba de la rama en la que se hallaba cómodamente recostado. Un remolino bajó hasta situarse frente a él.

—Seshommaru— dijo la tenyo de los vientos mientras habría su abanico y se cubría la mitad del rostro con él.

Seshommaru no dijo nada y se limitó a mirarla fijamente. Kagura le devolvió la mirada con las mejillas teñidas de un suave tono rosado que Seshommaru alcanzó a distinguir pero que ignoro completamente.

— ¿No vas a decir nada?—preguntó, sin el tono de falta de interés hacia cualquier cosa, que la caracterizaba

Kagura volvió a quedarse sin respuesta.

—Naraku quiere que le cuentes todo lo que sepas acerca de la Dama del Este— recuperando su habitual tono desinteresado, aunque en el fondo se notaba un poco de fastidio, como si que Seshommaru supiera algo sobre esa mujer la molestara.

— ¿Qué le hace pensar a ese miserable de Naraku que se algo sobre la princesa de esas Tierras?

—No lo sé, pero desde que se rumora que ha regresdo el esta, preocupado— esto último lo dijo como si se divirtiera ante la preocupación de su creador hacia algo— creo que la considera un peligro.

—Se oculta en el este, ¿No es así?

—Iras a buscarlo— la voz de la Tenyo sonó casi esperanzada, como si esperara que Seshommaru fuese a enfrentarse con ese ser. Seshommaru no contestó nada—Lo tomaré como un sí, espero que nos veamos pronto, Seshommaru.

Acto seguido, Kagura tomó una de las plumas de su peinado y se vio envuelta en un remolino que dejo verla sobre una pluma al disiparse. Seshommaru la siguió con la mirada hasta que la perdió de vista, después miró a Jaken, Rin y Ah Un antes de marcharse y perderse entre los árboles. Definitivamente necesitaba respuestas, y nadie mejor que el árbol sabio para dárselas.

Kagome se mantuvo despierta hasta que la luna estuvo en su cenit, se encontraba sumida en sus pensamientos. Ya conocía a los dos hijos de Inu no Taisho, ambos parecían fuertes, y a pesar de la obvia falta de habilidad del menor (y debemos agregar impulsividad, aunque, si se lo mencionaba a Kazumi seguro que le respondía que ella era igual y que por lo tanto no tenía derecho de decirle nada), había sabido defenderse lo suficiente como para sobrevivir hasta esa edad, si no hubiese sido lo suficientemente listo como para esconderse cuando era pequeño, y no hubiese tenido los ánimos suficientes para defenderse cuando creció, en esos momentos solo quedaría un heredero del linaje del gran general perro.

Soltó un suspiro de aburrimiento, eso de hacer guardia no le gustaba, sobre todo si se encontraba en una zona tan tranquila, pero Kazumi la había obligado a dividir sus horas de sueño, pues con su regreso podría desatarse una oleada de ataques hacía su persona, de parte de cualquiera, ya fuesen débiles youkais, o tal vez Naraku, incluso monjes o sacerdotisas que decidieran atacarlas considerándolas amenazas. Se levanto sacudiendo su kimono con las manos y con ágiles pasos se dirigió a su dormida acompañante. Se inclinó sobre ella y puso una mano en su hombro, agitandola suavemente.

—Enseguida regreso—murmuró mientras su amiga se desperezaba. La chica solo asintió mientras se frotaba los ojos con los nudillos. Kagome rió en voz baja al ver el rostro todavía adormilado de la chica y la infantilidad con la que se estiraba para terminar de despertarse. Al oírla la otra la miró con el ceño fruncido y una expresión de indignación que nada tendría que envidiar de una chiquilla caprichosa de siete años. Kagome sonrío para sí misma antes de alejarse, ya era tiempo de pedir consejo a ese viejo árbol de magnolia.

Seshommaru llego hasta ese pequeño claro en el bosque, en cuyo centro se hallaba ese enorme y antiguo árbol con cara de anciano. A su derecha pudo percibir el sonido de unos ágiles y rápidos pasos, se volteo justo a tiempo para ver como una silueta femenina de largos cabellos, aparecía de entre las sombras. Seshommaru tomó a Bakusaiga, dispuesto a atacar a la menor provocación, sin embargo algo le detuvo.

—No ataques Seshommaru— la voz sonó suave y con un toque de diversión en el fondo.

Cuando los rasgos de la persona se hicieron visibles el daiyoukai se sintió un poco molesto, ¿Qué acaso se la tenía que encontrar a donde fuese? Con un bufido de indignación guardo su espada.

—Hola Seshommaru, me da gusto volver a verte— la frase fue dicha con un tonito de burla que exasperaba al poderoso guerrero. La chica solo soltó una risita burlona al ver la expresión de Seshommaru y volteo hacia Bokuseno.

—Es un gusto volver a verla, Princesa Kagome— ese comentario llamó la atención de Seshommaru— veo que también has venido, Seshommaru.

—Que haya llegado al mismo tiempo que esta mujer molesta fue pura coincidencia—dijo el molesto.

—Respétame más querido mío, —dijo ella con la clara intención de burlarse.

Seshommaru sacó su espada nuevamente e hizo ademán de atacarla. Kagome retrocedió un paso y se puso en guardia. El gran lord del Oeste le lanzó un ataque a la joven agitando su espada. Ella lo esquivo ágilmente y se dispuso a sacar su espada también, de pronto unas ramas se interpusieron creando un campo de energía

—Paren, deben aliarse, no pelear. No es momento para conflictos. Ambos deben apoyarse mutuamente, recuerden que sus territorios debieron unirse hace 50 años— Bokuseno pronunció las palabras lentamente, al tiempo que retiraba las ramas y las barreras.

—No tengo ningún interés en una alianza con esa mujer— las despectivas palabras de Seshommaru fueron devueltas rápidamente.

—Pues yo no encuentro nada bueno en tener que convivir más contigo, al fin y al cabo no podrías ofrecerme nada que no tenga ya.

Ambos se miraron desafiantes. Retándose mutuamente. El viejo árbol sabio los analizó y agito sus ramas en señal de frustración.

—Siempre le dije a Inu no Taisho que si quería que esto funcionara debían convivir. Pero consideren que deben hacer esto, un gran mal se acerca y no podrán hacer nada si no están unidos.

Ninguno de ellos dijo nada, ni siquiera lo miraron, aunque ambos lo habían escuchado perfectamente. Seshommaru se dio media vuelta dispuesto a irse. Camino hasta el borde del claro y algo lo detuvo. Ahí, poco antes de llegar a los árboles que rodeaban a Bokuseno, se había levantado una poderosa barrera. Kagome corrió rápidamente para analizarla.

— ¿Qué significa esto?— preguntó Seshommaru con un tinte de molestia en la voz

— ¿Acaso voy a tener que quedarme con este amargado?— preguntó la jovencita haciendo un puchero, sin importarle mucho que la persona a la que se refería siguiera ahí

—Me temo que no podrán salir de aquí hasta que cumplan la voluntad de sus padres. — Informó el árbol— son órdenes que me fueron dadas por Inu no Taisho e Inu Ogata.

Kagome suspiró pesadamente y después miró fijamente al otro youkai.

—Entonces supongo que no hay otra opción si no queremos quedarnos aquí para siempre— dijo más para sí que para los demás.

Seshommaru sacó su espada e hizo un ataque dirigido contra la barrera, sin embargo, al llegar a está, se disolvió en el aire sin dejar rastros.

—Es inútil, esta barrera fue creada a partir de un poco del youki de Inu no Taisho e Inu Ogata, como este tenía su voluntad, ninguno podrá salir a menos de que la cumplan antes.

Ambos youkais se miraron fijamente, después Kagome se encogió de hombros y suspiró nuevamente, él la miró sin que su rostro reflejara ninguna emoción.

—No te preocupes— dijo tranquilamente la pelinegra—yo voy a ser la única realmente afectada.

Seshommaru miró a Bokuseno una vez más antes de acercarse a la chica. Luego, la sujeto de los hombros y se inclinó hacia ella. Ese aroma embriagante lo sorprendió nuevamente, aspiró lentamente antes de inclinarse hasta el cuello de esa mujer. Ella se quedo quieta y en silencio. El abrió la boca mostrando sus afilados colmillos antes de clavarlos de un brusco movimiento en el blanco cuello de su compañera. Está soltó un leve quejido de dolor.

Ambos se quedaron un momento así, el aroma de la sangre lleno el lugar, al igual que los sentidos del daiyoukai, que de pronto, sintió como se apoderaba de él un gran frenesí, combinado con algo que identifico de inmediato, deseo. Retiró lentamente sus colmillos de la piel de la chica y pasó su lengua por la herida, su ahora mujer, soltó un leve gemido ante este acto.

Seshommaru soltó un ronco jadeo antes de reaccionar y alejarse de ella. La miró fijamente mientras ella volteaba hacia el bosquecillo, en el rostro de ambos había en pequeño sonrojo. Kagome llevo su mano hasta la marca que ya comenzaba a cicatrizar, dispuesta a limpiar la sangre que había manchado su piel. Una mano la detuvo. Era el gran lord de las tierras del Oeste (y ahora también de las del este) ofreciéndole su obi para que se limpiara. Ella lo tomo y con cuidado retiró la sangre hasta dejar al descubierto la figura de una luna en cuarto creciente de un color morado. Mientras tanto Seshommaru se dio media vuelta dispuesto a marcharse, ya que la barrera acababa de disolverse. Ella no lo detuvo, doblo con cuidado la prenda, ahora manchada y la guardo en su bolsillo

Y se marchó, dejando atrás a su ahora mujer, mientras ella se iba siguiendo otro camino. Pues al fin y al cabo, que ahora fueran pareja, o más bien que Kagome le perteneciera a Seshommaru, no quería decir que se amaban. Tampoco significaba que debieran viajar juntos, o estar en contacto, al fin y al cabo había sido un acuerdo. Y ninguno de los dos se quejaba, después de todo, ella sabía que él no quería de su compañía, y él sabía que a ella no le importaba mucho el hecho de no estar juntos. Aunque por un momento, y muy en el fondo, ambos desearon que eso fuese diferente.


Espero que este capitulo les haya gustado.

Ya saben, si pueden, quieren, tienen ganas, etc. porfis, dejen reviews (: