Volví, después de casi un mes sin actualizar, aquí estoy, se que es muy corto, pero ya estoy escribiendo el capitulo 11, el cuál espero quede más largo, y es que se me ha ido la inspiración, me han dejado muchos proyectos, etc. Pero aquí esta.
Recuerden, ni Inuyasha ni sus personajes me pertenecen a mi, si no a Rumiko Takahashi
Capitulo 10
Tristeza
Las nubes corrían por un cielo alumbrado por una luna que en su cenit tenía un leve resplandor rojizo que le daba un toque especialmente macabro al espeso bosque. Una nube paso, cubriéndola momentáneamente, siendo movida por el mismo viento que movía las espesas copas de los árboles. Hacía días desde el incidente con Sesshomaru, y, a pesar de que era muy claro para Kazumi que algo le había pasado a su señora, no se había atrevido a preguntarle, principalmente por el hecho de que ella iba muy callada. Desde que había regresado, después de despertarla, estaba silenciosa.
La oyó soltar un suspiro por enésima vez en el día. La miró de reojo, llevaban horas caminando, y aun así su señora no parecía tener ganas de detenerse. Ahora fue ella la que suspiró, esa situación la tenía estresada, ella estaba acostumbrada a hablar durante las largas horas de viajes, una costumbre que se le había pegado de Deika, cosa que solía compartir con Kagome, pero, es que desde hace días que solo la oía suspirar, y las únicas palabras que cruzaban era las indicaciones para detenerse y la llamada que siempre le hacía al momento de levantarse.
Su señora se detuvo de pronto.
—Acamparemos aquí—dicho esto, volvió a sumirse en ese mutismo que se había hecho habitual en ella en esos últimos días.
—Así que el gran Sesshomaru y la señora del Este ya son pareja, eso complica las cosas. — la voz sonó suave y maliciosa, casi risueña, regodeándose en la maldad que ella misma destilaba. — Pero, por lo que se ve, ninguno se lo toma demasiado bien.
Kagura observaba a su creador desde un rincón, debía admitir que no le agradaba la idea de el lord del Oeste con pareja, pero, que se podía hacer, por lo que sabía, ese había sido un trato hecho desde varios años atrás. Ella no se sentía con el derecho de irrumpir en esa relación, aunque ganas de hacerlo no le faltaban, no era que estuviese celosa… no, si lo estaba, lo sentía en el fondo de su corazón y eso la enojaba. El porqué era bastante simple de saber. La única razón por la que Naraku mencionase el tema una y otra vez en su presencia era para que su corazón se llenase de rencor hacia ambos y, aunque no podía decir con seguridad que eso era lo que planeaba ya que el hanyou era impredecible, se ofreciera voluntariamente a ir y exterminar a la, ahora hembra, de Sesshomaru.
"Maldito bastardo" varias veces había agradecido que Naraku no fuese como Hakudoshi, de esa manera ella podía despotricar a gusto contra él, aunque solo fuese en su mente.
— ¿Y que harás, Naraku?— su voz sonó aburrida mientras se cubría la mitad del rostro con su abanico. Aunque por dentro moría de curiosidad, lo más recomendable si quería sacar información de Naraku, era fingir total indiferencia para con sus planes, como si preguntarlo fuese una obligación, o al menos eso se aplicaba en ella.
—Iras a vigilarlos, Kagura, así sirve que de paso conoces a la tal señora del Este. — Su voz burlona logro exasperarla
Kagura compuso una mueca detrás del abanico que todavía sostenía por delante de su boca. Eso definitivamente no le agradaba. Una cosa era resignarse a que un gran daiyoukai como Sesshomaru nunca se fijaría en alguien como ella, que no era ni siquiera capaz de verse libre, y otra era ir y conocer a la hembra de él. Debería ser alguien muy poderosa, de lo contrario los padres de Sesshomaru no la habrían aceptado como la prometida de su hijo, sobre todo la madre, ya que el padre había concebido un hanyou con una simple humana.
Le devolvió la mirada a Naraku y después se levanto elegantemente, diciéndole con una mirada con destellos de rabia, "total, no me queda de otra". Después se dio media vuelta y se salió por la puerta de la elegante habitación. Una vez afuera se dedico a mirar la mampara corrediza tras la cual se encontraba su creador durante unos segundos, mientras le dedicaba todas las maldiciones y groserías que se sabía, deseándole la peor de las muertes.
Tristeza, era lo que sentía al mirar la enorme luna que iba avanzando poco a poco a través del cielo nocturno. Las estrellas también parecían desplazarse, pequeñas y en grupos, como si fuesen luciérnagas que nunca podrían tocarse. A ella le gustaba ver las estrellas, desde pequeña, con su padre, sentarse en el balcón, que más parecía terraza, que daba a su habitación, y contemplarlas, todas las noches, o al menos, todas las que podía. Quería a su padre, muchísimo, y él la quería a ella. Por eso no entendía como había podido hacerle eso.
El sabía perfectamente que a ella le gustaba ser libre, sin ataduras, y ahora, una cadena enorme la unía con otra persona, lo peor es que a ella la ataba del cuello y él solo la sostenía en su mano. "Estúpida vida, estúpida e injusta vida", otro suspiro, dirigió su vista hacia Kazumi, y vio como la observaba, con el semblante cargado de angustia y preocupación. Kagome le dirigió una leve sonrisa triste junto con una mirada amble. La otra chica solo giró la cabeza mordiéndose el labio inferior. Ella también miró hacia otro lado, reflexionando en silencio. Al poco Kazumi se levantó y se dirigió a ella, recostándose en su regazo antes de quedarse dormida.
Una presencia la despertó, hasta ella llegaba un olor a cadáveres y sangre, que ocultaba el aroma que queda después de la lluvia. Era un olor suave, muy tenue, casi imperceptible, pero ella lo notaba. Tenía un buen olfato, no tanto como el de su ama, pero lo bastante eficiente como para descubrir esa clase de olores, aunque puede que fuese solo del río que estaba cerca. La fuente del olor se acercaba. Kazumi, casi como un acto reflejo, se colocó enfrente de su señora y se pudo en guardia.
Kagome se despertó al sentir la presencia de un youkai desconocido tan cerca. Se incorporó lentamente y se quedó con la espalda apoyada en el tranco del árbol, que tenía detrás. Seguía cansada, y se sentía triste. Pronto vio un remolino acercarse rápidamente hasta disolverse y dejar a la vista a una mujer de cabello negro, recogido con pluma y un abanico en la mano.
Kagome se acerco a la recién llegada caminando con un paso ligero que parecía hacerla flotar por encima del suelo.
— ¿Quién eres?— le preguntó con voz suave, para después mirarla a los ojos con expresión amable
Kagura no pudo hacer otra cosa que bajar la mirada y morderse el labio. Se sentía pequeña, muy pequeña, ella debía ser la youkai más perfecta de todo el mundo, con facciones bellísimas y mirada amable. No se parecían en nada, y el poder que ella exudaba la hacía saber porque era la señora del este.
—Vine a hablar— dijo con tono cortante, por fortuna su voz salió firme.
— A hablar o a investigar— el leve tono de advertencia no pasó desapercibido para Kagura
—Supongo que las dos cosas
— ¿Dónde está tu corazón?
Los ojos de la tenyo de los vientos se abrieron de la sorpresa, mientras la miraba fijamente. ¿Cómo sabía ella eso?
—Puedo sentirlo, algo te falta, tu corazón, ¿dónde está?
—Lo tiene un ser despreciable que busca más y más poder
—Así que Naraku. Puedo ayudarte
—No necesito que nadie me tenga compasión— su voz salió precipitada, casi como un grito, y era precisamente eso lo que quería hacer.
—No la siento por ti, en cualquier caso, no deberías de estar celosa, yo no pedí nada de esto, no amó a Sesshomaru y solo soy su pareja por un trato que hicieron nuestros padres hace mucho tiempo, un trato que me hubiese encantado romper.
Kagura no respondió y solo se sentó en el pisó, mientras miraba atentamente la tierra.
— ¿Por qué te obligaron a emparejarte con él?
Kagome solo sonrió y se sentó frente a ella, mientras Kazumi se relajaba y dejaba su postura defensiva para sentarse al lado de ella.
—Antes que nada Kagura, quiero pedirte que no cometas ninguna estupidez, cuida de tu vida, yo te ayudare a recuperar tu corazón, te lo prometo
La tenyo, al escuchar estas palabras, no pudo menos que sonreírle agradecida, algo la impulsaba a confiar en ella, no sabía definir que era, pero le creía ante su promesa. Le creía a esa mujer de cabellos negros y mirada marrón. Sonrió para ella misma y se dispuso a escuchar la historia de la vida de la señora del Este.
Gracias por leer hasta aca, esperó que les haya gustado el capítulo, espero sus reviews, tanto buenos como malos.
