Si, lo se, después de tanto tiempo debería traer algo más largo, pero, bueno, es que he estado estudiando mucho para el examen de admisión a la prepa y lo pase!, no se mi puntaje, pero bueno, quede donde yo quería (:
Dejando las escusas de lado, este capítulo se lo dedico a mi querido hermano de amistad, es decir, a mi mejor amigo. Probablemente no lea esto, pero, se lo dedico, y si lo llegas a leer, te quiero muchisisisisimo Benjamin.
Dejando esto aparte también
Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, lo cual es muy triste para mi ):
Capitulo 12
El viento sopló, levantando y revolviendo el cabello suelto de Kagome, quien era observada por Kagura al momento de concluir su historia.
— ¿No recuerdas nada más?— preguntó curiosa Kagura
Kagome negó lentamente con la cabeza mirando fijamente a la luna, después se giró hacia ella.
—Los últimos recuerdos, sobre esa mujer, son borrosos, ni siquiera estoy segura de que ese sea de verdad el nombre que escuché.
Kagura la miró un tanto compasiva, por lo que la princesa del Este le acababa de contar, ellos nunca tuvieron contacto cuando eran niños, ni siquiera sabían cómo era el otro hasta hace poco. "Verdaderamente deprimente", no pudo evitar pensar Kagura, mirando a Kagome con un poco de compasión. La otra joven le devolvió la mirada mientras Kazumi las observaba desde la distancia, La luna casi había concluido su trayecto por el cielo y desde el otro lado se lograba vislumbrar un resplandor naranja que iba creciendo en intensidad a cada minuto que pasaba. De pronto Kagome sonrió suavemente mirando a Kagura.
—No quiero que me veas de esa manera, no me gusta
Kagura la miro un poco sorprendida y después asintió. Esa mujer tenía mucha influencia en ella, de cierta manera sentía que podía confiar de cualquier manera. Lo cual era bastante sorprendente, pues ella siempre había sido desconfiada y poco dispuesta a dejarse ayudar por otros para alcanzar lo que ella quería.
—Sera mejor que te vayas, Kagura, y también será mejor que no menciones nada de esto a nadie. — le pidió Kagome todavía sonriendo amablemente.
Kagura asintió y desprendió una de las plumas de su peinado para después elevarse en medio de un remolino. Kagome la siguió con la mirada hasta verla desaparecer, iluminada por los rayos del sol, que apenas salía a la luz, como Kagura. Porque dentro de poco, ella sería libre.
—Hakudoshi— llamó Naraku
El aludido lo miró sin interés en su creador.
—Hazle una visita a Sesshomaru, se ha estado distrayendo un poco en estos últimos días, tal vez deberíamos darle un pequeño incentivo, ¿No crees?— dijo casi en un murmullo
— ¿Por qué no vas tú mismo?, ¿o es que tienes miedo?
El tono de ironía de su creación le molesto, ese mocoso cada vez era más insolente. Pero dentro de poco volvería a absorberlo, era una decisión que había tomado hace tiempo, cuando ese niño albino comenzó a tratarlo como un igual.
— ¿No será que el que tiene miedo eres tú, Hakudoshi?, le temes a Sesshomaru y por eso no te atreves a enfrentarlo. — Naraku decidió atacar al chico en su orgullo. — Pero no te preocupes, no vallas, enseguida iré yo
—Pues iré entonces Naraku, y te equivocas, yo no le tengo miedo a la basura—psicología inversa lo llamarían algunos
— ¡Jaken-sama, Jaken-sama!— gritó una pequeña niña sumergida hasta las rodillas en un río, —miré que grandes son estos pescados.
—Si como sea niña, ¡pero apresúrate que no tengo tiempo para tus despistes!
—Sí, voy
La escena era de lo más normal para ese grupo, Rin siempre se mantenía celebrando algo, incluso lo más mínimo, lo que consistía el flujo constante de felicidad necesarias en la vida de los dos youkais que la acompañaban. Mientras, Jaken se dedicaba a regañarle, y Sesshomaru, el se limitaba a detenerse cuando lo consideraba necesario, y cuidar de ellos, aunque de una forma bastante sutil.
Mientras Rin salía del río oyendo los regaños de Jaken hubo una corriente de aire y, casi al mismo tiempo, apareció Hakudoshi montando a Entei y llevando su enorme cuchilla sobre el hombro. A una velocidad increíble se situó al lado de Rin y la levanto en vilo, sujetándola de la garganta con una mano, presionando los suficiente hasta dejarla inconsciente.
— ¡Rin!—gritó Jaken preocupado y asustado al mismo tiempo
Hakudoshi solo sonrió malévolamente al escuchar el gritó del pequeño youkai verde. Cruzó a Rin por encima de Entei descuidadamente y se alejo a toda velocidad.
Después de que Kagura se había alejado montada en su pluma, Kagome decidió que ya podían marcharse de ese sitio, apenas dijo eso Kazumi se apresuró a apagar las chispas de los restos de la fogata que habían encendido la noche anterior. En cuanto todo estuvo listo, ambas se pusieron en marcha.
A pesar de ambas ser youkais con la capacidad de moverse a altas velocidades, ambas decidieron ir caminando a un paso humano, en parte porque ninguna de las dos sabía muy bien hacia donde se suponía que debían ir.
Y mientras más caminaban, más se adentraban en un oscuro bosque, donde, poco a poco, los árboles comenzaron a verse amenazadores. Las dos mujeres pronto dejaron atrás los alegres y brillantes verdes de las hojas para irse perdiendo en la oscuridad que formaban las ramas que se inclinaban tenebrosamente hacia ellas.
Solo bastó que sintiese la presencia de Naraku cerca, para que Sesshomaru se apresurase a llegar con sus compañeros de viaje. Puso una mano en la empuñadura de su espada, preparándose para cortar a la repugnante criatura que se sentía cerca del campamento donde se encontraban Jaken y Rin, demasiado cerca para su gusto.
En cuanto saltó fuera de los árboles se fijó en la escena que tenía delante. El río seguía su tranquilo cauce, corriendo con un murmullo alegre y arrullador. Recorrió rápidamente el lugar con sus ojos hasta fijarse en Ah Un y Jaken, que seguía parado mirando hacia el cielo. Se acerco, soltando su espada. En cuanto la pequeña criatura oyó sus pasos se volteó asustado.
—Amo Sesshomaru, — dijo haciendo una profunda reverencia
— ¿Dónde está Rin?— preguntó el gran daiyoukai con voz fría
Jaken se quedó callado un momento, dudando en cómo debía comunicarle a su gran amo y señor que había sido descuidado y débil y que se habían llevado a la pequeña niña que se había ganado el cariño de el Lord de las Tierras del Oeste.
—Se la llevó Hakudoshi— murmuró Jaken, con la cabeza todavía abajo, esperando pacientemente la patada o golpe que seguramente recibiría de su amo, al no recibir respuesta elevó la cabeza cautelosamente, solo para descubrir que Sesshomaru ya se había marchado a toda velocidad.
— ¡Amo Sesshomaru! ¡No me deje aquí solito!—
Mientras Sesshomaru corría en busca de su pequeña y joven acompañante, y Kagome y Kazumi se internaban en el tenebroso bosque, las cosas en el campamento de Inuyasha y los demás no habían cambiado mucho. La atmósfera se percibía bastante tensa. Sango no le hablaba a Inuyasha más que para lo indispensable, no se diga a Kikio, a ella fingía que ni siquiera la veía. Miroku se mostraba un poco más sociable, hablando de cuando en cuando al joven hanyou y saldando cortésmente a la Miko de barro. Shipo se mantenía triste y la mayor parte del tiempo se encontraba sobre el hombro de Sango.
A pesar de que Inuyasha disfrutaba de pasar la mayor parte del tiempo con Kikio, no podía dejar de pensar en Kagome, a la cual había herido, algo de lo que se arrepentía profundamente, aunque no lo demostrase. En realidad no sabía muy bien lo que había pasado en ese momento, solo recordaba que estaba furioso, había visto a Kikio y luego la había abrazado, sorprendiéndose ante la sangre que manchaba su ropa, después había seguido el aroma de la sangre que había salido del cuerpo de la sacerdotisa, y mientras más avanzaba, más borrosos se volvían sus recuerdos, solo sabía que él había sido el culpable al oler la sangre de Kagome en sus garras, aunque después ya no había podido buscarla. En cuanto había querido irse, Kikio había sujetado la manga de su haori y le había llamado con voz débil, pidiéndole que se quedase con ella. Y él había accedido, dejando a la Miko del futuro sola.
Un respingo proveniente de la mujer que estaba a su lado lo sacó de sus pensamientos. La miró un poco preocupado.
— ¿Sucede algo?— preguntó en voz baja
—No, no es nada— respondió la chica, con voz monocorde y falta de sentimiento.
Inuyasha asintió no muy convencido, y, a pesar de que algo en su interior le aconsejaba seguir insistiendo, logró ignorarlo.
—Iré a darme un baño, —dijo Kikio al cabo de unos minutos levantándose cuidadosamente y tomando su arco y el carcaj con flechas que habían estado en el piso a su lado hasta hace un momento.
— ¿Quieres que te acompañe?— dijo Inuyasha
—Pervertido— susurró por lo bajo Sango con el ceño fruncido
— ¡No soy un pervertido!— gritó Inuyasha enojado
—Entonces, ¿Por qué quieres ver a la señorita Kikio mientras se baña?— preguntó Miroku con la clara intención de molestarlo
— ¡Cállate!
Kikio los ignoró y comenzó a caminar hacia el río que quedaba lo bastante alejado del campamento como para que no se distinguiese nada a través de los árboles. Una vez ahí, activó un campo de fuerza a su alrededor.
—Kikio— se oyó la voz de aquel malévolo ser que había causado tanta tristeza en los corazones de tantas personas— me alegro que hallas venido.
La chica se limitó a quedarse callada, con la vista fija enfrente, los ojos apagados y opacos.
—Obedece mis órdenes, Kikio, destruye a aquel que te hirió en el pasado
—Naraku— susurró la miko hecha de barro y huesos, sus ojos recuperaron su brillo momentáneamente, mientras parecía querer decir algo, aunque después regresaron a su estado anterior y ella enmudeció nuevamente.
—Nos vemos, Kikio, y no olvides que estas bajo mis órdenes— dijo el repugnante hanyou ante de desvanecerse.
Unos ojos marrones habían visto toda la escena, mientras su dueña se mantenía oculta detrás de un árbol, sosteniendo su enorme boomerang con fuerza.
—Naraku
Dudo que alguien allá llegado a leer todo esto, pero, se que está un poco incoherente (no estoy segura de que se escriba así), pero, ya era demasiado tiempo. Siento haber dejado pasar tanto.
Bueno, por favor dejen reviews, me hacen muy feliz. Dejen muchos muchos reviews (:
