Aqui, otro capitulo, de esta historia.

Este capitulo se lo dedico a todos los que leen este fic, se que no respondo a los reviews, pero quiero que sepan, que siempre los leo (: y me hacen muy feliz :D

Bueno, ni Inuyasha ni sus personajes me pertenecen, por desgracia


Capitulo 13

Miedos

Siempre se guarda algo de miedo en el interior, miedo de cualquier tipo, desde los más comunes y banales, a los que inspiran un profundo decaimiento. Si les preguntamos a alguien a que le tiene miedo, la mayoría respondería cosas como, a las arañas, a las serpientes, a los animales salvajes, pero Kazumi no le temía a eso, ¿por qué habría de temerle a algo que podría controlar con solo un chasquido de los dedos?

Otros dirían que a los fantasmas, a los espíritus y a los demonios, pero Kazumi tampoco le temía a eso, ella misma era una criatura sobrenatural, además, su madre siempre le había dicho que era mejor temerles a los vivos que a los muertos. Los muertos ya no se mueven, ya no caminan y ya no dañan, pero los vivos pueden tener una mente llena de recovecos oscuros, donde se escondían los más bajos instintos, y que con una provocación los suficientemente fuerte saltaban, convirtiendo al humano, youkai o lo que fuese, en una bestia guiada por los impulsos. Por eso no les temía.

Sabía también que algunas otras personas le temían a perder a sus seres queridos, como su señora, y ella misma. Ese miedo se le hacía más razonable, temor de no volver a ver alguien nunca más, ella misma lo había sufrido cuando su señora desapareció por cincuenta largos años. Un miedo que se había desvanecido apenas había vuelto ella. Aunque después sintió miedo al ver a su señora en tan malas condiciones, algo que también había desaparecido después.

Desde entonces había estado bien, las bromas de su amiga de la infancia habían mitigado el sufrimiento, desde siempre había sido así. A pesar de lo que dijesen los demás, debía admitir que siempre se había sentido más apegada a la princesa que a su propia madre, tal vez se debía a que su madre nunca había sido tan sentimental, no volvió a levantarla en brazos desde que tenía la edad suficiente para caminar, no le había contado ninguna historia para dormir y la había tratado como si fuese una sirviente más, tan solo una compañera de trabajo demasiado pequeña para cumplir algunas tareas.

Aunque no la culpaba, no podía. Uno de los muchos tutores que había tenido su princesa cuando era pequeña, le había enseñado a que los padres siempre debían respetarlos, aunque fueran los más malditos de todo el mundo, siempre se debía de agradecer que los hubieran traído a la vida. Y ella había tomado esa lección, que ahora se encontraba grabada a fuego en su mente.

Y en ese momento, mientras veía como su princesa intentaba cortar los gruesos tentáculos verdosos que la mantenían cerca de esa criatura informe, sintió miedo, miedo a perder a su señora y miedo de no volver a verla otra vez y fue lo último que sintió antes de que los tentáculos que la envolvían a ella la rodeaban, esparciendo una fragancia que la hiso caer en la inconsciencia


Todo había sido demasiado rápido, mientras caminaban por el bosque algo había saltado delante de ellas. Ambas se habían puesto en guardia, sacando sus espadas y preparándose para atacar, listas para defenderse a la menor amenaza. Se habían quedado un momento así, inspeccionando la silueta que se distinguía en la penumbra por delante de ellas. Pero habían sido descuidadas, y Kagome lo sabía, ninguna de las dos había previsto que el ataque viniese desde atrás. Fue entonces, mientras comenzaban a relajarse, cuando aquellos horribles tentáculos las apresaron, la primera en caer fue Kazumi. No los había visto llegar y fue fácilmente capturada. Gracias a eso Kagome pudo volverse y cortar lo que venía tras de ella, sin embargo venían más, y ella intento cortarlos una y otra vez, pero eran demasiados. Y finalmente la rodearon, cubriéndola completamente, haciendo que ella se sintiera caer en la más completa oscuridad.


Kagome se incorporó lentamente, le dolía todo el cuerpo, miró a su alrededor preguntándose donde estaba Kazumi, todavía la rodeaban árboles, aunque no como los del bosque en el que se encontraba hace tan solo un momento. Estos eran mucho más pequeños, con las hojas de un vivo color verde. Estaban bastante separados, pero, a pesar de eso, Kagome no podía vislumbrar ninguna salida, de hecho, a una cierta distancia, parecía haber una bruma que volvía borrosos a los árboles. Comenzó a caminar con los sentidos alertas, recorriendo de cuando en cuando todo el perímetro con la mirada. Todo estaba demasiado tranquilo y silencioso, y el hecho de que el bosque se viese tan alegre, solo lo hacía más espeluznante.

Escucho un rumor a lo lejos, muy tenue, un rumor que le recordaba a una batalla. Tan tenue que pensó durante un momento que se lo había imaginado. Su mismo instinto le hizo caminar hacía donde parecía provenir el sonido, y mientras más se acercaba más le parecía al de una enorme batalla. Cuando por fin llegó a la fuente del sonido se sorprendió y horrorizo a partes iguales.

Era el escenario de la batalla más encarnizada que pudiese imaginarse. Había muchos soldados youkai peleando contra otros, otros muchos yacían en el pisó, con muecas de dolor en el rostro, mientras se sacudían en medio de los borbotones de sangre que salía de sus heridas, y otros tantos ya estaban muertos, completamente pálidos y algunos con los ojos abiertos todavía.

Escucho un gruñido de dolor a poca distancia, era una voz conocida para ella. Volteó buscando el origen hasta encontrarlo. Era Deika, su ropa manchada de la sangre que salía de un costado. De hecho, de ese lado faltaba un brazo completo. Y otra enorme mancha saliendo del pecho. Enfrente de él había un guerrero sin rostro, que se apresuro a rematarlo moviendo la espada que llevaba en las manos con rapidez, haciendo que la cabeza rodase a poca distancia.

Kagome retrocedió horrorizada, un grito de frustración llegó hasta ella. Cuando volteó vio a Kameko, con una espada atravesando su pecho de parte en parte, con los ojos muy abiertos de la impresión, las manos completamente quemadas y un hilo de sangre saliendo de su boca.

Más allá vio a Kazumi, la pálida piel de su cuello cubierta de sangre que salía de la boca, mientras era elevada hacia el cielo por una lanza sostenida por otro guerrero, parecido al que acababa de matar a Deika. El guerrero giró la lanza, lanzando a Kazumi contra un árbol, antes de precipitarse contra ella y atravesarla una y otra vez con una espada.

Cayó de rodillas, mientras de su boca salía un sollozo y resbalaban varias lágrimas por sus mejillas. Volvió a sollozar asustada, volteando para no ver aquellos cadáveres. Y a lo lejos, vio varias siluetas más, pero todas ellas borrosas. Tenían forma humana, excepto una, que parecía un enorme felino. Casi todas blandían armas muy extrañas. Cerró los ojos confundida, no sabía quiénes eran, pero parecían ser importantes, aunque no sabía en qué sentido. Cuando los volvió abrir, vio, justo frente a ella a su ahora dueño y señor. A Sesshomaru, mirándola fijamente y tendiéndole una mano. Y cuando Kagome estaba a punto de tomarla, la hoja de una espada apareció atravesando el pecho de este, manchándola de sangre, mientras este se precipitaba hacia ella.

Y solo se oyó el grito de terror que salió de la garganta de Kagome.


Kazumi abrió los ojos cansada. Estaba adolorida, como si la hubiesen apaleado. Se estiró antes de darse cuenta de que a su alrededor estaba muy oscuro, de hecho, no había nada más que oscuridad.

—Hola— dijo en voz alta como prueba, pero no hubo respuesta, ni siquiera un eco.

Comenzó a caminar, intentando recordar cómo había llegado hasta ahí. Cuando estaba a punto de llegar al momento justo en el que perdía la conciencia, vio una luz frente a ella. Olvidándose de todo lo demás corrió en esa dirección, hasta distinguir la causa del brillo. Eran varias personas, bueno, no muchas, pero si estaban todas aquellas a quien conocía más. La primera en la que se fijó, fue en su señora, sonriendo levemente, Y su madre, Kameko, con su mirada serena. Y, algo que la sorprendió mucho, su amo Ogata, con la sonrisa amable y un tanto perdida que lo caracterizaba. Y en el centro, estaba Deika, con su cabello negro y sus ojos escarlatas, mirándola fijamente.

—Deika, ¿Qué haces en el centro? ¿No se supone que eso es para las personas más importantes?— una sonrisa apareció en el rostro del muchacho. Y ella estaba a punto de acercarse cuando una silueta, también iluminada se le adelantó corriendo. Cuando llego hasta ellos se lanzó a los brazos del muchacho. Era rubia, vestida con una yukata rosa. Se abrazó a Deika y recostó su cabeza contra su pecho.

De pronto volteó hacia ella y Kazumi pudo reconocerla, era la criada personal de la esposa del gran Inu no Taisho. La había conocido unos años atrás, cuando habían visitado las tierras del Oeste. La recordaba bastante bien, piel blanca y perfecta, cabello rubio y con bucles adorables, los ojos de un color azul cielo, vistiendo yukatas de colores claros. La recordaba más por un comentario que había hecho Deika, que por su apariencia. Las palabras exactas de su amigo habían sido "Deberías ser tan femenina como ella". Kazumi no le había dado importancia, hasta ese momento.

Mientras reflexionaba sobre eso vio a todos rodear a esa youkai, cuyo nombre ni siquiera recordaba, con una sonrisa en el rostro, ¡incluso en el de su madre! Pronto, todos se dieron la vuelta y comenzaron a caminar, alejándose.

— ¡Hey! ¡Esperen!— gritó, corriendo tras ellos, sin embargo, cada vez se alejaban más— ¡Esperen!— volvió a gritar, aumentó su velocidad, pero ellos seguían alejándose, entonces, sintió un miedo irracional. Y una angustia que en otro momento le hubiese parecido patética. Se detuvo cansada y jadeando, intentando recuperar el aliento, mientras las siluetas luminosas se iban desvaneciendo. Al darse cuenta de esto, intento correr hacia ellas de nuevo, y mientras corría sus facciones iban cambiando. Su rostro se hacía más infantil y su cuerpo se iba haciendo más pequeño, hasta parecer una niña de dos años.

— ¡No se vallan! ¡No me dejen sola!


Iba a agregar algo más, pero, en el último momento, decidí dejarlo ahí.

Reviews?, me hacen felíz (: