-¡Squalo me beso!-

Ella se tapó la boca nerviosa, estaba temblando de frío y de miedo, el peliplata solo suspiro y la llevó dentro de su departamento hasta su habitación donde le secó el cabello y le cubrió con una manta, con cuidado le secó con una toalla su finas hebras negras mientras ella solo se sentía nerviosa. Cuando termino con esa tarea buscó una camisa, le quitó con cuidado y delicadamente su playera para ponerle la del peliplata mientras que la mujer permanecía roja como un tomate. Finalmente, se sentó frente a ella y suspiró largamente, ella le sujetó la mano y le dijo

-¡yo quería decírtelo! ¡No sé porque! ¡e-el me dio un relajante y yo no sabía que lo hacía!... bueno no fue él fue Lussuria, es que el me mando una pomada y mi brazo ya está bien pero no sé qué hacer ¡no entiendo!

-cálmate... no hay problema, no fue tu culpa

-gracias-le abraza fuertemente- tenía miedo que te molestaras

-no estaba en ti, confió en ti

El tomo su rostro tan suavemente que parecía una caricia, ella se sonrojo pero no actuó, estaba hipnotizada por las pozas aguamarinas del peliplata que la observaba. La pelinegra musitó su nombre en un suspiro casi inaudible, él iba a besarla, su cara estaba tan seria a la vez que con sus ojos llenos de ternura, era el momento perfecto hasta que sonó el timbre haciendo a la chica dar un salto y chocar con la frente el, se levantó rápida y corrió hasta la puerta

-¡Tsuna! ¡Takeshi!-sonríe-¡Lambo e I-pin también!

-venimos a ayudarte, antes que lleguen las chicas pero no había nadie así que creímos que estarías aquí

-ah... aun no me he arreglado nada, hace poco Squalo se fue

Subieron hasta el departamento de la chica y comenzaron a ordenar rápidamente, luego poco antes de que llegaran los demás comenzaron a arreglarse, la chica se ducho y miró el vestido que Nono le mando, era de color rojo bermellón con una capa de encaje encima, se puso unos zapatos y se hizo bucles en el cabello antes de mirarse en el espejo, tomó el labial que le dieron cuando llegó a Japón y con la mano temblorosa se aplicó un poco. Se escuchó el toquilo de la puerta principal, la mujer abrió y se quedó sorprendida al ver al peliplata con unos jeans una camisa roja con una corbata suelta, se sacudió el cabello aún mojado y miro el techo, un muérdago colgaba radiante, seguramente su jefe lo había puesto a propósito... quizás no para ellos pero seguramente tenía planeado que se encontrarían en algún momento en ese lugar

-¿qué es lo que miras?-preguntó él algo tosco

-es un muérdago y bueno... cuando dos personas están bajo de él se besan

Entro deprisa y cerró la puerta de golpe, se acercó a ella intimidante y la agarro de la cintura suavemente para acercarla antes de tomar su rostro, ella sostenía su camisa y lentamente posó sus labios sobre ella, cuando estaba a punto de separarse ella le agarró de la camisa y le obligó a seguir en ese aquel roce. Abrió la boca levemente para intensificar, le acarició el rostro y se separaron lentamente para mirarse con la respiración agitada. La oji naranja le volvió a besar abrazándolo por el cuello mientras que la aprisionaba contra un muro agarrando a la mujer de las caderas, se separó de su boca y dio pequeños besos en su cuello, ella arrugó su camisa fuertemente un poco nerviosa. Pero todo se cortó con el sonido de la puerta, él se acercó a la puerta serio dando un bufido enojado mientras ella solo atino a salir corriendo hasta su habitación.

-oh ¡cabeza de pulpo! ¡Tardaron bastante!

-ah... ¡qué te importa cabeza de césped!

-Gokudera-kun, oni-san dejen de pelear... ¿dónde está Kizuna-chan?

-ah... está en el dormitorio aun preparándose

Todos se comenzaron a terminar de preparar las cosas, el castaño le hizo una señal para indicarle que tenía un poco de brillo en los labios, se limpió rápidamente antes de que los demás se dieran cuenta. El jefe Vongola camino hasta la habitación de la mujer, golpeó levemente y entró, la chica estaba tan roja como su vestido tratando de pensar con los ojos bien abierto tratando de ocultar su rostro con sus finas manos

-¿estás bien?

-¡Tsuna!...ah... si -se cubre con una almohada- todo va bien, en un minuto salgo

-vamos- le quita la almohada del rostro y le mira el cuello- tu... tienes un poco morado... el cuello ¿te paso algo?

-y-yo no... Es que yo y... bueno -dijo avergonzada-el muérdago

-¡ha funcionado!

-¡no grites!-dijo cubriéndose los ojos

-vamos solo hay que esconder eso

El Décimo Vongola le cubrió con una bufanda aquellas marcas, una blanca esponjosa suficiente para cubrir su cuello y que no opacara el brillo de la mujer. Volvieron al salón principal con los demás, todos se divertían diciendo una que otra tontería y a pesar de los nervios que sentía trataba de aparentar tranquilidad absoluta pero su tranquilidad no duraría toda la velada

-¿por qué no andas con Gokudera-san?

-Miura... por qué no es mi obligación-sonríe-él puede hacer lo que quiera

-entonces puedo ir con el ¿no?

-hum yo no lo recomendaría

-¿por qué?

-tu no le agradas... sería una pérdida de tiempo-dijo bebiendo de su vaso- sin tratar de decir algo descortés señorita, no creo que le ayude a usted que persiga a Hayato

-eres muy descortés

-lo sé-se reverencia levemente- solo soy sincera... mis más sinceras disculpas

-¡Kizuna!-se acerca a ella y apunta al techo-debes darme un beso-sonríe emocionado

-Takeshi... ¿quieres que te bese?-dijo nerviosa

-no sería mala idea-dijo con una sonrisa

La hizo girar y caer levemente para atraparla entre sus brazos, se acercó a sus labios mientras ella estaba roja y con los ojos muy apretados al igual que sus labios, el solo rio agradablemente y besó la frente de la chica, con cuidado la ayudó a pararse y le pidió que abriera los ojos

-estas muy nerviosas, necesitas relajarte más

-ah... perdóname

-podemos intentarlo luego-dijo buscando en su bolsillo y dándole un pequeño dulce- relájate

-de acuerdo-dijo avergonzada

Repartieron los regalos y luego comenzaron a irse en grupos a casa ya que era tarde por la noche, antes de irse el pelinegro la volvió a poner bajo el muérdago y le robó fugazmente un beso, ella le observó sonrojada y el peliplata le miró con cara enojada pero no lo golpearía para que nadie hablara de ninguno de los dos, así que solo lo maldijo susurrando mientras comenzaba a poner orden en el departamento de la mujer. La pelinegra callo rendida sentada en el sofá, el peliplata le preparo chocolate caliente y se lo dejó frente a ella, esperando que lo tomara. Pero antes de beber cualquier cosa la chica se levantó y corrió a la habitación, metiéndose en su closet sacó una pequeña caja y se volvió a sentar frente de él, en silencio puso la caja y se la acercó, sus miradas se encontraron luego de observar la caja, sonrojado levemente a ambos. El peliplata cortó aquel trance abriendo la caja para encontrar un brazalete de acero oscuro, un negro noche, tal como el pelo de la chica. Le miró intrigado, se veía algo viejo y gastado, pero le había gustado ya que era de la chica

-Hayato-le llamó nerviosa- bueno... esto... lo encontré... bueno... no es mío en realidad... pero creo que deberías tenerlo... era de Ricardo

-estás loca

-¡quédatelo!

-es tuyo

-no... La única herencia que quiero de Ricardo es el poder... y su sabiduría, siento que Daemon creo a este jefe Vongola que no fue Ricardo... él no era malo, su sangre no estaba llena de ira... quizás si los problemas de la primera generación no se hubieran transmitido a la segunda la familia Vongola no sería igual... ¡quiero que tú la tomes!

-tranquila-sonríe levemente antes de ponerse el brazalete-ahora espera

Busco una caja de regalo que mantenía escondida dentro de un armario y la dejó sobre la mesa, la mujer curiosa la abrió con cuidado para observar maravillada que dentro le esperaba, un globo de nieve con el tema de Italia, en la base estaban varios edificios esculpidos y pintados con la bandera de Italia junto con el nombre Roma en un pergamino, dentro de la esfera de cristal estaba el coliseo romano, lo agitó levemente para ver la nieve danzando dentro de la esfera

-es exactamente como se vería-sonríe emocionada

-te ha quedado marcado cierto- se acerca y le quita la bufanda- por eso no salías hasta que entró el Décimo

-ah...-se tapa con la mano- no es nada

-¿duele?

-no mucho, al principio un poco

-perdona

-no importa-sonrió algo nerviosa

-¿estás molesta?

-no diría que molesta

-¿entonces?

-estoy ... con una sensación extraña, como si algo molesta a mi vientre y mi estómago es raro... pero a la vez siento mucha culpa al no saber qué hacer con los demás... no sé qué decir... no sé qué hacer, primero Squalo y luego Takeshi -cierra los ojos con fuerza- están locos, estúpidos atributo lluvia... -abre los ojos- el Nono, año nuevo y el festival- se golpea el rostro con la mesa- debo ir a Italia...para año nuevo hasta el carnaval de Venecia

-¿cuando?

-seguramente mañana... lo antes posible

-¿quieres ir?

-sí y no... No se

-iré contigo

-no eres mi guardián, eres el guardián de Tsuna... nos veremos cuando regrese-suspira

-no te vayas-le sujeta el rostro

-tengo que ir, es mi familia... -le sujeta la mano- Hayato yo...

-no hay que decir nada...basta seguire il vostro cuore (sólo tienes que seguir tu corazón)

La beso sujetando su rostro pero esta vez no era una superstición. Era un beso puro y real, al principio se habían odiado pero siempre hubo esa chispa entre ellos, algo que les había atraído sin razón aparente, era solo química. De pronto la chica sintió el toque de él en su espalda desnuda y abrió los ojos desmesuradamente, la camisa de él guardián había quedado lejos al igual que su vestido y seguramente el resto de su ropa lo haría también, pensó un momento pero hizo caso omiso a su miedo y siguió su corazón, quería estar con él, quería ser del guardián de la tormenta

La luz se filtró por la cortina de la chica, sintió algo cálido que rodeaba su cintura, era el brazo del peliplata, al menos ella había tenido la decencia de ponerse un camisón que llegaba hasta su muslo pero el solo tenía su ropa interior. Empezó a sentir remordimiento y miedo, nerviosismo, no sabía qué hacer pero todo fue acallado con el beso que le plantó en sus labios al verla temblar

-no pasa nada... sigue durmiendo

-ah... ¿cómo supiste?

-eres demasiado predecible...sabía que estarías así-la acerca más a su cuerpo- no tienes nada de qué temer...-le observa - ya no tienes ni una marca en el cuello

-ah... anoche cuando dormías me aplique la pomada de Lussuria

-es vergonzoso hablar de eso-se sonroja levemente- pero...

-si...-se sonroja-indescrivibile in semplici parole, ma... Ho seguito il mio cuore ed è la decisione giusta (indescriptible en meras palabras, pero... seguí mi corazón y es la decisión correcta)

-fue una buena decisión... pero qué haremos... me refiero con los demás

-deberíamos callar

-es mejor así-dijo besando su hombro- no quiero compartir esto con nadie pero creo que si el Décimo pregunta deberíamos decirle

-obviamente... tengo que irme ya

-yo también... ¿quieres que te vaya a dejar al aeropuerto?

-no es necesario-sonríe- Dino vendrá por mi seguramente, así que me apresurare

Le robo un fugaz beso, se levantó y se vistió en silencio mientras los atentos y penetrantes observan detalladamente su cuerpo hasta que se cubrió la espalda, se levantó y le quedo mirando, ella le dijo que en una hora se iría, el solo asintió y se fue. La mujer se ducho rápido y comenzó a arreglar una maleta junto con los regalos y alguna que otra ropa sabiendo que haya en Italia Lussuria estaba tan animado por su llegada que le pondría miles de vestidos femeninos, suspiro y recordó a su hermano seguramente le estaba esperando a su manera, durmiendo o comiendo salvajemente pero le estaría esperando. El toquilo de la puerta le sacó de sus pensamientos nostálgicos y salió rápido con su maleta

-mis armas quedaran aquí...

-entendido

-ha dile al Décimo que estaré de regreso la segunda semana de febrero-sonríe levemente- cuídate Hayato

-ah... ten cuidado con esos idiotas

Se quedaron un momento observando en silencio, él le rodeó con su bufanda como solía hacerlo y le besó con ternura, ella sonrió finalmente antes de irse rápido.

Miro por la ventana del jet emocionada, se podía ver el campo verdoso incluso en invierno, se recostó encantada en el cómodo sillón mientras esperaba los escasos minutos para encontrarse con su padrino y su hermano

-pareces algo... diferente

-¿ah?

-pareces solo un poco enamorada

-¿enamo... que?

-ya sabes... te gusta alguien

-no hay tiempo para eso, debo proteger al Décimo

-ah...siempre hay tiempo para algo ¿no crees?

-no se... no entiendo nada de lo que dijiste

-se ve en tus ojos... nunca vi ese brillo en tus ojos, es emocionante

-¿brillo?... debe ser porque por primera vez... hay algo que realmente quiero proteger... a la familia Vongola de la Décima Generación

-te has enamorado-dice riendo- te has enamorado de tu familia

-ah...-mira por la ventana -creo que si