Comenzaron a pasar los meses tranquilos mientras la mujer pasaba sus días entrenando y en algunas misiones, la familia Vongola pasa sus días haciendo actividades y cumpliendo algunas tradiciones de Japón en aquellos días festivos. El aire comenzaba a sentir más cálido en especial en ese día, amenazaba con ser un buen día, la mujer caminaba por la mansión Varia buscando que hacer cuando su teléfono comenzó a sonar, estaban invadiendo la mansión, otra vez
Se preparó con su espada y su pistola, con su traje de entrenamiento y de un salto rompió la ventana para meterse por el bosque, corriendo rápidamente. Squalo apareció en su comunicador solo a unos cuantos metros tras de ella al igual que los demás miembros, disparando a los varios que atacaron la mansión, como una de las tantas veces. La mujer se movió rápidamente entre los árboles ganando terreno mientras los otros se encargaban de los demás, escucho explosiones y sintió algo acogedor en su pecho pero trato de no perder la concentración, alguien frente a ella salto y apunto, pero se asombró de ver al peliplata frente a ella
-¡Kizuna!
-Haya~...
Fue interrumpida por el dolor que le provocó una estocada en el estómago en el vientre haciendo que la sangre resbalaba por su labio, apunto atrás y disparó volándole la cabeza, cayó al suelo y ella misma se quitó la espada, la mujer le advirtió que corriera pero él hizo caso omiso a su orden y activo sus escudo de hueso, la agarró entre los brazos para comenzar a correr Varia.
El doctor comenzó a inspeccionar mientras que afuera de la habitación el peliplata esperaba impaciente, los demás llegaron apresurados para ver a la mujer, tanto la familia Vongola de la Décima Generación y los Varia
El doctor salió poco después diciendo a todos que ya estaba mejor, gracias a las llamas del sol estaría bien, el peliplata iba a entrar a la habitación pero los Varia entraron primero empujándole molestos. La mujer estaba en un cuarto descansando, su cabello había crecido considerablemente, se levantó dificultosa al ver a su hermano aproximarse, el jefe Varia se sentó junto a ella y le miró molesto
-me equivoque
-no vuelvas a Japón-ordenó autoritario
-hermano... debo hacerlo
-¡¿acaso quieres morir?!
-¡no me importa!...solo sé que hare lo correcto para mí, dejar de vivir a costas de ti y de Nono... creo que haré lo correcto para mi si me quedo con ellos, no importa si muero
-¡no seas estúpida!-gritó molesto- a ellos no les importara tu muerte
-no es cierto... Xanxus-le llamó el Décimo
-salgan de aquí pedazos de basura... no pueden entrar aquí
-solo queremos saber si estás bien... Kizuna-chan
-si Hayato no me hubiera traído seguramente me hubiera desangrado... hermano, ellos me salvaron, corrí peligro por estar aquí...deja de ser cabeza dura ¡y escúchame!
Ella dificultosamente y a pesar de la llamada de atención de todos se levantó, avanzando endebles pasos hasta su hermano y cuando iba a tropezar él le agarro, la mujer extendió sus brazos y le rodeó por el cuello para abrazarlo mientras sus piernas danzaban en el aire, se acercó a su oído y le susurro
-si todo va como se supone, estaré aquí con ustedes antes de lo que pensaba, solo aguarda un poco
-mascota estúpida-le pone la mano sobre la cabeza- acuéstate antes de que el Nono nos llame, tienes suerte de que el aun no llegue a Venecia
-deja que me visiten eso me animara
-estúpido tiburón-llamó a su comandante- vigila a la mascota
-¡voi! entendido jefe
Los demás Varia se fueron, quedando solo el comandante en la entrada mientras la chica reposaba en sus blandos almohadones. El primero en entrar fue el Décimo Vongola solo, se sentó junto a ella preocupado mientras ella estaba en la cama sonriendo
-¿duele?
-bueno... el doctor me ha dicho que no pasó por ningún órgano vital y Lussuria curo mis heridas profundas con Ryohei que curó la piel y el musculo, lo más doloroso es interno pero no importante
-algo está ocultando
-jefe... si... bueno-saca un mínimo frasco de debajo de las sábanas con cenizas oscuras- esto básicamente
-qué es esto
-bueno...cómo explicarlo... es un casi casi bebé
-¡¿como?!
-¡shhh!... nadie debe saber esto...sólo tenía -diez semanas... no era la gran cosa pero tuvieron que cortarme parte de mi sistema reproductor... bueno... es mejor así supongo, nadie puede saber de esto
-fue Gokudera-kun...
-ah... creo que debería callarme y esconder esto... hasta enterrarlo supongo
-¿estás triste?
-hum-niega con la cabeza- hubiera sido malo para él... para mí y Hayato, no es lo correcto, merece a alguien que sí pueda cuidarlo... yo no podría arruinar la vida de Hayato con algo así
-estoy seguro que él hubiera sido feliz con eso
-no... No lo sé, creo que debería dejar de arruinar su vida
-él te quiere, Kizuna-chan
-no lo sé...jamás hablamos de esas cosas... jefe, seguiré sirviendo bajo sus servicios y lo que necesite
-Kizuna-chan -le sujeta la mano- escucha a tu corazón
-no me ha dado resultado por ahora
-pero en el futuro te darás cuenta que fue lo correcto
-ah... entendido
Pronto todos comenzaron a visitarla pero no aparecía el peliplata, tenía miedo de mirarlo y contarle pero sabía que debía hacerlo. De repente el pelinegro entro animado saludándole ella solo sonrió, preocupando algo al beisbolista que venía a visitarla, se sentó junto a ella y acarició el dorso de la mano
-¿estás bien?
-t-Takeshi... todo está bien
-no sonrías si no lo deseas
... ¿qué pasa?
-vengo a ver como sigues... todo ha ido muy raro desde que te fuiste, Gokudera insistió mucho en que viniéramos creo que sabía que estabas mucho peligro aquí... no sabría cómo explicarlo... como si estuvieran conectados-sonríe- es una lástima para mi
-¿por qué dice eso?
-realmente me gustabas mucho-sonríe tranquilamente- pero creo que ya es tarde
-yo no sé de estas cosas, Takeshi
-bueno no hay que saber nada... solo hay que sentir
-¿sentir?
-sí ¿y qué sientes ahora?
-que le hago un daño a Hayato al estar cerca de él pero no dejaré a Tsuna solo... aun así quiero estar con todos, con el
-entonces hazlo-le sacude el cabello- el cabello largo te queda bien
-ah... Lussuria recorto mi flequillo pero me pidió que lo dejara largo... supongo que no hay problema
-bueno... hay alguien más que quiere verte, le diré que entre-sonríe- alégrate todo saldrá bien
Pero no estaba lista para eso
-Hayato...-traga duro-tenemos que hablar
-ha... estaba pensando lo mismo-se sienta junto a ella
-Hayato... cuando me acuchillaron, me tuvieron que cortar una parte de mi sistema reproductor en él había algo-dijo nerviosa hablando rápido
-¿algo?...espera...un~-exclamó sorprendido
-ah-asiente...-le da el frasquito con la mínima cantidad de cenizas-esto es todo... lo que había
-diez semana... ya veo... es una pena
-Hayato-le mira seria- esto es peligroso... si no me hubieran cortado, hubiéramos tenido problemas, no quiero que eso suceda... no quiero que estés mal o que tengas problemas, soy peligrosa porque soy una mujer con la llama del cielo, iban a matarme ni siquiera tocaron los otros, no puedes estar cerca de mi... de ese modo
-cállate-mira el frasco molesto-esto es nuestro... deberías apreciarlo más
-no alcanzó a ser nada
-si... si era, era tuyo y mío... es importante ¿piensas solo dejarlo a un lado y olvidar su existencia?
-no lo sé... ¡esto estuvo mal!
-calla-le sujeta la mano-
-qué pasa si vuelve a pasar... y sucede realmente... ¿qué harás?...dejaras de ser guardián y cuidaras de eso...no lo harías y yo tampoco lo haría
-¿esa es tu última palabra?
Ella asintió con una expresión seria, le preguntó si quería las cenizas y ella respondió que no, el tomo observando un momento antes de llevarlas en silencio. Después de él, entró el comandante con otro Varia que le traía comida la que permanecía con el ceño fruncido, la pelinegra comió en silencio ante la inquisitiva mirada del comandante, cuando el miembro Varia se retiró la mujer dijo
-ayúdame a ducharme... tengo que estar perfecta para el Nono esta noche, comienza el carnaval de Venecia y tenemos que presentarnos como la familia Vongola
-¿no dirás nada?
-diré que fue solo un rasguño y que Lussuria me curo
-hum... entendido, vamos
Se movieron hasta un hotel en el centro de la ciudad de Venecia donde estaban atentos en el bullicio de la ciudad, las personas se movían y caminaban con elegantes vestidos junto a vistosas mascara, dando el inicio al carnaval. Los Vongola de la décima generación les acompañaban en aquella velada, la mujer se la pasó hablando con el pelinegro y el comandante que discutían a su manera mientras ella reía levemente aguantando su dolor
Los fuegos artificiales comenzaron a iluminar el cielo junto a las góndolas que paseaban con luces y personas saludando. La mujer sonreía animada desde la azotea hasta que sintió algo frío en la espalda, era el príncipe Varia que la bañaba en champaña riéndose de ella y de todos los que había mojado, pronto comenzó una lucha entre los Varia y Vongola, excepto por los jefes que se mantenían al margen de la lucha, la mujer se quedó en medio tratando de detenerlos, Squalo se puso delante de ella y le dijo
-quédate atrás-susurro-estas comprometida
El la agarró toscamente y la dejo con el jefe, que con un bufido le cubrió con su chaqueta para que no pescara un resfriado, el Nono finalmente detuvo la batalla luego de la celebración todos se fueron a sus camas, el comandante le ayudó a la chica a quitarse toda la champaña y luego ayudarle a acostarse. La pelinegra le besó la mejilla y luego se acomodó para dormir, pudo evitar que se viera el sonrojo por la luz apagada pero sentía la cara arder mientras ella soltaba su una pequeña risa.
A la mañana siguiente la mujer se deslizó silenciosa por la ciudad comprando algunas semillas de plantas para llevarlas a Japón cuando paso con cuidado por un puente pero se detuvo al ver al peliplata mirando algo desolado. Se mantenía dudosa si cruzar por ahí o ir por otro lado hasta que le volteo a verle
-acércate
-no debería
-ven ahora por favor
La lluvia comenzó a caer delicadamente, busco una pequeña caja, no más grande que la caja de joyería de un brazalete que tenía sobre esta el símbolo Vongola, la abrió para mostrarle el frasco de las cenizas, la cerró nuevamente antes de dejarla caer en el agua, luego dejó caer un girasol que flotaba río abajo. Se quedaron en silencio contemplando como el girasol se alejaba, ese pequeño botón de flor que no alcanzo a crecer se había hundido en las profundidades de Venecia
